NT: ¡Perdón! Ya sé que me retrasé un poco con el último capítulo prometido, pero estuve demasiado inspirada escribiendo "Y volar" y la verdad es que se me pasó continuar con la traducción c': ¿Ya leyeron el último capítulo de esa historia? ¡Solo quedan dos para el final!
Y ahora, por fin, ¡5/5!
Capítulo 26: Amor por la tarde y Draco el Dragón.
"Uno no siempre puede reírse de un hombre sin toparse de vez en cuando con algo ingenioso." —Jane Austen.
"A veces puedo hacer el tonto, pero debajo del exterior hay un individuo profundamente perturbado. Piensa en eso." —Draco Malfoy.
"Las personas no siempre son lo que parecen, pero siempre parecen ser lo que son." —Hermione Granger.
Hermione y Draco se tomaron de las manos y contemplaron el mar. Ninguno de los dos dijo una palabra por mucho tiempo. Caminaron un rato por la rocosa costa, tropezando con conchas y guijarros. Cuando se detuvieron, él señaló hacia los acantilados.
—Mira eso. Eso de ahí es Whitehall en todo su esplendor —explicó.
—Es impresionante. Todo esto es hermoso. Me gustaría vivir aquí —comentó.
Él dejó caer su mano, tomó una piedra lisa y la movió alrededor de sus dedos. Luego miró al agua y dijo:
—Realmente quieres casarte, ¿verdad? ¿No más miedos? —Puso su mano sobre su frente, cerró un ojo y lanzó la piedra, observando el camino que hacía y evitando cuidadosamente el contacto visual con Hermione.
—Creo que podrías ser tú el que le tiene miedo a eso, Malfoy —respondió ella. Él no discutió esa afirmación, ni la miró de inmediato. Se inclinó, tomó otra piedra y la arrojó más allá que la anterior. Esta giró y luego rozó el borde del agua, rebotando en la parte superior del mar antes de que una ola la alcanzara y la atrapara debajo.
—Cuando me miras, Hermione, ¿qué ves? —Extendió las manos como para decir: "mírame".
—Veo a un tipo guapo, encantador, superficial y tonto con quien realmente quiero casarme. —Ella tomó una de sus manos y tiró de él.
—Eso es lo que pensé. Eso es lo que veo cuando me miro al espejo, también, en su mayor parte —bromeó. Ella giró la cabeza ligeramente hacia él y luego se echó a reír. Él continuó—: He tenido una buena educación, he vivido una vida frívola, he tenido más dinero que el Rey Midas y casi siempre he obtenido lo que quería. —Él dejó de caminar y dejó caer su mano. Luego sonrió y dijo—: Sin embargo, amor, no soy tonto.
—Vamos, dime por qué no eres un tonto —insistió ella, inclinando la cabeza hacia un lado.
—Sabía, Hermione Granger, quién eras esa noche. Sabía en el fondo de mi corazón que la mujer con la que hice el amor en ese baile de máscaras no era otra que la fantástica enemiga de mi infancia, Hermione Granger.
—¿Lo sabías? —preguntó.
—Sí, y te esperé. Ni siquiera estoy seguro de saber qué era lo que estaba haciendo cuando decidí no casarme hasta ahora, pero cada vez que pensaba en esa noche incluso me llamaba tonto a mí mismo y me decía... no, Malfoy, no hay forma de que fuera Granger. Sin embargo, lo eras. Así que, mira, no soy tonto —razonó.
Ella se inclinó levemente y dijo:
—Entonces lo retiro. No eres tonto, quieres casarte conmigo y no tienes miedo.
Draco continuó sosteniendo su mano, guiándola a un lugar detrás de una gran formación de rocas. Se quitó la camisa, la transfiguró en una manta y luego la colocó en la arena.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, escéptica.
—Estoy haciéndonos un lugar agradable y cómodo para hacer el amor. ¿Querías hacerlo de pie? —Él la miró con una sonrisa.
—¡No quiero hacer el amor aquí a plena luz del día, en la arena, donde alguien podría vernos! —protestó.
—Oh sí, realmente quieres —la contradijo. Se quitó los zapatos mientras seguía sonriendo.
Ella lo señaló y dijo:
—¡Quita esa sonrisa de tu cara, Malfoy!
—Ven a quitármela —se burló.
—Eso no es muy seductor. —Se rió.
—Estoy falto de práctica —se quejó él. Había comenzado a desabrocharse el cinturón cuando se detuvo—. ¿Tú y tu ex esposo tuvieron mucho sexo?
—¿Qué? —preguntó ella, quitándose los zapatos. Dejó caer un zapato al suelo y se quedó allí con la boca abierta, sorprendida por su pregunta.
—Has escuchado mi pregunta.
Ella se mordió el labio inferior y luego respondió.
—No, no lo hicimos casi nunca... Quiero decir, después… después de que Alice naciera ya no tuvimos una vida sexual. No lo quería de esa manera, porque durante mucho tiempo ni siquiera soporté mirarlo, además, tenía muchas novias.
—¿Por qué razón alguien como tú se quedaría con alguien como él durante casi cinco años, Granger? ¡Solías ser tan inteligente, y eso parece tan estúpido! —Mientras decía esto, terminó de desabrocharse el cinturón, se quitó los pantalones y los dejó doblados en la esquina de la manta. Ella lo fulminó con la mirada, enojada, y le arrojó su otro zapato. Lo golpeó en el hombro—. ¡OYE!
—¡Tal vez quieras ponerte los pantalones, Malfoy! ¡No estoy dispuesta a tener sexo contigo ahora mismo!
Ella comenzó a resoplar cuando él la agarró del codo y la hizo girar.
—Lamento molestarte, ¡pero era necesario que te lo preguntara!
—¡Bueno, y yo no tengo por qué responder! ¡Eso fue insultante!
—Bien, bien, bien, solo desvístete y hagamos el amor —dijo molesto. Luego sonrió. Ella quería golpearlo o besarlo, no estaba segura de cuál. Él la tomó de la mano.
—¿Dije que podías tocarme?
—Será difícil hacer el amor sin tocarte, pero lo intentaré —bromeó.
Ella se rió a pesar de que intentó no hacerlo.
—¿Y dijiste que no eras tonto? ¡Ja! Eso es lo que tengo que decir a eso. —Se apartó un poco de él para mirar el agua azul verdoso del mar. Sería tan fácil enamorarse de ese lugar como ella se había enamorado de él. Lo quería con pasión, pero también quería que él entendiera que tampoco era una tonta—. ¿Sabes? Yo tampoco soy tonta, Draco. Tenía mis razones para quedarme con Kevin, e incluso si nadie más las entiende, son mías y son válidas para mí. —Ella miró hacia él—. Por favor, trata de entenderlo.
—No puedo entenderlo si no me lo explicas, pero hay tiempo para eso.
No quería hablar más. Tenían toda una vida por delante para hablar. Si ella quería tener algunos secretos, guardar algunos recuerdos para sí misma, podía hacerlo. Aparentemente se estaba protegiendo de algún tipo de dolor terrible, y él no le causaría más dolor al hacer que se lo revelara hasta que estuviera lista.
Se sentó sobre la manta, solo en sus boxers, con las rodillas dobladas y las manos entrelazadas. Le dejaría el resto a ella. Ella se sentó junto a él de la misma manera, y sin mirarlo, dijo:
—Quiero hacerte el amor ahora, Draco.
—Oh, ¿ahora? —dijo con un brillo en la voz. Se giró hacia ella, quien seguía mirando el mar. Se tumbó y la siguió mirando. Ella se quitó los jeans y la blusa y luego se recostó junto a él con un brazo debajo de la cabeza y el otro sobre los ojos para bloquear el sol. Entonces, ella esperó.
Apenas tuvo tiempo de ordenar sus pensamientos cuando él entró de lleno en su visión. Vio su hermoso rostro, su cabello rubio ondeando al viento, sus anchos hombros cerniéndose sobre ella, su pecho esculpido presionando contra sus senos, la sensación de sus largas y musculosas piernas contra las de ella. Su cabeza descendió y la besó. Sus labios rozaron lentamente los de ella.
Uno de sus brazos se alzó lánguidamente sobre sus hombros. Él colocó una pierna entre las suyas, una mano sobre su estómago, y movió su lengua sobre el exterior de su boca hasta que ella la abrió de forma natural, y luego la besó más profundamente.
Se quitaron la poca ropa que les quedaba con ternura y cuidado. Esta vez fueron lentos con sus relaciones sexuales. A diferencia de la primera vez, no había pasión desenfrenada. A diferencia de la segunda vez, no había miedo al arrepentimiento. Esta vez fue tranquilo y tierno. Ella colocó las palmas de sus manos sobre sus hombros mientras él rozaba ambos senos con los nudillos. Los rodeó lentamente, subió a la cima y luego pasó los nudillos por la punta rosada de uno, y después hizo lo mismo con el otro. Se inclinó y besó el espacio entre sus senos mientras ella gemía su nombre.
Sabía exactamente lo que le gustaba, o eso parecía. Las yemas de sus dedos se movieron sobre ella ligeramente, pero con cuidado experto. Su boca se movió también sobre los planos y las colinas de sus caderas y estómago, la curva de su cintura, sus piernas delgadas, sobre y alrededor de ambos senos. Su lengua se arremolinó alrededor de su ombligo y se movió hacia sus muslos internos. Iba tan despacio que ella pensó que podría morir por anticipación o por el brillo del sol.
Él se movió para estar más abajo en la manta, entre sus piernas. Seguía tocándola suavemente, principalmente con las manos, a veces con la boca. Era como si estuviera tratando de memorizarla. Ella observó su rostro todo el tiempo. Parecía estar asombrado. Draco abrió más sus piernas y movió su mano sobre sus muslos, finalmente tocándola con sus dedos, nuevamente, suavemente, burlonamente, con cuidado, con el mayor control.
Aun así, ella gritó al primer toque inicial. Eso lo hizo sonreír. Puso una mano sobre su pecho y su otra mano se quedó donde estaba y continuó acariciándola hasta que ella comenzó a llegar al clímax con solo sus dedos para guiarla. Él pensó que eso era asombroso.
Luego se arrastró por su cuerpo, sus piernas entre las de ella, y como todavía estaba llegando al clímax, entró en ella en un movimiento rápido. Inhaló rápidamente, colocó una mano debajo de una de sus rodillas, tiró de ella hacia arriba, luego se sostuvo ligeramente por encima de ella, en un codo, con la otra mano en su pelo. Él todavía se movía lentamente, todavía en control, pero cuando ella apretó sus paredes internas, él abrió los ojos ligeramente y dijo:
—Cuidado, Granger. Me harás perder el control.
—Bien, quiero que pierdas el control —dijo. Ella lo hizo de nuevo. Draco se movió más rápido. Luego se retiró por completo, se movió de manera que quedó casi de rodillas, tiró de ella por la cintura para que sus caderas estuvieran inclinadas, y volvió a hundirse en ella. Sus manos bajaron a sus senos. Las de ella fueron a la manta a su lado, luego a sus piernas mientras balanceaba sus caderas de un lado a otro.
Se miraron desde ese momento, pero no pronunciaron una palabra más. Hicieron sonidos mutuos de placer, pero ninguno habló. Ella gritó antes que él, pero él la siguió poco después. Cayó sobre ella con fuerza, y luego levantó la cabeza y dijo:
—Perdón.
Eso la hizo sonreír. Él no se apartó de ella, en cambio, puso sus manos en su espalda y dejó caer todo su peso sobre su cuerpo, encontrando su boca, y sus labios comenzaron a jugar con los de ella con increíble cuidado y dulzura. Pronto se dio cuenta de que estaba caliente otra vez, sin apartarse de ella. Comenzó a moverse, golpes duros, profundos y largos. Hermione quería capturar este momento y mantenerlo para siempre. Ni siquiera podía describir lo que estaba sintiendo. Estaba agotada, estaba cansada, estaba lánguida, pero sentía una felicidad increíble, un amor increíble y, extrañamente, se sentía apreciada y protegida. Después de algunos golpes más, él se estremeció sobre ella otra vez y se quedó quieto.
Bajó la cabeza hacia el hueco de su cuello, le besó la barbilla y la mandíbula, y luego cayó a su lado. Mantuvo la mano sobre su rostro y la giró para hacerla mirarlo.
»Tal vez acabamos de hacer un hermanito o hermanita para Alice.
Ella no pudo evitar sonreír.
—Lo dijimos la última vez, y quién sabe, tal vez —coincidió ella.
La envolvió en sus brazos.
—Háblame de Alice. ¿Qué tipo de bebé era ella?
—Era un bebé difícil —dijo Hermione sinceramente—. Lloraba a menudo. No dormía bien. Siempre estaba enferma con infecciones de oído y resfriados. Le encantaba bañarse. A veces la bañaba incluso cuando estaba limpia solo para entretenerla.
Ambos se rieron.
—Desearía haberla visto —dijo con un suspiro—. No estoy criticando, solo diciendo que me habría encantado —agregó rápidamente.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro y le dijo:
—Lo sé y lo siento.
—Cuéntame más.
—Le encantaba que le leyeran, incluso cuando era un bebé. Le encantaba el sonido de mi voz. Incluso inventaba historias para ella. A veces eso era lo único que la hacía dormir; le acariciaba el cabello mientras le hablaba, por lo que terminó encontrando el sonido de mi voz calmante y relajante.
—Yo solía equiparar tu voz con el sonido de un hipogrifo muriendo —dijo entre risas—. Sabes, de regreso a la escuela, también solía dormirme con tu voz.
Ella le dio un puñetazo en el brazo. Luego se giró en la manta ligeramente para mirarlo.
—Sé algo que podríamos hacer. ¿Te gustaría verla cuando era un bebé?
Draco se apoyó sobre su codo, sobre su costado, y con una mirada de total confusión, preguntó:
—¿Cómo?
—Usa la Legeremancia conmigo. Normalmente sería un enemigo demasiado fuerte para ti, pero te dejaré entrar solo por esta vez. —Se rió.
Él se inclinó, la besó con fuerza y dijo:
—Un enemigo demasiado fuerte, más quisieras. Mi mente podría entrar en la tuya en cualquier momento. Oh, demonios, ¿a quién trato de engañar? Tu mente es claramente más fuerte. Dame mi varita. —Señaló su varita, que estaba dentro de sus pantalones en la manta detrás de ella. Ambos se sentaron y ella le pidió que le diera un minuto para pensar en algo con la suficiente fuerza. Entonces, ella le dijo que comenzara. Él apuntó su varita hacia su cabeza y dijo—: Legeremens.
—¿Qué color es este, Alice? —preguntó Hermione a su hija de dos años. Estaba señalando a un oso amarillo que la niña acababa de desenvolver por su cumpleaños.
—Amwario —dijo.
—¡Correcto, amarillo! —dijo Hermione, complacida, y sonriendo por la forma en que su hija decía amarillo. Le entregó el osito amarillo a su hija, quien lo abrazó—. Ese puede ser su nombre. Su nombre será Wario. —Hermione hizo que el oso hablara y se moviera por un momento, haciendo reír a su pequeña.
—¡Mamá, leche! —exigió Alice, señalando a la mesa. Alice y Hermione estaban sentadas en el suelo de la cocina, así que Hermione se puso de rodillas, se arrastró hasta la mesa para agarrar un pequeño biberón rojo con una tapa blanca y se lo entregó a Alice. La niña tomó un gran trago y se lo devolvió.
—Aquí, abre otro regalo, Alice —dijo Hermione, dándole a su hija una caja grande envuelta en papel de lunares y con un gran lazo rojo—. Este es de mamá. —Ayudó a su hija a desenvolver el paquete y luego pegó el lazo en sus rizos rubios. Abrió la caja y Alice chilló de alegría—. ¡Oh, Alice, es un dragón! ¡Un dragón verde!
—¡Dragón! —repitió Alice. Ella sostuvo al dragón, que era casi tan grande como ella.
—¿Cómo llamaremos al Dragón, Alice? —preguntó Hermione.
—¡Dragón! —gritó Alice de nuevo.
Hermione sonrió, besó las mejillas regordetas de la niña y dijo:
—Podríamos llamarlo Draco. Draco es dragón en latín. ¿Puedes decir Draco?
—Drawdo —repitió Alice, incorrectamente.
—Draco —dijo Hermione de nuevo.
—Drayco —dijo Alice.
—¡Suficientemente cerca! —dijo Hermione, encantada—. Ahora, ¡comamos tu pastel! —Hermione se arrastró hasta la mesa otra vez y tomó un pequeño pastel redondo de chocolate con una vela del número dos en el medio. La encendió con su varita, lo colocó en el suelo con Alice y luego Hermione le cantó el cumpleaños feliz a su hija. Alice sonrió todo el tiempo. Al final, Hermione dijo—: ¡Apaguemos la vela! —Se inclinó, le mostró a Alice cómo hacerlo y, después de que Alice la apagara, Hermione la retiró del pastel y lo empujó hacia la pequeña diciendo—: Está bien, es todo tuyo, hazlo.
Alice metió una mano gordita en el pastel, y luego la otra, y luego se metió un puñado de pastel en la boca. Madre e hija se rieron. Entonces, el recuerdo terminó.
Draco miró a Hermione por un largo tiempo, sin palabras y con una expresión en blanco en su rostro. Ella le sonrió. Su sonrisa pronto se desvaneció cuando vio que su expresión no cambió.
—Lo siento, Draco. Pensé que querrías ver un recuerdo feliz con respecto a nuestra hija. Te perdiste su cumpleaños este año; pensé que sería bueno verlo. —Parecía avergonzada cuando comenzó a levantarse de la manta.
Él la agarró por la muñeca y tiró de ella hacia abajo. Quería decirle que pensaba que era una de las cosas más tristes que había visto. Su pequeña niña, pasando su segundo cumpleaños con nadie más que su madre presente, sentada en el suelo de la cocina y con solo un puñado de regalos. Sin embargo, ella había pensado que era un recuerdo feliz y lo había compartido con él, así que quién era él para refutarlo. Después de todo, ya estaba establecido que no era un tonto.
Él simplemente dijo:
—Gracias, Hermione. Gracias por darme a nuestra hija y por ese recuerdo.
Él ahuecó su mejilla, la besó de nuevo y la atrajo hacia él. Se dejó caer sobre la manta, la abrazó con fuerza y repitió el recuerdo en su mente una y otra vez.
Su respiración comenzó a ser superficial. Se preguntó si ella dormía. La dejaría dormir un rato y luego la despertaría y subirían a tomar el té. Luchó contra el impulso de despertarla antes para que pudieran hacer el amor una vez más. No quería negarse un momento con ella, pero por ahora la dejaría descansar.
¿Era un tonto? ¿Un tonto por enamorarse? ¿Un tonto por no tratar de encontrarla antes, cuando cada fibra de su ser le decía que la mujer enmascarada tenía que ser ella? ¿Era un tonto por no llevársela y casarse con ella en el acto para que nadie pudiera estropearlo? ¿Era un tonto?
Se negó a pensar que lo era. La empujó suavemente y le dijo:
—Hermione, despierta, amor. Debemos regresar a la casa a tomar el té. —Además, él quería ver a Alice. Ella se sentó inmediatamente y por un momento pareció haber olvidado dónde estaba. Ella lo miró cuando comenzó a limpiarse con su varita y sonrió mientras hacía lo mismo. Se vistieron sin decir una palabra más entre ellos. Cuando estuvieron listos, Draco señaló a la casa y dijo—: ¿Vamos a subir de nuevo por las rocas o nos aparecemos?
—¿Eres tonto, Malfoy? Vamos a aparecernos, por supuesto —dijo ella, rodando los ojos.
Trató de ocultar su sonrisa. No, ya estaba establecido, no era un tonto.
¿Me dejas un review? :D
Cristy.
