CAPÍTULO XXV
EL PROTECTOR
DE LA TIERRA
(Hace un siglo)
Las densas y grisáceas nubes descargaban su refrescante lluvia. El viento de la noche golpeaba con furia. El océano bramaba con violencia, arrancando las rocas de la orilla y arrastrándolas en sus voraginosas y oscuras aguas.
Más allá y en medio de la abundante isla, refugiados en su humilde hogar hecho de piedras y barro, aquellos tres yacían reunidos juntos al fuego.
"Me alegra mucho haberla terminado a tiempo", el pelirrojo expreso satisfecho. "Sé que no se puede comparar con los hermosos castillos de coral en los que solías vivir, pero nos da un buen cobijo"
La pelinegra sonrió y negando con la cabeza, tomo a su pequeño en los brazos, quien había despertado a causa del violento rugido del trueno; "No lo lamentes. Mientras estemos juntos cualquier lugar es perfecto"
Fénix se acercó a ella y acariciando los negros cabellos de su hijo, luego besó los carnosos labios de la mujer; "Este lugar será nuestro hogar para siempre"
"Así será", satisfecha replico.
En ese momento una idea cruzo la cabeza del hombre y tomando una roca, observo a su amada y a su hijo; "Es momento de que haga esto", dijo y entonces en la palma de su mano la hundió.
Sorprendida y sin entender su acción la mujer cuestiono; "¿Qué haces ?, ¿Por qué te lastimas?"
"Observa", el pelirrojo expreso y entonces se volvió hacia la pared. Tomando con el dedo su rojiza sangre y un poco barro, sobre el rocoso muro comenzó a trazar tres figuras con forma humana; "Este soy yo ... Este es Endimión y esta eres tú"
"¿Por qué haces eso?"
"Porque muy probablemente después de nosotros vendrán otros, quizás no ahora, pero en un futuro. Tal vez para entonces no estaremos presentes, pero de esta forma ellos sabrán que alguna vez nosotros existimos y vivimos en este lugar"
(Presente, dos días después)
La noche había llegado acompañada de aquella lluvia que desde antes del amanecer había comenzado.
Mas allá, la rojiza hoguera calentaba el frió interior de la caverna.
Sentada sobre el lecho, la rubia yacía con las rodillas flexionadas hacia su pecho al mismo tiempo que en sus muslos sostenía a su hijo. Frente a ella, la hermosa aguamarina doblaba y guardaba las prendas limpias.
Con cuidado, Haruka de vez en cuando acariciaba el rostro del pequeño, luego con extrema sutileza tomaba sus diminutas manos entre las suyas.
Observándola, Michiru sonreía; "¿Qué sucede?", cuestiono al verle aspirar el dulce aroma de su frágil cabello.
Sin desviar la mirada de su bebé, Haruka sonrió y luego procedió a responder; "Lo sabes Michi"
La aguamarina dejo de lado lo que hacia y dirigiéndose hacia ellos, se sentó al lado de su amado; "Lo sé mi amor. A mí también me sucede ... es demasiado maravilloso"
"Es más que eso, aunque sabemos o creemos saber cómo es que llego ahí, lo realmente sorprendente es que haya sido tan pequeño y haya crecido tanto hasta convertirse en un bebé"
Las mejillas de la mujer estaban un poco encendidas; "Porque nos amamos, hicimos un bebé"
"Aquella noche dije que amaba lo que vivía en tu vientre, pero a decir verdad nunca pensé que se trataría de esto"
Adivinando la respuesta que la rubia daría, Michiru cuestiono; "Ahora que sabes que es, ¿No lo amas?"
"¿Cómo puedes preguntar eso?, Lo amo demasiado", respondió antes de besar la mejilla de su hijo. "Nació de ambos"
"Fue demasiado doloroso"
Haruka sonrió. Sus mejillas también estaban ligeramente encendidas; "Lo lamento mucho, fue mi culpa"
"¿Tu culpa?"
"Dijiste que era mía", Urano contesto recordando las recriminaciones que aquella noche su amada le había hecho.
"Lamento haber dicho todo eso. Pero a decir verdad debo admitir que fue lindo y divertido"
"¿Lindo y divertido? ... Realmente no me lo creo", la rubia contesto.
Michiru soltó una corta risa, luego de forma ligera se mordió los labios; "No me refiero a su nacimiento, me refiero a eso"
"Hacer bebés es divertido", Urano finalmente expresó al mismo tiempo que en sus labios se dibujaba una coqueta sonrisa.
"Hacerlos es divertido, cuando nacen no", contesto Kaiousei.
"Océano duerme ...", Tenousei trato de decir, sin embargo fue interrumpido por su amada.
"Ni siquiera lo pienses", con el entrecejo fruncido y los brazos cruzados, replico a su proposición.
"Dijiste que era divertido", ante su negativa, la alta rubia se encogió de hombros.
"Lo dije, pero eso no significa que ahora sea prudente ... aún me duele"
"Lamento haber dicho lo que dije", Haruka contesto apenada.
"No te preocupes ... Pero debo decir que aunque fue demasiado difícil, volvería a pasar por cada momento de dolor", dijo acariciando las mejillas de su pequeño. "El resultado es demasiado satisfactorio ... lo bueno de esta experiencia es que para la próxima vez que esperemos un bebé, ya no será algo totalmente desconocido"
"¿Tendremos más bebés?", Haruka cuestiono.
"Sí ... como mil", Neptuno rió un poco.
"¿No crees que son demasiados?"
"Tienes razón mi amor, es una exageración. Quinientos son un muy buen número"
"Tendré que esforzarme demasiado"
Michiru beso su mejilla mientras que juguetonamente le dirigía una mirada; "Más que esforzarte, es algo que disfrutaras"
"Qué de eso no te quede duda. Michi", replicó. Tomando las manos de su hijo y observando a su alrededor, una idea que aunque para ella era un tanto extraña, después de todo no lo era. "¿Nos conocimos antes?"
La aguamarina asintió; "Sí tú y yo en algún momento de nuestras lejanas existencias lo hicimos, quizás Océano también estuvo a nuestro lado"
"Mira el lugar en el que vivimos, mira las pobres y escasas ropas con las que vestimos ... mira a Océano envuelto en un pañal y un trozo de manta"
Ante esas palabras la joven bajo la cabeza; "¿Te arrepientes de vivir aquí?... ¿Hubieras preferido que tú bebé hubiera nacido hay arriba y de una de ellas?"
"No Michi, es algo de lo que jamás me arrepentiré. Además me alegra mucho tener un bebé contigo, pero ¿y tú?"
"No Haruka, ni yo arrepiento de esta vida, nunca lo haré. Tú y mi bebé son lo más caro que poseo", convencida de sus propias palabras, la mujer fue sincera en su sentir.
"Michi, ahora mismo una extraña idea ha llegado a mi ... quien sabe, pero quizás en ese otro tiempo y en ese otro lugar, Océano fue un príncipe. Ahora es el más pobre de todos los seres"
La aguamarina sonrió y acariciándole el rubio cabello, contesto; "¿Y quién dice que ahora no puede serlo? ... sí su hogar fue un castillo o un palacio, sí vestía en oro y plata, eso no importa ya. Está vivo y ahora es el príncipe de este humilde palacio de roca"
"En ello tienes toda la razón", recostó a su hijo sobre la suave cama. "Está dejando de llover, asegurare la puerta", dijo mientras se ponía de pie y se dirigía a la entrada. "¿Quieres que deje el fuego?"
"Por favor", la mujer contesto al mismo tiempo que se arropaba entre las cálidas mantas.
"¿Tienes frío?", inclinándose un poco, Tenousei hecho más leña a la hoguera, luego lo avivó con la fina rama de un árbol.
"Yo no, pero me preocupa mucho que él lo tenga", Neptuno respondió arropándolo a su lado.
Haruka sonrió y tomando el abrigo de piel que alguna vez había hecho, se lo entrego a su amada; "Cuando duermo cerca de tu pecho no paso frío. Ten por seguro que Océano esta bien, pero envuélvelo para que estés más tranquila"
"Ven, de esa forma los tres estaremos mejor"
Haciendo caso a la petición de la mujer que amaba, se recostó al lado de ambos y envolviéndose en las mantas, coloco los brazos bajo su cabeza. Luego con atención observo hacia el rocoso techo.
"¿En qué piensas?", la mujer cuestionó al verle tan abstraído en sus pensamientos.
"En lo que dijiste. Sí tenemos más bebés, este lugar será demasiado pequeño"
Michiru se llevó la mano a los labios para reír un poco; "Ahora no tienes que preocuparte por eso. No significa que mañana los tendremos. Ahora dediquémonos a este pequeño"
La rubia sonrió y acariciado sus cálidas mejillas, hizo una pregunta; "¿Crees que esta noche si podremos dormir?"
Hubiera valido más que Urano no hubiera hecho esa pregunta, porque justo cuando termino de formularla, aquel pequeño que hasta hacia poco había estado durmiendo, comenzó a llorar.
Kaiousei volvió a reír un poco; "¿Tú qué crees?"
(En la cumbre)
A pesar de la larga distancia que dividía sus dominios de los de las sirenas, ella estaba convencida de su hermosura y de la bondad que habitaba en el corazón de algunas cuantas, como era el caso de la amada de Urano.
Hay, sentada a las puertas del palacio de cristal, la hermosa joven Serenity observaba hacia el basto horizonte. Además de que contenta se concentraba en aspirar el lejano aroma que la lluvia había levantado en torno a la fértil isla.
"Qué bueno que ha dejado de llover", con gran alegría murmuro al mismo tiempo que con las suaves manos levantaba la pesada canasta que yacía a su lado.
Aunque sus monótonas vidas pasaban sin sorpresa alguna y el transcurso del tiempo era algo que poco les preocupaba, aquella jovencita había sido consciente de que los días con sus noches en gran número se habían sumado, pero ¿Por qué por primera vez en su vida había sido consciente de ello?
La respuesta se encontraba en las palabras que Urano le había dado y de las cuales poco o nada pudo entender.
Así pues, usando la oscuridad y el anonimato que la bella noche le proveía, sin ver atrás en rápido vuelo se perdió entre el espeso follaje que las hierbas altas le ofrecían. Y aunque temía ser descubierta por los suyos o por alguna sirena, con gran esperanza esperaba volver a verlo.
De un momento a otro sus menudos pies se hundieron entre la húmeda y salada arena. "Tendré que lavármelos antes de volver", expreso al mismo tiempo que con paso firme se dirigía hacia el lugar donde alguna vez se había encontrado con la rubia.
Y mientras caminaba, con la juguetona mirada en vano una vez más trato de encontrar su palacio de roca.
"Es de noche, quizás duermen. Debí venir antes del alba", murmuro abatida y mientras colocaba la canasta sobre una roca. "Espero que al amanecer y cuando Urano busque alimento, la encuentre. Se pondrán muy felices al ver lo que traje para su bebé"
Escuchando las olas que en la orilla rompían contra las rocas, comenzó a acercarse, aspirando a cada paso del ambiente su salado aroma.
"¡Qué bello es!", expreso dejando que las tempestuosas y frías aguas tocaran sus frágiles pies.
En ese punto, una de esas mujeres aspiro el dulce aroma que de aquel ser se desprendía y, saliendo de su escondite, contemplo su magnífica belleza.
"¿Es ella?", la pelinegra, quien desde hacia dos noches esperaba el regreso de la joven Mina, se pregunto a sí misma.
Esperando a estar segura de su sospecha, con sigilo se acercó un poco y entonces gran desilusión acudió a ella al ver que no era la mujer que la otra noche se había atrevido a hablarle...
(Mañana siguiente)
Después de que los mares hubiesen sido revueltos por la tormenta, con profunda calma se mecían ante el suave toque del viento. Los brillantes rayos del sol poco a poco iban secado las húmedas arenas.
Escuchando a lo lejos las ruidosas aves, Haruka giro sobre su cuerpo, cubriendo su rostro con la manta.
"No llores pequeño, deja que papá ahora si duerma", a sus espaldas la mujer expreso al ver a su hijo estremecerse en sus brazos.
Michiru, quien con el trozo de una manta se las había ingeniado para llevar a su hijo junto al pecho, lo meció un poco.
Ante el murmullo de su voz, Urano abrió los ojos y volviéndose hacia el otro lado, observó a su amada junto a la chimenea de piedra. "Hola", dijo estirándose un poco. "¿Por qué no me despertaste?"
"Estabas profundamente dormido. No quise molestarte"
Recordando lo qué tenia que hacer antes del amanecer, se puso de pie; "Olvide ir por la trampa"
"Puedes hacer una pequeña excepción e ir más tarde por ella, ahora ven a comer"
Haciendo a un lado la idea de ir hacia la orilla, se acercó a su amada, luego con cuidado descubrió el rostro de su pequeño; "¿Cómo está? ... ¿Ya comió?"
"Es un glotón", la mujer contesto acariciándole las mejillas.
Tenousei se sentó frente a ella y tomando un dulce fruto comenzó a comerlo; "Eso es bueno, ¿no?"
"Supongo que sí, ¿verdad?", Neptuno cuestiono a su hijo. "Estoy segura que así eras de pequeño, algún día sera tan grande como tú"
"Y sin duda más fuerte", llena de satisfacción añadió.
Habiendo disfrutado de un buen desayuno, Urano salió de su morada, tomando camino hacia la orilla.
Y mientras se acercaba, algo fuera de la común llamo su atención.
Con horror, sobre la arena contemplo unas menudas hullas que se extienden más allá de su vista. Esas no podrían ser suyas, puesto que la lluvia de la noche pasada las hubiera borrado.
"Sin duda han sido dejadas durante algún momento de la madrugada"
Dispuesta a investigar a quien pudiesen pertenecer, con cautela pero lleno de valor comenzó a seguir el rastro de las pisadas, hasta que de golpeó se detuvo para contemplar que sobre una roca alguien o algo había dejado un canasto.
Sorprendida y con temor ante la presencia de aquel objeto, poco a poco se fue acercando para ver su contenido y entonces gran sorpresa acudió a ella al aspirar el lejano aroma de su buena amiga Serenity.
"Esto sí que es maravilloso", dijo y luego con sus manos comenzó a revolver su contenido. "¡Vaya!", satisfecha expreso cuando descubrió una botella con licor. "Michi se pondrá muy contenta"
(En la caverna)
Arrullando a su hijo, Neptuno yacía sentada a las afueras de su morada.
"¿Te gusta?", la mujer preguntó al ver a su bebé concentrado en escuchar los hermosos sonidos del día. "Son aves ... papá fue un ave. Sus alas eran demasiado hermosas. Con ellas volaba muy alto... Ahora tú eres nuestro pequeño angelito, pero más hermoso que los que viven hay arriba"
"Michi, Michi", Urano grito desde la cercana distancia.
Desconcertada ante la desesperación con la que la llamaba, la joven se puso de pie; "¿Qué ocurre?"
"Mira lo que encontré", expreso colocando la canasta en el suelo.
Desconfiada, la joven fruncio el entrecejo; "¿Dónde?"
"Antes de llegar a la orilla", dijo bebiendo un poco del vino que en ella había encontrado.
"No creo que haya sido buena idea que la hayas tomado", Neptuno expresó negando con la cabeza.
"¿Por qué no?"
"Porque sabes que podría ser una trampa"
"No lo es Michi, ¿sabes por qué?, porque estoy muy seguro de que Serenity fue quien la dejo para nosotros"
"¿Cómo puedes estar tan seguro?"
"Porque tiene su aroma, además mira", dijio y entonces le mostro una pequeña prenda.
"¿Qué es eso?", fue la siguiente pregunta que la mujer formulo.
"Es perfecto para Océano ... anda, vistelo", emocionada por aquellos regalos que la rubia dejó para su pequeño, Tenousei expreso.
"Es demasiado lindo", contesto bajando la cabeza.
"¿No te gusta?"
"Si Haruka ... pero ¿Y si no fue ella?"
Urano se reincorporo y acercándose a ella la tomo por los hombros; "Confía en mis palabras Michi ... nadie aparte de tú, ella y yo, sabe que esperábamos un bebé ... ha sido ella quien ha dejado estos obsequios para nosotros. Ella a nadie le ha dicho que estamos aquí"
Kaiousei seguía insegura; "Pudo haberle dicho a los demás"
"No Michi, nadie mas lo sabe, Sí así fuera, ellos ya hubieran venido a buscarnos para separarnos"
Esas palabras calmaron el atribulado corazón de Neptuno; "Esta bien Haruka, confió en ti"
"Ven adentro, veamos que más puso para nuestro bebé"
(Esa noche)
Y como había sucedido la noche anterior, las nubes volvieron a abrirse y el gélido viento volvió a golpear con furia, sin embargo eso poco le importo a aquellos tres, quienes bien abrigados yacían al interior de la acogedora caverna.
La rubia y la aguamarina yacían sentadas frente al fuego mientras que dentro del canasto, entre blancas sabanas y completamente vestido, dormía Océano.
Haruka sonreía al ver a su amada beber la dulce miel. Sin duda esa imagen le había traído recuerdos a la memoria.
"¿Qué ocurre?", pregunto la aguamarina.
"Es solo que he recordado aquella noche... Llovía y yo en mis brazos te traje hasta este lugar... En ese momento no imagine que este sitió se convertiría en nuestro hogar"
"Yo tampoco lo pensé, mucho menos llegue a imaginar que seríamos tres", una sonrisa de satisfacción se dibujo en sus rosados labios.
Urano volvió a sonreír y entonces se reincorporó; "Ven Michi"
"¿Qué ocurre, mi amor?", cuestiono uniéndose a ella.
La rubia acaricio las rosadas mejillas de su hijo; "Observalo... ¿Recuerdas lo que la otra noche dijiste?"
"Dije que aunque solo vistiera con harapos, era un príncipe"
"Así es Michi, y no solo de esta caverna, sino de toda esta isla", dijo tomando la botella del dulce y rojizo vino. "Si las sirenas protegen los mares y los ángeles los cielos, Océano protegerá toda la basta Tierra. Todos ellos tendrán que respetarlo y respetar su derecho al que es acreedor como el primer hombre en habitar este lugar", expresó y entonces con su dedo sobre el rocoso muro comenzó a trazar tres figuras con formas humanas. "Estos somos nosotros"
La aguamarina sonrió y entonces recordó la vieja choza de barro; "Es como el dibujo que vimos en ese lugar"
"Así es, ahora comprendo que en ese lugar vivió Fénix, esa sirena y un bebé", expreso.
"¿Acaso sabes que les sucedió?", sorprendida Michiru pregunto.
"No del todo, pero ahora no pienses en ellos, pensemos en nosotros y en nuestro futuro... Quizás algún día te diga lo poco que sé", Urano concluyo sin decirle la dolorosa verdad, prefería callar que preocuparla...
Notas de autor;
Disculpen la ortografía, pero es que escribo y hago la actualización desde mi teléfono y es muy difícil hacerlo desde ahí :(
A falta de Endimion, en esta vida Océano protegerá sus dominós hasta que él vuelva a renacer.
Osaka; ojala y llegado el momento en que sean descubiertos, ellas los apoyen como ahora Serenity lo hace.
Hyunwon; gracias :)
isavellcota; todas ellas merecen su trozo de felicidad. En especial Mina, ella ha sufrido bastante :(
Vicky; ellas ya están pensando en un hermanito para Océano. Serán como conejos
Grecia Tenou; me alegra mucho que te haya gustado.
