Bellatrix tenía que madrugar para ir al Ministerio. Cada mañana trataba de levantarse sin despertar a Nellie pero resultaba imposible: siempre se dormía abrazándola con fuerza y ante cualquier movimiento se despertaba. Esa mañana no fue diferente. En cuanto intentó apartar suavemente el brazo que rodeaba su cintura, la muggle empezó a desperezarse. Sabía que intentar convencerla de que siguiera durmiendo era una batalla perdida.
-¿Has dormido bien, has podido descansar? -preguntó la castaña besándola.
La mortífaga profirió un gruñido de aquiescencia sin separarse de su boca. Había dormido estupendamente, no sabía qué porcentaje se debía al alivio de no ser viuda y cuál al catártico sexo de la noche anterior, pero así era. Solía despertarse unos minutos antes para pasar un rato así, simplemente contemplando a su novia, disfrutando de la suavidad de su piel y besuqueándola. Sintió como Nellie acariciaba su cuerpo desnudo y ronroneó de placer.
-Yo también he dormido bien, gracias por preguntar -comentó una tercera voz.
La bruja se giró sobresaltada. Nellie la sumía en un estado de embobamiento que hacía que se olvidara de todo lo demás. Y ya empezaba a estar harta de tantos sustos. En uno de los sillones estaba Rodolphus con El Profeta entre las manos y una amplia sonrisa.
-¡¿Pero qué haces aquí, imbécil?! ¿¡Cuánto tiempo llevas ahí!?
-¿Que qué hago aquí, querida? ¿En nuestro salón? -preguntó él con sorna- Supuse que estos días habrás echado mucho de menos verme cada mañana, así que aquí estoy para alegrar tu despertar.
"¡Y un cuerno te he echado de menos!" le espetó la bruja subiendo la manta para cubrir bien sus cuerpos. Nellie, detrás de ella, se ruborizó ligeramente por lo comprometido de la situación. Le dio los buenos días al mago con timidez y él le devolvió la cortesía sonriente.
-Sabes, Belle, encargué la cama de tu dormitorio al fabricante más exclusivo del país que cobró el doble porque querías que fuese de unas dimensiones ridículamente grandes. Me alegra comprobar que la inversión mereció la pena y ahora duermes en el sofá.
-Te estás ganando el primer crucio del día... -advirtió su mujer.
-Aunque es bueno saber que la velada fue bien, ¿me equivoco? -preguntó mirando de reojo las prendas del suelo e ignorando las amenazas de Bellatrix.
-Mucho mejor que a ti con tu novio, porque, en fin, estás aquí dándonos por culo a nosotras y no a él –le espetó la slytherin.
Nellie se sentía entre divertida e incómoda. Hundió la cara en la melena de la bruja, la relación entre el matrimonio Lestrange seguía siendo un misterio para ella.
-Qué vulgar eres cuando estas disgustada, amor mío -la regañó su marido-. La noche fue magnífica, gracias por tu interés. Pero Dol duerme mucho y ya sabes que yo soy más tendente al insomnio. Me he desvelado de madrugada y ya no he recuperado el sueño, así que a las cinco me he levantado.
-¡Dime que no llevas desde las cinco de la mañana viéndonos dormir!
-Ni confirmo ni desmiento. Lo que te puedo asegurar es que sois absolutamente adorables.
La mortífaga masculló que su marido era más siniestro que un bautizo en Azkaban. Rodolphus les contó que la tarta de chocolate que Nellie había preparado para el desayuno había muerto sin dejar testigos. Su mujer volvió a advertirle que el día que engordara un kilo lo repudiaría. Él la ignoró de nuevo y les propuso tomar el té juntos antes de que la bruja se fuese a trabajar. Ellas aceptaron. Bellatrix le mandó a pedirle el desayuno a Ruffy para que ella y Nellie pudieran vestirse. Cada una se puso el vestido que primero encontró por el suelo y nada más. Bellatrix trasportó el resto de prendas a sus habitaciones con un encantamiento. Se ducharon, se pusieron ropa limpia y al poco el elfo apareció con el desayuno.
Decidieron tomarlo en la terraza mientras veían salir el sol. Rodolphus les comentó que el Señor Tenebroso le había dado la semana libre en pago por su gran labor y sacrificio. Dedujeron que se debía a que no tenía nuevas misiones que encargarle: al contar con tantos subalternos (tanto voluntarios como forzosos), Voldemort disponía de un exceso de mano de obra. A Bellatrix le alegró la noticia, así podría hacerle compañía Nellie mientras ella no estaba.
-¿Y tú cuando estarás libre, Belle? -le preguntó su marido.
-No lo sé... -reconoció ella- Esta semana terminan los juicios por fin y después no sé para qué me querrá. Supongo que querrá organizar la conquista del mundo muggle y todo eso. Espero que a partir de entonces me necesite menos... y así podemos buscar un sitio al que mudarnos las dos. Sabes que adoro esta casa, Rod, pero quiero algo más privado que nadie conozca para estar lo más seguras posible.
-Claro, lo comprendo -respondió su marido ocultando la tristeza.
Sabía que la pesadilla de Bellatrix seguía siendo que alguien descubriera a Nellie y su Señor se enterase y las castigara. De cualquier forma, a los tres les pareció demasiado optimista la idea de que fuese a concederle más tiempo libre. Nadie dijo nada, prefirieron engañarse. Y se engañaron. Durante toda la semana. Bellatrix salía de la mansión a primera hora y volvía casi al anochecer sin apenas energía. Cenaba y se metía a la cama con Nellie. Pasaba con Voldemort muchas más horas que con su familia. De no haber tenido a su novia hubiese sido un sueño cumplido, pero en sus circunstancias actuales empezaba a pensar que quizá se había equivocado de bando.
Por su parte, Nellie se entretenía con Dolohov y los Lestrange. Paseaban por los jardines, leían juntos, jugaban con las criaturas de juguete de Nellie e incluso les enseñó a cocinar platos sencillos. En ocasiones puntuales, para distraerla, le dieron poción multijugos y salieron por zonas de Londres poco frecuentadas. Pero volvían enseguida porque sabían que Bellatrix estaba paranoica y no querían arriesgarse a perderla una segunda vez. La muggle nunca se quejaba. Cierto que añoraba la libertad y poder pasar tiempo con su bruja, pero tenía novia, amigos y un hogar. Sentía que pertenecía ahí, a lo que fuera esa extraña familia. Llevaba toda la vida soñando con eso, así que se consideraba inmensamente afortunada.
-Al parecer va a haber otra fiesta... -murmuró Dolohov blandiendo un sobre.
-Sí -confirmó Rabastan-. Voldemort ha creado un comité dentro del Ministerio para organizarla. Quiere dar la cara por fin ante todos los aliados y mandar el mensaje de que es el gobernador del mundo mágico en Inglaterra. Ya sabéis, "uníos a mí o morid", la mierda de siempre.
Los otros dos magos y Nellie asintieron. Estaban tomando el té de las cinco en el salón cuando había irrumpido la lechuza con las invitaciones. Por lo que ponía en la tarjeta, el evento se celebraría ese mismo sábado, justo al término de los juicios de los traidores de guerra. Así abriría una nueva etapa de terror.
-Será en el Palacio de Blenheim -leyó Rodolphus-, qué pereza, eso está lejos... Era mejor en la mansión Malfoy, en cuanto salías de la sala de baile podías ponerte el pijama.
El resto de sus compañeros se mostraron de acuerdo.
-¿Sabéis algo de Draco? -preguntó la muggle con interés- ¿Cómo le va?
-Ayer fui a verlo, no le va mal dadas las circunstancias. Apenas sale de la Mansión pero al parecer vive con una chica, Astoria Greengrass. Sus padres murieron en la batalla y su hermana ha encontrado trabajo en el Ministerio Francés. Le ofreció irse con ella pero la chica quería terminar sus estudios en Hogwarts. Como ya debía tener relación con Draco, le ofreció mudarse a la mansión Malfoy y lo hizo junto con su elfina doméstica. Draco trabaja en asuntos de cooperación internacional para Voldemort, contactando con aliados y tal... Suele hacerlo desde casa, procura evitar el Ministerio, le desagrada el ambiente -desarrolló Rodolphus.
-¿Y sus padres? -inquirió Nellie.
-Voldemort cumplió su palabra y los ha desterrado a un pueblo muggle, pero ni siquiera a Belle le ha revelado a cuál. Todo el mundo tiene prohibido buscarlos y establecer cualquier forma de contacto con ellos. Igual Voldemort les borró la memoria... Nadie tiene ni idea de si estarán en este país o incluso en este continente.
-Están vivos y su hijo lleva una vida más que digna, no pueden pedir más después de su traición -apostilló Rabastan-. Ellos nos hubieran dejado a todos muertos o pudriéndonos en Azkaban.
El resto mostraron su aquiescencia.
Por las noches, cuando se acostaban y apagaban la luz, antes de dormirse, Bellatrix y Nellie fantaseaban con su futuro. La bruja le preguntaba dónde le gustaría vivir cuando la locura ministerial terminara. La muggle le hablaba de países que conocía por sus novelas, de casas de diseño que había visto en las revistas y a veces de lugares que se inventaba para entretenerla. En ocasiones anhelaba habitar en el Palacio de Invierno ruso cual zarina y en otras en una casa en la montaña criando cabras y escorbutos. De una forma u otra siempre lograba hacer reír a la mortífaga. En realidad se trataba de una cuestión retórica: les daba igual dónde vivir, solo deseaban estar juntas sin miedo a que alguien las descubriera. Pero como no parecía que eso fuese a suceder pronto, se perdían en fantasías disparatadas.
-¿Me llevarás a ver dragones? -preguntó con ilusión.
-Claro -respondió Bellatrix- y si te gusta alguno, te lo compro.
-¿Se pueden comprar? -inquirió Nellie.
-En absoluto. Tendremos que robarlo, piensa un plan tú que tienes más tiempo.
Al instante la castaña empezó a idear tramas delirantes para sustraer a la criatura; siempre incluían al menos una docena de asesinatos para hacer feliz a la morena. Las noches en las que Bellatrix estaba demasiado agotada incluso para hablar, Nellie le cantaba para que se durmiera sin pesadillas. Cuando lo meditaba con frialdad, la bruja no se creía estar inmersa en una relación romántica más intensa que la de cualquier historia, le daba nauseas. Era una psicópata asesina y cada día liquidaba a varias personas por orden de su Maestro. Y disfrutaba. Pero luego volvía a casa y aún disfrutaba más acurrucándose junto a su novia. No le quedaba otra que asumir la contradicción en que se había convertido su vida.
El viernes en que por fin terminaron los juicios la mortífaga se aseguró de que todas las penas eran ejecutadas y los prisioneros trasladados a sus respectivos destinos. Dedicó a eso toda la mañana. Así que cuando a primera hora de la tarde Voldemort la llamó a su despacho sintió curiosidad. ¿En qué se centrarían ahora? No le importaba mucho la respuesta, solo deseaba que fuese algo que le granjeara más tiempo libre. Y sobre todo algo tangible, algo que demostrara que su Maestro sí tenía planes tras matar a Potter.
Llamó a la puerta del despacho del Ministro de Magia que Voldemort había ocupado provisionalmente. Más adelante probablemente colocaría a un títere para no ocuparse de las tareas mundanas, pero de momento quería estar seguro de que todo se hacía a su manera. La aguda voz del mago le concedió el acceso.
-¿Quería verme, milord? -preguntó ella solicita.
-Sí, cuéntame, ¿ya está todo?
-Sí, Señor, tal y como planeamos. Me he asegurado personalmente. Se han ejecutado todas las sentencias y los del departamento administrativo se están encargando del papeleo para dejarlo todo terminado.
"Muy bien" siseó el hombre mientras paseaba lentamente por su despacho. La bruja mantenía la cabeza ligeramente gacha como símbolo de respeto. No se atrevía a mirarlo a pesar de ser la única a la que no le causaba repelús. Transcurridos unos segundos el silencio empezó a resultar tenso. Voldemort seguía caminando con calma por la enorme estancia mientras la bruja jugueteaba intranquila con sus anillos. Pese a la curiosidad y a los nervios no osó romper el silencio, esperó pacientemente. Unos minutos después, el Señor Oscuro se acercó a ella y le ordenó con un gesto que se levantara. Obedeció al instante. Se detuvo frente a ella y la contempló. Bellatrix levantó la vista y le miró con interés ladeando la cabeza. Finalmente, habló con voz pausada y calmada:
-Bella, mi más fiel lugarteniente... Fuiste la única que no dudaste, te quedaste conmigo hasta el final, estabas dispuesta a dar tu vida por la causa, por mí. No creas que no soy consciente de ello. Y estos días tu ayuda está resultando inestimable.
La bruja asintió con premura y le contempló con ojos brillantes emocionada de que valorara su dedicación.
-Siempre recompenso a quienes me apoyan y nadie lo ha hecho tanto como tú y sin pedir nada a cambio.
-Servirle es recompensa más que suficiente, mi Señor -respondió ella sin dudar.
Él vio la sinceridad en sus ojos. No necesitaba meterse en su mente (y dudaba de ser capaz, le enseñó demasiado bien), Bellatrix siempre había sido transparente con él. Así que continuó:
-Gobernarás a mi lado, Bella, serás mi mano derecha. Te nombraré Ministra de Magia si quieres, o líder del Wizengamot, lo que prefieras. No hará falta que me consultes tus decisiones, me fío completamente de tu criterio. Tendrás fondos y recursos ilimitados, por supuesto, y contarás con mi apoyo para cualquier proyecto que desees emprender.
La mortífaga estaba realizando un esfuerzo sobresaliente por no llorar. Era su sueño, a lo que había aspirado desde pequeña. Tras tantos años renunciado a su propia vida y perder la mitad de su existencia en la cárcel, recibía su recompensa. Y para ella el premio no era el cargo o el dinero, ni siquiera el poder. Se trataba de la confianza, de certificar por fin que su Maestro la valoraba y apreciaba. Nada podía hacerla más feliz que eso. No fue capaz de decir nada, solo logró asentir temblando de emoción.
-Solo una última tarea, te llevará muy poco tiempo -comentó Él con tranquilidad.
-Lo que sea, mi Señor.
-Necesito que mates a alguien.
-Por supuesto, será más que un placer -respondió sin dudar- ¿A quién?
Voldemort sonrió. Era tan raro ver la hendidura que tenía por boca dibujar ese gesto que la slytherin sintió un escalofrío. Tuvo un mal presentimiento. El mago abrió la puerta de lo que parecía un cuarto anexo, desapareció unos segundos y volvió al poco con alguien. Bellatrix sacó la varita dispuesta a asesinar a quien fuera. Hasta que Nellie apareció completamente asustada y de un empujón cayó a los pies de Voldemort. Las ganas de llorar de la morena se reavivaron con fuerza, pero la causa no fue la misma que minutos antes. Se dio cuenta de que la mano con que sujetaba la varita le temblaba y la escondió en la capa. "Adelante" siseó su Maestro. La castaña la miraba llorando en silencio en el suelo sin abrir la boca. La bruja respiró hondo e intentó serenarse.
-¿Que ha hecho ella, mi Señor? Es una simple muggle, emplear magia en ella sería un desperdicio.
-Me dijisteis que estaba muerta.
Se preguntó cuánto sabría su Maestro. Estaba segura de que no había entrado en su mente, lo habría notado. Pero aún así la había encontrado. Decidió hacerse la loca hasta el final, siempre había sido lo suyo. Gracias a años de servicio pudo camuflar hasta el temblor de su voz.
-No, mi Señor. Dijimos que la Orden la capturó y la dimos por muerta, pero ya veo que nos equivocamos. En cualquier caso nos ayudó mucho, fue más leal que muchos mortífagos. En mi humilde opinión, podría ayudarnos a conquistar el mundo muggle, sabe usar armas y…
-Tonterías. Un ser inferior jamás nos ayudará en nada. Aplastaré a toda su raza con solo mover un dedo.
- ¿Y no bastaría con desmemorizarla? Como pago por haber colaborado…
Estaba dispuesta a renunciar a ella. Si renunciando a Nellie le salvaba la vida, Bellatrix estaba dispuesta a hacerlo. La castaña la olvidaría y reharía su vida, nunca le pareció un mal plan para ella. Sería feliz y permanecería alejada de todo peligro. Claro que la bruja moriría en vida y jamás se arriesgaría a buscarla y condenarla a muerte (otra vez), pero prefería mil veces asumir ella el sufrimiento. Pareció que Voldemort lo meditaba y la bruja cruzó los dedos esperanzada. Hasta que comprendió que solo lo hacía para prolongar la agonía de ambas. La decisión era irrevocable.
-Es solo una muggle, una herramienta y ya la hemos utilizado -respondió él en un siseo-. Mátala.
La duelista miró a Nellie que seguía llorando en el suelo. Sabía que sus lágrimas no eran producto del temor a la muerte sino al hecho de que fuese el amor de su vida quien acabase finalmente con ella. Agarró su varita, pero seguía sin ser capaz. ¿Qué podía hacer? Su cerebro maquinaba a toda velocidad, pero no se le ocurría solución alguna. Por supuesto que no quería asesinar a su novia, pero tampoco podía fallarle a su Maestro ni demostrarle que se había enamorado de una muggle. Eso acabaría fatal para ellas y para su familia entera. Voldemort observó su reticencia y murmuró con frialdad:
-¿A qué esperas, Bella? Demuéstrame que tu devoción hacia mí es absoluta. Porque lo es, ¿verdad?
-Sí, mi Señor, claro que sí, pero...
-Entonces mátala de una vez -la cortó Él ya con impaciencia.
No podía salvarla. Hubiera intercambiado su vida por la de Nellie, pero no era una opción. Si no la mataba, lo haría Voldemort e infligiéndole mucho más sufrimiento. Después, la torturaría a ella y aniquilaría también a los Lestrange y a Draco únicamente para hacerla sufrir. No podía salvar a toda la gente que quería, tenía que renunciar a alguien. Bellatrix dirigió una mirada de disculpa a aquella mujer que le había enseñado lo que era el amor. En los ojos de Nellie no hubo odio ni rabia, solo un inmenso dolor. La bruja levantó su varita curva con mano temblorosa. Por primera vez desde que aprendió, dudó antes de lanzar el hechizo.
-Avada kedrava.
Pronunció las dos palabras prácticamente en un susurro, con la certeza de que no poseía la rabia y el deseo necesarios para ejecutar la maldición de forma eficaz. Pero para su horror, la luz verde emergió de su arma. Era innato en ella, siempre albergaba resquicios de odio. Alcanzó su objetivo. De inmediato, el cuerpo de quien fuese su gran amor cayó al suelo sin vida. Al menos había sido rápido, sin dolor. Una lágrima resbaló por su mejilla. Soltó su varita de forma inconsciente y ella también cayó al suelo. Le dio igual mostrar debilidad, le dio igual mostrar su amor. Por primera vez en su vida, se arrepintió de uno de sus crímenes.
