Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 21

No podía creerlo cuando salí y vi la limosina esperándonos. Nunca antes me había subido a una y era sólo el baile de bienvenida, ¿cierto?

—¿Una limosina? —pregunté incrédula cuando el chófer se bajó para abrirme la puerta.

Edward se encogió de hombros mientras se deslizaba en el asiento de piel junto a mí. No podía creer todo el espacio que había, lo elegante y genial que era. ¡Incluso tenía una televisión!

—Es tu primer baile, ¿cierto? Quería hacerlo especial.

Mi corazón se saltó un latido ante sus palabras.

—Ya es la noche más especial de mi vida.

Edward se rio y rozó mi mejilla con sus labios.

—¿Y tu cumpleaños?

Ya tenía preparada esa respuesta.

—Ese fue el día más especial.

Sonrió.

—Siempre y cuando ambos sean conmigo.

Enlacé mis dedos con los suyos.

—Ambos son gracias a ti.

Y luego sus labios se posaron sobre los míos, y Dios. La temperatura dentro de la limosina subió unos cien grados más o menos cuando nuestras lenguas se tocaron. Mi mano libre encontró el camino hasta su cabello, algo que siempre parecía ocurrir cuando sus labios estaban en los míos. Tiré y Edward me jaló contra su cuerpo. Tan bien. Tan caliente. Tan…

Edward se apartó y negó con la cabeza.

—Debemos ser cuidadosos, o ni siquiera llegaremos al baile.

Encontraba difícil preocuparme por eso ahora. ¿No podía el chófer manejar sin rumbo por unas cuantas horas? ¿O incluso estacionarse, y dejarnos solos? Eso estaría bien, ¿cierto? Todo mi cuerpo cosquilleaba.

Edward sonrió.

—Me muero por saber que está pasando dentro de esa cabecita tuya.

En realidad, dudaba que le molestaran esos pensamientos.

—Estaba pensando que no sería tan malo si nos perdiéramos el baile.

Se rio entre dientes y me rodeó con su brazo.

—¿Es porque quieres seguir besándome o porque en realidad no quieres ir a baile?

Hace unas semanas, mi respuesta habría sido por el baile. Qué divertido cómo cambian las cosas.

—Por los besos.

Se veía tan lindo cuando mostraba su adorable sonrisa torcida.

—Te pronto que esta noche tendrás ambos. Después de todo, no tenemos que quedarnos a todo el evento.

Ese era un muy buen puto. Además, por primera vez me encantaba cómo me veía y no me importaría tener los ojos en mí. Al menos no cuando tenía a Edward a mi lado.

—Suena bien.

—Me alegra.

—¿Vamos a pasar por Ben y Angela? —pregunté. Hablamos sobre ir juntos, pero no estaba segura qué habían decidido los chicos.

Edward sonrió y negó con la cabeza.

—No, decidimos encontrarnos en el restaurante.

No estaba segura a qué se debía esa sonrisa, pero esperaba que fuera por lo de los besos que acabábamos de discutir. Eso habría sido difícil con Ang y Ben junto a nosotros.

—Hablando de eso —murmuró Edward cuando la limosina se detuvo frente a The Lodge. Vaya. Esta noche íbamos a festejar a lo grande. The Lodge es el mejor restaurante de Forks.

—Lamento que no sea un lugar más elegante —me dijo Edward al ayudarme a bajar de la limosina.

—Forks no tiene algún lugar más elegante, ¡es genial! Me encanta The Lodge. —Sólo veníamos aquí en ocasiones especiales. La última vez fue la graduación de Rose.

Edward sonrió, y pasó su brazo a mí alrededor.

—Uno de estos días tendremos una noche a lo grande en Seattle, y entonces te mostraré algo más elegante.

La forma en que hablaba del futuro me emocionaba. Estaba segura de lo que iba a responder cuando le hiciera esa pregunta súper importante esta noche, pero aún así sentía que necesitábamos decirlo en voz alta. Al menos yo sí lo necesitaba.

—No necesito nada elegante. —De hecho, aparte de noches como esta, prefería por mucho sólo acurrucarnos viendo una o dos películas.

—Lo sé. —Sostuvo la puerta y me guío hacia adentro—. Pero creo que de vez en cuando es bueno tener una noche como esta.

—Es mucho mejor que bueno. —Le di un beso rápido antes de acercarnos hacia donde estaba la camarera.

The Lodge le hacía honor a su nombre. Estaba hecho de madera brillante y enormes ventanas de cristal por dónde se veía lo que parecían ser millas de árboles. Era el paisaje más bonito del pueblo, excepto tal vez por el prado de Edward.

La camarera nos llevo hacia una de las mesas en la parte de atrás, justo junto a la ventana. Ang y Ben ya estaban ahí, ella se veía increíble con el vestido que elegimos y los rizos cayéndole por la espalda.

—¡Bella! ¡Te ves preciosa! —Se levantó de su silla, y me abrazó riéndose—. ¿Puedes creer que estas somos nosotras? Juro que mi mamá casi se desmaya cuando me vio. Y mis hermanos están súper enojados porque ahora soy toda una chica.

—¡Tú eres la preciosa! Y claro que tus hermanos no toleran verte tan arreglada.

Se rio y me soltó.

—Estaban murmurando algo sobre traición cuando nos fuimos.

—Lo superarán. —Le sonreí a Ben—. Oye, Rey Ben, también te ves genial.

Sonrió.

—Tu Rey tiene que brillar junto a su reina, por supuesto.

—Y por reina se refiere a mí, no a Maggie —comentó Angela, no es que hubiera habido duda alguna en mi mente sobre a quién se refería él.

—¡Por supuesto! —Ben besó su mejilla mientras Edward me sacaba una silla junto a la ventana. Naturalmente él sabría que yo querría poder ver esa hermosa vista.

—¿Qué dijo tu papá sobre su bebita toda arreglada? —preguntó Ang luego de que la mesera había tomado nuestra orden de bebidas y aperitivos.

Sonreí pensando en su reacción.

—Se puso un poco emocional.

Edward se rio, deslizando su brazo alrededor de mi cuello sobre mi silla.

—Él pensó que se veía deslumbrante, porque así se ve. Y me advirtió que más me valía que se viera igual de bien cuando la regresara a casa.

Negué con la cabeza.

—Puede que haya dicho eso, pero adora a Edward. Nos tomo unas cuantas fotos, y cualquier pose que él no captara, la mamá de Edward lo hizo.

Sonrió.

—Juro que esa cámara estuvo trabajando desde que se abrió la puerta hasta que se cerró. Realmente le hiciste el día al dejarla ir ayudarte a alistarte, nena. Gracias por hacerlo.

¿Cómo si hubiera sido difícil para mí?

—Fue genial. Me encantó poder conocerla mejor, y Dios sabe que mi cabello no se vería ni de cerca tan bien si lo hubiera hecho yo misma.

Angela bufó frente a mí, y le saqué la lengua. Pero ella sabía lo inútil que era si me dejaban por mi cuenta.

—Sólo digo que algunos de los peinados con los que terminé durante nuestras pijamadas dejaban mucho que desear.

—¡Era la master de la coleta chueca igual que mi papá! En otra década, estoy segura de que mis peinados habrían sido queridos por todos.

—Sigue repitiéndotelo. —Ang se recargó contra el brazo de Ben—. Todavía no puedo superar el hecho de que estamos aquí. Las marginadas y los sementales de la escuela.

Ben se sonrojó.

—Yo no me llamaría semental.

—Lo que sea, Rey. —Angela señaló sobre la mesa—. Y rey del siguiente año.

—Edward habría sido rey este año si fuera de último grado. Sólo soy rey por default.

Me reí del ceño fruncido en la cara de Edward.

—Actúas como si fuera Míster Popular o algo así. Soy sólo yo.

Era muy lindo. Pero tenía que reírme de él.

—Eres tan popular que me metieron a la Corte del baile sólo porque estamos saliendo. Todos sabemos que eso no habría pasado sin ti.

—Tal vez, pero yo diría que más bien nadie vio a tu yo real hasta que lo hice yo. Tienes que admitir que antes de eso no te juntabas con el resto de nosotros.

Tenía un punto válido, aunque mi suposición es que el haberme puesto en el radar había sido 80 por ciento por salir con Edward y 20 por ciento por mí.

—Era más fácil estar por fuera viendo hacia adentro. —Angela nos sonrió—. Ciertamente nunca pasé horas alistándome para bailes hasta esta noche.

Eso era cierto, pero había más.

—Era más fácil —acepté, girándome para ver a Edward—. Pero esto es mucho más divertido. No me retractaría por nada. —Por nada de esto. Ni siquiera por mis cartas.

Edward me besó la frente.

—Ni yo.

Xoxoxoxoxoxxoxoxox

Ben y Angela siguieron nuestra limosina hasta la escuela. Obviamente el baile se iba llevar a cabo en el gimnasio. Después de todo, no había muchos otros lugares dónde hacerlo e Forks.

Edward sostuvo mi mano mientras nos bajábamos de la limosina. Le dijo al chofer que le mandaría un mensaje cuando estuviéramos listos para irnos, y apretó mi mano cuando solté una risita. No pude evitarlo. Estaba ansiando unos cuantos besos en el asiento trasero de ese carro.

Nos unimos a la línea de gente esperando a tomar fotos, porque Elizabeth y la mamá de Angela se volverían locas si no nos tomábamos las fotos profesionales también. Y tenía que admitir que quería poner una en mi collar. La foto que tenía ahora era muy buena, pero en ese entonces habíamos estado pretendiendo. Y a partir de esta noche, si de mí dependía, ya no íbamos a pretender más. Estaba 99 por ciento segura de que ya no estábamos pretendiendo, pero planeaba confirmarlo por completo.

Pareció tardar una eternidad, pero finalmente nos dirigieron para pararnos en una especie de stand lleno de flores. Edward pasó su brazo a mi alrededor, y le sonreí mientras el fotógrafo hacía sus tomas. Luego tuve que poner una mano en su hombro, y su mano se unió a la mía, y se oyeron más clics de la cámara. Luego una de nosotros con las mejillas unidas, y la última era de Edward besándome, la cual no había sido solicitada por el fotógrafo, pero de todas formas tomó la foto.

Edward se veía muy presumido cuando aceptó el recibo que le ofrecía el chico. Aunque era difícil molestarme.

Edward entrelazó nuestros dedos mientras esperábamos que Angela y Ben se tomaran sus fotos, y luego entramos. En realidad, el gimnasio había quedado muy lindo. Había luces brillantes colgando del techo, algunos globos y serpentinas mezclados. Un banner proclamaba nuestra victoria de la noche anterior, con la puntuación final, también colgaba sobre el pequeño espacio del escenario, donde Ben recibiría su corona.

El DJ ya estaba poniendo algo de música, pero los chicos en su mayoría seguían parados por ahí o sentados en las gradas, había gente viendo y platicando, probablemente criticando vestidos y todo lo demás.

—¿Estás lista para bailar? —me preguntó Edward, señalando la pista de baile, que actualmente estaba vacía.

La mirada que le lancé lo hizo reír.

—No lo creo. ¿Qué te parece si vamos a apartar un lugar, y Ben y yo les conseguimos algo de tomar a las damas?

—Y postre —agregué, echándole un vistazo a una mesa llena de galletas, pasteles y así. La cena había estado increíble, pero no había querido comer mucho y después sentirme de mierda. Pero una galleta no haría daño.

—Suena bien.

Así que nos sentamos mientras los chicos fueron por lo que les pedimos.

—Esto es irreal —dijo Ang, haciéndome reír.

—Lo sé. —Saludé con la mano a unas cuantas personas cuando entraron, personas con las que no había hablado en años hasta que llegó Edward.

—¿Qué están haciendo ustedes dos escondiéndose en las gradas? ¡Se ven demasiado bien para ser inadaptadas! ¿Dónde están sus chicas? ¡Tendré que patearles los culos!

Me reí del sermón de Eric. Podía atreverse a soñar.

—Gracias por el cumplido. Allí están. —Señalé la mesa donde los chicos estaban estudiando los postres como si estos tuvieras todas las respuestas a las preguntas de la vida—. Creo que debimos pensar mejor al enviar a los chicos por la comida.

Eric me sonrió al sentarse junto a mí.

—Cierto, pero ahora podemos admirarlos desde lejos. ¡Que finos caballeros han atrapado!

Enlacé mi brazo con el suyo.

—¿Y qué hay de ti? ¿Dónde está tu cita?

—Por favor, cariño. ¿Cómo si alguno de los chicos de este pueblo pudiera manejar todo esto? —se señaló a sí mismo—. Vine solo.

Aunque tenía una sonrisa en su cara, ésta no llegaba a sus ojos. Tenía que ser difícil para él. Era el único chico gay que conocía, o al menos el único que lo admitía abiertamente.

—Pues supongo que tendrás que quedarte con nosotros.

—Qué desafío, tener que pasar tiempo con los chicos y chicas más hermosos de este lugar. —Eric señaló alrededor del gimnasio—. ¿Qué opinas de mi visión?

—Se ve genial —le dije honestamente—. Amo las luces.

—Sí, ten por seguro que no parece que estemos en un gimnasio oloroso —acepto Angela.

—Hiciste un buen trabajo, Eric.

Se veía contento.

—Me alegra que pienses eso.

Edward y Ben regresaron entonces, y sonreí cuando vi que Edward había agarrado un vaso extra de ponche para Eric.

—¡Gracias! —les sonrió a los chicos—. Estaba diciéndole a sus chicas que ustedes son las personas más atractivas de aquí.

—Estoy de acuerdo —dijo Edward, con sus ojos en mí.

Sentí que se me subía la temperatura de nuevo, como me ocurría siempre que estaba en su presencia en estos días. Para distraerme, mordí la galleta que me entregó.

—¿Cuándo sacarás a esta chica a la pista de baile? —exigió Eric—. Si no lo haces tú, lo haré yo en honor a nuestro baile de secundaria.

Edward sonrió, sin duda recordando mis cartas.

—Ya le pregunté, pero no estaba lista.

Me terminé mi galleta y señalé la pista de baile.

—Nadie está bailando.

—Entonces seremos los primeros —me dijo, extendiendo una mano—. Alguien tiene que comenzar.

Eric aplaudió y me miró tan expectante que, aunado a la sonrisa de Edward, no podía decir que no.

—Bien. Pero es mejor que sea una canción lenta —les dije.

—¡Yo me encargo! —saltó Eric, y Edward tomó su brazo antes de que pudiera correr, susurrando algo en su oído antes de que Eric se fuera hacia el DJ.

—No te dolerá, lo prometo —me dijo Edward, parándome y llevándome a la pista de baile.

Eso esperaba. Podía sentir todas las miradas en mí cuando nos paramos en medio de la pista. Bueno, en nosotros supongo. La canción que estaba sonando se cortó, y "Perfect" de Ed Sheeran comenzó a sonar.

Edward me jaló a sus brazos y comenzó a mecerse al ritmo de la música. Puse mis brazos alrededor de su cuello, notando que mantuvo sus ojos en mí mientras nos movíamos.

—¿Tú pediste esto? —pregunté, pensando en si esto era lo que le había susurrado a Eric.

—Sí.

Vaya. De acuerdo.

—Pero…

—Algunas partes encajan. —Edward encogió su hombro bajo mi mano—. Y te ves perfecta esta noche.

Dios. Me estaba derritiendo. Y no podía contenerme más.

—¿Edward?

Sonrió.

—¿Sí, Bella?

—¿Esto es real?

Su sonrisa creció más.

—¿En serio tienes que preguntar?

Ahora era mi turno de encogerme de hombros.

—Sí. No. No sé.

Se rio.

—Sabía que no estabas leyendo mis notas.

¿Notas?

—¿Cuáles notas? —¿Por qué no estaba contestando mi maldita pregunta?

—Las que te doy todos los días.

Oh. Esas notas.

—Creí que sólo hacías eso por… —me callé, mirando su cuello; en realidad no quería mencionarla en este momento.

—Sí, era cierto. Cuando no era real.

Mis ojos se alzaron para encontrarse con los suyos y asintió.

—Por supuesto que es real. Desde hace un tiempo que ya es real.

—¿Y me dijiste eso en tus notas? —Maldición. Las había tirado.

—Pues eso, y además todo lo que te he dicho y que he hecho en estas últimas semanas, al menos eso pensaba.

Mierda. Era una idiota.

—Sí lo hacías. Pero eras tan bueno con esto al principio que era difícil estar segura. Y luego quería con todas mis fuerzas que fuera real que temía preguntar.

Alzó una mano y me tocó la mejilla.

—Lo entiendo. Créeme, cuando no respondiste nada de mis notas, me preocupé un poco, pero descubrí que no las estabas leyendo cuando no respondiste a algunas de las cosas que puse ahí.

¿Qué había escrito?

—¿Cómo qué?

Se rio y negó con la cabeza.

—Oh no, tendrás que leerlas.

Súper mierda.

—Las tiré.

Sonrió.

—Habla con tu hermana.

¿Qué?

—¿Alice?

Asintió.

—Y no seas dura con ella. Es una romántica, igual que tú.

¿Ali escondió las notas que él me había dado? ¿Por qué?

—Tendrás que preguntarle. Pero tenía buenas intenciones. Recuerda eso.

Huh. No estaba segura de a qué se refería él, pero decidí concentrarme en lo más importante. Teníamos algo real. Esto era real. Justo lo que esperaba.

Apoyé la cabeza en su hombro, y apretó sus brazos alrededor de mi cintura.

—Me alegra mucho que esto sea real —le dije, lo cual era obvio. Estaba loca por este chico, y si esto seguía siendo sobre Tanya, me habría roto el corazón.

—A mí también —murmuró, rozando mi cabello con sus labios.

—¿Edward?

Sentí su corazón latiendo bajo mi oído.

—¿Sí?

—Yo… —mierda. ¿Debería hacerlo?

Alzó mi cabeza, y miré sus preciosos ojos verdes.

—¿Tú? —preguntó, sonriendo suavemente.

—Estoy muy segura de que te amo —solté, porque estaba justo ahí esperando a ser dicho.

La mirada en su rostro… nunca la olvidaría hasta el día en que muriera. Su sonrisa creció, y sentí que estaba viendo dentro de mi cabeza, de mi corazón tal vez. No lo sé. Era una locura.

—Yo estoy completamente seguro de que te amo.

¡Me amaba! Edward Cullen estaba enamorado de mí, Bella Swan. Esta era definitivamente la noche más increíble de mi vida.

Y luego sus labios estuvieron sobre los míos y, sí, la noche se volvió aún mejor. Perfecto era la palabra perfecta para esto.