Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


BRIGHTER

Capítulo veintinueveAburrimiento

Caí de cara en mi cama, agotada.

Habíamos pasado, posiblemente, la mejor y más divertida semana del mundo, navegando hasta las Islas Vírgenes Británicas por el veintiséis cumpleaños de Edward. Al estar en el negocio, Marcus tenía muchas conexiones y amigos con barcos -veleros más grandes y elegantes que eran perfectos para pasar la noche. Había estado más que feliz de conseguirle uno a su amigo, ofreciéndose, no solo a proveer el navío, sino a capitanearlo.

Así que, dos días antes del cumpleaños de Edward, muy temprano por la mañana, zarpamos: Marcus y su esposa, Edward y yo, y... Jake y Jessica.

Jessica, cuyo billete de vuelta a casa había expirado hacía tiempo.

Ella no dejaba de decir "¡Maldición! ¡Si tú puedes hacerlo yo también!", como si yo fuera su inspiración para cambiar su vida o algo. A lo mejor lo era, solo Dios sabía, pero al final se reducía a que tenía otra compañera de piso. Me encantaba tenerla cerca. Lo amaba. Me recordaba a los viejos tiempos.

En cualquier caso, el tiempo se portó bien durante nuestro viaje y, a pesar de que el sábado, el día del cumpleaños, estuvo nublado, no llegó a llover. Había estado nerviosa por estar en un barco durante tanto tiempo, temiendo que fuera a marearme o algo, pero no lo hice. El aire fresco y el mar en calma quitaba el aliento. Incluso vimos delfines nadando junto al barco un par de veces.

Y, como si no fuera todo lo suficientemente mágico, el sexo en un lujoso camarote... digamos que todo tenía que ver con la emoción del océano.

Me alegraba de haber podido hacer algo especial por el cumpleaños de Edward. Le regalé un par de camisas de botones para el trabajo y una nueva cartera para reemplazar la vieja, que se le estaba cayendo a cachos. A él le gustaba decir que no necesitaba nada, y a lo mejor era cierto, pero me gustaba hacer regalos.

En general, había sido increíble. Esperaba que pudiéramos volver algún día. Tenía millones de fotos, tantas que había usado mi cámara en lugar del teléfono para capturarlo todo.

―¡Bella! Voy a poner una lavadora. ¿Quieres que eche tu ropa? ―gritó Jess desde el otro lado de la casa.

―Vale ―contesté, tentada a irme a dormir en lugar de ducharme. Pero me sentía asquerosa. Había habido duchas en el barco, obviamente, pero no era lo mismo. Y ese día habíamos estado demasiado ocupados yendo a casa como para molestarnos en bañarnos.

Gimiendo, me alejé de la llamada de sirena de mis sábanas y fui al baño.

Jessica se unió a mí allí un par de minutos después.

―Estoy agotada ―dijo, suspirando―. Te juro que me duele todo.

―A mí también ―dije, cogiendo mi maquinilla de depilar.

―Jake dice que antes navegaban mucho. Ahora, entre el trabajo y demás, es complicado.

―Me lo imagino.

―Necesito un trabajo, Bella.

Miré la pierna que estaba afeitando con los ojos entrecerrados.

―¿Cuánto tiempo piensas quedarte, Jess?

Ella abrió la cortina de la ducha.

―No lo sé. Para siempre.

―¿Estás segura?

―¿Por qué te parece tan raro? Tú lo has hecho ―rebatió con tono acusatorio―. ¿Quién te cuestionó a ti?

―Casi todo el mundo.

Eso la desinfló.

―Oh. Bueno. Yo solo... no sé. Esto me gusta. Mi vida en casa estaba estancada, Bell, venga. Tenía un trabajo de mierda y un novio de mierda y solo... mucha mierda.

Reí, sacudiendo la cabeza.

―Chica, me estaba ahogando en el aburrimiento. Lo sabes. ¡Vivía con mis padres, por el amor de Dios!

Aquello era cierto; había vuelto a vivir con ellos al acabar la universidad. Aclaré la maquinilla y empecé con la otra pierna.

―Lo sé. Y me encantaría que te quedases tanto tiempo como quieras. Simplemente quiero que te quedes por una buena razón, ¿sabes?

―¿Cómo cual?

―Como... no por Jake.

―¿Qué tiene Jake de malo?

―Nada. Pero... temo que vuelvan a hacerte daño y estamos muy lejos de casa.

―Pareces mi madre.

Me enderecé, aclarándome el jabón mientras la miraba.

―¿Le has dicho que te quedas?

―Sigo aquí, ¿no?

―Sí.

―Pues eso.

Cerré los ojos mientras me echaba acondicionador en el pelo. Lo tenía hecho un desastre de nudos después de una semana en el mar.

―Me alegro de que estés aquí, Jess. Te ayudaré a encontrar un trabajo. Será divertido.

―¿De verdad?

―¡Sí, de verdad! ―Era cierto. Tener una amiga de casa de forma permanente era algo que me tenía entusiasmada―. Te quiero... y quiero que seas feliz. Si quedarte en St. Croix te hace feliz, entonces adelante.

―Vale ―dijo con un resoplido de diversión―. Date prisa ahí dentro. Yo también tengo que ducharme.

―Oye, ¿qué piensa Jake sobre que te quedes? ¿Está entusiasmado?

―Sí... lo está de verdad. ―Suspiró de forma soñadora―. Le quiero.

Cerré el grifo y me escurrí el pelo.

―¿Qué?

―Le quiero. Quiero tener cinco bonitos bebés suyos. Serán adorables y mestizos y...

―Por favor, dime que sigues tomando anticonceptivos.

―Lo hago. ―Me miró mal―. Solo lo digo.

Nos miramos durante un minuto. Al final, me encogí de hombros y luego bajé la cabeza para envolverme el pelo en una toalla.

―Es tu vida. Avísame cuando sea la fiesta del bebé.

―Oh, cállate.

* . *

―Él dice que la quiere ―dijo Edward, encogiéndose de hombros mientras se metía otro cacahuete en la boca.

―Oh Dios mío, y yo que creí que nosotros íbamos rápido.

―Nosotros no fuimos tan rápido ―dijo él, frunciendo el ceño―. En realidad no.

―No demasiado rápido, pero rápido igualmente ―dije―. Y, ya sabes, la gente podría haber dicho lo mismo sobre nosotros y nuestra relación, así que seguramente debería cerrar la boca. Si están felizmente enamorados, entonces eso es genial.

―Eres una mentirosa de mierda ―dijo, riendo y dándome un cacahuete.

―No lo soy ―dije con una risita―. Hablo en serio...

―Mhm.

―Mira. Conozco a Jessica y ella siempre ha sido impetuosa. Y apasionada. Es una de las razones por las que las cosas con Cayo se le fueron de las manos.

―Pero Jacob no es Cayo.

―Lo sé. ―Asentí―. No lo es, de verdad. Supongo que... simplemente estoy acostumbrada a que se comporte como un perrito, pero ha sido muy dulce con Jess.

Edward sonrió.

―Para que conste, parece que está muy pillado. La verdad es que no puedo recordar la última vez que alguien le gustó tanto. A lo mejor son buenos el uno para el otro.

―Es muy raro. Sabíamos que conectarían ―dije.

Y era cierto -desde el comienzo, la química entre ellos había estado por las nubes. Pero solo había sido sexo, todo el tiempo. Me estremecí al pensarlo -el ruido, los gemidos... Señor. Si Edward no me hubiera pedido que me mudase con él aquella noche, le habría suplicado hacerlo solo para escapar de los tortolitos. No les culpaba por no querer ir a casa de Jake, teniendo en cuenta que vivía con sus dos hermanos, pero aún así.

―Y ahora solo se conectan.

Rodé los ojos.

―Sabía que ibas a decir algo así.

―Bella, tu pedido está listo ―gritó Emmett, pulsando la campanita.

Le lancé un beso a Edward y dejé mi sitio junto a la barra, acercándome a la pequeña ventana que separaba la cocina del resto del Pub. Era un día lento, pero no me importaba. Y tampoco a Edward. Ya habían pasado un par de días, pero todavía nos estábamos recuperando de nuestro viaje en barco.

Trabajé con calma hasta la noche, sin ocuparme de más de una o dos mesas al mismo tiempo, y hablando con Edward y Emmett entre medias. Jessica y Jacob aparecieron cerca de la hora del cierre, tomando una mesa al fondo, donde jugaron al dominó y bebieron cerveza hasta que fue hora de marcharse. Ella estaba ya toda bronceada y su pelo tenía mechas naturales de estar al sol. No pude evitar observarles, notando lo dulce y afectivo que era Jake con ella, su profunda risa junto a las risitas de ella. Era divertido, como ver a un lobo con un gatito. A lo mejor si que eran la pareja perfecta -los polos opuestos se atraen y todo eso.

* . *

―Así que... estoy pensando que a lo mejor Jess podría quedarse con mi alquiler. De forma no oficial. De todas formas, Jake prácticamente vive allí con ella. Puede que debamos dejárselo.

Edward mordisqueó pensativo la parte superior de su bolígrafo.

―¿Estás segura?

―Edward, ¿cuándo fue la última vez que pasé la noche en mi cama?

―Cuando volvimos de navegar.

―Sí. Hace casi tres semanas.

―De todas formas, tu contrato casi ha acabado.

―Exacto.

―Midnight estaría feliz.

El cachorro movió la cola y se removió al escuchar su nombre.

Sonreí, rascándole detrás de las orejas. Era tan pequeño y mono, y todavía me cabía en el regazo. Sabía que eso no duraría mucho, así que estaba empeñada en aprovecharlo mientras pudiera.

―¿Tú estarías feliz? ―pregunté, arqueando una ceja.

―Sabes que sí.

―Solo quiero asegurarme, antes de subir todas mis cosas por la colina.

―¿No te pedí hace meses que vinieras? ―Se apartó de su escritorio y puso las manos sobre su abdomen mientras me miraba, con los ojos oscuros e intensos.

Midnight saltó de mi regazo y se escabulló, seguramente tras una lagartija o algo. El mundo era su parque de juegos y él siempre estaba persiguiendo algo.

Frotándome para sacudirme la hierba, me levanté y fui hasta Edward, sentándome sobre su regazo de manera que estuviera frente a él, con las piernas colgando. Él me agarró los muslos, sujetándome para que no me cayera mientras yo unía mis dedos tras su cuello e inclinaba la cabeza para besarle.

Nos quedamos así, besándonos y tocándonos, hasta que intenté acercarme más aún -momento en que la silla, que tenía ruedas, se movió abruptamente. Me balanceé, casi cayéndome hacia atrás si no hubiese sido por los brazos de Edward. La risa le hizo temblar mientras yo me bajaba, con el corazón latiéndome con fuerza por mi casi caída.

―No te rías ―grité, dándole un golpecito en el brazo―. Eso podría haber dolido mucho. ―Pero yo también reí un poco, sonrojándome.

―Podría, pero no lo ha hecho porque te estaba sujetando.

Tiré de él para que se levantase y le rodeé con los brazos.

―Siempre te he sujetado, Bella.

―Oh. Siempre sabes qué decir, ¿no?

Le sentí encogerse de hombros, con la nariz en mi pelo.

―Y, de todas formas... yo siempre te he sujetado a ti ―contesté suavemente, frotando la cara contra su pecho, adorando su olor.

―Siempre. ―Sus manos se deslizaron en mis bolsillos traseros, apretándome las nalgas a través del tejido, presionándome contra él―. Así que, ¿vamos a hacerlo?

―¿La mudanza?

―Sí. No tienes muchas cosas... le dejarás los muebles a Jessica, ¿no?

―Debería. Es lo que más sentido tiene.

―Así que...

―Puedo empezar a llevar cosas mañana antes del trabajo ―dije, mordiéndome el labio―. Si te parece bien.

―Por supuesto que me parece bien, cariño. La verdad es que yo solo... he estado esperando por ti.

Me permití a mí misma sentirme entusiasmada por saber que realmente iba a vivir allí, en esa bonita casa con Edward. De forma oficial. Sabía en lo más profundo -y, probablemente, no tan profundo-, que aquello podía ser el comienzo del "para siempre" con él. Recordé a mi madre diciéndome años atrás, después de que me rompieran el corazón, que, cuando encontrase al chico adecuado, todo caería en su lugar como las piezas de un rompecabezas. Aunque entonces me había sonado a tópico, en ese momento tenía que admitir que me parecía cierto.


¡Hola!

Han sido un par de semanas un poco complicadas y no he tenido mucho ánimo. Pero aquí tenéis un nuevo capítulo.

Espero que os haya gustado. Las cosas se están poniendo serias de verdad.

Subiré otro capítulo mañana o el martes. Hasta entonces, estoy deseando leer vuestras opiniones.

-Bells :)