Disclaimer:
La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.
House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.
La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.
Advertencias:
Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.
La Casa de los Cuervos
Capítulo 25
Ojo por Ojo
Todos tus regalos vienen del infierno,
por amor los trajiste de vuelta;
arroja un cubo en tu pozo
con tu sangre lo llenas.
El golpe en el dormitorio despertó a Kakashi. Instintivamente se abrieron sus ojos, pero permaneció quieto, ¿Por qué estaba en el sofá? ¿Dónde estaba? ¿Qué había provocado ese sonido?
Oh- cierto. Él le había dejado su cama a Sakura la noche anterior y se había movido él al sofá en la habitación contigua. Lo que no estuvo tan mal. Había dormido en suelos cavernosos en el pasado sin queja alguna; y para los estándares este sofá reclinable suave era el pináculo de la indulgencia para un ninja.
Pero entonces recordó su otra promesa a Sakura. Me iré antes de que despiertes. No tendrás que verme si no quieres.
Eso había sido parte del trato para que ella tomara la cama, que no tendría que encararlo. Probablemente no hubiera aceptado de otra manera, y mientras la escuchaba caminar hacia la puerta divisoria, supo que no lo aceptaría de nuevo si no mantenía sus promesas. ¡Pero él no esperaba que ella despertara así de temprano!
Repentinamente vivo con adrenalina, Kakashi se sacó la manta y se levantó. Su único escape estaba del otro lado de la habitación- no había forma que pudiera pasar por la separación sin que Sakura viera su sombra. En lugar de eso, retrocedió, buscando con prisa una vía secundaria de escape: una ventana, una pantalla, un armario, un tokonoma- ¿Un tokonoma?
Ya que no era alguien que se adhiriera a las reglas de etiqueta, Kakashi no pensó que hubiera algo malo en meterse dentro de la alcoba elevada y levantar las manos en un jutsu de transformación. Justo a tiempo resultó, ya que Sakura emergió del dormitorio en el siguiente segundo.
Los ojos de ella examinaron cuidadosamente la habitación antes de entrar, probablemente intentando descubrir si él se había ido realmente. Su mirada se posó brevemente sobre el tokonoma, pero si notó que donde antes había estado un solo arreglo floral ahora estaban dos, no lo demostró y su mirada se movió al sofá que él había abandonado con prisa segundos atrás.
Viendo que él ya no estaba, se relajó visiblemente y emergió por completo. Él había esperado que ella se fuera con rapidez dada su reluctancia a estar ahí en primer lugar, pero ella inmediatamente comenzó a buscar en la habitación como si hubiera perdido algo. Concentrándose en el sofá, ella se puso de rodillas cuidadosamente y miró debajo. Cuando esto pareció no resultar en nada, se sentó y comenzó a pasar las manos a lo largo de los huecos en los cojines del sofá.
Con un pequeño resuello de triunfo se enderezó y levantó algo demasiado diminuto como para que Kakashi viera, pero probablemente era un arete que pronto se puso en la oreja…
Y justo cuando pensó que estaba a punto de irse, ella presionó las manos sobre la manta tendida en el sofá para levantarse… y una vez más se detuvo. Mierda. ¡Debió notar que la manta seguía caliente! Ella la mantuvo entre sus manos mientras se ponía en pie y echó un vistazo a la habitación más furtivamente que antes. Tenía que saber que él estaba escondido en algún lugar aquí. En cualquier momento le lanzaría algo y ese diminuto puente de confianza que había logrado construir entre los dos estaría roto de una vez por todas.
Entonces, como si hubiera decidido que estaba completamente a solas, llevó la manta hacia su nariz e inhaló profundamente. Si Kakashi hubiera tenido cejas en ese momento, ambas se hubieran encontrado con confusión, ¿De verdad estaba oliendo su manta?
Incluso cuando le agradaba él siempre se quejaba sobre su olor…
Tomando otras dos inhalaciones profundas, Sakura suspiró y dobló la manta en un cuadrado bien hecho y silenciosamente salió de la habitación para comenzar con su mañana. Pasó casi un minuto completo antes de Kakashi se sintiera a salvo como para deshacer el jutsu y salir del tokonoma. La manta doblada estaba tendida sobre el sofá en un ángulo perfecto, una prueba de cómo sus tareas habían penetrado en Sakura durante su estadía aquí que ahora doblaba sin pensar. Kakashi levantó la manta y la presionó contra su nariz.
No podía oler nada.
Tres curiosas cabezas se giraron en dirección de Sakura en el momento en que abrió la puerta del dormitorio. Ella las atrapó en el proceso de vestirse, y era demasiado obvio para todo el mundo que Sakura seguía vestida con la ropa del día anterior.
—Buenos días. —Ella dijo muy brillante mientras se movía con rapidez a su armario para sacar un yukata limpio y ropa interior.
—Te fuiste toda la noche. —Aki dijo detrás de ella. —¿Estuviste con Kakashi-sama?
Parecía una burla que todas las personas en el planeta agregaran el honorifico al nombre de Kakashi. Ni siquiera el más pringado lame botas de la Academia se preocuparía por llamarlo así. Sin embargo aquí estaba un miembro de su propia familia llamándole de tal forma.
Sakura quería asegurarle que Kakashi no le había tocado durante la noche, pero incluso si conseguía que Aki le creyera sólo levantaría más interés que si simplemente dejaba que todo el mundo llegara a la conclusión natural. ¿Un hombre que había invitado a una sirvienta en su dormitorio durante la noche pero no había puesto ni un solo dedo sobre ella? Algo estaba sucediendo, o él era impotente.
Bueno… ese sería un rumor que valdría la pena difundir…
—Está bien. —Sakura dijo a su amiga de cabello oscuro. —Kakashi-se-sama ha sido un perfecto caballero.
Del otro lado de la habitación, Yui agitó su cabello durazno con un incrédulo sonido de desprecio y continuó vistiéndose. Kaoru y Aki todavía lucían preocupadas, pero Sakura reflejaba que, fundamentalmente, lo que había dicho era cierto. Kakashi había sido sorprendentemente considerado la noche anterior, dándole su cama e incluso haciéndole huevos… que tenía que admitir había sido más para ver si él realmente lo haría que porque los deseara con desesperación. Ella estaba ligeramente conmovida de que lo hubiera hecho.
No sólo había sido considerado con sus necesidades, también de mala gana tenía que admitir que vio de donde venía. Él estaba en una situación difícil. Incluso si ante ella ningún miembro de su familia era así de adorable, sabía que la forma en que ella los veía era muy diferente a como él lo hacía. De igual manera, el padre de Sakura había sido un hombre que daba bastante miedo (y Sakura sospechaba que había salido a él) y con frecuencia las personas que le recordaban pondrían cara de susto cuando su nombre salía. Sin embargo, su madre lo había amado.
Era algo razonable creer que esas personas mantenían a Kakashi cerca por otra cosa diferente al chantaje. Probablemente lo amaban. Sakura no creía que ella pudiera vender a su propia familia por su aldea… así que, ¿Cómo podía esperar que Kakashi hiciera lo mismo?
Pero esta una forma peligrosa de pensar. Gente había muerto porque él no era directo, e incluso más gente perdería la vida si continuaba protegiendo enemigos de Konoha. Sin importar cuánto entendiera su deseo de proteger a aquellos que amaba… Sakura no compartía ese amor. La gente que ella amaba era la que estaba en Konoha; esos que estarían peleando en las líneas frontales cuando llegara la guerra, orquestada por ese horrible clan.
Ella podía entender a Kakashi, e incluso sentir cierta compasión, pero no podía aprobar lo que él estaba haciendo. No podía permitirle que él siguiera adelante con sus planes –no cuando el enemigo lo tenía atado con su corazón. Después de Sasuke, Sakura ya no podría confiar en alguien como para poner a sus amigos antes que su familia.
Sin embargo, no habría daño alguno si dejaba que Kakashi creyera que ella confiaba en él. Su única oportunidad de contactar a la aldea ahora vendría si él bajaba la guardia y le permitía tener algo de espacio para respirar. Incluso ahora sabía que estaba siendo vigilada. Si no por él, entonces por sus perros.
—Sakura. —Aki se inclinó hacia ella. —Siempre puedo pedirle a mi tío que-
—Por favor, está bien. —Sakura susurró. —Él no es una mala compañía. Honestamente es mucho más preferible que otras personas.
Aki y Kaoru se vieron la una a la otra, sabiendo exactamente a quién se refería. No eran las únicas, ya que Yui eligió ese momento para cerrar su armario con un repentino golpe lleno de violencia. —¡Ustedes tres! —Siseó. —¡Están tan pagadas de sí mismas! —Entonces después agregó, gruñéndole a Sakura. —Especialmente tú.
Aunque todavía estaba anudándose el obi, salió hecha una furia de la habitación. Aki se puso en pie en segundos, corriendo detrás de ella para intentar calmarla. A Sakura no le importaba. Que Yui se volviera loca, y que Aki intentara en vano mantener la paz. No tenía nada que ver con ella.
Ella y Kaoru compartieron un parpadeo por un momento antes de que Kaoru sonriera repentinamente. —¿Puedo? —Preguntó.
—Oh, adelante. —Sakura suspiró con indulgencia.
Kaoru se movió para poner la mano sobre el protuberante vientre de Sakura. —¡Una para la fortuna! ¡Dos para la suerte! —Dijo, radiante. —Oye, ¿Has pensando en nombres?
Un duro bulto se alojó en la garganta de Sakura. Intentó mantener su sonrisa. —¿Nombres? —Dijo con la voz ronca. —Realmente no he pensado en ello. —Ni siquiera le había dicho a otra persona además de Kakashi que no planeaba quedarse con el bebé. Pensar en nombres para él era algo que se había prohibido.
—Dicen que debes ponerle nombres bonitos a las niñas, pero si es un chico, quédate en el promedio. Te lo agradecerán cuando crezcan. —Kaoru se golpeó la barbilla pensativamente. —Mi nombre favorito es Hana… o Hanako, o algo así, ¿Sabes? Para una niña.
—¿Qué hay sobre un niño? —Sakura le preguntó.
—Pfff, ¿Quién querría un niño? Las niñas son mucho más dulces y lindas que los niños. Puedes vestirlas con cosas bonitas y se parecerán a ti… pero los chicos se parecen más a sus padres, ¿No? Supongo que eso no es algo que tú, um… querrías.
Sakura no dijo nada. Aunque no creía que importara el género que el bebé tuviera, todavía estaba preocupada porque se pareciera a su padre. Era casi irrisorio que unos años atrás había escuchado, a través de cuchicheos, que la Hokage había intentado alentar a Kakashi para que comenzara una familia, siendo que supuestamente él fuera el último de una línea que había producido dos jounin de élite en sucesión para la aldea. Pero si Tsunade supiera lo que Sakura sabía ahora, probablemente querría a Kakashi castrado. El mundo no necesitaba otro Hatake.
Incluso si era un poco tarde para eso.
Ella y Kaoru se vistieron y caminaron juntas para desayunar. Sakura intentó parecer tan asombrada como todo el mundo cuando fue anunciado que no habría huevos, ya que al parecer alguien se había escabullido en la despensa durante la noche para comer. Sakura se conformó con sopa miso y la bebió con lentitud mientras Kaoru hablaba sin parar junto a ella.
La rutina de la mañana estaba bien quemada en su subconsciente ahora. Luego de limpiar su lugar se movió al pizarrón de tareas en el corredor principal y miró su lista de tareas para hoy. Sólo había una –hacer las camas y ordenar las habitaciones en el Ala Gorrión donde la familia Zuru dormía. Eso era sencillo, ya que usualmente las gemelas eran las únicas que podían desordenar una habitación de un día para el otro.
Sakura se movió a solas a través de la casa, manteniendo un ojo abierto en búsqueda de un rostro familiar –o una máscara. Kakashi había mantenido su palabra cuando se había ido en la mañana, pero ¿Dónde estaría ahora? ¿Con Karasu? ¿Con otros miembros de su familia? ¿Entrenando afuera cerca del lago? ¿O estaría tirado con pereza en algún pórtico, leyendo su libro bajo el sol?
Probablemente lo último, conociéndole.
Sakura golpeó la puerta en el dormitorio principal antes de entrar, sólo para asegurarse que los habitantes realmente se habían ido. Como era usual, no era necesario ordenar demasiado la habitación: tenía que darle forma a las almohadas, acomodar las sábanas, llevarse para lavar la ropa sucia, barrer el suelo, etc. No tomó mucho, y ella finalizó en tiempo récord (con un récord de esquinas olvidadas). Sakura decidió dejar la habitación de las gemelas para el final y se movió a la habitación del joven amo, pero ella titubeó antes de tocar la puerta. Si escuchaba algo como un leve crujido, seguiría caminando, pero sabía por experiencia que con frecuencia él era el primero de la familia en despertar y raramente era visto alrededor del Ala Gorrión durante el día.
Ya que no escuchó nada, se adentró para comenzar el trabajo. La cama necesitaba hacerse, pero además de eso, estas habitaciones raramente eran usadas y necesitaban todavía menos trabajo que el dormitorio principal. Decidida a apresurarse y terminar, Sakura caminó alrededor de la cama-
Un golpe.
Ella se congeló. La puerta del baño junto a ella se abrió y ahí estaba de pie Toshio, ajustándose los botones de las mangas. Se tenía que levantar tarde justamente ese día, pensó, maldiciendo a su inexistente suerte.
—Oi. —Gruñó él. —¿Quién dijo que podías entrar aquí?
—Lo siento. —Dijo con rapidez. —Sólo estaba limpiando. Le dejaré solo.
Ella esperaba que pudiera al menos llegar a la puerta y a la mitad del pasillo antes de que él pensara en detenerla, pero con una sola palabra él le detuvo a media vuelta. —No. Quédate y termina tu trabajo. —Dijo, caminando hacia su armario para sacar su bata.
Tal vez esto no terminaría en un completo desastre si él continuaba ignorándola así. Sakura se movió para esponjar las almohadas de la cama, no muy segura de tener tal suerte. Y estaba en lo correcto.
—Parece que todos en el feudo están hablando de ti. —Dijo, checando su apariencia en el espejo. —Tu nombre es inevitable.
Por primera vez Sakura se preguntó cómo le hacía sentir a él eso, y un rápido vistazo hacia el espejo para ver su mirada a través del reflejo le dijo lo suficiente. No le hacía sentir bien al menos. De hecho, sus ojos ardían con desprecio. Rápidamente volvió a su tarea.
—¿Esto te satisface? —Preguntó. —¿Burlarte así de mí?
Las manos de Sakura se detuvieron. —Nunca intenté burlarme de usted, Toshio-sama. Lamento si-
—¿Lo lamentas, huh? —Resopló. —¿Qué significarán esas palabras viniendo de ratas comunes como tú?
Sakura estaba perdida. —No entiendo lo que he hecho.
—Dudo que tengas la inteligencia de comprender tanto. —Dijo con dureza, girándose hacia ella. —No tienes idea de cuán sórdido y sucio es tu comportamiento. Estás cargando con un niño con la sangre de una familia noble, sin embargo estás cogiéndote a un matón cada noche, ¿Qué derecho tienes para hacer eso? ¿De hacerme eso?
Él le culpaba con tanta facilidad. Sakura bajó con rapidez su creciente ira. No haría ningún bien que perdiera su temperamento en esta situación y no debería gastar su aliento haciéndole notar eso, en lo que a ella respectaba, la violación no le convertía en su propiedad, y tampoco era como si tuviera la opción de rehusarse a los avances de dicho 'matón'.
Su vida, sus sentimientos, nada de eso importaban para él.
—Lo siento, Toshio-sama. —Dijo con la voz nivelada. —Nunca quise humillarle.
Él se le quedó viendo con algo parecido a la repulsión e inquietud. —Siempre ha habido algo extraño sobre ti…
Sakura sólo tuvo un breve momento para preguntarse qué quería decir antes de que él levantara repentinamente el puño. Iba a golpearla. Podría evitarlo, con facilidad, para el estándar de un shinobi él no era rápido. Pero no lo valdría. Vamos, golpéame. Mentalmente suspiró. Que sacara su ira como siempre hacia y quizás le dejaría en paz más rápido.
La mano permaneció arriba, y él continuó viéndola. El golpe nunca vino.
Tardíamente se dio cuenta que había malinterpretado sus intenciones completamente. Él estaba acostumbrado a las chicas como Kaoru quien se acobardaba y se encogía ante la mera vista de su puño levantado, levantar el puño era todo lo que necesitaba para obtener una reacción.
La calmada aceptación de Sakura le perturbaba a él.
El rostro de Toshio se retorció con furia. —¡Baja tus sucios ojos, zorra! —Siseó, y repentinamente la mano conectó contra su rostro.
El afilado borde de su anillo dejó una línea bajo su ojo. Algo tibio como una lágrima descendió por su mejilla y cayó desde su mandíbula hacia su yukata. Sakura bajó la mirada, notando el punto rojo en la tela. Todo lo que podía sentir era cierta molestia porque tal débil golpe había conseguido hacerla sangrar.
Antes de que pudiera levantar la vista, él la golpeó de nuevo, y luego otra vez, estampando su puño contra el costado de su cabeza. Su oído comenzó a zumbar. Ella torció el gesto. Si lo evitaba, solo se pondría peor. No estaría satisfecho hasta que ella se postrara a sus pies, así que, sobreactuando un poco, gritó bajo el peso de sus golpes y pretendió caer al suelo, poniendo las manos sobre el borde de la cama.
—Eres un monstruo. —Murmuró. —¡Un feo –miserable- monstruo! Les harías un favor a todos si simplemente te murieras.
Ella pensó que finalmente se había terminado, hasta que repentinamente la pierna de él se movió con fuerza, pateándole las costillas. Sakura resolló y se congeló. Las bofetadas y los puñetazos en su rostro y hombros eran una cosa. Podía soportarlo. El infante dentro de ella, sin embargo, no podría. —¡Espere! —Gritó sin aliento. —No me patee- el bebé-
—Tú no mereces cargar con el hijo de ningún noble. —Le interrumpió.
Sin pensarlo, Sakura metió la mano en su manga y sacó el diminuto cuchillo pelador que siempre cargaba con ella. Él iba a patearla de nuevo, pero antes de que hiciera eso, ella enterraría el cuchillo en su ojo y lo retorcería hasta que su cerebro saliera. No sentía duda alguna. Nadie debería amenazar la vida de un bebé así. Nadie amenazaría así a su bebé.
—¡Toshio!
Antes de que cualquiera pudiera hacer un movimiento ambos se detuvieron en seco. Sakura giró la cabeza ligeramente. Sonaba como… el Amo Zuru.
—¡Toshio- sal de aquí! ¡Te necesitan en el recibidor!
La lengua de Toshio fue chasqueada con molestia. —Estoy ocupado-
—¡AHORA!
El Amo Zuru podía ser bastante terrorífico cuando necesitaba serlo. Incluso Toshio parecía un poco intimidado por su tono, y con una última mirada venenosa hacia Sakura, le dio la vuelta a la cama y desapareció por la puerta.
Sakura permaneció arrodillada junto a la cama, sus dedos se tensaron alrededor de su pequeño cuchillo. Ella casi le asesinaba. Un segundo más y él estaría retorciéndose a sus pies a la espera de su muerte en ese preciso momento. Ella casi le mataba por patearla.
No. Sus brazos se posaron protectoramente alrededor de su vientre. Ella casi le mataba porque él quería matar al bebé. Y no era la repentina sed de sangre lo que había dejado sus manos sacudiéndose; era cuán ferozmente quería proteger algo que ni siquiera estaba segura de querer.
El tintineo de un collar junto a ella le alertó de la otra persona que acababa de entrar a la habitación. Ella miró con aire atontado a su derecha y vio al pequeño pug sentado ahí, su cola moviéndose con cierto aire de precaución. —¿Estás bien? —Preguntó con su voz ronca.
Ella asintió lentamente. —¿Ese eras tú? ¿Quién recién entró?
—Una buena imitación, ¿huh?
—Zuru nunca suena así de molesto.
—Bueno, tenía que hacer que él saliera de alguna forma. Morder sus tobillos probablemente no funcionaría una segunda ocasión. —Pakkun se sentó con un suspiro canino. —Deberíamos decirle a Kakashi.
Ella puso un gesto. —¿Por qué? —Susurró.
—Él hará algo.
—Esa es la razón exacta por la que no podemos decirle. —Dijo pesadamente, forzándose a levantarse. La mitad de su rostro y cuello ardían un poco, y esa patada probablemente dejaría un moretón, pero ella siempre había tenido peores golpizas en los entrenamientos. —De cualquier forma golpea como una chica.
—Sí, pero incluso yo pude sentir el instinto asesino en ti. —Pakkun dijo. —Estabas a punto de matarlo. Ni siquiera estaba seguro de interferir. Cualquiera que intente matar a sus propios cachorros está mal de la cabeza. Hum. ¿No te alegra un poco que sea de Kakashi?
—Para nada. —Sakura bufó, acomodándose su yukata. Ella echó un vistazo por el espejo y se quitó la sangre con el dorso de la mano. —Voy al dormitorio para lavarme. Si le dices a Kakashi, nunca más tendrás galletas de gato mientras vivas.
—Grosera. —Remarcó, pero no discutió.
Mientras se movía de regreso a través de los pasillos del sótano se obligó a admitir de mala gana que probablemente necesitaba la protección de esos perros. Su constante vigilancia era su mayor bloqueo para contactar Konoha, pero al mismo tiempo, Pakkun realmente le había salvado ya dos veces. Quizá no le había salvado la vida, pero ciertamente le había salvado de cometer un terrible error. Si realmente hubiera matado a Toshio, el feudo hubiera eructado en caos.
Las cosas ya eran suficientes, sintió, sin la sangre de Toshio en sus manos.
El encuentro le dejó perturbada. Nunca había sentido tal repentino deseo y determinación por asesinar antes, ciertamente no a alguien que fuera mucho más débil que ella misma. Y sin embargo, si enfrentaba de nuevo esa situación, reaccionaría de la misma manera sin titubeo alguno. Sabía que lo haría.
Aki y Kaoru estaban sentadas en uno de los futones cuando Sakura llegó al dormitorio, ambas estaban jugando con una madeja de estambre haciendo patrones. El instinto de Sakura fue salir antes de que le vieran. Demasiado tarde. Alegremente se giraron ambas para saludarla… y entonces sus sonrisas se deformaron.
—¡S-Sakura! ¡Tu rostro! —Kaoru gritó.
—¿Qué sucedió?
—¡Estoy bien! —Sakura rápidamente dijo mientras las dos chicas se apresuraban a rodearla. —Es peor de lo que parece- Estoy bien. En serio.
—Pero ¿Qué sucedió? —Aki demandó, sacando de su manga un pañuelo para limpiar la sangre de la mejilla de Sakura. —Estás sangrando, Sakura, ¿Te caíste? —Entonces ella pareció dudar. —¿Fue Kakashi?
Sakura sacudió la cabeza firmemente. —¡No! Me tropecé con Toshio, eso es todo. Aunque él dejó en claro sus sentimientos hacia Kakashi.
—Si él te hizo sangrar, entonces está peor de lo usual. —Kaoru dijo titubeante. —¿No intentaste resistirte, o sí? Eso lo hace peor.
Sakura suspiró miserablemente. —Sólo respirar mal enfadaría a ese tipo. —Dijo. —¿Tenemos algún ungüento? No quiero que quede cicatriz…
Las chicas limpiaron con rapidez su mejilla y pusieron una capa de ungüento sobre su corte. Kaoru se preocupó y quejó, y ella y Sakura se quejaron sobre Toshio, enlistando todas sus fallas e inventaron muchas más para él. Sólo Aki permaneció callada mientras retiraba la yukata manchada de Sakura y le tendió una nueva.
—¿Crees que Kakashi estará molesto si ve tu rostro? —Kaoru repentinamente preguntó.
—Sólo le diré que me tropecé en el jardín, o algo. —Sakura se encogió de hombros cuando Aki posó su mirada rápidamente hacia ella. —¿Aunque no puede estar tan preocupado sobre imperfecciones si eligió a una chica embarazada, huh?
—Supongo que no. —Kaoru dijo.
La chica de cabello negro se puso en pie y caminó hacia la puerta. Sakura miró hacia ella. —¿Adónde vas Aki?
—Tengo algunas tareas antes del almuerzo. —Le explicó. —No tardará tanto.
Sakura se encogió de hombros y se giró hacia Kaoru. —¡Y su pene es diminuto!
—¡Lo sé! —Kaoru aceptó. —Y también está un poco desviado…
—¿Cuándo vamos a regresar a Konoha?
Kakashi miró al perrito caminando junto a él. —No dentro de un rato; ¿Hay algún problema?
—No lo hay. —Murmuró, su lengua saliéndose mientras trotaba. —Pero hay muchos lobos por aquí… y el calor está matándonos. Extraño el invierno, ¿No lo tienen aquí?
—Seguro, viene en camino. Pero esto es lo más frío que tendremos, Shiba. —Kakashi le dijo, deteniéndose a lo largo del banco de arena en el lago. Él apuntó una vara en el suelo. —¿Qué tal ese?
—Funcionará. —El perro corrió hacia las hierbas para levantarla y regresó para ofrecérsela a Kakashi. Él tomó la pieza de madera podrida y la arrojó tan fuerte como podía por sobre el lago. Shiba ladró alegremente y se hundió de cabeza en el agua.
Y cuando Kakashi arrojaba cosas, era cuestión de minutos antes de que el perro regresara. —¡De nuevo! —Shiba rogó, dejando caer la vara frente a los pies de Kakashi.
Obedientemente, Kakashi la levantó de nuevo y la arrojó con toda su fuerza. Shiba rastreó su progreso cuidadosamente, incluso si era un simple punto para el momento en que golpeó el agua, y luego una vez más el perro se arrojó contra el agua.
Kakashi tomó asiento en una piedra para observar, pero su mente estaba a un millón de kilómetros lejos. Por lo general eso sucedía en sus mejores días, pero ultimadamente era difícil concentrarse en algo. Probablemente era a causa de los dolores de cabeza, pero posiblemente los dolores de cabeza eran culpa de Sakura. Él se frotó los ojos y suspiró.
Rasposos pasos en el camino detrás de él le hicieron girarse. Estaba ligeramente sorprendido por ver el rostro familiar de Aki aproximándose hacia él, pero no reaccionó, ¿Quizás iba a la casa del doctor? Tal vez no. Sus ojos estaban fijos en él, y ella estaba saliéndose del camino para cruzar el banco de arena hacia él.
Incluso a esta distancia él podía ver la tensa e inquieta expresión en su rostro. Ella desconfiaba de él, lo que probablemente era entendible, pero lo recordó lo que Sakura había dicho en la noche sobre su clan. La casa superior le amaba porque él era uno de ellos, pero las ramas de la familia no eran tratados mejor que los sirvientes.
Ella tenía razón, pero qué podía hacer él para cambiar eso, cuando la misma Aki se detuvo e hizo una reverencia ante él como si no fuera más que un invitado. —Kakashi-sama. —Comenzó con la voz baja. —Espero no estarle molestando.
—No estoy ocupado, Aki. —Dijo. —Y no me digas 'sama'. Nunca me ha gustado eso.
Ella titubeó, frunciendo el ceño en confusión. —De acuerdo, señor. —Dijo, lo que no era mucho mejor.
Él miró hacia el lago y entrecerró los ojos. Shiba estaba a punto de atrapar finalmente la vara. —¿Hay algo que quieras?
—No, señor. —Dijo, torciendo las manos frente a ella. —Pero recuerdo que me pidió hace un tiempo decirle si algo le sucedía a Sakura… o si alguien le hacía algo.
Kakashi giró la cabeza hacia ella con rapidez. —¿Algo le sucedió a Sakura?
—Está a salvo. —Aki le dijo con la misma rapidez. —Pero creí que debería saber que Toshio la atacó.
—¿La atacó? —Repitió.
—Sí. Al menos ya dos veces. Hace unos minutos regresó a nuestro dormitorio sangrando. No exageradamente, pero se veía molesta. —Aki le miró, sonrojada de la vergüenza. —Creí que debería saberlo… aunque probablemente no sea importante. Pero, ¿Tal vez usted pueda hacer algo?
Kakashi levantó la ceja. —¿Hacer algo? ¿Qué es lo que quieres que haga?
—N-no le estoy pidiendo nada. —Tartamudeó. —Pero Toshio-sama acosa a la mayoría del personal; ¿Quizás podría hablar con él o algo?
Un largo silencio pasó y él sólo se le quedó viendo. En ese tiempo, Shiba nadó de regreso a la orilla con la vara y se sentó junto a Kakashi para saludar a su visita. —Hola, ¿Qué tal? —Dijo, su vara todavía en la boca.
Para su crédito, Aki sólo retrocedió un poquito. —Hola. —Susurró.
Shiba ondeó la cola. —¿Te gustaría jugar a las atrapadas conmigo-?
—Silencio. —Kakashi le dijo cortante al perro, cuyas orejas se hundieron abruptamente. Él miró de nuevo a Aki, su ceño suavizándose en su sonrisa. —¿Hablar con Toshio? Sí. Puedo hacer eso. Tendré una pequeña charla más tarde sobre su comportamiento, y veremos si podemos arreglar estos malentendidos, ¿De acuerdo?
Aki hizo una reverencia con un enorme suspiro de alivio. —Gracias, Kakashi-Sama. —Probablemente ese era el único hábito que no podía evitar cerca de él. Cuando se enderezó dirigió una mirada cuidadosa hacia el lago. —Oh… quizá no debería dejar que su perro nade ahí. Dicen que hay un monstruo.
Grandioso. Supersticiones pueblerinas. Él observó como ella se alejaba trotando a través de ojos caídos y se llevó una mano hacia la boca para frotarse los labios.
—Uh-oh. —Shiba le echó un vistazo. —Tienes esa mirada.
—No, no la tengo.
—Estás planeando matar a alguien. —El perro apuntó. —Puedo sentirlo. La mitad del feudo que tenga un gramo de chakra probablemente puede sentirlo.
—No sé de qué estás hablando. —Kakashi dijo calmadamente, poniéndose de pie. —Sólo voy a tener una pequeña charla con Toshio después.
—¿Una charla? —Shiba dijo con desconfianza.
—Una plática no es una plática si no termina en un sangrado rectal. —El hombre estiró los brazos sobre su cabeza. —¿Por cierto, quién está cuidando hoy a Sakura?
—Pakkun.
—Vete y búscalo, envíalo a mi habitación. También necesito charlar con él.
Shiba titubeó, inseguro de qué podría hacerle a su compañero de jauría. —Uh…
—Hazlo.
—…'i, jefe.
En el momento en que Pakkun se materializó en la habitación de su amo, él se vio obligado a evadir un muy rápido manotazo hacia su collar. Alarmado, él se metió bajo la cama donde ni siquiera el largo brazo de Kakashi podría alcanzarlo.
—Oi. Quiero hablar contigo. —Kakashi gruñó, sobre sus manos y rodillas junto a la cama. —No te atrevas a esconderte de mí.
—Shiba dijo que ibas a arrancarme mis-
—Sal de ahí.
—Preferiría quedarme aquí si no te importa. —Pakkun se acomodó con la cabeza sobre sus patas. —Ni siquiera sé que hice esta vez.
—Tú. —Kakashi dijo, apuntándole. —Se supone que debes decirme si algo le sucede a Sakura.
Una mirada de repentino entendimiento iluminó el rostro de Pakkun. —Ah. —Dijo él. —Bien, um, hay una razón para eso.
—¿La cuál es?
—Ella me dijo que no te lo dijera.
—¿Y desde cuándo aceptas ordenes de ella en lugar de mí?
—No fue una orden, fue una petición. —Pakkun suspiró. —¿Y puedes culparla? Ha sido castrada como guerrera; es natural que sienta un poco de vergüenza y no necesita que todo el mundo sea testigo de eso. De cualquier forma, ella tenía la situación bajo control… y cuando se puso serio, intervine. Así que no es un asunto serio.
—Ella fue atacada antes de esto, aparentemente- ¿Por qué no me dijiste sobre eso?
—Porque… ¿Reaccionarías así?
No ganaría nada estrangulando a Pakkun –y él se lo tuvo que repetir una y otra vez para evitar meterse bajo la cama. En lugar de eso, él intentó respirar calmadamente y preguntó: —¿Ella está herida?
—No gravemente. Lo juro, Kakashi, ella está bien. Estaba más preocupado por el chico. Ella lo hubiera matado si me hubiera tardado un poco más.
Kakashi gruñó y se obligó a sentarse en el borde de la cama. —Si ella iba a matarlo, debiste dejarla.
—Como si eso no fuera a reventarle en la cara. —El perro replicó, gateando hacia la luz de nuevo. —Y deja de pensar en lo que estás pensando. No lo hagas.
Kakashi frunció el ceño. —No hay justicia en este mundo si nadie le rompe la nariz a ese mocoso.
—No hay justicia en el mundo o tú ya hubieras sido encerrado largo tiempo atrás. —Pakkun dijo secamente. —Pero no puedes hacerle nada a él. Por cómo se ven las cosas, cuando él es humillado culpa a las chicas por eso. Él atacó a Sakura porque piensa que está apareándose contigo. ¿Qué crees que hará si peleas contra él por eso?
—¿Detenerse? —Kakashi adivinó vagamente.
—Así no es como trabaja su mente.
El perro tenía razón. A él no le gustaba, pero no era momento de actuar irracionalmente. No ganaría nada si intentaba impulsivamente castigar a Toshio por sus crímenes, porque el breve placer que prometía sería opacado por las repercusiones. Él sólo pudo suspirar y dejar caer la cabeza mientras un temblor nada placentero de cansancio corrió a través de sus huesos. —¿Qué sentido tiene decir que la protegería cuando mis acciones son tan limitadas?
Pakkun se rascó detrás de la oreja. —¿Quieres mi opinión?
—No.
—Déjala ir. Envíala de vuelta a Konoha donde no puede hacer ningún daño, y nadie puede herirla.
Kakashi sacudió la cabeza. —Entonces todo el mundo sabrá lo que he hecho. Nunca seré capaz de regresar.
—Sí. Te lo sigo diciendo, no puedes permanecer como un pacifista en este conflicto, tienes que elegir un bando. Por tu propio bien, deberías elegir a tu clan, porque en el segundo en que Sakura salga de aquí serás un hombre buscado, y ella saldrá de aquí te guste o no. Sólo es cuestión de tiempo. No tengo interés en verte en prisión, Kakashi.
—Las cosas están bien así como están. Tengo a Iwa corriendo en círculos, Karasu es demasiado precavido como para usar sus contactos ahora, y Sakura es una sirvienta convincente. Sólo necesito tiempo… Sólo necesito ganármela de nuevo y hacer que ella vea las cosas desde mi perspectiva-
—Buena suerte. Es más necia que Bull.
—Pero si puedo hacer que guarde el secreto, podría regresar a Konoha con ella. Podríamos… —Suspiró. —Podríamos volver a empezar desde donde lo dejamos…
Pakkun le echó un vistazo. —Ella no quiere tener nada que ver contigo, Kakashi. —Le dijo con suavidad. —No pongas todas tus esperanzas en la oportunidad de que ella cambie de parecer. Me agrada Orquídea Salvaje como a todos, pero no puedes confiar en ella. Las hembras que están heridas así… no perdonan fácilmente.
—Conozco la situación. —Kakashi dijo con la voz plana. —Así que no me la repitas.
—Sólo asegúrate de estar consciente.
—Regresa a vigilar a Sakura. Pero si algo sucede de nuevo, dímelo.
—Ajá.
Pakkun rápidamente trotó hacia el pasillo, dejando a Kakashi a solas para sopesar sus pensamientos. Él ahora estaba más calmado, pero todavía molesto. Si quería mantener su calma, sería inteligente evitar la cena con su familia y sus huéspedes… una mirada a Toshio y Kakashi quizá saltaría a través de la mesa para cortarle la garganta.
Pero Kakashi tenía que ver su rostro. Tenía que ver exactamente cómo se veía un hombre, sabiendo qué tipo de mierda era.
Esa tarde él tomó asiento junto a Karasu y Reika e intentó con mucha fuerza concentrarse en sólo ver su plato. La comida fue colocada frente a él, pero sólo la picoteó. Su mirada seguía moviéndose alrededor de las paredes del comedor, buscando por cierta sirvienta de cabello rosado. La única que vio fue la chica pálida con los ojos de gato que no era ni cerca de ser tan dulce como su Sakura, al menos por lo que veía. ¿Dónde estaba? Su marca de chakra le decía que estaba en algún lugar abajo, probablemente en el sótano, pero ¿Estaría bien? ¿El encuentro con Toshio le había molestado tanto que no podía mostrarle su cara a nadie?
Naturalmente su mirada se deslizó a través de la mesa hasta que llegó a Toshio. El chico –porque en verdad eso era- estaba hablando con una de las hermanas de Reika. Le estaba haciendo reír y batir sus pestañas, y por su apariencia podría pasar como un jovencito encantador y agradable.
Kakashi le observó charlar con aquellos alrededor de él. Habló con su madre, con su padre, regañó a sus hermanas por hacerse gestos, y cuando él levantó la mirada para ver a Kakashi viéndole, su ceño se frunció profundamente. Esa máscara adorable y bien calibrada se fue para revelar algo de la fealdad debajo. Él se le quedó viendo, esperando que Kakashi retirara la mirada. Él no lo hizo.
Cuando la hermana de Reika le habló de nuevo Toshio se obligó a voltear.
Karasu le estaba enseñando a las gemelas como hacer kunai y ranas de papel plegado, pero les dejó de prestar atención por un momento para preguntarle: —¿Él te ha ofendido de alguna forma?
Kakashi apretó los dientes. —Él golpea y viola al personal. —Dijo cortantemente, levantando su copa de sake. —Dile a la hermana de Reika que se aleje de él.
—Él no se atrevería a maltratar a una de nuestras chicas. Está tan asustado de mí como para atreverse a tocar a la pequeña Aki. —Karasu dijo casualmente, volviendo su atención a las traviesas gemelas que estaban intentando apuñalar a sus anfibios de papel con las armas de papel. —No, así no matarán a nadie. Tienen que hacerlo de abajo hacia arriba, ¡Con decisión!
—Sería mejor si tuviéramos kunai de verdad…
Kakashi no tuvo oportunidad de presionarlo sobre Toshio porque su tía eligió ese momento para inclinarse hacia él y susurrarle. —Kakashi, querido, deberías comer algo. No te ves bien.
Él miró su comida sin tocar.
—No quieres ofender a nuestros honorables anfitriones, ¿verdad? —Karasu le recordó por encima de los cánticos de '¡Muere, muere, muere!' de las gemelas mientras apuñalaban sus ranas con un kunai real que pareció materializarse de la nada. Karasu era alguien que obviamente no veía el problema en darles instrumentos letales a los pequeños niños psicóticos.
Kakashi se obligó a comer, pero el arroz y la carne fueron difíciles de tragar. No había nada malo con la comida, sólo que era difícil hacer algo como comer cuando podía sentir que sus manos temblaban. Una cosa era que Toshio se comportara como si nada hubiera sucedido. Era casi imposible para Kakashi hacer lo mismo.
Así que en lugar de quedarse y beber con el resto, él caminó de regreso a su habitación. Ahí se tendió de espaldas sobre su cama y se quedó viendo al techo con las manos cruzadas detrás de su cabeza.
No. La palabra hizo eco en su cabeza. Sólo te arrepentirás. No lo hagas.
Shiba regresó e intentó convencerlo de jugar de nuevo a atrapar la vara, antes de desaparecer rechazado cuando Kakashi no respondió. El hombre no se movió hasta que pasaron nueve minutos exactamente antes de las once, cuando sintió el chakra de Sakura. Ella golpeó la puerta una vez antes de permitirse entrar.
Kakashi estaba de pie en un segundo, moviéndose hacia la puerta de separación para verla.
Sakura se congeló ante su repentina apariencia, parpadeándole con confusión, y él tardíamente se dio cuenta que más o menos había saltado hacia ella. Pero nada de eso importó en el segundo que vio la bandita –esa puesta en su mejilla derecha a casi unos dos centímetros debajo de su ojo. Era color carne, pero sangre oscura había manchado el otro lado.
—¿Qué te pasó? —Preguntó con la voz apretada.
Ella llevó una mano a su mejilla, parecía preocupada. —Me tropecé en el jardín. Esas raíces son como trampas mortales.
Algo se rompió dentro de él con tanta fuerza que casi fue audible.
Él se alejó del marco de la puerta y alrededor de Sakura, ignorando su mirada confusa, hasta que él salió apresuradamente por el corredor. Pakkun apareció junto a él, corriendo para alcanzarlo. —¡No- te arrepentirás! —Le advirtió.
—¡Nunca estaré menos arrepentido por algo en mi vida! —Él gruñó, desapareciendo al perro con un sello manual y finalmente deshaciéndose de su irritante voz de la razón. Él voló tres juegos de escaleras y se deslizó a través de los corredores del ala este donde la familia dormía. Once en punto. Ese mocoso estaría ahora mismo preparándose para meterse en la cama.
Mientras se acercaba a la habitación, él sacó un kunai del cabestro alrededor de su muslo. Cada paso lo llevaba más cerca. Él podía ver las suaves luces brillando dentro a través de las delgadas paredes de papel. Sin titubeo él abrió la puerta de golpe y localizó a su presa.
El joven estaba sentado en su escritorio, vestido en una camiseta amplia y floja y pantalones. Había estado en el proceso de escribir algo, pero en el momento en que escuchó el golpe de la puerta, se había girado con rapidez.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Demandó.
Kakashi levantó el brazo y arrojó el kunai.
Hubo un grito de terror mientras Toshio se empujaba fuera del escritorio con tanta fuerza que la silla se cayó. La cuchilla golpeó la pared donde su cabeza había estado y se hundió a profundidad. Kakashi pasó la mano sobre su rostro. —Ahh. —Suspiró. —Fallé.
—¡¿Q-Qué demonios crees que estás haciendo?! —Toshio gritó desde su posición en el suelo.
Eso no funcionaría. Sus padres estaban durmiendo a dos habitaciones de distancia y Kakashi no quería que nadie interrumpiera su lección. Él avanzó, tomando al chico por la manga, y la jaló con tanta fuerza que la prenda se rompió desde las costuras. Antes de que Toshio pudiera gritar de nuevo, Kakashi metió la tela en su boca y la ató con tanta fuerza detrás de su cabeza que se marcó en sus mejillas.
—¿Qué estás haciéndole a Toshio? —Preguntó una vocecita detrás de él.
Kakashi miró hacia la puerta donde dos cabezas oscuras asomaban. Las gemelas. Obviamente habían escuchado el grito y habían emergido para ver. Ninguna travesura se hacía en esta casa sin que las niñas la aprobaran. —Vayan a la cama. —Les dijo.
—¿Podemos ver? —Una de ellas preguntó.
—Vayan a la cama o les haré lo mismo. —Les amenazó.
Ninguna se movió. Kakashi suspiró y se puso en pie de nuevo, moviéndose para cerrar la puerta. Pero antes de que se cerrara, él escuchó a una de ellas susurrar: —No te olvides de patearlo en sus partes.
Mientras escuchaba a las niñas avanzar por el corredor se giró hacia su presa –que estaba intentando con rapidez deshacerse de su mordaza. En el momento en que se dio cuenta de que la atención de Kakashi estaba puesta de nuevo en él, sus esfuerzos se reforzaron. —Nada de eso. —Kakashi dijo con pereza, moviéndose hacia él para tomarle por las muñecas. —No quiero que grites. ¿Has notado que eso tiende a quitarle lo divertido a las cosas?
Toshio le miró con furia y peleó contra él, pero Kakashi era más grande y fuerte. Con poco esfuerzo empujó al joven de frente y jaló sus manos y las juntó. Él tomó el cinturón que Toshio se había quitado y colgado en la cama antes, y lo usó para atar sus muñecas en lo que esperaba fuera un nudo de cuero profundamente incómodo. Tomando el cuello de su camisa, Kakashi lo levantó y dejó caer con facilidad contra la cama. Él se detuvo sólo para sacar su kunai favorito de la pared antes de treparse en el colchón y montar a Toshio antes de que él pudiera pensar en escurrirse.
—¿Cómodo? —Kakashi preguntó, notando que él claramente no lo estaba. —¿Alguna vez has hecho esto, Toshio-kun? El bondage es mi favorito, pero entiendo que todo el mundo tiene sus preferencias. Para gustos colores, ¿Verdad?
Toshio sacudió la cabeza frenéticamente y luchó. Kakashi cerró una mano alrededor de su garganta, y todo el movimiento paró. —Tú eres el que tiene experiencia en esto, después de todo.
Algo que sonaba apenas como vete al infierno salió de la garganta de Toshio. Los ojos de Kakashi se entrecerraron y le cruzó el rostro de una bofetada. —¿Así se hace, verdad? —Le preguntó cuando los ojos del chico se pusieron en blanco, probablemente viendo estrellas. —Si se resisten, las golpeas, hasta que ya no quieran resistirse.
Toshio se quedó quieto, jadeando, iracundo. Kakashi inclinó la cabeza, tomando un momento para saborear la muda ira de su víctima y de su sensación de impotencia. Luego comenzó a jalar la floja camiseta de Toshio para exponer su pecho antes de empezar con los botones de su pantalón.
La lucha se reforzó de nuevo, miedo real ahora cubriendo los ojos de Toshio. —¿Qué estás haciendo? —Jadeó alrededor de su mordaza. —¡Detente!
Kakashi bajó los pantalones del chico más allá de sus caderas. —¿Qué, no te gusta esto? ¿Después de los ojitos que me hiciste en la cena? —Preguntó.
La cabeza de Toshio se hizo a un lado enfáticamente.
—Aunque… Bueno. —Kakashi dijo vagamente, mirando hacia abajo. —Esa es ropa interior muy linda, ¿Tal vez estabas esperando compañía esta noche?
Sus ojos se abrieron y se cristalizaron, pero todavía existía una pizca de rebelión en ellos. Kakashi sonrió. —Ah. Estabas, ¿No? ¿No era yo, o sí?
Más ruidos incomprensibles. Kakashi los ignoró y metió los pulgares en la cinturilla de sus calzoncillos. —Ahora vayamos al punto, ¿Te parece? —Con un solo jalón él los bajó. Se detuvo un minuto para quedarse viendo. —Oh. Un poco decepcionante, pero da igual. Aunque no estoy seguro de cómo voy a obtener placer de eso. ¿Si es tuyo, o es una infección por hongos?
Él levantó la mirada para ver el rostro de Toshio en donde se extendió un sonrojo de humillación. Había más ahí. Kakashi sonrió perezosamente y usó el kunai para cortar la mordaza. No gritaría ahora. No se arriesgaría a que alguien entrara y los encontrara así. Presionando la punta del kunai bajo su mandíbula, le preguntó suavemente: —¿Cómo te sientes?
Pero Toshio sólo podía jadear y verlo con ira.
—¿Molesto? —Kakashi ayudó.
El joven apretó los dientes. —Sí, estoy molesto.
—¿Humillado?
Cuando él no respondió, Kakashi presionó la cuchilla con un poco más de fuerza. —Sí. Humillado.
—Asustado.
—No estoy asustado-
—Deberías. —Kakashi presionó fuerte, causando que un delgado hilo de sangre corriera bajo el kunai. —No tienes idea de lo que soy capaz de hacer o hasta donde soy capaz de llegar para dejar algo en claro. Sin importar cómo te estás sintiendo ahora, toma cuidadosa nota de ello. De cuán indefenso te sientes, y de cuánta vergüenza sientes que quieres llorar… esto es lo que le estás haciendo a otras personas.
Pese a su frenética expresión, Toshio frunció el ceño; ¿No lo entendía? ¿O sólo no le importaba?
—Lastimaste a una chica hoy. —Kakashi le dijo.
Los ojos de Toshio se movieron hacia un lado, la señal de que alguien estaba intentando recordar. Kakashi gruñó y fortaleció su agarre en la garganta del chico tan fuerte que pudo escuchar su aliento comenzar a ser rasposo. —¡Bastardo! ¡Ella es de la mitad de tu tamaño y está embarazada! Pero has lastimado a tantos que ni siquiera puedes mantener la cuenta, ¿Verdad? Bueno, eso va a cambiar. Desde ahora, si tocas a una chica, —Él pasó un dedo sobre la mejilla de Toshio. —yo te toco. Si golpeas a una chica, yo te golpeo. —Él puntualizó con otra fuerte bofetada en la mejilla que había acariciado. —Si tú cortas el rostro de una chica, yo te corto.
Toshio gritó mientras el kunai cortaba su mejilla, en el mismo punto en que él había rasguñado a Sakura.
Kakashi le apretó la mandíbula, no permitiéndole el girarse. —Y si violas a otra chica. —Dijo, mirando a consciencia su kunai. —Bueno… siempre he sentido curiosidad acerca de enterrar cosas duras en lugares suaves. Podría hacerte desear nunca haber nacido.
El quejido fue música para sus oídos. No había tomado mucho. Después de tres años trabajando en el departamento de interrogación, Kakashi se estaba conteniendo demasiado. Si él realmente quería castigar al chico tenía un catálogo de tratamientos crueles e inusuales del cuál elegir. Pero no quería sobrepasarse. Sólo quería que tuviera una cucharada de lo que se sentía ser el que estaba siendo sometido contra su voluntad.
La música fue interrumpida por pisadas. Kakashi levantó la mirada justo a tiempo para ver la puerta deslizándose para revelar otro visitante nocturno. Probablemente era a quien Toshio estaba esperando. Era la chica con la que había estado charlando en la cena.
—Midori. —Saludó calmadamente a la hermana de Reika, como si no estuviera sometiendo a un hombre semi desnudo contra la cama con sus manos alrededor de su rostro.
Midori lució confundida sólo por un momento, entonces profundamente decepcionada. —Oh. —Dijo con la voz plana. —Lamento interrumpir. No seas demasiado rudo con él, Kakashi. —Ella comenzó a cerrar la puerta de nuevo. —Buenas noches.
—Buenas noches, Midori. —Dijo, esperando hasta que sus pisadas se desvanecieron antes de enderezarse y ver su trabajo. Toshio estaba hecho un desastre. Había sangre corriendo por su cuello y a través de su mejilla. Su masculinidad estaba floja y sin vida. Kakashi no podía culparlo. Probablemente este era el momento menos excitante en la vida de ambos. —Creo que hemos llegado a un acuerdo. —Dijo decisivamente, finalmente bajándose de él. —Recuerda lo que dije y con suerte no tendré que visitarte de nuevo.
Él limpió el sangriento filo de su kunai en el edredón de su cama antes de meterlo de regreso a su bolsillo en su muslo. Mirando de nuevo al chico inmóvil y aturdido tendido ahí, entrecerró los ojos. —Oh. Si le dices a alguien sobre esto, te mataré. —Dijo en un tono que no dejaba dudas. —Y mataré a cualquiera a quien se lo hayas dicho. Este será nuestro secretito, ¿De acuerdo?
En este punto él se dio cuenta que probablemente ni siquiera tenía que amenazar a Toshio. Él dudaba que hubiera alguien a quien se lo contara. La humillación total era una cosa fría y cruel. Kakashi casi sentía pena por él, así que cerca de la puerta se detuvo y le miró de nuevo. —Alégrate. —Le dijo. —Comparado con otras cosas que le he hecho a otros, no fue casi nada.
Él cerró la puerta y en silencio se alejó.
Cuando sus estudiantes solían escucharlo, o al menos pretendían hacerlo, él había intentado impresionarlos con la blanca y negra regla de que dos errores no hacían un acierto. La venganza sólo traía más dolor y venganza, hasta que había un círculo sin fin, y eso era todo lo que necesitaban saber. Pero en el mundo adulto con todos sus tonos de grises, existían personas que se habían separado tanto de su empatía humana que no entendían las consecuencias de sus acciones hasta que no las sintieran de primera mano.
Esta era venganza, sí. También era una advertencia. Toshio quizá no entendiera la diferencia entre correcto e incorrecto, moral e inmoral, pero entendía un ojo por ojo. Mientras creyera que Kakashi podía y haría honor a su amenaza, él no lastimaría a otra chica en el feudo.
Eso tenía que ser suficiente por ahora.
Sakura pasó una mano a lo largo de la espalda del pug sentado junto a ella en el sofá. De vez en cuando él suspiraba, sus arrugadas mejillas se hinchaban y desinflaban infelizmente. —Kakashi, idiota… —Murmuró él.
Ella continuó acariciándole con cariño, pero la sensación de su corto y áspero pelaje no era agradable como el lujoso y suave abrigo de sus gatos. Los perros tampoco ronroneaban, y ella estaba comenzando a extrañar muchísimo a Dokko.
La puerta se abrió de golpe y ambos saltaron. Kakashi entró, dirigiéndoles un breve vistazo antes de caminar hacia su dormitorio. Sakura se levantó con rapidez. —Pakkun me dijo todo, ¿Qué le hiciste?
Kakashi se sacó la chaqueta y sus cabestros de armas para colgarlos en una silla junto a la cama. —Le bajé los pantalones y me reí de su pene. —Dijo sin girarse hacia ella.
—Al menos sé serio. —Le dijo cortante.
Él frunció el ceño y la miró de nuevo, pero era incapaz de mantenerle la mirada por más de un segundo. —Él no te molestará de nuevo.
—Idiota- ¡Si enfadaste a Toshio, él se desquitará con alguien como Kaoru! —Siseó. —Si solo estás tratando de congraciarte conmigo-
—¿Congraciarme? ¡Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo hasta que lo estaba haciendo! Pero él no te tocará o a Kaoru. —Kakashi le dijo cortante. —Me aseguré de ello.
—¿Cómo lo sabes?
—¡Sólo confía en mí en esto!
Sakura se quedó en silencio. ¿Confiar en él? Eso era demasiado. Pero aquí estaba su oportunidad… él había pedido confianza, le pedía tener un poco de fe en él, y aunque su primera reacción era hacerle una trompetilla en el rostro, su lado cínico le decía que se contuviera. ¿Quién sabe? Tal vez ella podia confiar en él esta vez. De cualquier forma, aquí era el punto en que ella podía comenzar a ganar la confianza de él en ella.
—De acuerdo. —Dijo silenciosamente. —Pero si algo le sucede a Kaoru-
—Nada le pasará a tu amiga. Te lo prometo.
Dando un asentimiento corto y satisfecho, ella regresó a sentarse al sofá con Pakkun y volvió a acariciarlo. Kakashi le siguió, confundido. —¿Crees en mí? —Preguntó incrédulamente.
Ella se encogió de hombros. —Estoy demasiado cansada como para discutir. Supongo que creeré en tu palabra. —Le dijo con rigidez. —¿Puedo irme a la cama, por favor?
Kakashi la miró, sus ojos puestos sobe su vientre. —Puedes tomar mi cama de nuevo. —Dijo, y casi consiguió hacerlo sonar como si fuera una orden.
Sakura suspiró como si no tuviera opción, pero no podría rechazar otra noche en la cama más suave sobre la que había dormido. —De acuerdo. —Aceptó, poniéndose en pie de nuevo. Mientras dejaba atrás a Kakashi, él le tocó el codo, y el contacto hizo que su brazo completo temblara.
—¿Qué hay de tu rostro? —Preguntó.
—Bueno, obviamente sabes que no me tropecé. —Dijo ella. —Lamento haber mentido.
—No- quiero decir, ¿Quieres que la sane por ti?
Con cuidado, ella arrugó su nariz hacia él. —No te ofendas, Sensei, pero no eres médico.
—Dame algo de crédito. —Murmuró. —Conozco lo básico, y no te he visto con el sharingan todos estos años sin aprender una cosa o dos.
Sakura titubeó, desgarrada. Era un corte menor, algo que cualquier novato podría sanar. Y no era como si quisiera una cicatriz…
—De acuerdo. —Aceptó suavemente, y se permitió ser escoltada para sentarse en la cama.
Kakashi se sentó junto a ella, su rodilla tocó la de ella. Ella estaba muy consciente del más ligero contacto como siempre, pero no hizo nada cuando él levantó la mano para sacarle la bandita de su mejilla. Lo hizo tan cuidadosamente, como si estuviera asustado de lastimarla. Los hombres eran así. En fuerza, velocidad y agresión dejaban a las mujeres atrás, pero dales algo como un cepillo para cabello o diles que quitaran una bandita, y repentinamente se volvían tan tímidos como un ratoncito.
Con la bandita fuera, él miró el corte. —Dejó de sangrar. —Observó él.
—Lo sé.
Él acunó con la mano izquierda su mejilla, presionando la otra alrededor de su nuca para mantenerla quieta, y en ese segundo antes de que él reuniera su chakra, ella apenas pudo respirar.
—Cuidado. —Le dijo a él, demasiado consciente de la tierna forma en que él le sujetaba. —Sólo concéntrate en los bordes. Es como velcro… tienes que ponerlo junto y suavizarlo hasta que se gelifique… como avena pegajosa.
—Velcro, avena, decídete. —Su ceño se frunció en concentración suprema. Para alguien con un control de chakra extraordinariamente preciso, esto era difícil. Para alguien cuyo control sólo estaba por encima del promedio, esta era una de las cosas más difíciles que se le hubiera pedido hacer. Afortunadamente su mente estaba totalmente en la tarea. A diferencia de la de Sakura, que estaba pensando más en el meñique cosquilleando en su nuca que en su proceso.
Gradualmente el brillo de chakra cegando su ojo derecho se desvaneció y ella parpadeó rápidamente para eliminar los puntos que veía. Las manos de Kakashi cayeron, con algo de lentitud, y él sonrió débilmente detrás de su máscara. —Terminamos.
Sakura miró hacia el espejo y se movió para verse a sí misma. No había nada. Pasó el dedo por encima de su mejilla para revelar que no había una línea con hoyuelos, ni la acumulación de piel áspera que usualmente dejaban los médicos novatos. Ella miró a Kakashi, sólo débilmente sorprendida considerando que era el infame Ninja que Copia. —Nada mal. —Dijo.
—Eres una buena maestra. —Le dijo.
Una sonrisa tímida se posó en su rostro antes de que pudiera contenerla. Ella consiguió aplastarla abruptamente. —Gracias. —Dijo, esperando que fuera un tono frío y desprendido.
Él la miró un momento antes de inclinar su cabeza. —¿Hay algo más que necesites antes de que me vaya? —Le preguntó. —¿Otros tres huevos hervidos, quizá?
Otra sonrisa salió. —De hecho, creo que estaré bien esta noche. Pero gracias de cualquier forma.
Él asintió, imitando su sonrisa. —Duerme bien entonces. —Dijo mientras él se levantaba.
—Buenas noches. —Susurró ella, observándole mientras él se deslizaba a través de la puerta divisoria y la cerraba detrás de él. Entonces observó su silueta cruzar la pared hasta que él se dejó caer en el sofá.
Sakura se dio cuenta que seguía sonriendo.
Deja de hacer eso. —Su voz interior arremetió con ira. —No te olvides donde estás y por qué sigues aquí.
Conflictuada, y no feliz pero tampoco infeliz, Sakura apagó la lámpara y se aflojó la ropa para acomodarse bajo las mantas. Su mano automáticamente acarició su vientre, explorando el significante cambio en su cuerpo. Día tras día, no podía notar la diferencia, pero tan solo dos meses atrás ella había sido completamente plana. Demasiado cambio en tan poco tiempo.
Todo había cambiado… incluso Kakashi. Mientras antes había estado convencida de que él era irredimible, momentos de su viejo ser le hacía demasiado sencillo olvidarse de que ella era una prisionera aquí, mantenida aquí por su capricho.
Ella comenzó a adormilarse, sin pensar en bebés, o anillos rasguñándole el rostro, sino en una sonrisa leve y vacilante que nunca sería capaz de olvidar.
Siguiente Capítulo: Fantasmas.
¡Hola de nuevo!
Finalmente pueden leer esto, ¿A que es bueno que Toshio tuviera su merecido, verdad? Y parece que la pared que con tanta firmeza Sakura había puesto alrededor de Kakashi se está derrumbando contra su voluntad.
Espero que les haya gustado.
Cambiando de tema, agradezco mucho los comentarios respecto a la historia y a la nota del capítulo anterior. Sinceramente me sentí muy apoyada, y espero que la situación no se repita en un futuro. Como sea, de verdad les agradezco que como siempre se tomen el tiempo de leer y por sus opiniones.
¡Les mando un abrazo!
