Capítulo 12

Exhausta, Anna se recostó sobre su sofá. El instituto. El estudio. Su nuevo trabajo en la tienda. Su embarazo.

Había sido una semana muy dura.

El mes ya estaba por terminar, y las cuentas no tardarían en llegar. Confiaba en que sus ahorros alcanzarían para cubrir los gastos de ese mes, pero no estaba segura por cuánto más tempo lograría aguantar. No tenía a quien acudir, estaba sola en eso. O por lo menos, prefería pensar eso. No le había contado a Yoh sobre sus esfuerzos y sus problemas económicos por orgullo. No quería ser la pobre niñata miserable que rogaba por ayuda y dinero. Ya había pasado por demasiadas humillaciones. Ella podría lograrlo, solo debía acostumbrarse a ese estilo de vida.

Se levantó con dificultad y se dirigió hasta la alacena. Aún le quedaban algunos paquetes de galletas y chocolates que compró antes de que su aval desapareciera. Eligió unas galletas de chocolate rellenas, como siempre ignorando su valor calórico. Buscó en su refrigerador algo de leche para acompañarlas. Antes no la toleraba, pero ahora bebería leche todo el día si fuese por ella. Siempre acompañada de algún dulce, por supuesto.

Su teléfono comenzó a sonar. Fue hasta él con dificultad, haciendo malabares con los víveres que llevaba en las manos. Vio en la pantalla del aparato que era Yoh.

-¡Hola! -saludó animado su novio -¿Qué tal tu tarde?

-Lo mismo de siempre, estudiar. -mintió ella. Acababa de llegar a su departamento después de una tarde asquerosa en la tienda en donde trabajaba como cajera. Tener que fingir una sonrisa tantas horas hacía que su cara se acalambrara.

-Suena muy divertido -dijo él, soltando una risa despreocupada -¿A qué hora nos veremos mañana?

-A las diez y media en la consulta del doctor. -contestó, retomando su puesto sobre el sofá- Te enviaré la dirección en un mensaje.

-Esta bien. Luego podríamos pasear a algún lugar… ¿El parque te parece?

Lo que menos deseaba Anna era caminar. Se sentía tan cansada. Lo único que quería hacer después de su cita con el médico era dormir.

-Suena bien -dijo ella, masajeándose la sien. Sabía que si le decía a Yoh que quería descansar él aceptaría, pero no deseaba decepcionarlo. Él había estado esperando ese día durante toda la semana. Se había dedicado a ser el mejor novio posible, y ella quería tratar de hacer lo mismo.

-Por fin -lo escuchó decir emocionado, deseando tener si quiera la mitad de ese ánimo -La semana se hizo tan larga...

Anna no podría estar en mayor desacuerdo. Corría desde el instituto a su hogar; comía alguna porquería poco elaborada y se cambiaba el uniforme para correr de nuevo hasta la tienda. Terminaba a las diez y volvía a su departamento. Comía algo nuevamente y realizaba todas los deberes que le habían enviado desde el instituto. Para mejorar sus calificaciones rápido necesitaba hacer trabajos extra. Al terminar con todo eso, se dirigía a su cama con algún libro y estudiaba, colapsando después de algunos minutos. Su semana había pasado demasiado rápido; necesitaba más horas en su día para completar su agenda sin morir en el intento.

Hablaron por unos minutos más y Anna cortó la llamada. Miró el paquete de galletas, que por arte de magia ya estaba vacío. Refunfuñó; comió por impulso y ni siquiera lo había notado.

-No importa -se susurró a sí misma, sacando otro paquete de galletas de la alacena. -Esto lo hago por ti, para que crezcas. -dijo ella, mirando hacia su abdomen mientras lo apuntaba con el dedo índice.


La llamada terminó e Yoh guardó su celular en el bolsillo. Hace varios minutos que estaba afuera, en la terraza del patio trasero de su hogar. Estaba oscuro y algo fresco. Subió la cremallera de su polerón hasta ocultar parte de su cara. Sentía un poco de frío, pero no quería entrar aún a su casa. Se levantó de su lugar en el suelo y caminó hasta la baranda del borde de la terraza, apoyándose sobre ella. Observó el cielo, oscuro y nublado. Esperaba que mañana el día estuviese bonito. Si llovía, sus planes se verían estropeados. Inhaló una gran cantidad de aire, llenando sus pulmones, sintiendo llegar la calma que buscaba. Bajó la mano hasta su bolsillo, y sacó una pequeña cajita aterciopelada. La abrió y observó con detención el anillo que había en su interior.

-No voy a tener bisnietos bastardos -recordó a su abuelo, que le había lanzado con brusquedad la cajita el otro día. Yoh la abrió y miró a su abuelo con curiosidad.

-¿Yo para qué quiero esto? -dijo Yoh, alzando una ceja. Lo primero que pensó es que su abuelo se había equivocado; Hao era el que utilizaba joyas, no él. Ante la expresión exasperada de Yohmei, el muchacho frunció el ceño confundido. Y de pronto lo entendió todo. Empalideció al instante y cerró la caja al instante, lanzándosela de vuelta -¡NO VOY A CASARME!

-¡Niñato malagradecido! -contestó el abuelo, alcanzando con maestría la caja con la sortija de matrimonio. -Si esa muchacha a la que embarazaste te importara, esto sería lo primero en lo que habrías pensado.

-¡Es lo último en lo que habría pensado! -exclamó Yoh, quien creía que había entrado a la dimensión desconocida- ¿Apenas sí me hago la idea de que voy a tener un bebé y ahora me quieres casar? ¡Estás demente! ¡Aún tengo diecisiete años!

-Eso no te impidió tener sexo inseguro, ¡Y mira dónde estamos! -respondió el abuelo, cruzándose de brazos mientras alzaba una ceja.

Yoh abrió la boca para debatir, pero Yohmei tenía un buen punto. Su abuelo suspiró, llevando su mano al puente de su nariz.

-Yoh -dijo él, por primera vez en su visita con un tono protector- Sé que parece demasiado rápido o drástico para ti, pero tú y Anna ya están unidos para siempre. -explicó, acercándose a su nieto, presionando suavemente con una mano el brazo de Yoh. -Ustedes van a compartir un hijo, tú vas a ser padre; eso lo cambia absolutamente todo. Este anillo es una mera formalidad para sellar el trato.

Le extendió la cajita nuevamente. El muchacho la observó casi con temor, y luego miró a su abuelo. Tenía una expresión tan extraña; sonreía apenas, pero sus ojos irradiaban cierta tristeza. Yoh entendió que su abuelo en realidad no estaba furioso, ni tampoco decepcionado. Él sabía que su nieto aún era un chico, y si bien estaba agradecido por alcanzar a ser bisabuelo, lamentaba las circunstancias. Porque todo iba a cambiar mucho más de lo que él anticipaba.

Yoh aceptó la cajita y la guardó en su bolsillo. -Gracias, abuelito. Creo que a Anna le gustará.

-Tu abuela lo eligió, yo no sé de esas cosas -confesó el anciano, encogiéndose de hombros.

-¿Mis papás ya saben de esto? -preguntó Yoh, con ambas manos en los bolsillos.

-Por supuesto, no iba a comprometer a mi nieto sin el consentimiento de sus padres. -contestó Yohmei. En realidad, los padres de Yoh no pensaron que fuera una locura comprometerlo con Anna. Del modo en que el anciano lo expuso, ambos hallaron bastante lógico que hubiese una proposición de matrimonio de por medio. -De hecho, hay algo más que tenemos que hablar contigo y con tu hermano.

-¿Otra sorpresa más?

-Sólo después de que me prepares un té -contestó el abuelo, dándole una palmada en la espalda a su nieto. Observó a Yoh hacer una mueca -Es una forma de pagarme por el anillo, a menos de que tengas efectivo.

-Te prepararé el té más delicioso que hayas probado en tu vida.

-Lo dudo…


Sentada y con las piernas cruzadas, meciéndolas impacientemente hacia arriba y abajo. Anna se encontraba en la sala de espera del consultorio del doctor. Ya eran las once, y su novio no aparecía. Estaban a punto de llamarla para entrar a la oficina, y el maldito de Yoh no daba señales de vida. -¿Dónde diablos estás?

Suspiró y fingió que miraba la televisión en el lugar. Había un par de pacientes, la mayoría mujeres mayores con un embarazo más avanzado que el de ella, acompañadas por sus parejas. La rubia sabía que más de alguno la había mirado con curiosidad.

-Hola. -escuchó la voz de su novio por fin. Anna se levantó de golpe, y lo miró furiosa.

-¿Sabes qué hora es? -preguntó entre dientes. Yoh rio nervioso.

-Perdona, tuve un imprevisto.

-¡Hola, Anna! -saludó Hao, saliendo detrás de la espalda de su gemelo. -Que linda estás.

Sin decir nada, ella le dirigió una mirada asesina a Yoh, quien sólo atinó a encogerse de hombros nerviosamente.

-¿Qué rayos hace tu hermano aquí? -preguntó ella, tratando de normalizar su respiración y atraer la paz a su iracundo interior.

-Yo también estoy feliz de verte. -dijo Hao, sonriendo burlonamente.

-Le pedí que viniera -explicó Yoh, forzándose para que Anna no notara el temblor en su voz. -Es un momento especial, quería compartirlo con él.

La rubia miró directo a los ojos a su novio. Sabía que estaba ocultando algo. Abrió la boca para hablar, pero fue interrumpida por la voz de una enfermera que llamaba a su nombre. Respiró profundamente.

-Él no entrará con nosotros. -sentenció Anna.

Hao la miró alzando una ceja con desinterés. -Como quieras, los espero aquí.

Anna frunció los labios. Yoh se rascó la cabeza. -No creo que tardemos mucho.

-Tomen el tiempo que quieran -dijo Hao, sentándose en el lugar que Anna había ocupado previamente.

Antes de que Yoh volviera a hablar, Anna lo empujó por el pasillo hasta la consulta del doctor. Una vez cerrada la puerta, la expresión seria de Hao desapareció con un gruñido. Molesto, cruzó los brazos y se echó sobre el respaldo de la silla. ¿Por qué siempre acababa en situaciones incómodas por su gemelo? Yoh le había rogado que lo acompañara. Dijo que apenas había dormido en la noche. Que estaba demasiado nervioso. Que no podía hacerlo sólo.

-No sé por qué tanto alboroto -pensó el Asakura -Van a tener un hijo juntos, el paso obvio es el matrimonio.

Sí, Yoh era joven, pero si tendría que formar la madurez para tener un bebé, tendría lo necesario para ser un esposo. Aunque claro, a Hao se le hacía un poco difícil imaginando al holgazán de su hermando trabajando, limpiando, planchando, cocinando y haciendo todos los quehaceres del hogar. Su gemelo estaba aterrado, pero sabía que su ansiedad terminaría en unos días. Recordó unas semanas atrás, cuando recién se había enterado de que sería padre, dando una vuelta su mundo entero. Ahora había estado bastante mejor -claro, hasta la visita de su abuelo y la gran misión de proponerle matrimonio a su novia.

-¿Esperas a tu novia? -preguntó una muchacha de cabello negro, sentándose justo al lado de Hao. El Asakura la observó por unos minutos, dirigiendo un discreto vistazo al abultado abdomen de la chica.

-No, en realidad espero a mi hermano y a mi cuñada -contestó él, girándose para corresponder a los brillantes ojos azules que le observaban.

-Entonces, ¿serás tío? -cuestionó ella, sonriendo con amabilidad cuando lo vio asentir-¡Felicidades! Es como la paternidad, pero mejor.

-Gracias -respondió Hao, un poco escéptico- Aunque dudo en lo que dices.

-Vamos, ser tío es como ser padre, pero sin el lado aburrido de las responsabilidades -insistió ella, sonriendo con los ojos- Tengo una sobrina, y es lo más exquisito que hay. Lo mejor es que puedo consentirla y malcriarla. Cuando se porta mal me voy y mi hermano tiene que lidiar con ella.

Hao sonrió. Había pensado en lo mismo cuando supo la noticia de que sería tío. Si bien su ridículo deseo de ser padre tendría que esperar hasta una edad adecuada, ser tío podría ser bastante entretenido. En ese momento, llegó una señora con una pequeña niña sujeta de la mano. Ambos las observaron sentarse frente a ellos. La niña era pequeña y regordeta, y caminaba torpemente. Tendría aproximadamente un año. El Asakura observó su estúpido vestidito amarillo, su irrisorio peinado; dos diminutas coletas con el escaso pelo de la infanta. Ella era tan patética, que Hao no pudo aguantar mirarla con una amplia sonrisa burlona. Claro, sin la parte burlona.

Estaba embobado en la ternura de esa niña. Pensó en su sobrino. Si era una niña, necesitaba peinarla así. Lamentaba no haber podido tener un hijo propio, elegir su atuendo hubiese sido algo muy divertido.

-Ya entiendo -habló la chica de los ojos azules, mirándolo divertida -Tú no quieres un sobrino, tú quieres un hijo.

Hao volteó a mirarla sorprendido, pero le dirigió una expresión irónica -Tengo diecisiete años, por supuesto que no quiero un niñato.

-Yo tengo dieciséis, y mi bebé me hace mucha ilusión -contestó ella, llevando una mano para acariciar su abdomen. -Va a ser una niña.

El Asakura trató de omitir la edad de la muchacha en su mente para reducir el impacto que había causado, y prefirió desviar el tema. Pero antes de lograr articular alguna palabra, la chica siguió hablando.

-Si quieres un bebé puedes ser el padre -dijo ella, riendo cuando lo vio atragantarse con saliva- ¡Eso fue lo mismo que hizo su papá cuando le dije que estaba embarazada!

-¿Y dónde está ahora? -cuestionó Hao, arrepintiéndose inmediatamente. Por supuesto que conocía la respuesta.

La muchacha se encogió de hombros, un poco avergonzada. -Ya no está.

-Disculpa, no es asunto mío. -respondió él, sintiéndose estúpido e incómodo, mirando hacia otro lado.

-No te preocupes, ambas estamos muy bien -dijo ella, tocándole el hombro a Hao a modo de consuelo- Mi familia me apoya mucho. No necesito a un ex bueno para nada.

Hao se maldijo internamente, porque sus pensamientos lo llevaron hasta Marion. Ella había estado embarazada y tenía un novio que sí quería a su bebé, pero decidió no tener a su hijo. Esta chica estaba en la posición opuesta; estaba embarazada de un muchacho ausente, pero ella parecía feliz con su futura niña. Bueno, qué sabía él. Nadie podía forzar a una mujer a ser madre, ni tampoco a dejar de serlo. Era decisión de cada una. Pero no podía negar el dolor horrible que sintió cuando Marion tomó esa elección.

-Supongo que sí quiero un bebé -admitió algo avergonzado, por primera vez en voz alta- Pero ahora que mi hermano tendrá un hijo, estoy obligado a esperar algunos años. No pienso darles un infarto a mis papás ni a mis abuelos llevando a una chica embarazada a la casa.

-Tienes razón, las embarazadas tenemos ese efecto. -respondió la muchacha, haciendo que Hao riera.

Siguieron conversando por unos minutos, hasta que la puerta de la oficina del médico se abrió.

-Hasta la próxima, jóvenes.

Yoh y Anna se despidieron del doctor haciendo un gesto con la mano. Cuando el hombre cerró la puerta de nuevo, ambos aceleraron el paso hacia Hao, con notables ganas de dejar el lugar con velocidad.

-Andando -le ordenó Anna, cuyas mejillas se encontraban levemente rosadas.

-Hola, familia -saludó Hao con tranquilidad -Creo que su cita estuvo muy interesante.

-¿Podríamos no hablar de eso? -preguntó Yoh, que también se encontraba ruborizado. -Ya vámon…-

-Mira, hice una amiga -interrumpió Hao, sonriendo con orgullo -Es Damuko, tiene dieciséis años y…-

-Hao, por favor -insistió su gemelo, mientras Anna se cubría la cara con una mano impaciente.

-Tamiko Kurobe.

-Esa soy yo -dijo la muchacha levantándose de su puesto.

-¿No te llamas Damuko? -preguntó Hao curioso, ignorando a su hermano y a su cuñada que lo esperaban exasperados.

-Sí, así me dicen mis amigos -le explicó, guiñando un ojo. -Un gusto, Hao Asakura.

-¡Lo mismo digo! -se despidió él, mientras era arrastrado de la camisa por su menuda y furiosa cuñada. -¡Espero que Ai esté muy bien!

-¡Gracias!

-¡YA VÁMONOS!


Como Yoh había deseado, el cielo estaba despejado, adornado por nubes por escasas. El aire estaba fresco, pero la temperatura aún estaba agradable. El parque que al cual solía ir era uno de sus lugares favoritos. Todas las personas que lo visitaban estaban alegres; nunca había notado a alguien enfadado o triste en él. Las únicas personas a las que había visto sufrir eran niños en plena rabieta, cuyos padres solían lucir rendidos frente la vida. El abundante verde, entre el césped y los árboles eran un perfecto contraste a los grises edificios de la ciudad. Su parte favorita era el pequeño canal, que le recordaba mucho a sus paseos durante la niñez junto a su padre y su gemelo.

Era un buen día para pasear con su novia por el parque. Y con su hermano también, por supuesto.

-¿De verdad no me van a decir qué pasó en la consulta? -preguntó Hao, que había tratado de obtener información tanto de su hermano como de su cuñada sin resultado alguno.

-No, Hao. -respondió agobiado su hermano. Yoh era el único que le dirigía la palabra, ya que Anna parecía estar meditando en su cabeza para tratar de recobrar la paz que había perdido durante esa mañana. -¡Mira! Hay un carro de algodón de azúcar. -le señaló a lo lejos del parque un carrito en donde vendían distintos tipos de dulces. Había una pequeña fila de niños. Hao alzó un ceja.

-¿De verdad vas a tratar de deshacerte de mi así? ¿Crees que soy idiota? -preguntó el mayor, cruzando sus brazos con el ceño fruncido. Yoh le miró suplicante, señalando con la mirada a su novia, que parecía estar haciendo combustión interna. -Está bien -gruñó -vuelvo en un momento.

Yoh lo observó yéndose mientras refunfuñaba. Lamentaba haber metido a Hao en todo esto, pero necesitaba el apoyo de alguien para lo que se avecinaba. La cita con el doctor había sido demasiado embarazosa para ambos, y además Anna no estaba nada contenta con que Hao estuviese ahí. El Asakura maldijo su suerte; si quería proponerle matrimonio a su novia, tendría que romper la tensión y hacer que la situación diera un giro. No era tan estúpido como para hacerle la gran pregunta a su novia cuando ella deseaba patearle el trasero con ansias.

-¿Ya me vas a decir algo? -preguntó Yoh, mirando a la muchacha que se encontraba estoica. -¿Anna?

-Me dejas esperándote media hora en la consulta, mientras la gente me miraba con lástima como si fuera una pobre chiquilla embarazada y abandonada -comenzó ella, con un tono absolutamente neutral. Claro, llega un punto en que la rabia es tanta que ya no es posible expresarla para verbalmente. -Llegas justo antes de la cita, sin explicaciones, y con tu hermano, a una reunión que debía ser especial e íntima. -ambos recordaron por un segundo las preguntas que hizo el médico, agradeciendo que Hao no hubiese entrado a la oficina con ellos.

-Iba a avisarte que él nos acompañaría -se excusó Yoh, escondiendo ambas manos en los bolsillos de su chaqueta, alarmándose en secreto cuando sintió cierta cajita en su interior. -Pero salí apresurado de mi casa, sin mi teléfono, y él no tiene tu núme...-

-¿Por qué insististe tanto en que querías verme para compartir un tiempo a solas si ibas a traer a tu hermano? -interrumpió la rubia, frunciendo el ceño- No conoces el esfuerzo mental y físico que estoy haciendo para estar aquí contigo, y me vienes con esto. Si hubiese sabido que nuestra tarde romántica incluía a alguien más, te habría dicho al instante que prefería quedarme en casa acostada viendo televisión.

-¿No crees que estás exagerando? -preguntó Yoh, que sabía que estaba jugando con fuego. Era muy fácil ser complaciente y sumiso ante el carácter de su novia, pero no entendía por qué tanto escándalo -Comprendo que estés un poco cansada, pero tampoco debe ser un suplicio estar conmigo. Si te sentías de esa forma, pudimos habernos visto otro día.

-Ese es el punto -continuó Anna, cruzando los brazos, ahora visiblemente molesta -No quería prolongarlo porque sabía que era algo que deseabas. Pero claro; me vendes el panorama como una cita maravillosa, sólo entre los dos, y termina siendo una salida familiar. De verdad, pudiste haber invitado a tus padres también.

-Insisto, sigues exagerando. -respondió su novio, imitándola, cruzando los brazos.

-¿Tú crees? -preguntó ella, dando un paso hacia Yoh de forma intimidante- ¿Cuándo fue la última vez que estuviste embarazado, Yoh? No tienes idea de la carga emocional que implica. Sin hablar de los mareos, las náuseas y los antojos. Y dime ,¿cuándo fue la última vez que tuviste que hacer reportes extra e investigaciones voluntarias en el instituto para sumar puntos para tus calificaciones? Porque aunque mi rendimiento sea bueno, aún no califico para ninguna beca universitaria. Oh, también quería saber ¿alguna vez has trabajado en tu vida? Porque yo sólo llevo una semana en esa estúpida tienda como cajera y creo que me voy a volver loca.

-Espera -dijo él, confundido ante las palabras de la muchacha -¿Estás postulando a una beca y además tienes un trabajo de medio tiempo? ¿Por qué no me habías dicho nada antes?

-Porque soy estúpida, Yoh. -contestó ella, dando otro paso hacia él. -Porque creí que si sabías en el hoyo en el que estoy metida te preocuparías. Pero no lo haces, porque así eres. El despreocupado y alegre Yoh. Con la cabeza en las nubes, y los pies apenas en la tierra. -agregó, apuntando el pecho del muchacho con rabia.

-¿De qué demonios estás hablando, Anna? -preguntó él, que no recordaba cuando fue la última vez que se sintió así de indignado. -Tú no tienes idea de qué pasa por mi mente. Si tengo la cabeza en algún lugar es en ti, siempre pendiente de ti. Pero tú sigues cerrándote, centrada en tu propia desdicha. -continuó, acercándose a ella, que le miraba desafiantemente -Siempre son tus dilemas, y tus secretos. Pero eres adicta a sufrir sola. Adoras apartarme, convencida de que es por mi propio bien, pero en realidad siempre son tú y tu estúpido orgullo.

-¿Cómo puedes decir eso? -preguntó Anna, con ambas manos empuñadas. -¿Adicta al sufrimiento? ¿Crees que me hace feliz haber echado todo por la borda? Ya no tengo padres, ya no tengo dinero, pronto ya no tendré mi departamento y ni un futuro en la universidad. ¿Sabes por qué? Porque te elegí a ti, y porque elegí a nuestro hijo. Pero tú no entiendes porque no has perdido nada. Tu vida no es la que cambia, es la mía. Estoy intentando retomar el poco control que tengo sobre ella, mas tú no lo ves. Desde ahora en adelante cada cosa que haga no solo influye en mí, sino que además influirá en nuestro hijo. Eres incapaz de verlo, porque pase lo que pase entre nosotros tu puedes ir y venir, pero soy yo la que va a tener a este bebé. Soy yo la que lo criará. Tú puedes vivir como quieras e irte cuando lo desees.

-¿De verdad crees eso de mí? -preguntó Yoh, sintiendo que su enfado emergente desaparecía, siendo reemplazado por pena. Esas últimas palabras habían sido un golpe bajo. -¿Qué clase de cretino crees que soy? Yo nunca, nunca sería capaz de abandonarte así.

-Tranquilo, ya estoy acostumbrada a que la gente me deje. -dijo ella, que también comenzaba a sentir más tristeza que furia- Ni vas a notarlo cuando ya te hayas ido.

-Creo que después de todo, no me conoces tan bien -contestó el muchacho, sonriendo con amargura.

-Y por el contrario, tú me conoces demasiado bien -respondió Anna, abrazándose a sí misma. La temperatura estaba bajando, y la brisa que la envolvía era muy fresca. Era más simple admitir que tenía frío a decir que estaba muy dolida-Es verdad que te aparto por orgullo. Es lo más fácil de hacer porque en realidad nunca he tenido a alguien que esté para mí como tú. -concluyó ella, caminando lentamente sobre el pasto, dirigiendo la mirada hacia las escasas nubes que adornaban el cielo. -Toda mi vida he sido sólo yo; una vida fácil, cómoda, pero solitaria y vacía. Y ahora vienes tú, y ya no tengo nada, pero te tengo a ti y de pronto eres mi todo. -confesó ella, mirando a Yoh con los ojos llenos de lágrimas. -Entonces, no quiero que estés tan cerca, porque te vas a ir cuando notes quien soy realmente.

-Ya sé quien eres, Anna. -dijo Yoh, caminando hacia ella, limpiando una lágrima que se resbalaba por su mejilla. -Es inútil seguir pretendiendo que nada te afecta. Tú eres fuerte, y lo sabes. Mucho más fuerte que yo. Pero tienes que dejarme entrar. -explicó él, cogiendo con ambas manos las de la muchacha. -Decirme que estás pasando por una situación difícil y necesitar mi apoyo no son signos de debilidad; eres tú siendo honesta, luchando y pidiendo refuerzos.

Ante este último comentario, ambos rieron. Anna secó sus lágrimas, y abrazó a su novio. -Lo siento, de verdad. No quise decir todo eso.

-Por supuesto que quisiste decirlo -respondió Yoh, rodeando a la muchacha con sus brazos mientras ella escondía la cabeza en su pecho.

-Sí, pero fue sólo porque estaba molesta -dijo ella, abrazándolo con más fuerza. -No seguiré ocultándote cosas. Confío en ti.

-Y yo en ti -respondió, dándole un beso en la frente. -Siento también todo lo que dije. No estaba pensando claramente.

-Yo tampoco. Sólo estoy exhausta.

Yoh sonrió. Definitivamente, el día no había resultado como esperaba.

-Vamos, buscaré a Hao para decirle que te iré a dejar a tu departamento para que descanses.

-Eso estaría muy bien. -dijo ella, abrazándose nuevamente ante una corriente de aire -Los días están comenzando a estar más fríos.

-Toma -dijo Yoh, quitándose su chaqueta para ponérsela a su novia. -Creo que te haría bien un chocolate caliente, ¿eh?

-Siempre -contestó Anna, subiendo la cremallera de la prenda del Asakura. Ambos comenzaron a caminar, buscando a Hao que no se veía por ningún lugar -Yoh, aún tengo una duda.

-Dime.

-¿Por qué nos acompañó Hao realmente? -preguntó ella, recordando las palabras de su novio más temprano -Le pediste que viniera porque la cita al doctor sería un momento especial, pero no entró con nosotros a la consulta, y ninguno de nosotros le contó cómo fue todo, entonces, ¿por qué querías que estuviera con nosotros?

Yoh recordaba claramente el por qué, pero -después de esa desastrosa mañana- su proposición tendría que esperar. Quería asegurarse de que esta vez todo saliera perfecto, así que tendría que prolongar la ocasión para otro día.

-Es en realidad una historia divertida, pero supongo que tendré que contártela en otro momento.

Continuaron caminando y, para la suerte de Anna, encontraron una máquina de bebidas calientes.

-¡Mira! Tiene chocolate caliente y café -exclamó Yoh, que ya comenzaba a extrañar su chaqueta. La brisa corría con más fuerza, cada vez más helada. Buscó en los bolsillos de su pantalón su billetera, pero estaban vacíos. Observó a su novia y lo recordó -Anna, ¿puedes entregarme mi billetera? Está en el bolsillo derecho de mi chaqueta.

Ella asintió e introdujo su mano en el compartimiento de la chaqueta. Fue entonces cuando sintió una textura suave y aterciopelada. Retiró lo que pareció ser una cajita de la prenda -¿Qué es esto? -preguntó ella, curiosa.

La expresión serena de su novio desapareció en un par de segundos. Empalideció y se acercó a ella rápidamente. -¡No lo veas!

Antes de que él la alcanzara, Anna dio un salto atrás y abrió la cajita. Miró el anillo en su interior y luego a Yoh, aún sin entender por qué su novio se había paralizado.

-¡Al fin los encuentro! -exclamó Hao, con un algodón de azúcar a medio comer. Se detuvo en el lugar y observó a Yoh molesto -¡No me digas que ya le propusiste matrimonio y me lo perdí! Eres el peor hermano de…-

Anna miró nuevamente el anillo, y luego a Yoh, cuyo rostro había perdido todo color.


¡Hola de nuevo! Sí, aunque no lo crean; dos actualizaciones en una semana. ¿Me he vuelto loca o qué? Espero que les haya gustado este capítulo. Tenía tantas formas de hacerlo en mi cabeza, que me costó mucho decidirme por el resultado final. Quise retomar un poco el tema de Hao queriendo ser papá, que siento que no se abordaba hace un rato. También introduje a Damuko, no sé si todos están familiarizados con ella, ya que es un personaje exclusivo del manga. Anna no puede ser la única adolescente embaraza en la ciudad, ¿verdad?

Quiero aprovechar de agradecer a cada una de las personas que ha leído esta historia, y sobretodo a quienes se toman un tiempo para comentar. Aunque no siempre conteste sus comentarios, siempre los leo y me alegran muchísimo. Me importa mucho su opinión y sus sugerencias. Sus ideas son un gran empujón cuando la inspiración es escasa.

Gracias Lili, Tuinevitableanto, Cujin, Hunken, JosMinor, Corben 27, Annasak2, Junpei, ag1292, Courthney, Maritza 74, Niju, Giropenki, Lenper, Muyr, Sabr1, Mary, Reikiavik, Clau Asakura K, Anberie, Suty, Fénix de Plata, Lalaloopsy, Alderian, SophiHyud, Zria, SweetnessKai, Lanko, Saralour-tita, Trey, Focali, FairyQueen 72, Becky, Daisuke, Raven, Penurias chan, Kakunza, Kuri, Bink, Rei, Hikari H, Nana, Vania, Gianna, PaulNoName, Karla, Mara ,Hola y todas las visitas anónimas. (Perdonen si olvidé a alguien jajaja)

Muchas gracias por leer! Estaré atenta a cualquier sugerencia que tengan. Manténgase a salvo, y ¡feliz Semana Santa!