Víbora
.
.
.
Aclaró su voz antes de fijar su vista en la pelirosa afrente a ella.
- Lo siento – soltó Mio bajando su vista a través del enrojecimiento en el cuello y en los inicios del escote expuesto frente a sus ojos- con menos suerte podría haberlos descubierto cualquier otra persona
- No necesitamos sermones – esclareció Sakura meneando levemente su cabeza sin intenciones de ocultar el sonrojo en su cuerpo- ¿Qué necesitas de mí?
- Creí haber sido claro – lanzó el pelinegro ya recompuesto.
- Lo sé Sasuke, no soy estúpida – corrigió la castaña alzando su mirada hacia el techo de la oficina.
La mujer se giró repentimante rebuscando entre sus bolsillos lo que finalmente acabó por ser una caja de cigarrillos.
Sakura la observó revolver entre sus ropas, la analizó temblar, aunque su cabello se encontraba húmedo producto de una ducha reciente, su aroma continuaba en una mezcla entre alcohol y tabaco. Pese a esto, sus delicadas facciones destacaban rayando en la perfección. Su cuerpo se mecía en lo que parecía un vaivén armónico, casi opacando el azul de las ojeras bajo sus ojos.
- No puedes fumar en un Hospital, deberías saberlo – indicó Sakura entornando los ojos- Habla de una vez ¿A qué has venido? - cuestionó nuevamente esta vez con ambas manos sobre sus caderas- como puedes ver has llegado en mal momento.
- Tampoco se debe coger en un Hospital, deberías saberlo. - habló Mío tras unos instantes de silencio en los que intentó restaurar su semblante.
Se escuchó como el pelinegro blasfemó indignado mientras, más enfadado que de costumbre, avanzó dando zancadas hasta las mujeres de pie junto a la puerta. Una vez allí tomó a la castaña desde el antebrazo y la atrajo contra su cuerpo.
- No te imaginas lo jodidamente harto que estoy de ti – declaró amenazante.
- Suéltame, me estás haciendo daño – susurró la mujer intentando zafar el agarre- te diré que vi más de lo que crees, si hubiese entrado otra persona lo estarías lamentando.
- No debes hablar de esto con nadie - se apresuró a solicitar Sakura hoscamente interponiéndose entre ambos.
- Tranquila - soltó la castaña manteniendo su ferviente mirada fija en la pelirosa - aunque estoy sorprendida, siempre imaginé que era más del tipo... recatada
Sakura tragó saliva mientras su ceño se fruncía en señal de consternación.
- Escucha bien pequeña zorra... - comenzó la pelirosa pero fue interrumpida súbitamente por Sasuke quien la tomó desde la cintura alejándola de la mujer frente a ellos- ¡no le haré daño! - exclamó Sakura soltando fácilmente el agarre de su cuerpo- pero si no ha quedado claro lo conversado entre ustedes, no tengo problema en reforzarlo menos amablemente - amenazo adelantándose un paso hasta Mio- no te tengo miedo maldita víbora.
La castaña trago la saliva acumulada en su garganta y retrocedió inconscientemente.
- Ha quedado claro - corrigió Mío calmando su tono de confrontación levantando ambas manos en señal de derrota- Me he venido a despedir.
La pareja se observó nerviosa mientras bufaban intentando sosegar su descontento.
- No sé qué quieres lograr – habló el pelinegro contrariado.
- No planeo nada – susurró la mujer- he venido por una ofrenda de paz – habló pausadamente logrando la completa atención en los presentes- Haru ha organizado una cena para esta noche. Los he venido a invitar… en señal de paz.
- De ninguna manera – cortó Sasuke firmemente.
- Por favor, es importante para mí demostrar frente a él que ya no existe nada entre nosotros–confesó con la mirada cristalina- lo necesito para continuar con mi vida – rogó tranquilizando su ímpetu.
Sakura exhaló audiblemente.
- Gracias por tu invitación pero de ninguna manera iremos - indicó la pelirosa.
El silenció inundó la habitación.
- Será una cena rápida. Beber algo, tal vez conversar un poco. – argumentó Mío- y luego me marcharé para siempre de vuestras vidas, yo y todos los problemas que he traído a sus vidas.
- ¿te marcharás de una vez? – cuestionó la pelirosa tras un suspiro de resignación.
- Jamás volverán a saber de mí. – ofreció mientras mordía su labio inferior- Sakura tu lo podrás entender.. lo ha invadido la desconfianza, mi vida a su lado se ha convertido en una pesadilla.
La pelirosa observó fijamente la mirada suplicante en Mio. Un sentimiento de lastima inundó su ser, recordando los latidos de su corazón mientras observaba como Sasuke se deshacía junto a la mujer frente a ella, no pudo evitar empatizar con el sentir en Haru, quien alejado de Konoha, se debía estar martirizando cada minuto imaginando un nuevo encuentro entre los amantes.
- Está bien – aceptó Sakura- ten claro que iré únicamente por ese pobre hombre.
- No asistiremos – se apresuró a soltar el Uchiha.
Sakura observó a Sasuke de reojo antes de plantarse estoica frente a Mio.
- Pero te advierto una cosa – amenazó la pelirosa señalado a la mujer con un dedo- a la primera insinuación hacia mi esposo te demostraré porque algunos me tienen tanto respeto.
- Demasiado claro – respondió la castaña mientras una suave sonrisa se dibuja en su rostro a medida que caminaba hasta la puerta – lamento haber interrumpido...
Mio se despidió mediante una leve reverencia dejando a la pareja sumida en la tensión, de pronto los invadió una exaltación viéndose en la necesidad de abrir las ventanas de la oficina.
- No iremos – soltó el pelinegro luego de unos minutos de completo silencio.
- Planea algo – susurró Sakura apoyando su trasero en el frío metal del escritorio- quiero descubrir que es.
- Estamos bien, iremos a casa, pasaremos tiempo con Sarada… -habló Sasuke tras exhalar audiblemente sofocado- no necesitamos seguir involucrándonos en sus asuntos.
- Lo sé… pero ¿Qué podría dañarnos? Hemos solucionado nuestros problemas y he decidido confiar a ciegas en tus palabras – habló acercándose hacia el pelinegro- necesito tener la seguridad de que no existe nada que ella podría sacar en un futuro para levantar problemas nuevamente. Porque no existe nada ¿verdad?
Sasuke la observó con la mirada fija, imperturbable.
- Nada - confirmó el Uchiha- por lo mismo no te expondré a sus mentiras. ¿que pensarías si Amai nos invitara a cenar? sabías de su interés por ti ¿puedes comprender lo inadecuado de tenerlas a las dos en la misma habitación?
- Amai es completamente un buen hombre no se parece en lo más mínimo a esa mujer - rebatió Sakura
- Buen hombre - susurró el pelinegro irónico- te aseguro que sus intenciones contigo no eran tan inocentes como crees.
Sakura meditó aquello un instante.
- Con mayor razón, él ha desistido después de presenciar nuestra interacción - explicó la ninja medico.
La mujer tomó el rostro del azabache entre sus manos y lo atrajo delicadamente contra su frente.
- Todo estará bien, iremos a ver que planea y le dejaremos claro lo irrompible de nuestra relación – habló la chica con serenidad- !podrías continuar hablando con ella cien veces y jamás lo comprenderá! debe vernos juntos para que entienda de una vez por todas que no hay nada en ti que le pertenezca.
Sasuke exhaló entre blasfemias.
- Solo no permitas que su actitud disperse nuevamente la inseguridad sobre todo lo que hemos construido estos días – susurró el Uchiha- nos merecemos un tiempo de paz.
Sakura lo observó compadeciéndose de sus suplicas, por supuesto que desde un comienzo había intuido la trampa en aquella invitación, incluso desde el primer momento en que la castaña había atravesado la puerta adivinó algún malévolo objetivo. Sin embargo, si Mio se desgastaba tan fervientemente en preparar una sorpresa de mal gusto, era porque aquello era digno de ser presenciado. Más aún la curiosidad invadía su interior, decidir confiar en Sasuke no era tan sencillo de llevar a cabo cuando intuía que aun existían muchas directrices sobre su juventud que aún desconocía, y que probablemente jamás llegaría a manejar. Aquello era inequívocamente un hecho que de cualquier forma, había decidido, no permitiría que se convirtiera en un dolor de cabeza. Al menos eso había pensado hasta el momento en que la castaña ofreció tal invitación. Una provocación servida al plato, que siendo sincera Mio no intentó mantener oculta.
- Mientras permanezcamos juntos no habrá batalla que no podamos ganar, aunque nuestra contrincante sea una verdadera víbora. – habló la chica antes de posicionar sus labios sobre el mentón del pelinegro- te amo y no te imaginas como deseo continuar con lo inconcluso lo más pronto posible –susurró deslizando su boca por el cuello de Sasuke.
Una semisonrisa se formó curvando el rostro del Uchiha.
- No cambies de tema- habló el chico intentando mantener su postura.
- Tenemos todo el día para discutir aquel asunto… pero Sarada regresará dentro de unas horas – argumentó la mujer mientras su respiración colisionaba con el cuello frente a sus labios.
Sasuke cayó intentando meditar sus posibilidades consciente de como sus sentidos se perdían ante aquel roce.
- Puedo hacer que relajes un poco tu actitud – sugirió nuevamente la chica apoyando sus manos en la pretina del pantalón del pelinegro, el cual acto seguido la atrajo bruscamente contra su cuerpo acortando la distancia entre su vientre bajo y el abdomen de la mujer.
- Vamos a casa – sugirió el hombre en lo que sonó claramente a una orden.
.
.
Por su parte, para Mio aquella visita había sido un remesón en su confianza. Sakura había distado mucho de la médico que se había encargado profesionalmente de su recuperación; en primer lugar al ingresar en la oficina su visión se había fijado en el rostro de la mujer consumido por el placer, mientras Sasuke perdido entre las hebras rosas parecía avasallarla entre el áspero sonido de sus embestidas y el delicioso ronquido proveniente de su garganta; más aún los senos de la chica expuestos en un vaivén rítmico conforme pequeños sonidos se desprendían rebeldes, habían sido una imagen erótica en lo que sintió, ella nunca había logrado percibir junto a Haru. Podía intuir que su rostro no demostraba tal excitación ni en sus momentos más acalorados, ni mucho menos lo habría gozado con tanta entrega. Únicamente había perdido la cabeza de tal forma en sus encuentros fortuitos con un Uchiha más joven e inexperto, percibía que aquella versión ya olvidada no se comparaba en lo más mínimo con los azotes provenientes de un hombre de 30 años en perfecto estado físico. Lo confirmó más tarde al observarlo guardar su intimidad dentro de sus pantalones mientras la inminente erección luchaba por permanecer rígida dispuesta a continuar con el acto mismo; aquella primera impresión duró lo suficiente hasta que se encontró a si misma frente a una Sakura enfadada como nunca antes la imaginó. Su corazón palpitó nervioso desconectándose de sus pensamientos, por lo que optó inútilmente por distender el ambiente mediante un juego que ella conocía muy bien, aquel de la provocación sin fundamentos; más tarde cuando logró tranquilizar su mente y su cuerpo, fue recién cuando ahondo en el verdadero motivo de su visita, un paseo no deseado pero necesario para acabar de una vez por todas con la angustia en su corazón. Una angustia que no se relacionaba con el amor por Sasuke, sino más bien con la pena ante el camino que tomarían sus actos futuros.
.
.
- Sarada aún no ha regresado – confirmó Sakura luego de revisar cada habitación de la casa.
- Pero podría volver en cualquier momento –habló el pelinegro tomando a la mujer desde su cintura y acercando su rostro hasta la mínima distancia entre sus ojos.
- Creo que en realidad ya hemos hablado lo suficiente este último tiempo – susurró la pelirosa atrayéndolo vehementemente contra su boca-
El chico pareció tomar aire para respirar antes de irrumpir en la habitación con la mujer pegada a su espalda; cerró rápidamente la puerta tras de si asegurándose de poner el cerrojo.
La recostó sobre la cama y la observó desvestirse mientras él a la par se deshacía de su ropa.
- ¿Qué piensas? –preguntó el hombre recostándose suavemente sobre ella.
- Pienso que no imaginas como te deseo hundido entre mis muslos –susurró Sakura sugerente- y esta vez sin interrupciones.
Aquella respuesta inesperada encendió la llama en su mirada acabando con la contención en su perspectiva. Para Sasuke sucumbir a los llamados de la carne era un acto del que pretendía ya no depender, sin embargo, durante aquella última semana debido a las continuas interrupciones, su libido se encontraba en cierto modo desenfocado, algo perdido varado en lo insensato. Lo notó cuando sin preámbulos se introdujo en su mujer rápidamente; Pero no era el único encallado en lo inconcluso, Sakura lo sentía necesario, lo amaba y el amor contempla la satisfacción mutua por sobre todas las cosas. Por eso, fue consciente de aquel detalle durante su encuentro en el Hospital, Sasuke había estado a segundos de dejarse ir antes de aquella desagradable interrupción, y para ella aunque dejarlo de ese modo se consideraría una venganza agradable, su corazón por el contrario sentía la necesidad de cortar con las prohibiciones. Aquella sería la forma de sellar su unión, de concretar su perdón, de pertenecerse mutuamente en cuerpo y alma bajo los designios del deseo y el amor puro, aquel que pese a las circunstancias, se podía percibir constante como cuando fue profesado por primera vez hace más de 10 años.
Más aún, lo ama así, perdiendo la compostura alejado de su calma habitual, lo amaba desenfrenado y sorpresivo. Le excitaba enormemente recordar aquella invitación en su oficina, la sensación de ser descubiertos y la forma en que profanaron su lugar de trabajo. Lo quería sí, salvaje y descontrolado, pero únicamente con ella; saciado y colmado de sensaciones únicamente producidas por sus cuerpos ante el contacto mutuo.
Se sentía vencedora, por una vez en meses sintió que aquel día pudo voltear el juego a su favor, por supuesto no pretendía competir porque bajo sus términos ella no aspiraba a ser una opción, sin embargo, no podía retirar de su cuerpo la extraña sensación de felicidad concebida en el instante mismo en que Mio abrió la puerta y su rostro se desfiguró en sorpresa y desconcierto. Exactamente lo que ella misma sintió al observar aquellos recuerdos y ante las constantes insinuaciones de la mujer hacia Sasuke cada vez que tenía oportunidad.
Meditó aquello durante el camino a casa después de lo ocurrido en la oficina, lo maceró por última vez antes de sentir mariposas en su interior ante la intromisión de Sasuke en su intimidad, porque luego de aquel momento, su vista se nubló en pura satisfacción.
Se montó sobre el hombre como aquella vez en la oficina de Naruto, y sin dejarlo participar activamente en el acto, lo hizo vibrar al compás de sus caderas, lo desestabilizó en pequeños ronquidos y fricciones que sabía él añoraba desde hace días con tanto ímpetu como ella misma, hasta que las gotas de sudor recorrieron sus cuerpos provocando un acalorado vaivén de amantes húmedos y resbalosos en un compás de sonidos rítmicos y animalescos; Lo atesoró con aquella resistencia y se apiadó susurrándole al oído que se dejara ir dentro de ella sin contemplaciones ni prejuicios, hasta el punto en que observó como el rostro de su acompañante se quebraba conforme el orgasmo se transmitía por su cuerpo logrando vibraciones en su interior que causaron la fractura de su propia consciencia, dejándola tendida sobre el azabache sucumbida a la derrota a través de una convulsión completa de sus músculos, exigiéndole a su organismo caer hasta el fondo, sin fuerza alguna dispuesta a ser acunada contra aquel torso durante lo que durara su vida entera.
- Absolutamente te amo – susurró la pelirosa besando el espacio entre los pectorales donde se encontraba recostada.
Su cabello rosa cubría su rostro impregnado de sudor, pegado a su frente entorpeciendo sus besos y opacando la claridad de su vista. El chico al notar aquello lo tomó juguetonamente entre sus dedos despejando aquella mirada que tanto adoraba; la observó desde su posición, analizando aquellas esmeraldas turbulentas mientras el rojo en sus mejillas colorear hasta su cuello atravesando el espacio entre sus pechos, y la observó vidriosa pegada a su cuerpo en ventosas de sudor, entonces de pronto ya no necesitó aguantar el palpitar en su corazón. La abrazó contra su cuerpo quitándole la respiración con más fuerza de la necesaria y cerrando los ojos aspiró el aroma de sus cabellos inhalando lo que percibió vívido como la primavera misma.
- Te amo – susurró Sasuke manteniendo la unión lo que duró la exhalación de todo el aire contenido en sus pulmones mientras comenzaba a sentir al fin después de largas horas despierto, lo que reconoció como un inminente cansancio físico y mental.
- Creo que deberíamos dormir unos minutitos – habló Sakura sin deshacer su posición- te despertaré cuando tenga algo de comida en la mesa.
La chica giró su rostro para observar a su acompañante, quien con los ojos cerrados en lo que pareció la antesala de un profundo sueño, pareció al fin haber recuperado el ritmo en su respiración; rió para sí misma permaneciendo inmóvil dispuesta a disfrutar del momento.
.
.
- Me causa un poco de celos que conozcas tan perfectamente el camino hasta el departamento de esa mujer – susurró irónica Sakura subiendo las escaleras del Hostal.
Sasuke la observó de reojo percatándose de la escueta sonrisa en la pelirosa.
- Solo una hora, ni un minuto más. – recordó el pelinegro los acuerdos de la conversación tenida antes de acudir al encuentro.
- Si no término golpeándola antes – susurró nuevamente la mujer cuando estuvieron frente a la puerta.
- No sé por qué aceptaste… - comenzó a hablar el hombre pero fue interrumpido súbitamente.
- Solo curiosidad, todo estará bien – aseguró tomando la mano del pelinegro- lo prometo.
Se miraron cómplices antes de tocar el timbre para anunciar su llegada un segundo antes de que la mujer abriera la puerta de par en par.
- Me alegra que hayan decidido venir – habló Mio invitándolos a entrar.
Haru quien se encontraba ordenando los platos sobre la mesa, abandonó de malas ganas su tarea para acercarse hacia los invitados.
- Sean bienvenidos – habló el muchacho toscamente recordando aquel encuentro con Sasuke en el Hospital.
- Les serviré algo para beber – exclamó la castaña dando un brinco intentando romper la tensión entre los hombres- Sasuke me imagino que deseas lo de siempre – comentó acercándose a la barra de licores junto a la cocina.
Sakura intentó contener su indignación ante aquel comentario, se preguntó qué era "lo de siempre" intentando mitigar sus deseos por salir de ahí arrepentida hasta los tobillos por haberse expuesto a tal juego, más aún se compadeció de Haru quien debía soportar aquellas indirectas que claramente le dañaban el ego; por su parte el pelinegro no se molestó en pronunciar una palabra, asintió casi imperceptiblemente pendiente de la reacción de la pelirosa a su lado.
- Y tu Sakura me imagino que tomarás Sake – ofreció Mio sacando una botella desde el mostrador- te ves como una mujer de Sake – comentó risueña- sin ofender claramente.
La ninja medico apretó los labios conteniendo la mirada asesina a punto de salir en conjunto con un golpe que básicamente dejaría a la castaña aplastada contra la pared; contrario a sus pensamientos sonrió manteniendo la calma.
- Me encanta el Sake en realidad, ya sabes soy más del tipo tradicional para algunas cosas – habló explayándose dispuesta a no dejarse avasallar tan fácilmente.
Sasuke la observó con una mirada de reproche dándole a entender que con aquella actitud no hacía más que caer en los juegos de Mio.
La castaña sirvió cuatro vasos y se dirigió hasta la mesa.
- ¡Por favor! no quiero que seamos amigos ¡solo necesito que intentemos disfrutar esta velada! !al seco! – exclamó antes de levantar su vaso en el aire invitándolos a seguir su ritmo .
.
.
.
Hola!
gracias por darse el tiempo de comentar, me hacen tan feliz !
y GRACIAS POR LEER! por seguir cada capitulo, me emociona inmensamente!
NO OLVIDEN DEJAR SUS OPINIONES, CRITICAS, AMOR, HISTORIAS o lo que quieran
amo nuestra comunicación
un abrazoooo!
