.
AVISO
Candy estaba sentada frente a Anthony y lo miraba con incredulidad. De todas las posibilidades que se le habían pasado por la mente, aquella era la única que no había contemplado.
-¿Dejaréis que me vaya? - preguntó de nuevo.
-Por supuesto. Si me hubieseis dicho desde el principio que los White estaban en Duvengan, como sospechaba, no os habría retenido.
Lo primero que pasó por su mente fue que se podría haber evitado el intento frustrado de huida y las subsiguientes consecuencias. Frunció el ceño al recordar el bochornoso rechazo de Albert pero lo desechó nada más producirse. Ese hombre no merecía ni uno solo de sus pensamientos.
-No lo entiendo. ¿Qué ha cambiado?
-Digamos que eso demuestra que Aidan no envió a su hija con los MacLean para impedir nuestro compromiso. Así que ya no me veré obligado a desafiarlo. Y por lo tanto, ya no os necesito.
-¿Para qué podríais haberme necesitado? - sentía verdadera curiosidad.
-Para obligarlo a rendirse, por supuesto.
Candy abrió más los ojos sorprendida. Iniciar una guerra por una mujer ya le resultaba absurdo pero utilizar a otra para ganarla, aquello rozaba la locura. Aunque sabía que guerras como esa ya habían sucedido con anterioridad. Los hombres y su orgullo, pensó.
-¿Qué os hace pensar que mi tío claudicaría por mí?
-¿No lo haría? - la miró, ahora sorprendido él.
Seguramente haría lo imposible por ponerla a salvo, de eso no le cabía la menor duda. Pero dejarse vencer por un MacDonald cuando éste lo ha desafiado abiertamente. Eso ya era otra cosa.
Ella no se rendiría.
-¿Cuándo puedo irme? - ignoró su pregunta, como tantas otras veces había hecho para no responder.
-Tenéis una gran habilidad para cambiar de tema cuando algo no os interesa - rió Anthony.
-¿Y bien? - ignoró su comentario de nuevo.
-Mandaré un mensaje a Dunvegan para que vengan por vos.
-¿Qué? ¿Por qué? Yo debo regresar a Inveraray, no ir a Dunvegan - la sola idea de enfrentarse a su padre la agobiaba, no sabía cómo la recibiría, pero no podía hacer otra cosa.
-Me temo que no os dejaré marchar sin la escolta apropiada. Y está claro que cuatro hombres no son suficientes, habida cuenta de las circunstancias.
-Prestadme algunos de los vuestros.
-No es posible.
-¿Por qué? Portree no está tan lejos. Apenas notaríais su ausencia.
-¿Por qué no quieres que vengan a por ti? ¿Ocultas algo?
Candy se tensó al escuchar la voz de Albert, había logrado olvidarse completamente de su presencia. Se obligó a no mirarlo y a no responder, aunque ganas no le faltaban. Sobre todo para decirle por donde podía meterse sus acusaciones.
-Mis hombres serán más que capaces de escoltarme - le dijo a Anthony - Además, no soy responsabilidad vuestra.
-Desde luego que lo sois, Candy.
-No, no lo soy.
-¿De qué estás huyendo, Candy? - preguntó de nuevo Albert tras ella.
Candy siguió ignorándolo y sintió que se colocaba junto a ella. Le giró la silla bruscamente para que lo mirase a los ojos. Sus enigmáticos ojos celestes.
-Contesta, Candy - le ordenó.
-No tengo intención alguna de hablar contigo - le espetó - Así que deja de preguntar.
-¿Acaso no saben que estás aquí? ¿Es eso? - insistió.
-No es asunto tuyo así que olvídame.
-Como si pudiera - gruñó - Eres la mujer más evasiva que he conocido nunca. Por una vez, haz el favor de contestar a lo que te pregunto.
-Ni en tus sueños - apretó la mandíbula al hablar.
-Tal vez deba dejaros solos - sugirió Anthony - para que solucionéis eso que hay entre vosotros. Sea lo que sea.
Su voz se fue apagando a medida que notaba que ninguno de los dos lo escuchaba. Se estaban midiendo con la mirada y por un momento creyó que acabarían llegando a las manos. O que Albert la cargaría al hombro como otras tantas veces había hecho.
Nunca antes su primo había estado tan hosco como con aquella mujer. De hecho, era el hombre más alegre y bromista que conocía, salvo cuando Candy estaba cerca.
Cada vez que sus caminos se cruzaban, o la provocaba hasta hacerla enfadar o la interrogaba hasta hacerla... enfadar. El resultado era siempre el mismo. Y en cualquiera de los casos, también él acababa de mal humor.
-No será necesario - Candy sí lo había escuchado, al parecer - Yo ya me retiro. Hacedme saber cuando llegarán a recogerme.
Dudó un momento antes de apartar a Albert. No estaba segura de querer tocarlo pero tuvo que hacerlo. Él no parecía querer apartarse. Sintió un cosquilleo en las manos que nunca antes había notado. Y eso que lo había tocado en infinitud de ocasiones para golpearlo cuando la llevaba en volandas.
-¿Puedo entonces hablar con mis hombres? - miró a Anthony en cuanto se hubo levantado de la silla.
-Cuando queráis.
-Gracias.
Se giró y salió de la estancia sin mirar atrás. Ni siquiera se detuvo en cuanto alcanzó la salida. Dirigió sus pasos hasta la parte de la muralla que estaban reforzando, segura de que Vincent y los demás estarían allí.
-Candy - Vincent sonrió aliviado al verla - Benditos los ojos que os ven, muchacha.
-Yo también me alegro de veros - le devolvió la sonrisa - Y traigo buenas noticias.
-Vos diréis.
-Nos vamos de aquí - su sonrisa se amplió al ver sus caras de sorpresa - Vendrán a por nosotros en breve y esta pesadilla acabará al fin.
-Bueno, yo no puedo decir que haya sido tan terrible - confesó él - Nos han tratado bien.
-En ese caso podéis quedaros aquí si lo deseáis - se burló Candy.
-Creo que no - rió él.
Candy se sorprendió de verlos tan bien. Y tan animados. Al parecer Vincent no mentía al decir que su cautiverio no había sido tan terrible. También ella debía admitir que la situación no había sido para nada insoportable. Salvo por cierto hombre del que no quería hablar y que lograba sacar lo peor de ella.
-¿Os han tratado bien? - Vincent la regresó al presente con su pregunta.
-Sí - asintió - Ha sido um cautiverio de lo más extraño.
-¿Habéis estado en algún otro?
-No pero ha de ser horrible.
-Desde luego como este no. Pero ha sido porque dimos con el hijo y no con el padre.
-No entiendo.
-El laird es un hombre más... vehemente que su hijo. De hecho, según tengo entendido, está en contra de la unión con los MacCleod. Cuando supo que vuestra prima había desaparecido, quiso usarlo como excusa para atacar a vuestro tío pero Anthony lo retuvo.
-Y ocultarle que los White estaban aquí seguramente empeoró la situación - aventuró Candy.
-Tal vez la relación entre ellos - negó - pero dudo que lo hayan notado. El laird y su hijo nunca han estado en buenos términos.
-¿Cómo sabéis todo eso?
-Por aquí no hay mucho que hacer - se encogió de hombros - y la gente habla cuando está aburrida.
-Ya veo.
-Será mejor que regreséis al castillo, Candy. Nosotros hemos de seguir con esto.
-Ya no hace falta, no tenéis que obedecerlos más.
-Lo hacemos por voluntad propia. Nadie nos ha obligado.
-Pero yo creía...
-Preferimos colaborar con ellos a permanecer inactivos en una celda.
-Entiendo.
-¿Regresaremos a Inveraray? - preguntó Vincent cuando Candy se disponía a marcharse.
-Depende de quien venga a buscarnos, supongo.
Vincent asintió y ella sopesó las alternativas mientras regresaba al castillo. Quería regresar a Inveraray, a pesar de todos los problemas que la aguardabam allí, porque echaba de menos su hogar. Pero también deseaba ir a Dunvegan porque hacía mucho tiempo que no veía a sus primos y a sus tíos. O podrías quedarte donde estás, oyó decir a su mente de repente. Y aquel pensamiento le afectó más de lo que jamás admitiría.
CONTINUARA
