— Como pueden ver — comenzó a explicar Snape apenas Valerie y Draco tomaron asiento en la sala el lunes tras regresar al castillo. – Ya están definidos las fechas y horarios de sus exámenes para sus TIMOs, los cuales se reparten a lo largo de dos semanas consecutivas. Tendrán los exámenes teóricos por las mañanas y los prácticos en la tarde. Ahora, debo advertirles que los encantamientos anti-trampa más severos han sido aplicados a sus papeles de examen. Las plumas de auto respuesta están prohibidas dentro del salón de examen, al igual que las recordadoras y la tinta auto correctora. Todos los años, siento tener que decirlo, aparece por lo menos un o una estudiante que piensa que puede evitar las reglas de la Autoridad de los Exámenes de Magia. Solo espero que no sea nadie de slytherin. Nuestra nueva… directora – dijo con lentitud escondiendo su desprecio – ha pedido a los jefes de cada casa que les recuerde a los estudiantes que copiar será castigado con máxima severidad… Porque, desde luego, los resultados de sus exámenes reflejaran el nuevo régimen normativo de la directora en el colegio. Sin embargo – Snape repasó con la mirada a cada alumno – esa no es la razón para que hagan lo que mejor que puedan, pues es momento de pensar en sus propios futuros.

Tras aquello, el primer examen, Teoría de Encantamientos, había sido fijado para el miércoles en la mañana. Valerie resopló molesta, aquellas pruebas eran una pérdida de tiempo, estaba segura de que podría estar haciendo mejores cosas que sentada estudiando o rindiendo uu examen que no le causaría ninguna dificultad, pero sabía que Dumbledore quería que mantuviera un perfil bajo y continuara en el castillo como si nada estuviera pasando.

La cena fue poco animada esa noche y Valerie se percató del estrés que varios alumnos tenían en sus rostros. Cuando ella y Draco salieron del gran comedor se encontraron con Harry, Ron y Hermione quienes traían caras agotadas por haber estudiado todo el día.

— Oh dios mío — murmuró de pronto Hermione, mirando fijamente hacia el vestíbulo de entrada. - ¿Son ellos? ¿Son los examinadores?

Todos se giraron. En medio del pasillo pudieron ver a Umbridge de pie junto a un pequeño grupo de brujas y magos de apariencia anciana. Se alegraron al notar que la "directora" parecía bastante nerviosa.

— ¿Vamos y echamos un vistazo de más cerca? — propuso Ron. Todos asintieron y aceleraron el paso hacia las puertas del vestíbulo, disminuyendo la velocidad al cruzar el umbral y pasar naturalmente al lado de los examinadores.

Umbridge estaba hablando con una bruja diminuta y encorvada de manera muy respetuosa, pero la bruja parecía ser un poco sorda pues estaba contestándole a Umbridge muy alto, considerando que estaban a apenas treinta centímetros de distancia. — ¡El viaje estuvo bien, el viaje estuvo bien, lo hemos hecho un montón de veces antes! — comentaba con impaciencia. — Ahora bien, ¡no he sabido nada de Dumbledore últimamente!— agregó mirando el vestíbulo como si tuviera la esperanza de que fuera a surgir de la nada. — Supongo que no tiene ni idea donde esta.

— En absoluto — contestó Umbridge, lanzándoles una mirada malévola cuando el grupo se quedó en la escalera mientras Valerie simulaba buscar algo en su mochila y Ron se ataba el cordón de sus zapatos. — Pero me atrevería a decir que el Ministerio de Magia lo localizara bastante pronto.

— Lo dudo — le gritó la diminuta bruja. — ¡No, si Dumbledore no quiere ser encontrado! Y tengo razones para saberlo… Le examine personalmente la Transfiguración y Encantamientos cuando hizo los EXTASIS… Hizo cosas con la varita que nunca había visto antes…

— Sí… bueno… - aceptó la profesora Umbridge mientras Harry, Ron, Hermione, Valerie y Draco caminaron lo más despacio que se atrevieron. – Permítame mostrarles el cuarto del profesorado, me atrevería a decir que les apetecerá una taza de té después de su viaje.

Tras aquello, Umbridge llevó para otro lado a los examinadores.

— Por lo menos es bueno saber que nadie tiene idea del paradero de tu abuelo — señaló Malfoy con una mueca burlona.

El día del primer examen, los alumnos de quinto y séptimo año se arremolinaron en la entrada del gran comedor, mientras los demás estudiantes se iban a clases. Fue entonces que, a las nueve y media, fueron llamados a ingresar. Las cuatro mesas de las casas habían sido retiradas y reemplazadas por multitud de pupitres unipersonales, todos mirando en dirección a la mesa de los profesores que estaba al fondo del recinto, donde la profesora Mc Gonagall permanecía de pie, observándoles. Cuando todos estuvieron sentados declaró: - Pueden comenzar – y le dio vuelta a un enorme reloj de arena que estaba sobre el escritorio que había a su lado.

Valerie dio vuelta su papel y suspiro frustrada, definitivamente todo esto era una pérdida de tiempo.

A la hora de almuerzo, los de quinto año compartieron con el resto del colegio, las cuatro mesas reaparecieron a la hora de comida, y luego se marcharon hacia una pequeña cámara al lado del gran comedor donde debían esperar antes de ser llamados para su examen práctico.

Mientras pequeños grupos de estudiantes ingresaban a la sala, los que quedaban detrás murmuraban encantamientos y practicaban movimientos de varita. Los estudiantes que ya habían sido examinados no regresaban, por lo que los demás no tenían idea como les había ido. De pronto el profesor Flitwick llamó: Davier, Roger; Denver, Hannah; Dumbledore, Valerie.

— Buena suerte — le deseó Draco a su amiga con una sonrisa coqueta.

Valerie le sonrió y se dirigió hacia el salón. – El profesor Tofty está libre, señorita Dumbledore – chilló el profesor Flitwick, que estaba de pie junto a la puerta. Le hizo señas hacia el examinador que parecía más viejo y calvo que estaba sentado detrás de una pequeña mesa, en una esquina alejada. Todos los examinadores se quedaron pasmados mirando a la joven alumna que recorrió el salón sin dar crédito a lo que acaban de escuchar: ¿habían dicho Dumbledore?

A medida que Valerie se fue acercando el viejo mago este no pudo ocultar su cara de asombro e impresión. – Señorita Dumbledore, ¿verdad? – titubeo el profesor Totfy, mientras consultaba sus notas reiteradas veces, como si no creyera lo que estaba leyendo. Tampoco le había pasado por alto el escudo de casa que descansaba en su túnica. ¿Una Dumbledore de slytherin? Era algo que nadie se imaginaría ver.

— Así es — se limitó a responder la vampira.

— Oh, los años cada vez me pesan más — mencionó para sí mismo el mago y observó con insistencia a Valerie por encima de sus lentes. – Jamás creí que vería a alguien proveniente de la familia Dumbledore – volvió a titubear. - ¿Albus es tu…?

— Es mi abuelo — respondió ella con una pequeña sonrisa.

— Asombroso — el profesor Totfy le sonrió de manera alentadora. – Bueno, hora de trabajar entonces. Sabiendo entonces que eres nieta de Albus dudo que esta prueba te ponga nerviosa… Ahora, si te pidiese que cogieras esa huevera que está al frente y la hicieras dar volteretas para mi…

Tras varios encantamientos bien ejecutados el examen de Valerie terminó y el profesor Totfy le regaló una cálida sonrisa.

— Excelente examen, señorita Dumbledore, un honor haber sido el examinador de la nieta de Albus. Por favor, cuando lo vea, envíele mis saludos y dígale que Hogwarts no es lo mismo sin él.

— Le haré llegar sus saludos — respondió Valerie con una amigable sonrisa.

Los días pasaron con rapidez y los alumnos de quinto año se vieron enfrentados a su último examen. Por lo que a las dos en punto ingresaron al gran comedor y ocuparon sus asientos frente a las hojas de examen que estaban giradas boca abajo.

Valerie estaba preocupada por sus amigos, estaban agotados y con enormes ojeras, pero ya mañana podrían disfrutar de un merecido descanso.

— Den vuelta sus hojas — dijo una de las examinadoras mientras volteaba el gigantesco reloj de arena. — Pueden comenzar…

Valerie clavó sus ojos en la primera pregunta y rodó la vista molesta ¿a quién le podía importar si la legislación de varitas mágicas contribuyó a un mejor control de los disturbios de duendes del siglo décimo octavo? Garabateo una respuesta concisa.

"Describa las circunstancias que condujeron a la formación de la Confederación Internacional de Magos y explique porque los Warlocks de Liechtenstein rechazaron unirse". Volvió a mover su mano con rapidez mientras escribir la respuesta, recordando que habían repasado los apuntes de Draco aquella mañana.

A medida que avanzaba en el examen, su vista se perdía en el reloj de arena o en la pared, sin poder concentrarse del todo. A su alrededor, las plumas arañaban apresuradamente los pergaminos, como si la vida dependiera de ello.

De pronto se percató que un puesto delante suyo hacia la izquierda, Harry parecía incómodo. Se movía repentinamente en su asiento y ocultaba su rostro entre sus manos.

Harry Potter abrió los ojos, le picaron y lagrimearon al echarle un vistazo a su pergamino en blanco. Se sentía perdido y ofuscado. Garabateo una pobre respuesta y cerró nuevamente los ojos, intentando recordar lo que había estudiado… Mientras la arena corría por el reloj que estaba enfrente… Pero de pronto el no se encontraba en el castillo…

Agitado, Harry vio que su cuerpo se movía con fluidez por un pasillo oscuro, para luego aparecer en un enorme atrio donde se hallaba una gran fuente dorada con la escultura de un mago, bruja, un centauro con arco y flecha, un duende y un elfo, el agua caía en una alberca circundante. Al rededor de la enorme fuente se encontraba un numeroso grupo de magos encapuchados de negro y sus rostros ocultos tras unas extrañas mascaras. Los encapuchados estaban ordenados hacia un costado de la fuente, donde una imponente figura les daba la espalda.

— Mi señor, está todo listo — dijo uno de los hombres de rostro oculto.

El cuerpo de Harry se arrastró hacia la figura que daba la espalda a todos, de la cual salió una profunda voz — Perfecto… Comiencen el ataque al Ministerio de inmediato.

— Como ordene mi lord ¿usted qué hará? — preguntó el mismo hombre.

— Me haré cargo de esta escoria…

Harry, todavía moviéndose por el suelo, giró el rostro y vio que a los pies de aquella imponente figura había una forma negra retorciéndose como si fuera un animal herido. El estomago de Harry se contrajo de excitación. La voz que provenía de la figura que daba la espalda, iba vacía de cualquier tipo de bondad humana mientras decía — Ahora… ¿Me dirás la información que quiero saber? — la forma en el suelo se movió un poco. Harry vio una mano de dedos largos que se asomó de la larga capa negra mientras alzaba una varita mágica. — ¡Crucio!

El hombre que estaba tendido en el suelo dejó escapar un grito de dolor, intentando levantarse, pero cayendo de nuevo, retorciéndose mientras los presentes se burlaban de él. Una risa maléfica se apoderó del lugar, la mano con la varita alzada detuvo la maldición y la figura gimió y permaneció inmóvil.

— Lord Voldemort está esperando…

Muy despacio, mientras sus brazos seguían temblando, el hombre que yacía en el suelo irguió los hombros un poco y levantó la cabeza. Su rostro estaba manchado de sangre, retorcida por el dolor, aunque rígida y desafiante.

— Tendrás que matarme — susurró Sirius Black.

— Sin duda lo haré — afirmó Voldemort con voz fría. — Pero primero, responderás lo que quiero saber, Black… ¿Crees que has sentido dolor hasta ahora? Piensa de nuevo… Tenemos muchas horas por adelante y nadie puede oírte gritar — el mago oscuro se puso de pie. — Empiecen el ataque, yo me quedaré a esta escoria para mostrar a quienes me vean que no deben subestimar mi poder — ordenó a sus seguidores sin siquiera mirarlos. Luego alzó nuevamente su varita con dirección a Sirius — ¡Crucio!

Se escuchó un grito, alguien chilló y cayó al lado de su escritorio sobre el frío piso de piedra. Harry despertó al tiempo que se golpeaba contra el piso mientras gritaba, su cicatriz ardía y el gran comedor estallaba alrededor de él.

Valerie observó como los examinadores se llevaban a rastras a Harry que balbuceaba y tenía la mirada perdida. Supo de inmediato que algo malo iba a ocurrir, por lo que terminó su examen sin siquiera preocuparse por sus respuestas, lo entregó y salió en busca de su amigo.

— No voy a ir… No necesito ir a la enfermería… No quiero — balbuceaba Harry mientras intentaba soltarse de uno de los examinadores que lo ayudó a pasar por el vestíbulo de entrada tras sacarlo del gran comedor. — Estoy… estoy bien señor — tartamudeó el mago, secándose el sudor de la cara. — De verdad… Solamente me dormí y tuve una pesadilla.

— La presión de los exámenes – señaló comprensivamente el viejo mago palmeándole el hombro. — ¡Eso pasa joven, eso pasa! ¿Ahora, un trago de agua fresca y tal vez esté listo para regresar al salón? El examen ya casi terminó, pero podría terminar de corregir su última respuesta…

— Sí — aceptó Harry precipitadamente. — Quiero decir…No… Ya hice todo lo que pude, creo…

— Muy bien, muy bien - le respondió amablemente el anciano mago. — Voy a recoger su hoja de examen y le sugiero que vaya y tome un buen descanso.

— Eso es exactamente lo que voy a hacer — le aseguró Harry, asintiendo vigorosamente. — Muchas gracias — apenas los talones del anciano desaparecieron por el umbral del gran comedor, Harry salió corriendo hacia la escalera de mármol en busca de la profesora McGonagall.

Al llegar al despacho de McGonagall, Harry tocó la puerta con fuerza reiteradas veces, pero no obtuvo respuesta. Maldijo en voz baja y comenzó a pensar en dónde podría encontrar a la profesora hasta que escuchó una voz detrás de él — ¿Qué hace acá señor Potter? Debería estar aprovechando su tiempo en descansar después de todos sus exámenes — le dijo la pequeña figura del profesor Flitwick.

— Estoy buscando a la profesora McGonagall — respondió Harry intentado controlar su ansiedad.

— Pues lamento decirle que no se encuentra en el castillo, ella tuvo que retirarse debido a una emergencia.

— ¿Qué? ¿No está? — murmuró Harry sin dar crédito.

— Exactamente señor Potter, no me haga pensar que le faltan algunas neuronas, pero claramente su cabeza debe estar agotada de tantos exámenes así que le recomiendo que se retire a descansar — tras lo cual el profesor continuó caminando tranquilamente por el pasillo.

— ¡Harry! — exclamó Hermione luciendo muy asustada. Detrás de ella le seguían Valerie, Ron y Draco que caminaron con rapidez por el pasillo al encontrar al mago, todos al tanto del incidente que había ocurrido en el examen —. ¿Qué pasó? ¿Te encuentras bien? ¿Estás enfermo?

— ¿En dónde te habías metido? — demandó Ron.

— Vengan conmigo — les apremió él. — Vengan, tengo algo importante que decirles.

Los guió a lo largo del corredor del primer piso, atisbando a través de las puertas, hasta que encontró un salón de clases vacío en el que entró apresuradamente, cerrando la puerta al momento en que todos estuvieron adentro, y recargándose contra ésta, enfrentándolos.

— Voldemort tiene a Sirius y va a atacar el Ministerio. ahora.

— ¿Cómo lo…? — preguntó Draco.

— Lo vi. Acabo de verlo. Cuando me dormí durante el examen — le cortó Harry.

— ¿Pero…pero dónde? ¿Cómo? - le interrogó Hermione, cuya cara estaba pálida.

— No sé cómo — contestó Harry —, pero sé exactamente que está en el Ministerio y llevó a Sirius para torturarlo públicamente. ¡Dice que terminará por matarlo! — Harry se encontró con que su voz estaba temblando, al igual que sus rodillas. Se movió hacia un escritorio y se sentó, intentando controlarse. — ¿Cómo vamos a llegar hasta allí? — les preguntó.

Hubo un momento de silencio. Entonces Draco repitió: — ¿Llegar allí?

— ¡Llegar al Ministerio de Magia y rescatar a Sirius! — explicó Harry en voz alta.

— Pero… Harry… - balbuceo Ron débilmente.

— ¿Qué? ¿Qué? — gruñó el aludido. No podía entender por qué todos lo miraban como si les estuviera pidiendo algo irracional.

— Harry — habló Hermione en una voz más bien asustada e incomoda — ¿Er… Cómo… Cómo logró Voldemort entrar en el Ministerio de Magia sin que nadie se de cuenta?

— ¡¿Cómo voy a saberlo?! — estalló Harry. — ¡La pregunta es cómo vamos a entrar nosotros ahí!

— Potter — habló con fuerza Draco — usa tu racionamiento. Son las cinco de la tarde, el Ministerio debe estar lleno de empleados todavía. ¿De verdad crees que Voldemort va a atacar siendo superado en numero? Es uno de los magos más odiados y buscados del mundo ¿crees que podría entrar en un edificio lleno de aurores sin ser detectado? Si ya estuvieran atacando todas las alarmas se habrían encendido en el mundo mágico.

— ¡No sé, Voldemort usará una capa invisible o hechizo a todos o algo! - gritó Harry. — De cualquier manera cuando estuve ahí se encontraba totalmente vacio…

— Nunca has estado ahí Harry - señaló Hermione suavemente. — Has soñado con ese lugar, eso es todo.

— ¡No son sueños normales! — le gritó en la cara, parándose y dando un paso hacia ella. — ¿O cómo explicas lo del padre de Ron, todo lo que sucedió? ¿Cómo es que supe lo que le había pasado?

— Ahí tiene razón — admitió en voz baja Ron.

— ¡Ya basta! — gritó de la nada Valerie furiosa. — Es realmente inverosímil lo que estás diciendo — murmuró molesta. — ¿Cómo pudo Voldemort atrapar a Sirius, cuando lo más probable es que este en Grimmauld Place?

— Pudo haber sido cuando estaba en su trabajo — siseó Harry apretando los puños.

— ¿Por qué rayos querría Voldemort secuestrar a Sirius? — atacó la vampira con el rostro molesto.

— ¡Quería obtener información! — gritó Harry.

— ¿Qué clase de información? — preguntó Malfoy.

— No sé, podría ser cualquier cosa - respondió mordaz el mago de anteojos.

— ¿Estás escuchando lo que estas diciendo? Por que nada de lo que dices tiene sentido, y no tienes como probarlo , nisiquiera tenemos pruebas de que Voldemort y Sirius estén ahí — le reprendió Valerie con seriedad.

— Harry los vio — recordó Ron volteando hacia la vampira, pero se ganó una mirada tan cargada de odio que giró la mirada aterrado.

— Yo solo quiero agregar — comenzó a decir Hermione asustada, pero decidida. — ¡Esto no es una crítica, Harry! Pero… ¿no crees que tiene un poco de… manía salvadora? — el mago se la quedó mirando con furia.

— ¿Y qué se su´pone que significa eso de "manía salvadora"? ¿Es lo que piensas que hago ahora? ¿Supones que esta manía es un intento de que quiero hacer el papel del héroe?

— ¡No, no, no! — denegó Hermione, que parecía atemorizada. — ¡No es eso lo que quiero decir en absoluto!

— ¡Bueno, entonces escupe lo que tengas que decir, porque aquí estamos perdiendo el tiempo! — le gritó Harry.

— ¡POTTER CALLATE DE UNA PUTA VEZ! — todos se quedaron como piedra ante la furia en la voz de Valerie. — ¡Voldemort te conoce! Sabe que eres la clase de persona que iría en ayuda de Sirius sin dudarlo, por lo que debe estar tratando de llevarte al Ministerio.

— McGonagall no está en el castillo, no tengo a nadie de la Orden a quien podamos decirle o preguntarle algo, ¡y si no vamos Sirius estará muerto!

— Fue un sueño, Harry — le respondió Valerie cruzando los brazos.

— ¡No lo entiendes! — le gritó él. — ¡No estoy teniendo pesadillas, no estoy simplemente soñando! ¿Para qué crees que fueron todas las clases de Oclumencia? ¡Por que son REALES!

— ¿Por qué crees que tuviste clases de oclumencia, Potter? ¡Para que cerraras tu maldita mente de una vez por todas! ¿Por que crees que mi abuelo quería evitar que vieras esas cosas? ¡Por que pueden manipularte! ¿De verdad crees que Voldemort no se habrá dado cuenta de que puedes ver lo que hace? ¿Eres tan iluso de pensar que dejará que veas sus planes por error?

— ¡Sirius está atrapado, lo he visto! ¡Voldemort lo tiene, y nadie más lo sabe, y eso significa que somos los únicos que podemos salvarlo, y si no quieren hacerlo, está bien, pero yo si voy!

— ¡Mi abuelo quería que aprendieras a bloquear tu mente ante la entrada de estas cosas, si hubieras hecho lo que te dijo nunca hubieras visto esto! — le gritó la vampira.

— ¡Si piensas que voy a hacer como si no hubiera visto esto, estás equivocada, yo me voy!

— TU NO TE IRÁS A NINGUNA PARTE, POTTER… — el aura negra que comenzó a rodear a la vampira alertó a todos de lo furiosa que estaba, sus puños estaban cerrados y sus ojos cargados en odio miraban al mago de anteojos como si quisiera despedazarlo.

La puerta del salón de clases se abrió. Todos se dieron vuelta de inmediato. Entró Ginny, quien parecía curiosa, seguida de cerca por Luna y Neville.

— Hola — saludó Ginny titubeando. — Reconocimos la voz de Harry. ¿Por qué estabas gritando?

— No es de tu incumbencia — le respondió asperamente Harry.

Ginny levantó las cejas — No hay necesidad de que me hables en ese tono — dijo fríamente —, solo me estaba preguntando si podía ayudar.

— Bueno, no puedes — señaló Potter escuetamente.

— Estás siendo bastante grosero — intervino Luna serenamente, Harry lanzó un juramento y miró a otro lado.

— ¿Valerie? ¿Estás bien? También escuchamos tus gritos — preguntó con nerviosismo Neville.

Todos miraron hacia la vampira. Malfoy la había tomado de la mano para tranquilizarla, pero obvio que su pequeño intento no estaba dando resultados. La mirada de la vampira estaba clavada en Harry, tenía el cuerpo tenso y sus ojos cargados en odio.

— Solo tenemos un "pequeño" desacuerdo con Potter —. A nadie le paso desapercibido su tono de voz y que se dirigiera a Harry por su apellido. Neville tragó saliva, agradeciendo no estar en los zapatos del mago de anteojos. Nadie dijo nada por unos largos e incómodos segundos.

— Espera Harry —, pidió de repente Hermione, rompiendo el silencio — Escuchen — continuó con urgencia. — Harry necesitamos estar seguros de que Sirius realmente no está en Grimmauld Place.

— Ya te dije que lo vi.

— ¡Harry, te lo suplico, por favor! — imploró Hermione desesperadamente. — Por favor, necesitamos verificar que Sirius no esté en casa antes de que vayamos a Londres. Si averiguamos que no está ahí, entonces te juro que no voy a tratar de detenerte. Iré… Haré lo que sea necesario para salvarlo…

— ¡Sirius esta siendo torturado AHORA! — le gritó Harry.

— Pero si es una trampa, iremos directo a ella. Granger tiene razón, tenemos que estar seguros — añadió Draco interrumpiendo la discusión.

— ¡No tengo tiempo para eso! — aulló Harry. — ¡Iré solo si es necesario, no les estoy preguntando!

— ¡Te ayudaremos, Harry! — exclamó Ron. — Pero es cierto, debemos tener cuidado. Para cuando atacaron a mi padre Dumbledore se aseguró que fuera verdad…

— ¡YO VI EL ATAQUE A TU PADRE! — gritó Harry fuera de si. — ¡Se que lo que vi es real! ¡Iré con o sin ustedes a salvar a Sirius!

— De aquí tu no te mueves — dijo Valerie caminando hacia la salida y bloqueándola.

— ¡No vas a impedir que me vaya! — exclamó con violencia Harry.

— ¿Seguro? Intenta moverme Potter, porque no importa lo que hagas, no podrás vencerme — Harry miró al resto de sus amigos en señal de apoyo. — Tampoco podrás vencerme con ayuda — agregó la vampira y todos vieron que en su mano descansaba su varita, amenazante. No había mofa en su tono de voz y lo peor de todo, nadie dudaba de sus palabras.

— Hay una forma de verificar — dijo de pronto Draco.

— ¿Cómo? — demandó Harry — ¿Cómo vamos a verificar?

— Tenemos que encontrar a Snape — explicó Draco. — Si de verdad Voldemort piensa atacar el Ministerio de seguro él, como espía, debe estar al tanto. Sabrá si es una trampa o no…

Nuevamente silencio.

— Draco tiene razón — señaló Valerie suspirando y guardó su varita.

— Esta bien. ¡Vamos rápido! — gruñó Harry.

— Iremos tu, Valerie y yo — explicó Draco antes de que alguien saliera. — No debemos llamar la atención de Umbridge y dos alumnos de la casa de slytherin buscando a su jefe de casa suena más creíble. Los demás vayan al patio, nos encontraremos cerca de la entrada al bosque prohibido, así el resto pensará que estamos paseando y descansando de nuestros exámenes.

Nadie se opuso y con rapidez comenzaron a moverse.

— El profesor Snape no se encuentra — les respondió el profesor Flitwick cuando encontró a los tres alumnos golpeando la puerta del despacho de Severus Snape.

— ¿Y sabe usted dónde podemos encontrarlo? — preguntó Valerie tensando el cuerpo.

— Lamento decirle, señorita Dumbledore, que el profesor Snape no está en el castillo. Tuvo que salir de manera inesperada y no me dio noción alguna de por qué. Que tengan buena tarde.

Draco, Valerie y Harry se miraron anonadados.

— McGonagall tampoco está en el castillo — señaló Harry.

— Snape no suele retirarse de forma tan imprevista — agregó Malfoy.

Valerie tensó el cuerpo. Ella dudaba que Voldemort tuviera prisionero a Sirius, pero como la línea del tiempo había sido alterada, no podía estar totalmente segura cuál serían las acciones que el mago oscuro tomaría. Si Snape abandonó sorpresivamente el castillo, la idea de que Voldemort atacara el Ministerio de Magia le sonaba cada vez menos descabellada. No podría contener a Harry por mucho tiempo y también debía actuar de manera rápida, si efectivamente Lord Voldemort atacaba ella tenía que apoyar en la batalla.

— Está claro entonces — dijo abruptamente la vampira. — Tenemos que ir cuanto antes al Ministerio.

— Snape no está en el castillo — les explicó Malfoy al resto apenas se reunieron cerca del borde del bosque.

— Y no sabemos cómo vamos a poder llegar al Ministerio para ayudar a Sirius — señaló Harry frotándose la cicatriz. Varios le miraron bastante asustados, sin saber como solucionar un problema de tal envergadura.

— Debe haber una forma que no alerte a Umbridge de que nos hemos ido — se rascó la cabeza Hermione, alterada.

— Bueno, deberíamos ir volando ¿no creen? — dijo Luna con voz segura.

— De acuerdo — dijo Harry irritado, dando vueltas alrededor de ellas. — Lo primero de todo es que "nosotros" no vamos a hacer nada si por casualidad te estás incluyendo en el plan. Segundo, no se tu, pero no todos tienen escoba, así que…

— ¡Yo tengo una escoba! — dijo Ginny.

— Sí, pero tú no vas a venir — respondió Ron enfadado.

— ¡Perdoname, pero me importa tanto como a ti lo que le pueda pasar a Sirius! — reclamó Ginny apretando la mandíbula con molestia.

— Eres demasiado… — comenzó a decir Harry, pero Ginny le cortó ferozmente, — Tengo solo un año menos que tu y te has metido en más peleas desde que eras pequeño, así que no me saques esa excusa barata.

— Si, pero…

— Estamos todo juntos en el Ejército de Dumbledore — señaló Neville tranquilamente.— Se supone que nos estábamos preparando para luchar contra Quién-Tu-Sabes ¿verdad? Y es la primera oportunidad que tenemos de hacer algo real ¿o es que acaso todo era un juego?

— No, por supuesto que no era un juego — respondió Harry impaciente.

— Entonces todos deberíamos ir — señaló Ginny con simpleza.

— Tienen un punto — dijo Malfoy encogiéndose de hombros, obteniendo miradas de reproche de parte de Harry y Ron.

— Esta bien, de todos modos no importa — exclamó Harry apretando los dientes, — porque todavía no sabemos como vamos a llegar hasta allí.

— Creía que ya habíamos llegado a un acuerdo — respondió Luna sonriendo. — ¡Iremos volando!

— Mira — le reprochó Ron, apenas conteniendo su molestia —, tal vez tu seas capaz de volar sin escoba, pero el resto de los que estamos aquí no podemos hacer que nos broten alas cada vez que…

— Hay diferentes maneras de volar que no sean en una escoba — le interrumpió Luna tranquilamente.

— Luna tiene razón, hay una forma de que podamos volar hacia el Ministerio — señaló de pronto Valerie y todos la miraron con atención. — Siganme.

Todos avanzaron con rapidez tras la vampira hacia los primeros y oscuros árboles del bosque prohibido. Ante la atenta mirada de los demás, Valerie sacó con velocidad su varita y con un simple movimiento comenzó a hacerse una herida en la palma de su mano.

— ¿¡Qué rayos estás haciendo!? — preguntó espantado Ron.

— Observa y verás — se limitó a responderle la vampira. Nadie quiso decir nada, pero no podían dejar de mirar como la sangre comenzaba a correr por su mano para caer al suelo. De pronto, una sonrisa se posó en los labios de Valerie y su mirada se clavo en un parte del bosque; de entre los altos árboles comenzaron a aparecer thestrales: una especie de caballo alado,su rostro poseía rasgos reptiliano y unas alas de aspecto curtido que recordaban a un murciélago. — Dicen que los thestral son muy buenos encontrado los sitios que buscan quienes los montan — señaló Valerie, alargó su mano y bajo la asustada mirada de los presentes vieron como algo lamia su herida.

Valerie enredó su mano con firmeza en la melena del thestral más cercano y de un salto se subió sobre la sedosa espalda del caballo. Encontró una manera de acomodar sus rodillas detrás de la junta de las alas que la hizo sentir más cómoda y giró el rostro para observar a los otros.

Draco, Harry y Malfoy se habían encaramado sobre la espalda de los siguientes thestrals que comenzaron a aparecer sin cuestionarle nada a la vampira. Luna ya se encontraba en su lugar, sentada con las dos piernas colgando hacia el mismo costado y ajustando su túnica como si hiciera esto todos los días. Ron, Hermione y Ginny, sin embargo, estaban todavía parados sin moverse, con la boca abierta y mirando fijamente a sus amigos.

— ¿Cómo se supone que vamos a subir nosotros? — preguntó Ron débilmente, — ¿si no podemos ver a esas cosas?

— Oh, es sencillo — respondió Luna deslizándose gustosamente de su thestral y acercándose hacia él, Hermione y Ginny. — Vengan… — los llevó hasta los otros thestrals que estaban parados por ahí y uno por uno se las arregló para ayudarlos a subir a las espaldas de dichos caballos. Los tres se veían extremadamente nerviosos, mientras Luna enredaba sus manos en las crines de los caballos y les decía que se agarraran fuerte antes de volver a subirse a su propio corcel.

— Esto es una locura — murmuró Ron, subiendo y bajando su mano libre cautelosamente por el cuello de su caballo. — Locura… si solo pudiera verlo.

— Seguro que preferirías que fuera invisible — le dijo Draco sombríamente.

— ¿Todos listos entonces? — preguntó Valerie. Todos asintieron. — Perfecto — la vampira miró la parte de atrás de la lustrosa cabeza negra de su thestral y acercandoce a su oreja le susurró — Ministerio de Magia, entrada de visitantes, Londres.

Por un momento el thestral de Valerie no hizo nada, luego con un movimiento rápido y majestuoso, las alas de ambos lados se extendieron; el caballo se agachó lentamente, y luego salió disparado hacia arriba. Los demás caballos le siguieron el paso con rapidez, atravesando violentamente las ramas más altas de los árboles y remontando hacia un ocaso color sangre. Los thestral pasaron como un rayo por sobre el castillo, sus anchas alas apenas moviéndose. La vampira sonrió con malicia sintiendo el frío aire que golpeaba su rostro, recordando el placer que le brindaba volar. De verdad que extrañaba poder hacerlo por si misma. De pronto, miró hacia atrás y vio a los jóvenes magos y brujas ascendiendo detrás de ella, todos inclinados lo más posibles sobre los cuellos de sus thestrals para protegerse de un resbalón.

Pasaron sobre los terrenos de Hogwarts, luego Hogsmeade, Valerie pudo ver montañas y barrancos debajo de ella, mientras la luz del día empezaba a decaer. Vio pequeños conjuntos de luces mientras pasaban sobre áreas más pobladas, luego una sinuosa carretera a través de las colinas. El crepúsculo descendió, el cielo se volvió de un suave púrpura oscuro con pequeñas estrellas plateadas esparcidas por el.

La vampira no pudo evitar recordar aquellos lejanos años, cuando sobrevolaba los cielos de su país natal, aquella libertad, paz y felicidad que pudo sentir cuando se dejaba llevar por las corrientes de aire. Pero, un dolor indescriptible se coló en su pecho, recordando quien era su acompañante en aquellos viajes ¿cuándo se habían convertido en un mal recuerdo aquella actividad que gozaba en hacer? ¿Por qué todo lo que recordaba de su pasado tenía que estar teñido de negro y sangre?

De pronto, las luces de las ciudades muggles la trajeron de vuelta a la realidad, dándole una idea de a que distancia del suelo estaban, o a que velocidad viajaban. La vampira lanzó una rápida mirada hacia Harry, que lucía tenso y ansioso por llegar. ¿Sería esto una trampa? Era lo más probable, pero ella debía asegurarse que Voldemort no pudiera atacar el Ministerio.

De la nada, la cabeza del thestral de Valerie apuntó hacia el suelo, estaban comenzando a descender por fin. Las brillantes luces de la ciudad crecían y se redondeaban por todas partes, podía ver las terrazas de los edificios, ríos de focos como ojos de insectos y ventanas que parecían cuadrados de luces. Valerie se aferró al thestral cuando se lanzó hacia el pavimento, pero el caballo tocó el oscuro suelo tan ligeramente como una sombra y la vampira se deslizó de su lomo, con suavidad, para luego agradecerle dándole una cariñosa palmada.

El resto de los magos descendió segundos después de la vampira y cuando todos tuvieron sus pies sobre la tierra Luna preguntó — ¿Dónde vamos ahora? Nunca he ido al Ministerio… — su voz sonó cortés e interesada, como si todo esto fuera una interesante excursión.

— Siganme, yo conozco una entrada — respondió Mafoy con seguridad, guiando el camino hacia una maltratada cabina telefónica. — ¡Vamos! — abrió la puerta y apresuró a los demás con señas que lo miraron con dudas. Valerie ingresó inmediatamente detrás del rubio, seguidos de Ron, Harry y Ginny que marcharon obedientemente, Hermione, Neville y Luna se apretujaron detrás de ellos con dificultad.

— ¡El que esté más cerca del auricular, que marque seis, dos cuatro, cuatro, dos! — dijo Draco. Ron se inclinó y con esfuerzo estiró su brazo para alcanzar el disco para marcar, cuando lo logró una voz femenina sonó dentro de la cabina: "Bienvenidos al Ministerio de Magia. Por favor declaré su nombre y asunto".

— Ron Weasley, Harry Potter, Hermione Granger — respondió rapidamente Ron. — Draco Malfoy, Ginny Weasley, Neville Longbottom, Luna Lovegood y Valerie Dumbledore… Estamos aquí para salvar a alguien y evitar un ataque, a menos que su Ministerio lo haya hecho primero.

— Gracias — respondió la calmada voz femenina. — Visitantes, por favor tomen las placas de identidad y peguenlas en la parte delantera de sus túnicas —. Ocho placas se deslizaron por el tobogán metálico donde normalmente aparecen las monedas del vuelto. Hermione las levantó y comenzó a repartirlas, en ellas salía el nombre de cada uno y la frase "Misión de Rescate". —Visitantes del Ministerio, se requiere que se sometan a un registro y presenten sus varitas para que queden registradas en el escritorio de seguridad, que se encuentra en el extremo más lejano del atrio.

El suelo de la cabina telefónica tembló y el pavimento comenzó a descender, la oscuridad se cerró sobre ellos y con un apagado y rechinante sonido se hundieron en las profundidades del Ministerio de Magia.


Hemos vuelto con nuevo capítulo! Y si, soy mala y los dejo con la incertidumbre de ¿qué va a pasar ahora? Jejeje, no me odien, yo los amo.

Con el tema del coronavirus he tenido más tiempo para escribir, no tomen esto como que es algo positivo, pero dada la cuarentena es mejor aprovechar ese espacio de tiempo que no siempre solemos tener en nuestro día a día. Por favor cuidense, laven sus manos y cumplan con la cuarentena aquellos que deben hacerla para que juntos podamos vencer a este virus.

Espero con ansías sus comentarios :)

Se despide, Florence