Aviso

La mayoría de los personajes de este anime "Candy Candy" pertenecen a Mizuki e Igarashi y a TOEI Animation; pues yo al igual que todas ustedes sólo los tomo prestados para escribir nuestras historias con ellos.

La siguiente historia está escrita solamente con el fin de entretener, es totalmente salida de mi imaginación y cualquier parecido con otra es pura coincidencia


..~~**

Albert miró dudoso una vez más el reflejo de su imagen en el espejo.

Se acercó lo suficiente para observar con detenimiento su rostro. A medida que paseaba la mirada al mismo tiempo también palpaba con una mano cada hendidura y rasgo. Retrocedió de nuevo los mismo pasos y se miró con ojo crítico, por milesima vez más de cuerpo entero. Su tez clara y el cabello rubio cenizo contrastaban a la perfección con sus ojos, de un color celeste pálido. Bueno, no "pálidos" Exactamente; sino claros, como una mañana de primavera. Según solía decirle su madre... y Candy.

Candy...

Detuvo la mano inquieto en la mandibula y se concentró de lleno en observar el traje, en como le quedaba. Chasqueó la lengua en actitud reprobatoria. Tenía la impresión que de un tiempo para ahora nada de lo que se hiciera o pusiera hacía justicia al resultado que él deseaba obtener en cuanto a su postura e imágen.

¿Era posible sentirse uno asi de ese modo consigo mismo?... Medirte pilas y pilas de ropa para no terminar satisfecho con nada, ni si quiera con ese traje en el que prometió verse esplendoroso.

Entornó los ojos.

No, claro que no te sientes asi a no ser porque te sientas motivado por alguien.

Él desde que un adolescente aprendió a reconocerse lo suficiente como para identificar los cambios emocionales que atravesaba su mente. Y es que, desde hacía un mes que se percató de sí mismo arreglarse con sumo cuidado una vez a la semana.

Para ser más franco, el día que le llegaba a visitar Candy.

Nervioso, se sentó al borde de la cama y empezó a frotarse con pesadez de arriba hacia abajo la cara con ambas manos. Estaba mucho más que claro para él que comenzaba a sentir algo más que simple cariño de amistad por Candy.

No iba a negarlo, le empezaba a gustar bastante su compañia. Disfrutaba más de lo que podía admitir su presencia y por Dios que en las semanas que habían pasado, extrañó con zozobra verla y escuchar su alegre risa... Buscar entre sus pensamientos la imágen de ella, iniciaba a ser una constumbre de todos los días en él.

Pero vamos, en años anteriores había sentido la misma sensación por otras chicas, al verlas y convivir con ellas como no iba a ser posible. No obstante en eso se quedarón, en sensaciones que asi como aparecían se esfumaban de la nada, sin que él mismo tuviera cuenta de cuando pasaba.

Lo mismo pasaría con esta.

Lo que él creía "sentir" por Candy, quizá era por la impresión de verla nuevamente. Sólo que más grande, ósea hecha toda una señorita, y por ende más bonita. Porque si lo era, precisó.

Sin embargo esa idea no alejaba en nada su aturdición ante lo visto. Conocía a Candy desde que la chica tenía seis años. Y siendo él un joven ocho años mayor que ella le inspiraba ternura y un inexplicable impulso de protegerla y estar allí para ella, algo en lo que no dudó. Varias vaces había memorado a una pequeña Candy con coletas y las varias veces que se escapaba de sus clases para ir a verlo, constumbre que ya era incorregible en ella dado el presente.

Una sonrisa se escapó de sus labios, aunque él mostrara su desaprobación ante tal actitud, no la alejaba. En aquel entonces le resultaba curioso y al mismo tiempo encantador que aquella pequeña revoltosa lo buscara para compartir sus risas y tristrezas, viéndolo y diciéndole siempre con sus grades ojos verdes que era afortunada de tener a su propio príncipe salido de un cuento, como los que leía.

¡Bha, no lo era! Un príncipe no se siente atraído por quien lo considera su amigo, ¿por qué no era eso ser amigos? Verse, reirse y confiarse secretos que nadie más sabría. No era nuevo para él compartir tiempo con Candy y aun asi, ¿por qué esa emoción de pronto en él?...

Fuera, como fuera aquello ya se le pasaría porque no iba a cambiar. Le gustaba y apreciaba su amistad con Candy aun con los años que los separaban. Se entendían bien y no estaba dispuesto a rehuirle y tamporco a que instintos visuales, ya propios de los hombres lo arruinaran. Además lo de los hombres mayores con mujeres más jóvenes era cosa del siglo pasado. Pues ahora, no es que fuera tampoco tan raro, mas ya no tan común. No eran muchas las parejas asi...

Se quedó unos minutos meditando en esto último. Espantado sacudió la cabeza, ¡qué demonios pensaba! A como fuera, tendría que calmarse y echar de lado esa sensación. No quería volver a sentir esa incomodación de torpeza cuando tuviera a Candy cerca y mucho menos esos "celos" Cuando le hablara de algún muchacho, era normal en adolescentes y como tal, por ser mayor que ella y su amigo ante todo, su deber era prevenirla de lo mañosos que unos podían llegar a ser.

Cayó en cuenta de la vibración del teléfono a un lado de su pierna. Lo sacó presuroso de bolsillo y al checar la pantalla vió el registro de una llamada pérdida y un mensaje en espera de su madre:

°•.°•.

"William Albert Ardley, ¿dónde estás? Llevamos aquí casi una hora y nada que te apareces, mejor dicho aparecen. A Candy tampoco la vemos... ¿no estarán por allí ocultandose, verdad? Yo también quiero verla arreglada como un espíritu de la flor, ¡ya aparezcan! O esta vez si me escucharas William...

.•°.•°

Asi sería de...

Primero iba a acabar la fiesta y él pensando en las un y mil razones del porque no permitirse sentimientos hacia Candy como si fuera el final del universo.

Tiró del saco que descansaba en la silla. Se perfumó y vió otra vez más... Su reflejo. Ojalá estuviera lo suficientemente esplendoroso para ella, sacudió la cabeza. Allí iban de nuevo esos pensamientos.

Reprimirse se convertiría en su palabra clave y favorita de todos los días a partir de ahora, se dijo de forma seria.

Salió del departamento e inició el camino empedrado hacia el Real Colegio San Pablo.

De repente, se detuvo en seco al repara en un detalle. Si no mal leyó, su madre le preguntó si acaso ellos no andarian juntos ocultándose por alli.

Por su persona, era obvio que no; pero y entoces, ¿dónde estaba Candy?...

..~~

-¿Dónde estabas? -fue el saludo de Albert cuando al no más entrar al salón se encontró con figura de Candy -. Mi madre me envió un mensaje diciéndome que no te ha visto, cree que estamos juntos por allí -hizo un ademán con la mano.

La muchacha no respondió nada y tirando rápidamente de la mano de él lo condujo a un espacio menos aglomerado.

-¡Qué alegria que hayas venido! -manifestó felíz y abrazandolo por la cintura.

Se apartó de él y Albert tomó nota del curioso brillo que había en sus ojos, haciéndolos ver más grandes y resplandecientes... Titubiando un poco, observó como la jóven iba a empezar a hablar cuando de pronto:

-¡William, Candice! Asi que allí están -expresó Pauna, la madre de Albert caminando hacia ambos jóvenes en compañía de su esposo.

Candy regresó la mirada nerviosa y suplicante hacia Albert -: No digas nada, sólo sigueme la corriente -murmuró a lo que el muchacho se quedó perplejo.

-Pero miren no más que bien lucen, ¡Oh... Candice, estas preciosa con ese vestido! -elogió mientras la abrazaba con efusión -y William... -voltió la mirada a su hijo y frunció los labios.

Se acercó al muchacho y elevó la mano en un intento vano para hacerle aun lado los mechones que siempre le caían en la frente. Albert al ver el gesto le tomó la muñeca suavemente:

-Estoy bien madre, asi me gusta -expresó.

-Lo sé, pero es que... -continuó ella insistente mientras frocegeaba para lograr su cometido.

-Ya no soy un niño.

A Candy, sin poder evitarlo se le escapó una sonrisita ante tal escena.

-Ya dejalo querida, ya te dijo que asi le gusta -habló el padre de Albert sujetando a su esposa por los hombros.

-Como no va gustarle, si lo heredó de ti -expusó encarandolo y señalando la frente de él.

-Herencia que lo hace más apuesto, ¿acaso no fue eso lo que te conquistó? Estoy seguro que ha de tener una larga fila de admiradoras esperandole

-Mi hijo no fue educado para ser un don juan.

-No dije que lo fuera.

La pareja de esposos sotuvo un breve debate sobre su hijo, lo don juan y el mechón de su frente. Mientras que Candy y Albert sólos los observaban, una con sonrisas disimuladas a cada segundo y el otro, con una mano en la frente en actitud reprobatoria y vergonzosa.

Al final concluyeron en que su hijo por tener una buena apariencia, no significara que fuera un don juan. En que el mechón de su frente le gustaba y había que respetarlo. Y que por último, a Paunna le había gustado mucho ese mismo mechó cuando se conocierón, pero que no fue eso lo que la conquistó.

-Supongo que este es mi castigo por ser hijo único -comentó Albert en tono de resignación viendo hacia el techo, donde más arriba esperaba haber sido escuchado por el cielo.

Fijaron su vista en él y dos pares de ojos pestañaron pasmados al escucharlo.

-Candice, gusto verla de nuevo -William estiró su mano para esctrechar la de la joven -. Luego de este pequeño incidente, déjeme decirle que está usted muy bonita con ese vestido.

-¡A qué lo esta! Estoy segura que ha de ser la más bella -siguió elogiandola muy feliz Paunna -. Aunque bueno... Tal vez lo llegaría a ser de no tener esas manchas de barro al borde del vestido; pero Candice, ¿dónde se habían metido? -preguntó viendola primero a ella y después a su hijo.

No eran muchas manchas, sólo unas cuantas salpicaduras, pero lo bastantes visibles para el ojo de la señora.

-Eh... Bueno es que es algo inexplicable -balbuceó la joven llevandose la mano a la nuca.

Tan absorta hubo quedado al ver la interacción familiar de Albert y sus padres, que al oír la pregunta de Paunna se le olvidó de rondon lo que tenía planeado decir.

-Candy estuvo mostrandome las instalaciones, debo admitir que han cambiado varios aspectos desde que yo estudié aquí -miró a la joven de soyolaso -: Sin fijarnos pasamos cerca de un charco de barro en uno de los jardines nuevos y fue asi como se manchó el borde del vestido -finalizó la enigmática gran mentira por ella.

-Pero, ¿por qué no contestabas?.

-Tenía el celular apagado, lo siento.

Paunna los miró escéptica, le daba la impresión que algo escondian, su sexto sentido de mujer se lo gritaba... En fin, les sonrió con simpatía a los dos al llegarle una idea a la cabeza.

-Que les parece una foto juntos -propuso.

Se veían tan elegantes asi vestidos que sería una lástima no enmarcarlos en una fotografía. Sin embargo, ni bien hubo asomado las manos a cartera para sacar la cámara cuando escuchó un perfecto "¡No!" Al unísono.

Los miró con recelo -: ¿Por qué no? Si lucen bien...

-Sabes que no me gustan las fotos madre.

-Yo tampoco soy amante a las fotografías sra. Ardley, perdone -secundó Candy.

-Pero... si sólo será una.

Paunna no estaba dispuesta a consentir algo tan absurdo, abrió la boca para seguir replicando, pero su esposo la interrumpió... Otra vez.

-Quizá más tarde puedas tomarla cariño, mejor disfrutemos de la fiesta, quien sabe cuando podremos asistir de nuevo.

-Razón por la que hay que tomarles una foto, quien sabe cuando los volveremos a ver vestidos asi -señaló a la pareja de rubios.

-Deja a los chicos, seguro han de querer ir a bailar. Nosotros iremos a pasear por los jardines, tal vez encontremos el charco que salpicó a Candy -los miró de reojo y se les tensó el rostro a ambos -. Nos reuniremos en una hora para comer algun aperitivo.

-Si..., si claro... -contestaron apenas.

-Bien -se volvió hacia su esposa -. Asi que, me acompaña a caminar querida mía -le ofreció galante el brazo.

Y olvidandose de la fotografía:

-Por supuesto querido mío -aceptó encantada el brazo, amaba ese comportamiento en él -. Chicos, no se les olvide, en una hora. Tenemos mucho sobre que hablar, en especial de ti Candy, Bert me ha dicho mucho sobre ti en estas semanas que ansío yo misma escucharlas de tu boca.

Ambos adultos les sonrieron y luego se desaparecieron entre la muchedumbre.

-Crees que tu papá se haya tragado ese invento tuyo -la pregunta saltó de la boca de Candy en cuanto pudo.

-Pueda ser, de cualquier modo no me someterá a un interrogatorio por eso.

-Lo que nos tranquiliza entonces.

-Asi es.

Miró la dirección por donde se habían ido los padres de Albert. Agradó los ojos al tomar cuenta de un detalle.

-Dime que sólo has hablado cosas lindas de mi a tu madre.

-Claro que sólo han sido cosas lindas sobre ti Candy -se inclinó sobre el oído de ella para susurrarle -: No sería capaz de contarle sobre tus furtivas escapadas para ir a verme, para eso estamos los amigos -le guiñó un ojo.

-Perdona, no desconfío en que seas un soplon. Me daría mucha vergüenza si tú madre se enterara de algo asi, pensará que estoy detrás de ti.

Albert quiso mencionar que en todo caso era él quien las tenía de perder ante su madre por permitirlo. Era él quien debía sentirse avergonzado, en el zoológico daban por sentado que eran hermanos. No lo negaba, pero tampoco lo admitía para que la gente no se metiera.

Sin embargo, si algo así llegaba a los oídos de su madre, ¡qué Dios lo encontrara confesado! Pensó cuadrandose de hombros. Vió a las parejas que estaban en la pista de baile y regresó su mirada a Candy, quien los observaba absorta.

-Muy bien, ahora que ya te encuentras mejor. Me haría el honor de un baile mi bella dama... -dijo al tiempo que hacía una reverencia, provocando con ello en Candy una sonrisa -. Y claro, aprovechando que no esta mi madre para sacarnos la foto.

-En todo caso, encantada de aceptar mi príncipe.

Albert hizo una mueca de desagrado. Tenía que ser precisamente ese día en el que lo nombrara asi.

-Sabes que nunca me ha gustado que me llames asi, Candy.

-Lo sé muy bien.

-Y entonces.

-Hoy si te ves como un verdadero y esplendoroso príncipe con ese traje -lo miró angelicalmente.

-No tienes cura, Candice White -murmuró.

-¡Oye!

Albert hizo una sonrisa de lado, tomó una mano de la joven y caminó entre las parejas que bailaban hasta situarse cerca del centro, donde se encontraba más vacío.

Al volverse para sujetar a Candy como se debía, sintió unas ansías terribles. De repente el hecho de bailar con ella le produjo la sensación de torpeza, emoción y nerviosismo. Con el corazón bombeandole a mil como si fuera su primer baile con una mujer. Posó una mano en la cintura de ella y con delicadeza envolvió la mano izquierda de ella mientras Candy se amoldaba a la misma postura.

Por último la acercó más hacia sí.

Al constatar la mínima próximidad que había entre ellos, tuvo que cerrar los ojos para calmar los suaves aleteos que ya no sólo sentía en su corazón, sino también en el estómago.

"Esto no era lo que nos propusimos. Recuerdas, reprimirse es nuestra palabra clave y favorita"

Musitó la voz interna de su ser, ante sus traicioneras reacciones emocionales y físicas.

-Albert, te sientes bien... -oyó la suave y preocupada voz de Candy.

Abrió los ojos de golpe al recordar donde estaban. Ella tenía los ojos fijos y expectantes en él. Se miraron unos instantes hasta que él adoptó un gesto más risueño y despreocupado, para despistarla:

-Claro, ¡lista!

Candy no pudo responder porque Albert, con suma destreza afianzó más el agarre en su cuerpo antes de dar el primer movimiento. De un segundo a otro ya se encontraban girando y desplazando los pies al ritmo suave de la melodía instrumental que llenaba todo el espacio del salón.

"Típico del arcaico San Pablo"

-Vaya, nunca imaginé que bailaras tan bien esta música -lo elogió ella admirada.

-Yo siempre me muevo bien.

-Presumido -le nombró empujandole apenas el hombro -. Es obvio que son para tú madre los aplausos al haberte instruido bien.

-Pues al ser su única opción tuvo que hacerlo para cuando papá estaba ocupado en las fiestas.

-Seguro deben ser recuerdos muy atesorados.

-Un poco -arrugó la náriz -era muy estresante para mí recibir tanta instrucción al mismo tiempo, "abre bien la piernas" "sujeta con firmeza la mano y la cintura" "¡eres tu quien lleva baile, William!" -recitó los regaños que solía decirles su progenitora -. Sin embargo, estoy de acuerdo contigo al ser por ella que puedo bailar... Y no soy un presumido -recalcó antes de hacerla girar.

Al estar otra vez de frente le sonrió y Candy le devolvió la sinrisa tímida por el modo tan condescendiente con el que la estaba tratando.

-¿Tus padres están aquí? -preguntó al no verlos.

-No.

-¿Ah, no?...

-No -reafirmó con una sonrisa, no obstante al ver la cara de él bufó y se dispuso a explicar -: Tenían una junta en el trabajo. Bueno en realidad solo era papá, al parecer mamá argumentó que no tenía tiempo para estas cosas y mucho menos para verle la cara a tanta gente.

Albert frunció el ceño y sintió el calor subirle al rostro.

-Pero si eres su hija, comprendo a tu papá; pero y tu madre... Cómo puede no venir a pasarla contigo en estas pocas ocasiones... -una madre no se comportaba asi por nada ni por nadie.

-No todas son como la tuya Albert -estiró los labios -no te envidio, porque gracias a ella eres la persona increíble y amable que eres, la persona de la cual tengo dicha de que sea mi amigo -añadió viéndolo con cariño.

-Tu también eres increíble y amable.

-Gracias -le sonrió de lado.

-No es un cumplido.

-Lo sé, pero lo soy a base de ti, por la afortunada suerte que tuve de haberte conocido es que sé de muchas cosas, entre ellas amistad y querer.

-Hey, hey...No Candy, no -le elevó la mirada -. Si bien te haces una mejor persona al conocer y tomar lo bueno de otras. La verdad es que eres tu, y solamente tu quien escoge serlo. Tus padres quizá no sean los mejores, pero estoy seguro que te aman y que no es por mal que te tratan asi... Pero sobre todo, estoy convencido de que tu eres quien eres, porque asi quieres serlo.

-Ves a lo que refiero, por ese tipo de palabras tuyas es que soy como soy... -miró a otra dirección para que no notara las tenues lágrimas que sus palabras le habían causado -. Siempre sabes que decirme... -murmuró.

Ese era Albert para ella, quien siempre tenía las palabras adecuadas para ella cuando sentía derrumbarse. Su príncipe rescatandola de la torre... Porque aunque fingiera felicidad y alivio, lo cierto era que le hubo dólido saber que su mamá no quisó asistir ese día.

"Y siempre las tendré para ti Candy"

Pensó para sí Albert. Miró hacia el lado contrario de Candy, distrayéndose en ver la cantidad y variedad de parejas; unos se daban por hecho que eran una pareja y otros por sus miradas cómplices, que eran amigos y otros por la postura, familiares.

¿En qué grupo encajarían con Candy? Llegó a su mente. Bufó sin emoción, era obvio que en la de amigos.

-¿Por qué Bert?

-¿Qué?

-Tu madre te llamó asi hace un rato, ¿por qué, Bert? -remarcó.

-Es un diminutivo de cariño, "pequeño Bert" Solía decirme cuando era niño.

-Oh... Pero ya no eres pequeño -subrayó asombrada de ese dato.

Sonrió -: Por eso es sólo Bert ahora. Te imaginas lo vergonzoso que me resultaría si me llamara pequeño Bert con lo grande que estoy -comentó -. Puedes llamarme asi, si lo deseas.

Aparte de su madre nadie más le llamaba por ese diminutivo, que Candy le llamara asi seria muy especial para él, y más por la confianza que compartian.

-Claro, Bert -lo miró enternecida -es un lindo y tierno nombre eso de Bert -reflexionó. Arrugó la nariz, haciendo que las pecas se le movieran y al pasar un instante se le vino algo ocurrente a la cabeza -... Aunque Bert y Bear se parecen, ¿no lo crees asi, Albert?

-Ja, ja Muy graciosa Candy, pero no soy un oso.

Ella contuvo un risita.

Albert dió un paso al frente y la hizo girar, dió otro hacia atrás y volvió a hacerla girar. Al estar otra vez de frente, Candy siguió sonriendo y mientras lo hacia vislumbró la sombra de alguien a su espalda... Buscó la sombra, moviendo ansiosa la cabeza de un lado a otro hasta encontrarlo apoyado en una de las columnas del salón, en una postura elegante y sonriéndole engreído, mas con un deje de cálidez en sus ojos.

Terry.

Un súbito sonrojo sintió subirle hasta la raíz del cabello, no sólo por la mirada embelasada que tenía en ella; sino también al recordar lo que hacia unas horas había pasado con él... ¿Quién lo diría, no? Ella y Terry...

-Candy, ¿acaso estás sonrojada?

Y he allí que Candy se sonrojó aun más de lo que se podía al ser descubierta. No supo que hacer más sonreír abochornada.

-Perdón -se disculpó el joven.

-No, no. Esta bien Albert, no es nada -dijo en el mismo estado.

Regresó la mirada otra vez hacia donde estaba Terry, únicamente para ver como éste se marchaba del salón. Albert siguió la mirada de ella y sólo alcanzó a verle la espalda al joven. Se fijó en el cabello castaño sujetado por un lazo y tuvo la sensación de haber visto ese mismo porque en alguien más, ¿en quién? Se preguntó intrigado regresando la vista a Candy, quien volvía a tener la misma expresión de cuando recién llegó.

Ruborizada y con los ojos llenos de un brillo de emoción. Vió otra vez por donde hubo salido aquel muchacho y no necesitó de una gran ciencia para intuir que algo pasaba entre ellos. Un leve piquetazo le aguijoneó el corazón, sin embargo lo ignoró y tragó saliva con fuerza evitando hacer caso a la melancolía de sus "no" injustificables sentimientos.

A continuación, tomó su actitud carismática de siempre para con ella:

-Hay algo de lo que quieras hablarme, ¿eh Candy? -la instó. La hizo girar y la chica tenía aspecto auscente.

Candy se encontraba sumida en sus ideas, escuchó la pregunta de Albert; pero no tenía el suficiente valor o quizá confianza para contarle.

Y es que.

Cómo decirle a tú mejor amigo, a un hombre mayor que tu; que justamente esa misma tarde..., precisamente unas horas atrás... Habías recibido tu primer beso con el muchacho que acaba de marcharse.

Si, con aquel joven al que ella siempre tachaba de granuja engreído, con Terry... Para ser sincera lo disfrutó, aun cuando fuera desprevenido y arrebatado.

Le gustó.

Porque con ese beso se reafirmó para sus adentros que estaba empezando a enamorarse de Terry Granchester...

-Candice.

-Sabes que odio ese nombre -protestó saliendo de sus cavilaciones.

-Lo sé, pero te estas sonrojando de nuevo... Segura que no hay nada de lo que quieras hablarme.

-... Bueno, pues yo... -vaciló -. Sabes que, no es nada.

-¿Segura?... Ese muchacho no tendrá nada que ver con las gotas de barro en el vestido, ¿o si?

-¡Albert! -exclamó subiéndole el color y el calor hasta el rostro.

El joven rió alegre, seguía sintiendo cierto dolor, pero no le prestó atención.

-Esta bien Candy, si no quieres decirmelo esta bien, lo comprendo. Ya será en otra ocasión -después de esas palabras le sonrió divertido para después hacerla girar.

Ella le devolvió la misma sonrisa, se sintió mal consigo misma, pero estaba lo suficientemente avergonzada y felíz como para contarle, ya se lo diría en otro momento, cuando la confianza se lo permitiera.

La música paró y ambos decidieron también parar de bailar, se sentían sedientos y cansados luego de estar girando durante tres piezas músicales consecutivas.

Una vez saciados de agua fueron a buscar una mesa donde sentarse, para sorpresa de ellos los padres de Albert ya se encontraban sentados en una. Paunna no tardó ni dos segundos en insistirles por una foto en cuanto los vió, tampoco tardó mucho en recibir la respuesta.

No.

-¿Tus padres vendrán Candy? -preguntó el padre de Albert al cabo de un rato, llevandose la copa de vino a los labios.

-Papá tenía una reunión de trabajo y mamá no quiso venir por estar con él -respondió Candy mirándolo.

-Ah... -fue la murmuración de William entrecerrando los ojos.

Sintió indignación y tristeza por aquello, aunque en parte era bueno que ella no hubiera asistido.

Marie Smith de White.

De haber sido asi, tal vez hubiera removido en él ciertos recuerdos añejos... Sentimientos que pertenecieron a otro tiempo...

El resto de la tarde continuó alegre. Los esposos Cronwell junto a Steir y Archie se les unieron al igual que Annie y Patty que entre risas les gastaron una que otra broma a los mayores, entre ellos incluido Albert, quien no paraba de bromearles también a los más adolescentes hasta hacerlos ruborizar. Candy buscó en varias ocasiones a Terry con la mirada, pero no volvió a verlo.

-Por favor William y Candy, déjenme tomarles una foto -pidió en algún momento Paunna, a lo que los jóvenes se negaron rotundamente de nuevo.

Comieron, bailaron y siguieron hablando y riendo sobre diferentes temas. La madre de Albert tampoco en ningún segundo desaprovechó la oportunidad de insistirles por una foto, pero ambos rubios seguían sin dar cavidad. Algo que de algun modo irónico hacia reír a todos los demás presentes.

-Esta será la última vez que se los pida, o me dan una foto o prometo William que...

-Esta bien -aceptaron al mismo tiempo la pareja de rubios dejando a Paunna con la boca abierta y las palabras atragantadas.

Se las tragó y de pronto su semblante de ceño fruncido fue reemplazado por uno de emoción. Pegó un grito y arancandolos de la mesa a ambos con arrebato se los llevó al lugar perfecto para tomarsela antes de que cambiaran de opinión. Las risas de todos era lo único que se alcanzaba a escuchar al ver como los llevaba.

-¡No se muevan chicos! -advirtió sacando rápidamente la cámara -¡William por qué te colocas allí, es allá! -le señaló, introdujo el rollo -. ¡Asi no chicos, pasense el brazo por la cintura y sonrian, por Dios!

Cabe decir que después de varias reprimiendas que los hicieron arrepentirse Paunna obtuvo satisfecha su foto.

A dos jóvenes félices, un hombre joven con su rostro sereno, pero que en su mirar se reflejaba la cálidez y alegría de ese momento. Y a una joven, sonriendo ampliamente como si en ello se le fuera a ir el mundo.

Eran Candy y Albert, uno al lado del otro abrazados... Ajenos del futuro que les deparaba.

Lejos de allí, escondido entre la muchedumbre, Neal Leegan observaba con rabia el momento. Apretó los dientes y arrugó por dentro la bolsa de su elegante pantalón. Se sentia ardido porque Candy instantes antes de que llegara su primo, el muy querido William Ardley le hubiera machucado el pié en la pista de baile.

A él, que sólo deseaba unos minutos con ella.

Como sea, no lo olvidaría, asi como tampoco ese instante...

..~~**

Continuará...


.

...

¡Holaaa!

Antes que nada, ¡woaaaw! Nunca me imaginé llegar a ser recibida de nuevo asi de este modo. Me tienen impactada y muy felíz la verdad 😄.

¡Gracias sinceramente por sus comentarios!

Rosario Escobar, Guira14, LovlyArdley, amiga Mj, elbroche, Bunny, Abril, Mercedes, chidamami, Yagui y osiriscruz758

Una alegria tremenda leerlas de nuevo chicas! Ver nicks conocidos siempre es muy entusiasta, ya las extrañaba jeje... Mil gracias por leerme aun y alegria saber que estan bien.

También a:

Lety Ros (Hola! Muchas gracias a ti por leer y comentar, significa mucho para mi y me alegra saber que te gusta la historia y que le haces frente a esta situación, asi debe ser)

Denisse Trevio (Hola! Bueno pues aqui esta el otro capitulo. También a ti muchas gracias por leer esta y mis otros intentos de historia jaja... Yo soy de la capital de Guatemala y al igual que en tu pais aqui pasa lo mismo. Las tiendas y farmacias abarrotadas desde el primer día que ingresó el virus. Las medidas de prevención están bastantes fuertes aqui, con casi un mes no pasamos de cien contagios aún; pero confiamos en el trabajo del gobierno y primeramente en Dios que todo saldrá bien. Gracias por tus deseos, tu también cuidate )

Dina, settale, Eydie Chong, Sara y Nancy

Sinceramente me sorprendí de ver sus nicks por aqui, las habia notado, pero en otras historias jeje Aun, asi gracias por leer, les estoy muy agradecida y tienes razon Dina, sólo Dios ayudará en esta crisis mundial.

Y finalmente a todas las Guets que comentaron, nunca habia tenido tantos comentarios de Guets, pero al igual que con todas las anteriores me alegró leerlas!

Disculpen que no devuelva sus comentarios más personalizado, pero ya pasan de las 01:30 pm aqui en mi pais y ya tengo sueño jijiji, pero todavía sigo terminando de dar retoques al capitulo porque quiero publicarlo esta misma madrugada jaja...

Espero les guste, en lo personal este será uno de mis capitulos favoritos a lo largo de esta historia por varios puntos, porque a partir de estos se desarrollarán otros jeje...

Hubo una Guets que me comentó que a la historia le faltaba precisión y quizá otras lo piensen igual... Como escritora estoy consciente de ese detalle, yo que soy quien la escribe me doy cuenta, pero nada puedo hacer si les soy franca. Quiero desarrollar esta historia lo mejor que pueda, dar toda mi habilidad e imaginación en ella y si me apresuro en los hechos estoy segurisima que muchas me reprocharan por la falta credibilidad que existe en los protagonistas más adelante. No se cuantos capitulos me tome para terminar la historia, pero en verdad mi deseo es entregarles una historia más completa y que por demás les guste al final. Asi que, tengame paciencia por favor a mi y mis rubios.

Les mando un abrazo, es un alivio saber que muchas estan bien y que a pesar de esto el animo sigue en pié. Espero seguirlas leyendo a ustedes junto a las chicas que no vi por aqui, pero que de deseo que se encuentre bien y aparezcan.

Cuidense mucho, Valery 😊💜