Los Amamiya
Capítulo 24: Magnolia.
Observó algo distraída el fuerte torrencial que golpeaba la ventana mientras la intensidad del aguacero enmudecía todos los sonidos a su alrededor y sus brazos rodeaban su cuerpo intentando hacer desaparecer aquel sentimiento de desolación que la embargaba. Era como si estuviera viviendo un horrible deja vú, como si estuviera condenada a repetir la misma cadena de sucesos una y otra vez. Su pelo estaba húmedo, sus ojos hinchados y llorosos, y estaba cubierta con unas prendas de vestir de hombre mientras su ropa se secaba en algún lugar de aquel departamento y revivía una y otra vez la misma escena.
Había salido de la habitación cuando Nakuru y los niños se habían dormido, dispuesta a ir en busca de Touya. Se sentía tan ansiosa por verle, por hablar con él, que creía que su corazón abandonaría su pecho en cualquier instante. Todo parecía de repente ser tan favorable que era difícil de creer, jamás había sido la chica más afortunada del mundo pero por primera vez en su vida, en ese momento en que su mirada se encontró con la de él, en que pudo leer en sus ojos aquella ilusión desbordando por cada detalle de su iris, en serio se sintió como el centro de su propio mundo, como la chica cuyos sueños se cumplían, cuyo destino estaba escrito. Había alguien en el mundo a quien quería con todo su corazón y por primera vez en la vida podía afirmar sin temor a equivocarse que su amor era correspondido al completo.
Convencida de ello atravesó el inmenso pasillo que consistía en gruesas columnas de mármol que sostenían un techo en forma de cúpula cubierto de flores y se detuvo al escuchar voces. El cielo estaba muy nublado y había comenzado a refrescar, pero un poco más adelante dos figuras se hallaban sentadas en una de las bancas distribuidas por el jardín. No podía oír bien lo que decían pero reconociendo el rebelde pelo achocolatado de Touya, caminó unos pasos hacía ellos dispuesta a acercarse, deteniéndose en cuanto lo vio volverse hacía Yukito, colocar su brazo por encima del espaldar de la banca y sin demasiadas ceremonias comenzar a acercarse peligrosamente al rostro de él mientras giraba ligeramente la cabeza.
-¡Oh por Dios!- Fue lo único que alcanzó a expresar mientras cubría su boca con sus manos al comprender lo que estaba a punto de ocurrir y sin poder controlarse las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. No entendía nada, no sabía porque estaba pasando aquello, pero lo que veía lastimeramente no era su imaginación. Se dio la vuelta incapaz de continuar observando y como pudo salió corriendo por el pasillo mientras intentaba controlarse. No tenía derecho a llorar. Ya lo sabía, siempre lo supo. Él… él aún no lo había olvidado.
-Entonces ¿ya me dirás que haces en Inglaterra?- Escuchó preguntar de repente mientras una nueva lágrima se deslizaba por su mejilla y no pudo evitar levantar la vista con la esperanza de encontrarse con el rostro de Touya, quedándose algo decepcionada al observar a Kurogane acomodarse a su lado mientras revisaba la temperatura del termómetro que le había pedido que usara hace unos minutos. Este la había llevado a su departamento al comprender que el aguacero no se detendría y la había tratado con mucha amabilidad y consideración, pero en los ojos de él podía leer la gran curiosidad que tenía por lo ocurrido y por tanto sus ansias por saber los detalles de dichos sucesos.
-Vine a visitar a unos viejos amigos.- Respondió con simpleza, con la vana esperanza de que aquello fuese suficiente para saciar su interés, a la vez que volvía su mirada a la ventana que aún era azotada por aquella tormenta.
-¿Y por eso llorabas?
-No. Solo descubrí algo para lo que no estaba preparada. En realidad ya lo sabía pero supongo que tenía la esperanza de estar equivocada.- Respondió a la vez que sus ojos volvían a cristalizarse y su voz intentaba no quebrarse. Aquello había sido más que una visita, que un reencuentro. Aquel día se habían derrumbado murallas, creado familias, pero también se habían construido y destruido sueños en su corazón de manera simultánea. Así que solo pensar en lo efímera que fue aquella felicidad era demasiado duro.
Lo vio ponerse de pie sin preguntar nada más y comenzar a caminar hacia el pasillo mientras veía el reloj que ahora marcaba las siete de la noche.
-Puedes quedarte en la habitación de invitados, el único que la usa es Masaki cuando viene a verme así que está limpia.- Propuso sin mirarla mientras caminaba dispuesto a perderse en el pasillo, deteniéndose bruscamente al escucharla decir que aunque lo agradecía, no podía quedarse por que entonces Touya se preocuparía mucho.
La espalda de Kurogane veía tremendamente tensa y sus manos se habían convertido en puños. No tenía que verle el rostro para percibir su indignación, para darse cuenta de que algo de lo que acababa de decir le había caído terriblemente mal, cosa que comprobó al verlo girarse y mirarla con aquel par de rubíes encendidos que tenía por ojos y detallar la línea que ahora se arrugaba en todo su ceño.
-¿Desde cuando te gusta ese sujeto, Tomoyo?
Lo escuchó preguntarle a la vez que su usualmente calmada voz se llenaba de ira tomándola completamente por sorpresa. Jamás se imaginó que él percibiría algo como eso. Es decir, acababa de conocer a Touya y salvo en el hospital jamás los había visto relacionándose. Era cierto que el que hubieran hecho aquel largo viaje juntos podía levantar sospechas, pero él no estaba preguntando si le gustaba, estaba tan seguro de que así era que la interrogaba acerca del tiempo que llevaba con aquel sentimiento. Su primera idea fue fingir indiferencia, al respecto, negar completamente aquella realidad, pero si Kurogane seguía siendo el mismo chico intuitivo de antes, estaba segura de que podía oler una mentira suya a kilómetros, así que cualquier esfuerzo suyo por ocultar la verdad era inútil.
-No estoy segura, pero creo que hace varias semanas, cuando regresé a Tomoeda. – Contestó resignada comprendiendo que no tenía más opción que decir la verdad, aquella verdad que hasta ese momento jamás había revelado a nadie más y que era la razón del agujero en su pecho.
-Entonces él es el culpable de que estuvieras llorando ¿verdad?- Preguntó nueva vez y esta vez si prefirió quedarse callada. Kurogane era un hombre de carácter fuerte que jamás había tolerado la idea de que la lastimaran. Si sabía que Touya había estado tratándola con interés y de repente había besado a su ex hiriendo así sus sentimientos, pues seguro lo malinterpretaría y saldría como loco dispuesto a pelear con él. Lo último que deseaba es que aquella situación causara más problemas, que Touya saliera perjudicado por que ella se hubiese dejado cegar por una ilusión. Sabía que él jamás había querido herirla, que aquello no lo había hecho con malicia, solo dejaba claro que aunque él intentara aparentar lo contrario, aún no terminaba de asimilar que aquello hubiera terminado, que una relación que tuvo por tanto tiempo hubiera llegado a un final definitivo.
-No volverás al hotel. Mañana te llevo temprano para que empaques tus cosas.- Sentenció él ante su falta de respuesta sin dejar lugar a réplicas mientras procuraba volverse nueva vez para seguir su camino, deteniéndose al escucharla exclamar un "¡No puedo hacerle eso!" mientras se levantaba del sofá, haciendo que la poca calma que Kurogane había conseguido mantener hasta ese momento se esfumara y su voz reflejara sin tapujos toda la ira y decepción que estaba sintiendo.
-¡¿Por que demonios no puedes?! Te rompió el corazón ¿no? Llorabas por que algo hizo que te hirió ¿No es así? ¿Por qué debe interesarte como se sienta? ¿Por qué no puedes devolverle un poco de la angustia que sientes en este momento?
-¡Por qué lo amo Kurogane!- Exclamó ella mientras su voz se partía y las lágrimas volvían a salir como cascadas de sus ojos, haciendo que él se quedara helado al escuchar su siempre suave voz gritar aquello con tanta amargura. - ¿Acaso jamás te has enamorado de alguien que sabes perfectamente que no debes querer pero que aún así no puedes evitarlo? ¿Acaso jamás te ha pasado que te enojas y piensas en que ya no va a importarte lo que ocurra con esa persona, pero solo con pensar en su posible sufrimiento terminas sintiendo mucha más angustia que si simplemente la dejaras ir? Todos pasamos por ese tipo de situaciones en que las cosas no salen como uno desea y yo, simplemente me enamoré de alguien que aún no estaba preparado para dejar su antigua vida atrás. Y… aunque no tenga idea de como voy a verlo a la cara ahora, de cómo voy a fingir una sonrisa cuando siento que estoy rota por dentro, no soy capaz de angustiarlo, de hacerle sentir culpable. Él también está sufriendo, esto también es duro para él. Yo… yo no quiero hacerle más daño. No quiero verlo sufrir más.
La manera en como ella sollozaba con dolor mientras decía todo aquello, mientras sacaba todo lo que había en su corazón realmente consiguió destrozarlo. Claro que sabía lo que sentía, claro que era consciente de lo duro que podía ser amar a alguien que no reparaba en tu existencia. Era lo que había vivido toda la vida con ella, era lo que había tenido que tolerar a su lado. ¡Si hasta había intentado besarla en la clínica y se había pasado los días angustiado por las consecuencias de ello!, pero era obvio que ella estaba tan enfocada en ese sujeto que lo mas probable es que en serio creyera que se había acercado tanto solo para tomarle la temperatura. Aquello que ella sentía por Touya no se trataba de una simple ilusión, de un desliz pasajero. El corazón de Tomoyo estaba tan ligado a él que estaba dispuesto a tragarse su dolor con tal de no provocarle sufrimiento. ¿Qué rayos era lo que le veía?¿Por qué seguía insistiendo en arrancarse la piel para cubrir sus heridas cuando él estaba dispuesto a quebrarse entero por sanar su corazón?
-Tan pronto termine de llover nos iremos. – Murmuró derrotado dándose la vuelta mientras escuchaba su corazón fragmentarse y caminaba en dirección al pasillo dispuesto a perderse en su cuarto. No podía seguir viéndola derramar tantas lágrimas por una persona que no era él y seguir fingiendo no sentirse miserable.
Tomoyo se acercó lentamente a él al verlo sentado a la orilla de la playa mientras observaba como la fría brisa nocturna agitaba su pelo achocolatado. Tan pronto había ingresado al hotel decidió preguntar a la recepcionista si le había visto y ella le había informado que había estado allí desde que llegó.
Sin demasiadas ceremonias se sentó a su lado y notó como sus pies yacían dentro de la masa añil de agua.
-Ya llegaste.- Murmuró Touya sin mirarla y al llevar su vista hacia él se percató de lo que había a su lado. Una botella de algo que por como olía debía ser algún tipo de alcohol. -El molesto de el esposo de Kaho la envió como regalo para papá, pero como él no toma se iba a desperdiciar. También envío eso para ti. – Lo escuchó aclarar al sentir su vista puesta en el objeto mientras le extendía un pequeño paquete de forma rectangular.
-Ya veo. Gracias.- Murmuró mientras tomaba la pequeña caja y la abría, notando que se trataban de chocolates de una marca inglesa muy conocida. No sabía que aún después de tantos años recordara cuanto le gustaban. Eriol era un hombre sumamente gentil a quien se había visto obligada a mentirle aquella tarde así que un regalo como ese era lo que menos se merecía.
-¿Como quedaron los demás?
-Bien, aunque algo preocupados porque te fuiste tan repentinamente.
-Si. Lo siento, tenía algo de prisa. – Explicó mientras tomaba un chocolate de la pequeña caja y lo ponía en su boca. Debía reconocer que eran tan deliciosos, como siempre aunque su estado de ánimo no le permitía disfrutarlo a plenitud.
-¿Pudiste hacer aquello tan urgente?
-Si, así es. – Contestó una vez más mientras tomaba otro dulce de la caja y su mirada comenzaba a vagar a su alrededor. Aunque era cierto que Touya estaba teniendo aquella conversación con ella era obvio que tenía la cabeza en otro lado. De hecho el que estuviera tomando dejaba en evidencia que no se sentía bien. Solo lo había visto hacerlo en una ocasión y tenía justo esa expresión llena de desconcierto en el rostro. Observó un pequeño destello entre la arena y al extender su mano hacia aquel lugar descubrió una nueva botella de la misma bebida solo que esta estaba completamente vacía.
-Touya… ¿se ha tomado toda esa botella?- Preguntó algo preocupada mientras lo veía encogerse de hombros a la vez que murmuraba un tal vez, provocando que ella tomara la botella de su lado al verlo llevar su mano hasta ella.
-Debe estar ebrio entonces. Debería dejar de tomar.
-Deja el drama ¿quieres? No estoy borracho. Además ya estoy grandecito para saber lo que puedo o no hacer. - Aseguró con fastidio mientras la miraba y extendía su mano para que le entregara la botella que aún estaba prácticamente llena y ella no pudo evitar apretar los labios con dolor al ver la desolación en los ojos de él. Se veía como alguien que acaba de darse cuenta que su mundo se había hecho pedazos y que intentaba aliviar su pena de alguna manera. Podía saber exactamente que aquello era lo que significaba porque era justo lo que ella estaba sintiendo y estaba segura reflejaban sus violáceos ojos. Acercó la botella a sus labios y tomó un gran trago de la bebida tosiendo sin parar al sentir como el alcohol quemaba su inexperta garganta mientras él le arrebataba la botella alarmado.
-¡¿Qué demonios haces?!
-Acompañarlo.- Contestó ella mientras aún tosía por lo desprevenida que lo había tomado el exceso de alcohol de aquella bebida mientras se preguntaba cómo rayos Touya había soportado toda una botella. -También soy lo bastante grandecita para saber lo que lo que me conviene o no, así que démela de vuelta. – Exigió mientras le arrebataba la bebida de la mano dejándolo sorprendido no sólo por que quisiera seguir con aquello sino por la actitud que de repente había adoptado, era la primera vez que la veía con aquella mirada tan llena de rebeldía.
-Tch, has lo que quieras.- Gruñó mientras volvía a su posición original y la veía tomar un nuevo trago de la bebida y toser de nuevo solo que de manera más leve. Las aguas de la playa aún estaban agitadas y de vez en cuando se formaban olas lo suficientemente grandes para hundir a una persona. Salvo aquel vaivén marino no estaba observando nada más en aquella dirección, pero por alguna razón ver que incluso el agua tenía sus momentos de inestabilidad le hacía sentir menos desolado. Aún no sabía cómo había llegado a la casa de Eriol bajo aquel torrencial pero cuando al fin lo había conseguido y los demás le habían preguntado por ella, lo único que alcanzó a hacer fue mentirles y decir que no la había encontrado. ¿Cómo explicarles que la había visto junto a otra persona? ¿Qué aquella seguridad que había sentido y que lo había llevado a surcar medio mundo en un avión para aclarar su pasado ahora era tan incierta que le asustaba? ¿Y si todo había sido su imaginación y si todo ese tiempo había confundido su amabilidad y compasión con amor?
-En la orilla el agua es cálida, tal vez el agua de toda la playa esté igual de agradable. - La escuchó comentar después de un buen rato que ni siquiera estaba seguro de si eran horas o minutos, ella acababa de quitarse las sandalias así que sus dedos jugueteaban con el agua que subía y bajaba a la orilla de manera constante.
-Obvio que está helada, mensa.
-¿Cómo lo sabes? No te has bañado en esta playa.
-Porque he nadado en otras playas de noche y son heladas. Además después de tanta lluvia debe estar aún más fría.- Contestó con fastidio ya harto de sus preguntas y argumentos sin sentidos. No sabía cuando había comenzado a hablar solo sandeces pero aquello lo tenía más mareado que el mismo alcohol.
-¡Es injusto que generalices! ¡No todas las playas son iguales! De hecho, voy a demostrarte que estás equivocado.- Protestó ella indignada mientras se ponía de pie con algo de torpeza, haciendo que Touya se quedara helado al llevar la mirada a ella y verla de espaldas bajando el cierre de su vestido dejándolo caer a sus pies mientras se quedaba en ropa interior.
-¿Qué rayos haces? ¡¿Estás borracha?!- Preguntó alarmado respondiéndose mentalmente al instante. Si era la primera vez que bebía como sospechaba, debía estarlo desde el quinto trago, de lo contrario no se desnudaría frente a él con tanta ligereza.
-Vamos Touya sólo es un baño. ¿O es que temes perder contra una chica?- Replicó mientras se colocaba las manos en la cadera y se volteaba para mirarlo. Su pelo caía de manera rebelde sobre su cuerpo cubriendo toda su silueta mientras su blanca piel brillaba bajo la luz de la luna. Sin poder evitarlo su mirada recorrió con asombro la silueta de la jovencita, adornada únicamente por aquellas bragas y brassier rosa. Era como si ella fuera consciente de que su figura era demasiado sensual y quisiera aminorar el impacto que provocaba verla de esa manera añadiendo un toque dulce a su estilizada silueta.
Sintió su cuerpo agitarse ante la magnifica visión mientras perdía el habla y sus ojos eran incapaces de mirar a otro lado y entonces la vio caminar mas allá de la orilla hasta que la mitad de sus piernas estaban sumergidas en las aguas y juntando sus manos frente a ella la vio lanzarse al agua cual sirena volviendo a su hogar, haciéndolo sentir una gran decepción al no poder contemplar más aquella deliciosa figura. "Deliciosa Figura." ¿En que diablos estaba pensando?
Se puso de pie aprisa y sintió la brisa salina golpear su rostro y agitar su pelo a la vez que mantenía su mirada fija en las revoltosas aguas intentando verificar con preocupación el estado de ella quien hacía un rato se había perdido en las profundidades, sintiéndose profundamente aliviado al verla salir de repente del agua mientras le sonreía y temblaba ligeramente. Esa necia debía estar congelándose por lo rosácea que se veía su piel y aún así sonreía como si hubiese ganado su apuesta imaginaria. La vio comenzar a nadar hacia él, ya habiendo culminado su experimento, abriendo los ojos con terror al ver como una ola se levantaba a sus espaldas y amenazaba con caerle encima.
-¡Cuidado detrás de ti!- Gritó intentando avisarle, mirando como era arrastrada por la masa de agua que la tomó desprevenida y la sumergió bruscamente. Sin pensarlo dos veces se lanzó al agua al instante y nadó hacía dónde había sido sumergida, sacándola por la cintura mientras ella se aferraba a su cuello y tosía sin parar.
-Tomoyo ¡¿Estás bien?!- Le preguntó mientras la miraba angustiado y procuraba verificar que no se hubiera hecho daño, quedándose desconcertado al escucharla reír de repente mientras dejaba poco a poco de toser y reconocía que tenía razón que el agua estaba muy fría.
-¡Claro que tenía razón! ¡¿En que demonios estabas pensando?! Eso fue muy ... - Exclamó alterado mientras pensaba en el terror que sintió al pensar que ella podía haber muerto ante sus ojos, que pudo haberse ahogado en aquel lugar, quedándose petrificado al sentirla abordar su boca de repente interrumpiendo su reclamo, a la vez que su paladar se llenaba de una mezcla de alcohol y chocolate proviniendo de sus suaves y rosáceos labios. La miró fijamente mientras ella rompía el beso con lentitud y reparó en la manera en como ella lo miraba, en como sus ojos amatistas brillaban llenos de anhelo y pasión.
-¿Qué tanto te gusto?- La escuchó preguntar de repente y sintió como su corazón latía sin parar mientras sin poder evitarlo sus ojos recorrían su delicada figura extasiado con toda la belleza que desprendía su nívea, escasamente cubierta y completamente mojada piel, que se veía extrañamente hipnotizante alumbrada tenuemente por la luz de la luna y adornada por el rosáceo que se asomaba en sus mejillas por el frío del que era víctima, mientras las gotas de agua se deslizaban por su cuerpo entre aquellos rincones ocultos detrás de su ropa interior. Incapaz de dar una respuesta que describiera todas esas sensaciones que lo embargaban, tragó en seco debido a la extraña incomodidad que de repente llenaba su cuerpo ante la visión que tenía en frente y que comenzaba a perturbarlo enormemente mientras continuaba siendo tentado por aquellos labios que ya había probado y cuyo sabor le parecía endemoniadamente adictivo.
La vio sonreír ante su falta de respuesta mientras se acercaba de nuevo a sus labios y sin oponer resistencia él cerraba los ojos esperando experimentar de nuevo aquel delirante sabor, mientras el alma le regresaba al cuerpo al sentir su paladar llenarse de aquella calidez que desprendían sus suaves labios. Ya la había besado antes y aquello le había parecido algo realmente placentero, pero ahora, con la posibilidad de perderse en su boca por más tiempo, sintiendo que ella estaba de acuerdo con ello, aquella sensación que lo recorría superaba todo lo antes experimentado. No era capaz de pensar en otra cosa que no fuera explorar a plenitud aquellas sensaciones que recorrían su cuerpo ante aquel contacto.
Llevó sus manos a su rostro y sin ser capaz de contenerse más, profundizó aquel beso dejando salir toda la pasión que sentía en su cuerpo, saboreando cada centímetro de sus labios, llenándose de su esencia, de su sabor. Pronto sus labios quisieron explorar un poco más y se deslizaron a su cuello, bajando posteriormente a sus hombros. La escuchó gemir ligeramente ante aquella sensación llena de electricidad y presa de un hambre voraz volvió a abordar su boca con ansias. Sus labios se fundían de una manera tan perfecta que era difícil saber donde comenzaba uno y terminaba el otro pero aún aquello no parecía suficiente. Sus lenguas comenzaron a rosarse, a juguetear entre ellas y antes de darse cuenta la pasión con la que se besaban y acariciaban se hacía cada vez más lujuriosa e íntima, cada segundo que dedicaba a besarla de aquella manera era un segundo en que su cuerpo exigía sentirla aún más cerca, probar aún más de ella, amarla a plenitud mientras seguía siendo derrotado por sus ojos y labios, incapaz de mirar a otro lado presa de un hechizo que iba más allá de sus fuerzas y que poco a poco doblegaba su voluntad, haciendo que el deseo de poseerla allí mismo entre aquellas aguas bajo la luz de la luna se hicieran difíciles de contener.
Se separó de sus labios por la falta de aire, mientras volvía a recorrer con la mirada su terriblemente atractiva figura y no pudo evitar que su mente comenzara a pensar en cómo se sentiría deslizar sus dedos y labios por cada centímetro de aquella tersa piel, recorrer cada rincón de su inexplorado cuerpo y escuchar a su dulce voz deshacerse en suspiros y gemidos provocados por sus caricias. Intentó obligar a sus ojos a desviar la mirada, a dejar de pensar aquello, sabía que si seguía haciéndolo si dejaba que su mente se siguiera imaginando aquella escena terminaría haciendo la mayor locura de su vida, terminaría tomándola como no hacía con alguien en muchísimo tiempo. Y eso
… eso sería muy malo en aquellas circunstancias.
-Vamos a dentro.- La escuchó solicitar y llevando su mirada hasta sus ojos se encontró con aquel brillo decidido y lleno de deseo que lo había dejado sin aliento hace sólo unos segundos, era como si ella estuviera pensando en justo lo mismo que él, como si deseara llevar aquello hasta el mismísimo final. La sintió halar su mano mientras se disponía a salir del agua y no fue capaz de poner ninguna resistencia, de decir alguna razón por la que aquello no era correcto, por la que debían detenerse, sintiendo que el alcohol, el frío y el deseo controlaban sus sentidos.
No podía detenerla, no quería detenerla, en ese momento, justo en ese instante, mientras la miraba caminando sobre la arena, con su mano entrelazada con la de él exhibiendo sin inhibiciones su delicada figura, cualquier duda en su mente o corazón había desaparecido, solo… solo quería sentirla al mayor grado posible, sentirla antes de que se marcharan y si era posible evitar que se fuera más de su lado, no dejarla salir de aquella habitación hasta que le asegurara que a partir de ese momento jamás se separaría de él.
Antes de darse cuenta se hallaron atravesando todo el hotel hasta la recepción, tomando así el ascensor hasta la habitación donde ella se estaba hospedando. Torpemente la vio introducir la llave en la cerradura tras soltarlo y una vez consiguió quitar el seguro, empujar la puerta e ingresar a su habitación. Entró junto a ella a la misma y dándose la vuelta se dispuso a cerrarla tras de si, colocándole seguro para evitar que alguien interrumpiera aquel momento o tomara alguna prueba de lo que estaba a punto de ocurrir, de lo que sin lugar a dudas estaba resuelto a que pasara entre ellos en aquellas cuatro paredes.
Se volvió nuevamente, esperando encontrarla a sus espaldas mirándolo con aquella sonrisa, con aquellos ojos llenos de lujuria, pero ya no estaba allí, solo se veían las huellas de agua y arena dejadas en el suelo en una parte del pasillo y varios quejidos proviniendo de lo que creía sería el tocador de aquella habitación.
Caminó en esa dirección y no pudo evitar llenarse de una mezcla de desilusión y ternura, al verla de rodillas frente a la taza del baño vomitando y jurando que jamás bebería una sola gota de alcohol mientras toda la seducción y encanto que irradiaba hace unos segundos quedaba en el olvido. Resignado se acercó a ella en silencio y tomando los mechones de pelo que le estorbaban en el rostro, los sujetó para que aquella desagradable tarea se le hiciera aún más sencilla y entonces la vio girar la cabeza sobre su hombro y dándole las gracias sonreírle, sonreírle como si estuviera paseando en un hermoso día de primavera y lo que estaba haciendo fuera lo más gratificante del mundo, y entonces sintió que la embriaguez abandonaba su cuerpo y todo en su mente y corazón estaba claro.
La haló hacía sí, rodeándola con sus brazos, mientras sus ropas aún gotereaban y sintió que quería quedarse así el resto de su vida. Quería ser la persona que estuviera con ella al despertar, que la viera en sus peores momentos y que disfrutara de cada gota de placer en su cuerpo, quería ser la persona que secara sus lágrimas y a quien perteneciera su sonrisa, quería… quería ser el primero y el último, ser quien la amara cada día hasta que uno de los dos dejara este mundo y aún entonces seguirse amando igual. La amaba, la amaba. No tenía ninguna duda de ello.
-Quédate a pasar la noche conmigo. – La escuchó proponerle por fin y sin quererlo sus ojos volvieron a recorrer su figura observando la ropa interior pegada a su piel, que no dejaba casi nada a la imaginación y sus labios entreabiertos como si esperaran a que él los abordara con pasión. Agitó su cabeza en negación comprendiendo que si bien él era consciente de cada uno de sus actos, ella estaba demasiada embriagada para pensar aquello con claridad y posando su mano detrás de su nuca, la haló hacía sí, acariciando su cabello por unos instantes mientras la abrazaba contra su cuerpo.
-Debes descansar, has hecho muchas locuras por una noche. – Murmuró a su oído con la poca fuerza de voluntad que había conseguido reunir y contrario a recibir alguna respuesta, el silencio se hizo patente en la habitación. La giró un poco para ver su rostro y no pudo evitar sonreír al ver que estaba profundamente dormida en sus brazos, allí en el baño, semidesnuda, después de haber vomitado frente a él, y aún así en aquellas circunstancias se sentía el hombre más afortunado del mundo.
-Si vuelves a hacer eso me vas a volver loco. – Reconoció mientras besaba su frente y la miraba unos segundos sin poder quitar aquella boba sonrisa de sus labios, y acomodándola entre sus brazos la cargó hasta su cama. Seguramente se odiaría cuando despertara a la mañana siguiente sin ella a su lado, pero si iba a amarla deseaba que ella lo recordara con lujo de detalles. Era lo mínimo que se merecía después de toda aquella dicha que le hacía sentir.
Tomoyo se removió incomoda en la cama mientras sentía como las sábanas insistían en mantenerse pegadas a su cuerpo a pesar de sus intentos de retirarlas de sobre sí. De hecho los hasta el día anterior agradables sonidos de las personas riendo y divirtiéndose fuera eran un verdadero suplicio. Intentó abrir los ojos pero los sentía tan cargados que era incapaz de hacerlo de golpe, mientras un intenso malestar estomacal y un agudo dolor de cabeza hacía aún más tortuoso su despertar. Sentía como si un camión la hubiera arrollado.
Se incorporó tan pronto consiguió manejar la forma en que su cabeza daba vueltas y quedándose sentada sobre la cama intentó observar su alrededor. Todas las cortinas estaban cerradas así que la habitación estaba a oscuras pero afuera se oían a las personas disfrutando de la cercana piscina, así que debían ser por lo menos las nueve.
"Cómo sea, tengo que ir al baño". Murmuró mientras retiraba la manta de su cuerpo y sentía su cabeza dar vueltas quedándose helada al notar que no tenía más que la ropa interior sobre su cuerpo. ¿Por qué estaba semi-desnuda en la cama?
-Ya despertaste dormilona. Pensé que harías que nos dejara el avión. - Escuchó decir en dirección a la puerta y al mirar hacía allí pudo ver al moreno caminando hacia ella con una bandeja en la mano. Cubrió su cuerpo con la manta de inmediato mientras se teñía de rosa al verlo sentarse en el borde de la cama, sin siquiera inmutarse por su escasa vestimenta. – Esto es lo único que me dejaron traer hasta acá arriba, así que si quedas con algo más de hambre puedes ir al comedor cuando termines. Y esas pastillas reducirán los efectos de la resaca. No quiero apresurarte pero sería mejor que te duches en cuanto puedas pues nos sacan de la habitación al medio día.
El moreno levantó la vista al escucharla balbucear su nombre mientras con nerviosismo sus manos aferraban con fuerza la cobija y el carmín de sus mejillas se hacía aun mayor. Parecía incapaz de siquiera moverse, de hablar de manera normal, de hecho una mezcla de miedo y pena llenaba sus ojos. Parecía haberlo recordado.
-Bueno, si lo que vas a preguntar es si intentaste seducirme y luego te quedaste dormida frente a la taza del baño después de haber vomitado la comida de una semana. Pues sí. Eso es exactamente lo que ocurrió. -Relató con excesiva calma haciendo un verdadero poema de la cara que ella puso al escuchar aquella corta descripción de los sucesos que su mente acababa de recordar. Por Dios que si no fuera porque era realmente tarde y en serio necesitaban marcharse ya, juraría que se hubiera lanzado a sus labios y hubiera terminado lo que habían iniciado la noche anterior, pero durante las casi tres horas que llevaba esperando a que despertara había tenido tiempo de hacer muchos planes al respecto, así que por mucho que ella lo tentara eso no pasaría aquel día.
-Oye…- Colocó su frente contra la de ella para intentar ocultar de sus ojos la boba sonrisa que seguramente debía tener debido a todo lo que estaba imaginando, mientras la sentía tensarse ligeramente ante su cercanía. Se sentía como un adolescente emocionado porque la chica de sus sueños había aceptado su invitación a un baile, pero mucho mejor. - Tendremos quince largas horas en una máquina de la muerte así que podemos hablar acerca de lo lindo que te queda el rosa cuando estemos en el aeropuerto. Aun tengo que explicarle a la recepción que usar el ascensor de un lugar público en ropa interior es exactamente igual de ético que hacerlo en traje de baño. Deséame suerte.
Se puso de pie, mientras la veía cubrir su rostro con sus manos al pensar en que personas a quienes ni siquiera conocía la habían visto borracha, semidesnuda y halando a un chico a su cuarto. Si pudiera enterrarse tres metros bajo tierra lo haría sin dudarlo ni un segundo. Aunque… cuando el moreno se refería a lo bien que le quedaba el rosa ¿no se refería a…?
-¡Touya!- Gritó llena de impotencia al pensar en que él estaba haciendo alusión al color de su ropa interior para fastidiarla, mientras aventaba la almohada en dirección al pasillo sin conseguir darle. No sabía si enfadarse con él por permitirle hacer todas esas locuras o morirse de la pena de que tuviese que lidiar con ella en esas condiciones. Definitivamente no sería capaz de mirarlo a la cara nunca más.
Dio leves toques a la puerta y al escuchar su voz pidiéndole un momento, no pudo evitar sentir dudas acerca de si aquello era una buena idea después de todo. Era cierto que lo había consultado con la almohada durante toda la noche pero no dejaba de ser un paso sumamente arriesgado. Apretó con fuerzas el objeto que llevaba en la mano pidiéndole a todo su cuerpo que mantuviera la calma. Por nada del mundo quería que ella notara lo inquieto que se ponía solo con mirarla.
-Oh, Kurogane. ¡Que sorpresa! No esperaba verte aquí.
-Olvidaste esto en mi casa.- Aclaró de inmediato mientras le extendía aquel adorno de pelo que había descubierto en el baño después de dejarla en el hotel y que había resultado ser la excusa perfecta para ir a su encuentro.
-Ya me preguntaba dónde había ido a parar. Gracias.
Ambos se quedaron en silencio mientras estaban frente a la puerta y Kurogane no pudo evitar maldecir para sus adentros. Parecía tan sencillo cuando lo repetía una y otra vez en su mente todo el camino ¿Porque ahora simplemente no salía nada de su garganta?
-Kurogane, gracias por todo. Se que ayer no fui la persona más fácil de tratar pero ya no debes preocuparte, me siento mucho mejor. Me alegra mucho saber que puedo contar contigo. Eres realmente un buen amigo Kurorin.
Él no pudo evitar bajar la mirada y apretar los puños al escucharla decir aquello que lo perturbaba enormemente. ¿Cómo era capaz de ser tan ciega, de no notar lo mucho que lo hería cada vez que decía esas cosas?
No valía la pena seguir preocupado por aquello. Nada podía ser peor que seguir viviendo en aquel estado, que seguir conformándose con que ella viera sus palabras y actos con los ojos de la simpatía.
-Sabes… dicen que la capacidad de aguante de las personas conoce los límites.
-¿Eh? ¿Qué quieres decir?- Preguntó ella algo confundida mientras notaba como aquella aura sombría volvía a cernirse sobre él mientras ahora llevaba sus ojos hacía ella y la miraba con fijeza.
-Que antes estaba agradecido de que me llamaras tu amigo, pero ahora definitivamente aborrezco esa palabra. – Explicó mientras daba un paso hacía adelante y tocaba su mejilla. - Te daré solo cinco segundos para lanzarme una bofetada.
-¿De que hablas? ¿Por qué…? - Sus palabras fueron selladas por un sorpresivo beso que la disoció de la realidad por unos segundos y que de repente eliminó aquella venda que hasta ahora había estado cubriendo sus ojos, mientras lo veía alejarse de su boca sin quitar ni un segundo la mirada de sobre ella.
-Yo tampoco quiero que sufras más por alguien que no valora tu amor, cuando yo moriría porque me ames solo la mitad de lo que lo amas a él.
-Kurogane, yo… lo lamento. No es tan sencillo…
-Nunca he esperado que lo sea.- Aseguró él mientras la veía continuar mirándolo desconcertada y llevando sus dedos a su cuello, se retiró el collar, para luego llevar sus manos al cuello de ella y, colocarle la prenda mientras ella permanecía petrificada, incapaz de reaccionar.- Iré a Tomoeda durante las próximas dos semanas y quiero que lo pienses mientras tanto. Se que no me amas pero… me encantaría que me dejaras intentar hacer que te olvides de él, así que si ser tu amigo es un obstáculo para ello. Pues ya no soy más tu amigo.
Se alejó unos pasos de ella después de dejar claro el significado de sus actos y dando su misión por terminada salió de su vista mientras ella continuaba mirándolo profundamente turbada. Sabía que aquella declaración de amor significaba el fin de años de confianza y amistad pero en realidad aquello ya no le preocupaba demasiado. Por primera vez en mucho tiempo se sentía genuinamente libre y en paz consigo mismo y eso era algo que no tenía precio.
Caminó en dirección al ascensor y no pudo evitar reparar en un ramo de magnolias blancas que yacía tirado en el suelo y que parecía haber sido dejado caer recientemente. Se puso de cuclillas, tomó una con su mano y llevándola a su nariz se llenó de buenos recuerdos. Aquellas eran las flores favoritas de Tomoyo y definitivamente olían como ella.
Touya miró con alegría el inmaculado ramo de flores que llevaba en la mano mientras pensaba en lo mucho que Tomoyo se iba a sorprender y emocionar al verlo. Afortunadamente el día anterior cuando fueron a casa de Eriol habían pasado frente a la floristería y ella se había quedado embobada mirando aquellas flores que se exhibía en la vitrina, por ello había decidido ir en busca de un ramo antes de partir de allí.
Jamás había sido un hombre de muchas palabras o expresiones de cariño así que su manera de decir las cosas iban más de la mano con algo físico como un regalo. Llevárselo a Tomoyo antes de hablarle acerca de sus sentimientos le parecía lo más adecuado, después de todo sentía que si iba a hacerlo debía tratar de crear un ambiente agradable sobretodo después de la pena que ella tenía por todo lo ocurrido.
Ingresó al ascensor y sonrió al par de chicas que lo miraban algo celosas de no ser la persona a la que le llevaban tan hermoso obsequio, pero contrario a lo que pasaría usualmente ni siquiera le incomodaba que no le quitaran la mirada de encima. De alguna forma había perdido importancia cualquier cosa, buena o mala que hicieran las personas a su alrededor porque en ese momento solo le importaba la opinión de una persona. Aquella persona por la que estaba sonriendo como un idiota y sus manos sudaban sin parar.
Levantó la vista al ver las puertas del ascensor abrirse y caminando un poco en dirección a la habitación de ella notó a lo lejos a una persona frente a la puerta. Se ocultó detrás de un muro intentando que Tomoyo no viera el ramo antes de que llegara el momento, quedándose desconcertado al, no sólo ver a Tomoyo en el umbral sino notar que quien estaba frente a ella no era otro que el doctorcito.
-¿Qué rayos hace aquí ese sujeto?- Gruñó mientras procuraba escuchar la conversación que mantenían inútilmente y es que estaba demasiado lejos para entender sus palabras. El sujeto continuaba con aquella expresión insípida grabada en su rostro, pero Tomoyo… Tomoyo sonreía cada tanto mientras hablaba.
Odiaba cuando la veía sonreír para ese tipo, cuando la veía hablarle. Sabía que no estaba bien que se sintiera tan celoso aún cuando sabía que eran como hermanos, pero no podía evitarlo. Lo único que deseaba era interponerse entre ellos y apartarla de su vista.
-Debes confiar en ella Touya. - Intentó alentarse a sí mismo para serenarse pero no pudo evitar destrozar el envoltorio del ramo por la fuerza en que apretó su mano al observar que el susodicho tocaba la mejilla de ella y en cuestión de segundos la besaba allí mismo en el pasillo.
Presa de una furia más allá de sus sentidos dejó caer el ramo y caminó hacía ellos con la resolución de deformarle el rostro a golpes por su atrevimiento, cuando una duda golpeó con intensidad su cabeza.
¿Y si ella había estado de acuerdo con ello? ¿Y si en realidad tenía sentimientos hacía él?
Sabía que Tomoyo no era de ese tipo de chicas pero, demonios, había salido al encuentro de él en primer lugar, los había visto abrazados en aquella parada de autobús. ¿Y si el tonto allí era él y si aquello que había dicho y hecho mientras estaba tomada solo era un reflejo de la tensión que quedó en ella después de su encuentro con Kurogane? Eso explicaría porque lucía tan aterrada al pensar que ellos habían estado juntos. ¿Y si en vez de sentirse avergonzada por su conducta solo estaba asustada de que hubieran tenido tal contacto cuando él no era el objeto de su cariño? ¿Si no había encontrado la manera adecuada de aclararle todo aquello, si había evitado hablarle de sus sentimientos hacía aquel sujeto para evitarle preocupaciones en consideración de la situación por la que estaba pasando con todo lo de Yukito?
Sintió una mano tocando su brazo y solo entonces de dio cuenta de que se hallaba de pie frente a la puerta de su habitación con la llave colgando de su mano y su mirada totalmente perdida.
-¿Te sientes bien Touya?- La escuchó preguntar y al llevar su mirada hacía ella, no pudo evitar concentrarse en la gema que ahora adornaba su cuello y que había visto a aquel sujeto colocarle y sintió que su corazón se quebraba en mil pedazos. Así que no era un malentendido después de todo, en serio estaban juntos ahora.
-Aún queda algo de la medicina que me llevaste está mañana. Si te duele la cabeza tal vez…
-No. Estoy bien. Terminaré de empacar para que nos vayamos.- Murmuró ausente mientras intentaba introducir la llave en la cerradura de manera inútil, y es que sus dedos temblaban tanto que era imposible realizar aún aquella sencilla tarea. ¿Cómo había podido volver a ser tan ingenuo?¿Cómo se había dejado embobar de esa manera por ella?
-Tomoyo, con respecto a lo que ocurrió en la playa. Creo que lo mejor es que lo olvidemos. - Ambos no estábamos en pleno uso de nuestras facultades mentales y al final nada pasó en realidad, así que no tiene importancia. - Murmuró sin mirarla mientras por fin la llave entraba en el agujero y dándole vuelta conseguía quitar el seguro. ¿No darle importancia? Él mismo estaba sorprendido de la sobriedad con que aquella mentira había salido de su boca. ¡Si se había pasado las últimas doce horas meditando en ello!, ¡si había tenido que luchar consigo mismo por no dormir al lado de ella, por no llenarla de besos y caricias hasta que despertara, por no hacerla suya justo como estaba resuelto a hacer al ingresar allí después de salir de la playa! Jamás podría desprender de su cabeza aquellas imágenes, jamás podría eliminar de su mente la interrogante de que hubiera pasado si la hubiera amado entre la arena, si ella jamás se hubiera quedado dormida. La dulzura de sus labios, la suavidad de su piel entre sus dedos, la belleza y perfección de cada rasgo de su silueta. Todo aquello lo perseguiría el resto de su vida, le harían imposible verla como antes, acostumbrarse a la idea de que otro gozara de la dicha que él tuvo efímeramente y fingir que aquello no lo desquiciaba.
-Eso no tiene sentido.- Protestó ella después de unos segundos de silencio mientras tocaba su brazo sintiendo que aquello no tenía ninguna lógica. -Es cierto que tomaste bastante pero jamás perdiste por completo la cordura, es decir al final evitaste que pasara y me acomodaste en la cama, ¿no? De hecho esta mañana parecía como si jamás hubieras tomado. Así que creo que…
-Es la primera vez que terminas una relación ¿no Tomoyo?- Preguntó interrumpiéndola mientras se giraba hacía ella. - Cuando las personas tienen el corazón roto, de manera inconsciente intentan encontrar una manera de convencerse a sí mismos de que pueden superar su situación, de que no sienten tanto dolor, y usualmente eso lo hacen dirigiendo su atención y sentimientos hacía otra persona. Ambos estábamos en una situación similar e intentamos hallar consuelo en el otro. Eso es todo.
-¿Consuelo?- Murmuró ella mientras bajaba la mirada. – Es decir que lo amable que había sido conmigo, todo el cuidado que me ha dado, el que me besaras como lo hiciste en la playa… todo eso ¿solo fue un malentendido?
-Lo lamento. Pero así es.- Aseguró él aparentando tranquilidad sin poder evitar quedarse desconcertado al verla levantar la mirada y con una dulce sonrisa agradecerle por aclarar aquello. Aquella sonrisa era lo que necesitaba para convencerse, para estar seguro de que mentirle era lo mejor. Seguramente la había aliviado enormemente. Ahora no tenía que preocuparse por herirlo, porque la hubiera malinterpretado, ahora podía aceptar el cariño de ese sujeto y tener un amorío sin ningún remordimiento. Todo estaba bien, era la manera más adulta y madura de poner fin a aquello que desde el principio jamás debió pasar. Había hecho lo correcto pero… ¿porque el pecho le dolía tanto, porque sentía como si una parte de él hubiera muerto?
-Bueno, debo terminar de empacar. Nos vemos en la recepción. – Anunció con la voz más calmada que pudo y dándose la vuelta atravesó la puerta sin mirar atrás ni un segundo convencido de que si seguía frente a ella no podría controlar sus agitadas emociones. Intentó mantener su bien aprendida fachada para ocultar el dolor el mayor tiempo posible y así terminar de prepararse, pero su cuerpo había llegado a su límite y no le permitió dar un paso más. Impotente se dejó caer en el suelo contra la puerta y tomando su teléfono intentó borrar la foto que le había tomado cuando llegaron a aquel lugar y que como estúpido no había podido dejar de ver una y otra vez en su letargo amoroso, y sin quererlo sus ojos se cristalizaron al verse incapaz de eliminar siquiera aquella parte de ella de su vida. Lanzó el aparato sobre la cama sin importarle si terminaba cayendo al suelo y se hacía pedazos y maldijo su candidez, su suerte, su obstinación, el que no supiera enamorarse sin depender, sin aferrarse. Cuando pasó lo de Kaho se había jurado jamás ser tan impulsivo, jamás encariñarse tan enormemente, no permitir que alguien se colara en su vida hasta el grado de hacerse indispensable. Pero hay estaba, sintiendo que el mundo se le caía encima y la amargura llenaba su ser hasta ahogar cualquier atisbo de esperanza. No importaba que tan difícil le fuera desprenderse de sus sentimientos, olvidar lo ocurrido, necesitaba olvidarla, necesitaba sacarla de su corazón o aquella desolación terminaría por enloquecerlo.
Y fin.
Lo sé, lo sé. Han de querer matarme por lo que acabo de hacer, pero les prometo que tengo una buena razón.
Seamos realistas. Una declaración de amor y un felices para siempre a estas alturas después de tantas complicaciones sería demasiado fácil. Además si recuerdan la historia trata acerca de cómo Touya se relaciona con la parte de la familia a la que pertenece Tomoyo así que sus sentimientos entre ellos es solo un caldo de cultivo para las demás situaciones. Esto no quiere decir que no sea importante, no, ¡Es súper importantísimo! Me dolió mucho escribir todo eso y aún más sabiendo todo lo que se avecina por estas malinterpretaciones e inseguridad, pero recordemos que en su momento Touya también hizo sufrir a Tomoyo con su conducta, así que un poco de lo mismo no está de más.
No sé si su reacción al pensar que Tomoyo quiere a Kurogane fue algo exagerada para ser un hombre, pues obviamente no soy varón, pero imagino que aún ellos sufren ante las desilusiones, sobretodo Touya quien ya ha pasado por algo similar en el pasado.
En fin, acepto todos sus tomatazos. Mil gracias por leer y esperaré con ansias sus opiniones y comentarios.
Una cosa más.
Aquí entre nos, la escena de la playa la escribí hace mucho, cuando inició la historia y era una de las partes que más ansiaba agregar así que espero la hallan disfrutado tanto como yo lo hice.
En fin, les envío un montón de besos y abrazos. Recuerden cuidarse mucho en medio de esta pandemia.
Att: Brie97
