Cuando comencé la mudanza a mi nuevo apartamento me puse la alta espectativa de que mi primera noche sería tranquila. Con Tikki, mi fiel compañera y una copita de vino blanco, pero la presencia de Adrien en mi apartamento y mi comportamiento con él arruinaron mis planes.

Estuve todo lo que restaba de día pensando en si me había pasado o no con mi comportamiento, por eso en cuanto Tikki me dio aquel consejo y el barman del bar me llamó, fuí a por Adrien.

Fue lo peor que he hecho en mi vida.

¡El muy infeliz había aprovechado mi amabilidad y mi preocupación para besarme!

No pude pegar ojo. Y por si fuera poco tener mi cabeza dando vueltas a lo ocurrido toda la noche, ¡Adrien roncaba y a pesar de estar en el salón, se escuchaban en mi habitación!

—Le pienso tirar el café encima como siga roncando.

Tikki, arriesgandose a que Adrien la viera, me quitó la taza de café y la alejó de mí. Yo sabía que ella también quería echarle el café encima, pero al contrario que yo mi kwami tenía más autocontrol.

Mi móvil suena encima de la encimera y veo que es Alya, lo descuelgo mientras sigo mirando como Adrien duerme como si mi sofá fuese su cama.

—Dime, Alya.

—Por tu tono de voz deduzco que no has pasado una buena noche.

Y estaba en lo cierto. Pero no iba a contarle como el infeliz de Adrien se había aprovechado de mí, bastante problemas tenía ya Alya planeando la boda.

—Mi primera noche aquí no ha sido muy buena. ¿Qué quieres?

—Estoy yendo a tu casa para que me ayudes con algunas cosas de la boda.

El universo se tiene que estar riendo de mi en toda mi cara.

—¿Qué? ¡No!

—¡Eres mi dama de honor, me prometiste ayudarme, Marinette!

—¡No, o sea, te voy a ayudar! ¿Pero tiene que ser hoy? Estoy lia-

—Habíamos quedado hoy, Marinette.

Acababa de recordar que Alya y yo habíamos quedado para elegir cosas para la boda y que se me había olvidado por completo. Pero no podía dejar que Alya viese a Adrien en mi casa, pensaría que es otra cosa y además no tenía ganas de aguantar sus quejas.

Desde que había empezado a trabajar con los Agreste, Alya era la que más de quejaba de aquello. De negaba a que Adrien estuviera tan cerca mía porque ella le echa la culpa de que yo me fuese a Nueva York, cuando realmente fue una chiquillada y por decisión propia.

—Ay, lo siento, tienes razón. ¿Tiene que ser en mi casa?

—¡Tengo ganas de verla! Estaré allí en cinco minutos.

Alya me colgó y mi mirada fue directamente a Adrien, el cual había dejado de roncar ya que se había despertado. Tikki se escondió rápidamente detrás de la tostadora para que Adrien no la viese.

El rubio se incorporó del sofá y desorientado comenzó a mirar a su alrededor sin comprender donde estaba. Cuando se encontró con mi mirada, se sorprendió y me sonrió, yo fruncí el ceño.

—Buenos días, Marinette.

—Y una mierda buenos días —dando zancadas me acerqué al sofá, donde cogí la chaqueta de Adrien del respaldo a la vez que este se levantaba alejándose de mí— Lárgate de mi casa Agreste.

—Vale, estás molesta por lo de anoche. Pero vi la necesidad de ha-

—¿La necesidad? ¿En serio me estás diciendo que viste la necesidad de aprovecharte de mi amabilidad de ir a por ti cuando estabas borracho, de evitar que durmieras en el bar y de ofrecerte mi sofá para besarme? —chasqueé la lengua y le miré seria— Y pensar que yo me iba a disculpar por lo de ayer... Lárgate.

Adrien se sorprendió y le di su chaqueta. Este la cogió y se agachó para ponerse los zapatos. Me crucé de brazos y le seguí con la mirada hasta la puerta. Adrien hizo una mueca y me miró.

—Diría que lo siento por lo de anoche, pero la verdad, no me arrepiento de haberte besado.

Iba a lanzarle una de mis zapatillas cuando rápidamente Adrien abrió la puerta y saliendo, dando mi zapatilla contra la puerta. ¡Maldito Adrien!

Mi móvil sonó anunciando que acababa de llegarme una notificiación y fui a la encimera a ver de que se trataba. Un mensaje de Adrien apareció en pantalla.

«No vas a negarme de que te gustó mi beso» acompañado con un emoji de un guiño.

Salí corriendo al balcón con la taza de café que minutos antes Tikki me había quitado, y justo Adrien salía de mi edificio, así que le tiré el café encima y me metí dentro a esperar a que mi mejor amiga llegase.


Cuando llegué a casa, Natalie se sorprendió al ver mis ropas manchadas completamente de café ya que mi querida y amada empleada Marinette, molesta por mi mensaje, había salido al balcón y me había tirado una taza de café encima.

No le expliqué nada de la situación y subí a mi habitación, donde mi fiel compañero Plagg me esperaba desesperado y preocupado. Al verme, puso mala cara y se acercó volando a mí.

—¿Se puede saber dónde has pasado la noche? ¡Me tenías preocupado!

—Plagg, te agradezco tu preocupación, pero no eres ni mi madre ni mi mujer para que me preguntes como un desesperado.

—Vale, has estado con Marinette.

Maldito Plagg, me conocía mejor que yo mismo.

Tomé aire y fui al baño, donde dejé la chaqueta y toda la ropa que había llevado el día anterior en el cesto de la ropa. Necesitaba darme una ducha.

Me metí en la ducha abriendo el grifo del agua caliente y Plagg se asomó a la puerta. No era extraño que me duchase con Plagg mirándome, era algo a lo que nos habíamos acostumbrado con los años.

—¿Por qué has venido lleno de café y al día siguiente?

—Me emborraché y el barman llamó a Marinette ya que le estuve dando al pobre la tabarra con ella. Marinette vino al bar y me llevó a su casa.

—¿Os habeís acostado?

Dejé de enjabonarme el pelo para pararme a pensar en la pregunta que me acababa de hacer Plagg. No me había acostado con Marinette, pero solo de pensarlo hacía que necesitase una ducha de agua fría.

Así que cambié el grifo a la corriente de agua fría y tomé aire para olvidar el tema. Venga Adrien, no seas un maldito pervertido.

—¿Adrien?

Plagg y yo no nos ocultábamos nada, ni siquiera cuando yo me iba a algún hotel con alguna chica. Por eso me estaba preguntando eso. Por eso y porque él más que nadie sabía lo mucho que deseaba a Marinette.

—Plagg, sabes que te lo cuento todo, pero necesito un tiempo a solas para... Bueno, no hace falta que lo sepas.

—Oh, así que no os habéis acostado pero te has quedado con las ganas ¿eh?

—¡Qué salgas del baño! —cogí el bote más cercano y se lo lancé, para acordarme que los kwamis atraviesan objetos.

Riéndose, Plagg salió del baño dejándome solo. ¿La había cagado una vez más con Marinette? Sí. ¿Estaba enfadado conmigo mismo por ello? No.

Había besado a Marinette después de diez años. Aunque fuese inesperado y en contra de su voluntad.

Verla toda avergonzada y correr hacia su habitación me había parecido adorable, pero sentir esos labios tan deseados y prohibidos para mí me hizo ponerme a cien. Pero estaba en su casa y no quería parecer un pervertido, así que soporté todo el dolor y empecé a pensar en escenas dramáticas y sangrientas para calmar a mini Adrien y poder dormirme.

Recordar el maldito beso hacia que la ducha fría fuera inútil. Adrien, deja de pensar en eso, es tu maldita empleada.

Aunque... La experiencia de empleada-jefe podría ser muy erótica... Ver a Marinette sobre mi mesa toda sonrojada... ¡A la mierda la ducha fría!


Cuando salí de la ducha, donde acabé desfogandome con mi mano, me senté en mi escritorio, donde Natalie había dejado ya todos los papeles sobre reuniones, eventos y demás cosas que tenía que hacer como CEO y modelo para la semana que estaba por entrar.

Si tan solo tuviera el mismo talento que mi padre para diseñar, a lo mejor él podría seguir siendo el CEO, pero no, tenía que haber sacado el talento de los negocios y de la actuación de mi madre.

Mi madre seguía presente en mi fondo de pantalla. Me había rendido hacía años de seguir con la esperanza de que algún día volvería, pero a pesar de ser un adulto hecho y derecho a veces necesitaba a mi madre.

Aunque para ello ya tenía a Natalie, la cual siendo tan solo la ayudante de mi padre había ejercido el papel de madre, y yo la quería como tal.

Plagg se colocó encima del montón de papeles y me sacó de mis pensamientos. Sabía que tenía una conversación aún pendiente con él, pues no se había ido satisfecho de nuestra charla en el baño.

—Entonces, ¿por qué has venido llenó de café?

—No me acosté con ella, pero la besé. Pero no pareció haberle gustado porque esta mañana me ha echado de su casa y tras haberle mandado un mensaje diciéndole que yo sabía que le había gustado, ha salido al balcón y me ha tirado un café encima.

Plagg parpadeó. Parecía una situación un tanto surrealista, yo mismo lo había pensado hasta que noté el café caer encima mía y me puse a gritar en mitad de la calle que me pagaría la camisa sabiendo que no era ningún sueño.

—Adrien, chico, ¿por qué no te olvidas ya de Marinette? Hay muchas chicas en el mundo.

Puso los ojos en blanco y me llevé los brazos tras mi cabeza. Sabía que había muchas chicas en el mundo, y estaba apunto de rendirme, pero tras haberme ido el día anterior de casa de Marinette y haberme ido de cabeza al bar del Grand Paris, me di cuenta que no podía dejar ir a esa chica.

—Pero no hay ninguna como Marinette.

—Ella te odia.

—No exactamente. Si me odiase me habría dejado en el bar o incluso podría haberme dejado en la calla a mercer de todos los malhechores de París.

Plagg puso los ojos en blanco y la puerta de mi habitación se abrió, rápidamente mi fiel amigo se escondió entre las almohadas de mi cama y yo miré a la persona que acaba de entrar.

Mi mejor amigo entró cerrando la puerta y maldiciendo por lo bajo. Me parecía extraño que Nino apareciese por mi casa, así que me levanté de la silla y me acerqué al sofá.

—Te voy a matar.

Nino me miró echando chispas por los ojos y yo me puse en guardia. No era normal que Nino llegase sin avisar, pero tampoco era normal que quisiera matarme y me estuviera asesinando con la mirada.

Nino corrió hacia mi y yo comencé a correr por toda mi habitación huyendo de él. Yo, el famoso e intrépido Chat Noir, me estaba acobardando ante Nino, un DJ de discoteca que tenía ganas de matarme sin yo saber porqué.

—¡Ven aquí, Adrien Agreste!

—¿¡Se puede saber por qué de repente me quieres matar!?

—¡Porque alguien estaba anoche borracho y me llamó para decirme que iba a impedir que yo me casase porque él se iba a casar antes que yo!

Me paré en seco y le miré con las cejas arqueadas.

—¿Qué hice qué?

—¡Oh, pero eso no es lo peor! Adivina quien comenzó a insultar a Alya cuando esta enfadada me quitó el teléfono para decirte que de dejaras de tonterías.

Tragué saliva. Alya era una persona que me daba incluso más miedo que mi padre cuando se enfadaba, y desde que ocurrió todo con Marinette yo no era santo de su devoción, y que encima, le insultase borracho y además de decirle que iba a impedir la boda que lleva soñando desde los dieciséis años, era suficientes motivos para que mandase a Nino a matarme o peor, a castrarme.

—¡Mierda! ¡Voy a llamarla para disculparme!

—¡Ni se te ocurra! Esta ahora mismo con Marinette planeando cosas de la boda, y como interrumpas a Alya en mitad de algo relacionado con la boda, puede que no te mate solo yo.

—¿¡Pero como vas a casarte con esa loca!?

—¡Es lo que se llama amor! ¡Algo que tú nunca sentirás!

Auch. Ahí fue a doler. Yo si sentía amor por alguien, por Marinette.

—Oye, yo estoy enamorado de Marinette.

Plagg salió de entre los cojines y se acercó a Nino, y ambos comenzaron a reírse a carcajada limpia. ¿De qué se reían?

—Adrien, tú estás obsesionado con Marinette, no enamorado.

Fruncí el ceño. No iba a permitir que me dijera que era lo que yo sentía por esa peliazul.

—No pongas esa cara, chico, Nino tiene razón.

—No tiene razón. Estoy enamorado de Marinette, no obsesionado.

—Adrien, estás enamorado de la Marinette de catorce años. Una Marinette que dejó de existir hace muchos años y por tanto eso se convierte en obsesión. Estás enamorado de una versión de Marinette que no existe. ¿Te has dado cuenta de que Marinette ya no es la misma desde que ha vuelto de Nueva York?

Me había dado cuenta perfectamente. Antes de irse a Nueva York, la Marinette que yo conocía se ponía nerviosa al hablar conmigo y no lograba decirme más allá de cinco palabras; la Marinette ahora ya no se ponía nerviosa y era capaz de tirarme un café encima desde un balcón. La Marinette de hacía diez años habría seguido a mi beso, no como la de ahora que me había empujado y echado de su casa. Estaba enamorado de una Marinette que no existía, como lo había estado ella de mí diez años atrás, enamorada de un Adrien que no era él mismo.

Desconcertado por las palabras tan ciertas de Nino, me senté en la silla del escritorio.

—Pero entonces, ¿por qué me gusta estar con ella a pesar de que me trata mal?

—Porque crees que te mereces ese trato, Adrien.


Luka estaba esperando a que la señora Cheng, la madre de la chica de la que estaba enamorado, bajase con el pequeño Kaiciel. Luka había empezado a amar a ese niño desde que lo había conocido, y la verdad, se sentía mal porque ese niño no fuese de él y de Marinette.

Pensar en unos niños de él y Marinette le hacía reír y le gustaba. Pero tenerlos tan pronto sería un impedimento para su carrera y para la que estaba empezando Marinette. Por eso se conformaba con cuidar al pequeño Kaiciel siempre que podía y los padres del niños no podían negarse ya que estaban encantados con él.

—Mira quien ha venido a jugar contigo Kaiciel.

El pequeño niño de pelos azulados y ojos azules miró a Luka y sonrió. El niño también le había cogido cierto cariño al músico. Kaiciel levantó los brazos hacia Luka para que este le cogiera y Sabine se lo pasó a Luka, el cual cogió al niño con mucho cuidado.

—Lo traeré temprano, Sabine.

—¡Por favor Luka! Tráelo cuando quieras. Kaiciel adora estar contigo y no sé que haces cuando te lo llevas pero siempre viene agotado y duerme del tirón. Además, ahora que Marinette se ha ido me hace mucha falta que duerma la noche entera.

—Oh, pues solo vamos al parque y damos paseos por la ciudad, ¿verdad Kaiciel?

El niño se rió y Sabine le pasó su coche de juguete. Ese coche había sido un regalo de Marinette cuando cumplió los dos años y lo adoraba. Luka se despidió de Sabine y de Tom, el cual estaba masando para hacer pan, y se alejó con Kaiciel de la panadería de los Dupain-Cheng.

Había pensado ir con Kaiciel al nuevo piso de la hermana del niño, pero Luka recordó que Marinette estaría ese día con Alya planeando cosas para la boda de la periodista y no quería molestar, así que se fue al parque más cercano a la panadería para jugar con el pequeño.

Luka se sentó en un banco y puso a Kaiciel en sus rodilla. El niño reia ante los movimientos que el mayor hacia con sus piernas, como si de un trampolín se tratase. El músico estaba sorprendido por como Marinette y el niño se parecían, mismo pelo, mismos ojos, misma sonrisa y misma risa, nadie podía negar que eran hermanos.

Juleka y él nunca se habían parecido más allá que por su estilo rockero/gotico, y había entendido que eso era lo normal en los hermanos, por eso cuando vio por primera vez a Kaiciel se pensó que era hijo de Marinette, ya que hay más posibilidades de que un niño se parezca a sus padres que a su hermano.

—Eres una Marinette en versión pequeña y niño —Kaiciel no entendía ninguna de las palabras que Luka le decía, pero él se reía igual.— ¿Ves? Todo te hace gracia, como a ella.

—No todo le hace gracia...

Luka pegó un salto al escuchar una voz de ultratumba a su lado. Cuando miró a su izquierda, se encontró a un Adrien con una mirada ensombrecida y agarró con fuerza a Kaiciel por miedo a que el niño se cayera.

—¿Y a ti que coño te pasa para venir a darme esos sustos, Adrien? ¿Y desde cuando estás aquí?

—Llevo en este banco desde antes que tú.

Luka respiró profundo, no tenía ganas de bronca y muchos menos con el pequeño Kaiciel a su cargo. Miró de nuevo a Adrien y arqueó una ceja cuando lo vio suspirar.

—Oyes, ¿estás bien? Te noto... Raro.

—Me pasa que Nino y Plagg me han hecho ver que no estoy enamorado de Marinette.

Al escuchar eso, Luka arqueó las cejas y Kaiciel, que lo estaba mirando, le imitó.

—¿Eh?

—Según ellos, estoy obsesionado con la Marinette de catorce años y que acepto el trato que ella tiene para conmigo porque considero que me lo merezco, no porque esté enamorado de ella.

Adrien suspiró y Luka parpadeó. ¿Qué narices estaba pasando?


—Este —Marinette señaló un palacete en uno de los tantos catálogos que Alya había llevado a su casa. Llevaban tres horas eligiendo cosas para la boda, y la verdad, había cosas que consideraba más importante que las eligiera el novio y no la dama de honor.

—¿Tú crees? ¿Y si no salen bien las fotos? Considero que este tiene mejores vistas.

Marinette, cansada, apoyó la frente en la encimera de su cocina ante la indecisión de su amiga. No entendía porque le había pedido ayuda si rechazaba todas las propuestas que elegía y Alya era la que decidía por su propia cuenta. Tikki se había rendido y se encontraba dibujando en la mesa del centro del salón.

Miró el sofá deseando tumbarse, pero entonces recordó que en ese mismo sofá Adrien había estado durmiendo la noche anterior justo después de besarle. No quería admitirlo, pero el beso de Adrien le había gustado, pero nunca se lo diría.

Alya dejó el catalogo de las flores y miró a su mejor amiga, la cual miraba fijamente el sofá.

—¿Por qué miras tanto el sofá?

—Porque tengo ganas de tumbarme.

—¿Y no será porque esta noche ha dormido Adrien en él?

Marinette se incorporó rápidamente y miró sorprendida a su amiga. ¿Cómo se había enterado de eso?

—¿Cómo lo has sab-

—Cuando venía para aquí me he cruzado con un Adrien bastante cabreado, mojado del café que me has servido y además, el sofá está hecho un desastre. Soy periodista, no se me escapa nada. —Alya volvió al catalogo y pasó una pagina para seguir mirando las flores que quería poner en los pasillos de la iglesia— ¿Tuviste que ir tú a recogerlo anoche cuando estaba borracho?

—Sí... Me llamó el barman y sabes que no puedo resistirme a ayudar a alguien que necesita mi ayuda, soy Ladybug después de todo. Pero luego me enfadó porque es tan... Imbécil y esta mañana le sacado lo más rápido que he podido para que no le vieras, aunque eso ha sido imposible ya que le has visto.

—Tendrías que haberle tirado una maceta, no un café.

Tikki se rió ante el comentario de Alya y Marinette arqueó una ceja mientras se cruzaba de brazos. No sabía si era por la boda, porque los años habían cambiado a Alya o porque esta estaba con el periodo, pero su amiga estaba más agresiva de lo normal.

—¿Una maceta?

—Anoche llamó a Nino diciendo que iba a impedir la boda porque él se va a casar antes que nosotros, el caso que yo quería dormir, así que le quité el teléfono a Nino y empecé a regañar a Adrien enfadada —Alya arrugó la revista a la vez que la dejaba duramente sobre la encimera y le daba un tic en el ojo—. El muy infeliz comenzó a llamarme de todo y he mandado a Nino a matarle antes de que yo lo hiciera.

—Adrien cuando bebe hace muchas tonterías, ¿no?

Alya asintió— Ahora no tantas, ¿te recuerdo aquella vez que desapareció una noche y no tuvo a Nino y a mi buscándolo?

Marinette recordaba aquello. Había llamado a Alya de madrugada porque no podía dormir y escuchó como Nino regañaba a Adrien porque se había ido con una chica sin avisar.

—A mi me besó anoche.

La mandíbula de Alya se desencajó de la sorpresa y Marinette se encogió de hombros mientras hacía una mueca. Había hablado demasiado sobre lo ocurrido en su casa la pasada noche.

—¿Cómo qué te besó?

—En ese momento no iba borracho, creo. Pero me cogió de la muñeca y yo estaba por darle un puñetazo cuando me engañó haciendo como que me iba a decir algo y pum, me besó. Por eso le he tirado el café cuando estaba en la calle.

—Maldito desgraciado...

—No entiendo esta situación, Alya. Es como si las tornas se hayan cambiado, antes era yo la que iba detrás de Adrien y él pasaba de mí y ahora es él quien va detrás mía.

Alya se llevó los dedos al puente de la nariz y suspiró. Nunca se imaginó que llegaría el momento de hablar de ese tema con Marinette.


Luka analizaba todo lo que Adrien le había dicho mientras jugaba con Kaiciel. Adrien miraba al cielo en busca de una respuesta divina.

Durante años, él mismo había culpado a Adrien de que Marinette se fuese, pero Adrien no tenía nada que ver en aquella decisión. Ahora le agradecía que Adrien rechazara a Marinette en aquel tiempo, ya que gracias a ello él y Marinette pudieron acercarse más a pesar de la distancia y había logrado hacer con ella lo que nunca imaginó. Pero le molestaba que cuando esta llegó a París, Adrien fuese detrás de ella, no quería que este la volviese a hacer daño y se negaba a aceptar que su Marinette saliese con otro que no fuese él.

Pero nunca se imaginó que Adrien no estuviera enamorado de la actual Marinette, sino del recuerdo de la Marinette a la que le rompió el corazón.

—Y bueno, tras terminar la charla he salido de mi casa como alma que lleva el diablo y he acabado aquí, en el parque en el que tantas veces he visto a la vieja Marinette.

—Adrien, desde que Marinette volvió te he considerado mi rival y la verdad, no es para nada divertido no tener a nadie con el que competir por el amor de Marinette —Luka se rió de aquello porque estaba acostumbrado a pelearse con Adrien por Marinette, algo que antes nunca habían hecho.— Pero no me creo eso de que no estés enamorado de Marinette.

Adrien miró a Luka con una ceja arqueada.— ¿A qué te refieres?

—Te has dado cuenta de que Marinette ha cambiado y de que supuestamente aceptas sus malos tratos porque consideras que te lo mereces, pero —Luka miró a Adrien— por muy culpable que te sientas, hacer todo lo posible para que Marinette te perdone, incluido tragar con que te trate mal, indica que te importa, y que te pongas celoso porque yo esté cerca suya quiere decir que sientes algo por ella.

Adrien parpadeó y miró al frente. Nino le había dado una torta de la realidad, pero Luka le había dado con una silla con la realidad.

—A lo mejor me equivoco, tú eres el único que sabe lo que siente por alguien, pero, ¿me acerco a como te sientes?

—Me gusta estar con Marinette, escucharla reír, ver como frunce el ceño cada vez que la molesto y me gusta asomarme a su despacho y verla dibujar uno de los tanto diseños que le robo. Sí, sé que está mal, pero si ella huyese de tí y no tuvieras otra forma de pasar tiempo con ella me apuesto lo que sea a que tú también lo harías.

Luka le dio la razón en aquello porque sí, lo haría.

—Además, me gusta el sentido de la justicia que tiene, en gran parte me recuerda a Ladybug, y yo estuve enamorado de Ladybug en su tiempo.

Luka quiso levantarse y ahogar en la fuente a Adrien. Marinette siempre había sido Ladybug, y la Marinette de ahora era la Ladybug de antes, la verdadera Marinette. Adrien se levantó del banco y miró a Luka decidido.

—Estoy enamorado de Marinette. Pero de la actual, no la de catorce años.

Luka sonrió, a pesar de que fuesen rivales, Adrien siempre había sido su amigo, y como amigo, se preocupaba por él.

—Entonces, es un honor ser de nuevo tu rival, Adrien Agreste.

Luka le ofreció la mano y Adrien, sonriendo, la estechó.

—Que gané el mejor.

Kaiciel, sin entender nada, puso su manita entre ambas manos y ambos chicos le miraron. Adrien sonrió al recordar como se había pensando que ese niño era hijo de Marinette, pero es que eran exactamente iguales, como su primo y él. Entonces cayó en la cuenta de algo.

—¿Por qué estás con el hermano de Marinette?

—Porque me adora y yo a él. Con eso ya tengo más puntos que tú para estar en la vida de Marinette.

Adrien miró al niño y pasó su vista a Luka, de nuevo miró al niño y otra vez a Luka. No iba a permitir que solo Luka tuviera el corazón del pequeño Kaiciel.

—¡Kaiciel, espera que te voy a comprar un juguete!

Y corriendo se alejó del parque mientras Luka se reía. Kaiciel miró al chico correr sin entender nada y miró a Luka doblando su cabecita. Luka negó riéndose y se levantó.

—Espero que de mayor tú no seas un loco cuando se trata de una chica, Kaiciel.


¡Hola chicos! ¿Cómo lleváis la cuarentena del coronavirus?

Aquí en España llevamos una semana y poco y hasta mediados de abril no termina, y la verdad estoy un poco cansada porque, además de cortarme las clases presenciales, atrasarme los exámenes de acceso a la Universidad y de dar clases online que no son muy productivas, estoy encerrada en mi casa sin poder salir, y aunque no es ningún problema para mí ya que estoy acostumbrada, no me gusta que sea en contra de mi voluntad jajajaja.

Pero hay que hacerlo, es una época dura la que estamos viviendo y la gente no parece enterarse... Así que si vosotros estáis en cuarentena o vuestro país tiene algún caso del COVID-19, tened mucho cuidado y salid para necesidades básicas...

Siento mucho tardar en escribir, pero antes de que todo esto empezara estaba hasta el cuello de exámenes y deberes y gran parte del capitulo se me borró, lo que hizo que me desmotivara a la hora de escribir y hasta ahora no me había apetecido ponerme. Ahora con la cuarentena me están mandando muchas tareas (más que cuando tengo clase normalmente) y el poco tiempo libre que tengo lo uso para hablar con mis amigos ya que no puedo verlos (nunca imaginé que estaría viviendo esto, tanto reírme con los memes del coronavirus...).

Prometo escribir esta cuarentena y para compensar el tiempo que no he escrito, traigo este capítulo bastante largo. Espero que os guste .

RECORDAD: TENED MUCHO CUIDADO, CUIDAOS Y NO SALGÁIS SI NO ES NECESARIO.