Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 30 – Hay cosas peores que la muerte.
Sirius no pudo dormir mucho aquella noche. Lo intentó y lo intentó pero finalmente tras unas horas de descanso, si es que se le podía llamar así, decidió que era el momento de levantarse y hacer frente al nuevo día. Bellatrix continuaba acurrucada contra su pecho, tocó su frente y comprobó que aún seguía con la fiebre alta. Debía de ir a por un médico.
Mientras el agua de la ducha le caía por encima, no podía dejar de pensar en lo mucho que acababa de cambiar su vida en unas horas. James y Lily habían sido asesinados, y aunque en esos momentos debía de estar detestando al propio Voldemort, todo su odio estaba centrado en Peter. Si hubiera insistido más a James en ser su guardián… Quizás no estarían en esa situación.
Cerró el grifo y comenzó a vestirse. Debía de ponerse en contacto con Remus e ir a por esa rata de Peter. Sus amigos merecían ser vengados. Pero antes, debía de proteger a su familia tal y como James le había indicado.
En la planta baja Andromeda continuaba despierta, no le sorprendió. Alphard continuaba dormido al igual que Tonks.
–¿Cómo esta Bella? –Andromeda le susurró para no despertar al resto.
–En cuanto amanezca iré a por un médico. –Apretó los labios. –La fiebre continua muy alta.
Andromeda asintió. Hacia unas horas que había conseguido ponerse en contacto con su marido y le había dicho que se quedaría con su hermana. Esperaba que su hija se fuera a casa en las próximas horas. El ministerio hacia unos instantes que había levantado la prohibición de salir de las casas.
–Me quedaré aquí.
Sirius no pudo evitar emocionarse. Aunque hacía años que había reunido a su familia, en momentos como ese, se daba cuenta de que no estaba solo. Y después de lo que acababa de ocurrir, saber que había personas que se preocupaban por ellos hacían que las lágrimas quisieran salir de sus ojos.
–Gracias Andy. Pero dile a tu hija que se vaya a casa y creo que también sería recomendable que Alphard descansará en su cama.
Mientras que Andromeda conseguía que tanto Tonks como Alphard se fueran, Sirius se ponía en contacto con Dumbledore. Harry debía de estar con ellos, eran sus padrinos y si James y Lily habían confiado en ellos para ese cargo, era porque querían que su hijo estuviera en su casa. No recibió ninguna contestación por parte del viejo director.
Con Remus pasó al similar.
No quiso darle importancia. Todo el mundo debía de estar del revés y asumió que cada uno estaba lidiando con sus propios temores. Aunque la falta de contacto le estaba comenzado a preocupar. ¿Y si Voldemort y los mortifagos habían hecho más daño del pensado?
Tenía tantas cosas de las que preocuparse que apenas podía pensar con propiedad. Sacudió la cabeza para centrarse y comenzó cumpliendo lo primero que se había propuesto. Ir a San Mungo.
No fue fácil encontrar un médico. Muchos no habían acudido al trabajo y los pocos que había estaban demasiado saturados, pero tras mucho buscar encontró a un joven residente, que a cambio de unas libras estaba dispuesto hacer una visita a domicilio.
Como sus siguientes objetivos eran llevarse a Harry y encontrar a Peter, dejó que el médico fuera atender a Bellatrix y él en cambio iría al ministerio. Desde su puesto de trabajo podía tener alguna posibilidad más de hablar con Dumbledore y conocer que indicios tenían sobre el paradero de Peter.
Pero nada más llegar al ministerio paso algo que nunca se hubiera imaginado.
Le detuvieron.
El médico dejó la casa una vez comprobó que Bellatrix estaba estable dentro de la evolución normal de una viruela de dragón. Era cierto que su fiebre estaba elevada pero según el cuadro de la enfermedad, era algo normal. Mientras que no desarrollase otro tipo de síntomas más preocupantes, no había peligro.
Pero a decir verdad, Bellatrix se encontraba mejor, había conseguido descansar y eso se tradujo en una mayor vitalidad dentro de sus síntomas. Se encontraba dolorida y fatigada, pero con energía y la mente más clara. Su hermana la ayudó a levantarse y vestirse.
–Es gratificante verte tan bien. –Andromeda sonrió de lado. –Estábamos todos realmente preocupados.
Bellatrix le devolvió una sonrisa de conformidad, pero enseguida se entristeció. La muerte de James y Lily se instauró en su cabeza. Le costaba creérselo, todo continuaba siendo tan confuso que necesitaba que Sirius le explicase todo… Aunque esa tristeza y confusión quedaba en su segundo plano cuando pensaba en Harry. Esperaba que Sirius volviera con él.
A media tarde Sirius aún no había vuelto y eso le extrañó. Se suponía que llegaría antes de anochecer por eso le había dicho a su hermana que volviera a su casa. Ella se encontraba mucho mejor y sabía que Andromeda quería volver con su marido. Pero ahora dudaba de su decisión. Se encontraba sola, convaleciente y con una magia muy descontrolada.
Estaba en su habitación cuando escuchó un ruido procedente de la planta baja. "Sirius ha vuelto" pensó.
–Ya me estaba preocupando que no volvieras…–Dijo bajando las escaleras y entrando al salón.
Pero el que acababa de llegar no era Sirius, sino los miembros que aún quedaban de la Orden del Fénix y varios aurores del ministerio.
–¿Qué… –Les iba a preguntar que estaba ocurriendo, pero enmudeció cuando todos la apuntaron con sus varitas.
–Bellatrix Black está detenida.
Lo primero que hicieron con Sirius fue sentarlo en una de aquellas salas de interrogatorio que tan bien conocía.
–¡¿Alguien me puede decir que hago aquí?! –Gritaba furioso. –Tengo derecho a saber porque estoy detenido –Nadie le hacía caso. –Esto es un locura… -Murmuró.
Tras varias horas allí encerrado, un auror entró en la sala. Le conocía, nunca habían trabajado juntos, pero habían compartido alguna que otra palabra cuando se encontraban por el ministerio.
–En unos minutos serás traslado a Azkaban. –Se limitó a decirle.
–¡¿Azkaban?! –Le mandaban a la carcel sin decirle nada, sin unos derechos… Sin nada. –Es que nadie va a explicarme que está ocurriendo… ¡McCarthy por favor! –Suplicó.
El auror le miró detenidamente y tras dudar unos segundos le contesto a la cuestión que llevaba horas preguntando sin obtener respuesta.
–Sirius Orión Black… –Comenzó a desenrollar un pergamino. –Está usted detenido por sus alianzas con Lord Voldemort. –Sirius abrió los ojos de par en par. –Por entregar al auror James Potter y su esposa al mismo, por la muerte de Peter Petegrew así como por la muerte de doce muggles. Por estos delitos será enviado a Azkaban.
Sirius continuaba en shock, debía de haber un error.
–Peter Petegrew nos traicionó. ¡Él vendió a James y Lily!
–¡Como puedes ser tan rastrero! Tú eras el guardián de los Potter. Has matado a Peter pensando que con ello ocultarías tus crímenes pero te hemos pillado.
Sirius negaba furioso.
–¡El guardián era Peter!
El auror negó con la cabeza.
–Me das asco Black. –Y con eso se marchó de la sala.
Unos minutos más tarde volvían a entrar otro grupo de aurores para llevarle a Azkaban.
Con Bellatrix no fueron distintos y la dejaron en una fría sala. Nadie había venido a decirle nada y había comenzado a darse cuenta de que efectivamente no estaba tan sana cómo creía. Notaba que la fiebre había vuelto y en más de una ocasión el lugar le había dado vueltas.
Se preguntaba si Sirius sabía que estaba allí.
Tras varias horas una mujer entró. Se sentó frente a ella, abrió una carpeta y sacó un papel.
–Firme aquí. –Le indicó dándole una pluma.
Si era desconcertante estar en esa situación, cuando leyó el papel todo dejo de tener sentido.
–Yo no voy a firmar eso. –Dijo tirando la pluma. –¡¿Me puede explicar que está pasando?! Me detienen y ahora quieren que firme una declaración donde indica que soy culpable de ser una mortífaga…
La mujer recogió el papel y sin decir nada, se levantó de su asiento. Se acercó a la puerta y se fue.
Al poco de salir la mujer, entró Ojo Loco Moody.
–¡Alastor! –Por un momento Bellatrix se sintió aliviada al verle. Al menos podría decirles a todos que estaban equivocados de haberla detenido. –Por fin alguien que pueda explicarles su error. – Se pasó la mano por los ojos pensando que todo había acabado y que volvería a casa.
–Bellatrix Black… –Dijo dándose un rodeo por la sala. –No sé cómo hemos caído. Yo me fie de Sirius… Pero viendo lo suyo no me sorprende nada esto…
Bellatrix le miraba sin comprender, ¿qué estaba diciendo este hombre? ¿Qué había pasado con Sirius?
–Que engañados nos teníais a todos… Delante de nuestras narices y no nos habíamos dado cuenta…
Bellatrix no aguantó más.
–Me puedes decir directamente que está pasando. No sé de qué va a este juego. Pero, ¿Por qué estoy aquí? y sobretodo ¿Donde está Sirius?
Alastor la miró y se apoyó en su pierna buena.
–Estas aquí para ser llevaba a Azkaban.
¡Azkaban!
Esto ya no estaba siendo normal. Nada tenía sentido.
–Deberías de haber previsto que te íbamos a encontrar cuando decidiste torturar a Frank y Alice Longbottom junto con los hermanos Lestrange –Escupió.
–¡Yo no he torturado a nadie! –Pero que estaba pasando. El aire comenzaba a faltarle y se sentía a punto del colapso.
–Tenemos pruebas, ¡testigos! Os hemos pillado con las manos en la masa. Sirius y tú no volveréis a ver la luz del día nunca más. Un asesino en serie y una torturadora, los dementores se darán un festín con vosotros.
Alastor salió de la sala.
Bellatrix todavía estaba asimilando toda la información. Si no había entendido mal, Sirius también estaba detenido y lo acusaban de asesinato. Aquí algo no andaba bien. Debía de haber un error, pero parecía que no se solucionaría próximamente ya que las siguientes personas que entraron en la sala fueron aquellas que la llevarían hacia Azkaban.
