Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 28 – Las malas noticias nunca vienen solas.

Sirius y Bellatrix tenían planeado pasar su luna de miel en algún punto de Rusia. Un lugar poco habitual para unos recién casados, pero ninguno de ellos era amante del sol y a ambos les llamaba la atención las leyendas mitológicas que provenían del frio país. Pero todo aquello se fue al traste cuando un Dumbledore muy nervioso se apareció en su casa para suplicarles que no se fueran y que le acompañasen a Hogwarts.

–Actualmente es el único lugar seguro donde hablar sin miedo a ser escuchados.

Las palabras del viejo director dejaron a Bellatrix un tanto preocupada. Hacía semanas que Dumbledore no reunía a la Orden y que prefería comunicar directamente las noticias y misiones a los interesados. El creciente miedo de un infiltrado en sus filas le había obligado a tomar ese tipo de precauciones, y más desde que recientemente dos miembros habían sido asesinados.

Benjy Fenwick y Caradoc Dearborn, eran dos de los gryffindors que se habían ofrecido a controlar a los slytherins en su séptimo año para que no le hicieran nada cuando se fugo con Sirius. Por suerte nunca necesito de su ayuda, pero ese gesto les convirtió en dos personas en las que poder confiar. En los tiempos que corrían eso era muy importante. Por eso cuando Ojo Loco encontró los restos del primero e indicios que el segundo había corrido la misma suerte, no pudieron más que entristecerse.

Dumbledore les aconsejó que se aparecieran en Hogsmeade y que entrasenn a Hogwarts a través del pasadizo detrás de un cuadro de la taberna de su hermano. El castillo estaba completamente vacío, aún quedaban varios días hasta que comenzara el nuevo curso, por lo que les fue sencillo llegar libremente hasta el despacho del director.

–Granizado de limón. –No se podía creer que Dumbledore siguiera utilizando ese tipo de contraseñas tan absurdas. Cualquiera con un poco de cabeza acabaría adivinándolas.

Al parecer habían sido los primeros en llegar. No sabía de qué iba aquello pero se comenzaba a impacientar. ¿Qué cosa podría ser tan importante como para reunirles en Hogwarts? ¿Por qué era aquel el único lugar seguro?

–¡Mira Bella! –Sirius le señaló uno de los cuadros. –¿Este no es algo así como nuestro tatarabuelo?

Bellatrix se acercó a su marido para comprobar que efectivamente, aquel era Phineas Nigellus Black, profesor y posteriormente director de Hogwarts. Un personaje al que su tía Walburga le encantaba aclamar.

–Estos estudiantes… Ya no respetan al que quiere dormir. –El viejo mago dentro del cuadro comenzó a desperezarse. –¡Ah no! vosotros no sois ningún estudiante… Porque sé que es completamente imposible, pero es como si tuviera delante a mis padres.

Bellatrix resopló. Ya era suficiente con saber que inevitablemente se parecía a su tía como para encima tener que soportar que también hubiera otro macabro pariente al que parecerse.

–Déjalo Sirius. –No tenía ganas de aguantar la verborrea de los Black.

El hombre dentro del cuadro al escuchar el nombre se levantó de la silla y se acercó todo lo que la magia le permitía al marco. Parpadeó varias veces y se ajustó las gafas.

–Sirius Black… –Su tatarabuelo finalmente le reconoció. – Bellatrix Black… –Posó su vista sobre ella. –Fuisteis un gran tema de conversación hace años… Me entretuvo durante un tiempo. Que uno se fugase era algo que había visto antes, pero que lo hicieran dos a la vez, fue todo un record.

–Me alegra pasar a la historia de la familia con tal honor. –Rió Sirius con satisfacción.

Bellatrix se giró y les dio la espalda, dos Black hablando de batallitas. No tenía ganas de aguantarles.

–Y más que pasarás a la historia después de los últimos sucesos acaecidos en nuestra familia…

Eso si llamó la atención de Bellatrix. Mientras se carteó con su hermana tuvo información de primera mano, pero desde que corto la relación hacia ya dos años, no había vuelto a saber nada de la que había sido su familia.

–¿Sucesos?

Phineas volvió a su asiento y bostezó.

–Terribles sucesos. Nuestra familia ha perdido a su patriarca y no hay nadie quien pueda ocupar su lugar.

Sirius y Bellatrix se miraron sorprendidos, si aquello significaba lo que pensaban…

–Orión Black fue débil, debió imponerse y no sucumbir a una muerta tan muggle como la de un infarto. Pero claro cuando descubres que tu hijo, el que debería de haberte sustituido,…

–Oye yo nunca busque su muerte. –Sirius le interrumpió. Esa conversación le estaba enfadando.

Phineas le ignoró y continuó hablando.

–…fallece. No deseas más que unirte a él. –El hombre no estaba hablando de Sirius. –Pobre del joven Regulus. Quizás demasiadas expectativas puestas sobre él.

Bellatrix creyó haber escuchado mal. Su primo pequeño no podía estar muerto. Era un joven de veinte años, fuerte y con toda la vida por delante. ¿Qué podría haber ido tan mal?

Sirius aún continuaba en shock. Es cierto que era el primero en criticar la actitud de su hermano, siempre deseo que se uniera a él, pero eso no impidió que aún le tuviera cariño.

–Phineas me alegra que hayas conversado con tus familiares. –Dumbledore entró por la puerta acompañado de Lily, James y el pequeño Harry, detrás de ellos lo hacían Remus y Peter.

–Siempre es un honor y más cuando son mis queridos tataranietos. –Phineas volvió a bostezar y finalmente se quedó dormido.

Sirius tragó saliva y se recompuso. Tenía otras cosas por las que preocuparse.

Bellatrix supo de inmediato que Sirius no estaba bien y que aunque quisiera ocultarlo haciéndose el fuerte, la noticia del fallecimiento de Regulus le había afectado al igual que ella. Pero ya tendrían tiempo para eso, ahora debían de averiguar porque Dumbledore les había reunido allí.

–Me temo que la guerra ha comenzado y ya la estamos perdiendo. –Dumbledore fue directo. Debía contarles muchas cosas y el tiempo iba en su contra. –La Orden ya no existe y el ministerio está recibiendo muchas bajas.

–¿La Orden ya no existe? –James preguntó preocupado. –Nosotros seguimos aquí. ¡Lucharemos!

–¡Sí! –Sirius estaba de acuerdo. –Total, el ministerio tampoco es que fuera de mucha ayuda.

Dumbledore se acercó a su escritorio y de uno de los cajones sacó un artilugio envuelto en una tela oscura. Lo que fuera que tuviere entre sus manos, no era demasiado grande.

–Cuando escuchéis esto, seréis conscientes de la realidad de mis palabras.

Al quitar la tela, Bellatrix enseguida supo lo que era aquella esfera azul. Se trataba de una profecía. En el ministerio tenían una sala llena de ellas.

–Es una profecía. –Confirmó Remus.

–En efecto. Es una profecía realizada por una de mis más recientes incorporaciones al cuerpo docente de este colegio. Esta lleva en mi poder desde el año pasado, pero no fue hasta hace unas semanas cuando todos los sucesos que estaban ocurriendo me indicaron que se estaba cumpliendo.

Dumbledore pasó la mano alrededor de la profecía y esta profirió un azul más intenso.

–¿Y qué es lo que dice? –Lily ajustó a Harry a su cintura. El pequeño niño miraba a la profecía obnubilado.

–Antes de que la escuchéis… Quiero disculparme por poneros a todos en esta situación.

Bellatrix arrugo la nariz. Aquello no le gustaba. Dumbledore siempre tenía muy claras las cosas que hacía o decía, por lo que el contenido de esa profecía debía ser algo realmente malo.

El viejo profesor alzo la mano y lo que parecía contener la esfera comenzó a moverse rápidamente y una tétrica voz inundo la sala.

"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes..."

Cuando la voz desapareció y Dumbledore volvió a tapar la profecía. Nadie dijo nada, todo el mundo se quedó callado intentando asimilar lo que acababan de escuchar.

Bellatrix no tardó mucho en comprender en qué consistía y sin ser consciente de ello no pudo evitar que su vista se fijara en Harry. Lily apretó al bebe más contra ella, también se había dado cuenta de lo que significaba.

–¿Harry? –Sirius preguntó incrédulo.

James se acercó a su mujer. Todos habían comprendido que era lo que estaba pasando.

–Puede que sea Harry… o puede que sea Neville Longbottom. Tanto los Longbottom como los Potter reúnen las características de la profecía.

–¿Y qué debemos hacer? Son dos bebes, son seres indefensos. –Por una vez en su vida Lily no sabía cómo reaccionar.

–Por eso lo mejor es protegerlos a los dos. Protegeros a las dos familias. La única solución que encuentro factible en estos momentos es que os escondáis y utilicéis el encantamiento fidelio. Voldemort tratará de encontraros.

James y Lily asintieron sin dudar. Si debían esconderse para proteger a su hijo lo harían.

–Debéis de elegir a vuestro guardián secreto cuanto antes.


Los Potter rápidamente decidieron que Sirius sería el guardián. Dumbledore y el resto estuvieron de acuerdo, excepto Bellatrix, que como llevaba diciendo desde que se habían unido a la Orden, aquello era una sentencia de muerte. James y Lily debieron pensar como ella posteriormente, ya que dos días más tarde le comunicaron a Sirius que no podía ser su guardián. Ni Lily ni James dudaban de que su amigo fuera a protegerles y que nunca revelaría a nadie su escondite. Sabían perfectamente que moriría antes de hacerlo, y precisamente por eso decidieron que este no podía serlo. En cuanto llegará a oídos de Voldemort esa profecía, irían a por ellos y cuando se dieran cuenta que estaban siendo protegidos por el encantamiento fidelio buscarían a su guardián y debido a que Sirius era su mejor amigo, estaban seguros que irían a por él y también a por Bellatrix. Y no podían estar escondidos pensando que sus mejores amigos podían estar siendo asesinados.

–No sé a que estáis esperando para hacer ese encantamiento y dejarme a mí como guardián. –Insistía Sirius.

–Ya lo hemos hablado y ya te hemos dicho que no. Ya que valoras la vida de tu mujer y la tuya bien poco, piensa que serias el primer objetivo al que buscarían, y cree que cuando los mortifagos vengan y comiencen a torturar a tu mujer… ¿Cuánto tardarías en darles nuestra ubicación?

Más que ayudar Sirius se estaba volviendo una incomodidad. James estaba a punto del colapso nervioso y su mejor amigo actuaba como un suicida. Sabía que Sirius nunca les traicionaría, pero debía ser duro con sus palabras para que se le quitasen de la cabeza esas ganas de querer enfrentarse a cualquier mortífago.

Eso debió de funcionar porque Sirius no insistió más.

–¿A quién tienes en mente? –Sirius se dio por vencido, James sabia que metiendo a Bellatrix por medio no iba a poder llevarle la contraria. Él también debía de proteger a su familia.

–Remus, me parece el mejor candidato. Además, su condición podría ayudarle si la situación se diese. No creo que los mortifagos esperasen encontrarse con un licántropo.

Sirius se cruzó de brazos y negó con la cabeza. La idea de un infiltrado no dejaba de rondarle la cabeza desde la reunión con Dumbledore, y que Remus reconociese tan fácilmente que el objeto que les enseñaba el viejo profesor era una profecía, hizo que sus sospechas se centrasen en él. A decir verdad, era el único que se había negado a realizar muchas de las misiones, siempre ponía la excusa de su licantropía, pero aunque no hubiese luna llena, lo hacía…

–¿Por qué no Peter? Sería la opción menos evidente. –Le propuso.

James lo pensó durante unos minutos y finalmente asintió.

–Por mucho que me duela decirlo, es el que parece más débil y por tanto el que menos posibilidades tenga de ser buscado.

–Yo seré el señuelo. –Determinó Sirius. No se iba a quedar fuera a la hora de ayudar a sus amigos. –Que el resto siga pensando que yo soy el guardián y llegado el momento me reiré un poco de los mortifagos.

James negó dándose por vencido.

–Sirius, al igual que tú te preocupas por mi familia, yo también me preocupo por la tuya. Así que no seas ningún héroe y si un mortífago o el mismo Voldemort vienen a por ti, confiesa quien es el guardián. Promételo.

Sirius resopló y finalmente asintió.

–Entonces esta es nuestra despedida… –Sabía que se debían de esconder cuantos antes, pero James se había convertido en un hermano para él y dolía tener que decirle adiós sin saber cuándo podrían volver a verse.

–Esto es nuestro "hasta pronto amigo" –James intentó bromear. –Cuídate Sirius, y sobre todo, cuida de Bellatrix. No se lo digas pero digamos… que hasta hay días que me cae mejor que tu.

Sirius sonrió. No quería ponerse triste. Aunque ninguno quisiera decirlo en voz alta, había una posibilidad de esa fuera a ser la última que se vieran.

–James… Conseguiréis salir de esta. Pero por favor, continuar escondidos pase lo que pase. Y ahora dame un abrazo viejo amigo

James obedeció de buen gusto y con aquel abrazo fraternal los dos amigos se despidieron.


A/N: Algunas cosillas de este capítulo:

- Benjy Fenwick y Caradoc Dearborn son dos personajes canon. Ambos miembros de la Orden que fueron asesinados durante la primera guerra.

- La muerte de Orión y Regulus seguirá siendo un tema principal en la tercera etapa de la historia.

- El contenido de la profecía no es un escrito por mí, es una cita del contenido real del canon.

¡Espero que os haya gustado este capítulo!