Los Amamiya

Capitulo 23: Verdad

Caminaron por el inmenso jardín de aquella enorme mansión mientras el moreno bostezaba como resultado de lo poco que había podido dormir la noche anterior. A decir verdad se había quedado por demasiado tiempo a la intemperie mientras Tomoyo yacía dormida en su pecho, y cuando ella por fin había despertado y ambos habían subido cada uno a su cuarto, se había quedado en vela un buen tiempo más pensando en muchas cosas. Aquella visita, pasara lo que pasara representaría un antes y un después en su vida, así que era lógico que necesitara reflexionar en cada una de sus palabras y acciones de aquel momento.

Llevó su mirada hacía ella, que en esos momentos caminaba a su lado y se preguntó qué estaría pasando por su cabeza. Tras aquella conversación nocturna ella no había dicho nada más de lo necesario, pero la manera en la que sonreía de manera tímida de vez en cuando al encontrarse con su mirada, le hacía entender que había comprendido perfectamente lo que le había intentado transmitir el día anterior.

"Eres una persona muy especial para mi".

Era la frase más simple que conocía para confesar sus sentimientos pero no le parecía suficiente para declararle su amor. Estaba bien para un niño algo tímido que jamás había tenido un romance, pero a su edad consideraba que sus palabras debían tener aún más peso y diafanidad, debían expresar aún más compromiso. La única razón por la que dijo aquello era porque no le pareció del todo correcto abundar en ese instante y es hasta que no remediara todo, no podía prometerle amor de ninguna manera, así que había decidido guardar las palabras adecuadas para aquella tarde cuando ya se arreglara todo. Entonces le hablaría al respecto con franqueza.

Levantó la vista al hallarse frente a unos escalones que separaban el jardín frontal de la entrada y al subir por ellos se encontraron con unas inmensas puertas hechas de roble que se abrieron al instante permitiendo su acceso a un enorme salón hermosamente adornado que les dio la bienvenida a aquella inmensa estancia. No sólo era un lugar imponente sino que podía sentirse la magia borboteando en cada rincón dejando claro que era el hogar de la persona más poderosa de toda Inglaterra.

-Es un verdadero placer recibirlos en mi humilde hogar. Aunque debo confesar que jamás me imaginé que la hermosa señorita Daudoji sería la acompañante de el joven Kinomoto. – Escucharon señalar a una voz masculina que retumbó en el amplio salón mientras las puertas se cerraban tras de ellos con el simple movimiento de su mano derecha y Tomoyo no pudo evitar sonreír llena de nostalgia al ver a aquel señor descendiendo las escaleras del centro.

Aún no terminaba de acostumbrarse a la idea de que aquel elegante hombre con la mitad de su pelo cubierto de canas fuese el mismo chico que estuvo en la primaria con ella y Sakura, pero esa sonrisa y aquella forma de caminar definitivamente eran de aquel educado y amable inglés con alma juguetona y traviesa que de manera indirecta colaboró con ella en hacer que Shaoran se confesara a Sakura. Sintió como él tomaba su mano una vez estuvo frente a ellos y después de murmurar un "ha pasado tiempo" lleno de galantería, la llevaba a su boca para depositar un beso en ella que la amatista respondió con una cálida sonrisa.

-Tres años, Señor Hiragizawa. No nos habíamos visto desde su hermosa boda.

- ¿Señor? Debo confesar que eso de señor no es de mi agrado doncella. Me sentiría más cómodo si me llamaras como siempre. - Aseguró mientras volvía a incorporarse y le guiñaba un ojo haciendo que ella soltara una risita divertida. Cualquiera podría pensar que Eriol era un donjuán empedernido por como se comportaba, pero ella sabía que solo le gustaba jugar con las reacciones de los demás. La verdad es que jamás se comportaría de esa manera con alguien en quien de verdad estuviera interesado, sino que esa era su forma de poner al descubierto los verdaderos sentimientos de las personas a su alrededor.

-Deberías ponerte en tu lugar anciano.- Escuchó reclamar a un Touya con el ceño exageradamente fruncido mientras entrecruzaba los brazos y veía al hombre de mirada añil con cara de pocos amigos, haciendo que este último levantara la mirada y ensanchara su sonrisa mientras sus ojos brillaban de aquella forma traviesa que lo caracterizaba. Alguien había caído redondito en su trampa y aquello si que era una gran sorpresa.

Un par de voces acercándose hicieron desaparecer el clima tenso y silencioso de aquella parte de la mansión, llamando la atención de los tres presentes que habían dejado de intercambiar miradas para intentar reconocer a quienes por como sonaban parecían estar destruyendo todo a su paso.

-¡Nakuru espera! No puedes correr embarazada.

-¡Claro que puedo!

-Nakuru por favor. Touya no se irá porque te tomes unos minutos para llegar.

-¿Estás diciendo que soy una tortuga panzona y lenta?- Indagó la mujer de pelo café mientras se daba la vuelta bruscamente, ponía las manos en su cintura y miraba al sujeto que la perseguía con gran indignación, haciendo que este colocara los dedos sobre el puente de su nariz intentando pedir paciencia al cielo mientras murmuraba un "no, no es lo que estoy diciendo" fastidiado, levantando la vista al escuchar como Eriol se carraspeaba para llamar su atención. Se quedó helado al ver al par de personas que los observaban totalmente estupefactos sin saber si sentirse más sorprendidos por que él estuviera molesto por algo o porque aquella mujer con tan enorme panza pudiera aún ser tan energética.

-¿Qué tanto miras Yuki? ¡¿No ves que te estoy reclamando?!- Preguntó ella sacudiéndolo de los hombros para llamar su atención, desviando la mirada hacía esa dirección al notar que Yukito no respondía, lanzando un enorme grito emocionado al detallar a la jovencita de ojos amatistas que le sonrió al sentir su mirada sobre ella.

-¡Tomoyo!- Exclamó de manera eufórica mientras se acercaba a ella a prisa y la rodeaba con sus brazos casi tacleándola, a la vez que frotaba su mejilla contra la de ella como si pretendiera hacerle un agujero. - ¡Cuanto tiempo sin verte! ¡Has crecido mucho! ¿Por qué viniste con Touya? ¿Te ha tratado bien ese viejo gruñón?

-También me alegra verla Nakuru. ¿Cómo va con su embarazo?- Indagó Tomoyo sin saber cual de todas sus cuestiones responder primero sintiendo un gran sosiego al comprobar que seguía siendo tan entusiasta y simpática como siempre. Con lo que le había dicho Fujitaka acerca de su estado de salud y lo afectado que se veía Touya la noche en que habló con él de eso, se imaginaba que la encontraría tendida en una cama terriblemente pálida y desmejorada, pero verla tan llena de energía realmente la aliviaba y hacía impensable que un desenlace fatídico se avecinara de alguna manera.

-Pues estaría mejor si no tuviera tantas personas molestas cuidándome de más. – Señaló mientras la soltaba y dándose la vuelta lanzaba una mirada acusadora al joven de ojos avellanas que ni siquiera estaba reparando en ella pues se hallaba aun completamente petrificado, alertando a un Touya que sabía de por más que aquello no era normal en él.

Las últimas veces que había hablado con Yukito por teléfono había percibido algo extraño en su comportamiento aunque, considerando el proceso tan delicado por el que estaba pasando, se lo había atribuido a sus nervios por el alumbramiento de Nakuru. Pero ahora teniéndolo cara a cara se daba cuenta de que en realidad algo no andaba bien, Yukito no estaba actuando de manera normal, de hecho juraba que estaba tratando de evitar su mirada, como si su presencia lo pusiera sumamente nervioso.

-Que agradable es sentir tanta alegría en la casa. Muchas gracias por venir a visitarnos. - Comentó una cuarta voz llena de amabilidad mientras sus pasos hacían eco en el salón y aquella elegante mujer se ponía de pie junto a Yukito, tocando su hombro mientras le sonreía, haciendo que este, instantáneamente recobrara un poco el ánimo y se relajara. Touya estaba a punto de reclamar una explicación acerca de que demonios estaba pasando, cuando vio a Tomoyo dar un par de pasos al frente e inclinándose en una reverencia para agradecer su recibimiento. Ella sonreía de manera tan sincera y alegre que por un instante lo hizo olvidar su preocupación, de hecho consiguió calmar aquel clima tan tenso que había en aquel salón hasta casi hacerlo desaparecer.

-¿Qué pasa pequeño? Saluda a nuestros invitados.- Solicitó Kaho moviendo un poco su falda y en respuesta unas diminutas manos se asomaron tras ella mientras una pequeña cabeza observaba sigilosamente su alrededor y algo inseguro un pequeño niño salía de su escondite e imitando la reverencia de Tomoyo murmuraba un "Es un gusto conocerlos" mientras se mantenía con la cabeza baja. Era un niño de unos tres años de grandes ojos rojizos y pelo negro con rasgos ingleses que hacían indiscutible su semejanza a su padre Eriol no sólo en el físico sino en los gestos, aunque parecía ser de personalidad mucho más reservada y calmada como la de su madre.

-Mi nombre es Tomoyo. El placer es mío pequeño.- Respondió ella notando como él se sonrojaba al sentirla acercarse y posar su mano en su pelo, mirándola tan fijamente que daba la impresión de estar profundamente hipnotizado, haciendo que Eriol no pudiera evitar reír al entender lo que estaba ocurriendo.

-Parece que Zen ha sido prendado al instante por la señorita Tomoyo. Aunque no me sorprende, cualquiera caería rendido ante una belleza tan espectacular. ¿No es así Joven Kinomoto?- El moreno miró con rabia a Eriol que colocando una mano sobre su hombro claramente se burlaba de él, haciendo que todos alternaran la mirada entre ellos extrañados por la observación de aquel último.

Que recordaran Touya y Eriol jamás habían cruzado demasiadas palabras así que el que esté último estuviera actuando con tanta confianza o indicaba que en algún momento que no conocían se habían hecho amigos o que Eriol estaba buscando la manera de sacarlo de quicio, cosa que parecía más probable por la manera en que Touya parecía querer asesinarlo.

-¡Cómo sea! He venido a ver a la bola embarazada así que les agradecería si me dejan hablar con ella un instante.- Gruñó él incómodo mientras quitaba bruscamente la mano de Eriol de su hombro y tomaba por la fuerza la muñeca de Nakuru casi arrastrándola en cualquier dirección, girándose ligeramente para fulminar con la mirada al hombre que por la sonrisa que llevaba no cabía duda de que se estaba divirtiendo como no lo hacía en años, encontrándose en cambio con la mirada de Tomoyo que lo observaba con una tímida sonrisa intentando ocultar el sonrojo que se extendía por toda su cara. Era obvio que sabía exactamente lo que estaba pasando y eso contrario a incomodarle le causaba cierta felicidad. A decir verdad, verla así también lo hacía sentir feliz, aún cuando era sumamente incómodo para él que alguien intentara provocar sus celos a propósito.

-Vamos señorita Daudoji. Les mostraremos nuestro jardín mientras Touya y Nakuru hablan. -Solicitó Kaho mientras le mostraba el camino y sin poner ninguna resistencia Tomoyo la siguió mientras se alejaba de la escena a la vez que podía sentir los ojos de Touya sobre ella. Ambos tenían mucho de que hablar pero mientras tanto lo mejor era hacer como si nada estuviera pasando para que todo saliera bien. Al menos, mientras Eriol y Touya no estuvieran en el mismo espacio confiaba en que nadie saldría herido.


Touya continuó avanzando con Nakuru tomada de la muñeca cuando sintió un extraño tirón, y al girarse la vio a punto de desfallecer a sus espaldas, a lo que reaccionando con rapidez consiguió sostenerla antes de que terminara haciéndose daño.

Lo sabía. Todo aquel circo de entusiasmo y energía había sido demasiado para su verdadera condición.

-Deberías ser más cuidadosa, ya no puedes pensar solo en ti.- Reclamó mientras procuraba ayudarla a ponerse en pie y la acercaba a uno de los sillones distribuidos en aquella sección de la casa que parecía ser una amplia terraza.

-No me sermonees ¿quieres? Mejor escupe de una vez eso que quieres decirme. Y espero que no sea que te diste cuenta que fue un error dejarme ir, porque te advierto desde ahora que ya es muy tarde para arrepentimientos. – Parloteó ella mientras se acomodaba en el mueble, a la vez que el moreno se colocaba en una mesa frente a ella sin protestar, haciéndola entender por la expresión de su cara que no era momento para sus juegos. Aquello que él quería conversar con ella era en verdad serio para él y no tenía que pensarlo demasiado para descubrir de que se trataba. Lo percibió en el momento en que vio a su creador divirtiéndose a costa suya.

-Descuida, quedas libre de tu promesa.- Soltó en un suspiro mientras intentaba ponerse de pie alertando a Touya quien volvió a sostenerla al ver que aún estaba mareada y estaba a un paso de volver a desplomarse.

- Pero… yo aún no he dicho nada.

-No puedes quedarte con Yuki y los niños porque quieres a alguien más. Eso es lo que ibas a decirme ¿no? Pues ahí está la respuesta, así que quita esa cara de pesar. – Demandó ella mientras volvía a dejarse acomodar en el mueble y llevaba sus manos a su cabeza. Ya estaba harta de tantos mareos y debilidad.

-Pero… ¡Deberías estar molesta! Arrepentirme a estas alturas es muy irresponsable y egoísta. No es justo para ti. – Exclamó él angustiado mientras la miraba a los ojos y si no fuera porque no tenía fuerzas para sostenerse ni a sí misma, juraba que se hubiera lanzado a su cuello por la ternura que le provocaba verlo así. Ella había sido la persona que había puesto su mundo de cabeza y le había robado a Yukito y aún así, se sentía apesadumbrado por aquello. ¿Acaso los Kinomoto eran santos o qué?

-Vamos Touya, cálmate, no pasa nada, en serio. De todas formas tenía planeado llamarte para cancelar ese acuerdo aunque no vinieras. -Explicó ella mientras comenzaba a acariciar sus dedos a la vez que observaba a lo lejos a Yukito paseando en el jardín junto a los demás no pudiendo ocultar aquella boba sonrisa que siempre tenía al sentir aquella prenda que ahora adornaba su mano y con la que había despertado hacía tres días, después de todo se había quedado dormida mucho antes de que él pudiera mostrárselo. - Sabes, Yukito me propuso matrimonio. Se que dirás ¿para que alguien querría casarse con alguien tan escandalosa? Pero, Yuki es tan tonto que cree que es buena idea pasarse el resto de la vida conmigo. Ya le dije que es una locura y que no quiero ese tipo de compromisos pero él es muy insistente, claro, no puedo culparlo es natural estar tan loco por una mujer tan hermosa como yo pero… - Touya volvió a sentarse en la mesilla frente a ella para estar a su altura al escucharla dejar salir el primer sollozo notando como su cara ahora estaba llena de lágrimas.

– ¡Yo quiero vivir Touya! No sólo por ti, no sólo por él y los niños, yo… en serio quiero disfrutar de todo lo bueno que me esta pasando. Y si para conseguirlo tengo que dormir durante las siguientes semanas y comerme toda la alacena para ahorrar energía, pues estoy dispuesta a hacerlo, así que no, simplemente no puedo dejar que lo tengas otra vez.

Touya la rodeó con sus brazos al verla llorar aún más profusamente, sintiendo una profunda empatía hacía ella. Era obvio que seguía aterrada por todo aquello pero su amor por Yukito y sus ganas de vivir le daban las fuerzas que necesitaba para exigirse a sí misma que siguiera soportando. Con razón Yukito la amaba tanto, sin duda era un molesto y bullicioso dolor de cabeza con un corazón y una voluntad enorme, por eso jamás pudo odiarla por lo ocurrido, de alguna forma hasta él sabía que Yukito no podría encontrar a alguien mejor que ella.

-Felicidades. Todo va a salir bien.- Murmuró mientras acariciaba su cabeza y la escuchaba dejar de sollozar poco a poco mientras soltaba un inentendible gracias. Era bueno saber que todo había sido zanjado entre ellos y que no habían rencores, ambos ahora tenían razones diferentes por que vivir y eso hacía desaparecer por completo cualquier obstáculo entre ellos.

- Bueno mejor me voy a la cocina. Necesito recargar energías y yo… -Intentó argumentar Nakuru pero el quejido que de repente soltó intentaba ponerse de pie puso en alerta a Touya quien de inmediato se levantó para ver que le pasaba, notando como ella se doblaba sobre si misma, a la vez que su rostro dejaba claro que experimentaba mucho dolor. Con rapidez la ayudó a levantarse para llevarla a dentro pero al ver que ella no era capaz de caminar la tomó en brazos como pudo, mientras uno a uno los demás de la casa se reunían alrededor de ellos.

-Creo que ya es hora.- La escucharon soltar como pudo mientras intentaba respirar para no desmayarse del dolor provocando que Touya abriera los ojos de manera inconmensurable mientras poniéndose en marcha todos comenzaban a avanzar dispuestos a preparar todo con rapidez. Aquello no era una falsa alarma, los niños en serio estaban a punto de nacer.


Touya observaba a Yukito mientras este iba de un lado a otro del pasillo incapaz de controlar su nerviosismo. Ya habían pasado unos 20 minutos sin que nadie saliera de la habitación y era obvio que el normalmente imperturbable hombre estaba luchando consigo mismo para no irrumpir ruidosamente en la habitación y pedir explicaciones, de hecho si no fuera por los quejidos de Nakuru que resonaban en toda la casa cada diez segundos, pensaría que estaban escondidos pues ninguno se decidía a darles la mala noticia.

-Harás un agujero en el piso. Así que siéntate ya Yuki. No vas a hacer que salgan más rápido así.

-Lo sé, lo sé. Es solo que desearía estar ahí apoyando a Nakuru. No sé porqué de repente no quiso que me quedara. -Reconoció él sin dejar de dar vueltas de un lado a otro alterando aún más al moreno que ya estaba mareado de tanto mirarlo.

-¡¿Quieres sentarte de una maldita vez?!- Demandó mientras se ponía de pie harto ya de lo mismo. -Demonios, ni siquiera te reconozco. ¿No qué yo era el impaciente y neurótico?

-Tienes razón. Debo calmarme.- Murmuró mientras obedecía y se dejaba caer en uno de los muebles a la vez que intentaba pensar positivo. Hacía un rato que no se oía a Nakuru quejarse así que seguramente todo había terminado. Eso o algo realmente malo había pasado en la habitación y no sabían a quien adjudicar dar la noticia. Su cara se puso aún más pálida de lo que de por si era al pensar en ello.

-¡Rayos, voy a entrar! – Exclamó de repente mientras se ponía de pie haciendo que el moreno tuviera que sujetarlo por la fuerza para que dejara de avanzar, mientras este intentaba resistirse. Touya no pudo hacer otra cosa que reírse de la ya cómica escena.

-¿Qué te parece gracioso?

-Lo mucho que ha logrado hacer Nakuru en ti. Ahora eres más humano. Sin ofender, pero una persona que siempre sonríe y es amable no es precisamente natural.

-Descuida. No me ofendo. De hecho, también me siento diferente, más vivo. – Dejó salir un suspiro mientras decía esto último. – Es algo difícil de explicar, pero…

-Creo que sé de lo que hablas, descuida.- Susurró mientras lo soltaba al notar que ya se había calmado, haciendo que Yukito se girara levemente para mirarlo mientras por primera vez en todo el día sonreía como siempre lo hacía normalmente. Al principio se le hizo difícil creerlo pero, aquella era toda la prueba que necesitaba. Si era cierto después de todo.

-Me alegro mucho de verdad. La señorita Tomoyo es una buena persona.

Touya lo miró contrariado, dejando salir un suspiro lleno de hastío al darse cuenta de que no tenía caso intentar desmentir aquello.

-¿Desde cuando las personas aquí son tan intuitivas?

-No es intuición. Es que cuando Eriol se comporta así es porque…

-Si, si ya entendí. Ese sujeto es una molestia.- Bufó él al pensar en el molesto y fastidioso señor mientras Yukito reía algo divertido de verlo enojado mientras el clima hasta ese momento tenso entre ellos desaparecía. Ahí mientras ambos estaban de pie en alguna manera todo lo que una vez hubo entre ellos parecía haber quedado en el olvido. Ambos habían sido parte intrínseca de la vida del otro pero su tiempo juntos había terminado para bien. No habían rencores ni reproches en su corazón, y era obvio que ambos estaban contentos de que hubieran encontrado un nuevo camino que si les dispensara la felicidad que merecían. Lastima que aún estaba aquello que amenazaba aquella armonía.

Yukito apretó los puños mientras se ponía serio, llamando la atención de Touya quien colocando su mano sobre el hombro de él, lo miró dispuesto a preguntar acerca de su extraña actitud, pero entonces el ruidoso chillido de la puerta de la habitación que vigilaban provocó que ambos llevaran su mirada en esa dirección viendo a Tomoyo salir de la puerta con el rostro lleno de una expresión indescriptible, como quien va a dar una noticia que no es capaz de terminar de creer, noticia que ambos pudieron leer en sus ojos y que llevó a Yukito a cruzar la puerta pasándola de lado antes de que ella pudiera evocar palabras, a la vez que su corazón latía con una fuerza descomunal y Touya le seguía. Casi no podía respirar y sus manos sudaban como locas. Necesitaba ver aquello con sus ojos, necesitaba… comprobar que fuera verdad.


-Hay está el reporte de los pacientes de hoy. Tengo dos cirugías programadas para dentro de dos semanas y un paciente en internamiento que podrá ser dado de alta en dos días. – Explicó Kurogane mientras colocaba una carpeta sobre el escritorio del director de la clínica y se levantaba de el sillón para retirarse a su labor.

-Gracias por el informe. Aunque no es por eso que te pedí que vinieras a la oficina.

-¿Cuál es la razón entonces?- Preguntó él extrañado mientras siguiendo las indicaciones del algo regordete señor volvía a ocupar el oscuro asiento.

-¿Cómo sigue la salud de tu tutor?

-Va mejorando, creo que le darán de alta médica mañana.

-Ya veo. Necesitará mucho cuidado entonces. ¿Qué tal si te tomas unos días libres para dárselo?

-No, no puedo. Acabo de regresar después de tres días fuera. Los pacientes…

-Los pacientes están preocupados por ti. Dicen que estás más distraído y pareces perturbado. Yo también lo noto. Kurogane, jamás tomas vacaciones, siempre sustituyes a tus compañeros y duermes más aquí que en tu casa.

-Amo mi trabajo.

-Lo sé. Estoy seguro de eso. Pero se que hay otras cosas que también amas y que necesitan tu tiempo y energías. Cargarte de trabajo no le devolverá la salud a Masaki. – El señor respiró profundo al ver como la tristeza volvía a llenar los ojos del muchacho al enunciar aquella desafortunada realidad. Kurogane tenía un temple increíble para su edad y realmente lo creía capaz de sobreponerse a tal pérdida, pero aquel tiempo que estaba perdiendo con aquella persona a la que tanto valoraba, realmente terminaría por hacerle mucho daño y eso era algo que hasta el sabía, aunque no quisiera reconocerlo. - Escucha, no voy a obligarte. Por ahora ¿qué te parece si te tomas la tarde libre? Mañana hablaremos acerca de mi propuesta.

-De acuerdo. Gracias por sus buenas intenciones. – Murmuró mientras hacía una leve reverencia dejando en evidencia su origen nipón y poniéndose de pie abandonaba la oficina mientras pensaba con pesar en que rayos haría toda una tarde a solas. ¿Por que era tan difícil para las personas entender que volver a Japón era lo menos que necesitaba en ese momento?


Yukito entró a la habitación de manera estrepitosa, quedándose de pie a cierta distancia incapaz de manejar sus emociones. Ya no se oían quejidos en la habitación, y Kaho y Eriol se hallaban a un lado de la cama mientras ella apoyaba su cabeza en el hombro de él y ambos miraban al joven de ojos avellanas quien de repente comenzó a sollozar y llorar de manera descontrolada, limpiando torpemente sus ojos mientras intentaba controlarse. Muchas veces había pensado en aquella escena, lo había imaginado, pero aquello que sentía excedía a todo lo que pensaba que experimentaría en ese instante, casi no podía respirar y su corazón latía con demasiada fuerza. Había ocurrido, por fin había ocurrido.

-Vamos Yukito. ¿Quieres dejar de llorar y ayudarme con alguno? Después de todo el trabajo que he hecho no puedo cargarlos a ambos.- Protestó Nakuru mientras apretaba los labios intentando no llorar también, aunque de hecho, para ser sincera apenas había dejado de hacerlo, se sentía tan emocionada que había intentado salir corriendo en busca de él, pero obviamente estaba demasiado fatigada para hacerlo.

Yukito se acercó de inmediato para tomar en brazos a el pequeño bulto envuelto en una manta azul que Nakuru tenía en su mano derecha mientras trataba de quitar un poco de tela de su cara para ver su rostro. Sus ojos tan dorados como la miel lo miraban vivaces y despiertos mientras hacía leves sonidos y movía sus pequeños brazos como si estuviera cansado de estar en aquella manta y quisiera liberarse de ella, mientras el segundo permanecía tranquilo en el pecho de su madre pero con aquellos ojos de un añil que daba la impresión de ser más profundos que el mismísimo mar. Yukito ahogo un nuevo sollozo mientras limpiaba con torpeza sus ojos. Aun no podía creerlo, no podía creer que al fin… al fin se hubiera convertido en padre.

-Gra… gracias Nakuru. Yo… me siento muy feliz.- Balbuceó como pudo mientras la chica intentaba no llorar igual que él sin demasiado éxito. También estaba feliz, demasiado feliz, lo había conseguido. Ya no tendría que separarse, ya no tenía porque dejar de verlo, porque no disfrutar de aquellos tesoros. Estaba viva, y aunque agotada y soñolienta se sentía bien. Feliz.

-Ni siquiera sabes sostener un bebé. Menudo idiota de padre se han ganado estos pobres niños.- Comentó el moreno con malicia mientras se acercaba a ellos y dando una sonrisa a Nakuru a modo de felicitación, quitaba de las manos de Yukito al pequeño niño para que este pudiese tomar asiento en la cabecera de la cama y se acercara a Nakuru para besar su frente y tocar a su segundo retoño como sin duda había estado deseando hacerlo.

Ahora que veía aquella escena con sus propios ojos se daba cuenta de lo sin sentido que había sido aquello que habían planeado en el peor de los casos. Aquel escenario jamás sería tan dichoso y conmovedor si Nakuru no fuera parte de él, si Yukito y ella no pudiesen disfrutar de tal dicha uno junto al otro. Ese sin duda era el lugar ideal para cada uno de ellos y él de ninguna manera hubiese podido llenar aquel vacío. Levantó la vista para ver a Tomoyo y al verla sonreír tan enternecida agradeció al cielo haberla recogido aquella noche bajo la lluvia. Su objetivo aquel día había sido socorrerla en la situación tan complicada en la que estaba pero al final ella terminó siendo la que lo socorría a él, quien le daba una nueva razón para pensar en el futuro.

-¿Quieres cargarlo también?- Preguntó mientras caminaba hacía ella provocando que agitara las manos y cabeza en negación de manera eufórica, nerviosa con la simple idea de sostener a un ser tan pequeño.

-No. No puedo. Jamás lo he hecho.

-Eso no importa, siempre hay una primera vez. – Aseguró con una sonrisa mientras se colocaba a sus espaldas y depositaba al bebé en su seno con cuidado, indicándole que lo envolviera con su brazo sosteniendo su cabeza con su codo y colocando su mano debajo de él, mientras extendía sus brazos a alrededor de ella y con sus manos la ayudaba a colocarlo en la posición correcta, haciendo que ella levantara la vista algo sorprendida de que supiera tanto de bebés. Él sonreía con cariño mientras acariciaba al niño con sus dedos con un brillo de ilusión en sus ojos tan genuino que casi parecía como si fuese el padre.

-Lo haces muy bien. Creo que le agradas.- Lo escuchó murmurar mientras llevaba su mirada hacía su rostro encontrándose con sus amatistas mirándolo con gran ternura mientras sonreía. De hecho, ahora que lo notaba, la cercanía entre ambos y la manera en como la rodeaba a ella y al bebé con sus brazos le hacía recordar cuando su hermana había nacido y sus padres cuidaban de ella. No era raro verlos en aquel abrazo íntimo, solo disfrutando de el sentimiento de satisfacción de contemplar una vida que juntos habían creado. Sabía que ese no era su hijo, y que ellos ni siquiera eran una pareja, pero por primera vez en su vida, en serio añoró tener la dicha de vivir algo como eso, de que tanto ella como él pudieran compartir algo tan maravilloso, tan especial. Su futuro parecía claro en ese momento. Eso… eso era lo que quería para el resto de su vida.

-¡Por Dios, ya bésense!- Escucharon gritar de repente a Nakuru y solo entonces ambos recordaron de que no sólo no estaban solos, sino que todos tenían puestos los ojos en ellos y sonreían de una manera cómplice y divertida, provocando que no sólo se separaran bruscamente sino que hasta Touya terminara por sonrojarse tanto como ella.

-¡Nakuru, es grosero decir esas cosas! Mira como pusiste a la señorita Tomoyo.- Protestó Yukito alarmado mientras veía como ella se abanicaba eufóricamente a punto de sufrir un desmayo de la pena, mientras Nakuru afirmaba que no tenía nada de malo porque todos en la habitación pensaban lo mismo.

Mientras el par discutían acerca de lo importante que era ser éticos y considerados con los demás, Eriol miraba con alivio a Kaho que después de varios días se veía tan en paz como no lucía en años. El observar a Touya tan cerca de alguien ante la perspectiva de una nueva vida frente a él, era algo que sólo había contemplado en sus sueños, así que ver tanto amor en sus ojos mientras sin quererlo continuaba observando a Tomoyo que seguía intentando poner cómodo al bebé, era algo que en serio la reconfortaba.

-Saben… este niño se parece mucho a Kero, ¿no creen?- Comentó la amatista de repente mientras veía a la criatura succionar su dedo como si tuviese un hambre voraz, haciendo que Yukito y Nakuru lo pensaran un momento. El niño tenía el pelo tan dorado como sus ojos y el de el pequeño que aún tenían en brazos era tan oscuro como la noche, rasgo que no compartían con ninguno de los dos, pero que de alguna extraña manera los hacía pensar en las dos bestias que habían sido guardianes junto a ellos.

-Eso es porque es él. Los bebés son la reencarnación de los guardianes.- Aclaró Eriol mientras sonreía de aquella manera enigmática y confiada que lo caracterizaba haciendo que los demás no pudieran ocultar su gran sorpresa e incredulidad. Pensar que de alguna forma se tratara de la esencia de ellos en una nueva vida, parecía tan improbable que no serían capaces de creerlo si no fuese porque la persona que lo afirmaba era una reencarnación de un famoso mago de hace un siglo, que por cierto había sido el creador de ellos.

-Bien, nada más que hablar. Se llamarán Kerberos y Spinel.- Concluyó Nakuru sin darle demasiada importancia a como, cuando o porque aquello había pasado, mientras Tomoyo mas que emocionada comentaba lo lindo que sería llamarlos Kero y Suppie de cariño como de hecho siempre lo habían hecho, mientras el moreno profundamente turbado se preguntaba si acaso él era el único adulto ético en aquella habitación que creía que ponerle a un bebé el nombre de una bestia del inframundo era una idea atroz.

Dejó salir un suspiro lleno de resignación mientras concluía que entre tantas incoherencias y anomalías aquello sería lo menos raro allí, viendo entonces a Yukito murmurarle algo al oído a Nakuru y después de ponerse de pie caminar hacía él pidiéndole que lo siguiera, con una seriedad de por más repentina e inusual. Sin entender demasiado la razón decidió seguirlo mientras los demás se quedaban en la habitación, notando al acercarse al inmenso jardín trasero de la casa, que el cielo que cuando habían llegado lucía un sol radiante, ahora estaba lleno de inmensas nubes grises que auguraban una gran tormenta.

-Lo siento mucho Touya. No fue mi intención hacerte daño.- Lo escuchó murmurar de repente mientras se detenía y se daba la vuelta y entonces pudo notar en sus ojos aquel pesar que había percibido desde que llegó a la mansión aquella tarde.

-Vamos Yuki, pensé que ya habíamos tenido esta conversación. El que tú y Nakuru estén juntos es…

-No me refiero a eso Touya. Hay algo más que no sabes.- El moreno no pudo evitar quedarse extrañado mientras, por primera vez en su vida veía a Yukito temblar mientras apretaba los puños con fuerza y mantenía su mirada en el suelo. Parecía realmente nervioso por lo que estaba a punto de decir, no quería ser neurótico pero sin lugar a dudas aquello estaba comenzando a darle un muy mal presentimiento.

-¿Algo más? ¿A que te refieres?

-Touya, no recuerdas bien el día en que nos hicimos amigos ¿verdad?

-¿Ese día? Bueno… se que me desmayé y evitaste que me golpeara la cabeza, después me ayudaste a ir a la casa porque no me sentía bien. ¿Por qué preguntas eso ahora?

El temblor en todo el cuerpo de Yukito mientras lo escuchaba decir aquello comenzó en serio a ponerlo inquieto. Estaba tan tenso y extraño que el color normalmente claro de su piel se estaba convirtiendo en rojizo.

-Ya me estás asustando Yuki. – Reconoció mientras lo tomaba de los hombros y lo sacudía para que levantara la mirada y entonces pudo notar el terror en sus cuencas. Aquello en serio lo estaba matando, le estaba causando mucha agonía. No sabía de que se trataba pero para poner a Yukito tan inquieto debía ser algo en serio grave.

-Yuki… ¿qué fue lo que pasó en verdad ese día?


- Me he enterado de que la pequeña Sakura está enferma. ¿Podría ir a verla?- Indagó con amabilidad mientras veía al chico de ojos cafés clavar su mirada con indignación en él al escucharlo llamar a su hermana con tanta confianza. Desde que por accidente escuchó su nombre no había dejado de hacerlo así que no era la primera vez que parecía querer sacarle los ojos por ello.

-No llevo extraños a casa. – Gruñó como única respuesta mientras seguía guardando sus cosas dentro de la mochila. Yukito tomó uno de sus cuadernos para ayudarlo, pero este le quitó el objeto con aspereza y colgando la mochila de uno de sus brazos pasó a su lado chocando su hombro contra el de él, deteniéndose unos segundos antes de atravesar la puerta mientras continuaba dándole la espalda.

- No tengo idea de que pretendes. Pero por tu bien mantente alejado de mi hermana y de mi. – Lo amenazó mientras terminaba de cruzar la puerta haciendo que su identidad mágica se turbara terriblemente. Habían pasado dos meses ya y aún no había podido acercarse a la casa donde estaba guardado el libro de Clow y todo por culpa de ese enmarañado chico.

Jamás dejaba sola a su hermanita así que acercarse a ella era casi imposible, por ello había entendido que si quería aproximarse a la vivienda debía ganarse su simpatía, pero aquello parecía imposible, por muy amable que intentara ser con él, este siempre le hablaba con aquella acidez que parecía querer espantarlo.

No lo entendía. Ese chico sin duda era uno de los descendientes de Clow así que con solo acercársele su poder de la luna debía hacerlo caer preso de una irremediable atracción hacia él, de un sentimiento tan arrollador e incontrolable que fuese incapaz de resistirse. Y sin embargo no sólo se resistía a ello de manera inexplicable sino que estaba resuelto a mantenerlo alejado de ellos. ¿Pero por qué? ¿Qué tenía él de diferente a la niña de ojos verdes que se derretía cada vez que la miraba?

-Voy a averiguarlo. Y lo quitaré del camino.- Se resolvió harto de esa situación y tomando la mochila impulsó a su identidad falsa a salir de la escuela dispuesto a seguir al moreno sin que este lo notara, algo bastante difícil considerando que pedaleaba a prisa haciéndole imposible mantenerle el paso sin causar revuelo entre los estudiantes que transitaban a su alrededor.

A lo lejos pudo verlo detenerse cerca del puente que cruzaba el estanque de aquella zona, y antes de darse cuenta había una segunda persona sentada en la parte trasera de su bicicleta dónde usualmente iba Sakura, aunque por la distancia a la que estaba ni siquiera era capaz de distinguir de quien se trataba.

Los siguió por todo el camino con la mayor discreción que pudo hasta que lo vio dejar a la diminuta persona frente a un inmenso portón y entonces continuar solo, aumentando la velocidad de repente para emprender la huida evidencia de que había sentido su presencia mágica tras él. Intentó alcanzarlo siendo Yukito, pero al ver que era inútil asumió su verdadera identidad, emprendió el vuelo y descendió en picada poniéndose en su camino, obligándolo a parar de golpe para no impactarse contra él, mientras provocaba que una estela de polvo los rodeara por la brusquedad con que detuvo su bici, mientras extrañamente, Touya dibujaba una sonrisa llena de autosuficiencia en sus labios al verlo.

– Así que por fin decidiste mostrar tu verdadera forma Tsukishiro.- Sentenció él con voz confiada sin apartar la mirada ni un segundo, haciendo que el habitualmente inexpresivo ser, no pudiera ocultar su terror y desconcierto al verse descubierto. Las cosas eran peor de lo que pensaba, ese chico sin duda era más peligroso de lo que había percibido. Si las cosas seguían así, acercarse al libro y encontrar a su nuevo amo sería imposible. Debía hacer algo. Tenía que hacer algo pronto o su misión estaría en riesgo.

Extendió la mano tan pronto pensó en ello y antes de que este pudiese reaccionar tocó su frente dejándole paralizado mientras sondeaba su memoria. Su objetivo era borrar de su memoria aquel momento, pero al intentar hacerlo una cadena de varios recuerdos se desplegó junto a aquel impidiendo su supresión. Según su creador le había explicado, cuando un recuerdo estaba conectado a los sentimientos de la persona no se podía borrar a menos que aquel sentimiento desapareciera de su corazón, lo que no ocurría a menos que uno diera con el origen de este y lo eliminara pero… ¿como demonios sabría cual era ese recuerdo entre tantos?

-Me desharé de todos y punto. No pienso arriesgarme a que me recuerde.- Murmuró mientras lo tomaba del cuello de la camisa y atrayéndolo a lo besaba pues era obvio que con su escaso poder en ese momento tocarle no bastaría para extraerlos todos. Provocando así que el moreno cayera inconsciente tan pronto aquellos recuerdos desaparecieron de su memoria. Detuvo su caída antes de que se hiciera daño, pues lo último que necesitaba era que el muy molesto fuese incapaz de llevarlo a su casa después de haber invertido más de la mitad de su energía en sacarlo de su camino e invocó a su identidad falsa para no correr el riesgo de que lo reconociera si por casualidad decidía despertar.

Touya abrió los ojos lentamente mientras llevaba su mano a su cabeza, pero estos lucían diferentes, ya no lo miraban con desconfianza ni frialdad sino que parecía más bien aturdido, deslumbrado, como si su corazón estuviera a punto de salírsele del pecho con solo mirarlo.

-Te has desplomado de repente y por suerte pasaba por aquí y he conseguido detenerte. ¿Te sientes bien?- Preguntó con su acostumbrada sonrisa intentando probar suerte, sintiendo un inmenso alivio al escucharlo murmurar un gracias mientras escondía su rostro tras su brazo e intentaba incorporarse. Lo vio intentar tomar de nuevo su bicicleta y volver a pedalear pero al no haber recuperado del todo su conciencia y motricidad no tardó en volver a desplomarse haciendo que Yukito tuviera que sostenerlo nueva vez para evitar que se golpeara.

-Aún estás algo mareado. Te acompañare a tu casa para asegurarme de que estés bien Kinomoto. – Propuso mientras lo ayudaba a incorporarse y este no opuso ninguna resistencia, de hecho un casi imperceptible rubor cubría todo su rostro mientras él no era capaz de entender que le ocurría, porque de repente se sentía tan nervioso con solo sentirlo tan cerca.

-Touya… puedes llamarme Touya.- Lo escuchó murmurar mientras escondía la mirada y por primera vez vio en sus ojos el mismo sentimiento que tenía la niña de ojos verdes. Por fin su poder estaba haciendo en él el efecto que debía, aunque no podía entender bien porque había sido tan difícil desde el principio.

-Yo jamás vengo por aquí. ¿Por qué tomé este camino?- Lo escuchó murmurar de repente y después de pensarlo un poco recordó que él se había desviado para dejar a aquella niña, pero ¿por qué había olvidado hasta ese detalle?

-Tal vez sólo quisiste probar una ruta nueva. – Contestó mientras miraba al cielo intentando no darle detalles al respecto para evitar que de alguna forma aquello estimulara su memoria, solo había conseguido suprimir esos recuerdos, así que un evento importante relacionado podía comenzar a hacerlo recordar todo aquello y eso no le convenía. Si él se daba cuenta de lo que acababa de hacer seguramente haría imposible que cumpliera su misión por lo que lo mejor era mantenerlo bien vigilado. Mientras menos problemas le diera sería mejor para los dos.


Touya continuó observando a Yukito mientras esté le relataba aquellos sucesos y no podía ocultar el torrencial de emociones que había en su cuerpo. Y es que ahora que lo pensaba habían demasiadas lagunas en su memoria con respecto a aquel día, jamás le había dado importancia a ello, pero ahora, todo cobraba sentido. Jamás estuvo realmente enamorado de Yukito, en realidad estaba siendo víctima del mismo poder que había afectado tanto a Sakura como a Shaoran, solo qué al no poseer los recuerdos que él había eliminado tampoco era capaz de darse cuenta de ese hecho.

-¿Por qué? ¿Por qué me dices esto hasta ahora?- Preguntó mientras se sentaba en uno de los bancos distribuidos en aquel jardín a la vez que intentaba poner en orden sus pensamientos. Si aquello era lo que en verdad ocurrió entonces, sus sentimientos por Yukito, su confusión moral, los años que había durado su relación. Todo había sido parte de una mentira, de una mentira que Yue había preferido dejarle vivir.

-Tampoco lo sabía.- Reconoció Yukito mientras se sentaba a su lado y respiraba profundo. - Cuando Yue notó que comenzabas a apegarte a mi en verdad, también suprimió mis recuerdos para que no fuera a revelar la verdad, y aunque llegó un momento en que ya no vio necesario ocultártelo no conocía la manera de revertir su propio poder. Sin embargo por alguna razón mientras dormía hace una semana sentí un agudo dolor de cabeza y comencé a recordar.

El moreno no pudo evitar mirarlo azotado mientras de repente una idea llegaba a su mente.

-¿Hace una semana? ¿Por casualidad aquí eran… las dos de la mañana del domingo?

-Si, eso creo.- Contestó Yukito mientras intentaba recordar la hora que marcaba el reloj en ese momento.

-Y volviste a sentir algo similar a las… 11 de la mañana del martes.

-Si. Exactamente. ¿Cómo lo sabes?

-Sentí lo mismo en ambas ocasiones.- Explicó Touya ya que después de todo aunque sintió aquello a las once de la mañana del domingo y a las ocho de la noche del martes, debido a la diferencia horaria concordada perfectamente con el momento en que los sintió él. – Vi a una niña que no recuerdo. Creo… creo que se trata de la niña por la que me desvíe, tal vez ella es la clave para recordarlo. ¿Quién es ella?

-Lo lamento Touya. No vi su rostro en ningún momento.

-Ya veo.- Murmuró él mientras colocaba su mano en su barbilla y trataba de unir cabos. Aquella zona era dónde vivían las personas más adineradas de Tomoeda así que solo había grandes mansiones y no creía que hubiera llevado a alguna niña si no la conocía o realmente no necesitaba ayuda. En realidad sólo conocía a una persona que vivía en ese sector pero al no poseer aquel recuerdo no podía afirmar que fuera ella.

-Touya…- Escuchó murmurar a Yukito y al mirarlo pudo notar que aquella tensión había vuelto a su cuerpo mientras un gran pesar llenaba sus ojos. - Si me odias por lo ocurrido de veras puedo entenderlo. Por mi culpa perdiste una década de tu vida y yo…

-Descuida, no la perdí. – Aseguró mientras colocaba una mano sobre su cabeza y para sorpresa de él le sonreía. – Antes de conocerte era terriblemente arisco y jamás hablaba con nadie por que a decir verdad no confiaba en las personas.- Reconoció mientras pensaba en lo resentido que había quedado después de lo de Kaho y lo mucho que se había alejado de las personas porque había jurado no volver a apegarse a nadie más. -Fuiste el primer amigo que tuve en mucho tiempo y de alguna manera suavizaste mi carácter. No tengo malos recuerdos contigo, al contrario cuando pienso en el pasado creo que tuve el mejor amigo que pudiera haber podido pedir. Aunque claro, eso de entrar a mi vida a la fuerza no es nada amable. Tal vez algún día me la desquite.

-Gracias. Eso me tranquiliza mucho.- Murmuró Yukito en medio de un sollozo mientras limpiaba sus ojos con su antebrazo y Touya se limitaba a seguir dando golpecitos en su cabeza mientras le decía que debía dejar de ser tan llorón porque ahora era un hombre de familia.

Era increíble cómo habían cambiado los papeles entre ellos. Ni en sus sueños más locos se imaginó siendo el sereno de los dos y quien por tanto tenía que corregir los malos hábitos de el otro, pero a decir verdad eso le causaba cierta alegría. Ahora Yukito era una persona mucho más transparente y se notaba que pensaba y actuaba por si mismo, no como cuando estaban juntos y él solo sabía fingir sonrisas.

- Sólo no entiendo una cosa. Si al final lograron acercarse a Sakura ¿por qué siguieron estando conmigo?

-Es que cuando nos entregaste tu poder Yue creyó que para agradecértelo debía permanecer junto a ti el tiempo que lo quisieras. Por eso si no hubieras insistido en que fuera con Nakuru, jamás te hubiera dejado por su cuenta.

-Ya veo. Así que el témpano de hielo en realidad tenía sentimientos.- Murmuró Touya mientras dejaba caer su espalda contra el respaldo de la banca, colocaba sus manos detrás de su nuca y miraba al cielo. Aún recordaba el tiempo en que había intentado acercarse a Yue porque creía que aunque aparentara ser frío en realidad tenía un cálido interior al igual que Yuki, aunque a decir verdad más bien lo hacía porque de alguna extraña manera le recordaba a el mismo antes de conocerlos. Debía reconocer que hubo un momento en que tiró la toalla al respecto porque Yue insistía en resistirse, pero ahora comprendía que en realidad sentía tanto remordimiento que eso le impedía aceptar su bondad. Se fijó en las nubes que ahora eran demasiado oscuras y estaban llenas de destellos de luz lo que confirmaba que aquello no sería una simple lluvia. Lo mejor era que regresaran al hotel lo antes posible si no querían llegar mojados hasta los calcetines.

-Touya, tal vez puedas revertir el hechizo y recuperar tus recuerdos de la misma manera en que Yue lo aplicó a ti en un principio.

Señaló Yukito haciendo que el moreno volviera a incorporarse de golpe al escucharlo y ver lo incómodo que lucía al sugerir esa idea. Un beso. No estaba hablando de eso ¿verdad?

-Bien, creo que no pasa nada si lo intento.- Murmuró mientras respiraba profundo y se giraba para quedar frente a frente, era algo que había hecho en múltiples ocasiones, no debía ser un problema en ese momento. Extendió su brazo por encima de el respaldo de la banca y comenzó a acercarse lentamente a su rostro. Solo se trataba de un roce, con ello podría confirmar la identidad de la dichosa niña y comprobar si se trataba de la misma persona que sospechaba y entonces Tomoyo…

-¡No! Demonios. ¡No puedo hacerlo Yuki!.- Exclamó mientras se alejaba de golpe a la vez que un extraño escalofrío lo recorría entero con solo recordarla. ¿Qué rayos pensaría si lo veía en tal acción? No sólo era el hecho de que el estuviera con Nakuru y acabara de tener dos hijos, el rechazo que su cuerpo mostraba hacía la idea era en serio insoportable. No importaba cuantas veces hubiera ocurrido en el pasado, simplemente no podía besar a Yukito. No podía hacerlo ahora que le gustaba ella. Llevó su mirada hacía él al escucharlo carcajearse ligeramente a lo que él de inmediato frunció el ceño. ¿Por qué rayos se reía si fue su idea desde el principio?

-Lo siento Touya, es solo que también has cambiado. La señorita Tomoyo te ha hecho cambiar.

-Si. Supongo que lo ha hecho.- Reconoció después de dejar salir un hondo suspiro mientras sin quererlo una sonrisa boba se dibujaba en sus labios al recordar lo adorable que ella se veía cargando al hijo de Yukito y lo cerca que estuvo de en serio besarla allí, antes de que la inoportuna de Nakuru rompiera el idílico instante. – Rayos. Es una locura. Apenas han pasado tres semanas desde que regresó, desde que nos acercamos. No creerías todo lo que a ocurrido. Pero… me siento feliz de que pasara. Ella… ella me hace sentir vivo después de mucho tiempo. Así que en realidad sería incapaz de besarla después de besarte a ti.

-¿Besarla? Así que ya la has besado.- Preguntó Yukito algo sorprendido haciendo que Touya cayera en cuenta de que había dicho más de lo que debía.

-Eso no es de tu incumbencia cuatro ojos. Además ¿no deberías estar con tu mujercita? No creo que a Nakuru le haga gracia que estés aquí conmigo en vez de con ella.

La manera en como el pálido hombre se puso de pie de golpe mientras su piel se volvía casi traslúcida era realmente hilarante. Ella acababa de tener una extenuante labor de parto y en vez de estar allí cuidándola se había quedado más tiempo del que le prometió hablando con Touya. Claro que iba a enojarse. De hecho seguramente duraría toda una semana antes de dejar que la viera a ella o a los niños.

-Tranquilo, Nakuru y los niños se han quedado dormidos.- Escucharon anunciar a Eriol mientras se acercaba a ellos y solo entonces Yukito comenzó a respirar aliviado, mientras el hombre de mirada añil ahora llevaba su mirada a Touya con una seriedad impropia de él. – Kinomoto, Tomoyo tuvo que hacer algo importante y se ha ido primero.

-¿Irse primero? Pero ni siquiera sabe llegar al hotel sola.- Señaló Touya mientras se ponía de pie a prisa. ¿En que rayos estaría pensando para no esperarle?

-Acaba de irse caminando hacia el este, creo que si te das prisa puedes alcanzarla antes de que empiece a llover.- Aseguró Eriol haciendo que el moreno pasaba a su lado a prisa dispuesto a ir por ella.

-¿Qué extraño? ¿Qué cosa importante tendría que hacer Tomoyo? Me sorprende que no le dijera nada a Touya.- Reconoció Yukito mientras veía al Eriol quien estaba más silencioso de lo normal, de hecho miraba al cielo como si se hallara profundamente preocupado.

-Era mentira. Solo me dijo eso para que no me diera cuenta de que lloraba.- Reconoció por fin mientras sentía las primeras gotas de lluvia. Esas nubes de tormenta tan cargadas siempre eran un mal augurio.


Kurogane avanzó por las estrechas calles camino a su hogar mientras observaba las nubes grises que adornaban el cielo. Era obvio que pronto llovería y por desgracia ni siquiera había pensado en llevar el paraguas.

Aceleró sus pasos al sentir las primeras gotas de lluvia cayendo sobre él y se colocó debajo de el techado de la parada de autobuses, justo antes de que comenzara el aguacero. Lo último que necesitaba era pescar un resfriado que lo obligara a permanecer en su casa. Necesitaba estar ocupado si no quería pensar en ella.

Giró su cabeza un poco al escuchar pequeños sollozos a su lado y entonces notó a una chica sentada en el alargado banquillo que cubría su cara con sus manos para ocultar su llanto, haciéndolo sentir profundamente incómodo.

No era bueno para esas cosas pero si algo sabía era que jamás debía dejar a una chica llorar sin interesarse en lo que ocurría. Nunca se sabía quién podía necesitar ayuda, y como médico jamás se haría sordo a un llamado de auxilio.

-Disculpe pero, ¿se encuentra bien?- Preguntó en inglés mientras le extendía un pañuelo, quedándose helado al verla levantar la vista y encontrarse con esos ojos amatistas que se veían terriblemente hinchados y llorosos.

-¡¿Tomoyo?!- Exclamó profundamente turbado mientras se dejaba caer en el banquillo y tomaba su rostro mientras la veía intentar ocultar la mirada. Inmediatamente había notado que tenía el pelo y la piel igual que ella, pero pensó que era una mala jugada de su mente porque después de todo las posibilidades de que estuvieran ambos en Inglaterra y que se encontraran en el mismo lugar, sobretodo cuando normalmente no tomaba esa ruta eran de una en un millón.

Miró alrededor de ella intentando encontrar alguna pista que le dijera que estaba ocurriendo, porque ella estaba allí llorando tan desconsoladamente y entonces lo vio…

Corría en dirección a ellos bajo la lluvia mientras miraba a todos lados como si hubiese perdido algo o a alguien.

Bajó la mirada hacía ella que aún continuaba llorando y siguiendo sus impulsos la rodeó con sus brazos aferrándola a su pecho mientras levantaba la vista y veía a Touya detenerse de repente al reconocerlos. Se veía realmente confundido, realmente contrariado. ¿Acaso aquello era lo tan importante que ella tenía que hacer? ¿Acaso por él había salido tan a prisa aún sin importarle mojarse en la lluvia? Se sintió incapaz de escuchar la respuesta y volviendo sobre sus pasos comenzó a alejarse por donde había venido mientras Kurogane continuaba observándolo fijamente. No sabía que demonios había pasado pero si por su culpa Tomoyo estaba llorando de esa manera, entonces merecía haber malinterpretado las cosas.


Y listo. No se como fue para ustedes leerlo, pero para mi escribir este capítulo fue tremendamente intenso, sobretodo al final.

Ya sabemos el desenlace de Nakuru y Yukito, y algunas revelaciones del pasado de Touya y sus sentimientos. Pero sin duda esto último pone en peligro el clima propicio que se había formado. ¿Por qué Tomoyo salió así? ¿Qué pasará con ellos dos ahora que Touya tiene una idea equivocada de los sucesos?

Esto y mucho más en los próximos capítulos. Les cuento que le hice una pequeña modificación al final del capítulo 14. Ahí explicó por qué así que si pasan a leerlo creo que sería lo mejor para entender el resto de la historia.

Mil gracias a todos los nuevos seguidores. A quienes se han interesado y han comentado la historia. Leo sus comentarios con mucha alegría y aunque tarde en responder a veces por ciertas circunstancias de veras valoro mucho su interés y que les guste este trabajo que estoy haciendo con mucho amor.

En fin. No los detengo más. Espero me dejen su opinión de este capítulo y teorías y nos leemos pronto, antes haciéndole una gentil invitación a la otra historia en la que estoy trabajando:

La nueva emperatriz. Es otra historia qie estoy haciendo con muchísimo cariño y que tiene un poco de TXT, así que seguramente les agradará.

Att: Brie97