La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 12
—¿Por qué Garrett no me podía llevar a la escuela? —se queja Brenna desde el asiento trasero del Ford F-150 de Mike.
—Porque lo estoy haciendo yo. —Los ojos de Mike echan un vistazo a la gente del noticiero mientras nos deslizamos hacia mi entrada.
—Pero yo quería que Garrett me llevara.
—¿Qué soy? ¿Un extraño?
—¿Por qué serías un extraño?
Mike suspira. —No importa, Garrett te estará esperando en casa para cuando lleve a tu madre de vuelta, lo que será muy pronto. —A mí, me dice—: Para que sepas, eres una tonta y esto es muy mala idea.
—Si no voy a trabajar, no podré pagar mis cuentas el mes que viene, además, no puedo seguir sentada en mi casa jugando cartas. ¡Me voy a volver loca! —Han pasado cinco días desde que mi nombre se hizo público. Los canales más grandes y respetados se han ido. No pueden estar aquí para siempre. Ahora son los canales más pequeños, y los independientes, esos con largos lentes de espías, quienes duermen en sus autos y que no les pagan hasta que entreguen una foto espontanea, que se quedan merodeando. Y hay suficientes, para hacer que se me tense el estómago.
—¿Y en serio piensas que vas a ser capaz de ir al trabajo?
—Lo tengo que intentar.
—¿Por qué nos apuntan con sus cámaras? —pregunta Brenna en tanto doblamos hacia la calle.
—Agacha tu cabeza, cariño. —Las ventanas están tintadas, pero no confío totalmente en eso.
Brenna está escondida detrás de mí mientras nos arrastramos a la calle principal, en nuestro camino a dejarla en la guardería anexa a la escuela. El director llamó. Al parecer tener una docena de reporteros y fotógrafos acampando fuera de tu casa no es una razón de peso para mantener a tu hija de cinco años en casa por más de dos días. Sabiendo que me cobrarán igualmente por la guardería después de la escuela sería bueno quizá llevarla desde ya. Mike me prometió que incluso los reporteros más agresivos, saben que los niños pequeños en la escuela están fuera de los límites, pero también alistó a los chicos de turno para que patrullaran el área en busca de acechadores.
A pesar de mi advertencia, Brenna estira el cuello. —¿Esas personas son las que se paran en frente de una cámara y dan las noticias?
—¡Agáchate! —Sigo mi ira con un suspiro frustrado. Le he gritado más estos últimos días que en toda su vida, y me siento terrible—. Algunos de ellos, sí.
—¿Han estado aquí toda la noche?
—Algunos sí. —Me le quejo a Mike—: Son las seis de la mañana.
Uno pensaría que tienen otro lugar para estar. —Están causando un gran revuelo en la ciudad por lo que dijo Mike. Establecimientos como Rawley y la tienda de sándwiches cruzando la calle han doblado sus ventas con escapadas por café y el repentino interés en jugar billar.
—¿Qué es lo que quieren? —balbucea Brenna.
Cierro los ojos, y respiro profundamente, reprimiendo la irritación que amenaza con explotar. Ha sido una corriente sin fin de preguntas y estoy cerca de mi límite a pesar de que me digo una y otra vez que ella solo tiene cinco y que no puede evitarlo.
—Quieren hablar con mamá, cariño.
—¿Por qué ayudaste al hombre de la pierna rota?
Suspiro. —Algo así.
Mike la mira con atención desde el espejo retrovisor, sonriendo.
—Tu madre hizo algo súper valiente. ¿No es eso genial?
—Sí, pero ¿qué es lo que quieren?
—Quieren que tu mamá les cuente que pasó esa noche.
—¿Por qué?
—Porque es su trabajo, quieren que ella salga ahí y los salude.
—¿Podemos ir después de la escuela a saludar?
—No, nena. No podemos. —De ninguna manera voy a dejar que la cara de mi niña termine en televisión nacional—. Escucha, Brenna, si alguien trata de hablar contigo acerca de mí o el accidente, quiero que te vayas directo a la oficina y le digas al señor Archibald. ¿De acuerdo? —Tiene el mismo director que yo tuve cuando iba en primaria. Él era viejo incluso en ese entonces.
—De acuerdo, mami. —Ella es tan sencilla, tan agradable, como si esto no fuera algo grande. Tal vez no lo sea, quizás estoy haciendo las cosas más difíciles de lo necesario.
Marzo 2010
Las cabezas se empiezan a girar mientras me muevo por el pasillo principal antes de clase, mi maleta colgada sobre mi hombro, volcando copos de nieve con cada paso.
—Es ella —escucho a alguien decir mientras paso.
Mantengo la cabeza agachada hasta que logro llegar a mi casillero.
Solo faltan dos minutos antes que las campanas suenen para ir a clases, intencionalmente esperé afuera todo lo que pude aguantar, y aun así, nadie tiene ninguna prisa de entrar a clase.
Me escondo con mi chaqueta de invierno, mientras tanteo mi cerradura, el temblor en mi mano haciendo aún más difícil marcar los números.
Otro susurro contiguo, este no es tan silencioso. —Escuché que él la rechazó. Ella está haciendo todo lo posible por volver con él.
Aprieto mis dientes y lo ignoro. Finalmente, mi cerradura se abre, cuando abro la puerta una hoja doblada de papel se cae, cayendo convenientemente en mi mano. Mi estómago se revuelve mientras la abro para leer los garabatos femeninos:
Como si Philips pudiese tocar un culo repugnante como el tuyo. Deja de mentir, zorra.
—¿Qué estabas esperando? Incluso si ese idiota de Jenks no le hubiese dicho a todo el mundo donde trabajas, lo habrían adivinado para este momento.
Miro al estacionamiento de Diamonds. No hay ni un solo puesto disponible. —Son las seis y media de la mañana, nunca ha estado tan lleno.
—Tienes a todos los jubilados, desempleados y trabajadores por turnos en un radio de treinta y dos kilómetros. Más los que buscan estrellas. Más ellos. —Asiente hacia la fila de furgonetas de las noticias parqueadas y esperando, la gente recostándose a los lados de ellas con teléfonos en sus oídos, o cigarrillos colgando de sus bocas. En algunos casos, ambas cosas.
Suspiro. —Genial y así es como la gente me va a ver. —Me pongo el uniforme de Diamonds, un vestido blanco y naranja, al estilo de las cafeterías de los años cincuenta. Claramente no lo pensé bien.
—Sabes, para alguien que le gusta evadir el caos y la atención, escogiste un buen momento para salirte del carácter.
—Estoy tratando de evitar quedarme sin casa —le recuerdo.
—Yo te lo advertí… Sue te lo advirtió… Demonios, incluso Jessica te lo advirtió.
Es cierto, pero… —Se darán cuenta de que no voy a hablar con ellos y van a rendirse. Con el tiempo, tienen que hacerlo, pero no puedo esconderme en mi casa hasta que lo hagan. Tengo que volver a mi vida —Incluso con el dinero que me apotaron los habituales, estaré echando mano de mis ahorros si no vuelvo, y pronto.
—Te puedo prestar un poco de efectivo.
—No voy a recibir tu dinero.
—¿Tus padres?
Lo miro fijamente. —Acabaron de gastar un pequeño montón en mi camioneta. —Y pretendo pagarles cada centavo. El mensaje de Emmett llega a mis pensamientos. Acepto un poco que soy idiota por rechazar su dinero tan rápido. Lo sigue una ola de decepción ya que no he sabido nada de él desde el sábado.
Mike lanza sus manos al aire en una señal de "me rindo", luego acelera el motor ligeramente y pone su camión cerca de la entrada trasera. Cuando apaga el motor y desabrocha su cinturón del asiento, le frunzo el ceño.
—Sabes que no tienes por qué hacer esto, ¿cierto? —Él se ha encerrado en la casa con nosotras, ha dormido en la cama gemela de Brenna en las noches, haciendo encargos y ayudándome a mantenerme ocupada mientras me aseguro de no aparecer en la televisión. Por fortuna, ya se terminó mi escaso plan de datos así que no puedo mirar nada en internet.
Él está por comenzar su periodo de turnos nocturnos, creo y tiene una reunión, así que esta tarde no estará aquí. Para ser sincera, estoy un poco nerviosa.
—¿Qué es lo que no tengo que hacer? ¿Desayunar? —Sale del auto y da la vuelta para encontrarse conmigo al frente del camión. —No te ofendas, pero los falsos Froot Loops no me van a mantener lleno hasta el almuerzo.
Le doy un codazo amistoso en nuestro camino a la puerta trasera, lado a lado. —Gracias por todo, eres un buen amigo. —Marco el código de seguridad, además de Sue y Harry, soy la única que se lo sabe, y llevo a Mike a la cocina.
Siento inmediatamente la familiaridad de Diamonds: el zumbido bajo de la voz de los clientes, el murmullo constante de la televisión transmitiendo noticias y deportes, la impresora produciendo orden tras orden, el tocino calentándose en la parrilla, un olor que hace que mi boca se haga agua. No puedo creer que esté diciendo esto, pero lo he extrañado.
—¡Mira lo que ha traído el gato! —Harry sonríe ampliamente sobre su hombro mientras voltea un montón de panqueques a un plato con un movimiento fluido. Él ha estado en Diamonds por tanto tiempo que podría hacerlo hasta dormido.
Le saco la lengua, pero luego le doy una sonrisa, dándome cuenta también cuanto lo he extrañado. Es relajado, amable y tiene el corazón más grande entre cualquiera que haya conocido. No podría imaginar a Sue casada con alguien más, aunque no haya sido del todo fácil para ellos.
Nadie confundiría a Balsam o cualquiera de los lugares aledaños como "multiculturales", así que no hace falta decir que las relaciones mestizas son raras. Los rumores dicen que su romance causó un poco de revuelo en cada una de las partes. Me llevó un año encontrar las agallas para preguntarle a Sue al respecto y me contó todo. Empezaron a salir en secreto cuando Sue todavía estaba en el instituto, cuando su padre contrató a Harry para que le ayudara en la cocina. Eso fue hace cuarenta y dos años y en ese entonces la gente era menos dispuesta a aceptarlo. Muchos de los vecinos expresaron su disgusto a través de chismes sucios. Algunos habituales dejaron de venir. El negocio, que ya era un restaurante bien establecido, recibió un golpe, pero el padre de Sue ignoró a los intolerantes y se concentró en su negocio, amando a su hija y apoyándola junto al hombre que amaba. Pronto, la generación vieja de mentes cerradas fue reemplazada por otras más progresistas, o por lo menos a otras que no les importaba quien se casaba con quien, siempre y cuando obtuvieran su hamburguesa de Diamonds tal como les gustaba.
Una vez que el padre de Sue supo que era serio, promovió a Harry para liderar la cocina y enseñarle todo lo que él sabía, a pesar de que él también le había advertido a Sue más de una vez que la vida para ella sería más fácil, si escogía a un hombre diferente.
Sue nunca ha sido alguien de tomar el camino más fácil.
Mucha de la gente de esta área nunca ha sido muy acogedora con Sue y Harry. No ayudó tampoco que su único hijo —ella estaba muy ocupada en la cafetería para pensar en criar más de un hijo—, creció para ser algo menos que un ser ejemplar, robando a Diamonds con una máscara y una pistola porque sus padres no le daban dinero. Él estará en prisión por un buen rato debido a eso.
El día que me contrató, estaba convencida de que se trataba más de querer ayudar a una joven embarazada de dieciocho años, pero entre más la conozco y sé de ella, más he empezado a notar que se trató más de compadecerse de alguien que fue excluida por la gente de aquí, casi como le pasó a ella.
Harry desliza el plato debajo de la lámpara caliente y golpea su mano en la campana de servicio. —Buenos días, Oficial Newton.
—Buenos días, Chef Cleawater.
Harry empezó a llamar a Mike "Oficial Newton" el día que Mike fue aceptado en la academia de policía, en respuesta a eso Mike le acuñó el "Chef", aun cuando Harry es técnicamente nada más que un cocinero en una línea sazonadora. Aunque nunca diría eso en voz alta, él hace la mejor hamburguesa de banquete en el estado.
Harry recoge una nueva orden desde la impresora. —No pensé que fuéramos a verte en un rato, señorita.
—¿Por qué no me verían de nuevo? Aún tengo cuentas que pagar.
Se encoje de hombros.
Envuelvo mi delantal alrededor de mi cintura y lo abrocho en mi espalda. —¿Cómo ha estado esta mañana?
—Ha sido un zoológico toda esta semana. Genial para el negocio, pero todos están rompiéndose el trasero.
—Entonces parece que Sue me necesita.
Harry se empieza a reír entre dientes, moviendo su estomago como suele hacerlo.
—¿Qué? ¿Por qué eso es gracioso?
Lo que sea que está pensando, solo responde con una sacudida de su cabeza. —¿Sabe Sue que ibas a venir a trabajar hoy?
Me ato mi largo cabello rubio en una cola de caballo. —Siempre trabajo los miércoles.
—Eso creo.
—Traté de advertirle, pero quiere aprender a las malas. —Mike mira el nuevo montón de panqueques que se están calentando en la parrilla. Él sabe que, si se queda quieto por un rato, Harry le llevará un plato.
—Va a estar bien. —Inspirando profundo, cruzo la puerta.
Una docena de ojos me miran al instante, y rápidamente se multiplican girando desde los puestos y las mesas, en medio de la orden o en medio de la mordida, susurros diciendo "Es ella" que vienen sobre el sonido de los platos y los repiques de las campanas, llegan a mis oídos.
Pronto el murmullo familiar de la conversación se ha calmado, y mi cara está ardiendo mientras que literalmente todos en Diamonds han dejado de hacer lo que están haciendo para mirarme.
Ni siquiera noté las cámaras apuntando, tomándome fotos parada ahí con mi uniforme, paralizada, hasta que Mike engancha mi brazo y me da vuelta con un silencioso: —No es una buena idea.
—Tienes toda la razón. —Sue aparece de la nada para protegerme y devolverme por la puerta—. Vámonos, ahora.
Estoy de vuelta a la seguridad de la cocina antes de que pueda respirar de nuevo.
No es como la última vez, me recuerdo. No es como lo que pasó después de James.
¿Entonces porque siento el mismo miedo?
Harry pasa otro plato de panqueques en el mostrador, dándome una sonrisa comprensiva. —Te lo dije. Un zoológico.
—Y tú eres el león blanco que todos vinieron a ver —murmura Sue, limpiando una gotita de sudor de su ceja con su antebrazo—. ¿En qué estás pensando al venir aquí?
Tiro de las cuerdas de mi delantal. No puedo decir lo que me apetece hacer ahora mismo: llorar o vomitar. Es un empate, a decir verdad. —¿En que necesito trabajar? ¿En qué quiero recuperar mi vida? —Mi voz se quiebra con frustración, mientras las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas. Ni siquiera es una vida fantástica, pero es mi vida y trabajé duro para sacarla del desastre que hice yo misma hace algunos años. Si esto es lo que voy a enfrentar cada vez que salga, no podré trabajar. Y si no puedo ganar dinero…
Ella suspira, acercándose para darme palmaditas en el hombro.
—Mejorará, Bella. Eventualmente todo volverá a la normalidad.
—¿Cuándo? ¡Porque no tengo tiempo para un "eventualmente"! — sollozo.
Sus cejas se unen con preocupación. Ella abre la boca para contestarme, pero sus palabras se cortan por un gran estruendo. Nos volvemos a tiempo para ver a Harry recogiendo un plato de panqueques en el suelo y lanzándolo a la basura.
—¡Lo siento! —Es mi culpa. Sue no estaba exagerando años atrás;
Harry sinceramente no puede soportar ver a las mujeres llorar. Jessica lo hace soltar una sartén una vez al mes porque siempre se echa a llorar por algo cuando está hormonal.
—Silencio. —Sue toma una servilleta y limpia mis mejillas—. Lo resolveremos.
—Te diré cuándo va a volver a la normalidad. —Mike tira una porción de tocino crujiente de una bandeja calentándose, ganando un ceño desaprobatorio de Harry. Muy pocas cosas lo enojan. Robar tocino durante el ocupado turno del desayuno es una de esas cosas—. Luego de que hagas esa entrevista que Emmett Mccarty se ofreció a arreglarte.
—Eso significa estar en cámara delante de millones de personas —Solo pensarlo me da nauseas. No creo que entiendan esto.
—Lo siento por decir esto, pero tiene razón. Todos buscan ser los primeros en hablar con Isabella Swan. Cuanto más rápido escuchen tu versión, más rápido pasarán a ser una molestia para otra persona.
—¿No podemos echar a los reporteros?
—Si pensara que ayudaría, lo haría. ¡Pero son todos los malditos clientes también! Supongo que podría amenazarlos con echarlos si te toman fotos.
—No, no lo hagas. —Lo último que deseo es darle un impacto negativo a Diamonds. Suspiro—. Supongo que me iré a casa. —Otro día sin trabajar y necesito hacer mis veinte horas a la semana si quiero seguir recibiendo mis subsidios. ¿Cuánto faltará para que me lo quiten?
—Toma, muñeca. Es tu favorita y se ve que necesitas una buena comida. —Harry pone en manos de Mike dos contenedores de comida que estoy segura guardan sus famosos panqueques de arándanos.
Dudo que pueda retener aunque sea uno.
Sue me da una palmadita en el antebrazo. —Recuerda que hiciste algo bueno por ese hombre. Ojalá las cosas fueran más fáciles para ti por ello.
—Supongo que podría ser peor —suelto, dirigiéndome a la puerta trasera.
Cinco reporteros y muchos camareros están esperándome justo afuera, metiendo sus micrófonos a mi cara. Los clics y flashes de las cámaras me hacen hacer muecas y encogerme, capturando todas las expresiones poco favorecedoras de mí.
—¿Actualmente estás cobrando la asistencia social?
—¿Sigues en contacto con tu maestro de arte y amante?
—Reportes sugieren que James Philips ha estado románticamente involucrado con una estudiante de diecisiete años en Memphis. ¿Qué es lo que tienes que decir acerca de eso?
—¿Quién es el padre de tu hija?
—¿Salvaste a Emmett Mccarty sabiendo cuanto valía?
—¿Estaba Paul Lahote girando para evitar tu coche cuando se estrelló contra el árbol?
—¿Es verdad que vas a demandar a Emmett Mccarty?
—¿Qué? —exploto, girándome para tratar de encontrar a quienes hicieron esas últimas preguntas—. ¡No, no y no! Dejen de agrandar las cosas.
El brazo de Mike me arropa alrededor del hombro protegiéndome y los empuja para llegar a su camioneta, acomodándome en el asiento del copiloto y cerrando la puerta. Ellos lo siguen, gritándole preguntas, específicamente, quien es y que es para mí, pero él los ignora, rodeando la camioneta y subiéndose, a centímetros de azotar su puerta contra los micrófonos.
—¿Si sabía cuánto valía? ¿Si causé el accidente? ¿Si lo voy a demandar? —grito y una nueva ola de lágrimas salen de mis ojos, bajando por mis mejillas—. ¿Qué clase de horribles personas son estas?
—Son idiotas, Bella.
—Lo sé, pero ¿la gente les cree?
La camioneta se sacude varias veces hasta detenerse mientras que Mike lucha por alejarse de los reporteros. —Puede que otros idiotas les crean.
Estoy tan exhausta que me toma un momento concentrarme.
—¿Escuché que uno dijo que James está con una estudiante?
Los labios de Mike se presionan.
—¿En serio? —¿Es tan estúpido para intentarlo de nuevo?
—No sé si es cierto o no. Uno de los chicos me habló anoche al respecto. Supongo que algunos aficionados de hockey reconocieron a su maestro de arte. Ha estado trabajando en una escuela privada durante cinco años sin que nadie supiera acerca de lo que pasó aquí.
—¿Se va a salir de nuevo con la suya si es cierto?
Mike se encoge de hombros. —Te diré si escucho algo.
Me hundo en mi asiento mientras salimos del estacionamiento de Diamonds. —¿Sabes qué? Ni siquiera quiero saber. Tengo suficientes problemas. —Mi estómago está revuelto—. No puedo dejar que inventen esta mierda. ¿Y si eso repercute en Brenna?
—Hasta que escuchen tu versión, se aferrarán a cualquier mierda de historia que puedan y la publicarán. —Me da una mirada y después se vuelve a la carretera principal. No tiene que decirlo.
Dales la maldita entrevista.
Me toma treinta minutos mirar el número de Emmett en mi teléfono para calmar mis nervios y llamarlo. Sostengo el teléfono junto a oído, aclarándome la garganta varias veces.
Contesta entre el tercero y cuarto bip con un grogui: —¿Sí?
Mis ojos van a mi reloj despertador y se ensanchan con pánico cuando veo los números brillantes. Son las siete y media de la mañana.
Mierda. Lo olvidé completamente. Estoy a punto de colgar cuando escucho: —¿Isabella?
Hago una mueca de dolor. —Sí, lo siento. Fui al trabajo hoy y fue un completo circo, luego vine a casa pensando en que podía llamarte. Olvidé que tan temprano es —divago—, te llamo después.
—No, está bien. De verdad. Solo dame un minuto.
—De acuerdo. —Contengo un suspiro y escucho a Emmett del otro lado, gimiendo y maldiciendo por lo bajo. Se escucha un frasco de pastillas. Debe dolerle mucho a primera hora de la mañana, habiendo perdido el efecto de la medicina toda la noche. Hago mi mejor esfuerzo para no imaginarlo acostado en la cama, pero fallo miserablemente y termino con un juego silencioso de: ¿Con qué duerme Emmett?, mientras asumo que está tomando su medicamento.
El juego hace que mis mejillas se sonrojen. He visto las imágenes que Jessica me ha enviado y tengo una imaginación muy activa, carente de lo verdadero por mucho tiempo.
Su suspiro amortiguado llena mis oídos, como si se estuviera acomodando en sus almohadas y un escalofrío me recorre la espalda.
—¿Cuántos monos estuvieron ahí bailando?
—¿Qué? —Frunzo el ceño, repitiendo sus palabras. ¿Alucina? ¿Qué clase de medicamentos está tomando?
—Dijiste que estuviste en un circo.
—No, quise decir que fui al trabajo y fue…
Su risa ronca corta mis palabras. —Lo siento, mal chiste.
—¡Oh! —Por fin le entiendo. En general respondo ingeniosamente con rapidez. ¿Por qué me hace poner tan nerviosa?
—Siento no haber respondido a tu último mensaje. Terminé durmiéndome. He estado en la neblina estos últimos días. Estas pastillas para el dolor son fuertes.
Trago un suspiro de alivio. —Entonces no me estabas ignorando. Solo estabas drogado.
—Básicamente. —Suspira—. Me hace más fácil ver a mi equipo perder.
—Lo siento. —Perdieron de nuevo anoche. Aprendí lo suficiente acerca de hockey para saber que una derrota más y los Flyers están fuera de la temporada.
—Así que supongo que había un montón de periodistas pidiendo el desayuno especial de la cafetería esta mañana.
Supongo que no quiere hablar de su equipo. —Y cada lugareño que no tenía en donde más estar.
—Los héroes atraen grandes multitudes. Sobre todo las bonitas.
—No soy… —Ruedo los ojos, pero también estoy luchando por no sonreír. Emmett Mccarty cree que soy bonita—. Por favor, no me llames así.
—¿Qué? ¿Bonita?
—No, heroína.
—Entonces, ¿puedo llamarte bonita?
—Sí, ¡quiero decir no!, quiero decir…
—Está bien. Es temprano. No debería de estar molestándote ya. —Puedo escuchar su sonrisa en su voz. ¿Siempre es tan coqueto? ¿O solo trata de hacerme sentir cómoda?
No hay tiempo para eso. —¿Podemos hacer esa entrevista de la que me hablaste? Algo simple, rápido y pequeño para quitármelos de encima.
—¿Cuándo?
—No lo sé. ¿Pronto? —Vago hacia mi habitación a ciegas, apenas dando un vistazo. Una cobertura espinosa divide mi patio trasero del que está detrás. Podríamos pensar que nadie puede atravesarlo, pero aun así podría jurar que vi el destello de una cámara más de una vez. Tal vez, solo estoy paranoica—. Me gustaría terminar con esto para no tener cientos de personas grabándome mientras sirvo papas fritas y lleno botellas de salsa de tomate en mi horrible uniforme.
—Lo entiendo. —El cansancio en su voz es evidente—. ¿Estás en casa?
—Sí, duré en Diamonds veinte segundos.
—Está bien, dame un par de horas. Arreglaré esto y lo haré lo más fácil posible. Lo prometo.
El hombre apenas sobrevivió a un accidente automovilístico hace menos de dos semanas. Tiene huesos rotos que lo dejaron en agonía. Acabo de despertarlo, y lo tengo arreglando una maldita entrevista, cuando debería estar acostado en la cama y viendo un maratón de Netflix, sin moverse. —Lamento estarte molestando con todo esto tan temprano. Solo…
—No te disculpes. —Hay una agudeza en su tono que me toma con la guardia baja, pero él sigue con un tono más suave—. Nunca te disculpes por nada de esto. Quiero ayudarte tanto como pueda.
Sonrío. Hay tal sinceridad en Emmett Mccarty que tengo que creer que es imposible que sea mentira. Además, hablar con él me hace sentir que todo saldrá bien.
Y cuando me llama heroína, me revuelve el estómago. ¿Me diría así si supiera que casi lo dejo? Titubeo. —¿Emmett?
—¿Sí?
—Necesito decirte algo.
—Dispara.
Abro la boca. No, por teléfono no. Esperaré hasta que lo vea de nuevo. —Gracias.
Se ríe entre dientes. —Sí, está bien. Te llamó después. Hazme un favor y no contestes llamadas de números que no reconozcas.
—No te preocupes. Ya he aprendido esa lección.
—Hablaré contigo pronto.
Termino la llamada y dejo que mi cuerpo se desplome sobre la cama, cerrando los ojos. Pronto. Las cosas volverán a la normalidad
pronto.
¿A quién quiero engañar?
Tengo el presentimiento de que nada volverá a la normalidad.
Debo haberme quedado dormida, porque me sorprende el timbre de mi teléfono. Tan pronto como veo el nombre de Emmett, contesto.
—¿Hola?
Su voz suave llena mis oídos e instantáneamente me hace sentir cálida. —Está todo listo.
—¿Qué? —Frunzo el ceño hacia el reloj. Son las ocho treinta y siete. Solo ha pasado una hora desde que hablamos.
—La entrevista. Está todo listo.
Me levanto. —¿En serio? ¿Ya? Está bien. —Paro, preguntándome cuál es la pregunta correcta siguiente—. ¿Cuándo? ¿Dónde?
—Entonces, así está la cosa. Sé que dijiste que querías algo muy simple.
Mi estómago se llena de ansiedad, revolviéndolo, en lo que espero la respuesta de Emmett.
—Pero Kate Wethers de The Weekly llamó a mi publicista esta mañana y…
—¿The Weekly? Eso… eso no es pequeño. No es simple. —Estoy moviendo la cabeza antes de que el firme "No" salga de mi boca. Eso es por mucho un programa de noticias. Sus reporteros publican noticas importantes, como guerras y noticias de corrupción en la política. Sue siempre lo tiene en la televisión del restaurante los viernes por la noche, hasta que los regulares comienzan a pedir noticas de deportes. ¿Por qué demonios querrían un reportaje de mí?
—Lo sé. Originalmente pensé en People o Us Weekly, porque esto es más de su estilo...
—¿People? ¿Us Weekly? —Mi cabeza sigue sacudiéndose. No, no, no. Pequeño y simple. Dije eso, ¿no?
—Está bien. Espera, Isabella. Solo escúchame antes de negarte. ¿Lo prometes?
Suspiro. —Bien. —Pero no importará, no me hará cambiar de opinión.
—Bien, Kate Wethers piensa que esto es una historia con un final feliz que el mundo necesita ahora mismo. Ella es lista, justa y odia el periodismo amarillista, que es lo que ve cuando revisa los medios de comunicación que rodean esta historia. Toda la mierda sobre el maestro de preparatoria…
—¡No puedo hablar de ello con ella, no en televisión nacional!
—¿Por qué no?
—Porque me retracté de la declaración.
—¿Estás diciendo que no pasó nada entre ustedes dos?
Dudo. No quiero mentirle. —No estoy diciendo eso —admito por fin.
—Simplemente no querías que vaya a prisión, ¿cierto?
—Sí.
—Eso pensé… —dice suavemente—. Y creo que deberías hablar sobre eso. Solo un poco. Lo suficiente para que los televidentes vean que un maestro de treinta años con muchos lazos en la comunidad manipuló a una chica de preparatoria de diecisiete años y después trató de cubrirse el culo. No estuvo bien lo que te pasó. Digo, ¡demonios! El periódico local lo hizo ver como la víctima.
Trago saliva. —¿Cuánto leíste?
—¿Honestamente? Todo. Cada artículo que pude encontrar en la red.
Cierro los ojos mientras la vergüenza se apodera de mí. —Era una persona diferente en esa época. No quiero que creas que soy… así. — ¿Cómo lo haré entender sin decir las palabras exactas?
—No me importa si te liaste con el equipo entero de fútbol, si te refieres a eso, Bella —dice sin rodeos—. No cambia lo que pienso de ti.
¿Qué exactamente piensa de mí?
—Kate quiere arreglar las cosas. Ella quiere que salgas de esta entrevista siendo capaz de sostener tu cabeza en alto, porque eso es lo que te mereces. ¿Estás conmigo?
—Sí, eso creo —digo reticentemente.
—Lo genial es que están instalados aquí en Filadelfia. El equipo puede estar en tu casa a las tres.
—Guau. Espera. ¿Hoy? ¿Aquí?
—Sí, quieren ir a tu casa a filmar. Le da a la historia completa un toque más personal, un toque humano. Además, estarás más cómoda en un ambiente familiar. Créeme. He hecho muchas entrevistas, por lo que te hablo desde mi experiencia. Además, les dije que no te gustaría dejar a tu hija. Así que si ustedes dos pudieran dedicarle unas horas…
—¿Hablas de Brenna y yo? No. No es posible que ella sea parte de esta entrevista.
—Pero ellos creen…
—No voy a exponer a mi hija. No la quiero en cámara, ni en una foto, ni siquiera que la nombren. De hecho, ella ni siquiera va a estar aquí. —No sé adónde irá porque esta tarde Mike tiene que estar en la corte—. Esto no es negociable.
Una larga pausa sigue después de mis palabras. —Tienes razón. Haré que Tanya se los comunique. Pero ¿estarías dispuesta a hacerlo de otra manera?
Salgo de mi habitación y voy hacia la sala principal para ver las cortinas desgastadas, el piso erosionado, las puertas de la alacena que no cierran bien. Esto es lo que quieren, mostrarle al mundo la vida de una madre soltera y mesera, que salvó la vida de su superhombre de la muerte, y si eso me quita de encima al resto del circo…
Pero... —Hay cosas de las que no hablaré.
—¿Cómo qué?
—La relación con mis padres, por ejemplo. Finalmente estamos en un punto en el que hablamos de nuevo, y no quiero arruinar eso con esta entrevista. Es la única familia que Brenna conoce.
—Está bien. ¿Algo más?
—El padre de Brenna. Esto está fuera de los límites.
Emmett duda. —Entonces, ¿él no está en su vida para nada?
—No.
—Entendido. Me aseguraré de que sepan esas dos cosas. Y estaré ahí todo el tiempo., también, solo para asegurarme. ¿Está eso bien?
—¡Por supuesto que sí! —Muy entusiasta, Bella—. Claro, digo, sí. Me alegra. Me refiero a que deberías ser parte de esto. —Estoy siendo incoherente de nuevo. Porque, mezclado con mi temor acerca de esta entrevista, hay emoción. Voy a ver a Emmett otra vez. Hoy.
—Bien. —Escucho la sonrisa en su voz—. Te veo esta tarde.
Colgamos y comienzo a inspeccionar mi casa, preguntándome si puedo hacerlo, y si puedo ponerme presentable a tiempo. Y averiguar qué voy hacer con Brenna.
Tal vez Garret pueda ser niñera de una niña de casi seis años.
Pobre Bella las cosas se le complican un poco más, como creen que saldra la entrevista?
Ahora bien, muchos me mandaron mensajes privados pidiendo una doble actualizacion, asi que decidí hacer una dinamica. Si este capitulo tiene mas de 4 rr, mi proxima actualizacion sera doble
