CAPÍTULO XXVI
OFENSA Y CASTIGO
(Semanas después)
A pesar de que hacía poco había amanecido, los cielos yacían cubiertos por densas y grisáceas nubes que no permitían que el sol con su brillo bañara la alta hierba, ni que con su caricia secara la húmeda arena.
Refugiadas en las altas copas de los arboles, adormiladas las aves yacían echadas sobre sus nidos.
Más allá y dentro de la caverna, profundamente dormida la mujer de cabellos aguamarina yacía envuelta entre las suaves mantas.
Entre abriendo los ojos contemplo la penumbra en la que su hogar se encontraba, además el silencio que dominaba el alrededor la llevaron a pensar que aún faltaba tiempo para que el claro amanecer llegara.
Así pues, la joven giro su cuerpo para quedar de frente al pequeño, quien hasta el momento no había reclamado su dulce alimento, sin embargo grande fue su sorpresa al no verlo a él, ni a su Urano.
"¿Haruka?... ¿Haruka?", adormilada alzó la voz.
Ante el silencio que acompaño a su llamado, la extraña ausencia de ambos la impaciento.
Reincorporándose y calzando sus menudos pies con las sandalias, rápidamente se dirigió hacia la entrada.
Abriendo la improvisada puerta que Tenousei había construido para protegerlos del frió, con la voz entrecortada volvió a llamarlos; "Haruka... ¿Dónde están?", pero lo único que el viento trajo a sus oídos fue el lejano rugido del mar.
"¿Donde están?", volvió a cuestionar con el corazón acelerado y al borde del llanto. "¿Se habrán ido?... ¿Me han dejado sola?", se pregunto a ella misma.
Observando a su alrededor, recordó que la noche anterior su amado había salido para ir a la orilla a dejar su trampa. Quizás en ese lugar los podría encontrar.
Encaminando sus veloces pasos hacia el océano, la esperanza de verlos ahí la embargo, sin embargo observo que la trampa seguía en el tan acostumbrado lugar donde Urano solía colocarla.
Las olas bramaron y alzándose con violencia, se estrellaron contra las rocas de la orilla, golpeando a la hermosa mujer. Desestabilizando sus pies, se resbalo y luego cayo sobre su rodilla.
Ante el fuerte golpe su pálida carne se abrió y entonces la salada sangre comenzó a emanar, tiñendo de rojo su túnica y la blanca espuma que la agitada marea producía.
"¡Dioses!", con dolor expreso al ver su pequeña herida. Por un momento se había olvidado del motivo que la había llevado hasta ese lugar.
Sumergiendo sus pálidas manos en las cristalinas aguas, tomo un poco de ella y entonces comenzó a lavar su herida y, cuando la sangre resbalo y tiño la filosa roca, los más crueles y horribles pensamientos se apoderaron de ella. "¿Se habrán caído?... ¿Ellas los habrán visto?"
Ante tan torturadora idea, la mujer finalmente rompió a llorar; "Quizás ellas se los llevaron para lastimarlos", dijo al mismo tiempo que con sus manos inútilmente trataba de abrir los mares para rescatarlos.
"¿A quien?", la rubia pregunto a sus espaldas.
Escuchando la voz de su amado, la aguamarina se volvió hacía ella; "¡Haruka!", expreso con el rostro iluminado y con profunda alegría en el corazón.
"¿Qué haces aquí?", cuestiono al verla tendida sobre la roca; "Estas sangrando, ¿Qué te sucedió?"
La mujer se reincorporo y sonriendo de inmediato respondió; "Desperté y al no verlos pensé que algo les había sucedido... pero ¿Dónde esta Océano?", la desesperación regreso a ella al verla sin su pequeño.
"Aquí, conmigo", Urano dijo y entonces señalo hacía su espalda, donde con un trozo de manta lo llevaba atado.
Ignorando el dolor que se extendía por su pierna, la joven se encamino hacia ella y comprobando que su hijo dormía, se volvió hacia la rubia; "¿Porque lo apartaste de mi lado?... dámelo", llena de molestia exigió.
"No puedo Michi... estas mojada, podrías resfriarlo"
"Ahora si te importa que este bien... eres una inconsciente... esto ha sido demasiado cruel"
"¿Por que estas enojada conmigo?"
"¿Te parece poco el motivo?. Desperté y ninguno de los dos estaba junto a mi. Pensé que algo les había ocurrido", irritada replico.
"Solo lo tome un momento. Anoche lloro mucho y casi no descansamos. No sé en que momento de la madrugada pudimos dormir, pero cuando desperté observe que estabas profundamente dormida y para que no te molestara, decidí traerlo conmigo. No sabia que te enfadaría"
"Me preocupe mucho, pensé lo peor. La próxima vez que quieras tomarlo, dímelo", aún molesta la joven expreso.
"Perdoname, no lo volveré a hacer", en su defensa replico.
"Esta bien, pero debes prometerlo", por el tono de su voz, era fácil darse cuenta que el enojo se había ido.
"Te lo prometo, Michi", Urano se inclino un poco para recoger su trampa, momento justo en el que de cerca contemplo su rodilla; "Vámonos, allá curare tu herida"
"Deja que me apoye en tu brazo", apenada por la forma en la que le había hablado, la mujer pidió.
Comenzando a caminar, de inmediato dirigieron sus pasos hacia la caverna..
Ingresando en su morada, Michiru se desvistió, comenzando a secar su cuerpo y su cabello. Por su parte, Tenousei coloco a su hijo sobre su improvisada cuna.
"Deja que te ayude a curar tu herida", dijo volviéndose hacia la mujer que amaba.
"No es nada", replico sentándose sobre el lecho. "Deja que ahora alimente a Océano, debe estar hambriento. Esto puede esperar", una mueca de desagrado se dibujo en su rostro ante el molesto escozor.
"No insistas, deja que lo haga. Él esta bien", habiendo tomado un poco de agua y unas cuantas hierbas que previamente la aguamarina había cortado, comenzó a curarla.
"Perdón por haberte gritado, pero es que me asuste mucho", apenada expresó.
" No lo lamentes, fue muy imprudente lo que hice"
"Gracias por ocuparte de mi", ruborizada, Michiru añadió.
"Es lo menos que puedo hacer por ti", Urano contesto al mismo tiempo que colocaba las hierbas sobre su herida.
(Esa noche. En la cumbre)
A pesar de que las densas nubes cubrían la mayoría de los cielos, ese no fue un impedimento para que el cristalino y travieso rayo de la luna se colora por entre los ventanales del reluciente palacio de cristal.
Ante su maravilloso toque, sus altas torres quedaron a su merced, proyectando oscuras sombras sobre el nevado sendero.
Absorto en esa maravillosa escena, Linus fijo la mirada en aquel blanco objeto que dominaba el oscuro éter.
"¿Quién habitara ese lejano lugar?", pensó por primera vez en su vida.
Mina, también absorta en la hermosa luz que el lejano astro le ofrecía, pareció adivinar lo que el hombre pensaba, luego se volvió hacia él; "Quizás esta habitado por maravillosos seres y mujeres cómo las que viven los bastos mares... Quizás ese es un lugar más hermoso que este"
De sus infames labios escapo una fingida risa y entonces le dirigió la orgullosa mirada; "Mina, observa su exquisita magnificencia... observa su belleza y dime, ¿Acaso crees que esta habitado como este lugar?... ¿Acaso crees que sus lagunas están contaminadas con esas deformes criaturas?"
La joven se encogió un poco de hombros; "Quien podría saberlo"
"Un lugar tan bello como ese no puede estar habitado por criaturas tan repugnantes a la vista... solo puede estar habitado por seres como nosotros. Porque si no fuera así, entonces seria una blasfemia. Su belleza no puede estar contaminada con tal horror"
Con una profunda melancolía la joven volvió a fijar la vista en la luna; "Encuentro demasiada razón en tus palabras... Ese hermoso lugar no puede estar habitado por criaturas como nosotros... Ese lugar solo puede estar habitado por dioses y semidioses, jamas podríamos comparar nuestra hermosura con la suya, aunque quien sabe, quizás en ese lugar solo hay ruinas y el eco de un silencio ensordecedor"
"¿Ruinas?... ¿Seres superiores a nosotros?", el hombre cuestiono. "¿Cómo podría ser eso posible?"
"No sé ni porqué he dicho semejantes cosas, mejor ignora lo que de mis labios haz escuchado", la mujer contesto y entonces se dio la vuelta, comenzando a alejarse por el ancho y solitario pasillo.
(En el fondo de los mares)
Contemplando el oscuro y frío fondo de aquellas aguas y, sintiéndose seducida por la enigmática noche, su silencio y el aroma de la lejana isla, llena de valor hizo a un lado el terrible horror que la presencia de aquel abominable monstruo le había causado.
Su deseo de salir he ir a explorar más allá de sus dominios, orillaron a Nix a escapar del claustro al que Aegea las sometía.
(En la orilla)
Sentada entre las hermosas rocas, una hermosa mujer con sus finos y pálidos dedos deseredaba sus negros cabellos.
Oculta para no ser vista por las suyas ni por los alados seres que habitaban las alturas, de vez en cuando volvía la impaciente mirada hacia la abundante selva.
En semanas, no era la primera noche que en vano esperaba a que ese ser se presentara. Y aunque por momentos creía que jamas volvería, un trozo de esperanza en medio de esa abrumadora soledad llegaba a acelerarle el corazón.
"¿Por qué no habrá vuelto a venir?", Rei se cuestiono a si misma al escuchar el aleteo de una perdida ave que regresaba a su hogar.
(En la cumbre)
Aprovechando que el travieso rayo de la luna no penetraba por entre las nubes y aprovechando las sombras de los altos muros para ocultarse, muy dispuesta a volver a bajar para buscar a Haruka, Mina extendió sus alas y entonces se arrojó desde la colina más alta.
Descendiendo entre la maleza las contrajo, usando sus menudos pies para caminar por entre la arena que de a poco se colaba por entre sus finas sandalias.
Del ambiente Nix aspiró su dulce perfume, así que nadando hacia la orilla y observando al ángel, paciente esperaría el momento oportuno para atraerlo a sus fauces.
La divina rubia escucho el rugido del mar y volviendo a ser seducida por su salado aroma, encamino sus delicados pasos hacia ese lugar.
Nix volvió a observar a su presa y desfigurando su hermoso rostro y cuerpo, se convirtió en el más perverso ser que pidiera habitar la Tierra.
Mina sonrió confiada y acercándose un poco más, sumergió las manos en las cristalinas aguas.
El abominable monstruo abrió su pérfida boca y entonando su malévolo canto, comenzó a atraer a la bella rubia.
El ángel sin ser consciente de lo que hacia, poco a poco se fue sumergiendo. Sabiendo que estaba a su completa merced, Nix extendió sus afiladas garras, atrapando entre sus pútridas uñas la mano de la mujer.
Sin poder darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, Mina poco a poco comenzó a adentrarse más.
Desde la lejana distancia Rei observó que Nix algo arrastraba hacia su hogar, así que acercándose un poco, finalmente pudo ver de lo que en realidad se trataba.
"¿Que haces?", pregunto al ver como en las aguas arrastraba al bello ser. Observado que se trataba de ella, por quien durante mucho tiempo había esperado, con valor estaba dispuesta a enfrentase a su compañera.
"Vete", la criatura chillo en un intento por infundirle temor.
"Aegea te castigará por esto... ella te echara de sus dominios"
"No me importa... lo quiero y ahora sus alas serán mías. Esta vez no impedirás que me adueñe de su hermosura", dijo fijando la cruel mirada en la de la joven Mina, luego enterró las garras en su preciosa y pálida carne.
Justo en ese momento la dulce, rojiza y sagrada sangre mancho los océanos.
Ante esa abominable escena, Rei forcejeo con ella en un intento porque no continuara hiriéndola; "Deja que se marche, no pertene a este lugar... Se va a ahogar"
"Alejate, es mio. No podrás salvarlo como aquella vez lo hiciste", Nix volvió a chillar.
El impío ser dejo de entonar su melodía y con ello le devolvió la perdida conciencia a la joven Mina, fue entonces cuando se dio cuenta de lo que la criatura tramaba.
Pateando el agua en un inútil intento por liberarse de sus terribles garras, observo que junto a ella estaba la pelinegra, quien también luchaba por salvarla.
"Ya haz contaminado estas aguas con su sangre, ¿Quieres contaminarla con su venenosa carne?", la sirena pregunto a Nix.
Aunque sus palabras reflejaban una cosa y pudiera llegar a ser cruel, la verdad es que poco le importaba la pureza de su hogar. Ella solo pensaba en salvar a aquel ángel de una horrible muerte.
El desconocido miedo se apodero de la rubia y al igual como alguna vez Haruka lo hizo, hundió los blancos dientes en las garras del abyecto monstruo.
"Maldito seas tú y los tuyos", expreso liberándola de su mortífero agarre.
Nix al ver lo que esa mujer le había hecho, llena de ira trato de volver a herirla.
"Detente", Rei grito. "Huye, vete y jamas vuelvas", deteniendo al monstruo con todas sus fuerzas, la pelinegra ordeno al ángel, quien con presura y torpemente comenzó a alejarse.
Ante la pesada agua que rodeaba su magnífica figura, en vano trataba de extender sus alas y elevarse.
El dulce sabor de la sangre del ángel atrajo la atención de Aegea. Ese inconfundible aroma eran tan parecido al de Fénix, que por un momento pensó que ese desdichado seguía con vida y se había atrevido a lanzarse a las embravecidas olas.
Así pues, con presura se acerco hasta el lugar de donde provenía y entonces contemplo que de la mano de Nix fluía el rojizo elemento.
"¿Que ha pasado aqui?", con el entrecejo fruncido la mujer pregunto.
"Preguntale a Nix", Rei cuestiono liberándola. En silencio agradecía que la joven hubiera tenido la oportunidad de escapar antes de que ella llegara.
La anciana torció los labios; "Apesta a uno de esos seres, ¿Donde está?"
"Uno de ellos se atrevió a ensuciar nuestras aguas con su presencia, yo me he encargado de castigarlo por su ofensa", la castaña, quien había vuelto a la normalidad, replico.
"¿Y es por eso que has abierto su carne y ensuciando nuestras preciosas aguas?", la anciana pregunto molesta.
Nix ante su recriminación fruncio el entrecejo, luego también alzo la voz; "De uno a uno debemos atraerlos hasta este lugar, luego podríamos darles muerte y entonces seriamos libres de salir más allá de estos territorios"
"Estúpida", la anciana dijo y luego con fuerza abofeteo su mejilla. Hundiendo sus uñas en su pálido rostro, su sangre no tardo mucho en brotar de la herida.
Conmocionada por lo que la vieja le había hecho, con la mano se cubrió el adolorido rostro; "¿Por qué me hieres?"
"Porque no cabe duda de que eres peor que Michiru... tú te has atrevido a traer a uno de ellos hasta este lugar. La marca en lo que fuera tu hermoso rostro te recordara que jamas debes aventurarte más allá de estos dominios. Ese es tu castigo por tu ofensa y si es que vuelves a desobedecer mi orden, tu falta sera castigada con la muerte"
Sorpendida por lo que la mujer se habia atrevido a hacer, Rei guardo silencio.
"¿Y tú?", la anciana se dirigió a ella.
"Castigala a ella... ella es tan culpable como yo. Bien pudimos habernos desecho de ese abominable ser, pero no fue posible porque ella se ha atrevido a liberarla de mis garras", con la mirada inyectada en odio y la voz llena de ira, la castaña expreso.
Aegea asintió con la cabeza; "A pesar de lo que tú has hecho encuentro razón en tus palabras... Rei, debería castigarte por haberlo liberado...porque sin duda alguna le dirá a los suyos lo que Nix se atrevió a hacerle"
Resignada a recibir su castigo, la pelinegra se preparo para aquello que pidiera suceder, sin embargo la prudencia le dijo a la anciana que no lo hiciera y girándose, se alejo de ambas mujeres.
"Tú eres la culpable de esto que me ha pasado, ya tendré oportunidad de vengarme de ti. No hoy, ni mañana, pero juro que lo haré", encolerizada, Nix también se marcho.
(En la orilla)
Agitada, la hermosa joven Mina con dificultad se movia atravez de la basta isla.
La rojiza y perfumada sangre que emanaba de su herida mancho las rocas de la orilla y la salada arena.
El extraño escozor en su mano y la sensación de opresión en su pecho, no menguaron sus fuerzas para continuar huyendo.
Pudiendo extender sus blancas alas, en rápido vuelo volvió a la cumbre.
(Cerca de ahí)
Haruka y Michiru acompañados de su hijo caminaban hacia las rocas, donde una vez más dejarían su trampa en espera de conseguir buenos peces.
"La noche es hermosa", la mujer dijo señalando hacia los bastos cielos, los cuales finalmente se habían despejado para que el blanco astro les mostrara el camino.
"Demasiado perfecta cómo para...", Urano expresó con tono divertido.
"Quizás", la mujer sonrió sutilmente.
Acercándose a la orilla y justo cuando Haruka iba a lanzar la trampa, observó que sobre las rocas había rojizas manchas que se perdían dentro de la isla.
"Tenemos que irnos", dijo retrocediendo y sin siquiera dejarla. La presencia de esa sangre y aún más el inconfundible perfume de los suyos, le produjo un terrible escalofrío y un indescriptible horror. " No deberíamos estar aquí"
"¿Que ocurre?", Neptuno preguntó meciendo a su hijo, quien comenzaba a inquietarse.
"Mira", la rubia expreso y señanalo con su dedo para que la joven observará las rojizas gotas.
"¿Sangre?", también estaba horrorizada.
"Si Michi, lo es", aún paralizada por el terror, logró decir.
"¿Crees qué sea de algún animal?"
"Sí Michi, es la sangre de un animal que ha tenido la mala suerte de herirse. Vámonos, puede ser salvaje y lastimarnos", Haruka dijo sabiendo que no se trataba de un animal herido. Sabia a la perfección que pertenecía a un ángel, pero también comprendía que no debía preocupar a su amada con tan grotescas sospechas de lo que muy seguramente había pasado.
Tomando la mano de su amada y sin estar dispuesta a ir he investigar, los tres se marcharon...
Notas de autor;
¿Cómo están?, espero que muy bien. Recuerden seguir las recomendaciones sanitarias que sólo los expertos dan. No hagan caso a rumores.
Aquí la actualización, esa mujer cada vez esta más llena de odió. Pobre de Mina que tuvo la mala suerte de encontrarse con ella.
Isavellcota; Nix esta llena de envidia y odió. Y ahora más con lo que Aegea le hizo.
Grecia Tenoh; la identidad del padre de Sereity siempre sera un misterio (aunque la respuesta parece estar en el manga) en mi otro fic iba a ponerla como hija del rey Endimion (sí, sería media hermana del príncipe, por eso no podrían estar juntos), pero al final decidí que fuera hija de un hombre de Marte. Ya veremos que pasara con ella en este fic.
Osaka; Michiru lo enseñara en la cascada, no donde ellas puedan verlos y menos ahora que todo se ha puesto más dramático.
VaMkHt; ambos, Michiru es mas observadora y además es más instintiva que Haruka.
Kyoky; Oficialmente fueron 4, Eneas fue un extra xD
