—Estas en pijama —apuntó Angel apenas verlo entrar al bar.

Alastor frunció el ceño, manteniendo su espalda recta pese a su pijama rojiza.

—¿Pretendías que me diera tiempo de cambiarme cuando esa demente comenzó a dispararme? —puntualizó dejándose caer a su derecha con pesar—, esperaba más de un tipo que se la vive rodeado de muerte y salidas premeditadas.

Angel rodó los ojos al ver el humor que traía, era poco habitual en él pero dada la situación, lo entendía un poco.

—Bueno, solo diré que muy pocas mujeres podrán mofarse que le dispararon a un asesino en serie y vivieron para contarlo —rió dándole un trago a su debida, palmeando sutilmente la espalda de Alastor.

Este resoplo moviendo un mechón de cabello de su frente, lamentándose no tener un espejo para ver su decadente estado.

—Ni me lo digas —murmuró cansado.

—Bueno, eso queire decir que no tienes casa, ¿cierto? —apunto con media sonrisa.

Alastor al escucharle, deseo poder tener una manopla y darle con ganas, no estaba de humor para bromas pero parecía que Angel quería picar cierto nervio en su interior y lo estaba logrando.

—Cierto, buscaré un departamento —dijo sin más, tratando de restarle importancia—, solo debo ir por mis cosas a mi viejo departamento y rezar porque Mimzy no trate de volarme la cabeza otra vez.

Angel asintió sutilmente con la cabeza antes de dibujar una gran sonrisa más notoria en su rostro.

—Quédate conmigo hasta entonces —sugirió sin pizca de burla.

Alastor se atraganto con su propia saliva, comenzando a toser con ganas, antes de por fin verle, notando que lo decía muy en serio.

—Nop, eso no va a pasar —musitó aclarándose la garganta y acomodando sus lentes, se cruzó de brazos—, ¿mafiosos y un asesino en serie bajo el mismo techo? Pésima idea —concluyó bastante seguro de sus palabras.

Angel rió sutilmente negando con la cabeza.

—Tengo una casa aparte, la uso de vez en cuando cuando no quiero que mi padre me encuentre —comentó terminado su trago—, hasta yo necesito un poco de libertad de vez en cuando.

Alastor ladeó levemente la cabeza.

—¿No sabe sobre ella? —cuestiono ahora curioso por tener un dato nuevo por parte de Angel.

—Está a nombre de mamá, nunca se le ocurriría buscar una propiedad bajo ese nombre —comentó esta vez con cierta tristeza en su voz—, al menos no en esta vida...

Alastor lo pensó durante un instante.

Sabía que debía volver por sus cosas, pero no creía que fuera buena idea dado el estado psicótico de Mimzy, tristemente había dejado su cartera y todo lo que pudiera necesitar para su trabajo, exceptuando su celular, por lo que sí o sí, estaba en una situación apretada.

Y lo quisiera admitir o no, la ayuda de Angel caía como una bendición del cielo.

—¿Solo por esta noche? —pregunto sopesando la propuesta.

—Si así lo quieres —comentó Angel poniéndose de pie luego de dejar el pago de su bebida sobre la mesa—, andando.

—¿Ahora? —inquirio siguiéndolo.

Angel rió ante la pregunta, sorprendiendose de que a veces Alastor podía ser verdaderamente un idiota igual que él si así lo quería.

—¿Te quieres quedar en pijama? Sin problemas por mi —se burlo saliendo del lugar.

Alastor gruñó irritado siguiéndolo.

Angel ya afuera noto que el cielo comenzaba a oscurecerse debido a las nubes que se cernían sobre ellos amenazando con llover una vez más. Por ello, cuando Alastor miro como Angel se trepaba en una moto, se vio en la imperiosa necesidad de pedir la dirección y llegar por sus medios, pero sin dinero, eso no era algo que pudiera hacer.

Por lo menos no de momento.

—Sube, no muerde, pero puede que su dueño si —rió al decirlo esperando que Alastor subiera en la parte de atrás de la moto.

Alastor torció un poco lo labios mirando el aparato de dos ruedas.

—Nunca me he subido a una —confeso mirándolo con duda—, además son peligrosas.

Angel sin querer soltó una fuerte carcajada extendiendo uno de los cascos, con más brusquedad de la que quiso emplear.

—Eso es obvio y por eso me gustan—Alastor lo tomo con molestia y dio un paso hacia la moto—, ¿eres un abuelo o que mierda? —cuestiono encendiendo el motor, que rugió con fuerza, sobresaltando un poco a Alastor que acababa de ponerse el casco—. Sube de una buena vez o te juro que te dejo aquí.

Alastor frunció el ceño subiendo a la parte trasera, sintiendo el motor bajo su asiento. Al ver como su amigo, se trepó una enorme sonrisa de triunfo se dibujó en su rostro.

—Sujetate bebe, esta chica corre rápido —sin siquiera darle tiempo de decir algo, Angel arrancó pisando hasta el fondo, por lo que Alastor apenas tuvo tiempo de rodearle la cintura con los brazos.

—Imbécil —masculló Alastor aferrándose al chico con molestia, escuchando el aire silbar a su alrededor por la velocidad que llevaban.

Angel solo rió sin reducir la velocidad.

Para Alastor eso era nuevo, a decir verdad, todo lo que le ocurría últimamente era nuevo, en especial viniendo de ese chico quien nunca dejaba de sorprenderlo. No entendía cómo en ocasiones realmente quería matarlo por impertinente, pero en otras más, deseaba estar más a su lado para saber cual sería su siguiente movimiento.

Pasados unos minutos que para Alastor fueron horas, terminaron adentrándose en un bosque cercano a la ciudad, hubo ciertos tumbos en el camino pero tras ellos, un camino liso dio la bienvenida a una casa blanca en medio de un gran pantano, rodeado por los árboles más frondosos que Alastor había visto nunca.

Debía admitir que el lugar estaba muy escondido.

Cuando la moto se detuvo y apagó el motor, Alastor descendió con torpeza, casi tropezando al hacerlo, ante la mirada divertida de Angel.

—Hogar, dulce hogar —comentó el chico tras descender del aparato, señalando la casa con orgullo. Él dejó su casco en el asiento de la moto y le dedicó una rápida mirada a Alastor quien estaba mirando en todas direcciones.

—Estamos en medio de la nada, Angel —apuntó Alastor arrojando el casco, que Angel atrapó al vuelo sin dificultad alguna, colocándolo junto al suyo.

—Esa es la idea, esta área no recibe señales por lo que es imposible localizarnos —río adentrándose al pórtico de la casa—, bien podrías traer a tus víctimas y tirarlas en el pantano que está aquí y nunca nadie las encontraría.

Alastor le siguió con su habitual expresión burlesca en el rostro, sopesando la idea del chico.

—¿Piensas matarme? —preguntó con cierta jocosidad en su voz, mirando la espalda del chico tensarse un poco.

Angel se detuvo frente a la puerta y rió en voz baja, mirandole sobre el hombro.

—Si quisiera hacer eso —dijo abriendo la puerta de par en par, apartándose para dejarlo pasara—, ya lo habría hecho.

Alastor simplemente se limitó a reír mirando al chico de reojo mientras entraba a la casa, que era mucho más acogedora de lo que pensó.

—Nada mal —halago mirando el estilo victoriano que tenía el interior.

—Gracias —dijo orgulloso cerrando la puerta tras él, observando al esbelto hombre frente a él.

Para él sería tan fácil someterlo ahí, en medio de la nada y sin modo de que se comunicara con nadie, era casi como si se colocara en bandeja de oro; pero si debía ser sincero, no quería arruinar la amistad tan normal que tenía con Alastor.

—Angel —llamo Alastor al verlo parado cerca de la puerta, sacando al chico de sus pensamientos.

Angel simplemente ladeo sutilmente la cabeza hacia la derecha sin perder de vista ninguno de los movimientos de Alastor.

—Dime.

—¿Por qué estamos aquí realmente? —inquirio el castaño cruzandose de brazos.

Angel sonrio de medio lado caminando hasta él, rodeando sus hombros con su brazo derecho.

—Siempre eres tu quien acepta mis ofertas corazón, no hay otro motivo por el cual estemos aquí más que por tus propias decisiones —apuntó sonriendo con burla, a lo que Alastor simplemente resopló por lo bajo—, ¿no hay una que me quieras hacer? Eso sería interesante de ver.

Alastor sonrió dando un paso lejos de él haciendo que el brazo de Angel cayera inerte a su costado.

—¿Cual es mi cuarto? —preguntó con media sonrisa antes de darse vuelta caminando hacia la sala de estar.

Angel al ver que no seguiría con su pequeño juego de palabras, negó con la cabeza.

—Oh, pero que hincha pelota eres —río yéndose tras el.