Snk pertenece a Hajime Isayama
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- Dos meses antes -
La oficina de Erwin se quedó en silencio mientras todos los presentes se miraban con confusión. Hanji avanzó hacia adelante enarcando una ceja completamente extrañada. Si tuviera la capacidad de arañar la incertidumbre, sus uñas yacerían ahora manchadas de su extrañeza. Sus pies se detuvieron frente a su superior mientras entornaba su demanda.
- ¿Vestirme de blanco? - dubitó extrañada.
- Como sabréis, el gobierno da un par de meses de reposo a los soldados que deciden contraer esponsales. Necesito que te mantengas fuera de escena un tiempo mientras desarrollamos la estrategia.
- No obstante, si yo contraigo matrimonio, ¿no alertaré más al enemigo? Soy un soldado de alto rango, es algo que será rumoreado en toda la ciud- sus palabras se detuvieron mientras se daba cuenta de la estrategia - ¡Eres un genio, Erwin!
- Lamento ponerte en esta tesitura, Hanji, pero necesito que sirvas de cebo mientras localizamos las distintas bases del enemigo. Estarán pendientes de tu ausencia mientras no estés en activo.
- Ya veo... Podría aprovechar este tiempo para averiguar algo acerca del enemigo. ¿Cabría la posibilidad de dejarme en aquella granja donde se asesinó a la concubina de Lord Reiss? Tanto si hay algo allí que merezca estar oculto como si no, será aún más gratificante como cebo.
- De acuerdo – su mirada se volvió hacia unos papeles sobre su escritorio – Firmaré una autorización para que puedas permanecer allí el tiempo suficiente. Respecto al matrimonio, había pensado que-
- Me ofrezco voluntario – interrumpió una voz malhumorada desde el fondo.
- ¿Levi? - se giró Hanji hacia él.
- Tú querías que yo formase parte de esta maldita estrategia junto a ella. Si soy yo el que se casa con ella conseguirás tu objetivo más rápido. Esos malditos periodistas han aprendido demasiado bien a escribir mi nombre.
- Lamento tener que mantenerte fuera de esta operación. Pero mientras Hanji esté apartada necesito que alguien se interne en-
- Nanaba es ágil. Ella puede investigar lo que quieras – tomó asiento junto a la mujer mientras reafirmaba su discurso – Me necesitas cerca de Hanji – esquivó su mirada palpitante que comenzaba a sonrojarse cuando notaba su mano rozando la de ella – Ellos saben quién soy. Me obligas a salir en esos malditos periódicos cada maldito mes. Sabes que si yo estoy allí tendremos a esos imbéciles pendientes de nosotros dos.
- Ya veo... - su sonrisa se volvió complaciente mientras aprobaba su decisión – De acuerdo, Levi. Puedes proceder en esta parte del plan. Puede que el enemigo intente reduciros, pero dudo que sea más allá del primer mes. Llegado el momento sabrán que sois un cebo, deberéis estar preparados para un posible ataque.
- No hay problema con eso – bufó Levi en silencio, sus dedos acariciando con disimulo la palma de ella – Déjame armado y esos imbéciles no se acercarán a más de un metro.
- De acuerdo, con respecto al resto...Mike, quiero que investigues los siguientes edificios. Busca entradas laterales y posibles ventanas que den al exterior.
- ¿Quieres que invadamos su base?
- No, no conocemos su número total. Esta misión solamente consiste en conocer aquello que nos es desconocido. Será información valiosa en el futuro. No conocemos al enemigo, solamente sabemos el alcance de su fuerza. Si pretendemos sitiar al enemigo debemos conocer su estrategia de ataque y defensa.
- No parecen tener una estrategia demasiado clara. Parecen bastante centrados en el ataque. No resistirían si los sitiásemos – anotó Hanji mientras comenzaba a abrir algunos libros llenos de anotaciones – En los planos anteriores se presentan varias reformas en los edificios que has mencionado. Con lo que encontramos varias entradas que provienen del subsuelo.
- ¿De qué fecha datan dichas entradas?
- No he encontrado ninguna referencia. Pero podríamos acceder a cualquiera de ellas a través de las catacumbas accesibles de la ciudad. Si provocásemos alguna explosión lo suficientemente distractora podríamos entrar en ellas sin ser vistos.
- Distorsionar la imagen del enemigo... - Erwin frunció el ceño mientras abría un mapa frente a ellos – Este plan presentará tres fases. Primera fase.
- Levi y yo haremos de cebo en la granja aislada dónde fue asesinada aquella mujer. Averiguando la implicación de la familia Reiss en ese suceso.
- Correcto. Fase dos. Mike, Nanaba, quiero que alertéis al enemigo para que protejan sus entradas principales. Dejad suficientes pistas para que detecten nuestra presencia.
- ¿Eso no supondrá un aumento de sus defensas? Querrán proteger su armamento.
- No tengo interés en mermar sus defensas. No ahora. No podemos arriesgarnos todavía a una batalla contra el gobierno. Ni comprometer a nuestros soldados sin tener garantía de una victoria real. A ojos del gobierno, el cuerpo de exploración seguirá su curso fuera de estas murallas. Pero quiero conocer hasta dónde alcanza su influencia sobre nuestro estado. Será peligroso si son capaces de controlar incluso a la realeza - su mano trazó un último trazo sobre el papel – Fase 3.
- Prosigue – Mike se acercó observando aquellos trazos - ¿Nos dividiremos?
- Se que conforme alertemos cada vez más de nuestra presencia y nuestra intención de incurrir en su guarida, duplicarán sus defensas.
- ¿Qué posición tomamos Hanji y yo en este plan si tenemos que servir de cebo en la granja?
- Levi – Erwin se giró hacia él con una mirada esquiva – Hace cierto tiempo os pedí a tí y a Hanji que os internarais en palacio mientras yo era el cebo. Recuerdo que tuvisteis a un soldado persiguiéndoos con sospecha. Pero terminó por desistir en su persecución.
- Tché, ¿insinúas que tenemos que-?
- Se que tenéis suficientes habilidades cómo para disuadir al enemigo. No descarto la posibilidad de que el enemigo intente atacaros. Pero llegará el momento en que comiencen a subestirmarnos. ¿Comprendes la estrategia?
- Sí... - aquel ligero roce hacia la mano de ella continuaba existiendo, de nuevo volver a tener aquellos espectadores indeseados. Tal vez se hubiera precipitado en su propuesta, pero prefería tener miles de espectadores a que aquella mano fuese adornada por un anillo que no era colocado por él mismo - ¿Qué hay de la fase 3?
- Provocaremos una distracción cuando nos cercioremos de que vuestra vigía se detiene. Quiero que Mike y Nanaba os coloquéis en estos puntos y selléis las entradas del subsuelo. Se que sois lo suficientemente fuertes como para afrontar un asalto. Levi, quiero que selecciones a un soldado de confianza y selles las demás. Necesito que esta misión siga siendo confidencial. Confío en tu elección.
- Comprendo.
- ¿Qué hay de mí? - interrumpió Hanji – Puedo sellar la cuarta zona.
- No, Hanji – un extraño desazón se acumulaba en su pecho – Aún no te has recuperado tras el último ataque. Necesito que tu puesto en esta misión esté fuera de acción.
- ¿Qué quieres decir?
- Necesito que te internes en el palacio.
- ¿Acaso quieres volver a arriesgar su vida inútilmente? Yo iré con ella – interrumpió de nuevo Levi.
- No será necesario. Si la estrategia es un fracaso, ordenaré su retirada inmediatamente. ¿Has entendido, Hanji?
- ¿Qué ocurrirá si tu estrategia consigue distraer lo suficiente al enemigo? - insistió Hanji adelantándose.
- Si mi estrategia es certera. Encontrarás cientos de pasillos desolados en todo el palacio. Se que tienes suficientemente buena memoria como para buscar la habitación que yo te designe.
- ¿Volveré a aquella habitación que descubrimos Levi y yo?
- No, el enemigo la destruyó posteriormente. Lo comprobé personalmente.
- ¿Qué quieres que busque, Erwin?
- Quiero que accedas a los archivos de palacio. Solamente necesito que busques información, un libro o tal vez una carpeta con papeles.
- ¿Un libro?
- Se perfectamente que el gobierno se habrá desecho de cualquier dato que date de más de cien años. Escondiendo la verdad. No podremos darte demasiado tiempo mientras mantenemos a sus hombres persiguiéndonos. ¿Crees que podrás reconocer en ese corto tiempo el libro que nos pueda aportar realmente la verdad que necesitamos?
- Je – una sonrisa se alojó en su rostro mientras agarraba la mano de Levi con satisfacción – Que comience la misión.
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- Dos semanas antes -
Mai sujetaba una jeringuilla mientras observaba que comenzaba a llenarse de un fluido oscuro que salía del brazo de su paciente. Sus manos permanecían quietas, pero su ser se encontraba demasiado alterado. Sus ojos se cruzaron con la mirada de aquella mujer. Necesitaba respuesta a aquella duda que la asaltaba durante aquellos últimos meses. Pero no sabía cómo proceder a hacer las pruebas necesarias sin resultar alarmante.
Un pequeño quejido la transportó al mundo real, la jeringuilla se encontraba ahora llena de sangre, sujetó un pequeño trozo de algodón y lo presionó contra la diminuta incisión que había hecho la aguja. Ella era paciente y no parecía alterada por el dolor lacerante que producía aquella sensación. Como si estuviese acostumbrada al dolor.
¿Eso es lo que suponía ser un auténtico soldado? Jamás había podido llegar a experimentar aquella sensación más allá del cuidado de los soldados. ¿Qué sentiría si blandiese una espada en lugar de un bisturí? Tal vez se sentiría más llena que si solamente observaba con frustración decenas de vidas morir en sus manos sin poder evitarlo.
- Gracias por tu preocupación – interrumpió su cantarina voz – Espero que no sea necesario que vengas más a hacerme chequeos. Me siento impotente cada vez que te veo entrar por la puerta.
- El comandante quería asegurarse de que podría tener éxito en la misión. Nada descarta de que no pueda ser atacada...
- ¿Erwin te ha dado detalles?
- No, capitana. Solamente se que el capitán Levi y usted se encuentran en esta casa por orden suya. Soy una mera civil que asiste al cuerpo de exploración. No puedo tener más acceso a las estrategias del comandante.
- Perdona por tener que establecer esta distancia con vosotros. En ocasiones, en el cuerpo de exploración tenemos que mantener nuestras estrategias en secreto. No deseamos poneros en peligro.
- No importa capitana – una sonrisa se formó en sus labios desde hacía tiempo – Aunque a veces es difícil llamar capitana a la recluta que escondía bajo sus sábanas los libros que conseguía extraer de la central. El instructor solía castigarte a menudo.
- Ja, ja, ja. Me acuerdo de eso – Hanji se aproximó hacia su vieja compañera.
- Hace tan sólo unos años aún te veía por la pista de entrenamiento dando vueltas por el cuartel buscando botas para limpiar.
- El comandante Shadis se enfadó un poco ese día.
- ¿Un poco? - frunció el ceño mientras comenzaba a recoger su instrumental médico – Preferiría no verte tan a menudo en mi clínica. Deberías dar más ejemplo a tu escuadrón y no exponerte tanto.
- Hablas igual que Moblit. Debe habértelo pegado al pasar tanto tiempo juntos.
- El subcapitán Berner y yo solamente procuramos pasar el tiempo necesario para instruirle en el cuidado correcto de su capitana que continuamente se expone al peligro – intentó evadir su pregunta.
- Sí, sí, ya, ya. Eso también. ¿Cuándo volvisteis juntos? Recordaba que todos lo rumoreaban mientras eramos reclutas en el entrenamiento, pero cuando nos formalizamos como soldados nunca volví a veros juntos hasta hace poco.
- C-capitana – intentó buscar una excusa mientras notaba que el sonrojo comenzaba a arder en sus mejillas – El subcapitán y yo-
- No es necesario que disimules delante de mí. A pesar de ser tu superior, no tengo intenciones de-
- Déjalo, por favor. Yo le dejé... Cuando ese idiota decidió involucrarse con este ejército lleno de suicidas y abandonó nuestra idea inicial de formar parte de un batallón interior. A salvo. Pero algo... alguien, le hizo cambiar de idea. No pensaba seguir formando parte de la vida de alguien tan estúpido.
- Pero... presentaste una solicitud al comandante Shadis para formar parte del personal médico y asistir a los soldados que volviesen heridos de la batalla.
- ¿Cómo lo...?
- Cuando me ascendieron, yo misma tuve que revisar viejos informes para actualizarlos. Entre ellos estaba tu solicitud para formar parte de este ejército de suicidas pese a no haber podido completar el entrenamiento.
- …...
- Así que... ¿Responderás a mi pregunta?
- Agh... Recurrí a uno de los peores sentimientos que podría tener. La insana y maldita envidia. Moblit tenía puesta su esperanza en que alguien generaría un auténtico cambio en estas malditas paredes. Y yo ni siquiera podía ayudar en ese sueño – sus manos temblaban mientras intentaba sostener sus emociones dentro de su corazón – Cuando le vi volver en una de las primeras misiones no iba andando al lado de su caballo como el resto del batallón, sino que iba en un carro completamente cubierto de sangre. Ese idiota intentó ayudar a sus compañeros y se olvidó de su propia seguridad. Mantenerme encerrada en esa diminuta clínica era la única manera de asegurarme de que podría seguir vivo tras arriesgarse por ese sueño ilusorio.
- Moblit siempre ha sido un gran soldado. He depositado una fiera confianza en él.
- Lo sé, Moblit te venera. Y tengo celos. Nunca le he oído hablar de mí con la misma pasión que habla de tí.
- La verdad es que... Moblit nunca ha manifestado a ninguno de sus compañeros que ha decidido reiniciar su relación contigo. Obviamente existen rumores, pero llevas suficientes años en este ejército como para saber que no podemos dar credibilidad a esos rumores.
- ¿Y cómo lo supieron?
- Verás... Moblit siempre ha sido mi segundo al mando desde que comenzó mi mandato como capitana. Jamás se ha separado de mí. Aunque no estuviera herida, él siempre ha procurado por mi seguridad. Pero, hace más de un mes... Desde que recibí el ataque... Moblit comenzó a desaparecer un par de horas al día.
- Maldito idiota... No sabe disimular...
- Mis sospechas se confirmaron cuando, al enunciarle nuestro plan antes de venir a esta vieja granja, Moblit me pidió que no te involucrásemos. Él sabía que Erwin había manifestado interés en tu ayuda en mi recuperación. Tenía miedo de que intervinieses en esta operación más allá de un simple informe.
- ¿Tan peligrosa es esta misión?
- Confío plenamente en la estrategia de Erwin. Solo debo pedirte que mantengas tus utensilios médicos preparados. No puedo asegurar que ninguno de nosotros no vuelva con alguna herida más de las que ya tenemos adornando nuestra piel.
- Entiendo... - intentó dibujar una sonrisa triste sobre su rostro. Se notaba cansada, y la preocupación crecía a grandes rasgos – Cuando ese idiota vuelva de esa misión me aseguraré de que aprenda a disimular para no generar más rumores.
- No te preocupes Mai. Los soldados necesitan entretenerse, es la razón de que cuchicheen por los pasillos.
- ¿C-conoce... los rumores que hay... de usted?
- Oh, cuéntame. Será divertido.
- S-se que el capitán Levi es una persona extremadamente estoica. Incluso Moblit cree esos rumores. - sus mejillas adquirían un tono sonrosado – Aunque la mayoría de reclutas, como yo misma; creen que se encuentran en una misión ahora mismo. Muchos de los soldados creen que ambos han aprovechado este período para tener una actitud más libidinal... Ellos creen que tienen un affair.
- Debo reconocer que los soldados del equipo de exploración no son demasiado creativos. Esperaba una historia más elaborada más allá de un simple romance esporádico. Hace años oí que un soldado decía que Levi había asesinado a miles de soldados cuando vivía en el subsuelo por tirar basura al suelo. Incuso historias que narraban que Erwin había pertenecido a una secta desaparecida en la actualidad. Pero parece que el desgaste físico está afectando a su capacidad de crear historias interesantes.
- Entonces, no es cierto, ¿verdad?
- Soy tu superior, no puedo responder a ese tipo de preguntas – palmeó su hombro con delicadeza – Pero tú eres mi médico y no debo ocultarte información.
- ¿Qué quiere decir?
- Levi puede parecer frío y distante. Pero la realidad es muy distinta. Lo se desde hace muchos años. Lo he comprobado por mí misma. Hace muchos años que Levi y yo somos amigos íntimos.
- ¿Íntimos?
- En esta pequeña granja el tiempo pasa despacio. Y aquí solamente hay una cama – sonrió mientras volvía a abrochar su camisa.
Mai notó que sus mejillas adquirían un tono carmín que tardaría en desaparecer. Su mirada se encontró con la de ella y sus ojos recorrieron el derredor de la habitación. Un pequeño dormitorio con una cama demasiado pequeña para dos personas. Incluso sus prendas de dormir habituales yacían cuidadosamente dobladas en un aparador cercano.
Hanji le acompañó mientras bajaba las escaleras, desde el pasillo alcanzaba a discernir un delicioso aroma. Sabía que aquella idílica situación era parte de una misión. Pero parecía que el capitán Levi había decidido tomarse en serio su papel. Y cocinaba mientras Mai realizaba su habitual chequeo médico. Sentía algo de envidia. Y deseó en su fuero interno que aquella situación se repitiese en el futuro acompañada de un hombre distinto al que acompañaba a su capitana en aquella situación.
Una pequeña casa construida en una pequeña granja dónde poder pasar una vida placentera junto a su esposo. Un fino anillo que adornaría su anular. Y una pequeña criatura que correría en un pasto cercano mientras ella tomaba una pequeña taza de té. Una escena idílica. ¿Tan difícil resultaba soñar?
Se giró instintivamente confrontándose con aquella mujer que suponía un extraño eslabón en la liberación de la humanidad. Alguien que ayudaría a que aquel sueño emergiese desde su alocada imaginación y se materializase. Solamente ella. Ya se había mentido demasiado a sí misma. Debía dejar de engañar a aquellas personas que le habían acompañado en gran parte de su vida. Sus pies giraron con pasividad. Levantó el rostro. Su voz era un susurro apenas audible.
- Gracias por ser honesta conmigo, capitana.
- Debo pedirte que no interpretes mi sinceridad como una iniciativa para traspasar esta información más allá de estas paredes.
- Lo comprendo. Es sólo que...
- ¿Ocurre algo, Mai?
- Se que me salto el protocolo de confidencialidad... Pero... Tú has sido sincera conmigo, creo que debo devolverte dicha sinceridad - recorrió con la mirada el interior de la casa y cerró con cuidado, dejando que la mujer permaneciese fuera junto a ella. Sus palabras se tornaban cada vez más efímeras – Su progresión tras aquel ataque ha sido la adecuada.
- Oh, ya suponía eso. Por eso he implorado a Erwin que deje de pedirte que me evalúes. Esto sigue formando parte de una misión. Es peligroso que vengas cada semana.
- No es esa la razón. Mientras no tenga una notificación positiva en mis primeras impresiones en el informe, se me ha prohibido notificarle nada.
- Se que no estás tan familiarizada como nosotros con los ideales de Erwin, pero, en ocasiones, tenemos que preservar el silencio para no asustar a nuestro soldados. El miedo puede ser un arma de doble filo.
- Confío en el comandante y se qué no arriesgará su vida si mi informe es certero.
- ¿Qué ocurre Mai? ¿He desarrollado alguna clase de secuela?
- Una secuela que durará bastantes meses. Creo que está embarazada.
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- Dos días antes -
Una fragancia inundaba sus fosas nasales. Aspiró con firmeza mientras dejaba que aquel aroma le evadiese a su más añorado sueño. Su mano ascendió desde su cintura y se posicionó sobre su cuero cabelludo, arrastrando sus dedos con parsimonia. Tensó sus labios y los posó sobre su cuello.
Destino maldito que le obligaba a abandonar aquel sueño eterno. Disfrutar de la piel salada por el sudor cada noche. Aspirar su perfume cada mañana. Aquella risa entonada que no desaparecía jamás de su rostro. Algo chillona y demasiado audible. Pero cada minuto que pasaba sin oírla la añoraba aún más. No sabía cuantas misiones les llevarían a que aquella sonrisa desapareciera de su rostro, pero algo en su interior le impulsaba a preservar aquel sonido hasta el último segundo de su vida.
Hanji bostezó mientras sus ojos se abrían despacio. Tal vez, algún día, su fiel compañero descansaría más de un par de horas cada noche. Pero aquel día, distaba mucho todavía.
- Mike ha peinado la zona. Se han ido, deberías aprovechar para descansar. Pasado mañana...
- No necesito dormir más. ¿Erwin ha dado alguna indicación nueva?
- …... - una mirada esquiva hizo que postergara su respuesta – El plan no ha sido modificado demasiado. Utilizaréis el compuesto que he podido extraer de aquella humareda que protegía el libro. Debería bastar para reducir sus fuerzas temporalmente y darme tiempo. Moblit se reunirá con nosotros al mediodía. Nos reuniremos en la zona acordada.
- …
- ¡Basta! - la mujer se giró hacia él, su torso perlado en sudor – Hemos hablado de esto decenas de veces.
- No te excedas, te devolveré a ese subordinado tuyo de una pieza para que puedas volver a encerrarte en tu maldito laboratorio. Así que más te vale que tú también vuelvas intacta. No quiero volver a escarbar en la tierra a medianoche...
- Levi, ¿recuerdas lo primero que hablamos cuando nos conocimos?
- No – mintió – Hablabas demasiado. Nadie en su sano juicio podría recordar todas las estupideces que dices cada día – volvió a recrearse en su mentira.
- Te prometí una cena. Y aún no he cumplido mi palabra.
- No necesito una maldita cena.
- Hace años que nos conocemos... - su voz sonaba algo cantarina mientras dejaba que sus labios se uniesen en una sonrisa – Pero jamás te he invitado a esa cena que te prometí. Lo he postergado, una y otra vez. Y otra, y otra...
- Tu bolsillo está agujereado gracias a tus continuas compras de libros polvorientos y maquinaria para examinar mierda.
- Puede ser, ja, ja ja. Aunque, la verdad...Lo aplazaba voluntariamente...
- No pensé que fueras el tipo de persona que pudiese ser tan avara.
- Y no lo soy.
- …..
- Quería tener un motivo para volver. Siempre que salgo afuera de esas murallas no sentía que algo me retuviera dentro de ellas. Necesitaba tener una promesa conmigo misma. Cuando alcancemos la libertad, ¿cuál será mi función? ¿Realmente seré necesaria? ¿Qué necesita la humanidad de mí?
- Necesitan tu maldita cabeza – de nuevo sus dedos se hundieron en su cabello, girando su rostro hacia él – Tú harás tus malditos experimentos. Yo seguiré a las órdenes de Erwin. Tras cada maldita misión. Esta es la realidad, Hanji. Me da igual si es una cena o una maldita copa servida en un vaso mugriento en esa patética taberna a la que asisten nuestros subordinados a emborracharse. Me da igual la razón, solo necesito que vuelvas.
- Volveré, lo prometo. Tomaremos una cerveza fría con todos tras acabar la misión.
- ¿Te pondrás esta cosa esa noche? - sus dedos acariciaron su dedo anular, adornado con una sortija barata. Ni siquiera un metal noble para cumplir su objetivo.
- ¿Prefieres que me lo quite?
- Me da igual – mintió de nuevo – Vístete. Hay que preparar todo. Tenemos que borrar nuestro rastro antes de que esos cabrones decidan volver a establecer su puesto de vigilancia.
Se incorporó con rapidez y se dirigió hacia el costado de la habitación, buscando su ropa. Su propio anillo arañaba el tejido de su camisa mientras se vestía. Aquel tipo de joya era demasiado molesta para el combate. Podría dificultar su operatividad. Y la de ella. Era consciente de ello.
El único metal que debía rozar su piel era el de su propia espada mientras la blandía. Un metal que se fundiría con su mano hasta que dejase de respirar. Era un guerrero. Su sangre manaba por sus venas demandando acción. Procurando seguir las indicaciones de aquel líder que le guiaba en silencio, arañando una palabra que perseguía desde hacía demasiados años.
Esperando un futuro. Tal vez próximo o tal vez lejano. Pero la esperanza de aquel futuro le obligaba a no abandonar su propia arma. Siendo impasible. Certero. Mordaz. Por la esperanza de que en un tiempo posterior aquella sortija barata tuviese otro tipo de connotación. Una misión cumplida. Una distinta. En la que jamás volvería a desnudar su delicado dedo anular.
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- Dos horas antes -
El asfalto ardía bajo sus pies mientras ensillaba los caballos. Su corazón podría desbordarse en cualquier momento y derramar toda la sangre que lo hacía funcionar. No sería la primera vez que observaría la tierra que pisaba con fuerza manchada de su propia sangre. Cogió aire con fuerza y comenzó a tensar el estribo.
Sus ojos se levantaron hacia aquel pequeño carromato. En unos breves instantes aquellas pequeñas paredes de madera deberían transportar a sus superiores hacia la zona cero. Aquella estrategia que había comenzado a elaborarse meses atrás tenía que continuar. Se enfrentaban a una de las fases más complicadas entre todas. Un fusil que descansaba sobre el asiento que tendría que montar para conducir a dos de las personas más importantes de la humanidad.
Un ligero paseo hasta una base de operaciones provisional. Conocía a aquella rica familia. Principales proveedores del míneral con el que funcionaban sus armas. Interesados en mantener aquella relación de dependencia equivalente, habían accedido a ceder su hogar para poder controlar aquel espectáculo en el que los actores se colocarían en breve.
Erwin Smith. Una persona admirable, proveedor de aquella enrevesada estrategia ocuparía la zona norte. La última zona y menos vigilada. Un simple astillero. El enemigo desestimaba demasiado aquella zona. Probablemente sólo utilizado para deshacerse de los cadáveres de sus enemigos. El primero de los doce focos debía estar cerca de aquel lugar. Obligaría a los pocos guardias que la habitaban a alertar al resto y solicitar refuerzos sin éxito. En cuestión de minutos, aquellas otras bases que no hubieran podido localizar serían tachadas automáticamente en su mapa. Inundadas por una imagen alborotada de hombres buscando asegurar su refugio. Simplemente impecable.
Mike Zakarius, Nanaba Strauss. Debería seguir distrayendo la atención del resto de zonas cerrando las entradas subterráneas que permitían la salida posterior. Cualquier huida sería desestimada. Provocando el aislamiento hacia el interior del edificio. No sería difícil la identificación de aquellos soldados incapaces de defender su propia base. Y dotaría de suficiente información para compensar su desconocimiento del nuevo enemigo.
Él mismo y el capitán Levi deberían acudir a la zona de vigilancia. Donde el enemigo había agrupado sus mayores fuerzas. Seguramente un viejo arsenal de armamento. Pero cuya atención había aumentado a niveles colosales en los últimos días. Conocía la exposición de aquel sitio. Probablemente los soldados más capacitados del enemigo vigilasen la mercancía. Pero se habían encargado de dejar al hombre más fuerte de la humanidad. Moblit tardó en comprender su papel en aquella operación, pudiendo entorpecer la misión. Hasta que su mismo capitán insistió en que le acompañase en aquella incursión, para poder preservar su misión hasta el final si él debía confrontar al enemigo.
Cuando las entradas fuesen selladas debían reunirse en un punto lejano, observando desde el cielo la reacción del enemigo. Catalogando su capacidad de reacción y deteniendo su avance fuera de su plan final.
Hanji Zoe. Su propia capitana debía aprovechar la intuición de su comandante. Aquella que había deducido que la mayoría de los guerreros que les atacaban formaban parte de la escolta personal de palacio. Y abandonarían sus puestos habituales para proteger aquellas armas que implicarían su mayor potencia en el futuro. Permitiendo una mejor incursión en sus cientos de pasillos.
El tiempo no corría a su favor. Cada minuto desperdiciado haría que el acceso a aquella verdad que liberaría a la humanidad fuese retenido durante cien años más.
Sus manos terminaron de ajustar su montura mientras volvía a henchir sus pulmones para descargar aquella ansiedad que había sido acumulada durante los últimos meses. Se giró para encontrarse con una mirada triste. Una mujer de cabello oscuro y rizado le miraba con un lamento que no desaparecía jamás de su firme mirada.
- Tengo demasiados pacientes, Moblit. No molestes en mi clínica cuando vuelvas esta noche – bostezó mientras su voz apenas era un susurro tembloroso. Delicadas lágrimas que abandonaban sus cuencas sin permiso – No quiero verte herido.
- El capitán Levi estará conmigo en la misión. Se que estaré a salvo con él – rodeó su menudo cuerpo con sus brazos mientras intentaba reconfortarla – Dime la verdad Mai. ¿Cuál fue el resultado?
- Sabes perfectamente que no puedo decírtelo.
- ¡La capitana está ahí afuera dispuesta a arriesgar su vida!
- Hablé con ella hace semanas... Sabe que he tenido sospechas de que pudiera estar embarazada.
- ¿Se... lo has dicho? ¿El diagnóstico final?
- Moblit... Entiendo perfectamente tu admiración hacia esa mujer – de nuevo aquel torrente de lágrimas incapaz de detenerse – Cuando le dije aquello ella dejó de sonreír en ese momento. Dudaba desde hacía semanas de su propio embarazo. Había realizado la prueba antes que yo misma y ya conocía la respuesta. Ha sido capaz de adelantarse a mi propio diagnóstico. Me sentí inútil en aquel momento.
- ¿La capitana sabe si...?
- Lo sabe. Y ha tomado su decisión respecto a ello.
- ¿Que decisión?
- Ella levantó su cabeza y señaló al horizonte y dijo que independientemente de su situación; no dejaría de luchar hasta que esas murallas dejasen de ser necesarias. No cesaría su batalla hasta conseguir un mundo en el que sus propios hijos pudiesen respirar el aroma de la auténtica libertad.
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- 2 minutos antes -
Traqueteo en aquel carromato que guiaba a sus huéspedes a una misión demasiado confusa y excesivamente preparada. Notaban la ansiedad corriendo por los poros de su piel y trasladándose a un eterno beso que no permitía que sus labios abandonasen su sitio. Tres pequeños toques en la madera indicaron que debían separarse para continuar con su cometido.
- Recuerda cuatro ojos. Antes de que desaparezcan las humaredas que Erwin genere tienes que estar en el sitio acordado – su voz ronca susurraba entre los últimos toques del aliento de ella contra su propia boca.
- Aprovecharé el tiempo. Tú encárgate de mantener a nuestros enemigos a raya.
- Se perfectamente lo que tengo que hacer.
- Levi, necesito ir a tu habitación esta noche. Cuando todo esto acabe.
- Creía que te encerrarías en tu laboratorio en cuando te dejase libre a examinar durante meses lo que quiera que puedas encontrar hoy.
- También, pero hay algo de lo que tengo que hablar contigo.
- Ya veo – su mano acarició su desordenado cabello mientras terminaba de ajustar su equipo – Cumple tu misión, Hanji.
- Lo haré.
A escasos metros. Una figura observaba como un carromato desconocido se abría. A un costado, dos hombres se dirigían hacia una casa cercana. Al otro, una mujer comenzaba a encaminarse hacia el norte. La figura posicionó sus ojos sobre ella y comenzó a seguirla en silencio.
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¡Muchas gracias por vuestra paciencia para esperar el capítulo! He tenido muchos contratiempos, desde no tener ordenador durante casi tres meses. Y cuando he podido tener finalmente uno nuevo, poco después se declaró el estado de cuarentena y he aprovechado para poder practicar el dibujo en este nuevo ordenador. Así cómo otras aplicaciones.
Espero que en vuestros respectivos países estén teniendo medidas adecuadas de contención. Para todos aquellos que tengan más ganas de su dosis de levihan, os recuerdo que tengo una página de instagram dokashibichan en la que soy bastante activa y subo muchos dibujos levihan.
¡Manteneos a salvo!
¡Nos leemos!
