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Los cambios hormonales del conde eran impredecibles, un día actuaba normal dentro del rango de Ciel Phantomhive, otros días totalmente irritable y sensible siendo su sensual mayordomo el centro de sus desplantes, berrinches y caprichos.
-¿Cuándo acabará todo esto...?
Murmuraba Sebastian algo hastiado cuando estaba en uno de esos "días malos" y para colmo de males su pequeño estaba enfermo, con vómito y náuseas poniéndolo de peor humor.
En la cocina los demás lo escuchaban refunfuñar mientras preparaba un té, no sabían que decirle para calmarlo suponían que darle una palabra de ánimo quizás solo lo enojaría más. Era como un orden jerárquico de enojos que giraba en torno al joven amo, quien se enojaba con Sebastian y este con los sirvientes.
-Cariño... Te traje un té... -Advertía el demonio cuando entraba a la habitación donde reposaba su amo que pálido y malhumorado lo miraba.
-No quiero nada... Todo me da asco... Hasta tu cara me asquea.
-Intenta tomar un poco te vas a deshidratar así... No has comido nada hoy. -Con una falsa sonrisa el demonio ignoraba lo último que le dijo.
-Ya lo sé... Pero si lo tomo seguro lo vomitaré.
El mayordomo a pesar de su negación con la taza en mano se prestaba a obligar que lo tomara, ambos encaprichados se desafiaban con la mirada. El conde con mala cara tomaba unas cucharadas del té de dulce sabor, aún a pesar de ello lo escupía en la servilleta.
-Sabe mal...
-Ciel... No seas caprichoso, has el intento, piensa que el bebé podría debilitarse también.
-Te preocupas más por él que por mi... -Con un puchero le reprochaba mientras se escondía bajo las sábanas.
-Me preocupo por los dos... No insinues algo así... -Suspirando el mayordomo se armaba de paciencia, sabía que si se alteraba las cosas se pondrían peor.
Escondiéndose bajo las sabanas se encontraba con el rostro lloroso de su pequeño a quien abrazó cariñoso para reconfortarlo.
-Lo que dije fue egoísta... Debemos amar a nuestro bebé más que nosotros mismos -Con extrema vulnerabilidad murmuraba Ciel refugiándose en los brazos de su demonio.
-Nuestro bebé... Se escucha muy lindo... -Cariñoso el mayordomo le hablaba olvidando lo de hace unos segundos, se acercaba a sus labios para besarlo.
-No me beses... Mis besos tendrán sabor a vómito.
-No importa...
-Sebastian... -El conde solo pensar en que eso que era algo asqueroso salía corriendo al baño, desde la cama el demonio lo escuchaba jadear mientras vomitaba.
En unos minutos el palidecido conde caminaba a la cama, Sebastian lo miraba como embelesado.
-Ya se te empieza a notar... Y te ves muy adorable.
-Parezco un palo con una brote en la mitad del cuerpo... -Con molestia Ciel murmuraba se recostaba a su lado- Eso no es adorable, es horrible.
-Yo soy un palo con un brote más abajo... -Le decía coqueto el demonio mientras levantaba su pijama acariciaba el vientre de su pequeño amo.
-No comiences con tus calenturas... Eso es lo que me tiene así. -Un poco excitado el joven trataba de detenerlo.
-Es que tu me calientas... Además lo único que pareciera quitarte el mal humor es esto. -Le decía el demonio bajándole su ropa interior, enseguida lamió la extensión de su miembro.
-No... Ahora no... De verdad me siento mal
-Por lo mismo te haré sentir mejor.
El demonio muy entusiasmado sentía como el pequeño miembro de su amo empezaba a despertar ante sus lamidas, metiéndolo todo a su boca empezó a escuchar como gemía, notaba como se retorcía en la cama en esa deliciosa felación.
-Ngh... Sebastian... -Entre gemidos y jadeos el joven lo llamaba fue entonces cuando sintió como de su miembro vertía espeso semen en su boca. El lascivo demonio disfrutaba del sabor de esa esencia que se escurría en su lengua y paladar, tomándolo toda sin desperdiciar una sola gota mientras sus labios emitían gruñidos de placer.
-El deshidratado no seré yo al parecer -Perverso el demonio se le apartaba y se recostaba a su lado para abrazarlo cariñoso.
-Pervertido... -Sonrojado el conde recuperaba el aliento, desviando apenado la mirada de su perverso demonio que no dejaba de relamerse los labios.
-He pensado en algo... -Murmuraba un poco pensativo el demonio- Creo que es hora de avisar a los demás, quizás ellos sepan con esto del embarazo y puedan ayudarnos.
-Cuando dices lo de los demás ¿A quienes te refieres?
-A los sirvientes... Pensé también en Agni... Quizás en su cultura el sepa más de esto, medicinas que te quiten las náuseas y cosas así. Me comienzo a preocupar porque se supone que deberías subir de peso y es lo contrario. -Con más seriedad Sebastian le hablaba.
-Bueno... Te preocupas por eso después de quitarme los pocos líquidos que me quedan, eres un idiota. -Con sarcasmo el joven embarazado le reprochaba.
-Bien que te gusta que te succione los pocos líquidos -Se le burlaba cínicamente con una sonrisa.
-Si quieres decirlo hazlo, igual creo que se enterarán ya se me comienza a notar... Mientras no lo divulguen fuera de la mansión supongo que estará bien.
El demonio sonreía ante sus palabras, después de todo ya a su querido amo se le notaba un poco el vientre de embarazo quizás estaba un poco más avanzado de lo que pudiera ser un embarazo humano normal, parecía de unos cuatro meses cuando solo tenía dos meses. En esa misma tarde el mayordomo hacía una pequeña reunión en uno de los salones de la mansión estando el resto de los sirvientes y sus amigos los hindúes.
-¿Dónde está Ciel? -Con la mirada llorosa Soma cuestionaba al mayordomo quien le prohibió subir a saludarlo.
-Él bajará después... Primero debo informarles algo importante.
-Señor Sebastian... ¿Es algo grave? -Agni le cuestionaba preocupado al ver la seriedad de este.
-Ya les voy a explicar... El joven amo y yo... -Titubeaba el demonio un poco nervioso ante los hindúes ya que los sirvientes conocían de este asunto, esperaba que Agni no lo regañara.
-¿Qué Ciel y tú son novios? -Cuestionaba Soma con una sonrisa como ya sabiéndolo.
-Algo así... ¿Acaso ya lo sabían?
-Ehh señor Sebastian, era muy obvio solo que nos mantuvimos discretos para no estropearles el asunto, una relación amorosa debe florecer sin personas que estén metiéndose en ello. -Hablaba Agni mirando de reojo a su amo.
-Agni me dijo que no me entrometiera por eso no lo hice. -Con un puchero murmuraba resentido el príncipe- Permitiré su relación mientras no hagan cosas indebidas porque Ciel es muy pequeño para eso.
-No le estamos pidiendo permiso -Con una falsa sonrisa aclaraba el demonio.
-Sebastian... ¿Cúal es esa noticia? Nos tienes intrigado -Algo ansioso hablaba Bard sus demás compañeros asentían con la cabeza apoyando la moción.
-El joven amo y yo... Tendremos un bebé
Todos ante esa muy inesperada noticia se quedaron pasmados con la boca abierta, Sebastian solo esbozaba una gran y radiante sonrisa como orgulloso de su hazaña.
-Oye y para tener un bebé ¿No se necesita estar juntos sexualmente? -Un poco alterado Soma le cuestionaba.
-Señor Sebastian a un mayordomo no se le permiten tales privilegios con su amo. -Le regañaba en alto el mayordomo hindú.
-Oigan... Calmense, yo no hice nada que Ciel no quisiera. -Se excusaba Sebastian frente a los reproches de los hindúes.
-¡Felicidades Señor Sebastian! -Muy emocionados los sirvientes expresaban, el demonio se los agradecía.
-Espero su mayor discreción a este asunto, de conocerse algo así pondría muy mal a Ciel y al bebé. ¿No querrán eso?
Todos negaban con la cabeza ante la aclaración de Sebastian mientras trataban de entender la situación, ya que un hombre o en este caso un niño concibiera era muy extraño pero antes de escuchar sus dudas el demonio decidió hablarles de nuevo.
-Si los reuní es para pedir su ayuda...
Los demás se quedaron ahora más sorprendidos al escuchar al perfecto mayordomo pedir su ayuda, eso era aún más extraño que un embarazo de hombres.
-No me miren así... Necesito su ayuda, Ciel ha estado enfermo con esto del embarazo apenas si come y lo poco que come lo vomita, estoy preocupado y ya que no podemos consultar a un médico porque no tenemos uno de confianza para guardar un secreto así. -Se desahogaba el demonio- Pensé que alguno de ustedes podría aclararme este asunto y ayudarme porque por momentos siento perder la cabeza, porque aparte él casi siempre anda de mal genio y me harta muchas veces, me vuelve loco...
-¿Te tengo harto? -Murmuraba entre resentido y enojado el conde que se aparecía frente a todos, Sebastian solo sonreía nervioso se acercaba para calmarlo pero el joven con el ceño fruncido lo miraba siniestramente.
Muchas gracias por seguir atentxs esta historia,
Besos!!! (')
