La oscuridad la rodeaba, sintiendo su cuerpo adolorido por el impacto que recibió en su habitación. Trató de levantarse, pero fue imposible, acabó cayendo al suelo. Su respiración era lenta y débil, sentía el gusto a metal de la sangre que ya se había secado. Sus parpados pesaban y no logró mantenerlos abiertos, cayó inconsciente en aquel lugar. (–)

Un balde de agua helada la despertó y observó el lugar, pero el fuerte golpe en su cabeza que le estaba partiendo el cerebro y ni siquiera la dejaba enfocar bien.

– ¿Donde…? Ahg… – la pelirroja sintió un mareo que de haber estado de pie lo hubiera tirado al suelo como si fuera un muñeco de prácticas. – ¿Do-donde estoy…? – logro finalizar la frase antes de percatarse que una figura lo miraba desde la oscuridad.

– Despierta, te necesito consciente. – ordenó dando una sonora cachetada que despabilo a la pelirroja. – Escucha bonita, o despiertas y haces todo lo que te diga o te despides de todo lo que conoces… comenzando con tu amada Elsa, ¿Quedó claro?

Anna logró enfocar su vista en la persona frete a ella, sujetándola de la quijada para que pudiera verlo. Sus ojos verdes y aquel cabello rojizo lo delataron: Hans. La pelirroja solo pudo hacer algo: escupirle en la cara, sin importarle si su salvia estaba mezclada con la poca sangre que salía de su labio y eso solo provocó que recibiera otra cachetada junto a un rodillazo en su estómago que le quito todo el aire.

La historiadora cayó y Hans sonrió peinando su cabello hacia atrás.

– ¿Dónde estas la espada? – preguntó, pero Anna no contestó apenas lograba respirar. – Lo preguntaré otra vez… ¿Dónde esta la maldita espada que te dieron? ¡DÍMELO AHORA!

Anna dio un suspiro cerrando sus ojos, su cuerpo dolía y cada respiración era como un cuchillo en sus pulmones. Hans volvió a patearla y escuchó el grito de dolor por parte de la historiadora, se volteó para ver a los dos hermanos murmurando varias cosas entre sí antes de prestarle atención al pelirrojo echando humos.

– ¡Son unos inútiles! – exclamo exasperado. – ¡No hacen nada bien! Una cosa, ¡Una maldita cosa les pido! Y ni eso hacen bien.

– ¿De qué hablas? Dijiste que te trajéramos a la pelirroja y eso hicimos.

Hans sujetó el puente de su nariz y suspiro frustrado. Sabía que, si quería que las cosas salieran bien, él mismo debía de hacerlas.

– La quería CON LA ESPADA. ¿Acaso no tenía una cuando fueron por ella?

Y verlos intentando recordar, solo causó que la cólera de Hans aumentara. Tensó su mandíbula y apretó sus puños. Inútiles, cabezas huecas, mediocres, estúpidos. El pelirrojo tenía demasiados sobre nombres para decirles, pero los necesitaba todavía, más porque Elsa debía de estar buscándolo y no podía perder el tiempo, sabía que era el momento perfecto para atacarla, con Anna encerrada y débil, Elsa también lo era.

– Síganme y cierren bien cuando salga, no quiero que la chiquilla se escape. – ordenó el pelirrojo saliendo de la cueva. Sideburns y Patchy compartieron una mirada antes de ver a la inconsciente pelirroja en el suelo, sujetaba su estómago y eso les causó tanta gracia.

Sin llamar la atención de Hans, Patchy avanzó y dio una fuerte patada en el estómago de Anna, haciéndola incorporarse entre quejidos y escupir algo de sangre.

La cueva se cerró y la oscuridad volvió a rodearla. Como pudo, Anna se sentó apoyando su espalda contra unas rocas. Respiraba de forma lente, le dolía demasiado hacerlo. Quitó su mano y alzó un poco su jersey, encontrándose con grandes moretones en todo su torso. Tocó su rostro y su labio estaba partido, tenia un pequeño corte en su ceja, pero su nariz ya no sangraba y eso era bueno.

Sus pies descalzos y su cabello sucio, cerro sus ojos y recargo su cabeza. Jamás pensó terminar así, menos haber perdido todo y no cumplir su promesa. Dejó sola a Elsa, a Kristoff… sus amigos corrían peligro al igual que todo Arendelle si Hans lograba su objetivo. Quería llorar, gritar, quitarse todo lo que tenia en su pecho. Tenía los labios entreabiertos, dando suaves y pequeñas inhalaciones de aire, todo para evitarse sentir mas dolor.

I've seen dark before but not like this… This is cold, this is empty, this is numb… – murmuró cerrando sus ojos y dejándose envolver por la oscuridad. Sentía frio, tenia miedo y comenzaba a perderse. – The life I knew is over, the lights are out… Hello, darkness… I'm ready to succumb

Intentó levantarse, pero el dolor en su estómago era insoportable que solo causo que gimiera de dolor y volviera a caer. Casi sin notarlo, las lágrimas habían comenzado, haciendo que su voz se comenzará a romper.

I follow you around, I always have… But you've gone to a place I cannot find… – alzó la cabeza para ver todo su entorno, estaba sola, siempre le había tenido miedo a la soledad y ahora la esta sufriendo. – This grief has a gravity, it pulls me down… But a tiny voice whispers in my mind

Como pudo, logro levantarse, haciendo presión en su estómago para que el dolor dejara de ser tanto.

"You are lost, hope is gone But you must go on… And do the next right thing"

Dio cortos pasos, cojeaba por todos los golpes que había recibido antes y después de llegar a ese lugar. Cuando menos lo espero, se dio cuando donde estaba. Ahí había estado para salvar a Elsa, fue en ese mismo lugar donde uso la espada con ayuda de Pabbie.

Can there be a day beyond this night? I don't know anymore what is true… – suspiro apoyándose en una pared, rio de forma seca antes de tragar pesado. – I can't find my direction, I'm all alone… The only star that guided me was you

Se sentía perdida sin Elsa, como si estuviera en un inmenso bosque y no tuviera un camino al cual seguir. Trató de encontrar algo para sostenerse, apenas lograba mantenerse de pie, y con un paso más, cayó de rodillas.

How to rise from the floor when it's not you I'm rising for? – apoyó sus manos en su regazo y jadeo, no podía rendirse, no ahora. Se impulso y sujeto de la pared. – Just do the next right thing. Take a step, step again… It is all that I can to do… The next right thing

Debía hacer algo, lo que sea, pero debía hacer lo correcto. Anna observó a su alrededor, agachándose para tomar una rama. Se quitó el jersey, quedando en musculosa. La enredo y buscó dos pequeñas rocas para poder encender su improvisada antorcha. Cuando logró su objetivo, volvió a levantarse, esta vez, logrando ver mejor el lugar.

I won't look too far ahead, it's too much for me to take but break it down to this next breath, this next step, this next choice is one that I can make

Avanzó logrando mantener el equilibrio, iluminando cada parte de la cueva. Las escrituras y dibujos que Elsa le había mencionado antes. Observó con curiosidad, siguiendo su camino hacia la salida.

So I'll walk through this night, stumbling blindly toward the light and do the next right thing

Siguió caminando, tratando de concentrarse y seguir su instinto… ¡Era una historiadora! Podía hacerlo, debía hacerlo. Debía hacer las cosas bien, salvar a Elsa, salvar a Arendelle, derrotar a Hans. Y algo la detuvo, una pequeña grieta.

And with the dawn, what comes then… When it's clear that everything will never be the same again? – la luz del atardecer lograba alcanzar una pequeña porción de allí, iluminando su mano y llamando su atención, sabía que toda su vida no volvería a ser igual si lograba salir, menos si Hans lograba misión, pero no lo dejaría. – Then I'll make the choice to hear that voice and do the next right thing…

Y entonces, supo que tenia una oportunidad de salir. Bajó la antorcha, tratando de buscar algo que pudiera usar para abrir más aquello. Tomó una roca y la estampó contra la grieta, una y otra y otra vez, escuchando el crujir de algo. La roca que tenía en manos se partió a la mitad y Anna gritó molesta arrojándola lejos. No, no podía caer de nuevo.

Tomó aire, lo suficiente para que su pecho se inflara bastante y sus pulmones se llenaran. Metió sus dedos en la grieta, haciendo fuerza para abrirla, mascullaba palabras de aliento para poder hacerlo. Cuando una roca cayó, el rostro de Anna se iluminó, lo estaba logrando. Roca tras roca, Anna logró sacar una de sus manos, empujando lo que quedaba para poder ser cegada por la luz del sol que poco a poco se iba haciendo más sombrío, dándole la bienvenida a la luna.

Observó sus manos, pequeños cortes en sus dedos y nudillos que tendría que curar. Aun exhausta, Anna avanzó por el bosque, quizás podía llegar al valle si seguía caminando y no caía inconsciente en algún momento. Tomando aire, comenzó a caminar. Su corazón golpeaba fuerte contra su pecho, cada respiración era una tortura mientras caminaba más y más rápido para llegar.

Y cuando logró divisar el valle de la roca viviente, cayó. Escuchando su nombre en un eco, sintiendo el frio envolviéndola poco a poco, apenas abrió sus ojos, se encontró con unos azules observándola fijamente. Su voz sonaba lejana, repetía su nombre.

"Anna…"

"Anna, ¿Puedes escucharme?

"Resiste por favor… ¡Pabbie ayúdame!"

"Mi amor no me dejes, por favor…"

Pero fue imposible, Anna cerró sus ojos, estaba cansada. Apenas lograba sentir como alguien la cargaba y llevaba a quien sabía dónde. Lo último que la pelirroja había podido sentir, antes de caer inconsciente, fueron unos fríos labios posarse sobre los suyos, provocando que su corazón se enloqueciera y sus ojos lograron abrirse unos pocos segundos.

Elsa, ella estaba ahí. Se veía… diferente, pero preocupada.

Y la oscuridad la cubrió una vez más, dejando de sentir todo por unos segundos.

La pelirroja despertó pesadamente de lo que parecía haber sido un sueño de días, su cuerpo se sentía cansada, pero a diferencia de la última vez que despertó con esa sensación ahora sentía un peso a su lado derecho, alguien le estaba acariciando el cabello lentamente mientras dormía y ahora la miraba.

– Buenos días, Annie. – susurró y un suspiro por parte de los labios de la pecosa casi saco de sus cabales a la rubia de ojos gélidos, quien sonrió torpemente.

– Buenos días – dijo la pelirroja con un hilo de voz, parecía como si un carro le hubiera pasado por encima. – ¿Estamos en casa?

Ahí estaba ese gesto que la enloquecía, esa risa escondida atrás de esa perfecta mano nívea

– No mi amor, estamos en el valle, tienes que reponerte bien. – esos fríos dedos se posaron acunando la mejilla pecosa de la historiadora. – No me arriesgare a que te pase nada.

– ¿Acaso te has vuelto mi caballero? – susurro la pelirroja mordiéndose el labio, ese gesto que de repente se escapaba al estar con esa persona que le había robado el corazón. Quería besarla así que se levantó un poco, pero una mano sobre su hombro no le permitió moverse.

–Debes descansar – aclaró Elsa

Anna hizo un puchero y Elsa entendió las intenciones de la pecosa, por lo que se agacho lentamente, rozando sus labios con los de Anna, incitándola a que pidiera inconscientemente más. Un suspiro seguido por un estremecimiento era la clara muestra que quería más, la necesitaba, se necesitaban.

Pero Pabbie ingreso al lugar con una tranquila sonrisa en el rostro, interrumpiendo a la reina y su caballero.

– Veo que despertarte Anna, ¿Cómo te sientes?

– Como si un auto me hubiera arrollado, luego un caballo pasara sobre mí y por último que una jauría me pasara por encima. – confesó haciendo una mueca.

El viejo troll asintió antes de dirigirle una rápida mirada a la albina y poder marcharse.

– ¡Oh, si! Te tengo una sorpresa – dijo la de piel nívea y levantándose fue hacia una esquina del lugar, sacando a "Joan" de entre la ropa. – La encontré debajo de la cama, luego de que esos idiotas te llevaran… Esta en perfecto estado por suerte.

– Gracias amor… – susurró feliz Anna, esa palabra hizo estremecer a Elsa, causándole un sonrojo en sus mejillas y que colocará un mechón detrás de su oreja.

La ojizarca dejo a "Joan" a un lado de la cama y volvió a su posición recostándose al lado de la historiadora, acariciando su salvaje cabello pelirrojo. La pecosa por su parte solo suspiraba con cada caricia

– Elsa… Debemos encontrar a Hans y…

– Sh, sh, sh… Descansa primero, ¿Sí? Nos encargaremos de él cuando tú estés mejor, y no insistas más. – ordenó la albina.

Anna hubiera querido seguir hablando, intentarla convencer de no perder el tiempo, pero sabía que Elsa tenía razón en que debía descansar, su cuerpo se lo estaba pidiendo a gritos y debía hacer caso una vez, después de todo, no estaba acostumbrada a todo eso.