Casa de Edward y Bella — Forks — Viernes 6 de noviembre de 2009 — 02:35 PM
— Mamá… perderás el avión —repitió Bella por decima vez la última media hora.
— Solo me estoy despidiendo de mis nietas como es debido —protestó Renée sosteniendo a cada niña en un brazo.
Bella río entre dientes mientras veía como Emma hacía un puchero mientras su abuela no dejaba de besar su nariz.
— Ella es feliz así cariño… —susurró Edward en su oído.
— Pero perderá el avión —protestó Bella una vez más.
— ¿Tantas ganas tienes de que me vaya? —dijo Renée dejando a las niñas en sus cunitas y acariciando sus mejillas— si es así dímelo y ya está.
— Mamá —gimió Bella— no es eso, pero perderás el avión y después tendré que soportarte lloriqueando porque echas de menos a Phil.
"Phil" pareció ser la palabra mágica, los ojos de Renée se abrieron como platos y sus labios formaron una perfecta O.
— Tienes razón hija —dijo saliendo del cuarto de las niñas, no sin antes dedicarles un último vistazo a sus adoradas nietas— volveré en navidades… eso es pronto. Aunque podíais hacer un viaje hasta Jacksonville los cuatro —dijo mientras sus ojos brillaban.
— Cuando las niñas sean un poco más grandes… ahora son solo unas bebés de días —dijo Edward sonriendo ante la mención de hacer planes de futuro con su "familia".
Veinte minutos después Charlie esperaba a Renée en la puerta de la casa con su patrulla, para llevarla a Port Ángeles a coger una avioneta que la llevaría hasta Seattle donde cogería un avión. Era un viaje tedioso, pero Renée llevaba fuerzas renovadas al pensar que en Jacksonville la esperaba su marido Phil.
Bella abrazó a Edward mientras veía como la patrulla de su padre desaparecía calle abajo. Suspiró y besó el pecho de Edward sobre la ropa. Él la estrechó con más fuerza entre sus brazos y la besó en la cabeza. Era en esos momentos cuando Bella se sentía bien, en casa…
Pero pudieron disfrutar muy poco de su "intimidad" enseguida Emmett y Rosalie aparecieron montados en el gran jeep del hermano mayor de Edward. Se bajaron y Emmett con su característico humor, se echó a Bella sobre su hombro y caminó hacia el jeep sin decir palabra.
— ¿A dónde te la llevas? —preguntó Edward casi desesperado.
— Bella y yo tenemos un asunto pendiente…—gritó Emmett— no tardaremos mucho. Rosie, ayuda a Eddie a cuidar de mis preciosas sobrinas.
Rosalie negó con la cabeza y Edward apretó los puños con fuerza.
— Es Emmett… sabes que a Bella no le pasará nada —lo tranquilizó Rosalie palmeando su hombro— vamos… quiero ver a mis princesitas —canturreó feliz.
— ¿Tus? —preguntó Edward enarcando una ceja— son MIS princesas… confórmate con decir que son TUS sobrinas…
Rosalie bufó y volvió a negar con la cabeza… los hermanos Cullen debían de tener alguna neurona desconectada, no era normal tanta estupidez en un solo cuerpo.
— ¿A dónde me llevas Emm? —preguntó Bella de brazos cruzados mirando a Emmett de reojo sentada en el asiento del copiloto del enorme jeep de su amigo.
— ¿Recuerdas nuestro trato? —preguntó el sonriendo.
Bella negó con la cabeza.
— Cuando tú querías tus oreos… yo hice un trato contigo —explicó Emmett.
— Sí... ahora lo recuerdo —dijo Bella— pero no fue un trato, fue una trampa, ¿y qué tiene que ver con esto?
— Ahora lo verás —dijo Emmett con una sonrisa malévola mientras aparcaba el coche al otro lado de la calle enfrente la casa de los Stanley.
— ¿Qué hacemos en casa de Jessica? —preguntó Bella confundida.
— Ahora lo verás —susurró Emmett sacando bajo el asiento de su coche el rollo de cinta policial que le había entregado Bella semanas atrás— llevo unos días investigando a los Stanley, a esta hora se quedan solos en casa hasta que Jessica vuelve del trabajo, lo que nos deja diez minutos para actuar —dijo Emmett susurrando.
— No entiendo nada —dijo Bella también susurrando— ¿Qué diablos piensas hacer y porque demonios hablamos tan bajo?
— ¡Así es más divertido! —exclamó Emmett haciendo un gracioso puchero.
Bella rodó los ojos y suspiró.
— Espérame aquí —dijo Emmett bajando del coche y caminando hasta la casa de los Stanley.
Se paró frene al portón principal y se quedo mirando a la casa atentamente, comprobando que los padres de Jessica estuviesen dentro, cuando lo confirmó sonrió con picardía y se giró hacia el coche donde estaba Bella. Levantó su dedo pulgar y después hizo algo así como el baile de la victoria, lo hizo que Bella estallase en carcajadas.
Después sin perder ni un minuto más, y tras comprobar que no había nadie en la calle, Emmett ató un extremo de la cinta a la valla de la casa de los Stanley y la fue desenrollándolo a lo largo de esta. "Prohibido pasar, Escena del crimen" podía leerse en la cinta. Cuando hubo terminado su trabajo, Emmett dio unos pasos atrás y admiró su obra sonriendo con satisfacción.
Corrió hacia el coche y se metió en él poniéndolo en marcha al instante, lo aparcó unos metros más abajo y luego miró a Bella.
— ¿Nunca te han dicho lo bien que sienta la venganza? —le preguntó con un brillo de picardía en sus ojos azules.
Bella lo miró asustada.
— ¿Por qué has hecho eso? —preguntó en un murmullo— ¿qué pretendes?
— Ahora lo verás —Emmett alzó la cejas y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.
Bajó del coche y lo rodeó hasta llegar a la puerta de Bella, abrió de un tirón y se echó de nuevo a Bella sobre él hombro y corrió hacia la casa de los Stanley de nuevo.
— Escóndete —susurró Emmett colocando a Bella en el suelo y señalando unos matorrales.
— ¿Estás loco? —preguntó Bella asustada.
— Si no entras tú ahí te meteré yo… no quiero que Jessica nos descubra —dijo Emmett serio.
Bella suspiró y se escondió tras los matorrales que Emmett le había dicho, él se colocó a su lado y comenzó a moverse intranquilo. Desde allí tenía una primera vista de la casa y todo lo que podría suceder en ella.
— No sé porque me has metido en tus locuras —dijo Bella en un susurro.
— Porque me quieres… venga Bella… diviértete un poco —codeó su brazo.
— Tengo dos hijas Emmett, tengo que mostrar un poco de madurez, y hacerle bromas pesadas a Jessica Stanley por mucho que la odie, no es maduro —se quejó Bella.
— La madurez es para los viejos, tú y yo somos jóvenes y tenemos derecho a divertirnos, y no te preocupes por las enanas, estará bien —intentó tranquilizarla.
Bella suspiró y fijó la vista en el sedan azul que estaba llegando en ese momento. De él se bajó Jessica que caminaba tranquilamente hasta que se topó con la cinta que prohibía el paso a su casa.
— ¡Oh Dios míos! —gritó Jessica dejando caer todo lo que llevaba en sus manos— ¡Mamá! ¡Papá! —gritó de nuevo rompiendo la cinta y entrando a toda velocidad en su casa.
Emmett al lado de Bella no podía contener la risa, y Bella lo empujó mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios.
— ¡Eso ha sido cruel! —se quejó ella— pobre… casi le da un ataque al corazón por tu culpa.
Emmett se reía con tanta fuerza que perdió el equilibrio y se cayó al suelo, manchándose completamente de barro.
— Eres tan niño —dijo Bella sonriendo y negando con la cabeza.
— ¿Y lo feliz que soy? —preguntó Emmett mirándola repentinamente serio— puedo mostrarme maduro y serio, sabes que lo soy. Pero eso me hace ser uno más del rebajo de ovejunos que son todos… si sigo mis impulsos y no pienso en las consecuencias de lo que hago y lo que digo soy más feliz.
— Esa es una buena filosofía —susurró Bella.
— Anda… ayúdame a levantarme —dijo extendiendo su mano hacia Bella.
— ¿Cómo voy ayudarte si pesas tres veces más que yo? —pregunto ella divertida.
— Tú solo ayúdame y calla —la instó.
Bella accedió y sujetó su mano, pero cuando tiró de ella para que Emmett se incorporara, él tiró más fuerte y ella cayó al barro a su lado manchándose tanto o más que él. Ambos estallaron en carcajadas mientras se abrazaban… esas eran las cosas que necesitaba Bella para sanar, sentirse a gusto con su familia, disfrutar de momento únicos e irrepetibles. Y todo eso con una sonrisa en su rostro y esperando que el futuro siempre fuese mejor, o como todo mal, igual de lo que era ahora su presente.
