Disclaimer:

La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.

La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.


Advertencias:

Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.


La Casa de los Cuervos

Capítulo 26

Fantasmas


¿Extrañarás toda la belleza

cuando finalmente te quedes ciego?


Shikamaru pasó su goma de mascar al otro lado de su mandíbula y exhaló un jadeo fresco en el aire. Su nariz estaba fría. Sus pies estaban congelados. Había perdido la sensación en sus manos largo rato atrás, pero aquí seguía, de pie a un costado de un camino sobre una roca para ver las cabezas de la gente siguiendo dicho camino. Se movían en un ritmo continuo –cientos de ellos- y sus pies se hundían en la nieve y sus alientos empañaban el aire de la tarde.

Una niñita se cayó con sus manos de frente a unos metros lejos. Shikamaru estaba a punto de bajarse y ayudarla cuando una rubia vestida en una bata blanca le ganó. Ella ayudó a la niña y secó sus pequeñas manitas lodosas con su prístina bufanda antes de hacerla regresar con ternura de vuelta a la línea.

Ino levantó la mirada para verlo. —¿Dónde se supone que vamos a meter a toda esta gente? —Preguntó en voz baja. —Apenas hay espacio suficiente en Konoha así como estamos.

Él se encogió de hombros, manteniendo un vigilante ojo en el frío paisaje blanco alrededor de ellos. Más adelante estaba uno de los grandes puentes que cruzaba el río más largo del País del Fuego. Una vez que cruzaran eso, faltarían algunos kilómetros más para entrar a Konoha. —¿Qué más podemos hacer? —Dijo con la voz plana. —Iwa atacó su aldea. No tienen otro lugar al cuál ir.

Ino no se veía contenta. —Ya nos están racionando. —Gruñó. —¿Por qué no alguien más toma algunos de los refugiados?

—No seas egoísta. ¿Cómo te sentirías si fueras esa niñita?

—Mientras traiga su propia comida…

Del otro lado del camino, Genma trotaba mientras gritaba palabras de ánimo a todos para que siguieran adelante, ya casi llegaban. No había una verdadera razón para apresurarse más que para escapar del frío, ya que así como estaban dentro del País del Fuego era poco probable que se cruzaran con errantes soldados de Iwa. Sin embargo Shikamaru mantuvo sus ojos abiertos. El único movimiento venía de los árboles en forma de una pareja de aves. Él les echó un vistazo, reconociéndolos como cuervos por sus ásperas voces. Él los contó.

—Uno para el dolor, dos para el contento. —Murmuró. —Tres para una boda, cuatro para un nacimiento.

—¿Estás contando cuervos? —Ino siguió su mirada. —Cuento nueve. ¿Qué representa el nueve?

—Algo sobre el infierno, no me acuerdo. —Él entrecerró los ojos. ¿En verdad había nueve aves? En los esqueletos de los árboles era fácil divisar a los negros, particularmente contra el cielo blanco, pero… —Hay diez.

—No, no es cierto. —Ino dijo como cualquier cosa.

—Sí, si son, mira. —Apuntó. —Hay uno blanco.

Ella miró con curiosidad, sin creerle, pero después de algunos segundos notó la misma figura nívea que él, acomodado silenciosamente entre sus amigos más oscuros. —Nunca antes había visto un cuervo blanco. —Dijo, sorprendida.

Shikamaru masticó su goma de mascar silenciosamente. Algo sobre lo que ella dijo activó una memoria distante. Ver el ave un momento atrás había sido novedoso, hasta que Ino lo describió en voz alta. Un cuervo blanco. ¿Por qué sonaba tan familiar?

Probablemente no significaba nada.

—¿Entonces qué significan diez? —Ino le preguntó.

—La presencia del diablo. —Él dijo silenciosamente. —Eso es lo que significa diez. (*)—Él miró de nuevo a los refugiados, notando que los últimos rezagados habían finalmente pasado. Él ondeó una mano a Ino mientras bajaba de la roca. —Vamos. Mejor nos seguimos moviendo.


Sakura suspiró, estirando sus piernas frente a ella para que los dedos de sus pies abandonaran la sombra de la veranda para tocar la luz del sol. Brillaron en suave blanco. Probablemente estaría nevando en Konoha, pero aquí era medio día y el sol brillaba más fuerte que nunca. El aire era un poquito más fresco que cuando llegó, pero seguía húmedo, y ella todavía podía sentarse afuera del pórtico con una yukata diseñada para el verano.

Su única compañía era una gata llamada Kuro –un nombre bastante creativo para un animal que era blanco como la nieve. Ella estaba tendida a su costado, mordiendo y jalando un hilito suelto de la manga de Sakura, ronroneando escandalosamente siempre que ella le rascaba la barbilla. La gata no era un nekonin: era de las cocinas. Pero Sakura sentía simpatía hacia ella. Ambas, después de todo, estaban embarazadas.

—No lo entiendo. —El cocinero le había contado a Sakura. —No hay ningún macho en el Feudo. El único que hay fue castrado el año pasado así que Kuro debió haber vagado muy lejos para conocer a un chico guapo...

De alguna forma Sakura dudaba eso, especialmente desde que Dokko había estado ahí al mismo tiempo en que Kuro había conocido a su misterioso macho. Evidentemente él había estado haciendo más que simplemente espiando en la casa y atrapando ratones en la despensa.

—Oh, Kuro. —Suspiró hacia su compañía. —El mundo está lleno de padres desobligados.

Pero a diferencia de sus gatos, Kuro no respondió. No parecía que entendiera alguno de los ruidos viniendo de la boca de Sakura, y la chica suspiró de nuevo, extrañando a sus nekonin, extrañando a sus amigos… y simplemente extrañando las conversaciones.

El médico finalmente le había dicho que debía de cortar con sus tareas, y Aki había tomado aquel consejo al pie de la letra. Ahora Sakura estaba encadenada al dormitorio hasta horas, intentando ignorar cuán solitaria era tal insolación. Le habían dicho que se relajara y lo tomara con calma, pero para una kunoichi que había estado trabajando cada día desde la pubertad, no había nada relajante en sentarse y sentirse inútil. De hecho prefería estar golpeando alfombras con Kaoru y riéndose de las nubes de polvo que quedarse aquí a sola.

No había visto mucho a Kakashi, pese a pasar cada noche en su cama. Después de las primeras noches había conseguido tomarse todo su tiempo para que así no tuviera mucha interacción con él. Él siempre era el último en llegar durante las noches y el primero en irse en la mañana… Todo lo que Sakura tenía que hacer era meterse en la cama en el minuto en que llegaba, así no tenía que ver su cara. Y en la rara ocasión en que llegara y él ya estuviera ahí, ella hacia excusas sobre estar muy cansada como para hacer otra cosa que acostarse. Él con facilidad creía en su palabra, y se le ocurrió pensar que el poder que tenía sobre él era inmenso. Fácilmente podía decir que las embarazadas necesitaban ser consentidas con uvas dulces y ser alimentadas por hombres bronceados semidesnudos y él probablemente iría a comprar algo de autobronceador.

Sinceramente, probablemente él sospechaba que ella lo estaba evitando. Pero sin importar qué pensara, no era completamente por antipatía hacia él. Sí, sólo ver su rostro enmascarado le ponía tensa y molesta y era difícil estar cerca de él luego de todo lo que había pasado. Y sí, todavía dedicaba la mayoría de sus noches a tener sueños donde extrañas y horribles cosas le sucedían a él que le dejaban un sentimiento de profunda satisfacción cuando despertaba. Sin embargo, también lo evitaba porque él le preocupaba.

Le preocupaba que él todo lo que tenía que hacer era sonreírle y que ella quería sonreírle también. Si le permitía hacer esas cosas pacientes y dulces para ella –sin importar si fuera algo como cerrarle diminutos cortes o conseguirle bocadillos nocturnos- ella quizás comenzaría a pensar que era el buen hombre que le había tentado en Julio. Por el bien de su preservación, tenía que permanecer inmune a sus hormonas. No quería ser el tipo de mujer que perdonaría a un hombre de matar a su abuela simplemente porque él tenía una dulce sonrisa.

Él no había matado a su abuela, pero poner a la aldea completa en riesgo quizás era igual de malo.

Sin embargo, no podía negar que él había hecho algo de bien en este lugar. Primero lo notó cuando, una semana después de lo que fuera que le hiciera a Toshio, ella se cruzó con el heredero en un pasillo. Él le miró una vez y luego la ignoró. Ella no se atrevía a creer otra cosa más que esta era la calma antes de la tormenta, pero mientras los días pasaban, fue obligada a reconocer que a Toshio le habían quitado los colmillos. Incluso cuando se tropezó con él en la biblioteca mientras ella sacudía repisas, todo lo que él hizo fue caminar y dejarla adentro.

Después de un tiempo, Kaoru también lo notó. —Toshio-sama ha estado un poco callado últimamente. No creo que sea el mismo. —Le había susurrado a Sakura una tarde. Fue ahí cuando Sakura supo que Kakashi le había dicho la verdad. No sabía exactamente lo que le había hecho a Toshio como para hacer que se controlara (ella estaba apostando a que le había removido los testículos), pero ciertamente funcionó.

La ola de gratitud y alivio que sintió hacia él cuando se dio cuenta casi le hacía querer envolverlo con sus brazos y besarle la mejilla. Se merecía un agradecimiento, si no por ella al menos por Kaoru. Entonces de vez en cuando giraba y veía una sombra con forma de cabeza de perro cada vez que se movía, y recordaba que, sin importar cuales fueran sus sentimientos, seguía siendo una prisionera.

Ella no se había rendido en escapar. A veces caminaba en el bosque sólo para ver cuán lejos podía llegar antes de que alguien –cualquiera- le detuviera. El límite estaba cerca de cien metros antes de que Pakkun o incluso Bull parecían materializarse de la nada para preguntarle adónde iba. —Sólo paseo. —Siempre decía, y entonces era obligada a seguir caminando con el canino que había aparecido porque 'simplemente no podía ir a pasear y no invitar a un perro', incluso si era como si ellos solo se invitaran.

De cualquier forma, el escape directo se estaba volviendo imposible con cada día debido a su condición. Con poco más de cinco meses, lo que había sido alguna vez como un contoneo gatuno (de acuerdo a la opinión de Sakura, y nadie más) se había convertido en un distintivo anadeo. Así que la idea de anadear de vuelta hacia Konoha era, en este punto, cosa de risa.

Así que en lugar de cavar túneles, estaba intento por alguna manera de contactar a Konoha. Las aves del aviario estaban fuera de cuestión, ninguno de ellos volaba a algún para el que no fueron entrenados, y ninguno de esos lugares estaban cerca de Konoha o uno de sus puestos en los que Sakura confiaba lo suficiente como para pasar un mensaje secreto.

La única otra forma de contacto a larga distancia era la radio, pero algunas preguntas cuidadosamente hechas al personal no revelaron algo prometedor. Las trasmisiones de radio eran demasiada tecnología para la familia Zuru. El límite de sus electrónicos modernos eran las televisiones que estaban en algunas de las habitaciones de huéspedes, pero eso era todo. La última radio en este lugar había sido la de Sakura y había sido destruida por el Hatake que le atrapó usándola, y cualquier oportunidad de reparación que ella hubiera tenido se perdió el día en que Kakashi le había confiscado su mochila. La había buscado en caso de que se la hubiera quedado para él mismo, pero luego de una semana de buscar en todos los recovecos de la habitación tenía que aceptar que ahí no había nada. O la había enterrado en algún lugar del bosque o la había quemado. No la iba a tener de vuelta.

Su única oportunidad residía en ir a Amegakure. Incluso si el lugar era una pesadilla de censura y ninguna persona sana pensaría de esa aldea como una excelente base de comunicaciones en un concepto ordinario, pero Sakura ya no tenía opciones. Quizá sería difícil enviar un mensaje desde ahí, pero al menos podía intentarlo. Esa era su única esperanza.

Pero el problema era llegar ahí, y la peor parte era saber que cada día que permaneciera aquí, silenciada y encerrada, era otro día que le costaba a Konoha. Sin ninguna línea de contacto con la Aldea, estaba a oscuras y sin idea de qué sucedía. Kakashi enviaba reportes semanales a la Hokage a través de sus invocaciones, y sospechaba que a veces falsificaba su letra para mantener a la mujer segura de que Sakura estaba a salvo, pero sin importar el tipo de respuestas que recibiera de regreso él no las compartía con ella.

Supo de una confrontación grande entre Konoha y las fuerzas de Iwa, pero los detalles eran escasos. No sabía si sus amigos habían sido involucrados, o si todavía estaban vivos. Todo lo que sabía lo escuchó durante las conversaciones entre el Clan Hatake y la familia Zuru, durante sus cenas, pero parecían volverse más y más callados mientras más tiempo pasaba. Esto sólo bastaba para hacerle darse cuenta que algo estaba sucediendo.

Sakura se acostó de espaldas, sus manos descansando ligeramente en su estómago. No había creído que fuera sencillo, estar embarazada y estar en una misión, pero sus prioridades le habían sorprendido. Algunos meses atrás no hubiera creído que querría apuñalar a Kakashi en la espalda, ni siquiera literal o figurativamente. Tampoco hubiera creído que estaba comenzando a preocuparse más por su cintura expandiéndose que por su deber hacia su aldea. Al final del día, Konoha tenía cientos de profesionales altamente calificados que cuidaran de ella. El bebé sólo tenía a Sakura. Incluso si su existencia le asustaba y que ella tenía la intención de poner su futuro en las manos de otra mujer más capaz una vez que naciera, por ahora era su responsabilidad y prefería morir que dejar que algo le sucediera.

Lo que era la razón por la que tenía que salir de este lugar. Alejarse de la familia Zuru, alejarse del Clan Hatake… alejarse de Kakashi.

Un movimiento dentro de ella le hizo contener el aliento. ¿Se estaba moviendo? Había notado esa extraña sensación con más frecuencia en las últimas semanas, pero no estaba segura de sí era el bebé o sólo su imaginación. Estaba comenzando a pensar que era lo primero, y le hacía más difícil el mantener una actitud desapegada e imparcial hacia el bebé cuando podía sentirlo moviéndose como una cosa real que estaba viva.

Ella movió la mano para acariciar la peluda barriga de Kuro. —Tienes suerte. —Le dijo a la gata con un suspiro. —Para cuando el mío nazca, los tuyos ya van a estar cazando por sí mismo.

Oh, ser tan simple como un gato. Kuro no parecía demasiado preocupada por la guerra, o espiar, o quién había engendrado a sus gatitos. Sus únicas preocupaciones eran los mimos, los lugares tibios para dormir y un buen plato de comida.

Eventualmente la gorda gata se levantó y anadeó fuera, presumiblemente había satisfecho dos de sus necesidades y ahora iba a comer. El propio descanso de Sakura estaba a punto de terminar, así que se levantó y se puso en marcha para ayudar con las preparaciones para la cena. Al menos eso la mantendría ocupada por un rato, incluso si era sólo pelando zanahorias.

Sólo se encontraba con las otras chicas cuando era tiempo de servir. Kaoru estaba de glorioso humor, y parecía ser con más frecuencia estos días desde que el abuso de Toshio había llegado a un misterioso fin. En contraste, Yui tenía ojos oscuros y un ceño fruncido. Ya no veía más a Sakura. Quizá chocaría su codo con ella ocasionalmente, pero su nueva táctica era pretender que la otra chica no existía. En opinión de Sakura este era una enorme mejora.

—Aki está ocupada afuera. —Kaoru le dijo. —Sólo somos nosotras tres, hoy.

Así comenzó la rutina a la que Sakura ya se había adoptado. Llevaban la comida hacia la antesala del comedor con ayuda de algunas sirvientas y entonces grácilmente servían a los comensales habituales de la mañana.

Kakashi estaba ahí, frotándose el ojo, y alrededor de él estaban la mayoría de sus primos. La familia Zuru estaba acomodada al final de la habitación, luciendo tan cansada y molesta como siempre con la excepción de las gemelas. Sakura supuso que la presencia de todos esos invitados estaba desgastando al Amo y a la señora, ya que ya no eran invitados sino intrusos. Sin embargo no podían echarlos. Sakura no podía ver cómo alguien podría hacerle frente a Karasu y pedirle que dejara el lugar, cortésmente o de otra manera.

Pero hablando de Karasu… Sakura miró alrededor del comedor. No estaba ahí. Normalmente ocupaba el lugar junto a Kakashi, pero hoy ese lugar estaba vacío.

Algo estaba sucediendo.

Sakura dejó la bandeja con la comida de Zuru y luego una para su esposa. Mientras estaba acomodando las bandejas pequeñas para las gemelas un repentino arranque le hizo saltar.

—¿Es esto realmente necesario?

Fue el Amo Zuru quien había hablado. Sakura se giró para verlo, y palideció cuando se dio cuenta que él estaba dirigiéndose hacia ella.

—Esto es obsceno- ten algo de dignidad y retírate de una vez. Nadie quiere ver eso. —Dijo con dureza, retirando la mirada y gesticulando con la mano hacia ella como si fuera demasiado horrible de ver. Era muy claro que él no estaba refiriéndose a otra cosa más que a su hinchado vientre.

El silencio que siguió resonó en sus orejas. Sintió cada para de ojos en el comedor posarse en ella como un ciento de reflectores blancos, especialmente cuando era la única que estaba moviéndose… levantándose cuidadosamente, sus dedos apretando su delantal. Fría y sintiéndose torpe, Sakura reverenció en disculpa. —Lo siento, Zuru-sama. —Consiguió murmurar a través de sus labios entumecidos. Se giró y salió, su pecho doliendo demasiado como para conservar la etiqueta apropiada para abrir y cerrar la puerta. Tenía que salirse. Desesperadamente, tenía que escapar de todas las miradas de pena, burla y disgusto.

Nunca se había sentido tan humillada…

Debería estar molesta. Este no era su problema –era de Zuru- no tenía nada por lo que estar avergonzada. Pero el miedo que siempre le había perseguido desde la primera vez que había notado su cuerpo cambiando se manifestó… ¿Era repulsiva ahora? Sakura siempre había sido confidente de su apariencia. Sabía que no era fea, y que incluso en sus peores días estaba pasable.

Pero ¿Ahora? ¿Se veía tan mal que ahora asqueaba a la gente?

Ella se limpió los ojos con el dorso de su mano, odiándose por llorar. Hormonas. Tenían que ser las hormonas. Pero no podía dejar de llorar, y una vez que estuvo a la mitad del corredor y lejos del comedor, se detuvo e inclinó contra la pared para apoyarse. Estaba a solas aquí, y finalmente perdió control de sus sollozos y puso la cabeza entre sus manos.

—Sakura.

Mierda. Le había seguido. Sakura se alejó de la pared e intentó limpiarse con casualidad sus empapadas manos en la ropa. Manteniendo su espalda hacia Kakashi, continuó caminando por el pasillo.

Sakura. —Él trotó para alcanzarla.

—¿Qué? —Replicó, con una voz extraordinariamente normal.

Él le atrapó por el hombro, forzándola a detenerse y a girarse hacia él. Ella intentó mantener su rostro escondido pero los brillantes caminos de las lágrimas en sus mejillas eran imposibles de esconder. No necesitaba esto. Ser vista por Kakashi con la cara roja y húmeda por las lágrimas justo ahora hacía mucho más difícil mantener en control sus emociones.

Momentáneamente corto de palabras, Kakashi liberó su hombro. —Él se equivoca. —Dijo. —Sólo está molesto por un millón de cosas justo ahora, así que está desquitándose contigo.

Ahí estaba ese compasivo y suave tono que ella tanto temía. El que le hacía querer creer y confiar en todo lo que él decía. Un suave sollozo amenazó con salir libre desde su pecho. —Él está molesto porque me contrató para verme bien. —Le corrigió. —Y ahora no me veo así.

—Te ves bien para mí. —Le dijo a ella. —Tú-

—¡No quiero que te compadezcas de mí! —Le interrumpió, separándose de él mientras intentaba continuar con su camino. —¡Esto solo es por los químicos en mi sangre que hacen que mi rostro se vea así! ¡Nada más! No me importa si cree que me veo obscena- ¡No me importa lo que piensen de mí!

Kakashi le atrapó por los hombros de nuevo. Ella intentó zafarse de él con fuerza, pero él sólo la puso contra su cuerpo. Encontrándose con la amplia y sólida pared de su pecho, Sakura sintió pánico e intentó empujarlo. Pero ella estaba perdiendo; no contra Kakashi, sino contra sí misma y por cuánto deseaba ser seducida por el confort de sus brazos y la tibieza de su cuerpo. Sollozos sacudieron su cuerpo, Kakashi le apretó, y entonces su cara estaba presionada contra la clavícula de él, llorando y avergonzada y totalmente incapaz de detenerse.

—Él está equivocado. —Dijo de nuevo, su mano descansando en su nuca. —Eres hermosa. Todo el mundo puede ver eso.

—Cállate. —Jadeó. Era sólo palabrería sin sentido, estaba intentando hacerla sentir mejor. Ella no quería que él dijera que era hermosa en el momento en que parecía estarle mintiendo sólo para calmar sus lágrimas. —¡Estoy gorda!

—Estás normal, y tal como se supone debes estar. —Dijo. —No creas ni por un segundo que seas repulsiva.

—¡Y-Yo no dije repulsiva! ¡Dije gorda! —Comenzó a lloriquear con más fuerza. —¡¿Crees que soy repulsiva?!

No. solo estoy adivinando cómo probablemente te sientes. —Arregló con rapidez. —Sí, has ganado peso y tus viejas ropas ya no te quedan y probablemente te duele todo, y siempre habrá gente que no esté cómoda alrededor de damas en espera, pero eres hermosa, Sakura. Y lo digo desde un punto totalmente imparcial y objetivo, y no sólo porque… tú sabes…

¿No sólo porque él se lo había hecho?

—¿Por qué debería creer eso? —Ella inhaló.

—¿En algún momento creíste que Kurenai se veía fea cuando estaba embarazada? —Le preguntó.

Sakura pensó en ello. Recordó cuán rápidamente Kurenai se había expandido hace años, pero Sakura jamás había pensado que se viera gorda, repulsiva o ridícula. Pero Kurenai era una mujer diferente. Siempre había sido suave y maternal, nunca viéndose más natural que cuando estaba esperando a su hija.

Ni siquiera por un segundo Sakura creyó que era remotamente comparable. Ella siempre había tenido ángulos duros donde Kurenai tenía curvas. Le preocupaba verse como un palo que se había tragado un balón de basketball.

Ella hipó y presionó de nuevo la cara contra la camiseta negra de Kakashi. Él era inútil. No podría hacerla sentir mejor con sus palabras incómodas, pero su abrazo era algo de lo que ella no quería separarse. Sólo por algunos segundos. Una vez que pudiera recomponerse sería capaz de zafarse y comenzar a construir de nuevo una fuerte pared que los separara.

Pisadas a lo largo del corredor le hicieron retroceder. Ella miró.

Karasu estaba viéndolos y caminando hacia ellos, sin máscara, cansado y con ojos sombríos. Como si hubieran accionado una palanca de emergencia, los sollozos de Sakura se pararon de golpe e instintivamente intentó alejarse de Kakashi. Él no le dejó. Incapaz de alejarse y sin saber a dónde más ver, volvió a esconder su rostro contra su pecho.

—¿Qué le pasa? —Karasu le preguntó con dureza mientras pasaba.

—Zuru dijo que estaba gorda. —Kakashi replicó.

—Entonces que se ponga a dieta, por dios. —Murmuró sin preocupación, abriéndose paso hacia el comedor.

La boca de Sakura se abrió, ojos heridos moviéndose hacia los de Kakashi mientras él con desesperación sacudía su cabeza. —No- ni siquiera lo escuches. —Susurró con rapidez. —No puedes esperar sensibilidad donde no la hay-

Ella podía aceptar eso. Un hombre que agitaba la cabeza de su difunto primo obviamente era carente de tacto. Aunque ella estaba más preocupada sobre su apariencia cansada y áspera, y el hecho de que estaba llegando todavía más tarde que cualquier otro. No creía haberlo visto de ese humor tan negativo tampoco. —¿Qué sucede? —Le preguntó a Kakashi. —¿Qué está planeando hacer tu gente?

—Ah… —Kakashi tenía la expresión de alguien que sabía había sido atrapado.

Kakashi. —Le dijo cortante, finalmente recordó zafarse de sus brazos. Sus ojos estaban secos y su aliento controlado, y ella agradeció el milagro que eran sus cambiantes humores porque ahora se sentía relativamente calmada. —¿Qué están planeando?

Antes de que pudiera responder, varios hombres comenzaron a salir del comedor. Ella dudaba que hubieran finalizado sus alimentos, pero ya habían sido obligados a salir –comandados por su líder. Mientras Karasu regresaba al pasillo chasqueó con impaciencia los dedos a Kakashi, de la misma forma en que ella había visto que algunos llamaban a los niños o a los perros. —Vámonos. Necesitamos prepararnos.

Él suspiró, luciendo avergonzado y culpable y repentinamente más cansado que Karasu. —Tenemos una misión. —Dijo con impaciencia.

Sakura sabía qué significaba. —¿Una misión mercenaria? —Adivinó. —¿Contra Konoha?

Kakashi se movió con incomodidad.

—¡Vas a atacar a Konoha! —Resolló. —¡Kakashi- no te atrevas- juro que me voy a suicidar!

—No es nada directo. —Le prometió. —Es inevitable, y hay un límite en lo que puedo evitar que Karasu haga. A largo plazo, esto será para el beneficio de todos.

Ella sacudió su cabeza. —¿Qué están planeando hacer? —Demandó.

Él miró distraídamente sobre su hombro a los hombres que estaban partiendo. —No puedo hablar sobre ello. Pero regresaremos en la noche… así que puedes venir a mi cuarto como siempre.

—Kakashi. —Rogó. —Esto es una locura-

—No puedo evitarlo. Y prometo que al menos mientras esté con ellos haré algo de control de daños. —Su mirada se movió hacia su lastimero rostro y dio otro suspiro de sufrimiento. —No esperes despierta por mí, ¿De acuerdo?

Y antes de que pudiera protestar más, él se adelantó y presionó un beso contra su frente. Sakura parpadeó en shock. Kakashi también se veía un tanto sorprendido por su propia acción, y lentamente se separó de ella, antes de girarse para alcanzar al resto de su clan.

Quizá lo había hecho para que se callara, o para seguir con la idea de que eran amantes en frente de testigos… o sólo porque quería hacerlo.

Sonrojada, Sakura pretendió acomodarse su fleco en orden de tocar el punto donde él le había besado, intentado descubrir si estaba tan caliente como su hormigueante piel implicaba. Era remarcable cuán poco tomaba que su pulso latiera con más rapidez, y era remarcablemente estúpido cómo ella casi se desmayaba luego de un pico en su frente cuando ya habían llegado a la última base meses atrás.

También era remarcable que esto ocupara sus pensamientos por el resto del día, casi tanto como el miedo sobre su misión hiciera.


Kakashi se ajustó las armaduras a lo largo de sus antebrazos en la creciente oscuridad. Un ninjato estaba atado en su espalda, y había cabestros alrededor de su cintura, muslo y brazo derecho donde su instrumental, armas y accesorios estaban, junto con varias fundas de papel marcado.

Alrededor de él, ocho miembros de su clan arreglaban y probaban su equipo. Ellos estaban entre los más fuertes de su clan, cinco de la casa superior, y tres de ellos eran de las ramas más cercanas. Sus primos, cercanos y distantes, y esos por los que sentía afecto.

—Seito, Takashi. —Dijo suavemente a los dos jóvenes de cabello oscuro. —Estamos impares, así que los acompañaré a los dos.

—Sí, Kakashi-sama. —Corearon ambos, sonando complacidos.

Sintiéndose menos entusiasta, Kakashi se giró hacia el hombre de cabello blanco meditando en la base de uno de los árboles más viejos en el jardín. —Estamos listos. —Le dijo a Karasu con pesadez.

El líder del clan estaba sentado sin moverse con los ojos cerrados y sus manos sostenidas en la posición del sello del ave contra su pecho. —¿Miedo? —Le preguntó a Kakashi.

—No le tengo miedo a lo que tiene que ser hecho. —Kakashi replicó con la voz calmada.

—Bien. —Karasu tomó una profunda y larga inhalación. —Asuman sus posiciones.

Los nueve hombres se alinearon frente a su líder y se acomodaron la última pieza de su uniforme: una máscara de porcelana negra que cubría la parte superior de su rostro y de la que sobresalía una ligera curva en forma de pico.

Kakashi formó el sello del ave con sus manos, como hizo el resto del equipo. Una cálida y dulce brisa se formó a través del jardín, sacudiendo las hojas del viejo árbol sobre Karasu. El hombre meditando finalmente abrió los ojos, examinando a los hombres frente a él, y entonces finalizó con una serie de sellos. —Vayan.

Entonces Kakashi estaba cayendo, hundiéndose a través de ramas sobre la nieve acumulada. El aire invadiendo sus pulmones era duro y frío, un cambio brutal de la inhalación anterior. Acuclillándose, él examinó el paisaje invernal alrededor de él buscando alguna señal de actividad, pero todo lo que escuchaba ahora eran los suaves golpes de sus compañeros aterrizando en la nieve alrededor de él. Un río amplio y profundo corría bajo el puente a varios metros, pero su superficie estaba congelada y el agua corría debajo de ella en silencio.

Un áspero graznido le hizo levantar la mirada. Un solitario cuervo blanco batió las alas en el árbol por el que había caído. Karasu estaba diciéndole que se moviera.

Los nueve hombres enmascarados se enderezaron y se separaron en pares.

—Hay cinco grandes puentes que conducen sobre este río. —Kakashi dijo, sacándose una rama del cabello. —Incluyendo este. Destrúyanlos todos y destruiremos las más grandes rutas comerciales de Konoha. El plan es insolarlos. Ya están racionando luego de la destrucción de las tiendas de alimentos por nuestros operativos. Insolarlos más los llevará al límite. Ustedes dos equipos derrumbarán los dos puentes del sur, y nosotros dos equipos nos moveremos hacia el este siguiendo el río. Regresen aquí tan pronto como logren su objetivo, y destruiremos el último antes de que salgamos, ¿De acuerdo?

El escuadrón asintió.

—Entonces vayámonos.

Se movieron con rapidez, caminando con ligereza sobre el congelado río y siguiendo su curso. Cuatro hombres se movieron hacia el sur, los otros cuatros hacia el este con Kakashi, usando chakra para evitar romper el hielo que era tan frágil como el cristal en algunos lugares. El cielo se desvanecía rápidamente mientras corrían, pero la luz de la luna caía en la nieve y el hielo y reflejaba una abundante luz. Después de algunos kilómetros, alcanzaron el primero de los puentes del este. El grupo se dividió en dos y Kakashi continuó con Seito y Takashi a su lado. El último puente de ese lado estaba más lejos, y corrieron sin detenerse para alcanzar su objetivo sin perder tiempo. Los puentes caerían simultáneamente a la media noche… y Kakashi no quería llegar tarde a ese momento, porque cuando el primer puente cayera, Konoha sería alertada en un par de horas.

Kakashi no tenía intención de seguir ahí cuando la gente con la que había peleado lado a lado su vida entera se mostrara.

El puente se apareció en su campo de visión –un oscuro tramo de piedra y madera que ensombrecía el río. —Tengan listos los sellos explosivos. —Kakashi le dijo a los otros dos, sintiendo que casi se quedaban sin tiempo.

Tan pronto como pensó en eso sintió un temblor en el hielo bajo sus pies, seguido unos segundos después por el eco de un distante trueno. El sonido siempre viajaba lejos cuando la tierra estaba cubierta de nieve. Sin duda ese sonido también había llegado a Konoha.

Kakashi miró su reloj. Un minuto pasando las doce. Tarde de nuevo.

—Demonos prisa. —Él gruñó, sacando su propia cadena de sellos explosivos. Trabajando en sincronía con Seito y Takashi, dejaron los sellos a lo largo de los postes de madera del puente. Una vez que se fueron, también lo hizo el puente, y también una de las principales rutas comerciales de Konoha.

Era parte de la estrategia estándar cortar las rutas de importación y exportación del enemigo. Konoha le había hecho exactamente lo mismo a Iwa en la última guerra, y ahora estaban usando mercenarios para regresarles el favor. La ironía no pasaba desapercibida para Kakashi. Él mismo había sido uno de los que había colocado las bombas que volaron los puentes de Iwa.

Ahora él estaba aquí, colocando bombas bajo sus propios puentes.

—¡Todo listo aquí! —Seito gritó desde el otro lado del puente.

—¡Listo! —Takashi replicó.

Se retiraron a una distancia segura sobre el hielo y echaron un vistazo. Kakashi cerró los ojos. Con una rápida inhalación, él levantó la mano para formar un sello de fuego y prendió un sello a la vez. Calor explotó, bañándolos con escombros y cenizas ardiendo. Él escuchó la madera gruñir mientras se vencía, y el quiebre y salpique de las pesadas piedras que caían sobre el hielo que se estaba derritiendo debajo.

Sin abrir los ojos para mirar el daño, Kakashi se giró. —Vámonos. —Fue todo lo que dijo él.

Regresaron corriendo con rapidez, deslizándose sobre hielo roto y carrizos, dejando el río sólo para llegar hacia los árboles y evitar el puente que habían pasado antes. Kakashi podía ver el humo elevándose hacia el cielo sobre un brillo de ardiente naranja. Sin duda ahora había atraído otra atención, y él no quería estar tan cerca como para arriesgarse a ser visto.

Cuando llegaron a su punto de encuentro junto al primer puente, el resto del escuadrón estaba ya reunido, esperando.

—¿Ya pusieron los sellos? —Kakashi preguntó, mirando el puente central que era de lejos el más largo y pesado de todos, y ciertamente el más viejo. Era el puente que presenciaba la mayoría de los negocios de Konoha. Kakashi lo había cruzado tantas veces en su vida… tantas veces que había perdido la cuenta.

—Nos quedamos cortos. —Dijo uno de sus primos más jóvenes.

Kakashi sacó los sellos sobrantes que tenía en su cabestro y se los tendió. —Rápido. —Konoha llegaría en cualquier momento.

Ellos se apresuraron a seguir sus órdenes, acomodando los sellos explosivos bajo los soportes y debajo del arco del puente.

Kakashi no los detonó. Alguien más se apresuró a hacerlo y él no tuvo tiempo para prepararse y girarse. Ante sus ojos el puente saltó y crujió y comenzó a derrumbarse, produciendo polvo, vapor y humo mientras se hundía en el río… nada más que un montón de piedras sueltas.

—¡Anotación! —Seito grito, tosiendo. —Eso estuvo bueno.

El escuadrón permaneció de pie, maravillados ante su obra mientras Kakashi sentía nada más que culpa. Konoha sería lastimada por esto. Muy lastimada.

Y él no había tenido opción.

—Mejor regresamos. —Dijo con la voz gruesa y con esfuerzo, buscando a su alrededor alguna señal de compañía. —No hay punto en seguir cerca de Konoha-

Un frío viento sopló, llevándose el humo por un breve momento para dejar el otro lado del río casi limpio… y Kakashi se congeló.

Notando su repentina pausa, los hombres a su alrededor echaron un vistazo.

Había alguien en la otra orilla. Era pequeño, pero la luna brillaba detrás de él, produciendo una sombra indudablemente humana contra las nubes de humo y ceniza… pero había algo raro con él. Su brazo derecho parecía demasiado largo, demasiado flojo, aunque saludaba exageradamente con el izquierdo. ¿Estaba gritando? Kakashi no escuchó nada más que un crujido de hielo y madera.

—¿Qué sucede? —Takashi le preguntó.

Kakashi le miró confundido. ¿Ninguno podía ver a la persona de pie ahí? Él apuntó, pero ellos parecían todavía más confundidos que él.

Otra brisa sacudió el humo… y la figura se enfocó perfectamente.

Él era un chico, joven, con cabello oscuro. Su brazo derecho caía ensangrentado y aplastado, como la mayoría del costado derecho de su cuerpo incluyendo la mitad de su cráneo. Sin embargo, él sonreía y ondeaba la mano, viendo directamente a Kakashi a través de los agujeros rojos en su rostro donde sus ojos deberían estar.

—Obito…

Kakashi retrocedió con rapidez a tropezones, chocando directamente contra uno de sus primos de cabello blanco. Ni siquiera un segundo después, un pesado kunai se clavó en el suelo donde él había estado.

—¡Están aquí! —Takashi gritó, y repentinamente todos estaban alcanzando sus espadas. Kakashi titubeó. Su mirada se movió hacia la otra orilla del río con desesperación, pero Obito ya no estaba. Todo lo que veía ahora eran pálidas máscaras de animales apareciendo desde las sombras a su alrededor.

Los ANBU los habían atrapado.

—¿Qué es esto? ¿Una pandilla de pirómanos? —Una mujer con la máscara de gato ronroneó. Por la voz sin duda alguna era Anko.

—¡Ríndanse! —Otro ANBU gritó, y por la forma en que hizo que las sombras parpadearan alrededor de él, Kakashi supo que era Shikamaru. —Los tenemos rodeados.

Había trece en total. Él y su clan eran superados en número, pero dudaba que pudieran ser vencidos.

—Estaba esperando que nos encontráramos con la basura de Konoha. —Uno de sus primos murmuró. —Esto animará un poco las cosas.

Kakashi miró a su alrededor. Rodeándolo estaban los rostros de su familia, ansiosos de sangre y muriendo por pelear, y frente a él estaban los rostros de sus amigos, molestos y listos para la retribución. Un inevitable encuentro. Kakashi nunca hubiera deseado encontrarse en el medio de esto… y no podía ver a sus amigos y familia destrozarse.

¿Dónde estaba Obito? ¿En verdad lo había visto? ¿Qué pensaría su viejo amigo de lo que ahora era él?

La mandíbula de Kakashi se apretó. —Nos vamos. —Dijo rápidamente a los otros.

—¿Qué? —Algunos de ellos sisearon detrás.

—Hemos completado la misión. Enfrentarnos con Konoha no es nuestro objetivo, y somos superados en número-

—¡No son competencia! Podemos derrotarlos-

—Son ANBU, y no estoy dispuesto a arriesgar sus vidas por algo tan innecesario. Nos vamos ahora.

Anko siempre había tenido oídos agudos. —¡Vamos por ellos! ¡Van a escapar!

Las máscaras de ANBU se hicieron un borrón mientras se movían para seguir con su deber. Un cuervo blanco chilló y voló sobre sus cabezas, y la siguiente cosa que los ninjas de Konoha vieron fue como los nueve hombres salían al vuelo en forma de nueve cuervos negros.

Sólo pudieron observar, confusos, mientras a bandada desaparecía en la noche sin dejar rastro.

Kakashi repentinamente se encontró respirando aire caliente y cayó en el suelo con fatiga. La transferencia corporal desde tal distancia tomaba mucha energía, y pasaría un rato antes de que sus orejas dejaran de zumbar y él pudiera abrir sus ojos para notar el jardín del Feudo Zuru. Karasu todavía estaba quieto, sentado bajo el mismo árbol, luciendo más gris e incluso todavía más cansado que antes, pero mientras se ponía en pie todavía consiguió dirigirle a Kakashi una mirada de molestia.

—¿Por qué demonios te retiraste? —Siseo, inclinándose hacia adelante para golpear la mandíbula de Kakashi con su puño.

El dolor explotó en su mejilla, pero Kakashi permaneció calmado. —No los conoces como yo. —Dijo en silencio. —Algunos de nosotros no hubiéramos regresado si los enfrentábamos.

—¡Eso es un hecho! —Karasu dijo con la voz fría. —No hay hombre que no esté preparado para dar su vida por el bien de una misión, ¡¿Y desde cuando eres una pacifista?!

—Las vidas de mis compañeros están primero. —Kakashi gruñó. —Siempre.

—Sí, he escuchado esa línea antes. —Gruñó Karasu, enderezándose con un aire más compuesto. —Al menos la misión fue un éxito. Ni siquiera un marica como tú no podía arruinarla.

Kakashi estaba demasiado cansado como para discutir o defenderse. Apenas podía mantenerse derecho, y no tenía ganas de justificarse ante Karasu. En lugar de eso murmuró una excusa y se movió hacia el interior de la casa, caminando a través de corredores silenciosos y desiertos y subiendo escaleras que crujían hasta que estuvo frente a él la vista de su habitación. Podía sentir a Sakura. Él sabía que ella estaba a salvo. Algo que lo había mantenido tenso ahora le permitía relajarse, y se movió a través de la puerta en silencio para no despertarla.

Su manta estaba doblada perfectamente en el sofá, y una lámpara con luz tenue estaba encendida junto él. Kakashi se sentó con un suspiro de alivio y comenzó a desvestirse la máscara y el equipo. Probablemente no sería capaz de despertarse en la mañana para salir antes de que Sakura se levantara. Ella tendría que lidiar con la vista de su cansado cuerpo en el sofá por una mañana. No la mataría. No de la misma manera en que su estilo de vida estaba intentando matarlo.

Dejando su cinturón y el cabestro de su muslo en el suelo, Kakashi tocó su mejilla adolorida a consciencia. Tenía que ser cuidadoso alrededor de Karasu. No podía darle al hombre alguna razón para que creyera que estaba defendiendo los intereses de Konoha, o su lugar aquí sería comprometido. Meses de sutiles mentiras y sugerencias leves para desalentar la acción agresiva solo funcionarían por cierto tiempo. Eventualmente Karasu dejaría de escucharlo. Eventualmente habría una misión de Iwa a la que ni siquiera Kakashi podría oponerse con argumentos razonables.

Él colocó la cabeza en sus manos y suspiró de nuevo. A veces era suficiente como para desear jamás haber conocido a su familia.

Golpe.

Kakashi dejó de respirar y escuchó. ¿Sakura estaba haciendo su viaje de rutina al baño?

Golpe.

No venía del dormitorio; sonaba más como que alguien estaba afuera en el corredor. Los suaves y lentos golpes se volvieron más fuertes, como si fueran pisadas que se estaban acercando. Y mientras se volvían más fuertes, los oídos de Kakashi notaron que cada golpe era puntualizado por un sonido de rasguño, duro, como si algo estuviera siendo arrastrado contra el suelo.

Las pisadas se detuvieron frente a su puerta. Kakashi no se movió.

Lentamente, la puerta se abrió, como si estuviera siendo deslizada por un niño débil que nunca se hubiera encontrado con dicha puerta. Instintivamente Kakashi tomó el ninjato que había dejado a sus pies y se levantó, su corazón latiendo dolorosamente duro y sus ojos estaban bien abiertos, incrédulos y llenos de pánico.

A través de la puerta entró Obito, arrastrando su pierna izquierda molida.

Él era un desastre. Sin ojos, la mitad de su cuerpo aplastado. La peste acre de la muerte inundó la habitación a su entrada - un hedor empalagoso de suciedad y descomposición que nunca había dejado por completo la nariz de Kakashi desde la primera vez que lo olió. Le hizo querer vomitar. Pedazos de lodo y pedazos de rocas estaban cayendo del cuerpo de Obito mientras él avanzaba, un lento paso a la vez, y a su camino él dejaba una línea de sangre.

—¿Qué sucede Kakashi? —Preguntó él, su voz exactamente como la recordaba. Pero él era sólo un niño… mucho más joven y pequeño de lo que él se había dado cuenta, pero nada había cambiado en él desde el día en que Kakashi le había dejado para ser enterrado vivo.

Todo lo que él pudo dar fue un susurro áspero. —Obito… esto es real. Estás muerto.

—Sí. —Dijo. —Lo sé, ¿Qué hay de ti?

—Yo-

—Los puentes, Kakashi, ¿Lo recuerdas? Morí derrumbando los puentes de Iwa, y ahora se lo estás haciendo a Konoha, ¿Por qué les diste la espalda?

—No lo hecho.

—Morí para salvar a Konoha. Te di mi ojo para que pudieras cuidarla. Para que cuidaras de Konoha, de Rin y de Sensei. —Él continuó avanzando pesadamente, forzando a Kakashi a retroceder hacia la pared entre la separación y el sofá. —Conseguiste que Rin y Sensei murieran, ¿Ahora estás matando también a Konoha?

—Obito, tú no eres real.

—No mereces haber sobrevivido ese día. No mereces mi ojo. —Obito comenzó a levantar la mano, viéndole a él sin sus ojos. —Creo que lo recuperaré ahora.

Antes de que esa fría y pegajosa le tocara, Kakashi se arrojó hacia la puerta divisoria y la abrió y cerró detrás de él. Desde la cama sonó un gruñón bufido mientras él se adentraba con torpeza dentro de la oscura habitación, no deteniéndose hasta que sus piernas golpearon la mesita de noche.

—¿Qué… Kakashi? —Sakura croó desde la cama junto a él. —¿Qué demonios estás haciendo?

Kakashi apenas la notó. Sus ojos estaban puestos en la puerta… en la oscura silueta detrás de ella que estaba buscando la agarradera. Ya no. Ya no. Él hizo un sonido de desesperación y se deslizó hacia el suelo, sus manos presionadas contra sus ojos. No podía ser real. No creía en los fantasmas, así que tenía que ser una alucinación. Las alucinaciones sólo eran productos de la mente… no podían herirlo. Si él no podía ver a Obito, su fantasma no podía tocarlo.

La lámpara junto a él se prendió sobre su cabeza.

—¿Qué estás haciendo? —Sakura preguntó, echándole un vistazo con inseguridad.

—Me estoy volviendo loco. —Dijo él, mucho más calmado de lo que se sentía. —Eso es todo.

—Claramente. —Dijo secamente.

—¿Él sigue en la puerta? —Kakashi le preguntó. —¿Me está siguiendo?

—¿Quién? —Ella sonaba confusa.

—Sólo dime- ¿El cadáver de un niño está caminando hacia mí justo ahora para intentar sacarme los ojos?

Ella miró. —No lo creo.

Él bajó las manos con rapidez, creyéndole, y seguro de que todo lo que veía ahora era la puerta divisoria encendida por la lámpara naranja del otro lado. Claramente no había nadie en la otra habitación. —Hm. —Gruñó él. —Tienes razón.

—¿Estás borracho? —Preguntó.

—No esta vez.

—Si estás viendo fantasmas malévolos, probablemente es tu consciencia culpable. —Le dijo a él. —¿Qué hiciste esta noche para provocar la ira de los no-muertos?

Él colocó una temblorosa mano sobre sus ojos de nuevo. —Volé los puentes cerca de Konoha. Las rutas comerciales están rotas, y sus suministros ya están cortos. —Dijo él. —Tal vez esa es la razón por la que Obito está persiguiéndome. Ayudé a dar un terrible golpe a Konoha.

El silencio que siguió fue pesado, y podía sentir la ira de ella hinchándose para llenarlo. Ella iba a explotar y posiblemente arremeter hacia él, y probablemente lo merecía.

Él había ayudado a atacar a Konoha.

—O tal vez es porque engañé a Karasu.

Su ira se contuvo por un momento. —¿Qué quieres decir? —Preguntó a través de dientes apretados.

—Le dije que volar los puentes sería más efectivo que cualquier asalto frontal, pero no importa cuántos puentes destruimos. —Le explicó, comenzando a reír. —Porque para mañana, Tenzou los habrá reconstruido todos.

Su expresión cambió. Se había quedado sin palabras. Ella se le quedó viendo un momento hasta que gradualmente sus ojos se movieron hacia la habitación como si estuviera buscando algo, como si estuviera re-examinando la situación alrededor de ella. Luego pareció hundirse y suspirar, su ira escapando como aire caliente de un globo, y su mano cayó contra el tope de la cabeza de él. —No puedes seguir jugando a esto, Kakashi. —Le dijo en silencio.

—Si no hubiera estado ahí esa noche, algunos de mis amigos hubieran sido asesinados. Algunos de mis familiares hubieran muerto. —Él tembló. —Alguien tenía que cuidar a esos idiotas.

—Sólo te volverás loco-

—No estoy loco, sólo… fatigado. —Él bajó la mano de su frente y parpadeó hacia la puerta divisoria, temiendo que otra visión reapareciera.

—¿Tal vez deberías ir a dormir? —Sugirió.

—Esa es una buena idea. —Dijo él. Pero no se movió. —Sakura…

—¿Sí? —Preguntó lentamente.

—No estoy intentando nada. —Comenzó. —Pero, ¿Puedo dormir aquí?

Ella se frunció el ceño. —¿Quieres que regrese al dormitorio? —Preguntó ella incrédulamente. Cualquiera estaría de acuerdo con que echar a una mujer embarazada de su cama sonaba como una cosa horrible que hacer.

—No. —Fue todo lo que dijo.

Le tomó un momento a Sakura entender completamente lo que él estaba implicando –y sin necesidad de decirlo, todo lo que no estaba fijo en esa habitación casi saltó de miedo, alejándose de la cama. —¡Vete al infierno! —Siseó. —No voy a dormir contigo- ¡Aprendí mi lección cinco meses atrás! ¿Quieres la cama? Tenla. ¡Pero no vas a dormir junto a mí de nuevo! ¡Me voy!

Ella se quitó las mantas y puso los pies sobre el suelo. Kakashi no se movió ni tampoco dijo algo para detenerla, y eso le hizo detenerse. Normalmente él hubiera protestado, diciendo que lo había malinterpretado, o reaccionado de alguna manera. Ella pareció sentirlo y titubeó. —¿Qué sucede? —Le preguntó cortante.

—Nada. —Suspiró él. —Simplemente que no quiero dormir solo esta noche, pero no voy a obligarte a que te quedes.

Ella puso los ojos en blanco, pero no se levantó. Quizá porque necesitaba algo de impulso para ponerse en pie estos días, o tal vez porque sintió pena por él. No quería obligarla, y tampoco sentía contento por ponerla incómoda, pero necesitaba a alguien cuerdo junto a él en este momento. Los fantasmas como Obito sólo le molestarían si estaba solo, y pero no con el ancla de otro ser humano para recordarle que los fantasmas no eran reales.

—La cama es grande, supongo. —Dijo de mala gana. —Quédate de tu lado; hemos dormido más juntos en misiones.

—Gracias. —Él exhaló.

—Si intentas hacerte el gracioso, te patearé en los riñones con tanta fuerza que orinarás sangre por semanas. —Le advirtió con vehemencia.

Él le creía implícitamente. —Lo entiendo.

—No ronques, y no te muevas innecesariamente –ya tengo suficientes problemas durmiendo sola. —Continuó con su advertencia mientras se acomodaba de nuevo bajo las mantas, cerca al borde de la cama. —Y no te robes las mantas.

—Lo entiendo. —Él se movió alrededor de la cama para sentarse del lado opuesto. En la mesita de noche junto a él estaba una jarra de agua y un vaso vacío, y él la tomó para servirse un trago para aliviar su boca seca antes de acomodarse en el colchón.

Sakura hizo un suave sonido de molestia y luego puso las mantas alrededor de ella casi defensivamente. Podía quedárselas. Kakashi prefería dormir sobre las mantas, se sentiría fraccionalmente menos íntimo que compartirlas con ella. La lámpara se apagó y la habitación se sumió en la oscuridad de nuevo. Kakashi le dirigió otra cuidadosa mirada a la división antes de poner los ojos en el techo.

Además del suave sonido del viento y los insectos en el jardín, todo estaba repentinamente quieto. En la distancia del otro lado del lago un animal terrible chilló en la noche, pero estaba demasiado lejos para preocuparlos. Sakura obviamente estaba intentando dormir, y él no tenía duda de que estaba bien despierta y dolorosamente consciente de él como él estaba de ella. Podía escuchar su respiración suave y lenta, e incluso el movimiento de sus pestañas contra la almohada.

—Antes de que descubrieras mi relación con Karasu y los otros, —Dijo hacia el techo. —¿Querías que yo fuera el padre?

Hubo un largo y doloroso silencio antes de que ella respondiera. —Eso ya no importa.

Él suspiró. —Lo entiendo. —Dijo y cerró los ojos.


Siguiente Capítulo: Planes en Movimiento


(*) Uno para el dolor. Es una canción tradicional infantil británica en la que se descifra la suerte de acuerdo al número de verdugos flautistas (miembros de la familia de los cuervos, también conocidos como urracas canoras) que uno ve. En EUA los verdugos son interpretados como cuervos o urracas (porque no hay verdugos en América).

La canción de acuerdo a Proverbs an Popular Saying of the Seasons (Denham, Michael Asilabie, 1846) dice:

Uno para el dolor / Dos para el contento /

Tres para un funeral / Cuatro para un nacimiento /

Cinco para el cielo / Seis para el infierno /

Siete el mismo diablo.

La versión que incluye SilverShine no la encontré, pero puede ser una de las tantas versiones regionales que existen (ya que es una canción que data al menos del siglo XVI) o simplemente la modificó por conveniencia.


¡Hola a todos!

Gracias por su paciencia. Agradezco muchísimos sus comentarios y también los nuevos lectores que han aparecido~

Espero que continúen disfrutando de esta historia. Por cierto, oficialmente en el siguiente capítulo llegamos a la mitad y no puedo esperar a llegar ahí, porque a partir de entonces todo se nos pone mejor.

Ay, pobre Kakashi, siempre atormentado por sus fantasmas del pasado, pero esta vez se lo buscó, ¿No?

Les mando un abrazo y, nuevamente, gracias por tomarse el tiempo para leer la traducción.