ENTREGA

"Estoy seguro de que encontrarías formidable las bibliotecas de aquí, hay tanto conocimiento, ¡tantas historias!, algunos incluso contienen escrituras tan antiguas, que hay libros que explican como leerlos y comprender algunas de las palabras que utilizan.

"Escuché por casualidad que Marlene ahora es la Duquesa de Freid, espero que sea feliz ahí, realmente deseo que haya encontrado lo que yo no pude darle, así como lamento mucho no poder enviarte más cartas, sé que las esperabas ansiosa, si te soy sincero, yo también había esperado volver a casa y encontrarme con tu respuesta a nuestra última correspondencia, es una verdadera lástima, ¡extraño tanto hablar contigo! ¡discutir los libros que leemos! ¡aquí no hay más que ineptos y tercos! A nadie en este lugar le interesa la literatura, nadie está interesado en las leyendas de los otros reinos o del suyo, ¡por Escaflowne! Agradecería inmensamente tener aquí a mi querida hermana para debatir los últimos libros escritos por Turath de Mangladesh.

"¿Sigues leyendo, Eries? ¿te han encontrado ya un candidato digno para ser tu esposo? Espero que seas feliz, sea cual sea la senda que el destino te tiene deparada, espero que goces de la libertad suficiente para seguir haciendo lo que amas y, de nuevo, lamento mucho no poder enviarte nada más.

"Folken L. Fanel"

Limpió sus lágrimas, doblando cuidadosamente la última de las cartas que había recibido unas horas atrás. El hecho de saber que, en realidad, ella no era la única escribiendo cartas que sabía no podría entregar nunca, la había reconfortado. Saber que Folken la había tenido en la mente por tanto tiempo, la hacía sonreír.

Escuchó algunos toques en su puerta y miró hacia la ventana, era temprano, seguramente el desayuno esperaba al otro lado, caliente y dispuesto para dotarla de un poco de energía extra.

-¡ADELANTE! -Dio su permiso al intruso para pasar, colocando un libro abierto justo encima de las cartas.

-¡Su desayuno, mi señora!

-Te lo agradezco, Fiorella

-¿Asistirá hoy también a las conferencias?

-Apenas termine con los asuntos pendientes de palacio.

La joven del servicio acomodó la comida y agua en el lavamanil, esperó pacientemente para asistir a Eries con su cabello y los últimos toques de su atuendo, tendió la cama, retiró un poco de polvo de la ventana y el escritorio, después se paró a un lado de la puerta en lo que la dueña de la habitación terminaba sus alimentos.

-Disculpe mi atrevimiento señora, pero… ¿no se siente demasiado agotada?

Eries limpió cuidadosamente sus labios antes de que su mirada abandonara los platos recién vaciados, para concentrarse en la joven frente a ella.

-¿A qué te refieres?

-Bueno, se levanta tan temprano, atiende cosas de la corte y todavía tiene la obligación de ir a esas… confecias…

-Conferencias.

-Si, si, ¡esas! Y sin un marido a un lado, ¡debe ser increíblemente difícil hacerlo todo y no caer enferma, mi señora!

Eries intentó no reírse ante el comentario, mirando fijamente a la jovencita de largos cabellos rojos y trenzados que la veía desde la puerta completamente consternada. La miró un poco más, Fiorella no debía pasar los catorce años, tenía apenas una semana o dos de haber entrado a su servicio, su rostro lleno de pecas de oreja a oreja y sus enormes ojos verdes en aquel rostro ligeramente infantil y de cuerpo pequeño y menudo la hacían parecer una niña para la mayoría, justo en este momento, Eries empezaba a simpatizar con los que la habían catalogado como tal.

-Disfruto mucho de aprender cosas nuevas, Fiorella, las conferencias son una gran oportunidad para comprender a nuestro adversario y encontrar nuevas aplicaciones a las cosas que ya conocíamos, mejorarlas y, una vez acabe esta guerra iniciada por el Imperio, incluso podríamos usar toda esa información nueva para mejorar la vida de ustedes, los comunes.

-De todas maneras -Respondió la chica acercándose despacio con los brazos cruzados sobre el pecho- ¿no se siente muy sola, sin un esposo?

Si antes había tenido ganas de reír, ahora tenía ganas de abofetearla, de todas maneras, no cambió su expresión, tratando de mirar a la mucama como si se tratara de una chiquilla d años.

-No, Fiorella, estoy demasiado ocupada tratando de apoyar a los monarcas para mejorar este reino, un marido sería más un lastre o un incordio que otra cosa.

-¡Oh! -Contestó la muchacha, tragándose lo que había estado a punto de decir.

Al parecer, había recordado súbitamente sus obligaciones porque comenzó a reacomodar y recoger todo en la bandeja con rapidez, despidiéndose con una leve reverencia de cabeza antes de salir de la habitación.

Eries se puso en pie entonces, guardando el libro que había dejado abierto poco antes para ponerse a guardar cuidadosamente su lectura de la noche anterior.

Cuando terminó, abrió el cofre donde guardaba las cartas, deteniéndose un omento a verlas… debían ser dos o tres paquetes similares al que Folken le había entregado. Se sintió pesada, él había dejado de escribirle tras la boda de Marlene… ella había seguido escribiéndole hasta el momento en que lo había visto por primera vez en la corte de su padre, luego de aquello le había escrito una última carta y no había vuelto a escribirle más, aún si las pesadillas empeoraban, aún si el reino parecía desmoronarse a su alrededor…

Tomó uno de los paquetes en sus manos, ¿qué tan correcto sería entregar aquellas cartas a su destinatario? ¿debería entregárselas todas juntas o esperar a dárselas de a poco?

Suspiró, guardó el nuevo paquete de cartas y metió todo al cofre, ya lo decidiría más tarde.

.

Decisiones y consejos en la corte, supervisar algunos de los trabajos de reconstrucción, notar un incremento en la cantidad de conferencias que Folken había comenzado a dar y notar las reuniones en privado que éste último tenía ahora con los maestros herreros y los maestros mecánicos para comenzar a implementar las mejoras de tecnología de las que había estado hablando.

Se habían ido dos días sin que pudiera verlo sin un puñado o una multitud de gente entre ellos.

Había tenido tiempo incluso para notar la forma en que el rey de Fanelia veía a su hermano y su reticencia a acercarse a hablar con él. En cierto modo sentía lástima, la relación con su propia hermana había mejorado notablemente, ¿por qué la de él con Van no podía mejorar también?

-¡Mi señora debería permitirme llevar eso! -Se quejaba una de las criadas a medida que Eries avanzaba por un pasillo contrario.

-¡Pero es mi esposo! ¿qué tendría de malo que le lleve un almuerzo a la Sala de Audiencias? -Repuso Millerna cada vez más cerca de donde ella estaba.

-Mi señora, no quiero ser grosera, pero…

-¡Entonces no lo seas!

Se detuvo a tiempo para observar a su hermana dar la vuelta en la esquina con una bandeja plateada y cubierta entre manos.

-¿Sucede algo, Millerna?

-¡Hermana! No, nada, solo le llevaba esto a Dryden.

-¡Que bien! Es bueno ver que te lleves mejor con él ahora.

-¡Princesa Eries! -Había interrumpido la doncella que venía detrás de Millerna- la, lamento mucho todo esto, princesa, yo iba a llevar esto a la sala de audiencias, entonces Mi Señora…

-Está bien, solo está actuando como una esposa responsable, puedes retirarte ahora, yo la acompaño.

La mujer en sus cincuentas que había venido persiguiendo a Millerna hizo una mueca de incredulidad y fastidio, justo antes de hacer una torpe reverencia, algo más profunda de lo usual, antes de dar vuelta y volver por donde había venido.

Eries también dio la vuelta para acompañar a Millerna, quien no podía ocultar la enorme sonrisa que ahora adornaba su rostro.

-¡GRACIAS HERMANA! No tienes idea de lo pesados que se han puesto todos conmigo, "mi señora no cargue eso", "mi señora no haga esto", "mi señora no se ensucie" ¿es que piensan que soy una completa inútil?

-Nadie piensa que seas una inútil Millerna -Contestó Eries con una ligera sonrisa- por el contrario, creo que todos están impresionados por la dedicación que estás poniendo para ayudar a los comunes y atendiendo a Dryden, creo que, dada la historia de nuestro reino y las circunstancias recientes, es admirable.

-¿EN VERDAD LO CREES?

Tuvo que detenerse para mirar a su hermana a los ojos. Estaba realmente emocionada, había un ligero sonrojo en sus mejillas y sus ojos brillaban como cuando era una niña pequeña y su madre aún vivía.

-Creo -Dijo Eries con toda sinceridad, sin dejar de sonreírle a su hermana- que nuestra madre estaría muy orgullosa de ti justo ahora, Millerna.

Los ojos de la menor se llenaron de lágrimas, Eries se apresuró a sacar un pañuelo oculto entre sus mangas para limpiar los ojos de la joven con la bandeja entre las manos, la sonrisa que precedió aquella acción era completamente radiante y sincera.

-Gracias, hermana -Murmuró Millerna- ¡seguiré haciendo mi mejor esfuerzo!

Eries asintió, complacida de haber escuchado aquellas palabras, podía respirar completamente tranquila, su hermana al fin había madurado lo suficiente para anteponer sus obligaciones a sus caprichos.

-¿Siguen durmiendo en camas separadas? -Se aventuró a preguntar conforme retomaban el paso.

-¡ERIES! -Se quejó Millerna completamente pálida.

-Está bien -Sonrió la mayor de ambas- si a Dryden no le molesta, entonces tómate tu tiempo, que no te importe lo que digan los demás, no importa cuanto necesite el reino que asegures un heredero ahora, nadie debería obligarte a tener intimidad cuando no lo deseas, aún si es un paso necesario para engendrar.

Escuchó que solo resonaban sus propios pasos, se detuvo y volteó atrás, su hermana se encontraba a medio metro de distancia con los ojos anegados de lágrimas.

-¿Lo dices en serio, Eries?

Podía adivinar, solo por la expresión de alivio en el rostro de su hermana, que su padre la había estado regañando cada día por no cumplir con sus obligaciones como esposa del Regente, estaba bastante segura de que esa era la principal razón de que estuviera ocupándose de cubrir las otras necesidades de Dryden a pesar de su sangre noble… para no sentirse culpable de no hacer lo único que se esperaba que hiciera.

-Lo digo completamente en serio, Marlene no tuvo opción, estaba sola en un país lejano, tú estás en casa, ¡te apoyaré!, has madurado mucho en los últimos días, estás pendiente del pueblo, estás pendiente de Dryden a pesar de todo, si no estás lista para tener intimidad con él, realmente no creo que sea un problema de importancia para los demás, solo para ustedes dos, además, ¿qué ha dicho Dryden al respecto?

Esta vez Millerna estaba completamente sonrojada, desviando la mirada un momento, justo antes de retomar su camino junto a su hermana, atenta al suelo del corredor.

-La primera noche la pasé a su lado, curando sus heridas, revisándolo, asegurándome de que estaría bien, la segunda noche, dijo que no tenía ninguna prisa por tomar a alguien que no lo deseaba, así que solicitó que se llevara una cama de alguna habitación de invitados a nuestros aposentos… incluso colocó un biombo entre ambas camas, lo abre si llega a dormir y nota que yo no he llegado o que sigo despierta, dijo que si necesitaba espacio, me lo daría… ¿es eso normal?

Lo consideró todo, ordenando sus ideas y lista para responder cuando estaban a pocos pasos de la sala de audiencias.

-Dryden siempre ha tenido alguna clase de afecto hacia ti, desde que tengo memoria al menos, y es un buen hombre, estoy segura de que esa es su manera de mostrar respeto a tu persona, no creo que te vea como un trofeo o un artículo como hacen otros nobles con sus esposas, debe verte como un igual, estoy segura de que te dará tu espacio hasta que estés lista para entregarte del todo.

Millerna sonrió de nuevo, una sonrisa triste. No había olvidado a Allen, era posible que Dryden supiera eso… y ella sabía perfectamente como se sentía que la persona a la que miras con afecto no mire en tu dirección, sino en otra diferente. No podía culpar a Dryden por proceder de forma poco ortodoxa entonces.

-Gracias hermana, seguiré trabajando duro entonces.

Asintió, deteniéndose a un lado al mismo tiempo que alguien abría la puerta. Millerna recompuso su rostro en ese momento, mostrándose jovial y alegre, hablando fuerte acerca de llevar el almuerzo de su esposo y algo sobre la importancia de alimentarse bien para recuperar energía, escuchó algunas risas dentro, Dryden parecía un poco avergonzado y sumamente complacido, según escuchó Eries en su tono de voz, algunos de los otros nobles habían comenzado a cuchichear… tomó entonces una decisión, ella también debía esforzarse, aun si el dueño de sus afectos la veía solo como una vieja amiga.

.

-¡Por Jichia! Parezco una niña antes de su aniversario.

Era tarde, no había podido pegar el ojo en lo que iba de la noche, había dado vueltas, contado ovejas y nada.

Se levantó entonces, colocándose una bata sobre el camisón de dormir, metió sus pies en un calzado cómodo y silencioso, abrió su cofre y sacó todas las cartas que había escrito, ¡eran tantas! ¿qué pensaría él cuando las viera todas?

Se apresuró a tomar una cartera que acostumbraba a guardar debajo de un hábito cuando bajaba con su hermana al bazar. Guardó todas las cartas en el interior, sorprendiéndose de que por poco no entraran, luego tomó aire y salió de su habitación en completo silencio, más alerta que durante algún intercambio hostil en la corte de su padre.

La puerta a las nuevas habitaciones de Folken se encontraba un piso por debajo del suelo, no había guardias, cosa que agradeció mentalmente.

Tocó la puerta, no hubo respuesta alguna.

Tocó una segunda vez, un poco más fuerte. Esperó. Estaba a punto de dar la vuelta cuando, súbitamente, escuchó unos pasos pesados acercándose a la puerta.

Apenas un pequeño rayo de luz cayó afuera, junto a ella, y se movió lo suficiente para detenerse donde la pudiera ver, la puerta se abrió por completo entonces.

-¿Eries?

Parecía desconcertado, en lugar de la camisa y los pantalones en verde con la túnica de cuero negro, Folken llevaba unos pantalones café un poco sueltos y una camisa blanca y vieja, cuya única manga había sido arremangada hasta dejar al descubierto un brazo y un hombro fuertes, cuyo tono parecía invitar a que lo tocaran y apretaran.

-¡Buenas Noches!

-¡Es toda una sorpresa verte aquí a esta hora!, ¿está todo bien? ¿necesitas algo?

-Todo bien, bueno, nada de que preocuparse.

Se sentía cohibida, tímida incluso, su corazón latía tan fuerte, y tenía una sensación tan negativa y derrotista dándole vueltas en la mente, que en realidad sentía que volvía a tener trece años, quería salir corriendo a esconderse en algún rincón.

-¡Pasa! -La invitó el faneliano- solo ignora el desorden, por favor, todavía estamos instalando algunas cosas.

Eries sonrió ante la disculpa, haciendo un gesto negativo con la cabeza sin dejar de sonreír un poco, obligándose a mover un pie y luego el otro. Cuando se dio cuenta, estaba dentro de la enorme habitación. Era cierto, parecía que habían vaciado una bodega o algo, había cajas por todas partes, polvo flotando en el ambiente, la escalera por la que habían bajado, estaba unida a una estructura incompleta, daba la impresión de que construirían una tarima bastante alta, un puente o algo similar ahí dentro.

Folken avanzó un poco más, al parecer, cerrando un libro en el cual había estado escribiendo, guardando una pluma junto a un tintero, sobre una pequeña mesa de madera con una lámpara de aceite. Frente a la mesa había una silla, a un lado de lo anterior se encontraba una mesa más pequeña con papeles muy grandes, estaba segura de que eran planos de toda clase. Al otro lado del improvisado escritorio había una cama humilde, apenas una base y un colchón con algunas mantas en realidad, un baúl reposaba frente a la piecera. En la pared de piedra de aquella zona colgaba otra lámpara de aceite y un par de clavos donde descansaban las ropas usuales del antiguo estrategos.

Eries miraba todo con atención, no parecía haber nada emotivo ahí, como si Folken no fuera una persona en lo absoluto. Su corazón se encogió de tristeza.

-¿Tienes todo lo que necesitas aquí? -Se aventuró a preguntar- parece tan vacío…

-Estaré bien, necesito el espacio para el equipo.

-Así que, colocarás lo que rescaten del Fuerte Flotante, ¿justo aquí?

Él le dedicó una de sus sonrisas torcidas, una tan sincera, que le llegó a los ojos. Ella se relajó en ese momento, indecisa sobre si tomar asiento en alguna parte o qué decir a continuación. Folken se había mantenido ocupado tratando de poner algo de orden a las cosas a su alrededor, básicamente papeles, escritos, libros ocultos en el suelo, bajo las mesas. En algún momento volteó a mirarla, se notaba curioso e indeciso, tan paciente como diez años atrás. Eries sonrió al notar aquello, miró un momento la cartera que llevaba colgada de su hombro y se la retiró, ofreciéndola a aquel hombre alto, fijándose descuidadamente en los aros dorados colgando de las orejas de él.

-Tú me entregaste algo bastante especial hace poco, y yo, lo pensé mucho.

-¿El qué? -Se veía realmente curioso al contestar y recibir la cartera, observándola y lanzando algunas miradas rápidas al objeto que acababa de entregarle.

-No fuiste el único que estuvo escribiendo a alguien a quien no podía enviarle cartas.

Hubo un silencio, Folken lanzó una mirada repentina a la cartera, abriéndola lo suficiente para que la tenue luz de las lámparas pudiera iluminar su contenido. Parecía realmente sorprendido, con los ojos completamente abiertos y el semblante serio como el de un muerto.

-Eries, ¿tú…?

La miró de nuevo, aquellos ojos escarlata estaban llenos de sorpresa, había algo más ahí, no sabía qué emoción era, no podía ponerle nombre en realidad.

-Te escribí a diario al principio, no podía dormir; luego comencé a escribirte cada vez que… tenía algún mal sueño, cada vez fueron menos, las últimas deben tener menos de una luna… en realidad.

Estaba completamente sonrojada, podía sentir la mirada de Folken tan cargada de asombro, que casi era como sentirlo tratando de empujarla.

-Comprendo que son demasiadas… yo… no tienes que leerlas, puedes quemarlas, romperlas o…

-¡LAS LEERÉ!

Ambos parecían sorprendidos ahora. El peligris se apresuró a sacar un paquete lleno de cartas, observándolo con determinación, antes de regresar su mirada a la mujer frente a él.

-Me llevará un par de noches, pero puedes estar segura de que las leeré todas.

No sabía que contestar, había mariposas revoloteando en su estómago, el corazón latiendo más rápido que nunca, su respiración se sentía extraña y había algo asentándose en su vientre, algo cálido y desconocido que la ponía completamente ansiosa, algo que le hacía cosas curiosas a su cuerpo, haciéndola sentir como si pequeñas corrientes de aire, como hilos de estambre, corrieran por sus brazos y piernas directo a su espalda.

-Gracias -Murmuró él.

Eries dio un paso, luego otro. Cuando se dio cuenta, estaba embelesada mirando aquellos ojos que no habían dejado de mirarla de regreso y uno de sus dedos se encontraba ya sobre la lágrima tatuada en aquel rostro que le parecía súbitamente el más atractivo que hubiera visto nunca.

-¡Lamento tanto todo lo que has tenido que pasar desde…!

Él retiró cuidadosamente la mano que lo tocaba, besando con delicadeza el dorso, sin soltarla en ningún momento, usando su mano metálica para colocar descuidadamente la cartera con su contenido sobre su escritorio.

-No, no es compasión lo que busco, Eries; cuando escribí esas cartas, había tantas cosas cambiando a mi alrededor, estaba tan consumido por la desesperanza, tan sorprendido al notar que el mundo seguía su curso, intentaba obligarme a seguir adelante, a retribuir por la vida que se me había obligado a continuar… necesitaba alguien con quien hablar tan desesperadamente… sin nadie que pudiera entender…

-Comprendo qué sin ese pasado, no serías el hombre que eres hoy, tantos conocimientos, tantos avances… solo desearía que no hubieras tenido que dar tanto a cambio.

-Todo en esta vida tiene un costo, Eries; el conocimiento, la tecnología, el poder… incluso el amor.

Ahí estaba de nuevo, aquella chispa, aquel "algo" que no lograba señalar del todo. Usó su mano libre para apoyarla en la mejilla de aquel hombre que parecía tan dispuesto a abrirse por completo, como esperando por la pregunta o la acción adecuada. Podía sentir lágrimas intentando tomar forma en sus ojos, no sabía si eran de tristeza o de qué, solo no podía evitarlas.

-Lo sé… si al menos ALGO pudiera solo entregarse sin esperar retribución…

Podía sentirlo acercándose, casi como si ella misma lo estuviera guiando, podía sentir su respiración sobre la piel de su rostro, podía ver claramente la dirección del maquillaje sobre los párpados de él, podía notar el nacimiento de sus cabellos y el incipiente pelo que intentaba salirle sobre la barba.

Era la primera vez que alguien la besaba, su corazón se convirtió en mariposa, todo rastro de tristeza o preocupación salió volando de su cuerpo, haciéndola tan ligera, que estaba segura qué saldría flotando como una piedra de levitación.

Cuando se separaron, podía sentir la rigidez de unos dedos mecánicos terminados en garra sobre su cintura, sosteniéndola con firmeza, el calor de un brazo de carne y hueso envolviéndola por un lado, con la palma apoyada contra su espalda y un pulgar dibujando un lento vaivén, dejando una impresión en su cuerpo que, estaba segura, no dejaría de sentir por días, el aroma a metal, cuero y humo envolviéndola y dejándole un regusto extraño, producido por un aroma sutil que hablaba de plantas, de árboles y vida… una vida abandonada muchos años atrás.

-Creo, -Murmuró aquel hombre soltándola lentamente, sin alejarse en ningún momento- creo que deberías irte, Eries, es tarde y…

-¡No! -Murmuró ella, mirándolo ahora a los ojos, aferrada con desesperación a la camisa vieja que lo cubría- yo… ¿por qué? ¿de dónde ha salido ese…?

-No pude evitarlo, Eries… por favor, vuelve a tu habitación, no sería correcto que… bueno… -Se alejó de ella con pasos cortos, dándole la espalda, moviéndose hasta la otra mesa y colocando sus manos atrás en un intento de aguantar su peso sobre los papeles y la superficie de madera sepultada en ellos- no sería correcto.

Él desvió la mirada, parecía sonrojado, avergonzado, tal vez ligeramente arrepentido.

Eries se quitó la bata, él tenía razón, aquello no era correcto… y no podría volver arriba y dormir si no terminaba de hacer aquello que no era correcto.

Tomando aire y caminando un poco, lo tomó de la mano, de la garra metálica y grotesca que permanecía oculta durante el día. Folken levantó la mirada, incrédulo y sorprendido, la boca ligeramente abierta. Eries simplemente comenzó a caminar hacia atrás sin soltarlo en ningún momento, sintiendo como él comenzaba a caminar, un poco reticente al principio, completamente dócil a medio camino.

Ella sintió la cama cuando una de sus piernas golpeó con ella, comenzó a desatar las cintas frontales que mantenían cerrado su camisón sin despegar la mirada del hombre frente a ella, temerosa y a la vez decidida, pasando sus manos por arriba hasta su propia espalda, tomando la tela del camisón para comenzar a tirar de ella hacia arriba, notando la sorpresa apoderarse por completo del rostro de Folken, quien había cerrado la boca finalmente.

Sintió un poco de frío, su bombacha y la camisola que usaba como ropa interior eran completamente visibles ahora, no estaba desnuda, y de todas maneras se sentía como si lo estuviera.

-¡Eries, no…!

-Si me voy ahora, sé que lo lamentaré el resto de mis días… ¡no quiero más remordimientos!

-¿Estás segura?

Asintió.

Se llevó entonces las manos a la tela que cubría sus caderas, tomando su camisola para poder retirársela, podía sentir como había comenzado a temblar, no estaba segura si era frío o timidez, levantar los brazos para desnudarse estaba comenzando a ser más difícil de lo que había esperado.

Una mano cálida y callosa se había posado sobre una de sus manos. Levantó la mirada, Folken la miraba ahora con detenimiento, parecía pedirle permiso para retirar aquella prenda en su lugar, seguramente había notado los temblores.

-¿De verdad? ¿estás segura de esto, Eries?

Soltó la tela, tomando entre sus manos aquel rostro anguloso con el mismo cariño con el que había sostenido la mano de su madre por última vez, las lágrimas amenazaban con salir una vez más.

-¡Por supuesto!

Lo besó de nuevo, dejándose llevar, perdiéndose en la sensación de aquellos labios moviéndose tímidamente contra los suyos, las manos que habían comenzado a recorrer su cuerpo lentamente desde la cadera, a ambos lados de ella para desnudarla.

-¿Has hecho esto antes? -Preguntó él con algo de preocupación en la voz.

-No -Dijo ella con sinceridad.

-Yo sí -Suspiró el faneliano, parecía avergonzado y arrepentido al mismo tiempo- me esforzaré porque lo disfrutes, si cambias de opinión…

-¡Folken!

La miró al escuchar su nombre, podía sentir perfectamente la fría garra metálica y la cálida mano callosa en sus costados, a la altura de sus senos, con la tela arrugada y levantada.

-Pararé en cuanto me lo pidas, tienes mi palabra.

Se dejó desvestir, sintiéndose repentinamente vulnerable estando solo en bombachas, obligando a sus manos a tomar la camisa vieja sobre su acompañante para devolverle el favor, obligándose a mirarlo a los ojos, fascinada al darse cuenta de que él parecía levemente sonrojado, lanzando miradas de soslayo hacía sus senos como si no pudiera controlar del todo sus ojos, haciéndola sonreír con aquel pequeño detalle.

Un poco más relajada, comenzó a desatar el nudo que mantenía cerrada aquella camisa vieja, retirándola con reverencia, encontrando sus ojos y sus manos danzando sobre aquella piel que tanto había ansiado sentir, entreteniéndose especialmente en la unión entre artefacto y cuerpo humano, mirándolo a los ojos apenas un par de segundos antes de abrazarse a él para poder besar con calma las cicatrices alrededor del hombro metálico.

.

Notas de la Autora:

¡CHACA CHA CHAAAAAAAAAAAAN! sí, soy mala, venirlo a cortar en lo más emocionante... pero damas y caballeros, este fanfic es T, no podemos poner las escenas que seguían luego de esta, realmente lo lamento mucho, jejejejejejeje... tampoco es como que haya mucha gente leyéndolo, y realmente no sentí la necesidad de ahondar más en el asunto, así que si llega a haber una side story acerca de qué pasó exactamente... bueno, lo veo algo difícil en realidad.

Por otro lado, el siguiente capítulo está casi terminado, de hecho, y muy tristemente, nos acercamos al final, por lo que estuve viendo en la serie y lo que llevo escrito del siguiente capítulo, Folken no tardará muchos capítulos más antes de... bueno... su visita con el Emperador Dornckik, después de eso, posiblemente tengamos solo un capítulo más y ya, muy triste, muy lamentable, pero no podría escribir más al respecto... podría dejar embarazada a Eries... nah, ni así escribiría muchos capítulos más, no tendría sentido, a lo mejor un epílogo o algo así... Un epílogo... ok, me voy, tengo cosas que escribir, ideas que revisar, ¡ya saben!y más vale que me apresure, el campamento NaNoWriMo está, técnicamente a la vuelta de la esquina.

SARABA