Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 29 – 31 de octubre de 1981.

La mañana del treinta y uno de octubre de mil novecientos ochenta y uno, Bellatrix se despertó sobresaltada. Desde hacía un par de días estaba sufriendo pesadillas terribles, pero asumió que se debían a lo que estaba pasando con Voldemort y que sobre todo eran consecuencia de la fiebre, recientemente la habían diagnosticado con viruela del dragón. Miró a Sirius para comprobar si le había despertado. Pero no, ese hombre no se despertaba ni aunque le cayese la casa encima. Menos mal que le dijo que se arriesgaría a contagiarse con tal de atenderla durante la noche…

Se levantó de la cama y bajo a la cocina. La luz que se filtraba por las cortinas indicaba que no tardaría en amanecer. La verdad es que, aunque se estuviera haciendo la dura delante de Sirius, estaba agotada. La fiebre la tenía completamente anulada, hasta su magia estaba descontrolada. Mismamente el día anterior había hecho explotar una docena de platos con un simple movimiento de varita cuando intentaba conjurar un simple hechizo limpiador.

Pero esta vez consiguió hacerse el desayuno sin provocar ningún accidente, aunque para ello tuvo que hacerlo al estilo muggle. Sonrió al imaginarse, si alguien le hubiera dicho al comienzo de su sexto año en Hogwarts que su futuro iba a ser ese, le hubiera lanzado un cruciatus sin pensar.

–Te estás riendo sola. No pensé que la locura fuera uno de los síntomas.

Sirius entró a la cocina completamente vestido. No se despertó por sus pesadillas pero si por el olor del desayuno. No sabía porque aún se extrañaba de ese hombre.

Se acercó a ella para darle un beso, pero esta giró la cara para impedírselo.

–Ya tengo bastante con estar yo enferma como para encima tener que aguantarte a ti también.

Sirius puso un puchero pero Bellatrix se mantuvo firme.

–Por cierto, ¿qué haces ya vestido? –Sirius no trabajaba los sábados.

–Anoche, una vez que te dormiste, llegó una lechuza de mi jefe. Detuvieron a alguien que nos podría dar información. –Sirius se sirvió una taza de café. –Pero esta todo bajo control, le he pedido a Andy que venga hacerte compañía mientras estoy fuera. Así no estarás sola.

Bellatrix puso los ojos en blanco.

–Prefiero estar sola, mi hermana es muy… Bella no hagas esto, Bella no hagas lo otro, Bella no deberías usar esos hechizos en el estado el que estas… Menos mal que el tío Alphard dijo que vendría en la tarde… Si no me escaparía.

Sirius no pudo evitar ahogar una risa. Desde que sus amigos tuvieron que esconderse había estado con la moral muy baja y tras haber caído enferma, no había levantado más cabeza. Así que verle bromear aliviaba su preocupación.

–Quien lo diría… Ahora el tío Alphard y tú sois mejores amigos. Me voy a poner celoso, ¡he perdido mi título de sobrino favorito!

–No te adelantes a los acontecimientos, porque tu tío a veces va de gracioso y se pasa. Aunque lo bueno es que, al contrario que mi hermana, no está controlándome todo el día.

Terminaron de desayunar y Sirius se fue al ministerio. Bellatrix decidió vestirse y para cuando estuvo preparada, su hermana llegó acompañada de su sobrina.

–¡Dora! no te esperaba a ti hoy. –Se sorprendió.

Desde que la joven había acabado el verano pasado el colegio, estaba muy desaparecida. Andromeda estaba muy preocupada ya que su hija no parecía centrarse en la vida y aún no había decidido a que quería dedicarse.

–¡No me llames Dora! –A la joven bruja le cambió el peló a un rojo intenso. Era lo que tenía ser metamorfomaga.

Andromeda chistó a su hija para que se comportara y el pelo de esta volvió a su color natural.

–Bella perdónala. Tampoco le gusta que la llamemos Dora. Ahora es…

–¡Tonks! –Dijo la joven.

Bellatrix asintió riéndose.

Andromeda negó simplemente con la cabeza y cambió de tema.

–¿Qué tal te encuentras hoy? –Dijo interesándose por su estado.

Bellatrix decidió sentarse, llevaba demasiado tiempo de pie y el dolor de huesos era insoportable.

–Si esto no me mata, me mataré yo antes.

Andromeda negó.

–Qué exagerada eres. En San Mungo te han dicho que has tenido suerte y que es muy leve.

–Entonces puedes irte. No necesito de tus cuidados. –Quizás aún pudiera librarse de su hermana.

–No pienses que te vas a salir con la tuya. Tanto Dora como yo nos quedaremos aquí.

–Pero os contagiaré… ¿Es que no piensas en tu hija? –Tenía que usar todas sus oportunidades para echarla de su casa.

Andromeda se acercó a ella y le quitó la varita.

–Es un riesgo que estaremos dispuestas asumir.

Bellatrix apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. No le quedaba otra que soportar a su hermana durante todo el día.


Durante el resto del día, la salud de Bellatrix fue como una montaña rusa, en algunos momentos mejoraba pero en otros su fiebre se elevaba. Pero por mucho que le costase admitirlo, que su hermana y su sobrina pasarán el día con ella había sido de agradecer.

Alphard llegó a la hora del té.

–Que casa más concurrida. –Dijo al ver a su otra sobrina y sobrina nieta. –Menos mal que he venido cargado de comida.

Continuaron en el salón, Bellatrix estaba entre un estado de consciencia en inconsciencia por lo que estaba tumbada en uno de los sofás. Algunas veces hablaban mientras que en otras el único ruido que se escuchaba era el de las ascuas de la chimenea estallando. Fuera ya estaba oscureciendo por lo que Sirius no tardaría en llegar.

Pero cuando Alphard estaba en medio de una profunda conversación acerca de cómo se escapaba de la casa Black para irse a ligar con las muggles, el color del fuego de la chimenea comenzó a cambiar y una llama azul lo absorbió.

–¡Es una alerta del ministerio! –Dijo Tonks con conocimiento. Aunque no se lo hubiera dicho a su madre, estaba pensando en incorporarse a los aurores y ya había comenzando a informarse sobre los protocolos de protección del ministerio.

"¡Atención! Esto no es un simulacro, repito; ¡Esto no es un simulacro! Lord Voldemort acaba de ser derrotado. Cierren puertas y ventanas y lancen hechizos de protección a sus hogares. La ocultación de algún mago o bruja oscuro será penado. ¡No salgan de sus hogares hasta próximo aviso!"

–¡Ya era hora que a ese ser de tres al cuarto le dieran su merecido! –Alphard saltó del sillón contento. –Yo me encargaré de lanzar los hechizos de protección.

Andromeda se levanto rápidamente también.

–¡Espera! Nosotras deberíamos ir a casa, Ted…

–Mamá, ya has escuchado la alerta. No creo que sea prudente salir. Papa estará haciendo lo mismo. –Tonks consiguió calmar a su madre.

Bellatrix se incorporó. La alerta del ministerio parecía haber hecho que la viruela de dragón se esfumase de su cuerpo.

–Un momento, esto es muy extraño… ¿Magos y brujas oscuros?

–Por supuesto, estarán enloquecidos por la pérdida de su amo. –Respondió riéndose Alphard.

–Tengo que hablar con Sirius. –Dijo no muy convencida.

Se acercó a la chimenea y se sentó en el suelo. Justo cuando iba a llamar a su marido, la cara de este apareció entre las llamas.

–¡Bellatrix! –Gritó. –¡Cerrar todo! ¡Lanzar todo tipo de hechizos! –Sirius parecía muy nervioso.

–Alphard ya lo está haciendo, pero no entiendo porque tanta…

–¡Bella! –La interrumpió. –Escúchame, puede ser que vayan a por nosotros…

–¿Qué estás diciendo? –No sabía si era por la fiebre o porque realmente toda la situación era muy confusa, pero le costaba comprender lo que estaba pasando.

–¡Voldemort ha matado a James y Lily!

El silencio inundó la sala, la risa de antes de Alphard se quedó muda.

–No entiendo. El ministerio dice que Voldemort ha sido derrotado. –Esta vez fue Andromeda la que habló.

–Sí, pero tras matarlos no sé como Harry ha acabado con él.

–Pero… –Bellatrix intentó hablar pero volvió a ser interrumpida por Sirius.

–No puedo hablar mucho más. Tengo que saber que ha pasado, no entiendo nada… –Sirius ahogó sus lágrimas. –Intentaré llamaros cuando pueda. ¡Tener cuidado! –Su cabeza desapareció entre las llamas.

Al irse Bellatrix rompió a llorar, aun estaba arrodillada y no tenía fuerzas para levantarse, no después de lo que acababa de contarle Sirius. Lo que debía de ser una noticia feliz porque Voldemort había muerto se había convertido en una triste.

James y Lily habían muerto.

Andromeda ayudó a levantar a su hermana. Alphard y Tonks continuaron lanzando hechizos. Las palabras de Sirius les habían puesto en alerta y estaba reforzando todas las protecciones.

A Bellatrix le estaba costando mucho levantarse, y cuando pudo ponerse completamente erguida, un fuerte ataque de tos le impidió respirar con normalidad.

–Bella tranquila. Intenta coger aire despacio. –Andromeda la alentaba para que se calmase.

Bellatrix negó con la cabeza.

–No… No… –La tos apenas le permitía hablar. –No es justo.

Andromeda abrazó a su hermana. Lo que menos le importaba en esos momentos era contagiarse con la viruela de dragón.


Unas horas más tarde la fiebre de Bellatrix había empeorado. Andromeda quería llevarla a San Mungo, pero estaba tan preocupada por lo que había dicho Sirius, que temía que en cuanto pusieran un pie fuera de la protección de la casa, los mortifagos fueran a por ellos. Finalmente consiguió que Bellatrix descansara mediante unas pociones que la hicieron dormir. Eso había aliviado la tos.

Ya entrada la noche Sirius pudo volver a casa. Miró a su alrededor buscando a su mujer, pero allí solo se encontró con Tonks y Alphard que se habían quedados. Ambos con la varita fuertemente apretada entre sus manos.

–Sirius… –Andromeda susurró.

–¿Donde esta Bella? –No la veía por ningún sitio y eso le preocupó.

–Acompáñame arriba. Ante todo quiero decirte que todo está bien. Pero a Bella le ha subido mucho la fiebre…

A penas permitió que su prima acabase de hablar cuando ya estaba subiendo las escaleras hacía la planta de arriba a pasos agigantados.

Andromeda corrió detrás de él.

Sirius abrió la puerta de su habitación y se encontró con Bellatrix dormida.

–Le suministré varias pociones, una de ellas para que durmiese. Estaba muy nerviosa.

Se acercó con cuidado para no despertarla. Estaba pálida y las ojeras se le mercaban más que nunca. Él tampoco debía tener una imagen mejor. Se sentó junto a ella. Ni si quiera notó el ruido de la puerta cerrarse cuando Andromeda les dejó solos.

Se quitó la americana y los zapatos y se tumbó junto a ella. Bellatrix se acurrucó contra él de forma inconsciente.

–Te voy a contagiar. –Murmuró. El movimiento de la cama la hizo despertarse.

–Antes eso no me importaba y ahora mucho menos. –Se abrazó fuertemente a ella. –En las próximas horas iré a por un médico a San Mungo y lo traeré aquí.

Bellatrix asintió sin resistirse. En otras condiciones lo hubiera hecho.

–¿Qué ha pasado? –Preguntó más despierta.

Sirius negó.

–Los mataron, descubrieron donde se escondían. Peter… Esa rata nos engañó a todos. –Apretó la mandíbula con rabia. –Pero… Harry… Aún no sé cómo pero acabó con Voldemort. Ha sobrevivido a un Avada Kedraba.

Bellatrix le miró sin comprender.

–¿El niño está vivo? La profecía…

–Al parecer él era el elegido y no el niño de Frank y Alice. –Esperaba que los Longbottom estuvieran bien.

–¿Dónde está Harry ahora? –Bellatrix se incorporó preocupada. Un niño tan pequeño como ese que acababa de sufrir lo peor que una persona pudiera imaginar, no debía de estar solo.

–Dumbledore se lo llevó.

La respuesta de Sirius hizo que se relajase. Si estaba con Dumbledore estaba a salvo.

–Pero mañana mismo iré hablar con él. Nosotros somos sus padrinos, debe estar con nosotros. –Sirius volvía a emocionarse.

–Entonces ahora descansa. –Bellatrix se volvió a cobijar junto a él. –Hoy ha sido un día…

Ninguno de ellos completó esa frase. No podían nombrar los sentimientos y estados que aquel día había supuesto.

Pero Sirius sentía que dormir era dejar de hacer algo por sus amigos y su ahijado, aunque convencido por Bellatrix, cerró los ojos. Estaba agotado y no iba a ser de ayuda si no podía pensar con claridad.


A/N: Tenía muchas ganas de llegar a este capítulo. Estamos en el punto de inflexión en la vida de Sirius y Bellatrix y todo a partir de ahora será un tanto… diferente.