— El Ministerio de Magia les desea una agradable noche — dijo la voz de la mujer, una grieta de suave luz dorada subió por sus cuerpos, la puerta de la cabina telefónica se abrió y todos salieron con rapidez. El único sonido en el atrio era el constante flujo de agua de la fuente dorada con la escultura del mago, la bruja, el centauro con arco y flecha, el duende y el elfo.

Valerie miró el vestíbulo con atención, todo estaba desierto y estaba segura de que debería de haber alguna persona de seguridad ahí, por lo que su ausencia no indicaba nada bueno y comenzó a tener un mal presentimiento. Le hizo señas a los demás que guardaran silencio y los guió tras unos enormes pilares que le permitían pasar desapercibidos. Inumerables pasillo llevaban a los diferentes pisos y oficinas del Ministerio, pero había alma que rondara por ninguna parte.

— ¿Dónde se supone que viste a Sirius? — preguntó Malfoy en un susurro.

— Él…él debería… — tartamudeó Harry nervioso. ¿Dónde demonios estaba?¡Él lo había visto! ¡Estaba al lado de la fuente! ¿Por qué ahora no había nadie? ¿Se habría equivocado? ¿Había caído en una trampa y llevado a sus amigos a ella? — Sirius tiene que estar acá.

— Pues no hay nadie — susurró Neville ansioso.

— Neville tiene razón, Harry creo… Creo que nos hemos equivocado — señaló Hermione con timidez, hablando en voz baja.

— No puede ser… Yo lo vi — respondió frustrado el mago de anteojos.

— Esto no me agrada — dijo Ginny mirando hacia todos lados. — Hay demasiado silencio.

— A mi tampoco, tengo un muy mal presentimiento — señaló Draco.

— Deberíamos irnos — agregó Valerie. — O bien estamos en medio de una trampa o algo malo va a ocurrir, cualquier de las dos cosas no es un buen escenario estar aquí — todos asintieron, nerviosos y confusos.

— No, no, no, tiene que estar aquí, estoy seguro — dijo Harry ansioso y saliendo de su escondite.

— Harry, por favor vámonos — le suplicó Hermione.

— ¡No!

— ¡Harry, por favor! ¡Antes de que sea muy tarde!

— Ya es muy tarde para que se larguen, pequeños estúpidos — chilló una voz con malicia.

Formas oscuras surgieron del aire a su alrededor, bloqueándoles el camino; sus ojos brillaban bajo las negras capuchas, sus rostros estaban cubiertos por extrañas mascaras y una docena de varitas encendidas apuntaron directamente a sus corazones. Ginny dejó escapar un pequeño grito de horror mientras decía — Son mortifagos.

— No te irás a ninguna parte, Potter — dijo lentamente uno de los encapuchados.

Valerie maldijo en voz baja y se quedó lo más atrás posible, intentando pasar desapercibida para no llamar la atención y estudiar al enemigo. De pronto, Draco avanzó unos pasos y fulminó con la mirada a sus atacantes — Reconocería aquella patética voz a donde fuera que fuese — siseó con odio y miró a los ojos al encapuchado que acaba de hablar — ¿No pudiste haber caído más bajo, Lucius Malfoy?

Hubo un murmullo entre todos. Valerie miró sorprendida a su amigo, no había una pizca de miedo en su mirada

— Oh, el joven Draco, aquel que usa mi apellido, como si pudiera tener la gracia de llevarlo. La deshonra de hijo que he tenido…

— Nunca fuiste digno de llevar el apellido Malfoy, por algo ya no eres parte de la familia — le respondió mordaz su hijo.

— ¡Callate estúpido! ¡No tengo tiempo que perder contigo, no eres prioridad, los únicos que nos interesan son Potter y la nieta de Dumbledore! Ahora, se quedarán acá hasta que comience el espectáculo.

— Deja ir al resto — dijo Harry fulminando con la mirada a Lucius, pero sintió caer su estomago, mareado. Estaban atrapados y superado en número.

— Nadie irá a ninguna parte — respondió suavemente Malfoy.

— ¿Dónde está Sirius? — preguntó Harry. Varios mortifagos rieron, de entre las oscuras figuras a la izquierda de Harry, una áspera voz de mujer dijo triunfal — ¡El señor Oscuro siempre sabe!

— Siempre… — repitió Malfoy con mofa.

— ¡Quiero saber donde está Sirius!

— ¡Quiero saber donde está Sirius! — imitó burlonamente la mujer a su izquierda. Ella y sus compañeros mortifagos se acercaron de forma que estaban a unos pocos metros de los jóvenes.

— Se que lo tienen — volvió a decir Harry, ignorando el creciente pánico en su pecho. — Él esta aquí. Sé que está aquí.

— El pequeño bebe se despertó asustado y creyó que lo que había soñado era real — se burló la mujer en una horrible y fingida voz de bebé.

Valerie vio a Ron moverse tras Harry — No hagas nada — le susurró. — No todavía.

La mujer soltó una carcajada — ¿Han odio? ¿HAN ODIO? ¡Alguien dando instrucciones a los otros niños como si pensará a enfrentarse a nosotros! ¡De seguro fue la curiosa nieta de ese vejete de Dumbledore!

— No conocemos a la nieta de Dumbledore, Bellatrix, yo que tu no bajaría la guardia — señaló Lucius.

— ¡Sé que tienen a Sirius! — volvió a exclamar Harry interrumpiendo la conversación. Más mortifagos rieron, aunque las carcajadas de la mujer destacaban sobre el resto.

— Va siendo hora de que aprendas a diferenciar entre la vida y los sueños, Potter — respondió Lucius.

— Entonces deja que el resto se vaya, solo me quieres a mi y a Dumbledore — intentó de nuevo Harry.

— Comenzaremos a usar las varitas si no te callas, por más que quiera torturarte, tenemos ordenes de que nadie debe tocarte, por ahora… — escupió con odio el mago.

— Cómo si no quisieras hacerlo — exclamó Harry y tensó el cuerpo levantando su varita, el resto lo apoyaron y apuntaron con sus varitas al resto de los mortifagos. El estomago de Harry todavía se apretaba, definitivamente había conducido a sus amigos a una trampa.

Pero los mortifagos no atacaron.

— No tenemos necesidad de atacar a un puñado de jóvenes inexpertos — recalcó con asco Lucius.

— Por ahora — le respondió Valerie avanzando hacia los mortifagos y apuntó con su varita al mago.

Todos los mortifagos quedaron sorprendidos mirando a la vampira, su atractivo, su semblante serio, su pose segura y la insignia de slytherin que yacía en su pecho con orgullo.

— Así que los rumores eran ciertos — señaló Lucius con una siniestra sonrisa. — La nieta del viejo Dumbledore es una serpiente, definitivamente no te pareces en nada a él.

— Oh, te puedo asegurar que nos parecemos en muchas más cosas de las que te gustarían — y le sonrió con malicia.

— ¿Estás de broma, la nieta de ese vejete está en slytherin? — exclamó ofendida la mortifaga.

— Claramente no es una broma, a menos que no seas capaz de diferenciar una serpiente del resto de los animales de las casas de Hogwarts — se burló Valerie intentando ganar tiempo, sus ojos pasando de mortifago en mortifago, buscando alguna vía de escape que le permitiera proteger a sus amigos.

— ¡Pequeña insolente! — gritó la mortifaga dejando ver su rostro. Azkaban no había sido justo con Bellatrix Lestrange y lo que quedaba de aquella fina mujer que vieron en el periódico se había convertido en cuerpo esquelético, pelo desordenado y mirada enloquecida.

— Bellatrix, quieta, nuestro señor la quiere intacta — dijo firmemente frunció el ceño, no le gustaba aquella aclaración, todo lo que tuviera relación con Voldemort no era una buena señal.

— No veo porque Voldemort tendría interés en mi… — señaló la vampira. Varios mortifagos dejaron escapar silbidos graves.

— Valerie… — susurró Draco preocupado, pero ella se puso frente a los demás, Harry la siguió, ambos cubriendo a sus amigos.

— ¿Te atreves a decir su nombre? — susurró Bellatrix.

— Si, no tenemos ningún problema en decir Vol… — quiso decir Harry, pero fue interrumpido por el chillido de Bellatrix — ¡Callate! ¿Cómo te atreves a pronunciar su nombre con tus indignos labios, como te atreves a mancharlo con tu lengua de sangre sucia, cómo te atreves…

— ¿Sabías que él también es sangre sucia? — soltó Harry imprudentemente. Valerie abrió los ojos horrorizada intentando evitar que siguiera hablando y Hermione dio un pequeño gemido — ¿Voldemort?

— Si, su madre era una bruja, pero su padre era un muggle… ¿o acaso les ha estado diciendo que es un pura sangre? — continuó Harry.

— ¡Harry! — intentó cortarle Valerie, pero fue muy tarde.

— ¡STUPEFY!

— ¡NO! — un disparo de luz roja salió de la varita de Bellatrix Lestrange, pero Lucius Malfoy la desvió, enviándolo contra el muro a la izquierda de Harry.

La vampira aprovechó esa distracción y con rapidez lanzó un hechizo contra el pilar de su derecha, el cual explotó y comenzó a caer hacia ellos. Ella se giró y se lanzó sobre los que pudo empujándolos hacia atrás — ¡Cuidado! — gritó uno de los mortifagos.

El polvo no dejaba ver nada, todos tosieron y se escuchó más de algún aullido de dolor. Valerie fue la primera en ponerse de pie, sin verse afectada por el polvo — ¿Están todos bien? — Ron y Neville parecían aturdidos, Ginny y Hermione asustadas pero ilesas, Luna ayudaba a Harry a levantarse y Draco se puso de pie junto a ella.

— Draco, usen este pilar para cubrirse, es lo suficientemente grueso para resistir los ataques, si se ubican en todos los puntos donde tengan visión podrán repeler a sus atacantes, no dejen que nadie se acerque.

— Espera ¿tu que harás? — preguntó anonadado el rubio sujetándole la mano.

— Buscaré distraerlos, cuando vean o escuchen mi señal deben correr y salir de aquí hacia la entrada ¿entendido?

— No puedo dejar que… — comenzó a decir Malfoy, pero su amiga le cortó — Draco, confío en ti. Organizalos y no dejes que Potter haga algo imprudente, no se alejen de este pilar o serán un blanco fácil. — El rubio no le soltó la mano, la vampira lo miró y le sonrió — Confía en mi.

— Siempre lo hago — le sonrió el rubio y muy a su pesar le soltó la mano. La vampira corrió y saltó el enorme pilar sin dificultad sumergiéndose en el polvo y la oscuridad.


Valerie miró con rapidez a su alrededor, algunos mortifagos intentaban levantarse, otros seguían tirados en el piso y un pequeño grupo ya estaba de pie. De pronto, uno de los mortifagos se giró con dificultad percatándose de su presencia — ¡Ahí está, que no escape! — aquella voz, pese a la extraña mascara era reconocible: Corban Yaxley.

La vampira corrió hacia el otro lado de la enorme fuente dorada seguida por cinco mortifagos. — ¡No tienes donde esconderte, Dumbledore! — gritó con malicia Yaxley. Tres hechizos cayeron cerca de ella, por lo que se ocultó tras el enorme escritorio de la recepción.

— Sal lentamente — escupió uno de los encapuchados con tono burlón. — No tienes a donde ir.

Con una rápida ojeada a su ambiente, Valerie se percató de sus limitadas opciones, pues era probable que si atacaba a los mortifagos en respuesta ellos destruirían todo a su paso.

"Que lástima, que tendré que rebajarme a la fuerza bruta".

Una maligna sonrisa cruzó sus labios y en ese momento volvieron a ella las ganas de usar una vieja tendencia: jugar unos segundos con sus víctimas.

— Les daré solo una oportunidad para que se retiren — respondió la vampira con un tono neutro. Los mortifagos se miraron entre ellos sin poder aguantar la risa.

— ¿De verdad dijiste eso? Estás rodeada y somos cinco, no tiene sentido que lo intentes, Dumbledore — le respondió uno de los hombres con voz rasposa.

— Parece que no fui lo suficientemente clara o tu pequeño cerebro no entiende lo que acabo de decir: tienen una oportunidad de retirarse…

— ¡No te tenemos miedo estúpida niña! — gritó Yaxley.

— Lo dice el mago que no logró vencerme.

— ¡Sal de nuevo y te demostraré lo contrario!

— Es fácil hacerse el valiente cuando tienes cuatro magos más apoyándote… — respondió la vampira en tono burlón.

— ¡Ya basta de esta mierda! Solo está buscando ganar tiempo — gritó otro mortifago. — Si no quieres salir, que así sea… ¡BOMBAR…! — Aquella fue la señal. Con su rapidez sobre humana Valerie corrió hacia el mortifago y lo golpeó en el rostro, igual que a su otro compañero, dejándolos inconscientes. Al tercero, le lanzó un puñetazo en el pecho haciéndolo volar contra la pared, al cuarto un efectivo golpe en vaso del estomago lo dejó sin respiración, y como detalle, tomo el rostro de Yaxley y lo aventó contra el suelo. Observó a a sus atacantes y con rápido movimiento de su varita los dejó amarrados con una fuertes cuerdas. Río un poco al ver la escena, hacia tiempo que no usaba los ataques físicos y se había olvidado lo entretenidos que podían ser, pensó con malicia.

Gritos y un fuerte estruendo la volvieron a la realidad. Los ruidos del conflicto al otro lado de la fuente eran cada vez más fuertes, parte del pilar había sido destruido con rapidez y temió que alguno de sus amigos pudiera hacer alguna estupidez.


Malfoy escondió el rostro justo cuando un hechizo explotó a centímetros de su cabeza. Logró que todos se pusieran en posición de ataque y realizaran una ofensiva. ¿El problema? En poco minutos el enorme pilar se había visto reducido a la mitad y los ataques comenzaban a bordearlos por el frente y por su derecha. Ron y Hermione repelían todo lo que podían, sus rostros estaban tensos, sangre corría por la frente de Granger y Weasley tenia el labio cortado por las reiteradas explosiones. Ginny y Luna estaban junto al rubio atacando sin detenerse, sus cuerpos cubiertos en polvo y pequeñas heridas en sus manos y rostros. Neville y Harry protegían el lado derecho, donde el pilar había sido destruido y evitaban que los mortifagos avanzaran hacia ellos. Era un milagro que estuvieran vivos, de no ser porque los mortifagos tenían ordenes de no matar a Harry, el maleficio de la muerte no había caído sobre ellos.

De pronto, uno de los mortifagos más grandes apareció de la nada y de su varita salió una cuerda que amarró los brazos de Neville, tiró de ella y arrastro al joven mago lejos de sus amigos.

— ¡Neville! — gritaron todos.

— ¡Potter no! — gritó Malfoy al percatarse que Harry se movió con rapidez alejándose del pilar que los protegía. El resto de los jóvenes se aglomeraron cerca de la parte derecha, varitas en mano sin saber que hacer. Los mortifagos miraban entretenidos la escena, pero habían cesado el ataque. Malfoy maldijo en voz baja, no podían atacar porque pondrían en peligro a Neville, pero Potter continuó avanzando quedando en medio del pasillo totalmente expuesto.

— Este es Longbottom ¿o no? — sonreía Lucius Malfoy con desprecio. — Bueno, tu abuela esta acostumbrada a perder miembros de su familia por nuestra causa… tu muerte no será un gran trauma.

— ¿Longbottom? — repitió Bellatrix, y una autentica malvada sonrisa iluminó su fantasmal rostro. — Vaya, he tenido el placer de conocer a tus padres, muchacho.

— ¡LO SÉ! — rugió Neville y comenzó a rebelarse con fuerza de las cuerdas que lo ataban.

— ¡Qué alguien lo aturda! — gritó su captor.

— No, no, no — dijo Bellatrix. Parecía transportada, más viva que nunca con la emoción que la embriagaba mientras miraba a Harry, al resto de los jóvenes magos, y luego a Neville. — No, veamos cuanto aguanta Longbottom antes de derrumbarse como sus padres… A no ser que Potter llame a la joven Dumbledore para que venga y deje de esconderse.

— ¡VALERIE VENDRÁ Y LES PATEARÁ EL TRASERO! — gritó Neville, que parecía fuera de sí, dando patadas y revolviéndose mientas Bellatrix se acercaba más hacia él y su captor, con su varita alzada. — ¡CORRAN, NO SE PREOCUPEN POR MI!

Bellatrix levantó su varita — ¡Crucio! — Neville gritó, sus piernas se encogieron mientras se retorcía y chillaba en agonía. — ¡Eso solo era una prueba! — dijo Bellatrix, apartando su varita de forma que los gritos de Neville se detuvieron y permaneció tirado en el suelo sollozando. Ella se giró mirando hacia su alrededor — ¡Vamos Dumbledore, deja de esconderte, o mira a tu pequeño amigo morir de la forma más dura!

El silenció reinó el ambiente. — ¡Tu lo quisiste! — chilló con malicia Bellatrix y apuntó nuevamente hacia Neville. — ¡Cruc…! — Un disparó de luz roja salió volando de la oscuridad y golpeó de lleno a la bruja haciéndola volar contra un pilar. Segundos después, la estatua del elfo cobró vida, saltó de desde la base y aterrizó con un gran estruendo entre los mortifagos y los jóvenes, mientras levantaba una de sus brazos y golpeaba a los mortifagos.

— ¡Corran a la salida! — oyeron la voz de Valerie entre las sombras de los pilares. Harry y Ron tomaron a Neville y junto con los demás huyeron hacia la cabina para escapar del lugar mientras la estatua del elfo los protegía.

— ¡No dejen que escapen! — gritó Lucius. Bellatrix y otro mortifago lograron esquivar la estatua y salieron persiguiéndolos.

— ¡Rápido! — gritó Harry mientras huían, su cicatriz comenzaba ha arder poderosamente.

— ¡Vuelve pequeño Harry! ¡No hemos terminado! — gritaba detrás de ellos Bellatrix con una voz burlona de niña chica.

La estatua del elfo comenzaba a desmoronarse ante los ataques, pero Valerie logró mantenerla unos segundos más, sus amigos estaban tan cerca de la salida.

— ¡Ahí, ahí está la salida! — gritó Harry, apretando los ojos debido al dolor de su frente, ahora más fuerte que nunca. — ¡Tenemos que salir de aquí!

— No irás a ningún lado, Potter — dijo de pronto una voz poderosa y fría. Todos se detuvieron abruptamente y Harry abrió los ojos sorprendida. Alto, flaco, con una capucha negra y aquellos ojos grises penetrantes mirándolo… Lord Voldemort había aparecido en la entrada del vestíbulo, su varita apuntando hacia Harry, cortándoles la salida.


¿Qué les pareció? Lo sé, soy una mala persona por cortar ahí el capítulo, pero la tensión es importante. ¡Espero sus reviews con ansias y ya estoy trabajando en el siguiente capítulo que se viene pronto! ¿Será este el reencuentro que tanto hemos esperado?

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Los quiere, Florence