Capítulo 25: La furia interior (primera parte)

Afuera del castillo abandonado, se encontraban la princesa Celestia con la cabeza inclinada que sonreía ampliamente y perturbadora hacia los potrillos que estaban en sus pezuñas mientras la llamada Lunar Blood, se encontraba frente de ellos con una sonrisa infantil.

—Ji, ji. Entonces ¿se quedaran calladitos mirándome los dos así?— preguntaba la alidrake con curiosidad.

—…— los dos no decían nada, estaban callados mirándola con temor. Comet que se encontraba en el lomo de Stellar, la abrazaba del cuello y se notaba como temblaban sus cascos.

—Oigan, no se pongan así… No muerdo. Ji, ji, ji— daba una risita infantil — ¿Verdad, nalgona del sol? Ji, ji.

—Sí, ama— respondía con simpleza su esclava sin dejar de mirar a los potros.

—… Creo que prefiero a la potra amarilla rarita que a ella— pensaba el potrillo temeroso.

—Bueno, esto… Stelly, fuiste muy lista, demasiado lista. Ji, ji. Pudiste poner fuera de juego a… Fluttershy— decía Lunar apareciendo con su magia a la potra amarilla que seguía inconsciente. Estaba levitando a un costado de la loca yegua —A Rainbow— aparecía la potrilla mencionada en su otro costado —Y a tu sexy madre— apareció ahora a la yegua rojiza inconsciente, encima de ella, pero estando levitando por detrás —Fue asombroso que pudieras dejarlas fuera de juego hasta a tu propia madre— apagaba su cuerno dejando caer a las inconscientes al suelo.

— ¡Oye, no hagas eso! ¡Las lastimas!— exclamaba la potra hablando por fin al ver como tiraba a su madre y potrillas al suelo como sacos de papas.

—Upsie. Lo siento, pequeñita. No me di cuenta cuando se apagó mi cuerno. Ji, ji— daba una risita burlona mientras la miraba fijamente haciendo que la potrilla se intimidara un poco, pero intentaba mostrarse valiente y más que estaba su hermano menor con ella —Oh, vamos. Rían un poco. Esto no es un funeral. Ji, ji— decía con su típica sonrisa.

—… C-Clara, L-Lunar o como te llames, por favor, déjanos ir…— decía la hermana mayor con nerviosismo, pero aun la veía desafiante.

—Mmmmmmmm. Nopi. Lo siento, aunque ganes o pierdas, me llevaré a tu adorable y lindo hermanito conmigo, y a ti, te daría muchas tundas por ser muy malcriada. Ji, ji— comentaba Lunar con una sonrisa maliciosa.

—…— la potra observaba alrededor y alzaba su vista para darle un escalofrío por Celestia que seguía en la misma posición, observándolos con esa sonrisa perturbadora.

—Ya no pueden escapar. Ya no pueden inventar una solución para salir de esta situación que no hay escape… y más que son potrillos, o sea tampoco pueden hacer mucho. Solo tuvieron suerte de chiripa, pero ahora que estoy yo, ya no tienen a donde ir ninguno de los dos— mencionaba con una sonrisa triunfante. Los dos potrillos sabían que tenía razón, no podían escapar, no podían hacer nada… de nuevo.

Stellar pensaba que era verdad que pudieron aguantar de chiripa, pero ahora con solo ver el lugar y en la situación en donde se estaba, no encontraba solución alguna.

—Así que bueno, supongo que es hora de irnos, antes de que papi se entere de que no me encuentro y tengo que esconderlos también igual que mis esclavas— decía la alidrake mirando su muñeca izquierda que tenía un reloj dibujado para luego mirar a la potra rojiza —Ok, pequeñita. Entrégame a tu hermano— agregaba alzando una garra y hacía una seña con una garrita.

— ¿Qué?— la potra se sorprendía por lo que dijo y Comet se aferraba a su hermana ocultando su cabeza en su cuello.

— ¿Qué? ¿Creíste que estarás como tu hermanito? Ji, ji. No seas tontita. Tu estarás por separada junto con las esclavas, porque tú serás igual que mis sensualonas esclavas y las potrillas sensuales en desarrollo. Ji, ji. Y no estará hipnotizado tu adorable hermanitoooo, porque lo adiestraré, lo educaré para que cuando sea un semental, sea mi juguete obediente que haría todo por mí— explicaba su plan malvado o extraño.

—… Ay no, por favor. Prefiero quedar loco y rarito que ellas, que soportar a una lunática, rara, fea, horrible, espantosa, pareces sacada de la noche de Nightmare Night. En serio, mi pobre mentecita no te soportará todos los días de mi pequeñita vida y lo que falta— mencionaba el potro con desprecio al saber que tenía que estar con ella hasta… el potrillo ni sabía hasta cuándo estará con ella.

—… Esa será una de las cosas que te corregiré. Que no me faltes al respeto, potrillo maleducado— comentaba Lunar con una vena salida en su frente y tenía las mejillas infladas cuando le dijo fea, horrible, espantoso, sacada de una película de terror… esto último pensó la yegua loca ya que eso le hubiera dicho, si viera películas de terror —Así que ven conmigo. Ahora— ordenaba con seriedad.

—Oblígame. Yo no me moveré de la cabeza hueca de mi hermana— comentó Comet aferrándose de la cabeza de la aludida.

—…— su hermana rodaba sus ojos e ignoró lo último que dijo para mirar a la lunática con algo de valentía, pero seguía temerosa —No te permitiré que alejes de nuevo mi hermanito de mi— agregaba con una mirada desafiante.

—… Ji, ji, ji ¿Quieres apostar?— preguntaba Lunar con una sonrisa infantil y sin previo aviso, brilló su cuerno para tomar al pequeño y lo atraía hacia ella, pero Comet asustado, se agarraba del cuello de la potra.

— ¡Comet!— exclamaba asustada y como podía, iba a abrazarlo para que no se lo llevara, sin embargo, el potro soltó el cuello de su hermana por la fuerte magia de la alidrake. Stellar con miedo de que la separen de nuevo de su hermano menor, le cogió sus pequeños casquitos delanteros con sus pezuñas para que no se lo llevara. La pequeña trataba inútilmente de aferrarse en el suelo, pero la arrastraba poco a poco hacia la yegua loca.

—… Ay, que dramáticos. Princesa inútil, agarra a la malcriada con tu magia— ordenaba la lunática rodando sus ojos.

—Como ordenes, ama— obedeció brillando su cuerno para tomar a Stellar y la levitaba.

— ¡No! ¡Suéltame!— exclamaba la potra sobresaltada por eso e intentaba no soltar al potrillo. Sin embargo y para desgracia de los pequeños, soltaban sus pequeños cascos mutuamente.

— ¡Hermana!— exclamó Comet yendo rápidamente con Lunar.

— ¡Hermanito!— también exclamaba Stellar asustada al verlo alejarse de ella. Intentaba liberarse de la magia de Celestia, pero era inútil. El potro llegaba frente a la alidrake para mirarlo con una sonrisa infantil.

—Bueno pequeñito, si no lo hacías a las buenas, sería a las malas. Ji, ji— daba una risita infantil.

— ¡S-Suéltame o t-te a-arrepentirás!— gritaba intentando ser valiente al verla, aunque era puro nerviosismo.

—Ay, que adorable. Eres tan adorable que te COMERÍA— gritaba lo último de golpe sonando como si fuera otra voz asustándolo mucho —Pero no lo haré. Tú serás mi juguete y nosotros nos divertiremos mucho. Ji, ji.

— ¡S-Suéltalo!— seguía tratando la hermana mayor de liberarse de la magia de la princesa del sol, pero por más que se esforzaba, no podía.

—Ay pequeñita, tú nunca te rindes ¿verdad? No te enseñaron que si amas algo, déjalo libre. Ji, ji— se reía de forma maniática —Bueno, me iré yo primero y después las busco para acomodarlas mejor. Ji, ji. Así que nalgona, mantenla ahí hasta que regrese— ordenó con su típica sonrisa.

—Ok, ama— respondió la alicornio blanca sin dejar esa sonrisa.

—Ok. Entonces, nos veremos lueguito— decía Lunar dando media vuelta y empezaba a caminar moviendo sus flancos de un lado a otro mientras el potrillo trataba de liberarse de su magia, pero no podía y observaba a Stellar como se alejaba de ella.

—… ¡Hermana, socorro!— pedía ayuda su hermanito que tenía mucho miedo de ir con la loca esa.

— ¡No te lleves a mi hermanito, por favor! ¡No te lo lleves!— gritaba desesperada, pero a pesar de sus gritos, la alidrake seguía su rumbo mientras tarareaba una canción alegre y estaba entrando a esa maltrecha puerta — ¡No te lo lleves, por favor! Por favor… No te lo lleves— lloraba a mares al ver como desaparecían los dos por la puerta, aunque pudo notar sus siluetas alejándose de ellas —… Stellar… piensa en algo… piensa en algo…— pensaba con sus lágrimas rodando en sus mejillas. No se le ocurría nada para salir de esa. Por lo visto, ya se estaba dando por vencida ya que no había solución alguna —…— en eso, miraba de reojo a la princesa que seguía mirándola con esa sonrisa —… … ¡…!— se le había venido una idea. Con solo pensar en algunas cositas y más por la actitud de la ex Clara, se le ocurrió algo descabellado y se sonrojaba por alguna extraña razón — ¡Lunar, tengo una confesión que hacerte!— inhalaba profundamente y lo soltó a los cuatro vientos — ¡Amo mucho los flancos de mi tía!— gritaba con tanta fuerza que hacía un eco en el lugar.

—Espera ¿¡Es verdad!?— exclamaba la aludida que se asomó de golpe por la puerta con una expresión de sorprendida.

—… S-Si… Esto… con tanto de hablar de flancos, vi… esos enormes flancos de la princesa Celestia con otros ojos… … No apartaba la vista de ellos ni como los… movía— decía la potra muy roja de lo que estaba diciendo.

—Vaya, vaya, por lo visto, tienes más oscuros secretos ¿no? Ji, ji— mencionaba Lunar con una risita saliendo del castillo para estar algo cerca de las dos y del grupo de inconscientes que seguían en el suelo. La alicornio blanca no decía nada, solo se quedaba en la misma posición con esa sonrisa. Comet la miraba incrédulo ladeando un poco su cabeza. Su hermana lo veía muy avergonzada por lo dicho —Entonces ¿amas sus flancos?— asentía con la cabeza — ¿Te gusta los flancos enormes, redondos y firmes?— asintió con la cabeza avergonzada — ¿Igual que los míos?— preguntaba con su típica sonrisa dándole la espalda y meneaba sus flancos de un lado a otro.

—… Sí.

—Ji, ji, ji. Ya veo. Ya te gustan los flancos… como yo. Ji, ji, ji— daba una risita la alidrake volteándose para verla de frente. El potro no hablaba, seguía confundido de lo que hacía la potrilla, pero ella lo miraba y le guiñaba un ojo, aunque seguía con la misma expresión.

Vamos, Comet. Entiende lo que estoy haciendo…— pensaba Stellar con nerviosismo por el acto que estaba haciendo.

—Te gustan tanto que los abrazaría y restregarías tu cara contra ellos ¿verdad? Ji, ji— decía la yegua loca sin dejar de reírse.

—… Si…— respondía con vergüenza.

—… Vaya, piensas igual que papi. Ji, ji, ji— daba una risita infantil —Okie ¿Quieres abrazar con locura los flancos de tu tía?— preguntaba con una sonrisa pervertida.

—… Y-Yo…— estaba muy nerviosa.

— ¿Yo que?— se acercaba la lunática moviendo sus flancos hasta estar cerca de la potra para verla con esa sonrisa perturbadora. El pequeño no entendía nada de lo que pasaba y seguía mirando a su hermana en silencio.

—Y-Yo… si…

—Ya veo. Ji, ji ¿Sabes algo? Si los abrazas y restriegas tu cara contra ellos, te liberaré y vendrás conmigo junto con tu hermanito ¿te parece?— preguntaba sin dejar de sonreír. La pequeña estaba temerosa y avergonzada. Asentía con la cabeza lentamente para seguir con el raro plan que estaba haciendo — ¡Genial! Ji, ji, ji— se reía con emoción dando saltitos.

—… Creo que mi madre me diría… "¿Qué rayos estás haciendo con tu vida?"— pensaba Stellar no muy segura de lo que hacía y estaba incomoda por como la miraba su hermanito.

¿Qué hace, mi tonta hermana? ¿Por qué dice eso? ¿Le encanta los flancos? ¿Por qué quiere poner su cara en un trasero?— se preguntaba en la mentecita de Comet muy confundido.

—Ji, ji. Nalgona del sol, bájala al suelo con delicadeza— ordenaba Lunar con su típica sonrisa.

—Si ama— la princesa obedeció poniendo a la pequeña en el suelo y la liberaba de su magia dejando que pueda moverse. La potra se aliviaba al poder moverse, pero aun así, seguía temerosa al tener muy cerca a la yegua loca.

—Ahora se una buena tía y da media vuelta, y siéntate para que tu sobrinita vea esos grandes flancos que tienes. Ji, ji.

—Como ordenes, ama— su esclava daba media vuelta y se sentaba haciendo que la potra viera perfectamente los flancos de Celestia dejando que se avergonzara mucho.

—Ahora hazlo, amiguita. Abraza como si tu vida dependiera de ello, como si fuera un juguete tuyo y no lo quieres dejar ir— decía la alidrake muy dramática.

—…— la potra no podía sentir más vergüenza de la que ahora sentía —…— se miraba un momento sus pezuñas. No sabía cómo había hecho que sus cascos fueran rodeados de fuego, ni sabía que lo tenía en sus cascos hasta que le dio ese fuerte golpe a su madre.

—Amiguita ¿pasa algo?— preguntaba la lunática mirándola con la misma sonrisa y ladeaba su cabeza a un lado.

—No… Nada…

—Entonces ¿Por qué no abrazas esas colinas?... O es acaso que ¿no te gustan?— preguntaba con una mirada de sospecha.

—Esto… sí, sí, sí, sí me gustan. Me gustan mucho como no tienes idea que hasta le lamería un flanco— habló la pequeña con rapidez, aunque al escucharse lo que dijo, se daba un facehoof —Oh, genial. Hiciste que esto se vuelva más raro de lo que ya es— pensaba fastidiada.

— ¿En serio? ¡Genial! Te dejaré lamerle uno de sus flancos hasta lámele la cutie mark. En esa parte debe estar calentita, porque ya sabes. Su cutie mark es un sol ¿entiendes? Ji, ji— la potra bajaba la mirada con fastidio y se decía en su mente lo tonta que era —Bueno, hazlo… Hazlo— sonó eso ultimo algo sugerente que no entendía mucho Stellar.

—…— la potrilla sin muchas opciones, se acercaba un poco más a los flancos de su tía y se ponía en dos con sus alas extendidas para tener sus pezuñas abiertas.

—…— el potro no decía nada. Solo seguía mirando hasta que su hermana abrazaba como podía los flancos de la alicornio.

—Ji, ji, ji. Ahora restriega tu cara contra ellos— habló Lunar aplaudiendo de forma infantil sus garras. Stellar avergonzada, restregaba su cara contra los flancos de su tía, más precisamente, entre ellos —No puede ser ¡Tú eres de las mías!— exclamaba emocionada al verla restregarse con el trasero solar. La yegua blanca no hacía nada, solo se quedaba sentada sin moverse hasta que su ama le ordenara lo contrario.

—… No puede ser… Stellar ya se volvió rarita y loca que las demás. Ahora sí, sí estoy perdido… Estoy rodeada de locas— se lamentaba el pobre potrillo que seguía levitando a causa de la magia de la lunática.

—… Ji, ji, ji. Ay, por favor ¿no te gustan las loquitas?— preguntaba con curiosidad su captora.

—No. Son raras y extrañas— comentaba fastidiado.

—Bueno, cuando regrese a mi hogar, te gustará las loquitas de Lunar. Ji, ji— daba una risita traviesa. En eso, veía a Stellar que seguía en lo mismo —Ahora, lámele un flanco— decía con emoción.

—…— Stellar no quería hacerlo, le repugnaba mucho hacerlo, pero no sabía que más hacer y parecía que su hermanito no entendía lo que quería que hiciera, aunque sabía que Comet no entendería lo que hacía a la primera, si no le podía susurrarle el plan en su oído. Sin más opción, ponía su rostro viendo el flanco izquierdo de su tía y se acercaba con la lengua afuera, pero tenía los ojos cerrados para pensar que lamía un helado de chocolate… Sin embargo, le sería difícil eso. Estaba a centímetros de tocar esa nalga con su lengua, le faltaba un poquito… un poquito más… Solo un poquito más…

— ¿Qué rayos haces con tu vida, Stellar?— la aludida se detenía casi rozando el flanco al oír hablar al potrillo. Tenía una gota de sudor en la nuca, porque le dijo como su madre le hubiera dicho haciendo tal calamidad —Yo pensaba que eres una hermana normal, pero noooooo, me equivoque. Eres una hermana rara, extraña y loca como las otras loquitas, raritas que parecen caídas de una mata— hablaba con molestia en su voz.

—Oye, más respecto a mis loquitas y a tu ama, potrillo malcriado— decía la alidrake indignada.

—Yo hablo como quiero. Todas están loquitas, todas, también mi hermana es una loquita, rarita, que no puede volar como un pegaso normal… Con razón que la llaman la planeadora, porque sus planeos dan tristeza— al escuchar eso, la potra le salía una vena de su frente —Dan tanta tristeza que hasta hace llorar a Rainbow Dash al mirar ese triste planeo que no llegaría, ni a su casa con ese vuelo tan malo, tan triste, tanto que me duelen los ojos de solo verla— la susodicha apretaba sus dientes y tenía un tic en un ojo —Y ahora resulta que le gusta el trasero de mi tía… Está enferma. Le dije a mami que la lleven a emergencias, porque lo necesita mucho, porque tiene la cabeza hueca, sus alas de gallina y un gordo trasero que no cabría en la puerta— eso fue la gota que derramó el vaso.

— ¡El gordo trasero lo tienes tú, glotón!— gritaba Stellar girando su cabeza para mirar al pequeño con furia, tanto que se prendió en ese fuego rojo nuevamente haciendo que los dos se sobresaltaran, pero lo que más sorprendió a Lunar, fue que la potra le agarró la cola a la princesa y la alzó con suma facilidad.

—…— la alidrake miraba como la alicornio iba hacia ella —… Como odio a esa mocosa— fue lo único que dijo, antes de que tirara a su tía encima de la yegua loca haciendo que Comet dejara de levitar y hacía que cayera al suelo de flancos.

—Auch…— se quejaba, pero después no pudo reaccionar ya que la potra lo cogió de su crin para lanzarlo arriba para que aterrizara en su lomo y empezaba a galopar para huir del lugar. La pequeña no estaba rodeada del fuego.

— ¡Lo hiciste, Comet! Pensé que el plan no funcionaría, pero lo captaste. Me alegro que lo hicieras, hermanito— hablaba Stellar con alegría.

—Espera un momento ¿era un plan?— preguntaba Comet confundido, sin embargo, sintió la mirada asesina de su hermana por todo lo que le dijo —Emmmmm. Sí, sí, sí. Claro que era un plan. Lo entendí a la primera y pues… pensé en que decir para hacerte… ¿enojar?— sonreía nervioso. La potrilla rodaba sus ojos y veía el frente para observar que iba hacia el precipicio donde se había caído el puente.

—Oh, rayos. Como cruzo eso sin puente y volver al castillo no es una opción— se quejaba la potra fastidiada ya que no sabía cómo salir de ahí, aunque pensaba en volar, pero le daba miedo de que planee, en vez de volar como las otras veces.

—Emmmm. Hermana, recuerda que tienes al mejor volador de la escuela— decía el potrillo con una sonrisa de presumido.

—… Estamos acabados— pensaba su hermana resignada.

Mientras los pequeños iban al precipicio, Lunar sacaba su cabeza por debajo de los flancos de Celestia ya que la princesa quedó noqueada por tan fuerte golpe que quedó en el suelo de espalda con sus ojos en espiral.

—Esa mocosa ya me tiene hasta la coronilla de su actitud— decía la alidrake enojada —Y tu inútil ¡quítate de encima!— exclamaba haciendo una onda expansiva que hizo volar a la alicornio lejos de ella igual que las otras como Aurora, Fluttershy y Rainbow que seguían inconsciente. Caían en los matorrales.

Los potros escuchaban ese grito.

— ¡Rápido, Comet! ¡Vuela más rápido!— gritaba Stellar con miedo.

— ¡Eso intento! ¡Pero lo que pasa, es que no cargo a una pluma, si no que cargo tu gordo trasero que pesa muchísimo!— se quejaba su hermanito molesto que volaba encima de ese hueco cargando a su hermana de sus axilas. Hacía un gran esfuerzo para no caer.

— ¡Y dale con la burra al trigo!— se quejó la potrilla de que se metiera con sus flancos. Ya estaban cerca de llegar a la orilla del precipicio.

— ¡Dejen de hacer que pierda el tiempo!— gritaba Lunar furiosa que salía disparada como un cohete hacia ellos haciendo que los dos pequeños miraran atrás y se asustaban mucho al verla ir hacia ellos. Comet se asustó tanto que se le cerró sus alas de golpe haciendo que se cayeran los dos y hacían que la alidrake pasara de largo — ¡Hijo de…!— no pudo terminar de hablar ya que atravesó muchos árboles por la velocidad que iba —Auch…— la yegua loca estaba bajo un montón de árboles.

En el precipicio

Se observaba a un pequeño potro siendo cargado en las pezuñas de su hermana mientras planeaba suavemente en dirección al suelo que se veía cerca del castillo. Stellar había reaccionado a tiempo para no terminar con un gran golpe.

—… Esto es muy incómodo— comentaba Comet ruborizado al ser cargado de esa forma, o sea como si fuera un bebé recién nacido.

— ¿Tú crees?— sonreía con burla y aterrizaba en el suelo para dejar a su hermanito en el suelo que seguía ruborizado.

— ¿Dónde estamos?— preguntaba confundido al observar alrededor, pero con su mirada, se dirigía a una cueva que tenía un misterioso brillo en la pared —Mira, una cueva— decía señalando la misteriosa cueva.

—No tenemos tiempo para ir a explorar una misteriosa cueva que posiblemente, haya una bestia salvaje y ¡no vayas mientras te estoy hablando!— exclamaba enojada pisándole la cola con una pezuña para que no avanzara ya que el pequeño iba a aprovechar que su hermana hablaba para ir a la cueva, cosa que no funcionó.

—Pfff. Aguafiestas— comentaba molesto con los cascos cruzados.

—Bueno, vámonos, antes de que esa loca venga por nosotros— mencionaba la potra temerosa y subía al potrillo en su lomo.

—Yo puedo caminar, tonta— se quejaba fastidiado.

—Sí, lo sé, pero así huiríamos más rápido y no te quiero perder de vista de nuevo— comentó mirándolo con los ojos entrecerrados. Su hermanito solo lanzó un bufido molesto.

—Como sea— respondió resignado.

Sin perder el tiempo, la mayor empezaba a galopar hacia unas escaleras que había visto cerca de ellos para subir rápidamente por ellas y al estar en la cima, comenzaba a galopar entre los arboles alejados del puente y el desastre que provocó Lunar al chocarse contra los árboles.

Mientras la pequeña galopaba como si no hubiera un mañana, la yegua loca que se encontraba bajo unos árboles, expulsaba una onda de energía que lanzó los arboles por cualquier lado hasta se lo tiró a unos lobos de madera que estuvieron de metiches por ahí haciendo que se convirtieran en ramitas.

—…— la alidrake miraba su reloj dibujado de la muñeca —… Estos mocosos harán que pierda el tiempo— se decía así misma. Iba a emprender vuelo, pero veía algo a un costado de ella haciendo que sonriera de forma juguetona.

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Stellar seguía galopando a como le daba sus patas, aunque lo que sucedió en el castillo, de caminar sin sentido, hacía que se cansara y mucho más al hacer esa fuerza sobreponi que le dio por unos minutos o segundos. A pesar de estar cansada, quería seguir y abandonar ese tétrico lugar, sin embargo, no pudo ir más lejos ya que apareció de repente al frente de ellos, una cabeza haciendo que se sobresaltaran y que la potra se detuviera en seco.

— ¿Q-Qué es eso?— preguntaba el pequeño temeroso.

—C-Creo que es un lobo…

— ¿En serio? P-Pero ¿Dónde e-está su cuerpo?— preguntó abrazando el cuello de su hermana. Los dos potros observaban al frente suyo, la cabeza de un lobo de madera que estaba levitando. Sus ojos eran amarillos.

—Hola, pequeñines ¿Quieren jugar con su amiguito la cabeza de lobo? Será muy divertido— decía la cabeza que movía su hocico como si hablara, pero… era una voz femenina que intentaba imitar otra voz y eso no lo engañaba nadie.

— ¿L-Lunar?— la potrilla estaba incrédula.

—Oh, rayos. Creí que no te darías cuenta hasta pensé en una canción para cuando me siguiera y llevarlos a una casa dulce donde… ME LoS COmERíA a ToDOs. Ja, ja, ja— se reía la cabeza haciendo que su mandíbula este muy abierta dejando ver el interior de su hocico hasta salía su mal aliento que hacía toser a los potrillos.

—Al menos lávate los dientes, cochina— mencionaba fastidiado Comet.

— ¿¡A quien le dices cochina!?— exclamaba la alidrake saliendo de un arbusto que estaba a un costado de ellos, sobresaltándolos del susto.

— ¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!— gritaban de miedo los dos y Stellar se daba media vuelta para galopar lo más lejos posible de ellos.

—Ay no ¿A dónde creen que van? Lobito, yo te elijo— decía Lunar de forma infantil y lanzaba la cabeza hacia ellos — ¡Usa mordisco!— la cabeza del lobo de madera tenía el hocico bien abierta para morderlos.

— ¡Rápido, nos persigue una cabeza!— exclamó el potrillo asustado al mirar acercarse esa cabeza con peligrosidad.

— ¡Eso intento!— exclamaba con fastidio. La mayor galopaba como podía y observaba a un par de metros de ellos, las escaleras que había subido. Por desgracia, se tenía que regresarse por donde vino por la loca yegua, pero en eso, se le ocurrió algo y se tiraba al suelo por un costado haciendo que la cabeza se pasara de largo, y caía hacia el precipicio. El lobo al observar que caía, daba un fuerte aullido de miedo y se partió completamente al tocar el suelo con dureza.

La potra se levantaba lentamente aliviada. Su hermanito estaba con la cara en la nuca de su hermana por esa tirada que hizo y se apartaba de su cabeza con un pelo en su hocico, y lo escupía.

—A la próxima ¡me avisas, tonta!— gritaba enojado.

—Sí, sí. Al menos agradece que nos deshiciéramos de esa cabeza, bobo— decía fastidiada.

—Sipi, pero no se deshicieron de ¡mi!— Lunar había aparecido de repente en el aire con intención de taclearlos. Los dos pequeños gritaban del susto y la potra galopaba con toda la rapidez que podía haciendo que la alidrake se clavara en el suelo en donde estaban antes —Podrán correr todo lo que quieran, pero no podrán escaparse de mi— la susodicha empezaba a volar a toda velocidad para alcanzarlo.

Stellar llegaba a las escaleras e iba a bajar, pero en eso, Comet gritó asustado.

— ¡Hermana, nos alcanza!— la aludida veía eso con miedo y sin pensarlo mucho, saltó al precipicio cayendo en picada. La lunática pasaba las escaleras para bajar volando con la misma velocidad para atraparlos.

—Ya los ¡teeeeeeengooooooo!— exclamó con un tono infantil. La potra con miedo, miraba como se acercaba el suelo con rapidez. Su hermanito asustado, se tapaba sus ojos con la crin de su hermana mientras la abrazaba del cuello para no ver. Parecía que se iban a estrellarse…

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Sin embargo, antes de que llegaran al suelo, la mayor abría sus alas para planear a centímetros del suelo y esquivaba a Lunar que se estrelló contra el suelo con violencia. La potrilla tocaba el suelo con sus cascos para poder pararse un momento y cerraba sus alas. Ella respiraba agitada por el miedo que había sentido.

—… ¿Ya nos morimos?— Comet no quería soltarse de su hermana. La aludida rodaba sus ojos.

—No, no nos morimos— decía con un tono burlón. El pequeño se destapaba para observar que estaban en tierra.

—Emmmmm. Yo siempre confié en que lo lograrías— mencionaba con una sonrisa nerviosa.

—Sí, claro— contestó por la poca fe que le tenía.

—A ver si logras escapar de esto— decía Lunar que sorprendentemente, llegó al frente suyo y la tomó desprevenida, agarrándola del cuello con una garra y al alzarla, se cayó el potrillo de espalda.

—S-Suéltame— trataba de forcejear Stellar para que le quitara la garra de encima, pero parecía que le apretaba más el cuello asfixiándola.

—Ya me tienes harta con tu actitud, mocosa. Ahora sí que no tengo tiempo para tus jueguitos de hacerme perder el tiempo— decía la alidrake con enojo y apretaba más su garra que pareció que iba a romperle el cuello. La potra no podía articular ninguna palabra, empezaba a marearse por la falta de aire, sin embargo, intentaba liberarse como podía, pero también perdía fuerzas.

— ¡Hermana!— exclamó Comet con miedo al observar lo que le estaba haciendo la loca yegua a su hermana mayor. Se encontraba en el suelo paralizado de miedo. No sabía porque, pero no podía mover su cuerpo, tenía mucho miedo de Lunar y más que hacía una mirada intimidante con sus ojos brillando con intensidad por la rabia que sentía la lunática.

—Ya me cansé de perder el tiempo. Si papi se entera que no estoy, me va a dar una buena tunda y no quiero eso por culpa de ti, potrilla malcriada. Trato de darte una mejor vida, pero sigues con esas estupideces, potrilla malagradecida— hablaba la alidrake enojada asfixiando a la pequeña que empezaba a ver todo borroso — ¿Sabes algo? Ya no te necesito. Solo me llevo a tu hermano y ya está. No me daré mala vida para hacer que vengas conmigo también… Haré lo que debí hacer desde un principio y no… no me refiero a hipnotizarte… con tu mami, me la quedo mejor y tu… desaparecerás de mi vista— agregaba con malicia en su voz y apretaba un poco más su cuello a punto de rompérselo, pero en eso, recibió una piedra en su cabeza interrumpiéndola. No se inmutó por la piedra y veía al responsable que era nada menos que el pequeño que se había levantado y agarró la primera piedra que vio.

—S-Suelta a m-mi h-hermana o y-ya verás…— tartamudeaba Comet asustado, aunque intentaba controlarse teniendo una piedra en un casco para lanzárselo a esa loca.

— ¿Es en serio? ¿Me vas a apedrear hasta morir?— preguntaba Lunar con burla. Stellar sintió como aflojaba un poco su garra, pero aun así, no era suficiente para tener algo de oxígeno. Como podía, miraba de reojo a su hermanito que tenía los ojos entrecerrados.

—C-C-Comet… H-H-Huy…— su voz sonaba con dificultad y apagada al estar sin mucho aire en sus pulmones, aunque la interrumpió, porque la loca yegua apretó de repente su cuello callándola.

—Ay, qué lindo. Tu heroecito viene a salvar a su malvada hermana. Que adorable…— decía con sarcasmo —Pequeño, es mejor que ya te olvides de esta, potrilla malcriada. No vale la pena salvar a alguien que te odia— agregaba con una sonrisa maniática, pero en eso, recibió una piedra en todo el ojo — ¡Ay, mi ojo!

— ¡Te dije que la sueltes, rarita!— exclamaba el potrillo molesto olvidándose de ese miedo y le lanzaba piedras que encontraba en el lugar hasta encontró una roca que golpeó en toda su cabezota.

—Ay ¿¡Puedes dejar de hacer eso!?— gritaba enojada.

— ¡No hasta que dejes ir a mi hermana!— gritó sin dejar de lanzar piedras. La alidrake encabronada, exclamó.

— ¿¡La quieres!? ¡Pues, ahí está!— en eso, lanzaba con fuerza a Stellar que salió volando a una velocidad anormal y gritaba de miedo hasta que se dio con violencia en la pared cerca de la cueva haciendo que escupiera sangre para luego caer al suelo boca abajo con la cabeza a un lado.

— ¡Hermana!— gritó con miedo su hermanito y salía galopando hacia su hermana dejando de lanzar piedras para ver cómo se encontraba — ¡Hermana, hermana!— al llegar, intentaba llamarla, pero sus ojos estaban cerrados y le salía un hilo de sangre de su hocico — ¡Hermana, por favor, despierta!— empezaba a sacudirla por un hombro para hacer que despertara, sin embargo, no había ningún resultado —Hermana… por favor… despierta. Abre tus ojitos… … Me portaré bien… En serio… … No quiero estar solo… por favor…— tenía como un río de lágrimas rodando por sus mejillas sin dejar de sacudirla.

—Vaya, por fin se calló el hocico esa malcriada, porque en serio, no entiendo del porque arriesga su vida así si ya tenía un futuro seguro. Yo le di ese futuro, pero botó todo a la basura— hablaba Lunar con fastidio, pero el pequeño pegaso no le hacía caso ya que se concentraba en Stellar.

—Hermana… despierta… … Decime bobo, decime lo que quieras, pero por favor… despierta— sollozaba sacudiéndola y no había resultado alguno haciendo que Comet dejara de sacudirla para luego llorar en silencio.

—Ya déjala, pequeñito. No creo que despierte… nunca más. Ji, ji— daba una risita burlona la alidrake acercándose al potro.

—…— no decía nada. Solo miraba con sus ojos llorosos a la potrilla mayor.

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Esto es mi culpa

Todo es mi culpa

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Mi culpa

Mi culpa

Si me hubiera portado bien con Stellar

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(Latido)

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¿Nada de esto hubiera pasado?

¿Mami y Papi seguirían arropándonos como siempre en nuestras camitas para dormir, y tener otro nuevo día?

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(Latidos más corridos)

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Es mi culpa… Es mi culpa…

Es mi culpa… Es mi culpa…

Es mi culpa… Es mi culpa…

—Oye pequeño, ya déjala. Es mejor que te olvides de ella, porque no te sentirás bien si sigues lamentándote así. Así que ven conmigo y olvida estas penas lamentables— comentaba la yegua loca estando detrás de él, pero él ni la escuchaba. Gotas caían al suelo por las constantes lágrimas que salían. Además, los latidos se escuchaban cada vez más fuerte y rápido. Lunar veía extrañada al potrillo ya que empezaba a temblar de repente y se sujetaba la cabeza con sus pequeños cascos, a la par, oía unos quejidos de dolor —Oye ¿estás bien?— preguntaba confundida alzando una garra para tocar su lomo. Al hacerlo, Comet gritó de golpe con un tono desgarrador haciendo que la alidrake saliera disparada muy lejos de él y chocaba contra una pared rocosa quedándose incrustada — ¿Pero qué carajo?— hablaba como si no sintiera dolor y salió de esa pared para estar en sus cuatro patas para observar impactada lo que veía. Se podía escuchar ese grito y además, de fuertes ventarrones que había por el lugar —… No inventes— agregaba sin poder creer lo que sus ojos miraban.

El pequeño cuerpo de Comet, se había rodeado de un fuego negro con una que otra línea azul imperceptible… aunque se cubrió mucho de ese fuego que parecía que el potrillo fuera de fuego ya que ni se veía su cutie mark. Su crin y cola eran de fuego de color rojo que se agitaba mucho por el viento que había, y no se apagaba para nada.

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En la entrada del castillo, una yegua se había despertado algo mareada. Salía como podía de ese matorral en donde terminó y cuando pudo salir, cayó de flancos adolorida.

— ¿Q-Qué pasó?...— preguntaba Aurora sobándose la cabeza sin tener sus lentes puestos ya que se le cayeron. Aún seguía adolorida por todo el cuerpo, aunque antes de que pensara en otra cosa, su melena y cola se agitaban con locura por el ventarrón que estaba llegando hasta allí… Y un grito que se oía haciendo que se quedara en shock hasta algo pálida. Sabía bien que ese grito era de rabia, de furia y conocía muy bien de quien gritaba —Oh no…— se levantaba como podía para ir a donde venía el grito y llegó al precipicio. Con su vista borrosa, podía distinguir la orilla para acercarse un poco y observaba abajo con sus ojos entrecerrados. No distinguía bien a ninguno de los presentes, sin embargo, pudo notar algo negro cerca de una pared rocosa —Comet…— agregó con preocupación en su voz.

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La alidrake se tapaba sus ojos con una garra hasta que después de un par de minutos, dejó de gritar de golpe haciendo que el viento parara.

—…— Lunar se quitaba su garra para observar al potrillo de fuego negro que se levantaba lentamente del suelo sin apartar la vista de la potra rojiza —Esto… ¿Hola?— no sabía porque, pero se había puesto muy nerviosa con ese aspecto. El pequeño daba media vuelta lentamente y lo que miró la lunática, la dejó en shock —Sigo diciendo… … No inventes— fue lo único que dijo al mirar fijamente a sus ojos que eran grises en su totalidad. No se veía las pupilas ni nada, pero el potrillo que sería Comet, tenía una expresión de furia y odio al tener su vista fija en Lunar Blood. Además… de unos fuertes y erráticos latidos que se escuchaba de su corazón.

Continuará.


Quería seguir, pero quedaría muy largo y yo no soy de hacer capítulos largos XD

Bueno, espero que les haya gustado.

Todos conocen muy bien a mi oc Comet y saben que algo anda muy mal XD

Eso es todo.

Nos leemos.