CAPÍTULO 8

―¡Estamos hechos! A falta de novias tenemos hermanas. ―Se quejó Kendal mientras alzaba a Eva en brazos.

―Totalmente de acuerdo contigo, pero, ¿qué haríamos sin ellas? ―preguntó Sasuke, haciendo lo mismo con Lara.

―¿Vivir más tranquilos? Los dos rieron en tono bajo para no despertar a las chicas, que después de tanto dar vueltas repartiendo a los demás, se habían quedado dormidas en la limusina. Ellos, haciendo mérito a la educación recibida en la infancia, las llevaban cargadas al interior de la mansión Stone, mientras Sophia les abría la puerta de par en par. Aunque su hija y su sobrina estaban con sus hermanos, ella no dormía tranquila hasta que llegaran.

―¡Mis niñas! ―dijo la mujer en tono tierno, para cambiar a uno de más seriedad―. No las habrán dejado tomar mucho, ¿verdad?

―No son bebés, tía, y no, no están ebrias, solo cansadas ―explicó Kendal, subiendo por las escaleras para dirigirse a la habitación que Eva tenía asignada para ocasiones como esa.

―Eso espero. Hijo, tú encárgate de tu hermana, mientras ayudo a Kendal con Eva ―pidió Sophia siguiendo a su sobrino. Sasuke asintió y se dirigió al cuarto de su hermana, una vez allí, la acostó en la cama, le quitó los zapatos, el vestido y, dejándola solo en ropa interior, la arropó hasta la barbilla. Cuando ya se dirigía a la puerta escuchó la voz de la chica.

―¿Sasuke? ―Su voz sonaba pesada por el sueño.

―Aquí estoy, muñeca. Se acercó de nuevo a la cama de Lara y se sentó a su lado.

―¿Por qué no me dijiste que tenías algo con Beth?

―Porque ella aún no lo sabe. La chica sonrió. ―Naruto tampoco sabe que tenemos algo. Sasuke le devolvió la sonrisa y le dio un beso en la frente.

―Si te hace daño me lo dirás ―pidió―. No me importará romperle la cara de nuevo.

―Él te dejó peor.

―Eso fue porque me tomó por sorpresa ―alegó, falsamente indignado. ―Si tú lo dices. Lara bostezó y cerró los ojos. Sasuke volvió a sonreír y a besarla en la frente. En ese momento terminó de comprender la actitud de Naruto.

Estaba seguro de que estaría dispuesto a arriesgar todo el imperio Stone, si eso garantizaba la felicidad de su hermanita. Luego de despedirse de su madre y de Kendal, quien decidió quedarse a dormir ahí también, siguió el consejo de Sophia de dejarse llevar por el chofer, no importando que fuera en su propio auto. Estaba cansado, y para tranquilidad de ella así lo hizo. A los pocos minutos llegó a su apartamento.

Acomodó al chofer en una de las habitaciones del servicio, y se dirigió a la suya. Al entrar todo estaba como lo había dejado. Nada faltaba y nada sobraba, en apariencia; no obstante, para él faltaba todo, lo más importante: Sakura Haruno desnuda y dormida en la cama. Empezó a quitarse la ropa para quedarse solo con los bóxers negros, abrió el mini bar ubicado en una esquina de la recamara, sacó una botella de whisky a medio terminar y empezó a beber de ella. Volvió a mirar la cama y frunció el ceño, así no era como la quería: vacía, simple y arreglada.

La necesitaba revuelta, ocupada por un hermoso cuerpo; llena de su olor, de su presencia, de su ser. «―…en un par de semanas voy a ir a inmigración y a la embajada, a hablar personalmente de ese asunto…» Recordó la conversación de hacía unas pocas horas. Si ella llegaba a alguna de esas oficinas, se enteraría de inmediato de que no existía problema alguno.

Ya todo el sistema había sido arreglado para evitarle complicaciones reales, y cualquier persona podría informarle que el inconveniente nunca existió, y ella se iría en el menor tiempo posible. No podía permitir que saliera del país, porque una vez en Estados Unidos, le sería muy difícil tenerla de vuelta, y aún más obligada. Tomó su teléfono celular del bolsillo del pantalón que estaba en el suelo, y marcó. La voz de un hombre soñoliento le contestó.

―Señor… ¿Sucede algo? ―Sucede que Sakura irá a inmigración en dos semanas y yo todavía no tengo en mis manos lo que te pedí ―respondió con tono molesto. ―Lo sé, señor, pero entienda; lo que usted pide no es de este país, y son muchas cosas. A más tardar el viernes estará en sus manos, absolutamente todo.

―Eso espero, James, porque si ella se llega a enterar de que no tiene ninguna complicación con su pasaporte, al día siguiente estará tomando un vuelo para América… ―Sasuke bebió otro largo trago y continuó―, y si eso sucede, tendrás que planear un secuestro.

―No será necesario. El viernes tendrá eso en sus manos, se lo aseguro. Sasuke cortó la llamada, dejó el teléfono en la mesa de noche y se recostó en la cama. Volvió a empinar la botella y sonrió amargamente. «Debería ser de ti de quien estuviera bebiendo en este momento.» Tomó el control de la pantalla de televisión, y la activó para que descendiera de una ranura en el techo.

Apretó un par de botones más, y una presentación de fotos empezó a pasar lentamente frente a sus ojos. Era lo mismo que hacía todas las noches, al tiempo que intentaba conciliar el sueño. Una y otra vez las fotos tomadas por James y sus hombres lo atormentaban, y al mismo tiempo, lo hacían quedarse dormido. Sakura Haruno caminando, subiéndose a la ruta, llegando a UchihaWorld, asomada al pequeño balcón de su apartamento…

Tantas situaciones y en ninguna estaba con él. Una tras otra las imágenes pasaban. Cientos de fotos, algunas tan seguidas que daban la impresión de ser un video en cámara lenta; y uno tras otro los tragos quemaban su garganta, con un ardor que no se podía comparar con el de su alma al estar solo, lejos de ella, sabiendo que no era suya.

―Sí lo es ―murmuró―. Solo que ella no lo quiere aceptar. Luego de varios minutos seguía en la misma posición, con la mirada fija en la pantalla, y lo único que movía era su brazo para alzar la botella. Su cabeza era un caos total, sus ojos estaban rojos, perdidos, y la botella varias veces había estado a punto de derramarse sobre el colchón.

―Estoy solo… Ven… Aquí…

―No era muy consciente de lo que decía, y solo eran palabras de necesidad que salían sin permiso de su boca

―. Te amo… te… En ese instante, gracias a lo poco que le quedaba de conciencia, recordó algo que tenía guardado en el primer cajón de su mesa de noche. Con movimientos torpes abrió el cajoncito; ahí estaba una llave como cualquier otra, aunque abría justo lo que él quería en ese momento.

Se colocó los pantalones ―no sin fallar un par de veces―, la camisa sin abotonar y los zapatos sin medias; tomó la llave, y con la botella en mano, salió de su habitación tropezando con todo a su paso. Sabía que ella estaría sola todo el día, pues Daniel se encontraba en casa de Jerry.
Al llegar a la sala falló en el intento de esquivar una mesa.

―Mierda ―susurró cuando el jarrón se estrelló en el suelo. Siguió caminando, bordeando los trozos de porcelana rota.

―¿Quién está ahí? Señor, ¿es usted? ―El chofer, un hombre de cuarenta y cinco años, asomó la cabeza por el pasillo que daba a la cocina.

―Shhh ―Christopher se colocó un dedo en los labios al hacer ese sonido y trastabilló un poco―. Escuchará Katy. ―Señor, Katy está de vacaciones, y la chica que la ayuda no viene hoy.

―¡Haberlo sabido! ―gritó Christopher, levantando los brazos―. Thomas, nece…necesito que te lleves a un lugar, pero no me digas a todos. ¿De acuerdo? El hombre lo miró extrañado. Lo que decía no era coherente, y aun así logró entender lo que quería expresar, por lo que asintió y lo ayudó a llegar al auto sin ningún tropezón grave.

―¿Qué hora es? ―Las seis de la mañana, señor ―contestó el chofer―. ¿Cuál es la dirección?

―No sé… Ehhh… Tú sabes. Dejaste a una chica allí.

―¿La castaña o la rubia?

―¡La castaña! ―exclamó―. Esa castaña hermosa, preciosa. ¿No crees? ¡No contestes! Solo yo tengo derecho a decirlo… Porque ella es mía… Mía… El chofer suspiró y emprendió el viaje. Sabía perfectamente que cuando un hombre se encontraba en ese estado, era mejor no contradecirlo, y mucho menos darle la razón; por lo que se quedó callado y soportó la escena con paciencia. Minutos después se encontraban frente al edificio en el que vivía Sakura.

―Señor, ¿cree que lo dejarán entrar? ―preguntó Thomas, mientras veía cómo el vigilante se acercaba al auto con aire precavido. ―Lo harán, James ―contestó Sasuke con voz pastosa―. Thomas nos compró a todos.

El chofer asintió resignado por el cambio de nombre, y bajó la ventanilla del auto para hablar con el vigilante. Efectivamente, los dejaron entrar sin problemas apenas nombró el apellido Uchiha. Les indicó que el apartamento quedaba en la tercera planta, y cuando por fin lograron llegar, Sasuke despidió al chofer y hundió la llave en la cerradura. No tuvo problema en abrir. Al entrar en la sala miró a su alrededor y lo encontró todo en penumbras, por lo que se dio la vuelta tanteando la pared y halló el interruptor.

Cuando ya podía ver, aseguró la puerta y se giró de nuevo. El lugar era agradable, nada comparable con el lujo al que estaba acostumbrado. «Sería feliz hasta debajo de un puente si es contigo». Al menos sus pensamientos eran más coherentes. Caminó con cuidado hacia un pasillo que se encontraba a un costado, y se topó con una puerta; al abrirla, vio tirado sobre la cama un pantalón de hombre.

Era la habitación de Naruto. Dio unos pasos más y se encontró con otra puerta, la abrió también con cuidado y ahí estaba ella, acostada en la cama, con el cabello revuelto esparcido sobre la almohada, y con una sábana tapándole las piernas hasta las caderas. Sasuke sonrió y cerró la puerta con suavidad. Se quitó la camisa, los pantalones y los zapatos, quedando solo en bóxers.

Con cuidado, levantó la sábana y se metió en la cama. Ella le daba la espalda, así que, acercándose despacio, le pasó un brazo por la cintura y pegó su cuerpo al de ella, quien se acomodó un poco y balbuceó algo ininteligible, para enseguida, quedarse tranquila de nuevo. Él enterró la nariz en el cabello de Sakura y aspiró; olía a fresas. Sonriendo, acercó su rostro al de ella.

―Eres mía ―susurró en su oído, acomodó la cabeza detrás de la de ella, y se quedó profundamente dormido.

Lentamente, ella se giró hacia él. Estaba sonriente, complacida de verlo ahí. Él también le sonrió y se acercó para besarla. Ella lo recibió con pasión, abriendo la boca para que la lengua de él entrara y explorara todo lo que deseara. Era un beso apasionado, necesitado, una lucha constante
entre dos lenguas que deseaban apoderarse del otro y reclamarlo como suyo. Él empezó a bajar la mano por toda la espalda de ella, hasta llegar al comienzo de sus pantaloncitos, que casi no la cubrían.

Metiendo las manos en ellos, empezó a masajearle las nalgas suavemente, para enseguida, apretarla un poco y estrecharla contra él, quien ya estaba totalmente erecto bajo sus bóxers. Ella jadeó, y le aferró el miembro con una mano, haciéndolo gemir en su boca. Él, imitando sus movimientos, pasó la mano de atrás hacia adelante, e introduciéndola en los pantaloncitos la acarició íntimamente, encontrándola húmeda.

―¡¿Pero qué mierda?! ―gritó ella, y él no entendió por qué. En ese momento, ella se esfumó en una nube de humo, mientras que él quedó solo en la cama, desorientado…

―¡¿Pero qué mierda?! Sakura no podía creer lo que sus ojos veían. Ahí en su cama, durmiendo plácidamente, estaba Sasuke Uchiha, con la sábana tapándolo hasta las caderas. Se alivió un poco cuando notó que él tenía unos bóxers negros puestos, pero su alivio no duró mucho al preguntarse cómo había logrado entrar, y más aún, qué hacía ahí.

En ese momento, su cabeza empezó a producir imágenes, que, aunque excitantes para muchas, eran angustiantes para ella, pues solo indicaban una cosa: Sasuke iba a abusar de ella. Actuando instintivamente, tomó la almohada más cercana y empezó a golpear al hombre acostado en su cama. Con algo de alcohol afectándole todavía la cabeza, Sasuke se despertó sobresaltado al sentir unos golpes, al tiempo que escuchaba los gritos de una mujer.

―¡Maldito! Cómo te atreves a meterte en mi casa, ¡en mi cama! ―gritaba Sakura, al tiempo que continuaba golpeándolo con la almohada. Sasuke reconoció la voz de Sakura y se percató de que ya no era un sueño, sino la vida real.

Recordó vagamente el recorrido que hizo para llegar hasta ahí, y entendiendo el agite de la chica, se levantó para intentar calmarla. Al ver que él se incorporaba, Sakura soltó la almohada y tomó con rapidez la lámpara de la mesita de noche, tirando de ella con tanta fuerza que la desconectó. Comenzó entonces a retroceder a medida que él se bajaba de la cama, y empezaba a acercarse a ella con movimientos torpes y los brazos hacia adelante.

―Nena, cálmate, no voy a hacerte daño ―afirmó Sasuke con voz todavía pastosa.

―¡No te acerques! ―advirtió, con el corazón latiéndole frenéticamente.

―Nena, mírame, soy yo, Sasuke. Dame esa lámpara, ven, anda. Sakura aferraba la lámpara como si fuera un arma mortal. Sasuke, confiando en su rapidez, no pensó en que sus movimientos estaban limitados por el alcohol que aún quedaba en su organismo. Se lanzó sobre ella para arrebatarle la lámpara, pero Sakura, estando en sus cinco sentidos, fue más rápida, y en un movimiento instintivo golpeó con fuerza al hombre en un costado de la cabeza.

Sasuke se tambaleó y cayó cuan largo era en el suelo de la habitación, inconsciente. Sakura soltó la lámpara, y acercándose con cuidado, movió con el pie levemente el cuerpo de Christopher; este no respondió. Se agachó para darle la vuelta y estremecerlo, obteniendo el mismo resultado.

―¡Ay, no, lo maté! lo maté, lo maté ―repetía una y otra vez, desesperada, hasta que pensándolo mejor, cambió el discurso―. Fue en defensa propia, sí, lo fue. Él me iba a violar, ¿cierto? ―En ese momento la lógica acudió a su cerebro

―. ¡Oh, Dios mío! Si hubiera querido violarme lo habría hecho apenas llegó. ¡Ay, no! Ahora si voy a ir a la cárcel, no me va a salvar nadie. ¡Naruto! ¡Naruto! No, no, Naruto, no. Si se entera de esto me mata. ¡Oh, Dios! ¿Qué hago?

¿Qué hago? Como era común en ella, su accionar impulsivo era seguido por momentos de alto estrés y desvaríos, tal como había sucedido con el incidente en el aeropuerto.

―¡Eva! Ella sí. Corrió hacia la mesa de noche, cuidando de no pisar a Sasuke en el proceso, y marcó el número de la mujer, que luego de varios timbrazos, respondió.

―¿Qué? ―preguntó Eva bruscamente y con voz de sueño, desde el otro lado de la línea. ―Eva, soy Sakura. Te necesito, por favor ―declaró, desesperada.

―Sakura, cálmate. ¿Estás herida? ―No.

―¿Te duele algo?

―No.

―¿Algún asesino psicópata entró o intenta entrar en tu piso? ―Sakura miró a Sasuke tirado en el suelo. Definitivamente él no entraba en esa descripción.

―No.

―¡Entonces deja de joder! ―gritó Eva y cortó la llamada.

―No, no, no me cuelgues. ―Intentó llamar de nuevo, solo que el teléfono celular estaba apagado―. ¡Mierda, Eva! Estaba desesperada y sola, no tenía a quién más acudir para una situación así. Tendría que solucionarlo ella misma. Agachándose junto a Sasuke, lo tomó por los hombros y lo estremeció con fuerza. Al ver que no funcionaba, lo tomó por el cabello y sacudió su cabeza de un lado a otro, sin resultado alguno. Fue entonces al baño y tomó una taza, la llenó de agua y regresando, se la aventó en la cara; tampoco reaccionó.

―¡Alcohol! Algodón y alcohol, eso es. Corrió de nuevo al baño y sacó del gabinete una botella blanca y un paquete transparente, regresó al lado de Sasuke y, sacando una gran mota de algodón, la empapó en el líquido y se la colocó sin cuidado sobre la nariz y la boca. Sasuke abrió los ojos repentinamente y se incorporó, mientras tosía con fuerza.

El penetrante olor le había hecho arder la nariz, y un par de gotas que se filtraron por sus labios, le quemaron un poco la lengua. Ella intentando ayudarlo, le palmeó bruscamente la espalda, consiguiendo que Sasuke tosiera más fuerte. Al cabo de un minuto la tos cedió, quedando solo en carraspeos. Sasuke se puso en pie, al igual que Sakura.

―¿Qué pasó? ¿Por qué estoy mojado? ―Porque te desmayaste, te tiré agua en la cara y luego te puse alcohol. No sabía cómo iba a reaccionar él, y aunque estaba dispuesta a defenderse como fuera, sentía que ella tenía más culpa en el asunto por haberlo atacado de esa manera, sin antes percatarse de que él no tenía malas intenciones, o al menos eso parecía

. Sasuke recordó todo lo que había sucedido, desde la fiesta, hasta que vio cómo Sakura levantaba el brazo para golpearlo con la lámpara. Sabía que debía disculparse y dar explicaciones, no obstante, no quería hacerlo, pues sentía que estaba de más.

Ella era suya y no tenía por qué molestarse por encontrarlo durmiendo a su lado, así debería ser todas las noches; y no solo dormir, sino entregarse mutuamente, cuerpo a cuerpo hasta quedar exhaustos, terminando lo que habían empezado en su sueño. Sin embargo, tenía que actuar, incluso mostrar arrepentimiento. Ya habría tiempo para reclamar lo que le pertenecía.

―Sakura, lo siento, estaba borracho, no sabía lo que hacía; ni siquiera sé muy bien cómo llegué hasta aquí. ―Se acercó a Sakura e intentó acariciarle el rostro, solo que ella retrocedió al instante―. Estaba solo y sabía que tú también. Solo quería dormir abrazado a ti.

―¿A qué hora llegaste?

―No sé muy bien. Alrededor de las siete de la mañana, creo. Eso no importa. ―Sasuke hablaba pausadamente y mirándola a los ojos―. Te aseguro que no te toqué.

―¿Cómo entraste? ―El vigilante estaba dormido y me escabullí ―mintió. No le convenía que ella supiera que todos los vigilantes estaban comprados, y mucho menos que tenía una llave―. En recepción encontré una llave maestra y la usé para entrar.

―Terminó de explicar con voz inocente. Sakura se lo quedó mirando por un momento, tratando de descubrir qué tan ciertas eran sus palabras, mas no logró atisbar falsedad alguna. Sabía que no estaba bien lo que él hizo y que no tenía justificación; a pesar de eso, la manera como le hablaba, y esos ojos casi suplicantes, la hicieron compadecerlo un poco. Según Eva le había dicho una vez, él necesitaba ser comprendido, o incluso mimado por la forma en como fue criado. Ella no llegaría a tanto, solo se limitaría a sobrellevarlo.

―Báñate y cámbiate mientras preparo el desayuno. Luego de que lo tomes te irás. No le dio tiempo a protestar, pues salió enseguida de la habitación y cerró la puerta. Sasuke se quedó mirando el lugar por donde ella escapó. «Muy pronto no podrás hacerlo, muy pronto mi sueño se hará realidad con el final que yo deseo.» Caminó hacia el baño para hacer lo que ella le había indicado. Luego de ponerse una pantaloneta de Naruto, Sakura empezó a preparar el desayuno. Si bien los latidos de su corazón ya se habían normalizado, la cabeza la tenía peor que hacía un instante.

Encontrándose ya más calmada, su mente la bombardeaba con las imágenes del cuerpo de Sasuke semidesnudo ante ella, que momentos antes había ignorado por completo. Muchas veces había visto a Naruto en ropa interior, y aunque el cuerpo de su amigo estaba muy bien formado, el de Sasuke la perturbó como ninguno. Más que miedo a él, era miedo a ella misma, a lo que podría suceder si él se proponía a seducirla.

No lo quería, no lo amaba, no obstante, sabía que no se necesitaba esa clase de sentimientos para desear a un hombre, y ella, para su propio pesar, estaba empezando a desear a Sasuke. Su cuerpo era perfecto, musculoso, tenía las proporciones exactas para trastornar la cabeza y las hormonas de cualquier mujer; y su entrepierna.

«¡Oh, Dios! Ese bulto». Aunque solo lo había mirado por un segundo, pues no se atrevió a más, ese corto tiempo fue suficiente para darse cuenta de que él estaba excitado, bastante en realidad, y ese recuerdo hizo que sintiera una punzada de deseo en su vientre. Tenía que solucionar ese problema como fuera. No estaba dispuesta a entregar su virginidad por una noche de pasión con un hombre como Sasuke.

No era de las que pensaba esperar hasta el matrimonio, solo quería que fuera algo especial, con alguien que la respetara, la valorara, y Sasuke no parecía ser de esos. No podía esperar las dos semanas que se había planteado para ir a la oficina de migración; tendría que adelantar esa diligencia para los próximos días.

Necesitaba solucionar el problema y regresar a América lo antes posible. No solo estaba la fecha límite para inscribirse en la universidad, sino también las sensaciones que habían empezado a agobiarla hacía apenas un par de días.

En ese momento tomó la decisión de que en esa semana que empezaba, arreglaría su situación legal y viajaría a su casa, donde el único peligro que corría con respecto a hombres, era que algún compañero de estudios se fijara en ella, y si no le gustaba, podía deshacerse de él con algún desaire o simple indiferencia.

―¿Te puedo ayudar? ―La voz de Sasuke la sobresaltó, por lo que él enseguida se apresuró a disculparse―. Lo siento, no quería asustarte.

―No lo parece. ―Sakura, perdóname. Ya te lo dije que estaba borracho ―explicó, avanzando hacia ella.

―Eso no te da derecho a meterte en mi casa y en mi cama.

―¿Derecho? ―Sasuke se acercó a ella―. Tengo todo el derecho del mundo a hacer lo que me dé la gana.

―Pero no conmigo ―declaró Sakura entre dientes, alzando la cabeza para retarlo. Sasuke se la quedó mirando. «Eso es lo que tú crees», pensó, decidiendo que no era el momento de revelar esa afirmación. Giró sobre sus talones y se sentó en la mesa sin decir más. Sakura cerró los ojos y aspiró hondamente para calmarse. «Aguanta un poco, Sakura, solo un poco más», se decía para darse fuerzas.

―¿Vas a desayunar o te largas de una vez? ―preguntó bruscamente. Sasuke, que tenía la cabeza agachada, no levantó la vista para responderle, solo se removió un poco en la silla. ―Tengo hambre. ―Su voz sonó como la de un niño regañado. Sakura volvió a cerrar los ojos y asintió.

Esos cambios de humor de Sasuke no le convenían a ella, pues en muchas ocasiones, como en esa, le ablandaban el corazón y terminaba por tenerle compasión o ternura, solo que no estaba dispuesta a demostrarlo. Le sirvió el desayuno y se sentó a comer en la silla de enfrente, para estar lo más alejada posible de él. Ninguno de los dos pronunció palabra durante ese tiempo, solo se dedicaron a comer, sin mirarse siquiera.

―Como Daniel no estará aquí mañana… ―dijo Sasuke cuando estaba en la puerta del apartamento, dispuesto a marcharse―, ¿quieres que pase por ti? ―No es necesario, yo puedo irme sola. Sasuke la miró por unos segundos y asintió; salió del apartamento y Sakura cerró la puerta enseguida, se recostó en ella y suspiró aliviada. Había salido bien librada de esa, aun así, no podía exponerse a otras situaciones similares, pues temía por el resultado.

―¿Estás escuchando lo que te estoy diciendo? Sasuke miró a Kendal, confundido. Estaba claro que no había escuchado ni una sola palabra de su conversación, pues toda su mente estaba enfocada en idear un plan para evitar que Sakura fuera a migración esa semana.

En el pub ella le había comentado que iría en dos semanas, aunque estaba seguro que por lo sucedido el día anterior, en que lo encontró acostado en su cama, no pasaría de esa semana para que ella descubriera todo, y él no recibiría la información por parte de James hasta el viernes.

―Sasuke, ¡no me estas escuchando! ―Kendal se levantó de la silla y empezó a caminar por la oficina de presidencia―. Llevo más de veinte minutos hablándote del negocio en York y tú pensando en las pelotas del cangrejo.

―¿York? ―preguntó Sasuke con curiosidad, ignorando el último comentario―. ¿Tienes que viajar a York? Kendal se pasó una mano por la cara, frustrado. ―Hermano, tengo que viajar pasado mañana a York para reunirme con la gente de Gray & Jones para finiquitar el acuerdo ―expuso como si estuviera explicando algo a un niño pequeño.

―El miércoles ―susurró Christopher, acariciándose la barbilla.

―¡Sí, Sasuke! El miércoles, pasado mañana, es lo mismo. ¿Qué coño es lo que te pasa? Estás más idiota que de costumbre. ―Déjame ir. Eso era lo que necesitaba para mantener a Sakura ocupada. Estaría tan atareada esa tarde y el martes arreglando lo del viaje, que no tendría tiempo de realizar las averiguaciones hasta la siguiente semana. ―¿Estás loco? Ellos esperan verme a mí. Yo he sido quién ha hablado con ellos todo este tiempo, ¿por qué quieres ir tú?

―¡Porque si! ¿Cuál es el problema? yo estoy tan enterado de ese negocio como tú. ―Se pasó una mano por el cabello y tiró de él―. Además, Sakura está algo aburrida aquí y este viaje le haría bien.

―Hmm, Sakura, Sakura. Mándala conmigo entonces. Yo puedo hacer que se divierta como nunca ―propuso Kendal de manera bastante sugestiva.

―¡No! ―Sasuke se levantó de su asiento y señaló a Kendal con el dedo, de forma amenazante―. Aléjate de ella, Kendal. Elizabeth me pertenece y no estoy dispuesto a permitir que ni tú ni nadie me la arrebate.

―¡Vaya! Por lo que veo la cosa va en serio. ―Kendal se sentó de nuevo, sonriendo, pues no le temía a las amenazas de su primo―. Y solo por curiosidad, ¿ella lo sabe? Sasuke se sentó y se enfurruñó en su silla

―No, y eso no importa, porque pronto lo sabrá y lo aceptará.

―Si tú lo dices. Bueno, mejor para mí si quieres ir tú. Esa ciudad es algo aburrida y esa gente lo es más. Pensaba llevarme a Naruto, pero como todavía no le digo nada, no hay problema con el cambio de planes. Sasuke asintió. Solo quedaba avisarle a Sakura y esperar porque no protestara demasiado. Al poco rato Sakura entró a la oficina. Estaba ayudando a Sara con unos documentos y ya casi era hora de almorzar.

―Nena, el miércoles nos vamos a York ―informó Sasuke sin preámbulos―. Alista todo lo que necesites para el viaje. Regresamos el sábado. Sakura lo miró aturdida.

―¿Qué…Qué es York? ―Es una ciudad al noroeste del país ―explicó Sasuke sin darle mucha importancia―. Tengo una reunión con unos empresarios y tú vas conmigo.

―¿Y se puede saber por qué tengo que ir contigo? La idea del viaje no le gustaba, en absoluto.

―Porque tenemos un trato, porque trabajas para mí, y porque me da la gana. ¿Algo más? Sakura frunció el ceño.

―Siempre tienes que salirte con la tuya, ¿cierto?

―Cierto. Sakura se acercó molesta al escritorio de él, tomó unas carpetas, y se dirigió a su puesto de trabajo habitual sin decir más. Lo mismo había sucedido en la mañana, cuando estaba saliendo del edificio donde vivía para dirigirse a UchihaWorld. Sasuke estaba esperándola dentro de su auto; cuando la vio salir, abrió la puerta y la llamó; ella aún molesta por lo sucedido el día anterior, lo ignoró por completo y empezó a caminar en dirección a la parada del autobús.

Sin darse por vencido, arrancó el auto y comenzó a seguirla a muy baja velocidad, cuando llegaron a la esquina que Sakura debía cruzar, Saasuke aceleró y se le atravesó.

―Sube o me bajo y te cargo, así protagonicemos el escándalo de nuestras vidas. Sakura se lo había quedado mirando con el ceño fruncido, como esperando a ver si era verdad que cumpliría su amenaza; no obstante, corrió a subirse cuando lo vio abriendo la puerta del auto para salir de él.

Ya fuera por una cosa o por la otra, Sasuke siempre se salía con la suya, y eso era lo que más la irritaba. Al llegar la noche, Naruto llegó unos minutos más tarde de lo acostumbrado, pues las sustentaciones de los trabajos se habían extendido un poco.

―Mi vida… ―Sakura entró al cuarto de Naruto y se sentó en la cama, mientras él deshacía su mochila―, tengo algo que decirte.

―¿Qué pasó, preciosa? Te ves preocupada. Sakura se mordió el labio antes de continuar. ―Es que Christopher necesita ir a un viaje de negocios a una ciudad llamada York.

―¿York? Ese negocio lo tiene Kendal.

―No sé, al parecer entre los dos decidieron que sería Sasuke quien iría a reunirse con ellos.

―Entiendo. ―Naruto se acostó en la cama y le puso los pies en el regazo a Sakura―. Y , ¿para qué me cuentas eso? Ella se removió y empezó a jugar con los dedos de los pies de él. ―Es que yo tengo que ir con él ―dijo con miedo y sin mirarlo a los ojos. Daniel la miró por un momento y luego suspiró.

―Sakura, ya no eres la niña que conocí; eres una mujer mayor de edad capaz de tomar tus propias decisiones.

―Tenía catorce años cuando me conociste, ya no era una niña ―protestó Sakura juguetonamente para aliviar la tensión.

―Para mí lo eras y punto. ―Naruto rio por un momento; luego se puso serio, se sentó en la cama y tomó la cara de Sakura entre sus manos―. Yo te apoyaré en todo lo que decidas. Siempre estaré ahí para lo que necesites, y si en algún momento te estrellas contra algo, yo estaré a tu lado para ayudarte a levantar y agarrar a golpes a lo que sea que te hiciera daño.

―Sakura sonrió―. Solo necesito que confíes en mí, y me digas cuando algo te molesta o te preocupa, ¿está bien? Sakura asintió y Naruto la besó en la frente.

―Entonces, ¿quieres ir? Sí, en realidad sí quería. Le parecía muy bueno conocer otra ciudad antes de partir, y según estuvo averiguando en internet, York era una ciudad más que todo histórica, y esas eran las mejores para visitar, así no le quedara mucho tiempo por las reuniones y ocupaciones de Sasuke. Habría preferido ir con Kendal o cualquier otra persona, pero, tenía que conformarse con el bipolar de su jefe. Asintió, y luego de conversar por unos minutos más, le dio las buenas noches a Daniel, se dirigió a su habitación y se acostó.

Al día siguiente en la oficina, todo fue más agitado. Sasuke encargó a Eva apartar las habitaciones en un hotel y coordinar los vuelos. Como el viaje era dentro del país, Sakura no se preocupó por su pasaporte, pues ni siquiera necesitaría mostrarlo en el aeropuerto. Lo que más lamentaba era no poder ir a migración esa misma semana, y no quería solo llamar, pues era algo muy complicado para tratar por teléfono. Sasuke aparentaba estar tranquilo, cuando en realidad la ansiedad lo consumía.

Serían unos cuantos días en que estarían los dos solos, sin alguien que los interrumpiera, y aunque sabía que Sakura no lo dejaría llegar muy lejos, sí podía jugar con su autocontrol y hacerla dudar de sus propias sensaciones.

―Ya está todo listo, Christopher ―informó Eva, sentándose frente al escritorio de su primo, luego de que Sakura saliera para ir a buscar unos documentos en otra oficina, que se necesitaban para las reuniones―. Solo espero que sepas lo que estás haciendo.

―Tú no te preocupes por nada, yo sabré manejar la situación ―afirmó Sasuke con indiferencia.

―No me preocupo por ti, sino por Sakura. Realmente te pasaste con lo del domingo.

―No era consciente de lo que hacía, además, no sé por qué se molesta. Es mejor para ella que se vaya acostumbrando a verme dormido a su lado cuando se despierta.

―Eres un desgraciado, Sasuke. ―Eva levantó los brazos con exasperación―. Ni siquiera sé por qué te ayudo.

―Lo haces porque quieres verme feliz, y sabes que ella es toda mi felicidad ―alardeó, consciente del cariño que le tenía su prima.

―Puede ser. Realmente espero que todo esto no termine mal, ni para ti ni para Sakura, porque, aunque no lo creas, le he tomado cariño a la chica.

―Eso es precisamente lo que quiero, Eva, que toda mi familia la aprecie y acepte, así debe ser y
así será.

Eva miró a su primo por un largo rato, en el que él continuaba con el trabajo que estaba haciendo. Sabía que él era capaz de todo por conseguir lo que deseaba, y eso era lo que más la preocupaba.