Capitulo 24
Cerezo: Lo efímera que es la vida.
Era extraño sentirse de aquella manera, después de todo nunca espero que las cosas terminaran así. Dio un largo suspiro cansado por toda la situación en la cual se habían metido sin ser realmente consiente de lo que ocurría.
-"Al menos la vista es buena".
Pensó contemplando el gran jardín lleno de flores perfumando su dulce aroma.
-No te preocupes Chibisuke, me encargaré de que logres llegar a la ventana en esta ocasión.
Afirmaba su hermano sobre él mientras Momo asentía a su lado. La realidad del asunto era que el príncipe prefería evitar aquel allanamiento, pero tal parecía que sus amigos solo se habían preocupado por formular planes que se inclinaban a actos criminales: Cavar un túnel, secuestrar el auto, sedar a la servidumbre ¿Cómo rayos creían que podrían amordazar a los guardias? Otro suspiro se escapo de él recordando como había terminado en aquella situación y maldiciéndose internamente por no seguir sus primeros instintos.
-Los cerezos florecieron hermosamente este año ¿No crees Ryoma-kun?
Dijo con su usual sonrisa con mejillas sonrojadas.
-Eso parece.
Fue su respuesta al elevar su mirada y contemplar los pétalos rosados sobre ellos. Miro a la joven quien con ojos se maravillaba por aquella vista mientras la sueve brisa jugueteaba con su cabello ¿Cómo podría apreciar de aquella forma las flores que veía cada año desde pequeña? Estaba seguro que si ella no se lo hubiera comentado él jamás hubiese prestado atención a ese paisaje, pero ella siempre contemplaba cada pequeña cosa con aquellos grades ojos como si de una niña que acaba de salir al mundo se tratase.
-Ryoma-kun, mira. Creo que ese ese esta a punto de florecer.
Lo llamo mientras apuntaba con emoción hacia un pequeño capullo cercano a ellos. Su partido acababa de terminar y como era costumbre desde pequeños ella había ido a animarlo llevándole un delicioso almuerzo para festejar su victoria, la cual él le había asegurado que tendría.
-Pareces una niña emocionada por un nuevo juguete.
Ante el comentario la castaña se sonrojo desviando la mirada avergonzada.
-Lo siento.
Ryoma suspiro, su comentario no había sido malintencionado.
-No tienes que disculparte, es solo que siempre pareces emocionarte por cosas que la mayoría de personas no notaria. Siempre he sentido curiosidad acerca de eso.
Explico dejando la caja vacía sobre el mantel que habían colocado en el pasto cercano a las canchas.
-Justo esa cara es de la que hablo.
Señalo el joven mientras fijaba su mirada en el rostro de Sakuno quien lo miraba con ojos transparente.
-¿Te molesta?
Río al escuchar semejante pregunta la cual no le extrañaba en lo más mínimo, ella tenia una facilidad para interpretar las cosas y atribuirlas a otra situación después de todo.
-¿Porque me molestaría ver la expresión que hizo enamorarme de ti?
Aquel comentario ni él mismo se lo esperaba, pero era cierto. Sakuno siempre era capaz de mostrarle un mundo del cual él no era consiente hasta conocerla: apreciar las flores y descubrir nuevas formas de expresarse con ellas, recostarse sobre el césped contemplando las nubes encontrando formas en ellas, contemplar como el viento jugueteaba con las cosas, escuchar la dulce melodía de un bello canto, sin lugar a dudas eran cosas que nunca hubiese imaginado hace antes de estar con ella.
-Ryoma-kun…yo…
El joven sonrió estirando su mano para acariciar la mejilla de Sakuno contemplando aquellos transparentes ojos los cuales siempre lo miraban con ternura y amor.
-Contemplar la belleza en cada sutil detalle es algo que me sigo preguntando como logras hacer.
Sakuno sonrió colocano su propia mano sobre la del joven quien la miraba como si de una flor recién nacida se tratare.
-¿Conoces la leyenda de la flor de cerezo?
Dijo.
- Durante la Era Mejí, en Japón, era muy común que se fuera a buscar la las casas a los mejores samuráis que había sin importar lo viejos que fueran. Durante años se mantuvo una guerra que se cobró numerosas vidas.
Explicaba.
-En esta época florecían los árboles de flor de cerezo. Entonces, no era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada de un samurai en batalla, verse con otro hombre que no fuera de su familia. La ley establecía que cualquier mujer sería libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate.
Ryoma la escuchaba atento a lo que ella compartía.
-Curiosamente en registros nunca se encontró ninguna mujer ejecutada por esta ley, y sin embargo se encontraron tantas muertas como samuráis de distintas zonas. Ninguna de estas mujeres fue asesinada, ellas mismas lo hacían con el nombre de su esposo muerto en batalla si este era un samurai. Esto siempre lo hacían frente a un árbol de flor de cerezo que con la sangre que absorbía se fue tornando rosada.
El samurái junior no entendía realmente a que venia esa historia en un momento como aquel, espero incluso un sonrojo o un beso, pero Sakuno tenia una facilidad para sorprenderlo.
-Siempre que salía un samurai de su casa, se sembraba un árbol de Cerezo en su honor.
Con suavidad beso la mano de Ryoma que aun sostenía con la suya sobre su mejilla lo cual logro teñir las del joven.
-La espera de su amor y la necesidad de demostrar que ellos estuvieron en este mundo hizo que aun a través del tiempo algo de ellos quedará para recordar cuan profundo fue su amor, o al menos esa es mi interpretación. Después de todo, los cerezos hacen alusión a lo efímera que es la vida, pero también a un nuevo renacer.
Ella sonrió acercándose a él quitándole la gorra de su cabeza y colocándosela a sí misma.
-Pensar en cada instante como un regalo y cada experiencia como un aprendizaje, nos permite abrir nuestros ojos al mundo y buscar el significado de aquello que vamos conociendo, ya que si lo piensas, por más insignificante que parezca algo guarda su propia histora. Por eso es que pienso que maravillarte con cada cosa como si fuese la primera vez que la ves hace que nosotros valoremos lo efímeros que somos, además quiero que así como yo trato de ver el mundo en maravillas Ryoma-kun a quien tanto amo también se maraville con él.
Finalizo sujetando la gorra que acababa de colocarse con una sonrisa tan amplia que dejo sin palabras al príncipe ante aquella escena tan deslumbrante. Mirarla a ella con sus largos cabellos juguetear al compás del viento, mientras que las flores caían junto a esa radiante sonrisa era algo que simplemente no podía definir con palabras. Con ternura la atrajo hacia su pecho rodeándola entre sus brazos y agradeciendo porque el lugar que habían elegido para comer estaba prácticamente oculto del resto de las personas.
-Así que maravillarme del mundo, ciertamente dices cosas muy bonitas.
Se burlo el samurái.
-No te burles.
Se quejo inflando los cachetes e intentando liberarse siendo detenida por los fuertes brazos de su amado.
-Aprender de lo efímero de las cosas solo me hace apreciar cada momento a tu lado.
Con ternura sujeto su barbilla haciendo que lo mirace provocando la caída de su gorra de la cabeza contraria.
-Pero yo no quiero que mi tiempo contigo sea efímero, eres el dulce ragalo que jamás espere.
La joven sonrió sincera y orgullosa, sabia que era la única en haber visto aquella faceta en el príncipe.
-Ryoma-kun
Lo llamo mientras él jugueteaba con uno de sus mechones rojizos.
-Si alguna vez tenemos que separarnos ¿Regresaras a mi?
Ryoma pensó en reírse pero al comprender que aquella pregunta fue formulada con la más grande inocencia decidio responder de la misma forma.
-Así que las esposas de los samurái esperaron tanto que su sangre tiño a los cerezos de rosa, supongo que en nuestro caso no habrá ese dilema.
Sonrió nuevamente al mirar la cara dudosa de Sakuno.
-Dicen que yo soy un samurái por herencia de mi padre y tus eres como una cálida flor de sakura en lo alto de un árbol. A través de la historia los samurái siempre han admirado la belleza de las flores de cerezo y por tanto siempre han buscado estar con ellas, así que de esa misma manera yo buscaré estar contigo contemplando tú belleza ya que nunca he ni creo conocer flor tan hermosa como tú.
Aquel beso que le fue dado tras finalizar su palabras hizo que todo su cuerpo se erizara y deseare que ese momento jamás terminara.
-Ahora entiendo a lo que te refieres con contemplar la belleza de lo efímero.
Dijo con sonrisa de niño al sentir como la joven que acababa de besarlo se alejaba de él.
-Yo te esperaré siempre Ryoma-kun.
-Vamos Echizen, solo un poco más.
Lo distrajo de sus pensamientos Momo intentando hacer que se levantase de aquel arbusto.
-No.
-¿No?
Preguntaron al unisono Momo y Ryoga quienes seguían insistiendo en hacerlo escalar la gran muralla.
-Me voy.
Fue su última línea antes de alejarse de ellos a paso lento. ¿Cómo se suponía que habían llegado a esa situación? Una cosa era que los gemelos ayudasen a llevarlos a todos a Inglaterra y otra muy distinta que trajeran a Ryoga sabiendo como era, o tal vez lo había llevando por esa razón.
Aquel día se suponía que irían a la casa del abuelo de Sakuno, sin embargo, el hermano de Sakuno había contactado con ellos y les pidió que no hicieran nada hasta que el les dijera ¿Cómo creía que estando tan cerca se aguantaría las ganas de ir a verla? Así pues, consiguió averiguar la dirección de la mansión y al ser descubierto lleno por su amigo y su hermano se encontró con un plan lo suficientemente absurdo como para ser considerado hecho por un niño.
-¿Realmente creyeron poder saltar aquella enorme barda?
Se dijo con molestia cerciorándose de que no lo estuviesen siguiendo. Tan perdido estaba en sus pensamientos que no se percato el momento en que entro a aquella encrucijada sin posibilidad de salida.
-¿Cómo se supone que salga de aquí?
Dijo por lo bajo luego de haber caminado por más de una hora sin encontrar forma alguna de salir.
-¿Are you lost?
Le pregunto una voz cercana a él.
-I tinnk so.
Respondio hacia aquel hombre de ojos cansados y elegantemente vestido.
-¿Are you japanese?
Le pregunto aquel hombre mirándolo detenidamente.
-My father is japanese but I lived in the half of my life.
No era usual que Ryoma le contestase a alguien cuando preguntaba acerca de él, pero no era como si tuviese algo que hacer además, aquel hombre parecía bastante solitario. Se acerco luego de ser llamado por la mano de su interlocutor asomándose por un ahujero para ver que era lo que lo tenia tan atento en aquel paisaje al hombre topándose con la imagen de un árbol de cerezo tras aquel muro de plantas.
-Sakura.
Dijo por inercia causando que el hombre le sonriera amable totalmente opuesto a lo que se esperaría al verle.
-Realmente eres japonés.
Afirmo aquel hombre de barba.
-Suelo venir aquí a contemplar este viejo árbol.
Ryoma se limito a escucharlo pues su voz le recordaba a la melancolía que una vez contemplo en Sakuno al hablar sobre su familia lo cual hizo que simplemente no pudiese dejarlo ahí, sentía que si se alejaba de aquel hombre luego podría arrentirse pues a pesar de su imponente aspecto parecía desvanecerse.
-¿Le recuerda a alguien?
Pregunto sin ningún metimiento para sus palabras lo que provoco el asombro del hombre.
-Veo que eres bastante directo para hablar.
Sonrio.
-Aquel árbol lo planto mi hija, ella tenia especial gusto por las flores de cerezo fue tan grande su admiración por ellas que nombro a su hija en su honor.
Comento con ojos de añoranza.
-Debe de quererla mucho si viene a contemplar aquel árbol por ella.
-Bueno, es una forma de mantenerla en mis pensamientos. Ella murió hace ya varios años.
-Lo siento.
Dijo el príncipe por inercia.
-No tienes porque disculparte, eso ya tiene mucho que paso. Mi esposa también murió hace demasiado.
Expreso con melancolía.
-Lo siento joven, te llame porque creí que estabas perdido, pero no quería agobiarte con las historias de un viejo.
-No sé preocupe, solo estaba caminando y me permitió ver un paisaje muy hermoso.
El hombre lo contemplo unos momentos.
-Mi hija era gran amante de los cerezos, pero a pesar de todo el tiempo junto a ella nunca le pregunte la razón y ahora no esta para responderme.
Dijo.
-En Japón, los cerezos hacen alusión a lo efímera que es la vida.
Comento mientras contemplaba aquel árbol.
- "Pensar en cada instante como un regalo y cada experiencia como un aprendizaje, nos permite abrir nuestros ojos al mundo y buscar el significado de aquello que vamos conociendo, ya que si lo piensas, por más insignificante que parezca algo guarda su propia historia. Por eso es que maravillarte con cada cosa como si fuese la primera vez que la ves hace que nosotros valoremos lo efímeros que somos".
Cito el joven recordando a Sakuno y fijando su mirada en aquel hombre.
-Que bellas palabras.
-No son mías, pertenecen a una persona especial quien siempre que fija sus grandes ojos en algo se maravilla sin importar si ya lo ha visto antes.
Contó con cálida sonrisa, la cual no paso desapersivida por su interlocutor.
-Debes quererla mucho ¿Es tu novia?
Las mejillas del joven se tiñeron de color, sin embargo, asintió mirándolo a los ojos.
-Tal vez su hija planto aquel árbol porque quería que como ella se maravillara de las cosas que ella amaba.
-Mi esposa me dijo algo parecido en una ocasión. Ella tenía especial gusto por las flores y acostumbraba llenar el jardín de las flores que tanto le gustaban, decía que quería mostrarme el mundo que ella veía, era tan extraño como hacia que mi humor cambiara tan solo con mirarla.
Decía el hombre.
-Yo siempre fui un hombre solitario que no veía más allá de lo que tenia enfrente, pero aquella soñadora sonrisa logro guiarme hacia lugares que jamás creí explorar, cuando ella sonreía hacia que todos a su alrededor lo hicieran. Mi gris mundo se lleno de color mientras ellas batía sus alas llevándome a maravillarme con cada pequeña cosa a mi alcance y como si de un sueño fugaz se tratase ella se fue a pesa de que trate de cuidarla con todo lo que tenia dejando a nuestra hija a mi cuidado. Creí que esta vez podría hacer las cosas bien cuidándola de todo mal, pero me tope con la sorpresa de que otra vez me equivoque.
Un suspiro salio de él.
-Ver a la persona que amas en pequeños actos de su descendencia solo causa que las personas añoren más su compañía, tal vez fui muy duro con mi hija pues el temor de perder la única prueba de la existencia del amor de mi vida me aterraba ¿Cómo era posible que desapareciera de este planeta alguien que irradiaba luz a los otros solo por existir? Me aferre fuertemente a preservar su recuerdo y por eso aleje a quien se suponía debía dejar volar libremente para que fuera igual de brillante… Creía que cuando mi hija murió jamás podría volver a tener la oportunidad de toparme con alguien que me recordase a mi querida esposa, que su recuerdo se alejaría como un recuerdo lejano.
Ryoma lo miro comprensivo.
-La herencia es tan extraña como indudable. Cuando crees que las posibilidades de que alguien pueda heredar algo que anhelas son nulas te ciegas y evitas que ocurra ¿Quién iba a decir que la combinación de genes crearía a la persona que contendría el alma de quien siempre espere volver a ver?
-Creo…
Hablo Ryoma al escucharlo.
-Que perder a alguien después de finalmente haber aceptado cuando amor le tenemos es la cosa más dolorosa que nos puede pasar.
El hombre lo miro analítico dejando que continuase.
-Yo no puedo entender lo que significa que el amor de mi vida muera así que creo que decir palabras complacientes seria solo desfachatez de mi parte. Soy del tipo de persona que solo mira lo que desea mirar e ignora el resto de cosas, pero conocí a alguien que me hizo ver el mundo como ella lo ve y amplio mi modo de interactuar dentro de él. Jamás entendí a esas personas que hablaban de amor, sin embargo, cuando finalmente me di cuenta de que alguien como ella existía no pude más que rendirme ante la idea de que si la dejaba ir me arrepentiría toda mi vida. Cada paso que doy, cada partido jugado, cada bocado que pruebo, cada flor que admiro no hacen más que demostrar cuan importante es ella en mi vida pues todo me hace pensar en momentos a su lado. No creo que se pueda olvidar a la persona que amas, pero si puedes encontrar nuevas formas de enriquecer su recuerdo, pues aun mantienes algo a que aferrarte.
El hombre sonrió sincero, no recordaba haber hablado antes sobre como se sentía especialmente tras la muerte de su esposa, ni siquiera con su hija había sido capaz de abrirse como lo estaba haciendo ahora con aquel joven, pero por alguna razón no podía evitar seguir hablando, tal vez simplemente la miraba que vio en él le recordó a sí mismo mirando a Rosse cuando jóvenes tal ruiseñor cantante con vivido ser. Paso su vida aferrándose a la idea de poder estar con ella y cuando finalmente creyó lograrlo como si de un ave se tratase voló lejos, así que al contemplar a su hija tal cual pequeño canario decidió enjaularla, pero las aves son más hermosas cuando son capaces de volar. Aquello lo comprendió demasiado tarde pues cuando finalmente pudo aceptar y querer ser parte de la vida que ella había formado fuera de esa jaula la perdió ¿Cómo aceptas la perdida de un hijo? ¿Cómo te repones al saber que nunca podrás escuchar a un canario cantar nuevamente? Su hijo tan parecido a su madre, pero devastado por sentimientos tan parecidos a los suyos lo hicieron levantarse cada día, simplemente no podía permitir que el preciado hijo de su hija se rindiese y así paso el tiempo a su lado comprendiendo que quizá había otra oportunidad de hacer las cosas de otra forma, aun así no sentía la confianza para poder interactuar como un abuelo topándose con un caparazón cada vez que sentía que se habían acercado, fue entonces cuando lo escucho, lejano como un susurro pero ahí estaba, una vez más podía escuchar el canto del ruiseñor de su amada. No esperaba mucho, simplemente quería saber si sus oídos no se habían equivocado sabiendo su respuesta justo después de verla, Rosse había reencarnado en ella, no solo su voz, su rostro, sus expresiones, sus acciones, todo en ella le recordaba a aquella persona que había perdido hacia tanto tiempo. Su nieto tan vivaz igual a su hija y su nieta tan pura como su amada ¿Realmente estaba bien para él aferrarse otra vez a la oportunidad de tener una familia? Matthew le había dicho que si, pero ¿Realmente podía creer en algo así? Miro al joven a su lado quien esperaba paciente a que él hablase.
-¿Cuál es tu nombre?
-Ryoma
Contesto en el acto causando una sonrisa sincera en el hombre.
-Dime Ryoma ¿Crees que a mi nieta le gustaría venir a este lugar?
-Creo que esa pregunta no debería hacérmela a mi, sino a ella.
Respondió con su usual sonrisa tal cual Echizen.
-Tienes razón. Seria bueno que nos visitarás, estoy seguro que mi nieta estará complacida de verte.
Aseguro el hombre resaltando su buena apariencia.
-Sí conociera a otra chica mientras mi novia no esta a mi lado seguramente se pondría triste, pues así como usted tiene el recuerdo del amor de su esposa, yo tengo la tengo a ella y no me imagino perderle, así que no creo pertinente familiarizarme con alguien más que no sea ella.
-¿Entonces no están juntos ahora? No creo que sea malo ver a mi nieta en ese caso.
Pregunto.
-Si hiciese eso ella lloraría y esa es la única cosa que no puedo soportar. Puede que ahora no estemos juntos, pero eso no significa que nuestros sentimientos hayan desaparecido, además prometí regresar a ella sin importar nada.
Aseguro con orgullosa sonrisa el joven con decidida mirada. El celular de Ryoma comenzó a sonar apareciendo en la pantalla el nombre de su hermano, vio la hora y cayó en cuenta que había estado desaparecido lo suficiente para espantar al resto así que se despidió del hombre el cual le señalo el camino para salir de aquel laberinto.
-Espero que las cosas se arreglen con su nieta.
-Espera, antes de irte.
Lo llamo haciendo que Ryoma detuviera un momento su andar y lo mirase.
-¿Qué tanto amas a tu novia?
Ryoma trato de detener su risa al escuchar aquella pregunta tan fuera de lugar para la despedida que se estaba dando lo cual le recordó un poco a Sakuno, quien era experta en realizar ese tipo de acciones.
-Lo suficiente para valorar cada instante junto a ella como un regalo.
Fue su simple respuesta para alejarse caminando lejos del hombre.
-Supongo que no podré quejarme si me dices que quieres estar con él Sakuno.
Dijo para sí mismo Alberth regresando su mirada hacia aquel árbol. Nunca se espero que al querer tomarse un momento a solas para aclarar sus pensamientos en los terrenos cercanos a su hogar se toparía con el novio de su nieta al cual había visto de reojo de una fotografía, en primera instancia no lo reconoció pues no le había prestado demasiada atención creyendo que era solo un extranjero perdido, pero una vez cerca de él le reconoció de inmediato. No es que no fuera cierto que inesperadamente se había abierto a él en aquella, no obstante también era verdad que quiso corroborar la clase de persona que era y si la razón de que Sakuno estaba con él.
-Supongo que verdaderamente se parece a Rosse, de lo contrario no creo que hubiese elegido a alguien con aquella sonrisa arrogante que prácticamente grita a los cuatro vientos cuan enamorado esta.
Río por lo bajo viendo un poco de Ryoma en sí mismo.
-Rosse, Charlotte creo que en mi vejez finalmente pude entender sus palabras asi que mirare hacia adelante y encontrare una nueva felicidad en lugar de apegarme a los recuerdos dichosos del pasado y tener miedo de caminar ya que la vida es un instante.
