Capítulo XXIII


Con algo de paciencia que no poseía en ese momento. Severus colocó un encantamiento para detener el sangrado del costado roído de la niña.

Los dos pelinegros, aprovecharon que la atención de los yōmas se encontraba en las Claymore y Sirius, llamó:

—¡Kreacher! —El elfo apareció y a regañadientes esperó las órdenes — ¡Llévanos a San Mungo!

El elfo cascarrabias, obedeció e hizo desaparecer a los magos y la brujita herida.

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Con Rafaela e Hysteria a la cabeza del contrataque. Los magos y brujas dieron ser auxiliados por los aurores.

En ese instante. Draco aferró a sus hijas y llamó:

—Dudle, vamos.

El muggle no se hizo del rogar, ni mucho menos y se unió a su ´rimo político y sus sobrinas. Puesto que era el único que no podría salir de ahí sólo.

Fred los vio partir y luego, junto con su hermano, se fueron a revisar si su tienda y casa, seguían en pie.

Los otros se dispusieron a ser de ayuda. Lucius y Remus levitaron los escombros de lo que era parte de Exquis. O eso pretendía el licántropo, más el patriarca le pidió.

–Ve con Draco.

–Pero yo quiero ser de ayuda.

–Y lo serás. Mi hijo no se veía muy tranquilo. Las niñas y él necesitan a alguno de los dos.

Remus gruñó un poco, pero cedió y cuando Tiny apareció se fue con este acompañado de Theo que estaba molesto; porque Charly igualmente lo envió fuera de ese pandemónium. Nott deseaba documentar esa batalla, aunque los Kakuseishas no parecían tan activos como hacía unos minutos. Hermione se movió en dirección de la calle para ayudar y a decir verdad, ver de cerca a esas moles; más Ron la detuvo.

—Es mejor que te vayas. Hace unos minutos estabas indispuesta.

—Quiero ayudar.

Nott escuchó la conversación y se acercó a la bruja.

—Concuerdo con Ron. Debes irte. O incluso si quieres, acompaña a Severus y Sirius. Deben estar en San Mungo. Así ayudaras y estarás fuera de peligro.

La castaña tuvo que aceptar; ella y Nott querían saber más de todo eso, pero quedarse no era seguro.

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Severus y Sirius notaron que el hospital mágico, se encontraba abarrotado y hecho un caos; con todos los heridos que iban llegando, llevados por los aurores o magos y brujas sin heridas.

Severus llamó a uno de los medimagos, exigiendo atención y probablemente el joven galeno lo reconoció, pues fue hasta ellos, con total brevedad.

–¿Que sucede profesor?

Snape señaló a al pequeña y el sanador revisó a la infanta, sin embargo después de unos minutos, negó.

—Lo siento profesor, está fuera de nuestro alcance. Le falta una parte importante de riñón, pulmón e intestino. Lo que puedo hacer es darle una poción muy fuerte para el dolor y... esperar.

—Una poción... para dormir sin sueños...

Murmuró el pocionista y los ojos se le humedecieron. La niña estaba agonizando y aún con eso solo se quejaba quedo.

Sirius abrazó a su pareja y este asintió en dirección del medimago.

El galeno se retiró para ir por la poción. Severus acarició la frente de la niña.

—Eres valiente y tienes ganas de seguir, pero. Es hora de descansar.

Sirius sintió a su pareja estremecerse y su dolor por no poder hacer nada.

—Yo puedo darle una oportunidad.

Sirius giró la vista velozmente, cuando escuchó esa voz... El inefable que lo trajo de nuevo a la vida.

Ermita vio a los dos magos y sonrió de lado.

—Ahora veo el motivo de tu regreso.

Severus al ver la vestimenta del hombre y como era tan familiar con Sirius. Comprendió quien era.

—Fuiste tú.

—Si. —confirmó Ermita.

Severus analizó lo dicho por el Inefable y entrecerró los ojos.

—Ella no será uno de tus soldados. –advirtió el profesor.

Ermita se encogió de hombros.

—Tenemos las manos llenas con nuevas voluntarias, en este momento. Además no te quejas de mi trabajo con él. —contrarresto el Inefable. –señalando al Black.

Sirius vio a la niña y luego a Severus. Y fue él, el que respondió.

—Si ella no tiene familia, es nuestra. Sólo para que viva y no la llamarán a combatir.

—Es un trato.

Respondió Ermita. Severus aún estaba algo receloso, no obstante no deseaba que la valiente pequeña muriera. Y si el profesor hubiera usado su oclumancia; hubiera sabido que Ermita consideraba que no llamaría a la futura Claymore a combatir, pues ella tendría ese instinto ya incluido en su nuevo ser.

Los pelinegros siguieron a Ermita y éste los guió a una sección privada de San Mungo. En esta ya se encontraban una buena cantidad de Inefables trabajando en otras chicas. Los magos tuvieron que tragarse su enfado e indignación; ante lo buitres que consideraron a estos; más también ellos estaban tomando una decisión que no les correspondía, pero era la única que existía.

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En cuanto llegaron a la mansión y los otros elfos salieron en pos de los otros magos. Draco fue hasta la salita que usaban para tomar el té en familia, siendo seguido por un nervioso Dudle.

Ahí Draco tuvo que lidiar con dos niñas molestas e inquietas, antes de que Remus y Theo aparecieran con Tiny.

El rubio menor supuso que Lucius y Charly enviaron a ese par a la Mansión en contra de sus deseos, pues a estos se les notaba molestos.

Remus exhaló algunas veces para calmarse y fue hasta donde Clare le estiró los brazos.

El licántropo cargó a la bebé y la paseó cantándole.

Dudle se dejó caer en un sillón. Toda esa situación fue horrible para él y supuso que para todos. Comprendía la molestia de sus sobrinas.

Teresa en brazos de su papá se retorcía para bajarse y Draco la dejó en la alfombra. La niña caminó, ayudándose de los muebles, hasta la caja de juguetes, y comenzó a sacar y lanzar estos en todas direcciones.

Theo se sentó en uno de los sillones —olvidando su propio enojo— y observó a Teresa:

—Mira que ahora sí está enojada.

Draco suspiró y mencionó:

—No íbamos a quedarnos con tanto peligro.

—Ciertamente. De hecho ya sólo estaban Harry, Blaise, Lucius, Ron y Charly. Éste y su hermano, iban a ayudar a los gemelos. La tienda sufrió algunos daños. Afortunadamente no fueron muchos.

Dudle se tranquilizó al saber que su buen amigo no perdería mucho.

—¿Y Hermione y Ginebra? —preguntó Draco.

Hermione fue a San Mungo. Ginny al Ministerio para avisar a su padre; y luego iría a la Madriguera.

Remus acomodó a Clare —que ya dormía — en el moisés y luego se sentó junto a Teresa. La bebé lo vio y frunció el ceño.

—A que señorita Malfoy. No podía pegarle más a esos monstruos. Recuerde que aventó su varita. –explicó el rubio trigo.

La beba inclinó la cabecita a un lado, como si comprendiera, luego movió las manitas.

—Exacto ¿dónde está su espada? –cuestionó algo divertido Remus.

Teresa volteó a ver a Draco y este negó.

—No, yo no la tengo.

La niña hizo lo mismo con todos los adultos presentes y al no encontrar lo que buscaba, gimió a punto de llorar.

Remus la alzó en brazos y la consoló.

—Tu papá y tu abuelo se quedaron a buscarla. Seguro que la encuentran.

La niña moqueó, y se recargó en Remus, quien la arrulló hasta que se quedó dormida.

Draco vio como el licántropo acomodaba a su hija rebelde en el moisés y suspiró:

—Tienes un Don para calmarlas.

Remus sonrió sereno y respondió.

–Al lo contrario, ellas me calman a mí. Al verlas a salvo a ellas y a toda mi manada, todo me parece mejor.

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Rafaela tuvo que unir fuerzas con la arrogante Hysteria, sin embargo ninguna de las dos se quejó de la mancuerna que hicieron y si bien no lo aceptaron, en su pensamiento consideraron que los Kakuseishas perdieron interés en su batalla y en todo, desde que esos yõki desaparecieron del lugar.

Agradecidas por ese golpe de suerte; las Claymore comenzaron con su reagrupamiento y el regreso a la base.

Hysteria se colocó frente a Rafaela...

—Fugitiva. Mi deber es darte caza. Más mis órdenes son otras.

—Las imagino. Hacerme regresar con los Inefables.

—Deberías de aceptar esa opción. O atenerte a las consecuencias.

Rafaela cedió, después de todo corroboró que Luciela reaccionaba a las Claymore nacidas y buscaría el yõki de éstas.

Algún día la encontraría de ese modo.

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La castaña buscó entre la gente, a los dos magos de cabello oscuro. Harry iba con ella y se subió a una de las butacas para ver mejor. Enseguida bajó.

—No se ven por ningún lado. —confirmó Harry.

—¿A dónde pudieron ir?

El moreno caminó internándose en el pasillo y al verlo deambulando. Una madibruja lo abordó.

—¡¿Señor Potter, está herido?!

El moreno negó y explicó.

—No. Busco a uno familiares.

La sanadora lo envió a recepción. Más en el lugar ya se encontraba Hermione.

La castaña dejó el cubículo y llegó con su amigo.

—No hay información de nadie como ellos o la niña.

Los jóvenes estaban por internarse de nuevo entre la gente para buscar. Más Sirius los llamó desde la salida.

El animago los guió al exterior y a un lugar privado.

—Ella está siendo atendida, pero por los Inefables. —Los más jóvenes se quedaron asombrados y el mayor continuó — Era la única posibilidad de salvarla.

—¿Ella será llevada por ellos?

Preguntó Hermione.

Sirius, negó y los jóvenes dejaron salir el aire, aliviados.

—Si. Severus seguirá el proceso de cerca. En lo que yo averiguo si ella tiene más familia. Empezaré por Ollivander... ¿Saben si aún existe?

Los jóvenes no sabían y optaron por unirse al animago en su pesquisa.

Por desgracia entre tanto caos, no hubo resultados inmediatos.

Hermione y Harry dejaron a Sirius en San Mungo y salieron para ir cada quien en su dirección. La castaña vio a su amigo y no pudo más, soltándose a llorar. Harry la abrazó y consoló, mientras ella murmuraba entre hipidos.

—¡¿Por qué?! ¡No es justo que no podamos hacer nada! ¡Nos están matando!

El moreno no habló y es que se sentía igual de impotente que su amiga.

Hermione deseó con toda su alma y magia, poder hacer algo para defenderse de los Yōma.

Luego de ese momento que los dos necesitaban. Ella se limpió los ojos y trató de sonreír.

—Debo ver a Ron. Seguro estará preocupado. Avísame si sabes algo más de ellos. —dijo señalando al interior del hospital.

—Tenlo por seguro.

Los amigos se separaron. Hermione arribó a la Madriguera y fue recibida por su novio que se notaba preocupado.

Hermione sintió el abrazo del pelirrojo y entre la seguridad que le daba... Susurró.

—Ron... Estoy embarazada.

El pelirrojo se tensó unos minutos, antes de estrechar el abrazo y besar el cabello de su novia.

—Yo estoy feliz... ¿Y tú?

La bruja rió:

—Yo también.

La pareja se separó, sin soltarse de la mano. Y así entraron a la casa. Era un fututo muy incierto el del mundo entero, sin embargo su noticia les daba fuerzas para afrontarlo. .

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Lucius llegó a la Mansión, acompañado del Domador de Dragones.

Draco al verlos, rodó los ojos y afirmó:

—Potter se quedó a ayudar.

—No. Ya no hay mucho que hacer y los aurores se encargan. Él fue a San Mungo, para ver a Severus y Sirius.

El patriarca llegó hasta donde sus nietas dormían y dejó la varita de Teresa, cerca de esta. Draco exhaló dramáticamente.

—Que bien que la encontraron. Ya estaba haciendo berrinche por perderla.

Remus sonrió y cuando el Malfoy mayor se sentó junto a él, recargó la cabeza sobre el hombro de éste.

Dudle vio al pelirrojo y preguntó:

—¿Todo bien con tus hermanos?

—Si. La tienda necesitara reparaciones menores, pero fueron afortunados. Muchos comercios no lo fueron tanto. Están destruidos.

El grupo se lamentó y es que en esa frase iba implícito que muchos magos y brujas perdieron la vida.

Theo se levantó y agarrando la mano de Charly se despidió.

—Todos necesitamos un descanso. Avísenme si hubo noticias de la niña de Severus

Los Malfoy afirmaron que lo harían.

Harry llegó minutos más tarde y eso para abrazar a su esposo sin soltarlo; agradeciendo a la magia y al destino que su familia estuviera a salvo y que sus hijas tuvieran esa fuerza... aunque heredaron su impulsividad.

Los cuatro miraban a las nenas dormidas. Sospechando que en el futuro no escaparían de estar en escaramuzas parecidas a esa.

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Ya en sus territorios; Isley miraba al horizonte. Rigardo no lo interrumpió en sus pensamientos, sin embargo consideraba que el Rey del Norte parecía melancólico, o podrías estarlo si aún fueran magos y no monstruos.

Isley simplemente conoció a su quimera. Su anhelo y temor, juntos en un solo ser...

...

Corrieron meses en los que Harry y Draco vieron crecer a sus pequeñas, que ya caminaban bamboleándose por la mansión.

Draco sirvió el té a su malhumorado amigo.

—Ya vas a cumplir cinco meses y aún quieres hechizar a Charly. Eso es exagerado

—Oye, yo no te critiqué cuando dramatizabas porque Potter no te quería.

Draco se encogió de hombros.

—Era parte del plan. Y en mi defensa no sabía que podía quedar embarazado.

—Bueno... Yo creí que no poseía ese gen.

—Hermione y tú se volvieron tan unidos, que van a tener a sus hijos casi al mismo tiempo. Con razón Molly no cabe de la felicidad.

Theo bufó, más no añadió nada. Su condición lo tomó más que desprevenido y si Charly no fuera bueno corriendo, hubiera terminado hechizado. Y de ese modo, como en alguna ocasión le dijo Hermione, hasta los genios tenían sus momentos de... Estupidez o descuido.

Unas risitas se escucharon y la puerta abrirse. Eran Dudle persiguiendo a Clare. Teresa llegó poco después en brazos de su abuelo Remus.

Harry y Lucius fueron a revisar las cámaras del moreno en Gringgotts.

Tiny apareció anunciando una visita. Sirius y Severus entraron a la sala llevando de la mano a Irene, su hija adoptiva. Una rubia de ojos plata, con rasgos bonitos, pero serios. Todos creían que definitivamente la niña de tres años era muy parecida a Severus y como este, tenía inclinación por Sirius.

Irene saludó y velozmente se unió a jugar con Teresa. Esas dos eran muy cercanas y muy protectoras con Clare.

Dudle entregó a Clare a su papá y se sentó viendo a Theo. El castaño se removió nervioso y el muggle lo notó así que se disculpó:

–Oh lo siento. ¿Es que que me preguntaba si eso de que los hombres puedan tener bebés es contagioso?

Severus casi escupió su té y Draco arqueó una ceja. En cambio Remus sonrió sospechosamente...

–No debiste hacerle caso tan fácilmente a ese Fred. –dijo divertido el licántropo.

...


Muchísimas gracias a Lunática Drake Dark y Ana Luisa.