XXIII.
Ya habían pasado casi diez horas desde que Jan Di había entrado a cirugía, pero se sentía como si llevaran una semana entera en la sala de espera del quirófano. Nadie hablaba, el silencio era sofocante, el olor a hospital los tenía mareados, el tic tac del reloj comenzaba a taladrarles los oídos.
El único que no se había aparecido por el hospital era Woo Bin, él había corrido detrás de la motocicleta que había disparado y no se había comunicado o hecho algún tipo de contacto.
Ji Hoo aún tenía la ropa manchada de sangre, no había querido moverse de donde estaba para ir a cambiarse a pesar de que le informaron que pasaría un largo rato antes de tener alguna noticia. Tenía los ojos cerrados, no quería ver a nadie ni lidiar con nadie, y era evidente la tensión en su mandíbula y en sus puños. No importaba que estuviera inmóvil y silencioso, su perturbación y nerviosismo eran obvios.
Los videos del tiroteo se habían viralizado rápidamente; existían desde todos los ángulos por haber ocurrido en un sitio tan concurrido de gente y las teorías ya estaban a la orden del día; el público no tardó en identificar a Jan Di como la ex prometida de Joon Pyo y nuevamente las redes explotaron con acusaciones hacia el Grupo Shinhwa por la guerra de mafias.
Por momentos, algunos de los yakuza se daban una vuelta, seguramente para evaluar la situación e informársela al Maestro. Todos lo notaron pero se contuvieron de hacer algo al respecto para no causar un alboroto. Era probable que el Maestro no estuviera complacido aún, probablemente no se suponía que Jan Di llegara con vida al hospital, por eso debían tener un extremo cuidado de no irritarlo.
Incluso Joon Pyo mantuvo la compostura ante la presencia de sus enemigos y se limitó a lanzarles miradas de odio. Todo estaba pendiendo de un hilo en ese momento; cualquier movimiento en falso podría ser fatal.
Kathleen Maeng arribó y se dirigió apresuradamente a Ji Hoo…
—Ji Hoo… —le dijo preocupada. Él se levantó de su asiento y la abrazó— ¿Estás bien? Lo siento tanto —apretó su abrazo y le consoló—, no te preocupes, verás como todo estará bien…
Ji Hoo asintió con la cabeza y enterró el rostro en el cabello de ella y le susurró varias cosas al oído que nadie pudo escuchar. Ella, en respuesta, le acariciaba fraternalmente la espalda.
—Todo saldrá bien, hermano —repetía ella constantemente aún abrazándolo—, ya lo verás…
Hasta ese momento, Ji Hoo solamente había hablado con la familia de Jan Di, quienes desde hacía ya un buen rato, esperaban más apartados. En sus rostros se leía que estaban aterrados. Completamente aterrados.
Los minutos seguían transcurriendo en silencio. Ga Eul estaba temblado de nerviosismo mientras Yi Jung apretaba su mano en ánimos.
—Va a estar bien… —se decía Ga Eul a sí misma, porque todo tenía que salir bien, no habían llegado tan lejos como para fracasar en el último momento. No habían hecho tantas cosas ni habrían pasado por tanto como para que todo terminara mal. Sin embargo no podía evitar estar irremediablemente ansiosa y asustada, con ganas de echarse a llorar de la pura inquietud.
Finalmente, la luz que indicaba que había una cirugía en curso se apagó. Todos se levantaron como resortes y se acercaron con cautela a la puerta del quirófano. Instantes después, un médico apareció.
El cirujano era un hombre que rondaba los cincuenta años y aún vestía sus ropas estériles. Él era además el médico en jefe de todo el hospital. Se quitó la gorra, el cubrebocas y los guantes antes de explicar la situación.
—Ha sobrevivido la cirugía —dijo con solemnidad y todos dieron un respiro de alivio—, sin embargo, es pronto para considerarla fuera de peligro. Lamentablemente ambos pulmones fueron perforados y la pérdida de sangre fue masiva. Durante la cirugía entró en paro cardiaco, eso pudo haberle causado daño cerebral, pero no lo sabremos hasta que recupere la conciencia. En estos momentos la estamos trasladando a la unidad de cuidados intensivos. Una vez que terminen de acomodarla podrán pasar de uno en uno. Ahora mismo se encuentra muy débil y debe mantenerse tranquila.
Al saber que aún no podrían verla, volvieron a acomodarse en los asientos lenta y abatidamente. Solo Ji Hoo se quedó un par de minutos más con el médico, con quien charló en términos que solo los médicos entendían. Luego ambos dieron una reverencia y el cirujano se marchó para seguir atendiendo a Jan Di.
—Ji Hoo sunbae... —se acercó Ga Eul temerosa una vez que los doctores se marcharon— ¿ella está bien?
Ji Hoo trató de asentir, pero su cabeza no se movió.
—Quiero verla —gimió Ga Eul—. Necesito verla...
—No es posible ahora —le susurró Yi Jung al oído—, cuando esté más estable podremos verla...
—Pero necesito verla ahora… —continuó Ga Eul— necesito hablar con ella ahora, esto…
—Ahora no… —le dijo su esposo— sé que estás asustada pero tienes que tranquilizarte… —la tomó en sus brazos y la apretó con fuerza— Yo estoy aquí, ten calma.
—Sí… —asintió con el rostro escondido en el pecho de su esposo— lo siento… es solo que… estoy tan nerviosa.
Ji Hoo le dedicó una sonrisa de empatía mientras asentía y le tocaba el hombro para confortarla. Ga Eul le agradeció el gesto con una sonrisa triste.
Ji Hoo volvió a sentarse en un rincón apartado, sin hablar con nadie, sin hacer contacto visual con nadie. Al poco rato, Seo Hyun se acercó y se sentó en la butaca de al lado, le dijo varias cosas al oído que él escuchó sin reaccionar y volvió a dejarlo solo. Y después Kathleen se acercó otra vez a él y le permitió recargar su cabeza en su hombro para que al menos pudiera descansar un poco.
Un rato después, les indicaron que podían pasar a verla de uno en uno. Ji Hoo fue dirigido a un pequeño vestidor y le proporcionaron ropas adecuadas para entrar a la zona de UCI, una vez envuelto en ellas, caminó por un largo pasillo hasta donde tenían a Jan Di. Un amplio cristal permitía verla desde afuera.
Ella parecía dormir plácidamente. Estaba conectada a un monitor cardiaco que marcaba sus latidos en una pantalla y a un ventilador para ayudarla a respirar. Ji Hoo entró y se sentó junto a ella, tomándose su tiempo para acariciar con cuidado su mejilla y pasar los dedos por su cabello.
—Eres tan bonita —le dijo con amor—, aún en esta situación no dejas de ser lo más bello que han visto mis ojos… —se mordió los labios y frunció el ceño— Todo está bien, no te preocupes…
Las horas siguieron pasando y estuvieron en vela toda la noche. Uno a uno, todos entraron a ver a Jan Di y cada quien se tomó su tiempo para charlar con ella aunque no pudieran recibir su respuesta. Al final, Ji Hoo volvió a entrar para acompañarla.
A primera hora de la mañana, el alivio que sentían de que hubiera sobrevivido la noche, fue interrumpido porque llegó la visita que ya todos se temían; Masaaki Takeru arribó a la sala de espera con su mismo porte elegante y mirada impasible de siempre, acompañado del abogado de Bo y otro par de yakuzas jóvenes y silenciosos.
—¿¡Y éste qué hace aquí?! —exclamó impaciente Joon Pyo levantándose de su asiento— ¿¡Qué rayos quiere?! ¿¡Qué más necesita de nosotros?!
—¡Joon Pyo! —lo detuvo Yi Jung tomándole ambos brazos por detrás y doblándolos hacia su espalda— ¡No!
—Joon Pyo —le dijo Jae Kyung—, debes tranquilizarte, este no es el momento…
—¿Quiere pelear de nuevo, Goo Joon Pyo? —le preguntó Masaaki con un dejo de diversión en su voz y esperó unos cuantos segundos por una respuesta si perder el contacto visual.
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Joon Pyo gruñó y se echó para atrás para finalmente caer sentado en una silla, cubriéndose el rostro con ambas manos. Jae Kyung acarició su espalda sin decir nada.
—¿Dónde está? —preguntó Masaaki ignorando el enfado de Joon Pyo— Quiero verla.
Le divertían las miradas de odio y repulsión que recibía por parte de todos los amigos de Jan Di y le complacía que ninguno se atrevía a mover un dedo para enfrentarlo.
—Ella está en la unidad de cuidados intensivos, Maestro —le dijo Kathleen—, su estado es muy delicado; Ji Hoo está en estos momentos con ella.
Sin esperar a que algún médico le diera permiso o le indicara el camino, el Maestro se dirigió hacia dicha zona seguido por el par de jóvenes que traía como escolta. Nadie impidió su avance.
Al llegar, observó a la pareja a través del vidrio. Ji Hoo había notado su presencia, pero no le dedico más que una rápida mirada y luego agachó la cabeza, encorvándose sobre el costado de Jan Di.
Ella respiraba pacíficamente a través del ventilador. Aunque siempre fue muy pálida, ahora lucía mucho más, contrastando con su cabello negrísimo que estaba acomodado en su hombro derecho, atado en una coleta. El sonido del monitor cardiaco era rítmico y regular.
Ji Hoo la tomó de la mano y se acercó a su oído para susurrarle varias palabras. El Maestro notó que ella reaccionó apretando su mano.
Masaaki se preguntó qué le estaría murmurando porque ese era el tipo de gestos que jamás entendía, ¿por qué hablar con alguien que no puede contestar? Pero las personas tendían a hacerlo muchísimo cuando tenían a sus amados postrados inconscientes en los hospitales. Quizá le había advertido de su presencia o quizá le susurraba palabras de amor.
Cualquiera que fuera la respuesta, Ji Hoo seguía hablando, fingiendo que ignoraba la presencia de Masaaki a tan corta distancia de él. Cuando terminó de hablarle, recostó su cabeza tan cerca de ella como los cables y tubos que la rodeaban lo permitían. Jamás soltó su mano y jamás le dirigió la mirada al líder.
Masaaki continuó observando cuidadosamente. Pudo notar que Ji Hoo estaba nervioso, la presencia del líder del otro lado del cristal lo tenía en obvia inquietud y Masaaki notó que estaba haciendo todo lo posible para que sus miradas no se cruzaran. Y también notó que Jan Di fruncía ligeramente el ceño. Se preguntó si estaría realmente inconsciente o solo dormida.
El cirujano se acercó a él e hizo una pequeña reverencia para saludarlo.
—¿Qué probabilidades tiene, doctor? —preguntó Masaaki sin despegar los ojos de Jan Di.
—Su estado es muy crítico. Volverá a entrar a cirugía una vez que su estado sea más estable. Sin embargo, requerirá de mucha fuerza de voluntad y se enfrentará a una larga recuperación. Además aún no podemos descartar daño cerebral debido al paro que experimentó durante la cirugía.
Masaaki asintió. No estaba satisfecho.
—¿Qué probabilidades tiene de sobrevivir esta noche? —insistió buscando una respuesta más concreta, aun mirando al frente.
—Este día será difícil —contestó—. Lamentablemente el daño es tan grande que sus probabilidades no son demasiadas. Pero si logra sobrevivir esta noche, podremos tener un panorama más positivo. Ella es joven y saludable, estamos esperando lo mejor.
—Bien —dijo Masaaki dando un último vistazo a la pareja y luego se dirigió a sus acompañantes—, si para mañana sigue con vida tomaremos otras medidas.
Dicho esto, se dirigió de nueva cuenta a la sala de espera donde lo esperaba un aura de odio y miedo. No planeaba quedarse más tiempo, no obstante, de repente varias enfermeras corrieron en dirección a la zona de UCI.
Los amigos de Jan Di se levantaron alertados.
—¿¡Qué está pasando?! —exclamó Ga Eul, enterrando las uñas en los brazos de Yi Jung.
Masaaki giró su cuerpo y agudizó su oído; el sonido palpitante del monitor cardiaco ahora era un solo pitido constante y agudo, lo que significaba que Jan Di había entrado en paro cardiaco otra vez. Aunque ni su cuerpo ni su expresión se inmutaron, sus ojos brillaron con felicidad y decidió dar vuelta sobre sus pasos.
—¿¡A dónde demonios crees que vas?! —Joon Pyo se atravesó en el camino para no dejarlo pasar y este sonrió de orgullo ante aquel atrevimiento de cortarle el paso.
—Vaya…
—Da un solo paso más y… —lo desafió Joon Pyo levantando el dedo índice hacia él.
—¿Y qué? —le preguntó sin intimidarse. Uno de sus guardaespaldas hizo el ademán de intervenir, pero Masaaki lo detuvo con un leve movimiento de su mano. El abogado Bo sonrió y se cruzó de brazos, fascinado por la situación.
Joon Pyo exhaló aire con pesar porque sabía que no era el momento de enfrentarlo, pero vaya que quería matarlo allí mismo.
Ga Eul no quiso esperar más por el permiso de algún médico y no dejó que Yi Jung la detuviera. Con decisión se enfiló hasta la UCI, pasando de largo a Joon Pyo y al Maestro, ella necesitaba ver ya a Jan Di. Y segundos después de que desapareció de la vista de todos, gritó desgarradoramente.
Masaaki sonrió al oír el grito y prosiguió su camino, esta vez Joon Pyo no le impidió el avance. Cuando volvió a la sección donde tenían a Jan Di, se encontró con Ga Eul de rodillas en el suelo con el rostro cubierto entre las manos, y dentro del cuarto, el monitor cardiaco ya era solo una línea. Las enfermeras comenzaron a desconectar los aparatos.
Una enfermera cubrió a Jan Di totalmente con la sábana mientras otra anotaba en una bitácora las instrucciones del mismo cirujano que la había operado.
—Hora de muerte —dijo el doctor viendo su reloj—, siete cuarenta y cinco de la mañana. Causa; paro cardiorespiratorio…
Masaaki Takeru se deleitó con la escena, pero solo sus ojos habían mostrado brillo porque el resto de su cuerpo permaneció impasible; como si tan solo estuviera viendo una película; no se había inmutado, no había tenido un mínimo de empatía, ni por Jan Di ni por Ji Hoo quien se había arrojado a abrazar el cuerpo inherte de su joven esposa cubierto en su totalidad.
El cirujano salió para dar la noticia y el Maestro dudó por un segundo entre seguirlo para apreciar la reacción de los demás o de quedarse para continuar viendo a Ji Hoo llorando. Decidió optar por lo segundo.
Y cuando salió se encontró a todo el grupo llorando, abrazados entre ellos, con tanto desasosiego que optaron por ignorarlo. Kate era la única que no estaba en llanto, solo estaba abatida y apartada de los otros.
—Hágame llegar los detalles del funeral tan pronto como los tengas —le ordenó Masaaki. Ella asintió y reverenció—. Por cierto, buen trabajo.
Kate primero abrió los ojos en sorpresa por la felicitación e inmediatamente, hizo una reverencia de agradecimiento y despedida.
Los hermanos volvieron a su casa y tuvieron un ameno desayuno tradicional japonés. Varias horas después, Kathleen se comunicó con ellos para informar de los pormenores del funeral, por lo que prosiguieron a arreglarse para hacer acto de presencia, después de todo, Jan Di era parte de su Clan y debían ir a presentar sus respetos.
Mientras los hermanos se preparaban con sus trajes de luto, el Maestro lucía pensativo y decepcionado.
—Te apresuraste en matarla —comentó el abogado Bo con aire distraído, colocándose loción.
—No… —contestó en voz muy baja— Ya no me servía para nada…
Bo lo miró de reojo y torció su sonrisa.
—No me digas que te encariñaste con ella —exhaló pesadamente— ¿te estás arrepintiendo?
—No es eso —anudó su corbata y se observó en el espejo para asegurase de que estuviera impecable—, simplemente estoy decepcionado… —agrió su gesto— Tanto para nada. No me dieron una buena pelea al final.
—Darán pelea ahora —opinó con paciencia—. Querrán venganza.
El Maestro meditó un momento. Había intentado empujar a Ji Hoo a vengarse de sus padres, pero no había tenido resultados, ahora dudaba que quisiera vengar a su esposa; su propósito de provocarlo habían sido infructífero hasta ese momento.
—Les di meses para prepararse y todo lo que me dieron fue una pelea patética —cerró los ojos—. Han sido una mala inversión de mi tiempo. Aunque admito que me divertí mucho con ellos el año pasado, ya no son entretenidos. Me gustaba verlos sufrir porque el destino de Jan Di era incierto, pero ahora que se ha acabado, su sufrimiento se mitigará poco a poco y eventualmente encontrarán paz.
—¿Entonces cuáles son tus planes?
—Los quiero muertos —espetó sin titubear—. A Goo Joon Pyo, es demasiado escandaloso e inútil; al la heredera, Ha Jae Kyung, para que el Grupo Shinhwa termine de desmoronarse; a la impostora, Chu Ga Eul, por tener las agallas de hacerse pasar por uno de nosotros y al príncipe, Song Woo Bin, para que su clan no pueda resurgir —ordenó con la indiferencia como de quien pide una orden en un restaurante—. A sus demás amigos si se interponen también —exhaló y tomó su abrigo— Por ahora les daremos los tres días tradicionales para el funeral.
—¿Qué hay de Yoon Ji Hoo?
El líder meditó un momento, levemente irritado porque sus acciones no habían resultado en la diversión que esperaba.
—Déjalo por el momento —exhaló—. Sin su manada ya no podrá actuar y no ha hecho nada que se considere traición.
Al menos le resultaba el consuelo de que Ji Hoo probablemente se consumiría en sí mismo y se marchitaría hasta morir, eso resultaba más satisfactorio que matar de golpe como lo haría con los demás.
Salieron de su casa a una camioneta negra blindada que ya los esperaba. El resto de su comitiva iría detrás de ellos en autos más pequeños.
—¿Dónde está Hana? —preguntó el Maestro justo antes de abordar el vehículo. Ya había notado que no se había aparecido y no la había vuelto a ver desde que le dio la orden de matar a Jan Di.
—No se ha reportado —contestó Bo—. Quizá el príncipe Song la atrapó; sin embargo él tampoco ha sido visto, no fue al hospital en ningún momento.
Masaaki asintió.
—De acuerdo. Avísenme en cuanto alguno de los dos aparezca.
—No deberíamos esperar los tres días de funeral —dijo Bo con severidad—. El príncipe Song podría estar ya planeando un ataque.
—El príncipe Song no tiene ejército —dijo sin darle más importancia y subió al asiento trasero de su camioneta.
Al llegar al recinto funerario, le causó intriga ver la cantidad de prensa arremolinada; habría creído que lo manejarían con algo más de discreción, así que pidió un detallado informe de lo que estaba sucediendo en redes sociales. Efectivamente, el tiroteo y ahora funeral estaban en boca de todo Seúl. Había un miedo general por el rumor de la guerra.
El atardecer era, de hecho, muy bello, lleno de nubes con preciosas tonalidades rosas y violetas, perfecto para una estampa romántica de un final feliz.
Masaaki evadió a los reporteros pero no evitó que su rostro fuera fotografiado y justo cuando puso un pie dentro del edificio, fue recibido por la voz violenta de Joon Pyo.
—¡Vete d aquí! —gritó enfurecido, con el rostro rojo de ira y los ojos hinchados de tanto llorar— ¿¡Qué más quieres?! ¡Ya vete de aquí!
—¿Sabe? —le dijo Masaaki mirándolo con compasión, con una mano dentro del bolsillo del pantalón en una pose relajada—. Tanto griterío de usted comienza a irritarme.
—Oh, pobrecito —ironizó Joon Pyo— ¿Sabes qué? Tú eres…
—Joon Pyo, basta —lo interrumpió Ji Hoo detrás de él. Su rostro lucía agotado y sus ojos estaban igualmente enrojecidos y llorosos—. Ya basta.
Joon Pyo quedó helado por un instante, y luego, lentamente se giró hacia Ji Hoo…
—¿Lo estás defendiendo?
—Joon Pyo…
—¿Lo estás defendiendo? —Joon Pyo quiso gritar, pero su voz se quebró en llanto y negó con la cabeza—. Él la mató.
—No tenemos ninguna prueba de ello.
Joon Pyo retrocedió en incredulidad. Sus puños temblaron de lo fuerte que los apretaba.
—Te odio —murmuró negando con la cabeza, apretando la quijada—. Te odio, Ji Hoo…
Ji Hoo no le contestó, al contrario, fue como si lo ignorara, así que Joon Pyo, aún más enfadado, llegó hasta él y lo tomó de la chaqueta, arrojándolo contra la pared.
—¡Todo es tu culpa! —rugió Joon Pyo estallando en lágrimas— ¡Tú dijiste que arreglarías todo! ¡Dijiste que confiáramos en ti! ¡Tú la mataste! —lo acusó desesperado y perdido.
Ji Hoo lo empujó para sacárselo de encima, reaccionando por fin, rompiendo a llorar también.
—Siempre has de echarle la culpa a alguien de todo para sentirte mejor —reclamó Ji Hoo con los ojos llenos de lágrimas— ¡cuida mejor tus palabras!
—¡No intentes deshacerte de esta responsabilidad! —continuó más angustiado— ¡Se suponía que ella estaría mejor a tu lado que al mío! ¡No supiste cuidarla y está muerta por tu culpa!
—Cállate...
—¡No! —gritó fuera de sí— ¡No me callaré! ¡Nunca te lo perdonaré! ¡Me la robaste! ¡Ella estaría bien si se hubiera quedado a mi lado!
Ji Hoo no lo soportó y lanzó un golpe a Joon Pyo, quien, por su puesto, respondió con aún más agresividad pero, un segundo después, Ji Hoo lo tenía contra la pared.
Jae Kyung y Seo Hyun se acercaron rápidamente mientras gritaban que se detuvieran; era como un doloroso deja vú verlos pelear de esa manera. Nadie se atrevía a interponerse entre ellos.
—¡Me tienes harto, Joon Pyo! —exclamó golpeándolo contra el muro— ¡¿Cuándo vas a aprender a cerrar la boca?!
—¡Voy a matarte! —con toda su fuerza lo empujó y se liberó— ¡Realmente voy a matarte!
Pero Ji Hoo no se tambaleó mucho ante la fuerza de Joon Pyo y lo aprisionó nuevamente contra el muro. Forcejearon y se amenazaron de muerte ante la mirada horrorizada de todos los presentes.
—Ella estaría bien… —Joon Pyo seguía sollozando e hipando violentamente— Ella estaría bien si se hubiera quedado conmigo. ¡Tú me la quitaste! —golpeó a Ji Hoo en el rostro tan fuerte que lo derribó— ¡TE ODIO! —dirigió su mirada furiosa hacia Masaaki y se lanzó para golpearlo también —¡A ti también, maldito!
Pero el yakuza que veía junto a él se interpuso y bloqueó el ataque. Forcejearon porque Joon Pyo luchaba con todo su cuerpo y, de un momento a otro, Ji Hoo volvió a meterse en la pelea. El joven yakuza quedó en medio de ambos y trató de contenerlos.
—¡Basta! ¡Deténganse ya! —les ordenó usando la fuerza de sus brazos para separar a Ji Hoo y a Joon Pyo— ¡No exhiban este comportamiento ante el Maestro!
Lo desdeñaron y trataron de golpearse nuevamente. El yakuza, al ver que Joon Pyo era el más agresivo, se colocó detrás de él y lo rodeó por la cintura para aplicarle una llave. A Ji Hoo no le importaba la presencia de la tercera persona, igualmente se siguió abalanzando contra el que era su amigo y se continuó la lucha entre los tres.
—¡Les dije que se detuvieran! —tras esa última orden, el yakuza logró separar a Joon Pyo, quien, jadeando y con el labio sangrando, no continuó peleando…
—Te odio —sollozó Joon Pyo con las mejillas enrojecidas y con gruesas lágrimas escurriendo por su rostro—. Nunca te lo perdonaré, ¿me oyes? —tragó saliva con dificultad y se le atoró el aire en la garganta— Nunca te perdonaré...
—Joon Pyo… —le murmuró Jae Kyung acercándose con cautela, con el rostro igualmente descompuesto en sollozos.
Joon Pyo no le permitió que ella le tocara el brazo. Negó con la cabeza, giró su cuerpo y se marchó. Jae Kyung lo miró abatida por un momento y decidió seguirlo. Ambos salieron rumbo al estacionamiento subterráneo.
—Bueno —sonrió el abogado—, eso fue todo un espectáculo…
Ji Hoo solo lo miró brevemente, con sus dedos índice y pulgar se limpió la sangre que le escurría de la nariz.
—Lamento aquello —dijo tragando saliva dolorosamente. Lágrimas estaban escurriendo de sus ojos otra vez—. Por favor pasen… —los invitó haciendo un gesto con su mano indicándoles el camino.
Masaaki asintió y agradeció el gesto. Abrió su saco y sacó un sobre de dinero con su contribución para las condolencias y lo dejó en la caja de madera designado a ello, como marca la tradición coreana, pero ni él, ni ninguno de sus acompañantes firmó el libro de condolencias. Se adentró hasta la sala donde descansaba la fotografía de Jan Di adornada de listones negros en el altar, rodeado de cientos de flores blancas.
El Maestro perdió sus ojos en la fotografía; no era muy reciente, se notaba por la sonrisa y el brillo en la expresión de Jan Di que había perdido hacía ya bastante tiempo. Dio un rápido vistazo a la sala, llena de familiares y compañeros de ella, pero no vio a Ga Eul ni a su esposo.
—¿Ya hay noticias del príncipe Song? —preguntó a su guardaespaldas.
—No, Maestro —dijo solemne—no se ha aparecido por el funeral…
—¿Qué pasa? —preguntó Bo al percibir un ligero e inusual perturbamiento en su hermano.
—Nuestra visita será muy breve —dijo tras una pausa larga—, que comiencen a prepararse para un ataque, no esperaremos los tres días. Y encuentren a Hana rápido.
—Sí, Maestro.
