Capítulo XXIV


Después de todas esas salidas, que sin darse cuenta se fueron convirtiendo en citas. Dudle aceptó la invitación al departamento de Fred y claro que este le aseguró que su gemelo no estaba ni estaría ahí; hasta después de dos días. Porque acompañó a Charly a Rumania a darse de baja en su trabajo.

Y el muggle no pudo seguir engañándose, Fred le atraía muchísimo y lo comprobó al sentir como su temperatura subió unos grados al sentirse a solas con el pelirrojo.

La velada siguió con algunas copas de vino y una muy amena conversación salpicada de coqueteos. Los besos llegaron ya iniciada la noche y Dudle sintió como lo recostaran en el sillón y por inercia o memoria biológica; dejó que sus piernas se resbalaran más abiertas, hasta que el respaldo del sillón le impidió abrirlas más. La curva de su columna vertebral profundizándose, inclinando sus caderas hacia arriba. Oyó a su novio jurar, y luego estaba siendo, atrapado dentro de los brazos de Fred presionado contra el pecho de este.

Fred lo dejó por un momento, pero la lujuria en esa mirada azul auguró buenas cosas.

La ropa fue retirada de ambos cuerpos y Dudle fue agarrado y colocado sobre sus rodillas; sintió los besos sobre su espalda y gimió.

Shhh–. La mano del pelirrojo acarició de nuevo a lo largo de su columna vertebral, sobre la curva de su trasero y hasta sus muslos. –Espera un minuto, por favor...

El sillón se hundió por el peso del cuerpo de su amante, y luego unas piernas se presionaron contra las suyas propias, unas manos cerrándose alrededor de sus caderas, y Dudle se sacudió de nuevo contra la dura longitud que pudo sentir contra su muslo, gimiendo cuando se deslizó entre sus nalgas y la cabeza de esta quedó atrapada contra su entrada, donde ya estaba resbaladizo; por un hechizo que segundos antes aplicó el pelirrojo.

Entonces Fred insertó un digito que casi hizo venir al muggle, más resistió hasta el tercer dedo y lloró necesitado al momento en que estos lo dejaron, antes de que el Weasley empujara hacia adentro y los dedos de Dudle arañaron el sillón. El estiramiento dolió, un poco, abriéndolo ampliamente en donde nunca había sido tocado. Y luego ya no dolió, porque estaba siendo llenado, finalmente.

Fred retrocedía hasta que sólo la cabeza quedaba dentro de él y luego volvió a empujar dentro, con fuerza suficiente para hacer que Dudle arqueara la columna y su aliento quedara atrapado.

Otro empuje, y otro, y de alguna manera Dudle necesitaba más, necesitaba... todo.

Su amante estaba maldiciendo, bajito y fervientemente contra su oreja, tomándolo más duro, más profundo. El muggle no podía pensar en otra cosa salvo en lo que sentía, no conocía nada además del calor del cuerpo sobre el suyo y la promesa de que ya no estaría solo.

Una boca casi fría se apretó, contra su piel afiebrada, paseó sobre la base de su cuello, los labios y la lengua, y los dientes torturando la piel. El siguiente embiste acarició un lugar, que hizo que fuego bañara la columna vertebral dl muggle y se olvidara de cómo hablar.

Fred se corrió dentro de Dudle, caliente y profundo, y este se corrió gritando, arqueando la columna vertebral y con los muslos temblando.

Las rodillas del rubio, se deslizaron cuando Dudle repentinamente quedó inerte, y sólo el brazo de Fred envuelto alrededor suyo lo sostuvo, manteniéndolo estable. La otra mano le acarició el cabello, los dedos enredándose en estos.

Espero que Harry no me quiera cruciar. –susurró amodorrado Fred.

...

Dudle no respondió, ya dormitaba.

Esa fue su primera vez, sin embargo Dudle notó que igual que la comida, Fred resulto siendo su vicio, más a este no lo dejaría. Y por eso... se hallaba en esa situación y viendo como su primo político y los otros sospechaban algo inverosímil ¿o no?

000

De un tiempo para esa fecha; Isley no estaba muy entusiasmado en la cacería o en cualquier cosa. No obstante hizo todo lo posible porque ninguno de su grupo lo notara. No debía parecer débil ante nadie; ya una vez tuvo que combatir con Rigardo por ese motivo. No obstante la melancolía no lo dejaba, no desde esa ocasión en el Callejón Diagon.

000

Sirius Dejó el muñeco con el que jugaba con Irene y Teresa; y comentó en dirección de Dudle:

–Entonces Fred tenía razón y si tienes algo de magia en ti.

–Bueno es sobrino de Lily Potter, después de todo. –opinó Severus.

–Y posiblemente posea la suerte de Harry. –dijo socarrón, Draco.

Dudle se encogió de hombros y respondió:

–No es algo que sea seguro. Fue solo una pregunta.

Los presentes vieron con sospecha al chico; más lo dejaron estar. Allá que Fred lidiara con él y posiblemente sus reclamos. No obstante confiaban en que el muggle había cambiado mucho en esos meses y ya no era un estrecho de mente y tampoco tenía mal carácter. Draco incluso notó que era un poco lento tierno en cuestiones amorosas, como lo era el mismo Harry.

Nott se levantó con algo de trabajo e informó:

–Ya no puedo esperar más. Hermione ya se tardó y debemos actualizar los datos de las gemelas.

Draco suspiró y acotó:

–Recuerda que ella tiene un par de semanas más de gestación que tú; no le pidas velocidad en ningún caso y sobre mis hijas... No sé qué datos, eso de aventarles la varita a las mascotas de mi padre no es un gran avance.

Remus estuvo de acuerdo e incluso dijo:

–O babearlas hasta hartarse.

Nott rodó los ojos y estaba por explicar; cuando se escucharon unos pasos. Era Hermione seguida por Ron, guiados por Nulo.

–Lo siento, lo siento. Se me hizo un poco tarde.

Hermione saludó con un movimiento de mano a los presentes y se unió a Nott.

Ambos caminaron rumbo a jardín y Draco se cubrió la boca. Severus lo vio y negó; diciéndole:

–¿De qué te ríes?

–De ese par de científicos caminando como patos...

Severus sonrió de lado y respondió:

–Ahora que ellos van a tener uno, imagínate tú que eran dos.

–¡Severus! –exclamó el rubio.

Ron ya estaba sentado o mejor sería decir despatarrado en un sillón, siendo atendido por en elfo que le llevó té y bocadillos; sabedores por Harry de que el pelirrojo era de buen comer.

–La verdad Herm si camina gracioso y más cuando intenta ir rápido a algún lugar. Hubieran visto ahora que no encontraba uno de sus pergaminos. –El pelirrojo vio como los otros sonreían y siguió comiendo, antes de agregar.– Pero no le digan que les dije.

Ya de las sospechas con la familia de Harry no quedaba nada y Ron, disfrutaba de esas visitas de su pareja a la Mansión o a la de su cuñado Theodoro.

–Ron, ¿Fred está en tu casa? –preguntó Dudle.

El pelirrojo negó:

–No. George y él, iban a la tienda un rato a trabajar y ver que su departamento... ¿o dijeron departamentos? Bueno, en la parte de arriba ya estén listo.

Dudle asintió y algo sonrojado se levantó y pidió a Draco.

–Puedo llevarme a Pinky, quiero ir a la tienda.

El rubio sonrió como gato de Cheshire y afirmó:

–Sabes que no debes pedir permiso. Solo ve y si es mejor para ti, lleva al cualquiera de los elfos, menos Tiny.

–Gracias. Si, Tiny es raro que deje la mansión. –comentó Dudle con un dejo de curiosidad.

Remus respondió a eso:

–Eso es porque, Tiny es ele elfo mayordomo, el que tiene a su cargo a todos los demás. Y el que posee mayor poder mágico entre ellos.

–Ya veo.

Dijo el muggle y se despidió de los magos y brujitas, aunque Clare ya deseaba irse de paseo con él.

Cuando Dudle salió, Clare estaba por llorar porque su tío no la llevó con él y Draco la calmó:

–Tranquila, que a lo mejor tu tío te da un primito o primita para que juegues con ellos.

El grupo se rió complice.

000

Gringotts seguía laborando como siempre y las Claymore seguían patrullando el lugar, a pesar de la molestia de muchos magos y brujas, que no era el caso de Harry y Lucius, que por el contrario eran educados con estas y se sentían más seguros en su presencia.

Ya habían sido tres los yōmas que intentaron burlar esa vigilancia, desde el incidente del Callejón y no hubo ninguno que lo lograra, por lo que en opinión del par de magos, los inconformes eran unos idiotas.

–Hay que apresurarnos, que deseo ver si mis nietas hacen algo.

–¿Algo más que golpear a sus mascotas? –se burló Harry.

El rubio agitó la mano, mientras seguía caminando.

–Ya verás que un buen día, nos dan la sorpresa.

–Si... bueno.

Cedió el moreno; no le quitaría las ilusiones a su suegro.

000

Hermione se sentó en una de las sillas, que un elfo les llevó al jardín.

–Espero que no lo tomen a mal.

Theo suspiró resignado y respondió:

–Igualmente deseo eso. Y es que aunque me repitas que no tengo nada que ver. Me sigo sintiendo culpable.

Hermione vio a su amigo y negó:

–Ella fue tu hermana y definitivamente no fuiste tú quien la convirtió en eso.

–Pero fue mi padre.

–Acúsame de crédula, sin embargo considero que ni él lo hubiera hecho si hubiera sabido que existía esa posibilidad.

–He pedido tanto que yo pueda hacer algo para contrarrestar todo el daño que Riful deja a su paso...

–¿Pedir?

–Rogué a Merlín, a la magia, a quien me escuchara. Debo parecerte un tonto.

–Por supuesto que no. En ese ataque en el callejón Diagon... yo hice lo mismo. Por eso Theo, sigamos con esta investigación hasta que estos pequeños nos permitan. Aprovechemos que Sirius y Severus por fin nos van a permitir ver las reacciones de Irene.

–Sabes que esta información, les afectara mucho a ellos ¿verdad?

–Pero es mejor que estén informados. Si seguimos muy de cerca el desarrollo de ellas, podemos hallar una solución a esto o... detenerlo.

–¡Eso sería magnífico!

–No perdamos las esperanzas.

El castaño asintió en dirección de la bruja. Nott llamó...

–¡Nulo! –El elfo apareció y el mago pidió– Por favor avísale a Draco y los otros que ya estamos listos.

El elfo obedeció y luego de algunos minutos en que Rose ayudó a los dos científicos con poco movilidad, a acomodar sus pruebas; el grupo de magos salió al jardín.

000

El chico muggle, llegó al callejón acompañado por el elfo y le pidió:

–Vamos Pinky.

–A Sortilegios Weasley, señorito.

Dudle sonrió y algo avergonzado dijo.

–Exactamente, ahí de nuevo.

A Dudle le agradaba ese elfo porque, desde que lo atendían después de su accidente y en su recuperación, cuando ya aceptó ver y convivir con esas criaturas. Este no pareció sigiloso o expectante ante él por ser muggle. Además los ojos grandes y castaños del elfo le recordaban más a los de una persona.

El muggle por primera vez no se sintió ajeno a ese lugar, por primera vez sonrió sin ataduras de nervioso por ser descubierto, a los magos y brujas que pasaban junto a él..., pues si lo que dijeron Draco y los otros era cierto... ya no era solo un muggle.

Su mamá no lo hubiera creído, más estaba seguro de que se hubiera sentido orgullosa, porque se brincó una generación, más la magia no la olvidó. Dudle sintió las lágrimas salir... Petunia si tuvo un hijo mago o un poco mago.

En ese instante ya estaba en la entrada de sortilegios Weasley y la campana de la puerta se escuchó, antes de una voz exclamar:

–¡¿Qué sucedió Dud?!

Era Fred que al ver las lágrimas del chico se asustó. El Weasley miró a Pinky y el elfo no supo responder. Por lo que Dudle trató de controlarse y responder.

–Creo que... tenías razón y... si tengo algo... de mágico.

–...

No comprendió el gemelo.

–Aún me faltan hacer pruebas, que no sé cuales son en este caso, pero... creo que seremos padres.

Fred se quedó estático y pálido unos segundos antes de gritar a viva voz y abrazar a Dudle.

El chico se dejó hacer...

...


Perdón por la tardanza, pero estaba un poco sin inspiración.

Mil gracias a Ana Luisa y a Lunática Drake Dark.