Capitulo 26: Desconectados
Respiró profundo, permitiendo que el aire fresco entrara en sus pulmones. El sonido ensordecedor de Hogwarts llegaba incluso hasta su nuevo hogar, ubicado ahora en Hogsmeade. Cerró los ojos y trató de imaginarse la escena frente a ella. Cientos de personas reunidas, las mentes más brillantes de Inglaterra y Estados Unidos… El futuro de ambos países, todo en un solo lugar. Todos juntos. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Cerró los ojos y volvió a respirar, tranquilizándose.
—Pronto terminará —le susurró la voz gentil de Teddy detrás de ella.
—Lo sé —le respondió Victoire.
—No es necesario que esperes afuera, Vicky —le sugirió nuevamente el muchacho, una expresión preocupada en su rostro.
—Lo sé —respondió ella nuevamente, tajante.
Un breve y tenso silencio se extendió entre ambos durante unos segundos. Ted observó fijamente a su novia, sentada en los escalones del porche de su nueva casa. Y no pudo evitar sentir que frágil Victoire había crecido a pasos agigantados en los últimos meses. Resignado, suspiró y se sentó junto a ella.
Ambos permanecieron allí en silencio, esperando. Hacía apenas unas semanas que se habían mudado a aquella pequeña pero acogedora casa ubicada en el pueblo de Hogsmeade. Y lo que al principio se había sentido como una gran aventura para ambos, ahora comenzaba a afectarlos profundamente.
Ted había tenido sus reservas con respecto a que Victoire se uniese a la Orden del Fénix. Y si bien sus miedos estaban respaldados por el amor que sentía hacia ella, la rubia había hecho oídos sordos a los mismos. Siendo la integrante más joven de la Orden, Victoire sentía que tenía que demostrarle al resto, y a sí misma, que se encontraba a la altura de la situación.
Desde aquella primera reunión de la Orden, había entrenado sin descanso, día y noche, bajo la estricta tutela de Scarlet Raven. Y si bien Teddy tenía que reconocer que todo el esfuerzo estaba rindiendo frutos, también se preocupaba por la salud de su novia.
La joven muchacha se pasaba los días intercalando sus estudios de Sanadora en San Mungo con el entrenamiento de Scarlet. Regresaba al hogar tarde por la noche, apenas para masticar algo rápido antes de caer rendida en la cama. Pero ni siquiera en sueños lograba descansar. Las últimas semanas, desde la mudanza a Hogsmeade, Victoire había tenido un sueño intranquilo, repleto de pesadillas. Despertaba agitada en medio de la noche, empapada en sudor y con lágrimas en los ojos. Lupin había intentado conversar con ella, preguntándole acerca de sus pesadillas. Pero todo lo que había obtenido eran respuestas monosilábicas. Victoire se negaba a hablar del tema con él. Lentamente, la guerra comenzaba a meterse debajo de sus pieles, cambiándolos. Y mientras que esperaban allí sentados, en silencio, Ted se preguntó si su relación con Vicky sobreviviría aquello.
Un destello de luces de múltiples colores iluminó el cielo en ese instante, provenientes de Hogwarts, sacándolo de sus pensamientos. Victoire pareció tensarse al notarlo.
—Ha terminado —anunció la muchacha, poniéndose inmediatamente de pie. Y sin decir otra palabra, ingresó a la vivienda. Meneando la cabeza, Ted la siguió.
Victoire caminaba de un lado al otro en el comedor, ansiosa. Ted simplemente se limitaba a mirarla. Si algo había aprendido en los últimos días era que si decía algo para intentar calmarla, solo conseguiría irritarla más. Lupin sabía que aún restaban algunas horas hasta que todos llegaran, pero Vicky manejaba un nivel de nerviosismo que parecía no escuchar a la lógica. Resignado, Ted se encaminó hacia la cocina, dispuesto a cocinar algo para la cena, dejando a Weasley sola en el comedor.
Finalmente, alguien golpeó a la puerta. Ted escuchó los pasos acelerados de Victoire corriendo hacia la misma, y el ruido de la puerta al abrirse.
—¿Todo el orden? —escuchó la voz de su novia.
—Demasiado —respondió otra mujer. Era una voz que denotaba autoridad, y parecía enojada. Ted la reconoció inmediatamente. Scarlet.
—¿No hubo señales de la Rebelión? —inquirió Vicky. Se oía decepcionada.
—No… nada de nada —reiteró Raven—. El resto vienen en camino. Nos demoramos saludando a los niños. —explicó luego.
—¿Cómo esta Nina? —preguntó Ted, decidiendo volver al comedor. Otra cosa que había aprendido en las últimas semanas era que Victoire parecía tranquilizarse cuando Raven estaba cerca. Scarlet esbozó una tenue sonrisa.
—Nerviosa… como es de esperar. —le respondió Scarlet—. Y emocionada… feliz incluso me atrevería a decir —agregó luego, con cierta sorpresa—. No pudimos conversar demasiado… Tan solo unos minutos después de los Duelos de los alumnos de séptimo año.
—¿Qué tal estuvieron? —preguntó Victoire, emocionada.
—Pues, tu prima Molly… Simplemente brillante. Esa chica tiene mucha determinación. Arrasó con su competencia... —respondió Raven. Sus ojos violetas parecieron brillar ante el recuerdo de un buen duelo.
—¿Y Fred? —quiso saber Weasley. Scarlet simplemente se encogió de hombros.
—Estuvo bien para un torneo colegial… Pero no lo suficiente para el mundo real—respondió tajante—. Si ese muchacho planea unirse a la Orden del Fénix tendrá que entrenar mucho.
—No creo que ninguno de ellos planee unirse a la Orden, Scarlet —señaló Ted, con cautela. Raven lo observó fijamente, durante unos instantes, y luego chasqueó la lengua.
Nuevamente se escuchó un golpeteo en la puerta, y una vez más, Victoire se levantó como disparada por un resorte y se lanzó hacia la misma.
—Bienvenidos —anunció la llegada de múltiples personas.
Ted observó como su tío Harry ingresaba a su nuevo hogar, acompañado de Ron, Hermione, Ginny y Percy Weasley. Era la primera vez que recibían tantas visitas en su nuevo hogar, y sin embargo, un aire taciturno rondaba el ambiente. No había ánimos de festejos entre ellos.
—Gracias por recibirnos en su nueva casa, muchachos —les agradeció Harry con una sonrisa cansada—. Creo que todos estarán de acuerdo en que esta será una reunión muy breve. Todos estamos agotados por los preparativos de las últimas semanas y nos vendría bien descansar un poco… Pero antes, quisiera discutir algunas cuestiones importantes. —Harry lanzó una mirada hacia Ron, quien asintió con un gesto de cabeza.
—Hemos aprovechado las últimas visitas a Hogwarts por "cuestiones de seguridad" para reforzar también las barreras del pueblo —señaló Ron, mientras que hacía aparecer un trozo enrollado de pergamino, que rápidamente extendió sobre la mesa—. Este es un plano de Hogsmeade —explicó mientras todos se inclinaban a mirar—. Se han clausurado varias de las entradas habituales al pueblo. Desde hace una semana solo permanecen funcionando esta de aquí… y esta de aquí —agregó marcando dos puntos en el mapa con el dedo. —Hemos discutido con Kingsley y se ha acordado que habrá siempre dos aurores en el pueblo, uno por cada entrada, custodiando. Es el máximo de dotación que podemos asignar sin empezar a llamar la atención en el Ministerio.
—Por ahora en Ministerio de Magia está tranquilo… Obviamente que el Torneo está en boca de todos, pero nadie parece sospechar nada más. Hemos estado más atentos que nunca a posibles actividades sospechosas… No sé si alegrarme o lamentarme cuando digo que no hemos detectado nada nuevo desde la llegada de la nota y el robo al departamento de Misterios —comentó Percy, quien formaba parte del Comité de Asesores del Ministro. Harry frunció el entrecejo al escuchar aquello.
—¿Sucede algo? —preguntó Scarlet, notando el cambio de actitud en Harry. Potter soltó un suspiro.
—Se canceló la Apelación para el Caso de Jinx —respondió Hermione a la pregunta.
—¿¡Qué?! —exclamó Victoire, sorprendida—. ¿Por qué? —quiso saber.
—Porque Jinx está muerto —respondió Harry, sombrío. Un silencio se apoderó de todos los presentes.
—¿Muerto? Pero cómo… —empezó a formular la pregunta Vicky.
—Aparentemente se suicidó en su celda de Azkaban —respondió Ron con sarcasmo.
—Y así desaparece nuestra oportunidad de obtener un poco más de claridad sobre lo que sucede en su querido Ministerio… —murmuró Scarlet por lo bajo, aunque lo suficientemente alto como para que todos pudiesen escucharla.
—Los Inefables están investigando el caso… —comenzó a decir Hermione, pero la risa amarga de Scarlet la interrumpió.
—¿El departamento de Misterios? ¿En serio, Granger? —le espetó la mujer de ojos violetas. Hermione no pudo evitar sonrojarse.
—La ley estipula que ante muertes dudosas el departamento de mist…—comenzó a decir, pero nuevamente Scarlet la interrumpió.
—¿Soy la única acá que piensa que lo asesinaron? —inquirió a los presentes. Todos guardaron silencio—. Ya me parecía.
—Algo turbio está teniendo lugar en el ese departamento, Scarlet… Todos coincidimos en eso. Pero no podemos atacarlos abiertamente —le explicó Percy, con diplomacia.
—¿Por qué no, tío? —inquirió Victoire, enfadada, poniéndose de pie.
—¡Porque no podemos empezar una batalla dentro del Ministerio hasta no saber quiénes están con nosotros y quienes en contra! —Estalló también Ginny, quien hasta entonces había mantenido silencio—. Esto no es un juego, Vicky. Cada una de las decisiones que tomamos tiene un precio… Y a veces, ese precio puede ser la vida de gente inocente. —agregó luego, su tono de voz más calmo. Victoire simplemente volvió a tomar asiento.
—Por ahora continuaremos investigando en secreto. Tenemos una lista de varios nombres que despiertan nuestra sospecha… Personas cercanas a Darwin Cooper en su mayoría, y que podrían haberlo ayudado. —volvió a hablar Percy.
—¿Seguimos sin novedades de esa rata? —Scarlet aprovechó a preguntar. Harry simplemente negó con la cabeza. —¿Acaso traes alguna buena noticia, Harry? —lanzó finalmente.
—Hace unas semanas Ron viajó a Ucrania… a buscar a la familia de Solcoff —empezó a contarles Potter. Scarlet pareció tensarse en su silla, pero no formuló palabra.
—Philipe Marcier nos había informado sobre un pequeño pueblo de brujos ubicado en las afueras de Kiev, donde supuestamente vivía la cuñada de Krauss. —Comenzó a contar Ron—. La buena noticia es que encontramos la vivienda… La mala noticia es que nadie ha vivido en ese lugar durante años… muchos años —sentenció Weasley.
—Pero entonces… ¿Dónde están? —preguntó Vicky, ansiosa. Harry miró fijamente a Scarlet durante unos segundos antes de hablar.
—Lo mismo me pregunté yo… Primero pensé que nuevamente habíamos llegado a un callejón sin salida… Y entonces recordé algo… Fue hace mucho tiempo... ¿Recuerdas aquella charla que tuvimos durante el primer cumpleaños de Nina, Scarlet? —le recordó Harry, con una sonrisa melancólica. Raven lo miró levemente desconcertada durante unos segundos. —Estuvimos largo rato discutiendo sobre cuál era el lugar más seguro para esconder a nuestras familias en caso de que fuese necesario. Y Krauss dijo… —intentó revolver en su memoria.
—El Bosque Negro de Ucrania —Raven habló, su mirada perdida en algún viejo recuerdo—. Él dijo que si tuviese que elegir un sitio donde esconder a su familia… Ese lugar sería el Bosque Negro de Ucrania —recordó.
—Creo que ahí es donde están escondidos —le aseguró Potter. El rostro de Scarlet pareció ensombrecerse levemente ante aquello.
—Entonces nunca los encontraremos, Harry. —sentenció ella.
—¿Por qué? ¿Qué es lo que tiene ese bosque de especial? —inquirió Victoire, desconcertada. Todos cruzaron miradas sombrías entre ellos, pero fue Ted Lupin quien respondió a su pregunta.
—El Bosque Negro tiene vida propia, Victoire. No es simplemente árboles y animales… Es una unidad… Una sola entidad. Piensa… Siente… —habló repentinamente Ted, quien había permanecido en silencio durante toda la conversación—. Son muy pocos los magos que logran conectar con el Bosque y aprenden a vivir en él. Pero para la mayoría de los magos… pues el Bosque Negro es simplemente una trampa mortal —agregó—. Si la familia de Solcoff se encuentra allí… existen altas chances de que ya estén muertos —dijo mirando a Potter fijamente.
—No —negó Scarlet—. Krauss jamás los enviaría allí a menos que estuviese convencido de que sobrevivirían. —aseguró—. Déjame ir a buscarlos —pidió. Harry simplemente negó con la cabeza.
—No puedo dejarte ir… Te necesito aquí, Scarlet. —le explicó Harry—. Si fuese tan simple como ir y buscarlos… Ya lo hubiésemos hecho.
—¿Y qué esperan? —preguntó Victoire, cada vez más impaciente.
—Por todos los brujos, Vicky. ¿No has escuchado lo que dijo Teddy? ¡Ese bosque mataría a cualquiera que intente meterse allí sin ser bienvenido!—le espetó Ginny, enojada por la actitud de la muchacha.
—Necesitamos a alguien que conozca el Bosque… Alguien que ya haya estado allí antes... —respondió Harry. Y entonces Teddy comprendió.
—Me necesitan a mí —dijo Lupin, convencido. Sus ojos se encontraron con la mirada verde detrás de las gafas de su padrino, y supo que era verdad.
—¿Qué? —Victoire fue la primera en reaccionar, incapaz de esconder el temor—. ¡No, Teddy!
—Yo conozco el Bosque, estuve allí durante mi viaje… —comenzó a explicarle él, refiriéndose a aquel viaje que había realizado al finalizar Hogwarts, durante el cual había recorrido el mundo entero junto a sus mejores amigos.
—¡No, no, no! —continuó repitiendo Victoire, mientras que se levantaba bruscamente de su silla, tumbándola—. ¡Acaban de asignarnos esta misión! ¡No puedes irte! —Teddy se incorporó e intentó acercarse a ella, pero Victoire rápidamente lo empujó con las manos hacia atrás—. ¡Recién dijiste que era una trampa mortal para la mayoría de los magos! —insistió ella, furiosa.
—Conozco a alguien que vive en el Bosque Negro… Y creo que puede ayudarme —explicó Ted, su mirada desviándose hacia Harry. Potter simplemente asintió con un gesto de cabeza.
—Entonces yo iré contigo —aseguró la joven Weasley, determinada.
—No —exclamaron Ted y Scarlet al mismo tiempo.
—Tú te quedarás acá, Victoire. Tu entrenamiento no ha terminado —le espetó Raven, su voz tranquila pero firme. Victoire miró a ambos alternativamente, su mirada cargada de enojo y lágrimas.
—¿Lo dejarás ir solo? —inquirió, esta vez dirigiéndose a Harry. Había un aura amenazante alrededor de la muchacha, producto de su genética veela.
—No… Draco Malfoy irá con él —le respondió Potter finalmente.
La alegría en la Sala de Menesteres era incontenible. Albus observó a todos los presentes satisfecho. Habían entrenado duro durante los últimos meses, preparándose para el Torneo y para la vida real. Y el entrenamiento había rendido sus frutos. Mientras festejaban los resultados de la Primera Ronda, Potter no podía evitar sentirse orgulloso.
Leslie Honey había sido la primera el enfrentarse a duelo. Y había sido un inicio difícil. La alumna de Salem había demostrado ser sumamente habilidosa, y tras media hora de hechizos y contrahechizos, finalmente había derrotado a Leslie. Había sido un mal comienzo para Hogwarts.
Sin embargo, Fred rápidamente había logrado equiparar los tantos en el segundo duelo, derrotando a su contrincante en una batalla muy pareja. Y a partir de allí, los miembros de la Hermandad habían hecho estragos. Pronto se le sumó Kayler Rasmus derrotando a su contrincante sin grandes dificultades, cumpliendo así las predicciones de Chelseas Whitestone. Pero la verdadera perla de la noche había sido Molly Weasley. La mayor de las hijas de Percy había logrado derrotar a su contrincante con apenas cuatro hechizos, ejecutados con un nivel de perfección y destreza sorprendente.
—Fue una buena noche para nosotros, ¿no crees? —señaló Rose, mientras se sentaba a su lado. Potter sonrió para sus adentros. Su prima sabía leerlo como un libro abierto.
—También lo fue para Cardigan —comentó escéptica Hedda, junto a ella.
Y tenía razón. Tanto Zafira Avery como Patrick Smith también habían logrado sus respectivas victorias.
—Pues si… pero nosotros llevamos la ventaja por ahora. Así que… ¡Festejemos! —interrumpió rápidamente Lysander.
—¿Dónde está Elektra? ¿Y Scorpius? —inquirió Albus, cayendo en cuenta de que ambos faltaban.
—¿Los necesitas para algo? —le preguntó Hedda, alzando una ceja.
—Pues me gustaría poder discutir entre nosotros los pasos a seguir a partir de ahora —señaló Potter. Lysander suspiró, resignado, mientras se derrumbaba en uno de los sillones y bebía de una botella de cerveza de manteca.
—Albus… Creo que hoy podemos permitirnos relajarnos y simplemente… festejar —señaló Weasley sutilmente.
—¡Brindo por eso! —la respaldó Lysander. Albus giró a mirar a Hedda, y se sorprendió al encontrarse que su amiga sonreía.
—Esta vez tengo que darles la razón, Al… Mira a tu alrededor. Todos están felices… ¡Incluso Leslie y eso que ella ha quedado descalificada! —intentó hacerlo reflexionar LeBlanc. Potter lanzó una rápida mirada a su alrededor.
Tras finalizar la Ceremonia de Apertura, Albus había convocado a todos los integrantes de la Hermandad de Hogwarts a reunirse en la Sala de Menesteres. Su idea original había sido discutir sobre cómo se organizarían los futuros entrenamientos de la Hermandad, y posibles estrategias de duelo para lograr clasificar la mayor cantidad de integrantes dentro del Torneo.
Pero rápidamente la reunión se había convertido en una fiesta de celebración. Los Caballeros de la Mesa Redonda se las habían arreglado para traer bebida y comida suficiente como para festejar una semana de corrido. Y todos los presentes se encontraban exaltados. Había pasado la etapa de nerviosismo previo a la Ceremonia, y ahora todos estaban relajados y contentos, conversando y riendo.
—Déjalos festejar, Albus… Esta podría ser una de las últimas veces que estemos todos así de contentos —insistió Rose, cierta nostalgia filtrándose en su voz. Albus simplemente asintió, pero no se movió del asiento donde se encontraba.
Pero lejos de tranquilizarlo, la Ceremonia le había generado más intriga y ansiedad. Repentinamente, las palabras de su contrincante Sasha resonaron en su mente: Espero que estés listo, porque voy a destruirte. No estaba asustado, pero si sumamente intrigado. ¿Quién era esa chica? No sabía nada de su contrincante… ¿Era buena duelista? ¿Era la mejor de su clase? ¿Era acaso tan buena como él? Sin duda se tenía mucha confianza para decir aquellas palabras…
—¿Planeas quedarte mucho tiempo más rumiando dentro de tu cabeza? —le susurró al oído la voz danzante de Tessa Nott, sacándolo de su ensimismamiento. Inmediatamente Potter sonrió, y ella le depositó un suave beso en los labios.
—¿Te estás divirtiendo? —le preguntó Albus, tomándole la mano.
—Sería más divertido si bailaras conmigo —insistió ella, tirando de él para obligarlo a incorporarse.
—No sé, Tessa… No estoy de humor —quiso negarse Albus. Pero ella le sonrió, desarmándolo.
—Albus… Tienes que divertirte un rato. No todo en la vida es cuestión de vida o muerte. A veces, simplemente hay que disfrutar el momento —le propuso ella.
Albus rió y dejó que la muchacha lo guiara hacia la parte del salón donde algunos habían empezado a bailar. Sus ojos se posaron en Tessa, con su pelo revuelto y sus ojos oscuros y curvilíneos, y todas sus preocupaciones e inquietudes parecieron desvanecerse en el aire. Se dejó guiar por la chica, mientras bailaban entre la gente. Y por unos minutos, se olvidó de todo y simplemente bailó.
—A ti también te han arrastrado hasta aquí, ¿eh? —escuchó a Scorpius junto a él.
El joven rubio se encontraba en ese momento bailando con Circe a pocos metros de ellos. La muchacha tenía sus manos colocadas sobre los hombros de Malfoy, sus cuerpos bailando sumamente cerca. Scorpius, por su parte, había colocado sus manos en torno a la cintura de ella.
—Me sorprende verte a ti aquí, Albus… Parece que te has decidido a cumplir tu papel de novio ¿no? —le espetó repentinamente Zabini, clavando sus ojos verdes en él. Una sonrisa de lado se dibujó en los labios de la muchacha, y una vez más, Potter no pudo distinguir si ella hablaba en serio o simplemente bromeaba.
—Circe… Ya basta —le susurró Tessa, tensándose junto a él.
—Pues si tú no lo dices alguien tiene que decirlo, Nott —le respondió Circe.
—Tess… ¿Sucede algo? —inquirió Potter, confundido.
—Sucede que no eres el mejor de los novios, Potter —continuó Zabini, ácida.
—¡Circe! —comenzó a enojarse Nott, el rubor subiendo a sus mejillas.
—¡Diablos, Tessa! ¿Qué sentido tiene que estés de novia con alguien si no puedes decirle cómo te sientes? —se enojó Zabini.
—¿Es esto cierto, Tess? —insistió Albus en el tema. Tessa pareció vacilar ante la pregunta y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.
—No quería molestarte… No quiero convertirme en una de esas novias demandantes que pretenden que su novio esté todo el tiempo pendiente de ella… —empezó a decir Nott, visiblemente incómoda.
—¡Por Merlín, Tessa! —se exasperó Circe, bufando.
—Entiendo que has estado muy ocupado estas últimas semanas… Y tienes muchas cosas en mente… —continuó Tess, ignorando a su amiga.
—¡Me lleva el diablo, Tessa! ¡Todos estamos ocupados! Ni que Potter fuese el condenado Ministro de Magia…
—¿Por qué no te preocupas por tu propia vida amorosa en lugar de meterte en la mía? —estalló Tessa repentinamente, dejando a todos anonadados. Circe pareció quedarse momentáneamente congelada ante la respuesta. Albus jamás había visto a Tessa hablarle a su amiga de esa forma, y por lo visto, Zabini tampoco se lo esperaba.
—Tienes razón… No es mi maldito problema si tú te conformas con el papel de novia sumisa —le espetó bruscamente la chica de ojos verdes. —Me voy de aquí —agregó luego, encaminándose hacia la salida del Salón, con la cabeza en alto y su característico caminar aristocrático.
Estaba tan apurada por salir de allí antes de quebrarse que ni siquiera cayó en cuenta de que alguien la seguía. Caminó a pasos rápidos hasta llegar a un salón vació, y se metió rápidamente adentro. Apenas había cruzado el umbral de la puerta cuando las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas.
Repentinamente, una mano le extendió un pañuelo verde. Circe levantó la cabeza para encontrarse con el rostro de Scorpius Malfoy, quien la miraba preocupado. Aceptó el pañuelo y con delicadeza se secó las lágrimas de los ojos, recobrando la compostura.
—Nunca te imaginé como el tipo de chica que llora —le señaló Scorpius a modo de broma, mientras le sonreía. Circe soltó una risa agria.
—Hay muchas de cosas sobre mí que no te imaginas, Malfoy —le retrucó rápidamente ella. Ambos permanecieron en silencio unos segundos. Finalmente, Circe volvió a hablar—. Solo intento ayudarla, ¿sabes?
—Sí, lo sé —le respondió él, escuetamente. Y con cuidado, acortó la distancia que los separaba, abrazándola.
—Sé que Albus es tu amigo… Y que es una buena persona... Un maldito arrogante también, pero buena persona —empezó a explicarse. Scorpius permaneció en silencio, dándole tiempo para que dijera todo lo que tenía atrapado adentro—. Pero Tessa… ella se merece más que estar esperando a que alguien se digne a prestarle atención. Se merece ser la prioridad. Ella es…
—Ella es especial —coincidió Malfoy, con una sonrisa cariñosa. Los ojos de ambos se encontraron—. Y tú te preocupas por ella.
—Es mi mejor amiga —dijo Circe, esquivando su mirada.
—Circe… —le habló Scorpius con dulzura, mientras la tomaba del mentón y la obligaba a mirarlo a los ojos—. Tú me gustas… Mucho. Y creo que lo he dejado claro desde hace ya un tiempo —señaló él. Y por primera vez desde que la conocía, Malfoy creyó leer miedo en el rostro de Zabini—. Y no tengo problema es seguir demostrándote que me interesas hasta que finalmente te convenzas de darme una oportunidad… Pero necesito saber si estoy persiguiendo una causa perdida.
Y por segunda vez en la noche, los ojos ce Circe parecieron llenarse de lágrimas.
—¿Me creerías si te dijera que verdaderamente quisiera poder enamorarme de ti? —le respondió ella, una sonrisa dibujándose en su rostro de porcelana. Malfoy rió por lo bajo.
—¿Quién no querría enamorarse de mí, Zabini? —bromeó el rubio, altanero. Zabini pasó su delicada mano por el cabello rubio de él, peinándoselo. Y luego, se inclinó hacia delante, y le plantó un suave beso en la frente. —Una pena… Habríamos sido una pareja increíble —agregó él.
—No me cabe duda —le siguió el juego ella, guiñándole un ojo—. Gracias por entenderme —le susurró luego al oído. Y sin decir más, se alejó, dispuesta a irse.
—Circe… —la llamó Scorpius, obligándola a detenerse antes de llegar a la puerta. La chica giró a mirarlo. — Tú tampoco te mereces tener que esperar a que te presten atención—le aseguró. Como toda respuesta, ella simplemente se encogió de hombros, y sin decir nada más, abandonó el lugar.
Scorpius permaneció un rato más allí, procesando todo. Y luego, se acomodó la túnica y el cabello, y regresó a la Sala de Menesteres. La gente aún seguía allí reunida, como si nada hubiese ocurrido. Buscó con la mirada a su mejor amigo y a su querida prima postiza, Tessa. Tardó unos minutos en encontrarlos. Estaban alejados de todos, sentados en una esquina, conversando agitadamente. Se disponía a interrumpirlos cuando alguien lo detuvo.
—Si yo fuese tú no me metería allí —señaló la voz de Lily Luna a su espalda, sobresaltándolo. La pelirroja se encontraba escondida en un rincón cerca de la puerta. Tenía un libro en las manos, aunque Scorpius estaba convencido de que simplemente pretendía estar leyéndolo para que nadie le hablara.
—¿Llevan mucho tiempo discutiendo? —preguntó Malfoy, ocupando el asiento junto a ella. Lily le lanzó una mirada de soslayo.
—Desde que te fuiste detrás de tu novia —le respondió. Malfoy frunció el entrecejo.
—Circe no es mi novia —le corrigió.
—¿Cortaron? —preguntó Lily, interesada, mientras que bajaba el libro. Scorpius la observó con curiosidad.
—Para cortar primero tienes que estar en una relación —señaló Scorpius con sorna. Lily se sonrojó.
—Oh, lo siento… Como pasaban tanto tiempo juntos pensé que ustedes… —se quiso escusar la más joven de los hermanos Potter. Malfoy negó suavemente con la cabeza.
—No… Simplemente amigos —aclaró —. No todos tenemos la suerte de tu hermano, Lily—agregó luego, sonriendo.
—Pues si eso es suerte… No estoy segura de querer tener novio —señaló ella, haciendo un movimiento con la cabeza en dirección a la pareja, la cual seguía discutiendo.
—No todos son tan idiotas como Albus… Cuando seas más grande lo verás —le aseguró Malfoy. La expresión en el rostro de Lily pareció cambiar ante el comentario.
—No necesito ser más grande para verlo —aseguró ella, visiblemente ofendida por el comentario. —Aunque por lo visto siempre seguiré siendo la hermanita menor de Albus y James… —agregó por lo bajo, masticando cada palabra—. Tienes suerte de no tener hermanos, ¿sabes? Para bien o para mal, eres el único Malfoy en todo Hogwarts. —le espetó, y sin esperar respuesta, volvió a abrir el libro y fingir que retomaba su lectura.
—Si... Pero también significa que siempre seré yo solo. Tú, en cambio, nunca estarás sola. —retrucó Malfoy—. Aunque pareciera que últimamente prefieres estar sola, ¿eh? —agregó con cierto sarcasmo. Nuevamente, Lily se sonrojó.
—Simplemente quiero terminar mi libro... —intentó evadir el tema ella.
—¿Segura que no tiene nada que ver con que tus amigos han clasificado para el Torneo, al igual que tus hermanos, pero tú no? —le espetó Scorpius, sin pelos en la lengua. Lily bajó bruscamente el libro, clavando su mirada en él, visiblemente enojada.
—No tienes idea de lo que hablas —le respondió en voz baja, haciendo un claro esfuerzo por controlarse.
—Tranquila... No estoy atacándote —se apuró a aclarar el rubio—. Si hay alguien que te entiende... Soy yo.
—¿Tú? ¿Qué podrías entender tú? —exclamó ella, sorprendida. Malfoy alzó una ceja.
—Sé lo que se siente vivir bajo la sombra de alguien... He pasado toda mi infancia bajo la sombra de mi familia, sólo para llegar a Hogwarts y quedar eclipsado por nada menos que el hijo de Harry Potter —empezó a explicarle Scorpius, confesándole uno de sus mayores fantasma—. Pero Lily... Todos nosotros somos parte de algo más grande que tú o yo—agregó, mirándola seriamente—. Algunos personas como Albus... Pues, son y siempre serán protagonistas. El resto tenemos dos opciones... podemos hacernos a un lado, y alejarnos... Y posiblemente conseguiremos hacer grandes cosas por nuestra cuenta —le explicó con paciencia. Lily lo miraba hipnotizada.— O podemos formar parte de algo ÚNICO, ... Algo más grande de lo que nunca podríamos haber conseguido solos.—hizo una pausa, dejando que sus palabras hicieran efecto— Si me preguntas a mi, yo prefiero la segunda opción... Aunque eso implique que deba cumplir un rol secundario en la historia. Porque cuando llegue la tormenta... aquel que está solo, no sobrevivirá.
Se hizo un silencio entre ambos. Lily intentaba procesar lo que Scorpius le acaba de decir, y por primera vez desde que el joven Malfoy la conocía, la muchacha parecía haberse quedado sin palabras. Finalmente, la pelirroja pareció salir de su encantamiento.
—Ya es tarde... Creo que me iré a dormir —anunció la chica, poniéndose de pie. Había dado solo unos pasos cuando se detuvo y se giró para mirar nuevamente a Malfoy—. Albus tuvo mucha suerte de conocerte en Hogwarts —agregó, y sin darle tiempo a que pueda responderle, se marchó a paso rápido.
Capitulo 26 más rápido de lo que pensé que podría terminarlo.
Espero que lo disfruten... He dejado muchaaaa información en este capítulo... Talvez demasiada. Información que será sumamente relevante en el futuro. Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribirlo.
Agradezco enormemente todas las palabras de aliento que recibí desde la última actualización. No saben lo importante que es para mi recibir sus feedbacks... Valoro mucho sus opiniones.
Prometo a partir del próximo capítulo responder reviews... Así que si tienen preguntas, dudas, inquietudes, sugerencias... Pues, dejen un REVIEW.
Muchas gracias a todos.
G.
