Anna sintió el aire quedar atrapado en su garganta cuando su novia se alejó de Pabbie, notando la pequeña nevada sobre ella. Elsa se había cruzado de brazos y su mirada se mantuvo fija en el suelo mientras avanzaba hacia donde estaba su pareja, la cual no tardó en volver a guardar la espada y sonreírle en cuanto sintió que la albina había levantado la mirada.

– Elsa, ¿Estas bien? ¿Quieres hablar? ¿Puedo…? – sus palabras se fueron haciendo más leves en cuanto vio a la ojizarca pasar a su lado, ignorándola por completo. – Y vas a ignorarme, si, esta bien, no importa.

Alzo sus hombros, mostrándose indiferente ante la situación, aunque en el fondo se sentía más que dolida por la manera de actuar de Elsa. Suspiro, observando a los trolls antes de darse la vuelta y tratar de alcanzar a su novia, la cual parecía estar demasiado molesta con el mundo que no notó el árbol frente a ella. Elsa maldijo apoyando su fría mano sobre su frente mientras Anna se mordía el labio intentando no reírse.

– ¿Estás bien, mi amor? – preguntó Anna sujetándola de los hombros, pero Elsa se separó bruscamente de la historiadora. – Elsa.

– Estoy bien, gracias. – siseó alejándose de ella.

Anna volvió a suspirar, cubriéndose el rostro para dejar escapar un grito de frustración. Decidió darle espacio y tiempo a Elsa, sobre todo porque sabia que sería peligroso viajar en motocicleta con la molesta reina del hielo. Dio un último vistazo a su novia, al menos estaba sentada y solo causó una pequeña nevada sobre ella y no sobre todo el valle… o ciudad. Deseaba tanto ir hasta ella y abrazarla, pero no sabia lo que podría sucederle si lo hacía, además era mejor que la albina tuviera un momento a solas para poder procesar todo lo que Pabbie le dijo… si es que le dijo algo sobre su pasado.

Anna permitió que los pequeños trolls la rodearan, invitándola a seguirlos hacia el valle y no se negó, quizás podía hacer algo de tiempo en lo que Elsa enfriaba su cabeza. Hizo un mohín con sus labios al ver lo alegres que estaban todos por el regreso de Grand Pabbie, incluso muchos agradecieron a la historiadora por encontrarlo tras haber descifrado aquel pergamino, haciéndola sonreír levemente. Su ánimo, por más que lo negara, se encontraba en el suelo.

Se sentó sobre un viejo tronco, aceptando los pequeños collares que le estaban entregando, además de otros objetos trolls que muchos pagarían fortunas para tener. La pelirroja agradeció en un susurro, descolgando la espada de su cintura y dejándola a un lado suyo como los demás obsequios. Levantó sus piernas y las abrazó, realmente le afecto la inferencia de Elsa, demasiado hasta el punto de desanimarla. Y era obvio, primer noviazgo y primera pelea, Anna no estaba segura de como reaccionar ni como sentirse al respecto.

– Anna, ¿Podemos hablar un momento?

Casi de inmediato Anna se levantó y volteó para ver a Grand Pabbie frente a ella, asintió tomando la espada y lo siguió. Quería preguntar que le había dicho a Elsa para dejarla de esa forma, tan molesta y desanimada que contagio a Anna.

– Anna, quiero que me prometas algo… Cuídala de él, por favor. Esta cerca y no descansará hasta deshacerse de ella, solo espera el momento indicado para atacar. – explicó el viejo troll con preocupación. – La magia de Elsa servirá, pero no del todo. En cambio, Joan será suficiente para acabarlo, no permitas que caiga en sus manos, no podrás imaginar lo que eso implicaría. Prométeme, Anna, que harás lo necesario y evitarás que Arendelle y Elsa caigan.

La pelirroja relamió sus labios, procesando sus palabras. Estaba segura de que Pabbie iba en serio, quizás aquello le había dicho a Elsa y por eso su reacción, pero prefirió no darle tanta vuelta al asunto y fijarse en la espada que yacía en su cintura, un suspiro escapo de sus labios encerrando la empuñadura en su mano.

– No dejaré que nada malo le pase, lo prometo. – hablo con firmeza.

– Bien… Será bueno que regresen, el bosque es un lugar peligroso cuando esta oscuro y no desearía que algo le pasara a una de ustedes.

Anna asintió, levantándose para tomar sus cosas y acercarse a su novia. Elsa parecía haberse calmado, dibujaba patrones sin sentido en el suelo, la nevada desapareció por la escarcha a su alrededor no, y Anna debió avanzar con cuidado hacia ella. Con miedo a causar un invierno, tocó su hombro y la albina volteó a verla.

– ¿Els? Ya nos vamos. – susurró ayudándola a levantarse.

Pero el orgullo de Elsa y su mal humor no se habían ido, por lo que se separó de Anna y avanzó sola hasta el vehículo, gruñó cuando tomó el casco y trató de abrocharlo, pero solo consiguió congelar el broche. Anna se detuvo al verla arrojarlo y dando un grito de molestia. De algo estaba segura y es que no la soportaría demasiado tiempo si seguía con esa actitud, porque Anna podía aceptar muchas cosas de Elsa, pero no ser tratada como menos. Tenia orgullo y nadie se lo quitaría.

– Okay su alteza, permítame ayudarla. – bromeo tomando el otro casto para colocárselo y abrocharlo sin problema. – ¿Lo ves? Ya está, no tienes que encapricharte por no poder abrochar un casco, ahora descongela el otro para que pueda ponérmelo y devolvérselo a Kristoff en buen estado.

Elsa hizo un movimiento de manos y Anna le agradeció con total sarcasmo mientras levantaba el casco y se lo colocaba. Subió e intentó ayudar a Elsa a subir, pero esta quitó sus manos y se subió por su cuenta, abrazando la cintura de Anna sin dirigirle la palabra o mirada.

El viaje fue tranquilo para suerte de ambas, aunque incómodo. Elsa no hablaba y Anna intentaba sacarle, por lo menos, una sonrisa. Pero nada servía. Cuando la historiadora apagó el motor y coloco el caballete lateral, Elsa bajó sin quitarse el casco. Se agachó para sacar la llave de debajo del tapete y entró cerrando la puerta de un portazo. Anna apenas y había logrado quitarse el casco cuando todo eso paso.

– Solo dale su espacio, Anna, ella pronto vendrá a disculparse por su comportamiento… Solo tienes que ser paciente. – hablo para si misma tras quitarse el casco.

Dejó las llaves en el lugar correspondiente, viendo el casco en el suelo, el cual levantó y dejó sobre la mesa que estaba en la cocina. Lo que nunca vio fue el rastro de escharcha en el suelo, aquello que provocó que resbalará y cayera sobre su trasero. Se quejó mientras gritaba el nombre de Elsa más algunos insultos hacia la albina. Cuando pudo levantarse, la buscó por toda la casa, hasta que la encontró en su habitación observando la ventana.

Sintió el frio invadiendo todo el espacio, sobre todo el vapor que se formo cuando Anna suspiro. Suficiente, no soportaría otro capricho por parte de su novia, menos que la tratada de aquella manera. Levantó las mangas de su jersey hasta sus codos y se deshizo de las trenzas que había decidido usar. Se acabó la dulce y tierna Anna, ahora sería firma y le pondría los puntos a esa actitud por parte de la albina, podía dejarle pasar una cosa, pero no más.

– Elsa, debemos hablar y no quiero que me interrumpas hasta que termine. ¿De acuerdo? De acuerdo. – chasqueó sus dedos y se sentó en la cama, observando como su novia no se había inmutado. –Mira, te amo y entiendo que lo que te haya dicho Pabbie debió ser bastante difícil de procesar, pero no por eso puedes actuar como lo hiciste. Me ignoraste, te comparaste como una maldita idiota y no pienso… ¿Elsa me estas escuchando? ¡Mierda, mírame cuando te hablo! ¡Elsa no pienso…!

Se tragó sus palabras cuando la vio voltear y verla tan vulnerable, se abrazaba a si misma como si estuviera buscando la calidez de un abrazo. Su pequeña nariz estaba roja como sus mejillas y sus ojos, los cuales no habían logrado contener las lágrimas. Elsa hipó y eso fue suficiente para romper el corazón de Anna.

– Els… Y-yo lo siento, no…

– So-solo abrázame, Anna, por favor. – rogó Elsa, acercándose hasta ponerse sobre Anna y recargar su cabeza en el hombro ajeno, intentando controlar el molesto hipo y los espasmos que el llanto le estaba causando.

Sin pensarlo, la historiadora rodeó su cintura y beso su cabeza. La culpabilidad por gritarle invadió el cuerpo de Anna, mordiéndose el labio y mirando hacia otro lado, aún sentía la respiración errática de Elsa, intentando evitar volver a llorar, aunque era imposible.

– ¿Sabes? Mamá a veces me cantaba una pequeña canción para dormir, ¿Quieres oírla, Els?

Sintió como su novia asentía, pero debió separarse cuando Anna se levantó. Ambas se acomodaron en la cama, la pelirroja apoyándose en la cabecera dejado que su novia se recostara en su pecho. La mano derecha de Anna se enredo en los albinos cabellos de la ex – monarca de Arendelle, siendo un movimiento lento y suave.

Where the north wind meets the sea… There's a river full of memory – comenzó en un sabe susurró la historiadora, llevando su dedo meñique al rostro de su novia. – Sleep, my darling, safe and sound… For in this river all is found… – acarició suavemente el entrecejo y puente de la nariz de Elsa mientras seguía cantando. – All is found… When all is lost, all is found… – se detuvo al sentir su tranquilo respirar, se había dormido y eso causo que una pequeña sonrisa se formara en su rostro. – Descansa Els, lo necesitas.

La luna se cernía sobre Arendelle, permitiendo que su luz ingresará por la ventana de aquella antigua casa que alojaba a dos chicas. Elsa sentía el tranquilo respirar de su novia, ignorando los pequeños ronquidos de la misma, se acomodó lo mejor que pudo sin despertarla. Su brazo se aferró a su cintura y entrelazó sus piernas. Y todo ese movimiento fue suficiente para que Anna abriera los ojos.

– ¿Qué hora es?

– No sé, sólo quédate quieta. – pidió la albina aferrándose más a su novia y el calor corporal que desprendía.

Anna murmuró algo que Elsa no comprendió, pero no fue necesario hacerlo, se había levantado y colocado sobre ella con una pequeña sonrisa en sus labios. Apenas intentó sacarla, la pelirroja tomó sus muñecas y las colocó sobre su cabeza, impidiéndole moverse.

– Quizás no me lo dirás, pero no pierdo nada preguntándolo… ¿Qué te dijo Pabbie para que te pusieras así, Elsa? Así no eres tú, y lo que te haya dicho, debió ser importante.

Elsa mordió su labio, pidiendo con su mirada ser liberada para poder hablar, y es que tener a Anna sobre ella no era nada bueno… menos por el fuerte recuerdo de cuando ambas consumieron su amor por primera vez, lo cual hizo que un golpe de calor llegará a su rostro. Anna se sentó en su regazo y sonrió divertida al verla, sobre todo al ver a Elsa cubrir su rostro.

– A-anna…

– ¿Vas a decírmelo ahora o…?

Elsa logró levantarse, colocando una mano sobre la espada baja de Anna y otra detrás de ella como un soporte. Sorprendida por eso, la historiadora sintió sus orejas arder de vergüenza y sintiendo pequeña bajó la penetrante mirada azul de su novia, la cual la hizo tragar pesado antes de alejarse como si le quemara su tacto.

– ¡Anna, cuidado con…! – intentó advertirle, pero fue tarde para su novia. Sus pies se habían enredado en las sabanas y pudo sentir el suelo contra su rostro. – … tus pies… Mi amor, ¿Estás bien? – preguntó riendo.

La pelirroja se levantó y arrojó las sabanas para volver a la cama, sentándose a un lado de Elsa, la cual comenzó a jugar con sus manos y morder su labio. Buscaba encontrar las palabras adecuadas para explicarse, sin sentir esa opresión en el pecho ni causar que nevara dentro de la habitación. Inhaló profundo, llenando sus pulmones y sintiendo como su pecho subía antes de poder soltarlo todo. Su pasado, lo que pasó, todo lo que Pabbie le había dicho estaba por revelárselo a Anna.

– Fue Hansel… él causó todo, hui por mi hermana y él vio aquello como una oportunidad para conseguir el poder, la espada le pertenecía…

– No me digas que le pertenecía a uno de mis antepasados porque sería genial, créeme que estaré feliz si… Y tu rostro me dice que no, que no tengo relación alguna… Pu-puede seguir…

– Gracias, Annie. – sonrió besando su mejilla. – Cómo decía, él la tomó… Joan es especial, ¿Sabes? Pabbie me dijo que te escogió por tu alma, Anna, eres la persona más pura de todas y por eso pudiste despertarme… Pero me estoy desviando, lo que quiero decir es que…

– Sh, sh… ¿Escuchaste eso? – interrumpió la pelirroja levantándose de la cama para acercarse a la puerta.

Elsa suspiró con pesadez, dejándose caer en la cama. Estaba por contarle todo a Anna, incluso que el mismo Pabbie se había llevado sus recuerdos de aquel día para protegerla y que se los daría apenas despertará, aunque prefirió contarle todo antes de devolvérselos… cosa que no hizo por la reacción que tuvo.

– Anna, de seguro son Olaf y Marsh persiguiendo a Bruni.

– Els… – murmuró la pelirroja causando que esta se levantará. – Nunca fuimos a buscarlos.

Y eso la obligó a levantarse de la cama. Anna estuvo a punto de tomar a Joan, pero el estruendo de la puerta partiéndose en dos la hizo retroceder.

Dos hombres se encontraban allí, ambos pelirrojos. Uno con patillas y otro con un parche, doblando el tamaño de ambas chicas. Anna se colocó delante de la albina, desenfundando a Joan para atacarlos, pero fue en vano. Sideburns dio un fuerte golpe en su estómago antes de tomarla de cuello y arrojarla contra la pared, Anna se quejó y Elsa gritó su nombre con terror.

– ¡Anna!

Elsa corrió para sujetarla, no supo donde había quedado la espada, pero ahora su única prioridad era Anna, la cual no tardo en quejarse. Pudo ver un pequeño hilo de sangre salir de su labio y eso sólo causó una gran colera en la albina, vio al otro acercarse y no dudó en lanzarle un rayo de hielo.

– ¡NO SE ACERQUEN! – gritó lanzando otro rayo, pudo verlos compartir una mirada y sonreírle con diversión. – ¡SE LOS ADVIERTO! ¡NO DUDARÉ EN LASTIMARLOS!

– No tenemos tiempo para esto Patchy, debemos llevarnos a la pelirroja

El sujeto con el parche avanzo lentamente hacia ambas chicas, los rayos de Elsa no lo detuvieron, incluso tomo varios con uno de sus brazos hasta que quedo congelado, y eso lo hizo reír.

– Será mejor que no te entrometas, majestad… Él nos prometió una enorme recompensa si cumplíamos nuestra parte y pensamos hacerlo.

– ¡No permitiré que te la…!

No pudo terminar la frase porque con el mismo brazo congelado, Patchy golpeo con tal fuerza el rostro de la monarca que la dejo aturdida en el suelo luego sacudió su extremidad dejándola libre de la prisión de hielo.

Se acercó a la pelirroja, arrancándosela a Elsa de los brazos. La sujetó del cuello del jersey y arrastró como si fuera un saco de harina.

– ¡SI DAS UN PASO MÁs, LO MATARE! ¡LO JURO! – las palabras provenían de la monarca atrás de él, quien sostenía ambos brazos formando una lanza de hielo la cual estaba direccionada directo al pecho del otro pelirrojo. – ¡SUELTALA AHORA! MIERDA, ¡SUELTALA!

– Uh… esa boquita, no es propio de una dama – se burló antes de un tirón levantar a la chica ya inconsciente y tomarla por la cintura, giro su cabeza para mirar a la albina que aun parecía que estaba en una especie de shock al ver tanta violencia contra la persona que más amaba.

Luego de eso, salió de su habitación dejando a su hermano con la albina y su lanza de hielo.

– Vas a decirle a…

– Si tanto la quieres, ve por ella… Sabrás donde es.

Justo cuando se volteó, Elsa decidió arrojar la lanza de hielo que se clavó en la pared. Escuchó las burlas de los invasores antes de oír como cerraban la puerta. Sin más, cayó al suelo de rodillas, temblando de impotencia, las lágrimas no tardaron en aparecer y mojar su ropa. Sus manos con rastros de escarcha y la lanza de hielo que no tardo en deshacerse.

Se arrastró hasta alcanzar la espada y observar su hoja, la escritura en lenguas antiguas llamó su atención y le dio la fuerza necesaria para poder levantarse, guardando el arma en su estuche y dejándolo sobre la cama. Se quitó la ropa, quedando solo con la ropa interior. Un movimiento de manos y un nuevo traje se colocó sobre ella. Pantalones ceñidos al cuerpo y una especie de blusa que se acomoda a su silueta, se colocó un sacó junto a un cinturón antes de poder colgar la espada y ponerse unas botas. Sujetó su cabello antes de salir de la casa.

Estaba decidida a recuperar a Anna, costara lo que costara.