Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


BRIGHTER

Capítulo treintaLlamar

―Así que... esto está bien, ¿cariño? No tenías otros planes, ¿verdad?

Tuve que sonreír por la desconcentración característica de mi madre. Era al mismo tiempo optimista y flemática: perpetuamente entusiasmada, pero incapaz de tomar decisiones. Durante mi infancia, aquello había supuesto toda una lista de nuevos hobbies, proyectos incompletos y viajes por carretera. Si no hubiera sido por mi padre y su carácter resuelto -y su deseo de verme crecer cerca a pesar de su divorcio-, seguramente ella me habría llevado por todo el país en una escapada tras otra.

Por suerte, sin embargo, mis padres siempre se habían llevado bien y habían respetado los deseos del otro. Habían hecho que las cosas funcionasen e, incluso después de que su matrimonio se disolviese, siguieron siendo un equipo.

―Incluso aunque tuviera planes, que no los tengo, papá y tú seríais bienvenidos a uniros. ¡Venga, no os veo desde navidad!

―Lo sé, lo sé. Eso había imaginado, pero sabes... mis padres siempre fueron un poco avasalladores y...

―Mamá.

―Vale. Bueno, bien. Le diré a Charlie que compre los billetes.

―No puedo esperar ―dije, sonriendo ampliamente. Midnight puso sus patas en la cama, levantándose sobre las traseras para poder verme. Bajé la mano para acariciarle, dejando que la lamiera.

―¡Y yo tampoco! ―chilló―. Será mejor que me vaya, creo que hay algo que se está quemando... oh, mierda...

―Adiós, mamá.

―Adiós, cariño... ―Su voz se desvaneció al colgar abruptamente. Si pudiera contar la cantidad de veces que había dejado cosas al fuego y se había olvidado... en serio. Era un milagro que nunca hubiese habido un fuego en casa.

Tenía un precioso día libre y la casa para mí sola. Edward había ido pronto al trabajo para hacer inventario antes de su turno, pero sabía que intentaría volver pronto a casa. No lo habíamos dicho pero, ahora que trabajábamos la mayoría de las noches juntos, tener que trabajar sin el otro era un asco. Ni siquiera me importaba que aquel comportamiento mostrase dependencia -era feliz, maldición.

Había estado limpiando cuando Renee había llamado, hablando feliz sobre mi sorpresa de cumpleaños... que no era realmente una sorpresa, ya que me había llamado para contármelo. Charlie y ella querían bajar la semana de mi cumpleaños, decidiendo finalmente que una visita no era solo posible, sino necesaria. Era hora. Llevaba meses molestándoles.

Midnight gimió a mis pies. Yo me levanté, limpiándome la frente con el borde de mi camiseta. Incluso con los ventiladores encendidos y las ventanas completamente abiertas, hacía un calor pegajoso. En agosto era la temporada alta de huracanes y, cada vez que se preparaba una gran tormenta en el mar, todo estaba tranquilo y sin aire. Los árboles fuera no se movían ni una pizca.

―Oh, que asco. ―El cachorro había hecho pis en el suelo. Saltando a la pata coja, fui al baño para lavarme el pie, cogiendo un poco de papel higiénico ya que estaba allí. Midnight se quedó a mi lado, aparentemente ajeno al hecho de que estaba asqueada por lo que había hecho, jadeando y mordisqueándome los dedos mientras yo limpiaba el charco―. Tienes suerte de que todavía no haya limpiado aquí ―murmuré, cogiéndole en brazos para sacarle fuera.

Cuando él estuvo corriendo libre y salvaje por el jardín de Edward... por nuestro jardín, en el que recientemente habíamos puesto una valla para mantener a salvo al cachorro, volví dentro para terminar de limpiar. Casi había acabado y estaba deseando darme una ducha fría y relajarme con un libro. A lo mejor hasta me ponía en plan Betty Crocker y hacía galletas o algo dulce para más tarde. A Edward le encantaba aquello.

Edward había ofrecido contratar un servicio doméstico, alguien que fuera cada semana o cada dos para fregar la casa, pero yo no creía que lo necesitásemos. Después de todo, éramos jóvenes y no teníamos hijos. Ayudar a cuidar de lo que ya era mi hogar era un poco... satisfactorio. A lo mejor se me pasaba en un par de meses pero, por el momento, me iba bien haciéndolo yo.

Estaba en la ducha cuando mi móvil empezó a sonar. Maldiciendo, cerré el grifo y me sequé la mano antes de cogerlo. Llamada perdida: Edward.

Saliendo con cuidado, me sequé rápidamente y le devolví la llamada. Él respondió al instante.

―Hola... Bella... Espera un segundo, ¿vale?

―Vale.

No, mañana no me vale. ―Estaba hablando con otra persona, pude escuchar otra voz de hombre de fondo―. Bueno, entonces debo cancelar nuestra cita ―dijo. La otra persona debió de hacerle otra pregunta, porque él suspiró―. Entonces vas a tener que recomendarme a otro, tío. Pedí específicamente vernos el miércoles...

Solté el teléfono para poder envolverme el pelo en una toalla y evitar que gotease por todas partes.

―¿Bella? ¿Estás ahí?

―Hola.

―Creí que te había perdido... lo siento. Ya sabes como es con estos tíos.

―¿Qué tíos?

―La banda. ¿Recuerdas que íbamos a hacerle una prueba a esos chicos nuevos? ¿Ver si su material era bueno para el Pub?

Asentí, recordando.

―¿Los que recomendó Marcus?

―Sí. Ayer ni llamaron ni aparecieron, y luego el líder se presenta hoy...

Se quejó un rato sobre la falta de profesionalidad. Finalmente, suspiró cuando se le acabó la mecha.

―Lo siento, cariño. Es que estoy... frustrado.

―Lo sé, no pasa nada. ¿El resto del día ha ido bien?

―La verdad es que no, pero da igual. ¿Qué has hecho?

―Limpiar. Antes he hablado con mi madre.

―¿Sí? ¿Cómo está?

―Está bien ―dije, sonriendo―. Charlie y ella van a venir por mi cumpleaños.

―¿Juntos? ―Soltó una risita―. Son muy graciosos.

―Lo sé ―dije, sacudiendo la cabeza―. Es como si siguieran casados. Es raro. Pero bueno, he imaginado que podrían quedarse en las habitaciones extra...

―¿Qué día vienen?

Le di los detalles, hablamos un poco más y luego colgamos.

No habían pasado ni dos horas cuando volvió a casa, para mi no-sorpresa. Antes había parecido estresado y sabía que, a veces, cuando estaba así, la mejor opción era tomarse un poco de tiempo libre, sobre todo si el bar estaba cubierto.

* . *

Si Edward estaba nervioso por conocer a mis padres, no lo demostró cuando bajaron unas semanas después.

Y, si mi padre sospechaba de Edward o se sentía sobreprotector conmigo, tampoco lo mostró. En su lugar, todos se llevaron a la perfección.

Entonces, el segundo día, Edward consiguió un barco para llevar a Charlie a pescar en alta mar y eso selló el trato. Se marcharon temprano por la mañana y volvieron al atardecer, quemados y muy amigos, llenos de historias.

Edward me dio tiempo libre para que pudiera enseñar la isla a mis padres. Jessica vino a veces, dejando a mis padres extrañados con su nuevo comportamiento isleño. Ella trabajaba en una de las compañías de tour en barco con fondo de cristal y nos consiguió viajes gratis. Nunca creí que vería a mi madre tan relajada como en ese viaje. Le tomé el pelo, diciéndole que si no tenía cuidado la atraparía el mismo vórtice que nos había cogido a Jess y a mí -pero sabía que eso nunca sucedería. Charlie y ella estaban demasiado cómodos con sus vidas en Seattle.

Sí que prometieron, sin embargo, volver al menos una vez al año.

El día de mi cumpleaños, Jess, Laurie, Irina y Alice fueron a ayudarnos a Renee y a mí a decorar para la fiesta de aquella tarde.

Alice, que era súper creativa, nos enseñó cómo poner mangos en los tarros de conserva, que luego llenamos de velas flotantes y atamos a tantas ramas de árbol como pudimos alcanzar. Luego pusimos antorchas tiki por todo el perímetro del jardín y pequeñas luces solares (esas habían sido un regalo de Esme que, después de que Edward le contara lo mucho que me gustaban, envió varias cajas como un "regalo inauguración" para celebrar mi mudanza). Rachel y Leah se sentaron en una manta en una esquina del césped, cuidando del pequeño Lucas mientras él jugaba en su parque. Nacido a finales de junio, el bebé se parecía a su padre con su rubio halo de rizos y los brillantes ojos azules. Le dije a Alice que era un pequeño precioso y que un día sería un rompecorazones. Edward, Jasper y Jake estaban a cargo de la comida y la bebida, que trajeron bien pronto para que hubiera suficiente líquido para la pre-fiesta. Esa era otra área en la que Edward se había ganado el respeto de mi padre: su conocimiento y apreciación de la buena cerveza.

Midnight corría en círculos, metiéndose por medio hasta que Edward se hartó y le metió en la casa mientras terminábamos.

―Bella, ¿por qué no vas a prepararte? ―preguntó Renee, cogiéndome del brazo.

―Yo... vale. ―Soplé hacia arriba para apartarme el pelo de la cara, mirando a mi alrededor en el jardín. Siempre había sido un espacio muy bonito, pero en ese momento se había transformado en el país de las maravillas. No podía recordar la última vez que había tenido una fiesta de cumpleaños. Normalmente solo salíamos a tomar una copa o a cenar.

―Venga, cariño ―me animó―. De todas formas, aquí casi hemos acabado.

Asentí, volviéndome para entrar. Edward pasó junto a mí de camino fuera, todo sudado y con aspecto comestible.

―¿Vas a ducharte?

―Sí... ¿quieres unirte a mí? ―bromeé, dándole una palmada en el trasero mientras seguía caminando.

Su suave risa hizo eco por el pasillo, desapareciendo cuando salió.

No esperaba que aprovechara mi oferta pero, unos minutos después, se deslizó a mi lado. Gritando por la sorpresa, le rodeé con los brazos y le besé la cara.

―Sabes que tenemos un montón de invitados, ¿verdad? ―dije, dejándole arrinconarme mientras el sol del final de la tarde brillaba dorado por el cristal que teníamos sobre nuestras cabezas.

―Puede que la próxima vez te lo pienses dos veces antes de llamarme con esos ojos y palabras seductoras, señorita ―dijo, arrastrando las palabras y lamiéndome el cuello.

Era algo muy bueno que nuestro baño estuviese al otro lado de la casa, opuesto al jardín donde se realizaba la fiesta, porque estábamos a punto de tener nuestra propia fiesta privada.

* . *

Las cosas se habían enfriado al bajar el sol y estiré las piernas en la manta, disfrutando de la suave brisa. Rodeada de luces, música y amigos, celebré mi veintitrés cumpleaños, apreciando la simplicidad y los buenos sentimientos.

Todo era muy relajado, de ahí mis pies descalzos y la copa de vino que se balanceaba perezosamente entre mis dedos. Edward se sentó a mi lado, besándome en la mejilla.

―¿Te lo pasas bien? ―preguntó.

Asentí, sonriendo ampliamente. Acababa de cortar el pastel y todo el mundo había vuelto a desperdigarse, hablando en pequeños grupos.

―Le he comprado a Midnight un collar nuevo por tu cumpleaños ―dijo, señalándole. Dio una palmada para llamar la atención del perro, silbando cuando eso no funcionó.

Con una risita, vi como nuestro cachorro corría hacia nosotros, con la enorme lengua colgándole.

―Ooooh ―dije en un arrullo, cogiéndole y poniendo su pequeño cuerpo entre los nuestros en la manta. Había como... un mensaje unido al collar. Frunciendo el ceño, lo desenganché y lo abrí.

¿Te casarías conmigo?

Me quedé helada, con el corazón golpeándome en el pecho y las manos temblando. Junto a mí, sentí a Edward moverse y, cuando finalmente levanté la mirada borrosa hacia él, le vi de rodillas con un anillo. Era consciente del silencio que había caído a nuestro alrededor... incluso la música había dejado de sonar... y me pregunté cuánto tiempo hacia que él -ellos- había estado planeando aquello.

―Sí ―susurré, queriendo decir mucho más, pero incapaz de hacerlo porque estaba llorando. Y él reía. Y la gente a la que queríamos jaleaba y aplaudía mientras él me tomaba entre sus brazos.


¡Hola!

Creo que este es el capítulo que muchas esperábais. Siento que haya llegado unos días más tarde de lo que os dije.

¿Qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

Esta noche subiré otro capítulo. Queda muy poco ya de esta historia.

-Bells :)