Décimo Segundo Secreto: El cansancio
Lana subió al coche y siguió escuchando el playlist de Jenn. Se había vuelto una costumbre habitual, cuando tenía tiempo para escuchar algo de música seguía por dónde se había quedado. Una a una iba escuchando las canciones y suspirando o sonriendo al sentir cada palabra de amor que esa hermosa rubia que llevaba años en su corazón y en su vida. Quizás Bex tenía razón y este era un síntoma más que demostraba que ya había escogido entre Jenn y Joy, pero ella no se atrevía a asegurarlo ni mucho menos a dar el paso. Se conformaba diciendo que no tenía una elección segura porque Joy era alguien tremendamente atractiva e interesante y que elegir entre ella o la rubia, por tanto, no era tan sencillo.
La verdad es que era consciente que lo que la paralizaba era, en parte, temor. Tenía la mala costumbre de esperar que Jenn metiera la pata y le diera una excusa para dejarla pasar. Lo estuvo esperando las dos primeras semanas y Jennifer no había hecho nada reprochable, excepto portarse dulcemente con ella, comprensivamente. Sin ninguna presión. Sólo disfrutaron del tiempo juntas y nada más. Alguna caricia esporádica, algún abrazo, algún arrumaco un poco más intenso, pero no pasaba de allí. Había una línea que ni ella, ni Joy pasaban. Lana veía como dividía sus días entre una y la otra, y juraba que había momentos en los que realmente estaba completamente hecha un desastre, incapaz de saber cuál de las dos era más perfecta. Con las dos se sentía a gusto, se divertía, tenía cosas en común. Algunas incluso las tenían en común las tres, como el amor por los animales o los libros.
Este era uno de esos pocos días en que no había quedado con ninguna de ellas. Su agente le organizó una reunión con una productora para una audición y ella estaba feliz. Volver a trabajar le parecía estupendo, quizás el tener una rutina más normal la ayudara a tomar una decisión que se estaba dilatando ya demasiado.
Jennifer se sentó en su sofá y suspiró mirando la hora. Había llamado a Lana para quedar aquel día y le dijo que no podía, que tenía un compromiso. No es que fuera algo anormal, era una rutina en las dos semanas que pasaba tratando de conquistarla, pero empezaba a pesarle mucho el tener que compartirla con Joy, el no saber qué haría la morena. Sobre todo el pensarla en sus brazos. Ahora podía sentir en su propia piel el desplante que había significado para Lana que la dejara sola noche sí, noche no, por "tener compromisos". Normal que no se sintiera segura de elegirla con lo mal que se había portado con ella. Pero le pesaba de todas maneras, cada día un poco más. Sintió que las paredes se cerraban a su alrededor y necesitó un trago con urgencia.
Anduvo por la ciudad de aquí para allá sin encontrarse a gusto para parar en ningún sitio hasta que llegó a un viejo mesón con estilo irlandés escondido en una calle pequeña. Ingresó quedándose aún más a gusto con el aire sosegado y un pelín más elegante de lo que esperaba. Era esa clase de lugares que podría ser su lugar. Jenn se sentó en la barra y respiró profundamente.
-Buenas noches – el barman era un hombre fortachón de nariz algo rojiza, rubio y de ojos claros, sin dudas tenía raíces europeas - ¿qué le pongo, Señorita?
-Whisky con hielo – anunció ella sin mayores palabras.
-¿Alguno en particular? Hay Jameson, Redbreast, Tyrconnell y Killbeggan – comentó el hombre preparando el vaso y el hielo.
-¿Killbeggan? – contestó ella elevando los hombros.
No quería ponerse a preguntar que sería mejor porque se permitía el placer del whisky en contadas ocasiones como para analizarlo, era como uno de esos secretos que compartía casi que con ella misma o con una panda de desconocidos como en este bar. Disfrutaba del whisky, de su sabor añejado y fuerte, de esa sensación de calidez que despertaba en su garganta.
El hombre le llenó el vaso a la mitad y con una simple mueca de asentimiento, la dejó sola con su whisky y sus pensamientos.
-Es una buena elección – Jenn giró la cabeza hacia la voz que delató a su silencio repentinamente – los otros dos son buenos aunque no están a la altura de Killbeggan a mi parecer y Redbreast es para momentos en los que se está más divertido que silencioso.
Los ojos de Jenn estaban clavados en una figura demasiado inesperada en una noche como esta. Aunque no la conocía personalmente más que de vista, la conocía muy bien. Joy le sonrió levantando su whisky. De todos los bares de Los Ángeles, de todas las noches de la vida, de todas las bebidas posibles, ambas habían acabado convergiendo a la misma elección una vez más. ¿Qué probabilidad hay de coincidir tanto?
-¿Qué haces aquí? – le preguntó Jennifer como si no estuviera segura de estar viendo bien o no.
-Podría preguntarte lo mismo – fue la respuesta de la antropóloga.
-Pensé que estabas…
-Con Lana – terminó Joy – lo mismo pensé yo.
-Vaya – Jenn removió con el dedo en el hielo la bebida antes de darle un trago pequeño – necesitaba un poco de sosiego – confesó abiertamente.
-Mismo – Joy suspiró – el whisky en su justa medida es siempre un buen compañero de reflexión – ambas asintieron y bebieron a la par - de todos los bares que hay, ¿por qué justo este?
-Buscaba un sitio tranquilo – contestó Jenn sin inmutarse.
-¿Lejos de la prensa y el habitual glamour?
-No, lejos del mundo en general – rebatió la rubia.
-Buena elección entonces – Joy sonrió – la barra es muy impersonal y me apetece conversar contigo – confesó - ¿quieres compartir una mesa?
Jennifer se encogió de hombros con indiferencia y la siguió cuando la antropóloga se movió hasta una mesa. Se sentaron una frente a la otra con las bebidas en el medio. Allí estaban las dos competidoras de una lucha por un corazón, la mujer de siempre mirando a la novedad que había llegado súbitamente.
-¿Qué piensas cuando me miras así? – inquirió Joy.
-No lo sé, demasiadas cosas – reveló la rubia.
-Comienza por una – insistió Joy – te diré otra cosa que yo pienso a cambio.
-Una parte de mí está enfadada de que hayas llegado a su vida.
La antropóloga sonrió porque Jenn hablaba con honestidad, así que quiso devolverle con la misma moneda.
-Yo pienso que has sido una idiota durante demasiado tiempo.
-Concuerdo – aseveró Jennifer – ustedes no son nada compatibles, vidas completamente opuestas.
-Eso a veces es bueno – rebatió Joy – no entiendo cómo pudiste dejarla tanto tiempo para volver con ese tío con el que salías.
-Yo también me lo pregunto mucho – Jennifer suspiró – hay días, como hoy, en que siento que ya no puedo con esto.
Joy chocó su vaso con el de Jenn que reposaba en la mesa en señal de estar de acuerdo, las dos al parecer estaban cansadas – me pregunto qué es lo que te movió a hacer las cosas tan mal con ella, pudiste haberla tenido hace años y todo esto no habría ocurrido jamás.
-Orgullo se llama, también cobardía – la rubia hizo un gesto de desánimo - hay días en qué me pregunto qué es lo que te ve para estar tan confusa.
-Oh, ese es un pensamiento que a veces se me ocurre también, sobre todo cuando se pone excesivamente dulce – la antropóloga suspiró -, pero luego recuerdo la historia que ustedes arrastran y lo entiendo.
-Y por esa misma historia es que yo lo entiendo también – expuso Jenn.
-Miramos esta historia desde ángulos diferentes, pero con el mismo resultado – argumentó Joy.
-Como una carga para las dos por así decirlo – ambas se quedaron en silencio durante unos segundos largos que pasaron entre tragos y el sonido ambiental que se apagaba con los acordes de una canción a guitarra y violín. Jennifer finalmente respiró profundo antes de hablar – este encuentro es de lo más extraño.
-Dime algo en todo esto que no sea extraño – aseveró Joy.
-Verdad – la rubia sonrió - ¿Es normal? – llamó la atención de la científica – antropológicamente hablando digo, ¿es normal una situación como esta?
Joy se rió abiertamente – en parte sí, ¿nunca has visto un documental donde dos machos alfa se pelean por el derecho a reproducirse con una hembra? – preguntó.
-¿Somos dos machos alfa? – Jennifer hizo una mueca de repulsa.
-No, claro que no, ni hembras alfa siquiera, pero somos como ellos en cierta manera – advirtió - competimos, por así decirlo, por el amor de una mujer, por su atención, sólo que sin agresividad, sin visceralidad – hizo una pausa – en el pasado de muchas tribus se competía por ser consorte de una figura o sólo por llamar su atención, así que digamos que de una forma menos primitiva estamos asumiendo ese comportamiento, sin considerar a Lana un objeto por supuesto y eso es lo que nos hace diferentes.
-Veo por qué Lana dice que es interesante hablar contigo – reveló Jenn - ¿crees que esos humanos primitivos se sentaban a beber whisky en una pausa?
Joy se encogió de hombros – quizás no whisky, pero si la doncella fuera alguien como Lana posiblemente bebieran algo fuerte.
-No puedo estar más de acuerdo – Jenn vio como Joy se levantó de su sitio después de beberse el último trago – ¿Te marchas?
-Sí, creo que con un whisky tengo suficiente por esta noche – la castaña le sonrió – ha sido un gusto compartir estos pensamientos contigo – Jenn asintió – si piensas conducir, no lo hagas.
-Lo mismo digo – terció Jennifer consciente que el alcohol no era un buen aliado del conductor promedio.
Joy abrió la puerta de su casa y sonrió al ver a Lana del otro lado – Señorita Parrilla.
-Doctora McGregor – contestó la morena entrando y besando la mejilla de la antropóloga cálidamente – te ves hermosa con ese vestido.
Joy había obviado hoy sus habituales trajes de oficina por un vestido negro entallado que marcaba sus curvas muy bien – pensé que para variar podría llevarte a cenar a un sitio bonito que me gusta, así que me vestí para la ocasión.
-¿Y no me dices nada? – inquirió Lana – yo no me he preparado.
-Tú siempre estás elegante – Joy le echó una mirada de arriba a abajo a Lana y luego volvió a sus ojos – y guapísima.
-¿Guapísima del tipo "que mona se ve esa chica" o guapísima del tipo "que sexy, que ganas de comérmela"? – la voz de Lana bajó unos decibeles durante la segundo alternativa y la antropóloga sonrió meneando la cabeza.
-Ok, tu voz puede ser demasiado hipnótica, hechicera – bufó – guapísima de esas y muchas otras maneras – respondió sosteniéndole la mirada.
Lana sonrió de medio lado - ¿Y si te dijera que quiero quedarme aquí?
-¿En casa? – Joy hizo un gesto de curiosidad – me preguntaría por qué razón desaprovecharías la oportunidad de presumirme con lo guapa que estoy.
-Que vanidosa eres – Lana meneó la cabeza – pretendía brindar y prefiero que ambas podamos beber – la morena sacó una botella de champagne de su bolso, el cual tenía el tamaño indicado para ocultarla.
-Oh, de los mejores – dijo Joy viendo la etiqueta y arrastró a Lana al interior de la casa, más específicamente al sofá – si la hermosa morena quiere quedarse, nos quedamos – agregó sonriendo – aunque no creo que deba beber mucho, debo llevarte a tu casa.
-O puedo tomarme un taxi como cuando vine – Lana se mordió el labio – o quedarme a dormir contigo.
La morena la estaba provocando, se estaba insinuando y las dos lo sabían. Para Joy era una tortura difícil de superar, para Lana una acción que demostraba lo mucho que le gustaría rendirse a esa antropóloga que jugaba a ser pretenciosa, pero que era muy interesante y despertaba su instinto con ese atractivo magnético. Cuando se sentía así no podía creerse esa historia de que ya había elegido.
-Sólo a dormir – susurró Joy y Lana meneó la cabeza.
-Aburrida.
La castaña llamó al restaurante para cancelar la reserva y luego pidió si podían llevarle algo de cena a su domicilio. Aunque normalmente no lo solían hacer, al parecer la conocían y consiguió una excepción. Joy trajo dos copas y luego de abrir la botella que estaba aún fría, las llenaron.
-¿Por qué brindamos?
-Por la potencial vuelta de Lana Parrilla a la televisión americana – levantó la copa la morena y Joy hizo un gesto de alegría – muy pronto en prime time, ayer tuve mi primer audición y prueba de cámaras.
Chocaron y bebieron un sorbo como era lo tradicional.
-Necesito más información ya – pidió Joy - ¿Por qué es potencial?
-Porque debo revisar el guion primero y ver si me conviene, es una historia un tanto diferente a lo de siempre – explicó Lana.
-Luego de una Reina Malvada y una detective prodigio has cubierto un buen espectro de posibilidades – comentó Joy - ¿Qué es lo que te ofrecieron esta vez?
-Una mujer de clase media, madre de dos, mujer de un cirujano que la ha impedido el desarrollar sus sueños y que, cuando pierde su estatus, comienza a tomarla contra ella…
-Es una serie sobre violencia de género – preguntó Joy.
-Sí, una serie de mujeres que acaban reuniéndose de forma aleatoria en un grupo de empatía para saber cómo enfrentarse a la situación de vulnerabilidad – terminó la morena – es una historia de supervivencia.
-¿Y qué es lo que te preocupa de ese proyecto? Parece muy interesante – expuso la antropóloga.
-Lo es, sobre todo porque es importante, es relevante dar voz a ese colectivo – Lana suspiró – hemos mejorado, pero necesitamos más, aún hay muchas mujeres y hombres que padecen por relaciones dominantes, agresivas – hizo un gesto de desasosiego – la gente sigue muriendo, Joy.
-Lo sé, pero sé también lo comprometida y talentosa que eres y visibilizarás más que un personaje, visibilizarás una historia que se repite por miles o más, una historia con la que muchas personas se identifican – chocó su copa con la de la morena – sé que lo harás de manera maravillosa y que tocarás muchos corazones más de los que ya has tocado con tu Regina Mills.
-Siempre eres un encanto – Lana sonrió con sinceridad - ¿Me apoyarías pasara lo que pasara? ¿Te pidiera lo que te pidiera? – quiso saber.
-Claro, si está en mis manos el verte feliz no dudaría – manifestó la castaña – mírame aquí, yo que quería salir y tú que querías quedarte, ¿y dónde estamos?
-Haciendo realidad mi deseo de ser la única en verte vestida de manera tan deliciosa para la vista – Lana sonrió de medio lado de forma pícara.
-No te tenía tan celosa con lo que, estimo, te gusta – contestó la antropóloga y tragó saliva la ver como Lana se inclinaba hacia ella de manera sensual.
-Más bien soy celosa con lo que quiero – la morena besó los labios de Joy y sintió su cuerpo encenderse al notar como la antropóloga sostuvo su cintura con firmeza dispuesta a continuar con la fricción.
Las manos de ambas vagaron por el cuerpo de la otra generando calor y chispas hipotéticas en su piel. Se deseaban de una manera cada vez más notable, había una enorme atracción física entre las dos que Lana no hacía más que empujar con su insistencia a romper esa barrera. Joy por primera vez no quiso evitarla o más bien no pudo y al poco tenía a Lana sobre ella mientras la apretaba con fuerza con las manos en las nalgas de la morena. El sabor a champagne yendo y viniendo entre sus bocas y el roce de sus lenguas. Los gemidos que las dos soltaban, iban a hacerlo, les vibraba en la piel la expectativa.
El timbre las despertó repentinamente.
-¡Mierda! – Lana se sorprendió al escuchar a Joy maldecir por lo bajo, se bajó de sus piernas sentándose a su lado – he pedido la cena – recordó tratando de serenar su respiración antes de abrir la puerta.
Lana respiró profundamente y soltó sintiéndose tensa, también un poco mal por la situación – ¿A qué estás jugando, Lana? – se preguntó en un susurro. La deseaba, pero no estaba bien querer estar con ella si no estaba segura de lo que quería hacer en el futuro.
Al final el corte que les impuso la llegada de la comida sirvió para destemplar la situación y convertir un momento muy sexy en una velada agradable de la manera habitual, sin nuevos roces fuera de quicio. Lana se marchó en taxi cerca de las 12 de la noche, después de que la castaña le susurrara que la quería y Joy meneó la cabeza sin poder precisar si podría seguir resistiéndose mucho tiempo. No quería equivocarse y cruzar un límite que no sería saludable emocionalmente para las dos. Sabía que era tiempo de que Lana tomara una decisión, pero no quería presionarla tampoco.
Jenn observaba a Lana reposando la cabeza sobre sus rodillas y le acariciaba suavemente el cabello.
-Es un verdadero desafío – concluyó Lana mientras le contaba de su nuevo proyecto.
-Lo harás estupendamente – aseguró la rubia – de manera perfecta como todo lo que haces, tienes talento, temple y compromiso suficiente.
Lana sonrió – Joy piensa algo parecido – reveló la morena.
Jennifer arqueó una ceja - ¿La has visto? – quiso saber.
-Ayer – admitió la latina – estuve cenando con ella.
-¿Y no te ha dicho nada? – le preguntó Jennifer.
-¿Sobre qué?
-Veo que no, no importa – manifestó Morrison – creo que ella ha decidido que sea algo entre ella y yo, y voy a respetarlo.
Lana hizo un gesto de indignación - ¿Me sueltas algo así y esperas a qué simplemente no diga nada? – se enderezó – por favor, Jenn.
-Es una tontería – señaló la otra mujer.
-Pues dímelo – insistió Lana poniendo ojitos tristes.
-Vale, vale – la rubia se le acercó apretándole las mejillas – no me pongas esos ojos, chantajista – hizo una pausa y lo soltó – nos encontramos hace unas noches, cuando estabas en tu audición.
-¿Cómo?
-Eso, coincidimos, misma noche, mismo bar, misma bebida, incluso mismos pensamientos – explicó Jenn – parece que no es casual que las dos te queramos, es parte de nuestra naturaleza.
La morena se quedó sin habla – es una coincidencia casi espeluznante.
-No fue tan malo, créeme – replicó la rubia.
-Debes contarme alguna cosa de esa conversación – reclamó Lana y Jenn negó con la cabeza como respuesta – por favor, venga.
-Pero ¿por qué quieres saberlo?
-Porque, bueno, son ustedes – declaró la morena - son Joy y Jenn, las dos me importan y…
-Y como tú nos interesas a nosotras sabes que hablaremos de ti, ¿verdad? – Jenn sonrió de medio lado – que egocéntrica – la morena le dio un golpecito en el brazo – no hablamos de muchas cosas excepto de que ambas coincidimos en pensar "¿qué tendrá ella que no tenga yo?" – decidió no descubrir que ambas concordaban también en un ligero cansancio de la situación.
Lana se quedó en silencio y sopesó la mirada de Jenn. Había algo que ocultaba y ella, aunque quería saber, temía el preguntar.
-Ella y yo – dijo de repente – estuvimos a punto de tener relaciones anoche.
Jennifer se removió algo incomoda por la confidencia – creía que no se besarían hasta que no lo tuvieras claro – comentó.
-Y esa era la promesa que me hizo ella, promesa que me encargué de romper en demasiadas ocasiones – Lana notó como Jenn se incomodaba más – anoche fue a más.
-No sé si quiero saberlo – le comentó Jennifer.
-Lo siento – dijo Lana – es que hay algo mal conmigo.
-¿Por qué ella te atrae? – preguntó Jenn – no puedo culparte, es guapa y además muy inteligente, ¿la quieres?
-La quiero, pero no sé si la amo, no sé si quiero estar con ella, no sé – la latina hizo un pausa – si podría pensar en estar sin ti – confesó – y aun así deseo pasar ese límite con demasiada insistencia, no sólo con ella, contigo también – Lana bufó – y tengo miedo de dañarlas de verdad a las dos si sigo así.
-Somos conscientes de que una puede perder – afirmó Jenn con una ligera inquietud.
-¿Hasta cuándo, Jenn?
-No pienses en eso, por favor – le pidió la rubia – ven aquí – la abrazó dulcemente – creo que tengo la culpa de lo que te pasa.
-¿Por qué? – quiso saber Lana.
-Porque quizás tantas noches de sexo que no significaban nada o en las que yo intentaba hacerte creer eso, te ha implantado la sensación de que no es algo tan importante – Jennifer observó la mirada perdida de Lana -, pero te prometo que cuando te des cuenta a quién amas todo volverá a su lugar y harás el amor con la mujer con la que estarás toda tu vida.
-¿Cómo puedes saberlo? ¿Qué elegiré bien? ¿Qué será para toda la vida? – le preguntó Lana.
-Sé que lo harás bien, cariño – la rubia la acarició comprensivamente – elegirás con el corazón y sé que ninguna de las dos te fallará – expuso – porque eres tan maravillosa que seríamos tontas, yo sé que no lo haría nunca más, si me eligieras te adoraría hasta el final de mi vida – Jenn sonrió -, pero quiero que seas totalmente libre para elegir a quién realmente te haga sentir segura y feliz.
-Me lo ponen tan difícil – la morena meneó la cabeza y acarició el rostro de Jenn apoyando su frente en la de ella – muero por besarte – Lana suspiró - ¿Ves? Estoy fatal.
-Yo también lo hago, preciosa mía – Jenn hizo un gesto de ensueño – si supieras cuantas veces te imagino entre mis brazos de nuevo, las fantasías que vivo con tus labios, con tu piel – las dos suspiraron – como estoy reprimiéndome para no caer en la tentación.
Y la tentación es difícil de evitar cuando es ella la que va a por ti. Eso aprendió Jennifer Morrison a la fuerza mientras Lana Parrilla atacaba su boca con la suya sin darle chances a evadir aquel beso. Ella quería que Lana la besara cuando estuviera segura da amarla, pero aquí estaban, presas de un deseo intenso y primitivo. Sus brazos envolvieron a Lana incapaces de no sostenerla para profundizar la fricción. El sabor de la boca de la morena en sus labios, los gemidos que podía oír rebotando contra su garganta y las ganas, las caóticas ganas de hacerla suya. Despertó cuando Lana gimió más agudamente.
-No – dijo separándose – no así – le advirtió utilizando toda su voluntad para separarse de Lana – si empezamos así acabaremos en la cama y yo no quiero solo sexo contigo, quiero que si un día nos volvemos a acostar sea porque voy a hacerte el amor dulcemente, porque voy a hacerte el amor toda la vida.
Lana suspiró – soy de lo peor, lo siento – la morena se puso de pie - ¿Vamos a ver esa peli que me dijiste?
Fueron a ver esa película que Jennifer quería, pero la rubia no paraba de pensar en lo mismo todo el tiempo. Veía a Lana reír con la comedia que había elegido y quería abrazarla, besarla, ser su amor para toda la vida. La mínima idea de perderla en los brazos de Joy le rompía el corazón antes de tiempo. No, no podían seguir así. Al llegar a casa de Lana, la besó en la mejilla y le recordó que la amaba profundamente.
Antes de llegar a casa, hizo una parada. Se sentó en la barra.
-¿Qué quiere hoy, Señorita? – preguntó el hombre.
-Lo mismo que ella – pidió Jennifer señalando a Joy a su lado.
El hombre sonrió y le dio su trago – coctel para gente que necesita ahogar penas, entonces.
Jennifer esperó a que el barman siguiera en sus cosas para hablar – Sabía que te iba a encontrar aquí.
-Sabía que ibas a venir – contestó la antropóloga.
-¿Cuánto whisky tomaremos antes de que no podamos más de verdad con todo esto? – le preguntó la rubia.
Brindaron y continuaron en silencio pensando en la misma mujer, en la misma sensación, esperando que Lana se decidiera pronto por no seguir dándole esperanzas a las dos por igual.
