Capitulo 26
-Madre, yo no voy a regresar con mi esposo jamás.
-Hija, podemos hablar en privado, mirando con desdén a Candy.
Candy, solo acento con la cabeza, _estaré en la cocina pidiendo el almuerzo, por si se te ofrece algo Eliza.
-Eliza, bajo hasta la estancia buscando la sala. _Madre de verdad no te compadeces de mí, digo mírame, mira los golpes que tengo, que acaso no te da tantita pena por mí.
-Bueno Eliza, eso tú te lo has buscado, si fueras más condescendiente con tu marido él, no hubiera tenido que llegar a los golpes, tú también debes poner de tu parte en el matrimonio.
-Es inaudito, lo que me estás diciendo en verdad, soy tu hija y tu solo te preocupas porque según tu yo no me estoy comportando, que esperas que me maten.
-Ernesto, me dijo que tu no quieres ser buena con él, que es la razón por la que se puso violento, pero que no volverá a pasar, que regreses que te estará esperando con los brazos abiertos.
-Lo siento madre, pero no pienso, ni quiero regresar con él, así que puedes regresar por donde viniste porque no voy a irme de aquí.
-Crees que te van apoyar, crees que los Andlay se harán cargo de ti, piensa Eliza, tu deber es para con tu esposo, sabes lo que pasaría si no regresas con él, estaríamos a su merced, estamos prácticamente en la ruina.
-Sabes madre, si el no fuera tan vulgar y violento lo pensaría, pero desde que estoy con el no hace más que maltratarme, me violo en mi noche de bodas y lo siguió haciendo desde que nos casamos, solo quiere vengarse de esta familia y se desahoga conmigo, no madre esto es un infierno, no pienso regresar con él.
Entonces atente a las consecuencias, realmente intente parar todo esto, pero si así lo quieres, está bien, Sara solo se abalanzo hacia Eliza y la tomo del brazo.
-No, madre que haces, suéltame.
-Vendrás conmigo, aunque no quieras.
Los gritos se escucharon hasta la cocina, así que Candy, salió corriendo para saber que pasaba, ya que tanto su esposo como su tía, habían salido.
-Que pasa Eliza.
-No madre, suéltame…
Candy, se interpuso en el camino, _dijo que no se va, ya suéltela, empujando a Sara.
Sara, con una rabieta endemoniada, solo le dijo_ hazte a un lado huérfana maldita, tú no te metas.
Pero Candy, esta vez no se iba a dejar, solo agarro el atizador de la chimenea y la levanto. Dije que la sueltes o te doy con esto, usted decide.
- Vaya la gata se armó de valor.
-Sabe, muchas veces me aguante en no contestarle, usted siempre se ensaño conmigo porque yo era una niña, después por querer ser una dama nunca lo hice, pero ya no, usted decide salir de esta casa por la buena o por la mala, así que dígame cuál de las dos prefiere.
A Sara, no le quedo de otra que, con todo su orgullo, salir de esa casa sin su hija, como pretendía en un principio, sabía que si no pudo llevársela en ese momento ya no tendría más oportunidad. Solo las miro a las dos y dijo_ Eliza, sabes que te debes a tu esposo y el vendrá por ti, aunque no quieras.
Eliza, se contuvo ante aquella amenaza, en verdad que estaba muy alterada, una vez que su madre se fue solo comenzó a llorar sin parar.
Candy, se acercó a ella para consolarla, _ya tranquila que no vamos a dejar que te pase nada.
Ya más tranquila Eliza, es que no sé porque mi madre no le importa nada más que las apariencias, solo piensa en el que dirán, pero en lo que yo estoy pasando, en mi sufrimiento, en eso no piensa, me duele muchísimo que sea así.
-Vamos cálmate, pediré un té, para las dos, creo que lo necesitamos tu madre es muy imponente, no sé, de donde saque fuerzas para encararla.
-Eliza, sonrió, creo que ni ella misma pensó que tu serias muy valiente de enfrentarla, gracias Candy, no merezco que seas así conmigo.
-Ya te dije que yo ya olvide todo, en verdad hay mejores cosas en que ocuparnos, por ejemplo, platicarte lo que han decidido.
-Decidido.
-Sí, mi tía y Albert, mira en Londres hay un pueblito muy pintoresco y agradable creo que te gustara, también hay unos vecinos que no creo que vayas a tener problemas con ellos, espero no te incomode, que decidan por ti, ya que Ernesto, por lo que se, es muy peligroso.
-Sí, lo sé, no, no me molesta al contrario sé que lo que hagan es para bien mío.
-Sí, bueno es cerca de Londres, si logran encontrar a alguien que te haga unos papeles falsos, bueno podrás llevar una vida normal.
Eliza, estaba en la ventana, viendo el crepitar de las hojas a causa de la lluvia que estaba cayendo, hacia un poco de frió, por el viento, pero sus pensamientos se fueron muy lejos de ahí, pero no tanto para preguntar _Candy, ¿qué se siente que te amen?.
-Perdón, no entiendo tu pregunta.
-Los vi sabes, ese día cerca de la cascada.
-Tu, tu, nos vistes, Candy, con una cara de vergüenza.
-Sí, pero no me quede mucho, solo lo suficiente para ver cómo te amaban con dulzura y pasión, por eso te vuelvo a preguntar ¿qué se siente que te amen?
Candy, con toda la vergüenza del mundo, aun así, le contesto_ no te voy a mentir, pero es maravilloso, es lo más hermoso que puede haber en la vida, que tu pareja te amé, sé que tú no has podido tener eso, pero sé que tú vas a reconstruir tu vida y encontraras a la persona que te amara, como mi Albert, me ama a mí.
Eliza, yo no supe lo que era que te amen así, supongo que es un castigo por ser tan mala, cuando me casé con Ernesto, me dije serás feliz, como no serlo, digo no es muy mayor y además es rico, me llenaba de regalos, ocultando sus más negras intenciones, solo no quise ver, cosas que no estaban bien.
Como supo el dónde estábamos, como él podría llegar a mí, si no sabía de nosotros, estuvimos muy lejos por mucho tiempo, además yo nunca lo conocí, como para no darme cuenta que como fue que se enamoró de mí, por mi estatus, si estábamos casi en la ruina, si no fuera por la ayuda económica de la familia Andlay, fuéramos solo unos granjeros.
Eliza, comenzó a llorar, sabes que me violo en mi noche de bodas, ni siquiera tuvo consideración, que yo era doncella, solo fue y me moto como si fuera un animal, después me golpeo, así fue durante semanas, nunca fue amable, ni dulce, sino al contrario toda la furia que tenía en contra los Andlay los desfogo en mí.
-Lo lamento mucho Eliza, en verdad, él es un hombre muy malo, sabes yo perdí un bebe, por su causa, Albert y yo peleamos ya que Ernesto, le hizo creer que él y yo teníamos algo, me subí al caballo, este me tumbo, no sabía que estaba embarazada, pero hizo todo para que tanto mi Albert, como yo no estuviéramos bien, de hecho, con quien se ha ensañado muchísimo fue con Albert.
-Pero después de esto, debes salir adelante, deberás olvidar y reanudar una nueva vida, lejos de todo lo malo que te ha pasado, deberás sanar tu corazón, te voy a mandar con una amiga, que vive en Londres, sé que ella te va ayudar a sanar esa alma, ya verás que volverás a sonreír.
Eliza, solo suspiro, _no sé qué me deparar el destino, pero estoy decidida a comenzar de nuevo.
Albert y la tía, regresaban después de un día, ya con los papeles listos y con la aceptación de Jeans, para que Eliza, se quedara con ellos hasta que partieran a Inglaterra, solo quedaba trasladarla, pero sabían que Ernesto, la tenía vigilado, así que tenían que ser muy hábiles para hacerlo.
En la mañana siguiente Candy, recibía una visita inusual.
-Señora, que gusto verla.
-Cecil, mírate que radiante y bonita estas, pero que haces aquí.
-Bueno, Frederick, salió con el señor Jeans, así que me dejo que viniera a verla, espero que no le moleste.
-Claro que no, me da muchísimo gusto, pero dime Candy, ya no eres parte de la servidumbre.
-¡Oh no!, eso nunca, no puedo, así que lo siento mucho, para mí siempre será la señora.
-Cecil, pero tú eres más que mi doncella y lo sabes, pero bueno está bien, dime como te va en el matrimonio, Frederick, es cariñoso.
Cecil, se ponía de colores, que no podía ni contestar.
-Como, Frederick te ha cambiado, nunca pensé que te quedarías callada.
-No, no es eso, es que de solo recordarlo me pongo muy roja, jijijiiij.
-Vaya ya pensaba en preocuparme, pero dime, te trata bien.
-Sí, es muy, muy, muy cariñoso demasiado diría yo y también nos encerramos en el cuarto por días.
-Cecil, hasta ahí está bien, no necesito saber más.
-Usted pregunto, hay, pero lo quiero tanto, solo que igual que ustedes me dan celos hasta de que lo miren y es que es tan guapo, que las señoritas cuando lo ven, solo no le quitan la mirada, eso hace que yo, yo…
-Vamos Cecil, no llores, él es tu esposo ahora, si él hubiera querido una señorita de esas, la hubiera tenido, pero te eligió a ti, no sabes lo contento que se puso cuando le dije que, si querías ser cortejada por él, además ya te dije eres muy bonita no debes sentirte menos.
Te vas a aquedar conmigo.
-¡Oh no!, me iré en la tarde, no quiere que me quede lejos de casa.
-Huyyyy eso si es amor.
En eso entro Eliza a la sala.
Candy, hizo las presentaciones Eliza, ella es Cecil, una gran amiga, Cecil, ella es la sobrina de mi esposo.
-Hola contesto Cecil.
Al igual que Eliza, en eso a Candy, se le vino una gran idea, Cecil, me podrías prestar tu ropa y tu sombrero, a qué hora dijiste que venía el carruaje por ti.
-Por la tarde señora, como a las cinco.
-Bien, préstame tu ropa y tu Eliza te la pondrás, viajaras como si fueras Cecil.
Albert, venia entrando a la sala, cuando vio a las mujeres ahí platicando, _hola Cecil, no esperábamos tu visita, debo confesar que te extrañamos.
-Sí, lo se señor, pero dijera la señora ahora me debo a mi marido.
-Quien lo iba a decir, tu tan obediente.
-Bueno señor, tenía que cambiar y dejar de ser tan descocada.
-Bien por ti.
Amor, tengo una gran idea, mira ahora que llego Cecil, su carruaje vendrá a las cinco y podría ponerse su ropa e irse como si fuera Cecil, después tu puedes llevar a Cecil en el coche, más tarde.
-Bueno no lo había pensado, ya veo que eres una experta escabulléndose.
-No me enorgullece, pero lo hice por varios años, así que si créeme que funcionara.
Así, lo hicieron Eliza, se puso la ropa de Cecil cubriendo su cabello con un sombrero, así que pasaron desapercibidos a los ojos vigilante de la gente de Ernesto.
En el carro iban Albert y la tía Elroy, para llegar a la villa de Jean, todos por separado para que no supieran quien era quien.
-Pero la realidad era otra, Ernesto no le preocupaba buscarla, después haría eso, cuando la necesitara, lo que sí, era que quería su pequeña venganza y la quería ya, en cuanto le informaron que Candy, se quedara sola en la Villa.
Cecil, fue llevada a su casa, unas horas después, en la noche para que no se dieran cuenta a quien llevaban.
En la villa de Jean, se quedarían la tía con Eliza, hasta poder partir, pero unos ojos vigilantes supieron de inmediato que Candy, se había quedado sola con su hijo en la villa, aunque estaban con los hombres que Albert, la estaban vigilando, Ernesto junto con sus hombres llegaron y los sometieron.
Entrando a la Villa, sometiendo a las empleadas, Candy, escucho mucho ruido se asomó para ver y solo tranco el cuarto por dentro, en lo que pensaba que hacer, solo se abrió la ventana, donde puso en una cesta a Anthony, para bajarlo por la ventana con sumo cuidado, en lo que ella, bajaba después, en cuanto ella también hacia lo mismo, solo rogaba para que Anthony, no despertara y comenzara a llorar.
Candy, en cuanto bajo tomo la cesta y salió corriendo hacia el bosque, pero fue interceptada por uno de los hombres de Ernesto, regresándola a la villa.
-Pero mira nada más, la princesa está aquí, regreso, sabes siempre quise tenerte así, conmigo a solas, vamos llévense eso, a la cocina y déjenme con ella.
Candy, estaba muy asustada, aun así, pregunto_ qué quiere de nosotros.
-No, no, no tu calladita te ves muy bonita, sabes siempre soñé con hacerte el amor, no sabes cómo te deseo, acariciando su rostro.
Candy, de inmediato le quito la mano de su cara. -No me toque…
Ernesto, solo la tomo de la cara y apretó su rostro sin más y acerco su boca a la de Candy, para besarla.
Candy, se resistió al beso lo más que pudo, pero Ernesto la obligo abrir la boca, en cuanto sintió su lengua, Candy, mordió su labio, Ernesto al sentir esto le propino una cachetada a Candy, tú vas hacer mía, aunque no quieras.
Albert, ya iba de regreso, sentía un nudo en el estómago, Jeans lo invito a cenar, pero algo en su interior le decía que debía regresar de inmediato.
-Vamos hermano quédate a cenar con nosotros, tenemos mucho que platicar.
-No, deje sola a Candy, mejor regreso, solo traje a mi tía, para que acompañe a mi sobrina.
-Sabes que estarán en buenas manos.
-Sí, lo sé por eso te las confió, despidiéndose de Eliza y su tía, regresando a su villa.
Albert, iba de regreso en su auto, cuando una llanta se ponchó, se bajó para ver qué pasaba, solo se orilló, al ver la llanta destruida, decidió caminar por el bosque, lo conocía muy bien, así que no se perdería, solo decidió entrar, sabía que sus hombres podrían confundirlo, así que se fue adentrando con sumo cuidado, observando que algo no estaba bien, ninguno de sus hombres estaba vigilando, así que se acercó lo más rápido que pudo.
Tomo un pedazo de madera ya que no llevaba nada para poder defenderse, entre sigiloso, solo podía ver por la luna que estaba resplandeciente, cuando llego, hasta la villa, vio que uno de los hombres de Ernesto, estaba cuidando la entrada y un grito desgarrador desde dentro de la casa, lo altero, inmediatamente noto de quien se trataba ¡Candy!
Se acercó con sumo cuidado que no lo vieran, con el pedazo de madera con toda su fuerza le dio a uno de ellos en la cabeza, desmayándolo de inmediato, entrando por la cocina, ahí vio a otro de los hombres amagando a una de las sirvientas de la casa, los otros sirvientes los habían amarrado en el cobertizo, como no se percataron de su presencia, le dio igual un golpe en la cabeza.
En cuanto cayo, la sirvienta se puso a llorar, Albert, con una seña le dijo que no hiciera ruido, que buscara algún arma para que se pudiera defender, cuando entro a la casa, subió por las escaleras.
Candy, se luchaba con Ernesto, este trataba de arrancarle la ropa, pero en el forcejeo, Ernesto la tomo de la cintura.
-Te digo que te estés quieta, nadie vendrá ayudarte, si no lo haces voy a ir por tu hijo, en este instante y lo arrojare por la ventana, así que entrégate a mí por las buenas, Candy, le metió un codazo y con uno de los candelabros, lo puso en su mano, como arma para defenderse.
-No, me vas a tocar, me escuchaste, primero tendrás que matarme antes de que puedas tocar a mi hijo.
-Vaya, así que eres muy apasionada, si, así como me gustan, anda ven acá, me va gustar mucho domarte, limpiándose la sangre de la boca, Candy, cada que Ernesto se acercaba lo amagaba con el candelabro, no te vas acercar a mi maldito.
Te digo que vengas, lanzándose a ella, Candy, luchaba con todas sus fuerzas para quitárselo de encima, lo rasguñaba, le pegaba, pero Ernesto estaba como poseído nada lo podía detener, simplemente era inútil.
Albert, llego hasta la recamara donde Candy, estaba siendo atacada, Ernesto para calmarla le dio una cachetada_ te digo que te quedes quieta, serás mía escuchaste, así tenga que amarrarte. Cuando vio que su mujer, estaba siendo golpeada por Ernesto este se le fue encima.
-Déjala, desgraciado, dándole un puñetazo, quitándoselo de encima de Candy, Ernesto al igual se lo regreso, Candy, solo se levantó de la cama para buscar con que ayudar a Albert, pero uno de los hombres de Ernesto escucho mucho ruido en la habitación, llegando a ver que su patrón se daba de golpes con Albert, arrojándose encima de Albert, ayudando Ernesto.
Candy, igual tomo el pedazo de Tronco que traía Albert y le dio de golpes al otro hombre, Ernesto al seguir la lucha con Albert, sacó su arma, lo amago con ella, se van a quedar quietos o les disparo.
Albert, le pregunto en galaico a Candy "estas bien, te hizo daño" "mi hijo está bien"
-Si estoy bien, el niño está bien.
-Ernesto, se levantó, vamos, no les entiendo nada, así que será mejor que no intenten nada, porque lo pagaran, Marcos, trae la cesta daremos un paseo por el bosque.
Marcos traía la cesta, _aquí esta, señor.
-No lo toques, si algo te he hecho, conmigo desquítate, no con mi hijo.
-Así que lo amas, nunca imagine tener en mis manos tu más preciado tesoro, metiendo las manos en la cesta, queeee, pero donde está, donde lo pusiste.
-Jamás lo sabrás, contesto Candy, -sonriendo.
-Bien, si así quieres las cosas, así será, vamos a buscar al chiquillo, que será fácil encontrarlo, no tardará en llorar.
Candy, estaba muy asustada, solo rezaba porque Anthony, no despertara.
-Vamos, llevando a Albert, amagado con el arma.
Albert, comenzó hablar en gaélico_ Candy, el niño donde está.
-Candy, le contestaba igual en gaélico_ está oculto en el cuarto de…
-Silencio, no sé, que tanto cuchichea, pero más vale que hablen en mi idioma y dejen de hablar en clave, que no les va a servir de nada, así saliendo hacia el bosque, la sirvienta que estaba en la cocina, ayudo a los demás empleados que estaban en el cobertizo, tomando palas, azadones, palos y cualquier cosa que sirviera como arma para ayudar a sus patrones.
Entre todos sometieron a los hombres de Ernesto, comenzando a buscarlos por el bosque, Albert, solo miro a Candy, le dijo_ En cuanto le dé un golpe tu corres a pedir ayuda, en gaélico.
Ernesto en cuanto escucho, le dio un golpe a Albert. _te dije que te callaras.
En eso, Albert, solo le dio un empujón tirándolo al suelo, corre Candy, corre protege a nuestro hijo, todo en gaélico.
Candy, comenzó a correr por el bosque sin parar, hasta vio, que alguien se acercaba, eran los empleados, buscándolos, en cuanto los vio Candy, se tranquilizó aquí ayúdenos por favor.
-Señora, el patrón donde está.
-Más halla d entro del bosque hay que ayudarlo, Ernesto esta armado.
Albert, estaba a los golpes con Ernesto, no se daban tregua, era golpe tras golpe, cuando llegaron los empleados ayudarlo, Ernesto al escuchar la algarabía, que venían con antorchas solo lo apunto con su arma, Albert solo se quedó quieto.
-Pero al ver a Candy, este le dejo de apuntar a Albert y le apunto a Candy, al grado de disparar, Albert al ver esta acción lo empujo, dando el disparo al aire, pero aun con el arma entre su mano, en el forcejeo entre Albert y Ernesto, se salió un disparo, el cual en cámara lenta solo callo de rodillas, ¡Albert!
Candy, al ver esta acción corrió a detenerlo, el disparo y la sangre fluía, solo se acercó para ponerlo en su regazo.
Ernesto, fue sometido por la gente, _ suéltenme, suéltenme, se van arrepentir, voy a cavar con ustedes, con todos ustedes ya lo verán, sabrán de mí, todos, acabare con todos, lo llevaron a encerrar en una habitación, en lo que la policía venia por él.
Candy, gritaba, _ llamen a un doctor, un doctor por favor, necesito que me ayuden.
Entre los hombres llevaron a Albert, a la villa, ya adentro Candy, pidió que le llevaran agua, para limpiar la herida, Albert estaba desmayado, por el impacto.
Fueron inmediatamente por el doctor, del pueblo, que lo bueno que se encontraba en su consultorio en ese momento, también le llamaron a la señora Elroy, la cual junto con Jeans, llego a la villa, desesperada por saber cómo se encontraba.
Al entrar vio a su sobrino en la cama, como muerto, solo se puso a llorar y Candy, estaba ahí al lado de él, solo llorando.
-Hija, el niño, donde está.
-Dios santo tía, corriendo a buscarlo, el niño solo estaba ahí entre las cobijas donde lo acomodo, en ese cuarto olvidado, donde estaban todas las obras de arte, que estaban en ese lugar, donde alguna vez cuando pequeña, sentía un terror de haber entrado a ese lugar, pero sabía que era un lugar donde no buscarían.
-Mi chiquito, ven con mama, poniéndoselo en su pecho, solo poniéndose a llorar, no su Albert, no se podía morir, no la podía dejar sola, bajando hasta donde la habitación donde pusieron a Albert. Al llegar le dio el niño a una de las mucamas, porque el doctor había llegado.
-Voy a revisarlo, empezando a buscar la bala, sacando sus instrumentos y pidiendo algunas cosas, _ señora, el Sr, Andlay, recibió el impacto, solo que la bala no toco ni un órgano, pero si tengo que sacarla, hare una operación de emergencia.
El doctor, se encerró con él y su enfermera por casi dos horas.
Candy, estaba al borde de la desesperación, junto con la tía Elroy, que estaba rezando por la salud de su sobrino.
El doctor salió con cara de pocos amigos, bueno sacamos la bala, solo que, en el proceso, perdió mucha sangre, necesitaremos hacerle una trasfusión de sangre sabe ¿qué tipo de sangre tiene el Sr. Andlay?.
La tia Elroy contesto- es A doctor.
Jeans, contesto yo soy de ese tipo de sangre yo le puedo donar.
-Pase x aquí, por favor es urgente ponerle sangre.
El doctor salió después de un rato, - bien ahora solo toca esperar a que se recupere y despierte, aunque la verdad está muy delicado, no sé si lo lograra, si pasa la noche ya mañana será un mejor escenario.
Tanto Candy, como la tía, se pusieron a llorar, no eso no era posible, pensaba Candy, pero en sus pensamientos sentía que era su culpa, ya que todo lo que amaba, en cierta forma moría, se sentía morir, se sentía que la vida se le iba, si su Albert, se moría, ella no podría sobrevivir, ahora que eran tan felices.
El doctor le dio permiso para que lo cuidara, junto con la enfermera que la dejo a cargo, Candy, se sentó a su lado, ahí estaba muy pálido, con los labios casi blancos sin color, solo puso su mano acariciando sus brazos.
-Hija debes descansar, el niño te necesita, anda ve, yo me quedo con mi sobrino.
-No tía, no me quiero separar de él.
-Hija, es que, poniéndose a llorar, desconsolada, no sé, que como podre sobreponerme a esto, la verdad es que estoy desecha.
Candy, solo la tomo de la mano, igual con las lágrimas en los ojos, tía es mi culpa, yo todo lo que amo, a quien amo, siempre muere.
-No hija, eso no es verdad, la verdad que tú y yo nunca hemos hablado, de aquella tragedia, pero tampoco fue tu culpa, fue un accidente, debo confesar que me costó trabajo asimilarlo, pero no fue tu culpa, la culpa es de ese hombre que siempre le quiso destruir la vida a mi sobrino.
Pero deja de llorar, que se te va a ir la leche, anda hija ve a sacarte la leche, que es de susto para que después le puedas dar al niño, anda hija has caso, cuando a mi niño le de hambre, tengas la leche disponible, deja de llorar que eso hará que la leche se te corte, Candy, haciéndole caso a su tía.
Candy, después de un rato, comenzó a darle de comer a su hijo, aunque aguantaba las lágrimas, pero no las podía contener, su esposo se estaba debatiendo entre la vida y la muerte, pero tenía que ser fuerte, por su hijo, por su tía, pero sobre todo por Albert.
Después de que le dio de comer a Anthony, fue al cuarto de Albert, ya era de madrugada, se sentó a su lado, comenzó hablarle.
-Amor, sabes que me dijo tu hijo, que quiere que lo enseñes a montar, que lo lleves a pescar, pasar la noche cerca de la cascada, te acuerdas donde me rescataste y que cuando sea un poco mayor, lo lleves a África, donde estuviste un tiempo, también me dijo, que espera que cuando de sus primeros pasos lo puedas ver.
Así, que William Albert Andlay, espero que despiertes, mi amor despierta por mí, por tu hijo, tienes que ser fuerte, tu sabes que sin ti yo no puedo vivir, que, sin ti, no podre sacar todo esto adelante, solo recupérate.
La enfermera que escucho todo_ Señora, aunque no lo crea el, la está escuchando eso le hará bien, el saber que están esperándolo.
En eso, Candy, toco su frente_ Enfermera Tiene fiebre, tóquelo.
-Dios acaba de comenzar la fiebre, hay que tratar de bajarla, sino eso será fatal.
Candy, solo lloraba, tratando de calmarse, no él no se podía morir, no tu no me puedes dejar, ayudando a la enfermera con las compresas frías.
La enfermera fue por el doctor, que se quedó debajo de guardia por si se le necesitaba, cuando lo checo, _solo debemos bajar la fiebre, si amanece sin fiebre ya habrá pasado la peor parte.
Haciendo un arduo trabajo, entre la enfermera, Candy y dos mucamas más, que ayudaban a traer el agua fría, para bajar la fiebre.
Albert, en su sueño, al que estaba sometido por la misma debilidad, llego hasta un rosal, donde estaba un muchacho no mayor a 14 años…
-Hola, ¿cómo estás?
Albert, al verlo solo le dijo hola queriendo recordar donde lo había visto, de donde lo recordaba.
-Veo que acabas de llegar, vamos daremos un paseo por el lugar, hay alguien que quiere saludarte, cuando en un claro más adelante estaba su hermana Rose Mary, bailando entre unas flores silvestres, con un vestido blanco, bailaba y cantaba.
-William, que bueno que llegas, sabes me da gusto verte, acercándose a él, viendo sus ojos con un verde profundo, que le recordaban a alguien, pero a ¿Quién?
No, sabes cuánto te extrañe, las rosas están en flor en este momento, míralas, las adoro, acercándose para tomar una, me encanta su olor y los colores, ya viste a mi hijo.
Albert, solo observaba a su hermana, estaba soñando la veía tan llena de vida, que le parecía irreal verla ahí.
-Ya viste a papa y a mama.
-No, aun no.
-Míralos.
-A lo lejos estaban tomados de las manos muy sonrientes, él le decía cosas al oído y ella sonreía, solo sonreía, muy sonrojada, sonrojada, pero a quien le recordaba ese sonrojo.
-Hijo, pero mírate que guapo estas, diciéndole su madre.
-Hijo y los negocios, que tal como va todo.
Albert, solo se quedó estático, hacía tiempo que no los veía, que solo sintió dicha al estar ahí con ellos.
-Hey William, ven aún hay más personas que quieren verte.
-Tú debes ser Anthony, verdad.
-Sí, soy yo, tenía muchas ganas de conocerte, mi madre siempre me hablaba de ti.
-Cuando de repente, vio que se acercaba Vincet.
-Pero mírate William, no crees que has olvidado algo importante.
-Importante, que puede ser eso.
-No, que yo recuerde.
-William, mira dijo Anthony, las rosas, son una nueva estirpe, aun no sé cómo las llamare, tendrás algún nombre.
-He, no que yo recuerde, acaso las rosas, no se llaman así, rosas.
-¡William! dijo Vincent, dime que no olvidaste algo que te encomendé.
Albert, estaba embelesado viendo a sus seres queridos, cuando a lo lejos escucho que lo llamaban, era una mujer, una hermosa mujer.
-William, William, soy yo, Helena.
-Helena, pero tu aquí.
-Sí, dime que te quedaras, que te quedaras conmigo, sabes te extrañado mucho.
Albert, no podía apartar la vista de ella, su piel, su cabello, sus ojos, _ojos, pero porque eran miel y no verdes, si el los recordaba verdes.
-Helena, tus ojos.
-¿Que tienen mis ojos?.
-Son miel.
-Sí, siempre han sido miel.
-No, tus ojos eran verdes.
-No querido, siempre han sido de color miel, acariciando su rostro, sabes aquí podremos vivir, vivir para siempre, di que te quedaras conmigo, nana me ha acompañado desde hace algún tiempo, pero yo solo espero por ti.
Mirándolo…
-Helena, yo, yo, no.
-Di que te quedaras, podremos tener hijos, los que quisimos tener, dos, tres, quizás seis, donde podremos estar donde nadie nos señale.
-Hijos, hijos, hijos, resonaba en su cabeza…
-William, le hablaba Anthony, si dices que te quedaras podrás ayudarme en el rosedal y ponerles nombre a las rosas, solo di un nombre, necesito un nombre.
Vincet, lo intercepto, no olvidas algo, recuerda a quien debes proteger.
-Querido no les hagas caso, ven dame la mano, solo quédate conmigo, le decía Helena, seremos felices aquí, mira nadie nos molestara nuestro amor, sobrepasara las pruebas.
Albert, solo se agarraba la cabeza como cuando quieres recordar algo, no a alguien, pero a quien. Cuando escucho una risita y vio un camino hacia una colina, donde vio una pequeña niña llorando.
-Porque lloras pecosa, que acoso no sabes que eres mucho más linda cuando ríes, que cuando lloras, la niña solo lo miro con expectación, se reflejó en esos ojos verdes y vio su carita llena de pecas.
-Tu quien eres.
-quien crees que soy.
-pareces un astronauta, eres varón, pero usas falda y tienes una pipa con un estómago, ¿acaso eres del espacio?
-Yo del espacio.
-No, no; soy un muchacho, no es una falda es un kilt, vestimenta típica de Escocia y esto es una gaita un instrumento musical, mira se toca de esta manera.
-jajajajajj -el sonido es parecido a un montón de caracoles arrastrándose.
-jajjajaajja riendo- caracoles arrastrándose…
Albert, caracoles, pecas, es, es en eso lo llamaban de lejos, William, William, ahí estas, solo miraba a su alrededor, aquella niña había desaparecido, estaba en el departamento de Helena junto a ella y Nana atendiéndolos.
-Te dije que le daría gusto verte.
Albert, miro a Nana, señora como esta.
-Bien, ahora a lado de mi niña, soy muy feliz, _gusta un Whiskys…
-He no, debo irme.
-No te vayas, solo quédate conmigo. - Mirándolo y sonriendo.
Albert, resonaba en su cabeza, pecas, caracoles arrastrándose, del espacio, quien eres, sus ojos, esos ojos que me recuerdan a…no logro recordar, debo irme, sé que debo irme, pero a donde, Helena, trataba de retenerlo lo más que podía.
-Querido, solo decide quedarte conmigo, seremos muy felices, en ese momento se acercó para tratar de besarlo, acercándose, buscando la manera de acaparar su boca.
Albert, al ver la acción, simplemente la aparto de el de inmediato, _me necesitan, me necesitan, debo irme Candy, Candy, me necesita, dios debo irme de inmediato.
Helena, solo lo atrajo y lo abrazo_ pensé que te quedarías conmigo.
-No puedo, lo siento Helena, debo volver, Candy, me necesita y yo a ella.
-Está bien, ve con ella mi amor, solo vete, recuerda que siempre te amare…Adiós amor, siempre te amare desvaneciéndose.
En el camino, vio a su hermana con Vincet tomados de la mano, diciéndole adiós y a sus padres en el otro extremo, Anthony, solo lo acompaño hasta un camino, hasta aquí puedo llegar, de aquí deberás irte solo, dile a Candy, que siempre la voy a mar por ser Candy, que siempre será mi dulce Candy.
Cuando volteo ya ese muchacho, ya no estaba, solo una luz que le indicaba el camino y una voz que le decía…
-Albert, mi amor, no te puedes ir, despierta, solo vuelve a mí, te amo mucho mi amor y tu hijo también te ama, solo despierta, hazlo por favor.
Cada vez escuchaba más la voz, estaba cerca, muy cerca solo empezó a correr, hasta donde la voz dulce que escuchaba se hacía más fuerte.
-Regresa a mí, tú no te puedes ir, te necesitamos, solo regresa, despierta, William Albert Andlay, si no despiertas me voy a enojar mucho contigo, solo abre tus ojos, Candy, lloraba desconsolada, muy desconsolada.
-Señora, ya no hay nada que hacer, el no baja la fiebre y si no lo hace llegara lo inevitable, lo siento, lo siento mucho, si baja la fiebre, talvez y se recupere
-No, tu no me puedes dejar sola, prometiste estar conmigo, con nuestro hijo, por favor Albert, soy yo, tu Candy, por favor regresa, hundiendo su cabeza en su brazo desnudo, tomándolo de la mano, solo abre tus ojos azul cielo, quieres, solo quiero volver a verlos.
La madrugada siguió con fiebre, tratando por todos los medios de bajarla, Candy, como las mucamas.
Por la mañana, Candy estaba muy cansada se quedó dormida al pie de la cama, cuando de repente despertó y vio que Albert, seguía con los ojos cerrados se puso a llorar, ya que lo sintió frio, no, no Allbert, despierta solo mírame amor, ya es de día solo tienes que despertar, llorando desconsolada.
Cuando de repente, Albert abre los ojos, _sabes que eres mucho más linda, cuando ríes que cuando lloras.
-Candy, levanto la cara para clavar su verde mirar, en sus ojos azules que acababan de despertar. Albert, mi amor despertaste, despertaste, llenándole de besos la cara, llamando a la enfermera para que viniera el doctor.
El doctor de inmediato se acercó a revisarlo vaya Sr. Andlay, esto es un milagro casi lo perdemos.
Candy, lloraba y se abrazaba a la tía que estaba ahí, _ despertó tía, despertó.
-Amor, que hora es.
-Sr. Andlay, no hable debe descansar, por ahora, aun esta delicado y perdió muchísima sangre, así que por favor solo descanse, creo que la etapa crítica ya paso.
Candy, se acercó a él para darle un beso, en los labios, solo recupérate amor, después hablamos, si con lágrimas en los ojos.
Albert, solo levanto el brazo para limpiarle la cara, no me gusta que llores.
-No, no estoy llorando, mira, solo no hables, si, descansa.
El doctor, le daba instrucciones a la enfermera, para que siguieran cambiando las compresas hasta que bajara totalmente la fiebre y que en cuanto se restableciera, le dieran sus medicamentos, así como su comida.
La tía Elroy- hija, debes ir a descansar, la mucama que haga el trabajo, toda la noche has estado aquí, anda a descansar, Anthony te necesita y sobre todo que, te puedes enfermar, anda.
-No tía, quiero estar aquí.
-No, hija solo ve a descansar, si surge algo yo te despierto, anda ve, has caso.
Está bien, solo un rato, después vengo de nuevo.
-Mi, sobrino va a dormir un rato más, esta débil, así debe estar hasta que se recupere, ya escuchaste al doctor la parte critica ya paso.
-Candy, salía de la habitación para descansar un rato, la verdad es que estaba exhausta toda la noche fue muy movida, solo fue a ver su hijo, para darle un beso.
La policía llego por Ernesto, lo arrestaron y lo llevaron a una cárcel, donde esperaría su juicio.
Habían pasado dos días, de los sucesos, cuando una figura imponente llegaba a la cárcel, para ver a un hombre, el cual estaba en su celda fumándose un cigarro.
En cuanto llego, le acercaron una silla para que se sentara, pero un poco lejos de la reja para que pudiera hablar con él.
-Señora, eso sí, que es una sorpresa, nunca imagine que vendría a visitarme, que ahora si se va a preocupar por mí.
Elroy Andlay, tenía esa visita prevista y ya era hora de hacerla, hacerle frente para ver qué es lo que motivaba a Ernesto, su odio hacia su familia.
-Bien he venido hablar contigo de algunas cosas, este lugar es muy deprimente para estar aquí, pero tenía que hacerlo, así que es hora que pongamos las cosas en claro de una buena vez por todas.
-No esperaba menos de usted señora, ya que hacía tiempo que deseaba este momento, claro en otro escenario, pero ya que la vida no me dejo otra oportunidad, está bien hablemos…
Continuara.
Bien chicas, ya estamos a solo escasos capítulos del final, por poco y se nos muere nuestro güero chulo, pero después de esa lucha por fin sabremos por qué el odio de Ernesto.
Solo les recuerdo que se cuiden donde estén, hagan caso a las recomendaciones de las autoridades y traten de aguantar la cuarentena, Dios las cuide donde estén y les mando un fuerte abrazo.
Bueno las espero en el próximo capítulo ya saben por la XEW, Radio.
