Resquicios de orgullo
STaty
Capítulo 13
[…]
Soltó su mochila y soltó todo el aire que tenía. No le apetecía nada verlo y menos después de ver lo déspota que parecía en esa nota.
Se sacó su ropa y se aseó rápidamente. Se puso un camisón y la bata a juego, era de las cosas que le había comprado el rubio.
Ni siquiera se molestó el llamar a la puerta del chico y entró.
-Pensé que tenías más educación- dijo Draco que estaba sentado en su cama con un libro en sus manos.
-Y yo pensé que tenías tantas ganas que no querías que perdiera el tiempo.
El chico se acercó a ella y pudo notar que no llevaba puesta la parte de arriba de su pijama. Se sorprendió de ver que había ganado algo más de músculo. Al acabar de recorrer su cuerpo se dio de cuenta de la sonrisa que tenía él en la cara. La había pillado observándole.
Se molestó porque la pillara mirándolo de esa manera, así que quiso distraerlo, desnudándose ella. Soltó el lazo de la bata de gasa, se dio la vuelta y la dejó caer. Lo miró por encima del hombro y vio como él se acercaba a ella.
La dejó presa, entre él y la puerta. Se acercó a su oreja y le mordió el lóbulo.
-Granger, estás jugando a un juego peligroso. Te vas a quemar.
-Pues empieza, quiero ver si eres capaz de encender la mecha- lo retó.
Draco sonrió, la besó salvajemente. Para después bajar a su cuello, su punto débil. Ahí mordisqueó y chupó hasta dejarle una marca. Mientras, su mano acariciaba y apretaba su pecho. Cansado de la tela, le bajó los tirantes y su mano libre le giró la cara para volver a besarla. Mientras, su mano seguía jugueteando con su pecho y la otra, descendía y se introducía dentro de sus bragas.
Hermione debido a la impresión, gimió y Draco sonrió. Siguió jugueteando con su clítoris hasta que la sintió estremecerse. En ese momento le bajó las bragas y la penetró rápidamente. El chico no paraba de empujar, con estocadas fuertes y profundas. Hermione movió sus caderas, echando su culo hacia arriba para darle más acceso. Draco notó la invitación y descendió su mano para empujar un dedo por su clítoris mientras seguía bombeando con destreza.
Le sacó la mano de su entrepierna y le sujetó las caderas. La chica gimió al notar la pared fría contra sus erectos pezones. Se quiso separar de la pared y Draco le agarró el brazo y subió su mano por la espalda, empujándola contra la pared. Hermione gimió al notar esa posesividad. Le excitó al notar esa rudeza.
Dio los últimos empujes llegando ambos al clímax. Estaba un poco desconcertado de como había actuado. Enfocó la mirada en su brazo y vio como estaba rojo con la marca de sus dedos. Se sintió asqueado por haberla tratado de esa manera.
Cuando acabaron, Draco se subió los pantalones y se fue al baño. Hermione no se quería dar la vuelta y ver la habitación vacía, se sintió sola. Se acomodó el camisón y recogió la bata que estaba a sus pies, se la puso y se fue a su habitación. No pudo evitar que le cayera una lágrima. Aunque le había gustado el sexo, se sentía vacía. Había esperado algo más de Draco. Aunque sabía que eso era cosa de su imaginación. Ella estaba empezando a sentir cosas por el chico y quería que él las sintiera. Pero él seguía siendo el de siempre. Jamás la trataría con el afecto que ella anhelaba. Debía detener sus sentimientos antes de salir con el corazón roto.
Al día siguiente era sábado. Hermione no salió de su habitación y Draco de su despacho. Draco seguía algo molesto porque la chica no confiara en él y ella porque no fuese el príncipe de sus sueños.
Después de su cena, Draco abrió la puerta del cuarto de la chica. Hermione estaba en su cama leyendo un libro. Se molestó que el rubio abriera la puerta sin llamar porque estaba con el pelo hecho una selva, llevaba una camiseta de propaganda y el pantalón del pijama. No había nada en ella que fuera sexy. En cambio, Draco iba impecable con su pantalón de pinzas y su camisa blanca.
-Esta noche quiero cenar contigo- le dijo suavemente.
- ¿A qué hora?
-Te espero en dos horas. ¿Te dará tiempo a cambiarte? - preguntó serio. Aunque por dentro estaba disfrutando de la vergüenza de la chica.
Hermione se sonrojó intensamente.
-Sí- dijo en bajito.
Draco salió de la habitación con una sonrisa. Disfrutaba hacerla rabiar.
En cuanto el chico salió de la habitación, ella corrió a darse una ducha. Se aplicó varios productos capilares. Mientras, se exfolió el cuerpo. Cuando acabó, se aplicó un aceite muy nutritivo que tenía un olor muy sensual.
Envuelta en un albornoz, se acercó a su armario. Ahí le surgió una gran duda existencial, ¿Qué me pongo? Miro toda la ropa que tenía y pensó que prefería volver a repetir los EXTASIS. Sin saber muy bien que ponerse, se decantó por un vestido largo, azul marino, tenía un bonito escote, nada exagerado, pero que prometía. Era ligeramente más corto por delante que por detrás y dejaba a la vista sus zapatos y por detrás llegaba al suelo. Suspiró al pensar en que ahora tenía que elegir unos zapatos. Al final cogió unas sandalias de tiras finas. El maquillaje lo tenía claro, resaltar sus ojos con un buen rímel y para los labios un tono marrón rojizo. El pelo lo dejó suelto con ligeras ondas. Decidió no ponerse ninguna joya.
Cuando estuvo lista, bajó al comedor. Al pasar por uno de los salones, vio luz y se asomó.
Draco sonrió ligeramente al verla. Se levantó y con una mano le indicó que saliera antes que él, le colocó la mano en la cintura. Draco le apartó la silla para que se sentara.
- ¿A qué se debe tanta amabilidad? –preguntó Hermione.
- ¿Conoces la caballerosidad?
- ¿Y tú? – le pinchó.
- ¿No la has visto? –elevó una ceja.
-No me ha quedado claro, creo que era más un espasmo. ¿No crees? - preguntó Hermione divertida.
Draco chasqueó los dedos y ante ellos apareció una mesa perfectamente decorada con un bonito centro en el medio de la mesa.
- ¿Te parece un espasmo? –preguntó el chico con ganas de guerra.
- Depende de cuanto te dure.
- ¿A mí? Pero si eres tú la bipolar- le replicó el rubio indignado.
- ¿Yo? Pero si soy transparente.
-De transparente nada, sino me dirías que cojones te pasaba estos días. No me intentes engañar con lo de tus amigos.
-Está bien. Sé que yo para ti solo soy un trato, que en cuanto acabe este curso, tú te irás por tu lado y no mirarás atrás. Pero yo… - se quedó callada pensando en como explicarlo.
- ¿Tú qué? – preguntó ansioso.
-Te estoy cogiendo cariño y no quiero hacerme ilusiones. Sé que no somos amigos, ni nunca lo seremos. Por eso no quiero acostumbrarme a ti y ver que un día tú dejarás de estar ahí.
-Granger, voy a ser sincero contigo. Sé que te has dado cuenta que todo el mundo se ha apartado de mí, incluso mi familia. Para mí tu compañía es algo más que un trato. Para que te hagas una idea, quiero darte algo.
Draco se levantó de su asiento y se acercó a la chica y le entregó una cajita que tenía en la chaqueta. Hermione lo miró sorprendida y enternecida por el gesto de comprarle algo. Abrió la caja y vio unas llaves.
- ¿Son de la mansión? - preguntó sin saber.
- ¿En serio no reconoces las llaves de tu casa? – preguntó con sorna.
Hermione levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Al no ver rastro de burla o mofa, se lanzó a sus brazos. Emocionada por lo que significaba, se echó a llorar.
-Pensé que te gustaría tu regalo de cumpleaños- Hermione sollozó más fuerte- pero si quieres te compro otra casa.
-Tonto- dijo Hermione todavía agarrada a su cuello.
-Granger, no se dice tonto, sino GRACIAS. Repite conmigo.
Lo agarró de la cara y a escasos centímetros le dijo la palabra que quería el rubio.
- ¿Cómo la conseguiste? - le preguntó con una gran sonrisa mientras se secaba las lágrimas.
-Como tú dijiste, soy Draco Malfoy.
-Boh- Hermione se sonrojó.
-Vamos a cenar y mientras te lo explico.
Mientras comían, le habló que disfrutó por partida doble pujar por su casa. Cuando estaba a punto de comprarla, Zabini mostró su interés real. Hasta ese momento lo trató como una compra más, como si no tuviera curiosidad por esa casa. Aunque pagó mucho más de su valor, disfrutó con ganarle a ese presumido. También le contó que recuperó casi todos los muebles.
-Muchas gracias- dijo la chica sinceramente.
El chico sonrió de lado, disfrutando de la alegría de la chica.
- ¿La has visto por dentro? –le preguntó la chica.
-No-dijo secamente sorprendido por la pregunta.
-Un día podíamos ir a verla.
-Claro. Si necesitas algún mueble o algo para la casa, pídemelo.
-Creo que la casa es más que suficiente- dijo la chica radiante de felicidad.
-No. Ahora somos amigos. Los amigos se hacen favores.
-Malfoy, una cosa es un favor y otra que te acabe con la fortuna.
Draco la miró de lado.
- ¿En serio crees que puedes acabar con mi fortuna? ¿Tan pobre me ves? –preguntó divertido.
-En realidad, no sé cuanto dinero tienes- confesó roja por la vergüenza.
-Eres la persona menos interesada que conozco- dijo sorprendido porque pensara que podía acabar con su fortuna.
Cuando acabaron de cenar, decidieron ir al salón pequeño. Se sirvieron algo de beber y se sentaron juntos en el sofá.
- ¿Quieres que me vaya de tu casa? –preguntó Hermione mientras daba vueltas a su té.
-No- dijo sinceramente- es solo un regalo. Quiero seguir con nuestro trato y te quedes.
Hermione tenía sentimientos encontrados. Le gustaba que la quisiera en su casa, el problema era que desconfiaba de la naturaleza. No acaba de saber si solo la quería por el trato o quería algo más. Le había dicho que la quería por su amistad, pero Hermione sabía que jamás serían amigos como ella lo era de Harry o Ron. Todavía desconfiaba de sus intenciones, no quería pensar que solo la quería para el sexo o porque no tenía a nadie. No quería que la considerara como si fuera su mascota. Un dulce perrito que viviría por y para él. En el fondo de su corazón deseaba que le dijese que se quedase por ella, porque la quería porque la deseaba como a ninguna, que era su todo. Odiaba ser tan romántica.
Se acercó al chico y lo besó suavemente. Él le apartó el pelo poniéndolo detrás de su oreja. La miró con mucho cariño. Le devolvió el beso y jugueteó con su labio. Se separó y la miró a los ojos. Ambos querían decirse tantas cosas que las palabras no eran suficientes. Esa noche había cambiado la vida de ambos, se habían dado de cuenta de lo mucho que significaban el uno para el otro.
Le tomó la mano, le dio un beso en el dorso y empezó a acariciarle el brazo con sus dedos hasta a su nuca. Le sujetó el cuello suavemente mientras se acercaba para morderle el labio. Hermione gimió y él introdujo su lengua. La chica notó como empezaba a subir la temperatura y como sus pezones se empezaban a poner duros. Su habilidad con la lengua era realmente buena.
-Malfoy…- susurró Hermione.
-Todavía no tienes suficiente confianza para Draco.
Hermione sonrió.
-Todavía creo que no- él arqueó una ceja.
-Te voy a llevar a la cama, ya verás como notas la confianza.
Hermione sonrió por la confianza que demostraba.
La cogió en brazos como a una princesa. La castaña posó uno de sus brazos en su hombro y con su otra mano, le acarició la cara. El chico le sonrió elevando una de sus comisuras, con una sonrisa de esas que te desarman, que te revolucionan las hormonas. Esa seguridad le recordaba un poco al anterior Draco, pero mejorado. En resumen, era un hombre de pies a la cabeza que derrochaba masculinidad por cada poro.
La dejó en el suelo delicadamente y se situó a su espalda. La agarró por la cintura y le comenzó a besar su cuello. Le bajó la cremallera del vestido y le deslizó los tirantes. Le siguió dando besos hasta llegar a sus labios.
Ahora era el turno de la chica. Comenzó a sacarle la chaqueta, para seguir sacando los botones uno a uno. Lo hizo lentamente, tomándose su tiempo mientras lo miraba a los ojos. Le sacó los gemelos y le retiró la camisa. Llevó las manos a su cinturón mientras él le daba pequeños besos.
Se movieron hacia la cama, donde ella se tumbó encima de él.
-¿No querías que te convenciera?
-Tienes miedo a que te convenza yo de que me llames Hermione.
-De eso no hace falta, pero no me voy a quejar… Hermione- dijo mientras situaba sus brazos sobre su cabeza.
Se sentó sobre su regazo. Acarició sus abdominales y comenzó a besar uno de sus pezones. Draco comenzó a menear sus caderas contra la chica, quien rápidamente notó algo duro. El rubio nunca fue muy paciente y no iba a empezar ahora. Le agarró las caderas y comenzó a frotarse con más fuerza.
-O te sacas las bragas o te las arranco- le amenazó.
-Ya veremos.
- ¿Quieres jugar?
La cogió de la cintura e invirtió los papeles. Ahora era el turno de él de acariciar su barriga y jugar con sus pezones. Hermione soltó un gemido y comenzó a arquear su espalda mientras disfrutabas de la habilidad del rubio.
Le sacó la última prenda que le quedaba e hizo lo mismo con la suya para volver a situarse sobre ella. Con un dedo empezó a estimular su clítoris, al ver como su respiración se volvía más pesada y errática, introdujo un dedo en su interior. Paró y acercó su pene a su entrada, notó que estaba muy húmeda. La movió arriba y abajo desde su clítoris hasta su entrada.
-Por favor…
-Di mi nombre- le pidió el chico.
-Draco, no me tortures.
Le subió las piernas sobre sus hombros y la penetró ágilmente, con estocadas profundas y lentas. Le agarró la cadera fuertemente y se introdujo lenta pero profundamente. Hermione se estaba volviendo loca de placer. En un momento, le bajó las piernas y la tumbó de espaldas. Esta vez eran estocadas rápidas e intensas. Ambos llegaron rápidamente al clímax.
-Feliz cumpleaños Hermione.
-Gracias, Draco- dijo divertida.
