DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Lamento nuevamente el pequeño retraso, a veces la vida real absorbe mucho. Espero que disfruten el capítulo, que nuevamente es largo y sustancioso.
Nota Autora: ¡Felices fiestas a todos! Me siento muy honrada por todos follows, favoritos y comentarios. ¡Que tengan un año nuevo seguro y maravilloso!
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La Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 23
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Respiró hondo. Las pastas duras de los libros se clavaron en sus palmas, y Hermione abrió los ojos, mirando fijamente la puerta de madera del ala del hospital.
Debería volver. Sentarse en la Sala Común y olvidar que había tenido una idea tan tonta.
Escuchó pasos desde el pasillo. Debía verse tan tonta parada fuera de la enfermería aferrándose a los libros contra su pecho. Entró rápidamente y dejó que la puerta se cerrara detrás de ella.
Las cortinas de color verde menta estaban corridas en algunas camas, y la luz de la oficina de Madame Pomfrey estaba encendida. Alguien estaba gimiendo al final del corredor, y Hermione se asomó para encontrar a un chico de primer año sosteniendo su brazo, con los ojos cerrados. Continuó caminando por el corredor, revisando a su izquierda y derecha. Y en la cuarta cama a la derecha, lo encontró.
Su cabello rubio estaba pegado a su frente, empapado en sudor. Sus mejillas estaban rosadas por la fiebre y sus cejas estaban juntas, pero estaba dormido. El alivio inundó sus venas, ahora que no tendría que hablar con él, escucharlo gruñir o verlo mofarse.
Hermione se acercó y descubrió que debajo de la delgada sábana extendida hasta el pecho, su camisa de dormir estaba desabrochada y abierta, y una furiosa grieta roja se extendía justo desde la unión de su clavícula, hundiéndose en su piel hasta desaparecer bajo la sábana.
Hermione jadeó, y el sonido rebotó alrededor de la enfermería, bailando junto a los quejidos del chico de primer año. Presionando sus labios para guardar silencio, Hermione extendió la mano y tiró de la sábana lentamente. La línea cruzaba su pecho, cortando en dirección opuesta justo debajo de su corazón, y bajando en tajo a través de su vientre. La herida brillaba por el ungüento que Pomfrey le había aplicado. Los labios de Hermione temblaron.
—¿Ha venido a terminar el trabajo, Srta. Granger?
Hermione volteó, dejando caer la sábana y casi soltando los libros. Severus Snape se cernía al pie de la cama, con la túnica apretada debido a sus brazos cruzados. Sus ojos negros la estudiaron.
—Yo... lo siento. Sólo estaba... entregando las notas de Malfoy. —Snape levantó una ceja, así que Hermione continuó divagando—. Ha perdido clases, y sé que se ha estado retrasando, así que... quería dejarle un resumen de las lecciones, y cualquier otro apunte mencionado por los profesores.
—Si a usted se le asignó la tarea de tomar notas para el Sr. Malfoy, ¿qué trajo entonces la Srta. Parkinson hoy después de las clases? —Snape señaló con la cabeza una pila de papeles y libros en la mesa auxiliar de Malfoy. Hermione se sonrojó.
—Seguramente sólo son garabatos y notas de amor. —Hermione se abstuvo de burlarse y miró las facciones sombrías del profesor—. Pero si usted, el profesor de Malfoy, prefiere las notas de Pansy Parkinson sobre las mías, entonces estoy segura que piensa que son suficientes y mis notas son innecesarias.
La boca de Snape se torció, y su mano salió disparada, pidiéndole las notas. Hermione parpadeó y le entregó el libro y los pergaminos. Snape hojeó los papeles, examinándolos, y de pronto el cuerpo de Draco se estremeció. Su espalda se arqueó y sus manos se apretaron en puños. Las piernas patalearon. Snape no hizo nada, pero pasó una página.
—¿Él estará... él estará bien, profesor?
Snape cerró el libro de golpe y frunció el ceño. —Oh, cómo amo la culpa Gryffindor. —Snape giró para mirar a Draco gimotear, aún dormido—. Sí. El contra-hechizo necesitará unos días para hacer efecto. Y el díctamo frenará la mayoría de las cicatrices.
Hermione vio los dedos de Draco arañar las sábanas, pero las manos continuaban fijas a sus costados. Sus muñecas debían estar adheridas con un hechizo a la cama, pudo notar; Draco debía estar intentando arañarse las heridas. El rostro de Draco se contrajo de dolor, y Hermione ansió sentarse a su lado y acariciar con los dedos su rostro tenso…
—¿Eso sería todo, Srta. Granger?
Hermione saltó ante la voz sedosa y se giró para encontrar a Snape diseccionándola con la mirada. Harry le había dicho cómo se sentía que Snape entrara en su mente, así que Hermione sabía que él no estaba usando Legeremancia.
—Sí, —contestó Hermione, girándose para alejarse.
—¿A menos que quiera que le dé un mensaje al Sr. Malfoy-?
—No. Yo- gracias. Mejor vuelvo a la torre de Gryffindor. —Hermione se apresuró hacia la puerta y la atravesó, murmurando para sí misma ideas tontas.
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—Draco me habría salvado.
Harry la miró sin comprender. —Está bien... —La tomó del codo y la guió fuera de la habitación—. Realmente no sé qué significa eso, pero tenemos que irnos. —Harry le echó la capa sobre la cabeza y tomó su brazo invisible.
La condujo afuera. Hermione podía escuchar sus zapatos resonar, sentir sus piernas trabajando, pero no estaba segura de que su cerebro estuviera funcionando. Aún escuchaba sus propios gritos y el jadeo de Draco.
Harry cerró la puerta con una combinación de hechizos que no reconoció. Su pulso estaba acelerado. Escuchó pasos por el pasillo, y se recuperó lo suficiente como para conjurar un Silencio sobre sus pies. Harry se inclinó hacia donde suponía que ella estaría parada.
—Vete en cuanto sea seguro. Iré a buscarte más tarde.
Y Montgomery giró en la esquina, remangándose la túnica. —¿Todo bien por aquí?
—Sí. Aburrido como siempre.
El olor a cigarrillos rancios llenó el pasillo, y una vez que Montgomery los alcanzó, Hermione se escabulló para pasarlos y avanzó por el laberinto que había memorizado.
Llegó al vestíbulo principal del Piso 2 y se abrió paso a través de los cubículos. Estaba teniendo problemas para recuperar el aliento y tenía tantas ganas de meterse en un cubículo vacío y quitarse la capa, pero sabía que no podía Aparecer de la nada.
Pasó rápidamente el cubículo de Katie Bell mientras se encontraba comiendo un refrigerio y disminuyó la velocidad al pasar el cuello de botella cerca de la Sala de Conferencias. La puerta estaba abierta.
Draco estaba sentado en la mesa de conferencias. De espaldas a la puerta. Hermione entró, moviéndose alrededor de la mesa para verlo, arrastrándose desde su derecha y hacia el otro lado de la mesa. Los labios de Draco se volvieron hacia abajo mientras estudiaba lo que parecía ser un mapa.
Se rascó la mandíbula.
Hermione pensó en él en su casa. Al pie de la escalera, se había dirigido a la izquierda primero, después cambió a la derecha. ¿Cómo había sabido cuál era su habitación?
Pensó en él en su habitación, precipitándose por la puerta, a pesar de que la casa estaba vacía. ¿Qué esperaba encontrar? ¿O no encontrar?
Pensó en él frente a su chimenea, temblando, reconstruyendo su muro después de haberse roto.
Hermione lo miraba ahora mientras respiraba profundamente en la mesa de la sala de conferencias, suspirando. Su cabello caía sobre su frente y sentía tantas ganas de retirarlo con sus manos.
Hermione había intentado resolver el enigma que era Draco Malfoy. Pero lo sentía tan ajeno como siempre.
En respuesta, los ojos de Draco se alzaron. Giró sobre su hombro y miró hacia la puerta. Draco entrecerró los ojos; su cerebro trabajando, escuchando atentamente.
Después de treinta segundos, Draco se levantó y Hermione contuvo el aliento. Se movió lentamente hacia la puerta, y Hermione se arrastró más lejos de él. Lo vio asomar la cabeza por la puerta, mirando a la izquierda, luego a la derecha. Volvió a entrar, mirando al suelo, pensando.
Draco la miró. Hermione podía jurar que lo había hecho. Pero luego sus ojos brillaron fijos en algún lugar sobre ella en la pared y respiró hondo. Draco volvió a mirar por la puerta con el ceño fruncido.
Pasos —¡Buenas tardes, Malfoy! —La alegre voz de Robards.
Vio como Draco sonreía suavemente. —Buenas tardes, señor. ¿Está Granger aquí?
Hermione jadeó y se tapó la boca con la mano.
—¿Granger? Hum, no, no lo creo. ¿La necesitas? —El cuerpo de Robards apareció por la puerta.
—No, no, está bien. Sólo creí haberla visto.
Cómo. ¿Qué?
—Puedo llamarla. Ya… —Robards bajó la voz—. ¿Ya se han resuelto las cosas entre ustedes?
—Hum, no. Es mejor que aún no trabajemos juntos. Gracias.
Hermione parpadeó, y frunció el ceño al piso. Eso explicaría por qué no había sido convocada por casi dos semanas. Draco no quiso trabajar con ella después del incidente.
Robards le deseó un buen día. Draco estaba en la puerta, con los ojos vidriosos. Inhaló de nuevo, miró por la puerta, se tronó el cuello y volvió a su silla.
Hermione salió de la habitación, corriendo hacia la pequeña oficina a la izquierda de los ascensores. Se quitó la capa, jadeando por aire. Acercó la cabeza hacia su cuerpo, olfateándose. No usaba perfume. Ni tenía olor corporal -gracias a Dios.
Lo único que Draco habría podido oler era su cabello. Su champú.
Draco la habría salvado, y reconocía el aroma de su cabello.
Hermione se sentó antes de desmayarse.
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Hermione decidió desmontar el Muro Malfoy esa noche.
Ya era hora. Había obtenido las respuestas que estaba buscando cuando levantó el Muro por primera vez. Acababa de quitar el recorte de periódico del día de su cumpleaños -Draco visitando a Lucius en Azkaban- cuando Ginny llegó a casa.
Ginny irrumpió en su habitación, con los ojos muy abiertos de alegría y curiosidad, y luego se desinfló. Hermione asintió con la cabeza en señal de saludo, y Ginny vio como Hermione colocaba de vuelta el recorte en su baúl.
Hermione no sabía qué decirle.
Estaba equivocada. Respecto a todo.
Me siento tan malvada y culpable, por haber irrumpido en su mente, en su corazón.
Creo que Draco Malfoy se preocupaba por mí.
Acabo de ver cómo me torturaron. Todavía puedo escuchar mis gritos.
No sabía por dónde empezar.
Ginny la observó y volteó hacia el Muro, ahora medio vacío. Frunció el ceño al suelo y se movió hacia el otro lado, hacia los artículos y notas más recientes, y comenzó a quitarlos en silencio, uno por uno, hasta que ambas se encontraron en el centro.
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Finalmente comenzó a hablar con Ginny una vez que retiraron todos los artículos. Había notas escritas sobre la pared que aún necesitaba desaparecer, como un papel tapiz burlón. Después de contarle ambos recuerdos a su amiga, Ginny la miró con los ojos muy abiertos.
—Te mintió. —Su voz era suave, como si estuviera experimentando algo grandioso.
—¿A cuál mentira te refieres? —Hermione se rió.
—A todas ellas.
Hermione la miró y Ginny estaba examinando nuevamente la pared vacía. Ginny se puso de pie, caminando hacia el lugar en la línea de tiempo donde Hermione había agregado el número 35,000 en tinta. Ginny trazó el número con sus dedos. Hermione vio como los ojos de Ginny se movían hacia atrás. Pasó la puerta, avanzó hacia la pared de la izquierda y trazó su camino de regreso a través de los eventos garabateados de la guerra. Pasó la batalla de Hogwarts, pasó la Mansión Malfoy y aterrizó en la víspera de Navidad de 1997.
—¿Se ofreció como voluntario? —Los ojos de Ginny estaban fijos en la inscripción.
—Eso es lo que dijo Dolohov.
—Eso es lo que él no quería que supieras.
Hermione la miró. Ginny estaba creando su propia línea de tiempo en su cabeza. Miraba el Muro, después al suelo, moviendo los ojos, y luego de vuelta al Muro. Ginny se giró y volteó a mirarla, con los ojos brillantes.
—Entonces ... Él te ama.
El corazón de Hermione se revolvió antes de volver a meterlo en su jaula.
—Él... se sintió aliviado de encontrar la casa vacía. Ya sea que eso signifique o no que se preocupara por los habitantes; o que se alegraba por no cometer asesinatos ese día...
—¿Los habitantes? ¡Granger! —Ginny gritó—. ¡Corrió directamente hacia tu habitación! ¿No es para ti una prueba suficiente?
—Es... es, ¡claro que es una posibilidad! Pero tal vez...
Ginny levantó la mano. —No. Nada de "tal vez". No permitiré que te convenzas de ello. —Ginny se sentó junto a ella en la cama, tomándole la mano—. Hermione. Lucius Malfoy tenía razón. —Ginny levantó una ceja y parpadeó, como si la frase le hubiera dolido—. Draco fue a ver a su abuela Sangre Pura y le pidió 35,000 galeones como plan de contingencia para salvar a una hija de muggles con la que ni siquiera salía. —Ginny se recostó, con los ojos muy abiertos. —Por Merlín, qué bolas tiene.
La nariz de Hermione se arrugó ante su expresión, y se puso de pie, comenzando a caminar.
—Yo... Sé lo que estás pensando Gin. Puedo concederte que... pareciera que Lucius Malfoy tenía razón y que Draco tenía... alguna clase de sentimientos por mí. —Se giró hacia la pelirroja—. Pero eso era antes. No sabemos lo que siente ahora.
Ginny gimió y saltó de la cama, abriendo el baúl con los recortes de periódico que acababan de quitar de la pared. Cogió uno y lo sostuvo frente a la cara de Hermione.
—¡Yo sí! ¡Yo sé lo que siente ahora!
Hermione tomó el artículo de la cita en Fortescue para almorzar. Draco levantando la mano para guiarla a través de la calle. Los ojos de Draco sobre ella mientras charlaba con Narcissa. La sonrisa fácil de Draco y el brillo en sus ojos cuando la dejó en la puerta principal de Cornerstone. Parecía haber sucedido hacía tanto tiempo. ¿Cómo podía volver a la tranquilidad de aquel momento?
—Pero ahora está saliendo con una chica. ¡Con múltiples chicas! —Hermione caminó alrededor de su cama para colocar el artículo de Fortescue nuevamente en su baúl.
—Bueno, ¡entonces ve y dile que te gustaría que agregara tu nombre a la lista de espera! —Ginny saltó sobre la cama de Hermione, poniéndose de pie. Le recordaba tanto a su último año de Hogwarts que casi sonrió.
Un crujido y un silbido de la chimenea. La voz de Harry emitió un saludo.
—¡Prepara un poco de té, Potter! —le gritó Ginny—. ¡Y abre una botella de vino! Tenemos que hacer algo de planeación.
—Oh, mierda, —murmuró Harry desde la sala.
Hermione pasó la siguiente media hora informando a Harry sobre los recuerdos. Bueno, Ginny habló la mayor parte del tiempo, dándole su propio giro a las cosas. Hermione se sentó en la mesita del comedor, bebiendo una copa de vino que Ginny le había impuesto.
Harry sorbía su té en silencio. Hermione pudo ver el estrés en su rostro, la tensión de sus labios mientras contaba los acontecimientos de la Guerra. Ginny no lo notó mientras arremetía, pintando nuevos cuadros en sus mentes. Hermione no la culpaba. Ginny no había estado ahí. No había estado en el Valle de Godric la noche en que Draco y los Mortífagos intentaron capturarla en casa de sus padres. No había estado en la Mansión Malfoy, ni en la playa. No tenía la imagen de la tumba de Dobby impresa en su memoria al igual que Harry y Hermione.
—Entonces, ahora nuestra tarea será, —dijo Ginny, sacando a Hermione de sus pensamientos—, ¡poner a éstos dos en la misma página!
—¿Qué no está saliendo con esa chica Búlgara? —preguntó Harry, tomando su taza de té.
—Sí, —dijo Hermione—. Y es maravillosa.
—Muy bien, suficiente con eso. —Ginny le sirvió más vino—. Katya Lo-Que-Sea no importa; Harry —Ginny lo rodeó—. Cómo hombre... ¿es posible salir con una chica pero estar enamorado de otra? —Ginny colocó las manos sobre su cadera.
Harry miró de un lado a otro entre las dos, dejando los ojos fijos en Ginny. —Siento que esto es una trampa.
—No lo es. Responde la maldita pregunta, Potter. Sé que me amas.
—Yo... Bueno, sí. Sin embargo, es una forma vil de actuar.
Ginny sonrió alegremente y dijo, —Y Draco Malfoy es una persona vil. ¡Perfecto! ¡Ahí lo tienes!
Hermione puso los ojos en blanco y bebió un largo trago de su copa. Pensó que tal vez, el futuro, intentaría lidiar con sus enredos amorosos sin involucrar a todo el mundo.
—Entonces, —continuó Ginny—. Malfoy quiere a Hermione. Hermione quiere a Malfoy. Creo que los siguientes pasos son bastante fáciles.
—Bueno... —murmuró Harry. Las chicas lo miraron.
—¿Bueno qué? —Exigió Ginny.
Harry parecía desear no haber hablado. —Bueno... ¿Cuál fue la última conversación que entablaron?
Hermione parpadeó. —Yo... lo vi en los ascensores el Jueves. Le pregunté sobre su negocio y le deseé un buen día.
—¿Y antes de eso? —Harry hizo una mueca. Hermione estaba confundida.
—Fue lo de Marcus Flint, ¿cierto? —Dijo Ginny, sentándose a la mesa—. ¡Donde él respondió cuando Hermione se arrojó a sus brazos!
—Sí, pero... —Harry respiró hondo. Hermione deseaba que Harry se dejara de rodeos—. ¿No lo acusaste también de drogarte para... aprovecharse de ti?
—Pero Hermione se disculpó por eso. Ellos lo enmendaron. —Ginny sacudió la cabeza con frustración. Hermione miró de uno a otro mientras discutían sobre ella.
—Bueno, pero aún así lo dijo. Malfoy sabe que lo crees capaz de hacerlo.
Hermione sintió una piedra en el estómago. —No, eso no es... quiero decir- —comenzó a balbucear.
—Bueno, ignoremos eso porque "lo enmendaron". —Harry se puso en pie. Ginny lo fulminó con la mirada por usar en su contra sus propias palabras—. ¿Qué pasó antes?
—Lo acusé de salpicar sangre en las paredes de mis padres. —Hermione miró la mesa, resignándose al punto al que llegaba Harry.
—No, no. Malfoy no salpicó las paredes, —dijo Ginny—. Ahora sabemos que eso no es lo que sucedió realmente.
—Sí, pero Malfoy no sabe que Hermione sabe eso, porque eso arruinaría la perfecta misión secreta que Hermione y yo montamos-
—¡¿Pero qué importa?! Hermione puede volver a mencionar el tema y decirle que sabe que él no sería capaz de lastimarlos a ella o a sus padres si los hubieran encontrado-
—¡Puede intentarlo! —Harry extendió los brazos a los lados—. Pero no ayudará que ya lo haya acusado, que lo haya creído capaz-
—Lo entiendo, Harry. —Hermione frunció el ceño entre sus manos. Harry tenía razón. Y era horrible.
—Y no olvidemos, —comenzó Harry, más suavemente—, lo que sucedió antes de eso.
Hermione lo miró.
—¿Qué? —preguntó Ginny—. Antes de eso fue lo de Lucius Malfoy.
—Antes de eso, —dijo Hermione, sintiendo que su pecho se llenaba de desesperación—. Le dije a su madre que nunca me casaría con él.
Ginny abrió la boca para discutir, luego la cerró. Ginny dijo, —¿Tal vez Narcissa no le contó esa parte?
Hermione sonrió con tristeza.
—Ahora, yo no soy Draco Malfoy, —dijo Harry—. Gracias a Merlín, —murmuró—. No soy Sangre Pura, Slytherin, y un dolor de culo. Pero como hombre... —Harry tomó aliento y miró a Hermione a los ojos—. Creo que ese barco ya zarpó.
Hermione asintió mirando hacia sus manos, sintiendo una opresión en el pecho.
—Bueno, entonces. ¡Tendremos que hacer volver ese barco! —Dijo Ginny con orgullo, claramente sin entender el dicho muggle.
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Cómo hacer que Draco Malfoy se enamore nuevamente de ella. Hermione golpeó su pluma contra la libreta. Eso sería mucho más fácil si tan solo supiera cómo lo había logrado la primera vez.
Se apoyó contra el mostrador de Cornerstone, observando a la arpía moverse apáticamente entre los estantes. Hermione había comenzado a garabatear una lista de ideas una hora atrás. Acercarse a Robards para más proyectos. Escribirle a Narcissa Malfoy. Secuestrarlo.
Echó un vistazo a la carta que había comenzado a redactar para él. El segundo libro de la nueva serie de Lance Gainsworth se lanzaría en Cornerstone en Mayo. La lista de pedidos anticipados generalmente comenzaba tres meses antes de que se publicara un libro, por lo que escribirle seis meses antes y preguntarle si le gustaría ser incluido en la lista de pedidos era un poco exagerado.
No, necesitaría encontrar una manera casual de mantener esa relación, especialmente porque el último día de Draco en el Ministerio sería el próximo viernes. Hermione ya no tenía ninguna relación con él fuera de la oficina, por lo que necesitaría hacer algo esta semana, algo para mantenerlo interesado. Casualmente.
Levantó la vista para mirar las calles empedradas exteriores desde la ventana, y tuvo que sacudir la cabeza cuando vio a Draco Malfoy en la calle, respirando profundamente antes de tomar la manija de la puerta. ¿Lo habría conjurado?
Bajó la vista rápidamente y encontró su carta a medio terminar en el mostrador. Tomó la carta y la arrugó, lanzándola hacia la basura mientras fingía cerrar la libreta contable y guardarla antes de levantar la vista. Casualmente.
—Buenas tardes. —Dejó que sus ojos se fijaran en él mientras Draco ascendía los escalones hacia el mostrador. Hermione fingió sorpresa. —Oh hola.
—Granger. —Draco asintió a modo de saludo y Hermione se estremeció al recordar el murmullo Granger en su oído.
—¿Tú... tienes algún libro de reserva? —Se giró hacia el estante de reservas, sabiendo muy bien que no había ningún libro bajo los apellidos Malfoy o Black.
—Hum, no, —dijo Draco. Hermione se giró hacia él, manteniendo su expresión lo más abierta posible—. Yo quería... tal vez sólo eche un vistazo.
Llevaba una mochila cruzada al pecho y parecía más que nunca un profesor universitario muggle. Hermione no podía decidirse entre reír o desmayarse.
—Maravilloso. —Sintió que su corazón latía en la punta de sus dedos. Él estaba ahí. Y Hermione estaba ansiosa por mantenerlo con ella—. En realidad hay... hum... —Se movió alrededor del mostrador hacia el área de lectura en los anaqueles de la izquierda—. Unos cuantos títulos nuevos desde la última vez que estuviste aquí.
Hermione los dirigió hacia la sección de ficción, sintiendo que Draco la seguía. Por Merlín, no tenía idea de lo que estaba haciendo.
—Hay una nueva novela, basada ligeramente en un libro muggle de la década de 1980. —Hermione se detuvo en un estante y tocó el lomo de un libro—. Futuro distópico, ley de matrimonio, regulaciones para tener hijos. —Hermione lo miró y Draco estaba viéndola a la cara—. En mi opinión, el libro Muggle es mejor, pero nadie ha oído hablar de él por aquí, así que...
Hermione guardó silencio y se encogió de hombros, bajando la mano por los anaqueles. Había algunas personas rondando la sección de ficción, y una joven bruja sentada en uno de los sillones los estaba estudiando a ambos. Hermione pasó los dedos por algunos lomos y vio a Draco siguiéndola.
—Y éste. Phineas Bourne ha probado suerte con la ficción, es una novela bastante aterradora. No he tenido el estómago para leerla, pero Morty me dijo que es una novela realmente terrorífica, si eso te gusta...
Hermione se mordió los labios, pensando lo tonta que debía verse, guiándolo a través de la tienda como si nunca antes hubiera estado en una librería. Ninguna otra persona que ahora leía en silencio había recibido un recorrido privado para conocer los nuevos lanzamientos.
Estaba esforzándose demasiado. Debería presentarle sólo un libro más y luego dejarlo solo. Ni siquiera podía mirarlo, pues temía descubrir que Draco había logrado ver a través de ella.
—La última novela que quería mostrarte... hum... —Hermione dio la vuelta en una esquina y afortunadamente encontró una estantería desierta. Estaba desesperada por perder de vista a la joven bruja que entendía perfectamente lo que estaba haciendo—. Aquí. —Tomó un libro del estante inferior—. Una nueva biografía sobre Chadwick Boot. Le escribí a Terry Boot para saber si tenía alguna clase de reclamo por la información que proporciona el autor, pero aún estoy esperando su respuesta.
Hermione apartó los ojos de la portada. La mirada de Draco estaba sobre el libro. Draco levantó la vista con una sonrisa escondida en los labios.
—Llevaré los tres.
Hermione tragó saliva, mirando la forma en que sus ojos cambiaban de color. —¿En serio? Hum... Maravilloso. —Sonrió, intentando mantener su sentido de profesionalismo—. Quiero decir... No quería forzarte a hacerlo. —Hermione soltó una risa y el sonido fue muy extraño—. Eres libre de seguir buscando, por supuesto.
—No, no, —dijo Draco, tomando la biografía de entre sus temblorosos dedos—. Si Hermione Granger recomienda leer un nuevo libro, sería tonto no escucharla.
Hermione lo vio voltear la biografía y leer el reverso. No recordaba la última vez que Draco había pronunciado su nombre de pila.
—Entonces yo... iré por el resto de los libros y nos vemos en el mostrador. Hermione se apretó a Draco para pasar, sus caderas rozando sus muslos en el reducido espacio. Tomó los otros dos libros que había recomendado, ignorando la forma en que la joven bruja sonreía hacia las páginas de su libro.
Se dirigió al mostrador y se concentró en respirar. Tiró de la libreta contable y comenzó a escribir cuando escuchó a Draco acercarse.
—En realidad quería pedirte algo, —dijo Draco.
Hermione lo miró; sus ojos brillaban hacia el mostrador. Contuvo el aliento mientras controlaba su pulso errático y su mente trabajaba a toda velocidad.
—Lo que sea.
Oh por Dios. Oh por Dios, Hermione. Al menos su voz había sonado relajada, y no enturbiada por lujuria ni cargada de promesas. Qué respuesta tan estúpida.
Draco la miró de nuevo, con su expresión en blanco. Oclumancia. La había dejado afuera.
—¿Conoces a Quentin Margolis?
Eso no era para nada lo que esperaba.
—¿El líder de los Hombres lobo? —preguntó Hermione, y Draco asintió—. Supongo que sí. Ha estado en la oficina un par de veces, y después de la Guerra quería que Harry y yo le presentáramos a Teddy Lupin... —Estaba divagando—. ¿Por qué preguntas?
—Espero incluirlo como cliente. Bueno, a él y a su manada. —Draco se rascó la mandíbula y miró hacia otro lado—. Ha estado... poco receptivo a las lechuzas que le envié. Y estoy empezando a creer que es debido a mi apellido, a mi reputación. —Su mandíbula se trabó—. A mi historia con Greyback.
Hermione vio la vergüenza cruzar frente a sus ojos antes de que la imagen de Fenrir Greyback olfateando su habitación nadara frente a sus ojos.
—Ya veo. —No lo hacía—. Bueno, Quentin pasa muy poco tiempo lejos de su manada. ¿Es posible que no haya recibido tus cartas?
—Oh, lo ha hecho. —Draco sonrió apretadamente—. "Poco receptivo" fue una forma amable de decirlo, pero en realidad me hizo saber que no tenía interés en conocerme.
Hermione asintió, jugueteando con su pluma.
—Podría ser cuestión de dinero. Es posible que su comunidad no pueda pagar por tus servicios. Los Hombres lobo tienen dificultades para conseguir y mantener un empleo.
—Pelearemos por eso. Igualdad de derechos para los Hombres lobo. Leyes contra la discriminación.
Su aliento la abandonó en una exhalación. —¿Leyes contra la discriminación? —Hermione lo miró a los ojos sabiendo que los suyos estaban exorbitados. La lucha por los derechos de los Hombres lobo era una meta a largo plazo, Kingsley le había comentado que estaba bajo revisión para futuras audiencias. Pero si alguien como Draco Malfoy y su Grupo de consultoría se encargaban del cargo... con verdadera asesoría legal...
Los ojos de Draco recorrieron su rostro, y luego miró hacia el mostrador, como si estuviera avergonzado.
—Sólo necesito una "entrada", —dijo Draco—. Una recomendación.
—Por supuesto. —Hermione estaba sin aliento—. Escribiré a Quentin en tu nombre.
—¿Lo harás? —Sus ojos la quemaban. Hermione asintió. —Tengo... aquí... —Draco se giró hacia su maldita mochila y sacó una carpeta de piel—. Aquí está la propuesta. Si desea familiarizarte con ella.
Hermione tomó la carpeta con dedos codiciosos, ansiosa por analizar las ideas y planes que contenía. —Te la devolveré el Lunes.
Draco asintió. —Gracias, Granger.
Granger. Un murmullo en su oído.
Hermione sonrió mientras guardaba la carpeta, y continuó escribiendo la compra de Draco en la libreta de contabilidad. Era posible que la única razón por la que estaba comprando esos tres libros era porque necesitaba ese favor. Pero Hermione no tenía ningún reparo por ello.
Con los ojos aún en la libreta, preguntó, —¿Tu equipo te llevará a celebrar tu último día de trabajo?
—Hum, no. No lo creo.
Hermione lo miró y se apartó el pelo de la cara. —Cómo que no, —dijo—. Harry y yo planearemos algo entonces.
Sus ojos brillaron al mirarla. No los había visto hacer eso desde hacía una eternidad. Draco había bajado la guardia.
—Tú... no tienes por qué hacerlo.
—Por supuesto que sí, —dijo, sonriendo—. Tendremos que hacer algo realmente vergonzoso, como imprimir tu cara en el pastel.
Draco hizo una mueca. —Esa debe ser una tradición Muggle.
—Totalmente. —Hermione rió. Su corazón latía tan rápido que se sintió como si estuviera jugando con fuego—. ¿La hacemos el Viernes después del trabajo? Tu último día. —Estaba volando terriblemente cerca del sol y sintió la necesidad de hacer algo para reducir la velocidad—. Haré que Harry corra la voz en el Piso 2. Trae a Katya si deseas.
Como salpicarse agua fría encima.
—O a Noelle, —sonrió irónicamente de lado—. O la que sea que esté en rotación los Viernes. —Hermione logró reír un poco mientras colocaba los tres libros de Draco en una bolsa.
Hermione ni siquiera podía mirarlo. Pero podía asegurar que él la estaba observando.
—Tendrás que decirme qué te pareció la novela de terror. No creo que pueda con ella, —dijo, entregándole la bolsa.
Draco la tomó y contestó, —Gracias. Por escribirle a Quentin Margolis.
Hermione lo miró a los ojos. —Por supuesto. Cualquier cosa que necesites.
Draco sonrió, y Hermione pudo sentir el calor subiendo a sus mejillas. —Cuidado, Granger, —dijo, y vio un brillo en sus ojos—. Tal vez te tome la palabra.
La sonrisa se rompió entre sus labios antes de que pudiera detenerla. Hermione la refrenó, sabiendo que se vería bastante tonta, apretando los labios y sonrojándose mientras Draco se giraba para salir de Cornerstone.
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Hermione flotó durante el resto del día. Flotó de camino a casa. Flotó al llegar a su habitación y encontrar dos sobres esperándola en su cama. Ginny debía haberlos recibido de las lechuzas que los entregaron.
Uno de ellos era un sobre color marfil, con una perfecta e inclinada caligrafía cursiva, Srta. Hermione Jean Granger. El otro solamente ponía H.G. Qué extraño.
Primero abrió el sobre color marfil, reconociendo la caligrafía de Narcissa Malfoy.
Queridísima Hermione,
Narcissa y Draco Malfoy desean invitarte cordialmente a la Gala Anual Malfoy por Víspera de Año Nuevo y a la fiesta oficial de lanzamiento del Grupo de Consultoría Malfoy.
Había algunos otros trozos de papel en el sobre, como un R.S.V.P. e instrucciones sobre cómo llegar por Red Flú, pero Hermione se sintió consumida desde el "Queridísima Hermione".
Sonrió ante el delicado garabato. Quizás ahora las cosas volverían a la normalidad. Ella y Draco estaban hablando -incluso coqueteando- y Narcissa se dirigía a ella con cariño. Se imaginó llegando en un hermoso vestido, arreglándose el cabello, dejando que Ginny la maquillara y permitiéndole a Draco aceptar su oferta de "cualquier cosa que necesitara".
Todavía estaba sonrojada, mordiéndose el labio, cuando abrió el otro sobre, extrayendo varios trozos de papel.
Su corazón se detuvo y su cuerpo se sacudió al reconocer la caligrafía. Un garabato uniforme que había visto por última vez en un trozo de papel sobre una mesa de metal.
Srta. Granger,
Le escribí a Madame Michelle y me he sorprendido sobremanera al descubrir que no tiene citas programadas con usted.
Le escribí a Miss Truesdale, Madame Bernard y Monsieur Dubois, y descubrí que no ha intentado programar citas para clases de baile, diseño de interiores y organización de eventos.
Tenía entendido que usted no estaba involucrada sentimentalmente con mi hijo, y si elegía involucrarse, conocía las cualidades que habíamos acordado que trabajaría.
Como no tiene intención de convertirse en una candidata elegible para mi hijo, me temo que tendré que reevaluar mi voluntad de desligar la herencia de Draco de sus obligaciones maritales. Es una pena que esto pueda afectar los planes comerciales de Draco. Esperaba que tuviera un nuevo comienzo y se convirtiera en un líder en éste mundo, pero tal vez no está listo.
No se avergüence más a sí misma tratando de negarlo. He visto las pruebas con mis propios ojos, Srta. Granger, y debo insistir en que se aparte de la vida de mi hijo.
Lucius Malfoy
Con dedos temblorosos, Hermione dejó la carta sobre su cama para encontrar varias fotografías detrás de ella. Se vio a si misma arrojarse a los brazos de Draco en un callejón sucio, pasando los dedos por su cabello y presionando sus labios contra su cuello. Arrojó esa foto al otro lado de la habitación y encontró la imagen de Draco presionándola contra una pared de ladrillos mientras ella besaba su muñeca.
Hermione soltó las fotos y se tambaleó hacia el baño, respirando con dificultad.
