Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.
Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).
Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.
"..." escenas superpuestas.
Hace años que sus pies no tocaban el desierto, el calor sofocante y la arena colandose entre sus dedos era una sensación que había extrañado.
Inhaló, exhaló.
A pesar de la irá contenida por la ineptitud de su esbirros y el evidente hecho de que tuvieron que cambiar de ubicación para no ser encontrados, se encontraba en paz.
Ya había pensado en otro plan, y esperaba que esta vez, nadie tuviera que ser castigado por ello, su preciado Rokku, hubiera preferido ser ella quién apreciera el último aliento de vida y el brillo de sus ojos apagarse.
Pero a veces, el trabajo era más importante.
—Mi señora —un hombre de apariencia mayor se inclinó frente a ella—, está todo terminado.
—Gracias cariño —acarició la mejilla del consternado hombre y se adentró entre las colinas y las estrechas cavidades rocosas.
Al final del camino había un campamento improvisado, al menos hasta que su gente tuviera la posibilidad de acceder a material de construcción. Entró en una de las tiendas seguida por el mismo hombre que había ido por ella, parados al rededor de una pequeña mesa estaba Jimora y otro joven, de cabellos negros y ojos amarillentos.
—Shoichi, Jimora —ambos se pusieron firmes, sabían que estaba decepcionada. Él no había logrado asesinar a los compañeros del Raikage; y ella no acabo con todos los invasores—. ¿Tienen noticias de Masaru y el resto?
—No, mi señora —respondió la de cabellos verdes, titubeante.
—No importa, fallaron —siseó—, cómo ustedes —cerró los ojos mientras abría un abanico y comenzó a tirarse viento con el—. Deberían aprender de Nobuo.
Señaló con el mentón al responsable de la muerte de Mei. Suspiró.
—Pero no se preocupen, Izumi-sama arreglará todo —sonrió levemente—. Quiero que busquen a alguien por mi.
—¿A alguien? —inquirió el azabache.
—Una ninja de Konoha.
No es que tuviera una fijación con ellos, pero era una de las naciones más desarrolladas y obtenerla significaba tener ventaja sobre las demás. Segundo punto, Neji Hyuga era de esa aldea, debía haber alguien que hubiera odiado su muerte tan injusta, que él tuviera que morir defendiendo a alguien que no lo merecía; por suerte, ya sabía quién, gracias a la información recolectada con Kurotsuchi.
—Solo irán ustedes dos —señaló a la otra mujer y a Shoichi—. Su nombre es Tenten, castaña, de ojos marrones.
—Señora, más de la mitad de la población debe coincidir con esa descripción —se lamentó el azabache.
—No me importa como la encuentren —les dedicó una mirada filosa, no tenían muchas opciones.
—De acuerdo, Izumi-sama —se marcharon sin decir nada más. Tras unos minutos en silencio, volvió a hablar.
—Nobuo, siguelos —ordenó—. Una vez que pasen la frontera con esa mujer, quiero que los mates.
—Como usted deseé, mi señora.
[...]
Esa mañana, los ninjas de Kumo partieron a su aldea. El Raikage estaba dispuesto a darle una mano a Iwagakure tras la pérdida de Kurotsuchi, no tenían la culpa de las malas decisiones de la azabache, además trasladarian el cuerpo para darle un respetable entierro.
El Uzumaki se despidió con una sonrisa forzada en compañía del Uchiha, quién se limitó a ser espectador.
Fue casi al mismo tiempo que un escuadrón liderado por Ino Yamanaka cruzó las puertas de Konoha; detrás de ella le seguían de cerca Kiba Inuzuka y Shino Aburame, sostenían el cuerpo de un hombre, amarrado y con la cabeza gacha.
—¿Es él? —cuestionó el rubio, analizando al rehén.
—Si, Shino lo durmió —contestó Ino, se despidieron con un simple movimiento de cabeza y se marcharon al cuartel dónde lo interrogarian.
Se quedaron unos minutos en silencio, Sasuke sabía perfectamente que él no era muy bueno con las palabras, al menos no de aliento. Suspiró, al menos debía intentarlo.
—Nadie puede culparte por estar enfadado —murmuró, ganandose en respuesta una mirada de extrañeza.
—¿Tú crees? —negó—. Es que lastimó a Hinata, ¿soy una mala persona por querér lastimarlo? Es decir, si ella no hubiera estado allí, pudo haber sido Boruto y yo no me perdonaría no haberlos protegido.
—Ella es fuerte —afirmó. Durante esos años, había tenido mucho tiempo para reflexionar sobre sus pensamientos y comportamiento pasado. Sakura no era una inútil, Karin no era un medio.
Su perspectiva sobre el valor de las personas había cambiado tan súbitamente, que hasta se llegó a cuestionar si realmente había pensando eso.
—Si, lo es, ¿verdad? —el Hokage sonrió un poco más calmo—. Podría derrumbar el mundo si quisiera.
Le dirigió una última mirada antes de volver a caminar.
—¡Bien! Ahora debo llenar papeleo —lloriqueó—. Te encargo lo de Masaru, Sasuke.
Dicho eso saltó hacía un tejado para tomar rumbo a la torre Hokage. Él por su parte comenzó a caminar por las calles casi desoladas, la gente comenzaba a salir de sus hogares y los locales abrían.
Luego del interrogatorio planeaba ir a almorzar con su mujer.
Su, no, Karin no le pertenecía.
Ciertamente la kunoichi se lo había jurado varias veces, pero no creía ser capaz de aprisionar a alguien con un espíritu así. Estaba seguro de que tendrían una buena familia, aunque ni siquiera tenían una relación cuando todo pasó, mantenían encuentros furtivos ya que la Uzumaki insistía en que Sakura podría darle una segunda oportunidad.
Menos no le importaba, pero esa mujer era terca y no había modo de hacerla cambiar de opinión.
Pero ahora las cosas eran diferentes, no carnalmente, el roce de su piel siempre le quemaba y lo incitaba a ir mucho más allá. Si no de forma emocional, el corazón le latía descontrolado cuando pensaba en ella, por alguna molesta razón.
Chasqueó la lengua, quién lo viera pensando semejantes cursilerias.
—Buenos días, Uchiha-san —ahí, otra mujer que no duda en romper sus paradigmas.
—Mn.
—Ah, veo que te levantaste de buen humor —la castaña le sonrió abiertamente, tenía entre sus manos un ramo de tulipanes blancos—. ¿A donde va?
—Atraparon a Masaru —la experta en armas comprendió que implicaba aquello.
No eran amigos, vagamente la recordaba en los exámenes chunnin, se habían conocido de manera formal en la fiesta del bebé de Karin. Tenían pocas cosas en común, pero la castaña tenía un temperamento más calmo que la pelirosa o la Uzumaki, había sido una buena compañía.
Ocasionalmente cruzaban palabras, hasta que cada quién llegaba a su destino o simplemente no les apetecía hablar más.
Su extraña forma de adaptarse a la personalidad de los demás, se la acreditó a los años que convivió con el actual esposo de su ex-compañera y el Hyuga. Lo agradeció mentalmente.
La acompañó hasta el hospital en un silencio sepulcral, manteniendo distancia entre ellos hasta que vislumbraron las puertas de la institución. Le ofreció una casi imperceptible sonrisa en modo de apoyo que fue correspondida, y sin más, se fue.
Tenten suspiró, sujetó con nerviosismo el racimo y se adentró en el edificio. No había mucha gente circulando a esa hora, a penas había un par de enfermeras rondando por los pasillos; caminó hasta la habitación de Shikamaru, no se molestó en golpear y simplemente entró.
Acomodó las flores en un jarrón con agua, abrió un poco las cortinas y luego acercó las misma silla en la que había estado sentada la noche anterior, para hacer lo mismo.
Lo observó en silencio, durante unos largos minutos, apreciando los detalles de su rostro, como sus pestañas acariciaban sus pómulos, sus labios finos. Bufó.
—Te extraño.
Se inclinó sobre él y besó su frente, se acomodó en su lugar. Debería de haber traído un libro, pensó, la tarde sería más llevadera de esa forma.
Hurricane
Tenía una expresión serena en el rostro, a pesar de que en su mente sólo había torbellinos. Se sentía traicionada, dolida.
Masaru había sido muy cercano a ella durante su niñez, a pesar de tener casi diez años de diferencia; cuándo se fue, el clan lo había dado por muerto, asumiendo que era uno de los cuerpos nunca encontrados, pero ahora estaba frente a ella, tras años.
Y lo repudiaba.
—Dime, ¿qué es lo que planean ahora? —golpeteó con sus dedos la mesa metálica, sin quitar sus ojos de los del hombre frente a ella.
—Si no lo has notado, estoy aquí contigo —farfulló, sarcástico.
—Ahorrate las ironías, Masaru Yamanaka —se puso de pie, foribunda, sus rasgos denotaban la ira que invadía sus sistema—. Dime todo lo que sabes, de todas formas ya no tienes nada que perder.
—Cierto, pero puedo ganar a cambio, ¿no crees?
—Podemos negociarlo después, quiero lo que sabes.
—Tsk, bien —se inclinó un poco sobre la mesa—. No conozco los planes de Izumi-sama, ¿me liberarán si hablo?
—No lo sé, prosigue.
—Pero puedo decirte quienes trabajarán para ella sin dudarlo —sus ojos vagaron por la habitación, analizando la nada misma—. Está esta chica, muy linda, um...¡Jimora! Si, ella vivía en Kumo, muy buena con los jutsus tipo rayo.
Rodó los ojos.
—Puedo no decir más nada si es lo que quieres.
—Sigue.
—Claro, claro. Luego, Shoichi, de Iwa —intentó recordar exactamente que lo había visto hacer, pero no era mucho, nunca había entendido como había ganado el respeto de Izumi—. Creo que usa técnicas de fuego, y no sé, es bueno con las armas.
Comenzó a anotar todo lo que le decía, no del todo segura de si les serviría.
—Nobuo es el último, es un hombre mayor, era de Kirigakure —agregó—. Da miedo físicamente ¿sabes?, chakra de naturaleza tierra y agua.
—Masaru, eso no me sirve.
—No, todos nosotros somos reemplazables para ella.
—¿Y por qué le sirven entonces? —cuestionó.
—Nos ofrece poder, te hace sentir importante cuando ella te mira —sus mejillas se tornaron rojas, le causo cierta repulsión—. Ella entiende lo que es ser desplazado, y nos dará un lugar en el mundo...pero hay que demostrar que lo merecemos.
Se mantuvo en silencio durante unos segundos, meditando sobre el asunto. Ino, muy extrañada por su abrupto mutismo, abrió la boca para preguntar algo que lograría hacerle hablar sobre todo: —Si eres reemplazable, ¿que te hace creer que realmente piensa que alguien es digno como ella?
Obtuvo como respuesta, lo que necesitaba.
Hurricane
Cuando atravesó el humbral de la puerta tras llegar del hospital, todos sus sentidos se pusieron alerta. La oscuridad la abrumaba, y podía percibir la presencia de alguien más en la habitación.
No, dos personas.
Tomó con discreción la kunai que guardaba en la funda que estaba sujeta en su muslo. Lo último que quería era delatar que ya sabía que estaban ahí. Se movió con cuidado por la sala, no debía prender la luz o se expondría, sólo había que esperar que la atacaran.
—Raiton: Jibashi —la voz sonó detrás de ella, un azul neón iluminó el cuarto por unos segundos. Con dificultad lo esquivó hacía la derecha, escuchó el ruido de algo romperse y luego algo impactando violentamente contra el suelo.
Debía encontrar sus pergaminos.
Se desplazó intentando ir hacía las escaleras, pero una silueta masculina se lo impidió.
—Katon: Hōsenka no Jutsu —unas pequeñas bolas de fuego se lanzaron en su dirección, se cubrió con los brazos mientras retrocedía, quemandose ligeramente con ellas.
—¿Qué quieren? —implementando taijutsu, atacó a su primer atacante, acestando un golpe en su abdomen y posteriormente en su mandíbula, enviandola a un rincón de la habitación.
—Izumi-sama te quiere —chasqueó la lengua en respuesta. El hombre se lanzó contra ella, tenía lo que parecía tener la longitud y textura de un bo, esquivó, golpeó, con la kunai cortó la madera, empujó su cuerpo contra el contrincante, tratando de llegar con el filo de su arma a su garganta.
—¿Qué te hace creer que iré con ustedes? —gruñó, ejerciendo más presión.
—Por desgracia, somos dos y tú solo una —pronunció, acercando su rostro al de ella. Pudo apreciar en la penumbra, unos ojos amarillentos que parecían perforar el interior de su alma—. Simplemente no vamos a preguntar, y te tomaremos.
Sintió una descarga eléctrica recorrer su cuerpo, chilló del dolor, soltó su arma en el proceso y cayó de rodillas al suelo.
—Bien hecho, Jimora —lo último que vió antes de cerrar sus ojos, fue una sonrisa siniestra. La dejó inconsciente.
¡Hey! Estamos casi al final de la segunda parte, aún no sé muy bien cuantos capítulos serán, pero estamos cerca. (?)
Una dosis de Sasukarin con un poco de Sasuten (friendship).
En fin, por alguna razón me gusta desarrollar a Izumi, tan cruel y despiadada. (?)
¡Nos leemos en el próximo chap!
