Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.

aviso:

Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.

Esta es una historia ficticia.


Irresistible.

Pov. Edythe

Había demasiadas cosas en las que pensar.

¿Y cómo le íbamos a explicar las cosas a la familia de Taras por la mañana? ¿Qué íbamos a hacer si reaccionaban mal? ¿Y qué sucedería si al final todo derivaba en una batalla?

Yo no sabía luchar. ¿Cómo iba a aprender en sólo un mes? ¿Es que había alguna posibilidad de que me pudieran enseñar con la suficiente rapidez para que me convirtiera en un peligro para cualquier miembro de los Vulturis? ¿O estaba condenada a ser una completa inútil, como cualquier otro neonato fácil de despachar?

Necesitaba tantas respuestas... aunque no parecía encontrar la ocasión para formular las preguntas.

Beau había insistido en llevar a Eliest a nuestra casa para dormir, sabía que quería tener normalidad en su vida, o lo que más pudiera. Jules estaba más cómoda en su forma de loba en ese momento. Lidiaba mejor con el estrés cuando se sentía preparada para luchar. Deseé sentir lo mismo, poderme notar preparada, mientras ella corría por los bosques, montando guardia de nuevo.

Una vez que estuvo profundamente dormido, lo puse en su cama y fuimos hacia la habitación de la entrada para que yo pudiera hacerle mis preguntas a Beau.

Él permaneció de pie dándome la espalda, con la mirada fija en el fuego.

—Beau, yo...

Se dio la vuelta y cruzó la habitación en lo que pareció un tiempo inexistente, ni siquiera la mínima parte de un segundo. Sólo tuve ocasión de registrar la feroz expresión de su rostro antes de que sus labios se aplastaran contra los míos y sus brazos se enredaran a mi alrededor como vigas de acero.

No pude volver a pensar en mis preguntas en el resto de la noche. Me llevó poco tiempo captar la razón de ese estado de ánimo e incluso menos sentirme exactamente de la misma manera.

Había estado planeando que iba a necesitar años para poder aprender a controlar la pasión física arrolladora que sentía por él. Y después siglos para disfrutarlo, pero si ahora sólo nos quedaba un mes para estar juntos... Bueno, no veía cómo soportar un fin como ése. Por el momento, no podía hacer otra cosa salvo comportarme de modo egoísta. Todo lo que quería era amarle cuanto fuera capaz en el tiempo limitado que se nos había concedido.

Me resultó muy duro apartarme de él cuando el sol se alzó, pero teníamos que hacer nuestro trabajo, un trabajo que sería más difícil que todas las búsquedas juntas emprendidas por el resto de la familia. Tan pronto como me permití pensar en lo que se avecinaba, me puse en una tensión total. Sentía como si me estuvieran estirando los nervios en un potro de tortura para dejarlos cada vez más finos.

—Desearía que hubiera alguna manera de conseguir la información que necesitamos de Elena antes de que les hablemos de Eliest —masculló Beau mientras nos vestíamos de forma apresurada en aquel armario enorme que era un recordatorio más de Archie en un momento poco apropiado—. Sólo por si acaso.

—Pero ella no podría comprender la pregunta para contestarla —admití— ¿Crees que nos dejarán que nos expliquemos?

—No lo sé.

Cogió a Eliest, que aún dormía en su cama, y lo sostuve tan cerca de él que aplasto alborotado pelo en su rostro. No pude evitar estremecerme, al recordar el leve recuerdo un sueño cuando era humana, intentaba proteger a las personas que más amaba, en ese momento no había entendió por qué me había surgido esa necesidad feroz de eliminar todo lo que causara daño, y ahora, viendo a Beau sostener a nuestro hijo solo podía pensar que haría cualquier cosa, lo que sea para mantenerlos seguros.

—Beau, ¿me enseñarás a luchar? —le pregunté y me tensé esperando su reacción, el me entrego a Eliest con delicadeza, para el abrirme la puerta.

Ocurrió como lo esperaba. Se quedó helado, y entonces sus ojos me recorrieron con una gran intensidad, como si me estuviera viendo por primera o por última vez. Su mirada se detuvo en nuestro hijo, que aún dormía en mis brazos.

—Si tiene lugar una lucha, no habrá mucho que podamos hacer ninguno de nosotros —intentó escaparse por la tangente.

Yo mantuve la voz tranquila. Odiaba conseguir las cosas de esa manera, pero necesitaba, no, era crucial que aprendiera a defenderme. Y pudiera defenderlo también.

—¿Dejarías que fuera incapaz de defenderme a mí misma?

Él tragó saliva convulsivamente, y cuando su mano apretó la puerta, ésta tembló y las bisagras protestaron, pero luego asintió.

—Ya que lo pones de ese modo... supongo que tendremos que ponernos a trabajar tan pronto como sea posible.

Yo también asentí y comenzamos a caminar hacia la casa grande, sin apresurarnos.

Me pregunté qué podría hacer que nos trajera algo de esperanza o supusiera al menos una diferencia. Yo era un poquito especial, era rápida, mucho más rápida que cualquier vampiro, eso me podría ayudar en la luchar. Contaba con mi don de leer mentes, podía anticipar los movimientos.

—¿Cuál dirías tú que es su principal ventaja? ¿Tienen alguna debilidad conocida?

Beau no tuvo que preguntar para darse cuenta de que me refería a los Vulturis.

—Jane y Alec son lo mejor que tienen de cara a una ofensiva —replicó con emoción, como si estuviera hablando de un partido de baloncesto—. Sus defensas rara vez participan de la acción.

—Ya sé que Alec puede prenderte fuego donde estés, al menos mentalmente hablando, pero ¿qué es lo que hace Jane? ¿No me dijiste una vez que era incluso más peligroso que Alec?

—Sí. De algún modo, él es un antídoto de Alec. Él te hace sufrir el dolor más intenso que puedas imaginar, pero Jane, por otro lado, hace que no sientas nada. Absolutamente nada. Algunas veces, cuando a los Vulturis les da por ser amables, permiten que Jane anestesie a quien vayan a ejecutar, siempre que se haya rendido a tiempo o les haya complacido de alguna otra manera.

—¿Anestesia? ¿Y por qué eso lo hace más peligroso que Jane?

—Porque te priva por completo de sensaciones, y no sientes dolor, pero tampoco puedes ver, oír u oler. Es una total privación sensorial y te quedas solo en la oscuridad. Ni siquiera experimentas la quemazón de las llamas en la hoguera.

Me eché a temblar. ¿Era esto lo mejor a lo que podía aspirar? ¿A no ver o sentir cuando viniera la muerte?

—Eso es lo que le hace tan peligroso como Alec —continuó Beau con la misma voz—Nunca he probado, pero mi madre me ha contado. Ella lo ha visto con sus propios ojos, es suficiente como yo sepa nunca debía acercarme. —Beau suspiro—. Ambos pueden incapacitarte, convertirte en un objetivo indefenso. La diferencia entre ellos es la misma que entre Sulpicia y tú. Sulpicia escucha la mente de una sola persona por vez y Alec sólo puede hacer daño al objetivo sobre el que se concentre. Y tú eres capaz de escuchar todo el mundo al mismo tiempo.

Sentí frío mientras veía adonde quería ir él a parar.

—Entonces, ¿Jane conseguiría incapacitarnos a todos al mismo tiempo? —susurré.

—Sí —respondió él—. Si usa su don contra nosotros, todos nos quedaremos ciegos y sordos hasta que nos caigan encima para matarnos... —Beau hizo una pausa me miro de rojo, como si determinada si decirme o no, aunque sabia en cierta forma que me iba enterar. Quizás estaba esperado el momento adecuado para soltarme lo que me diría—Nunca he practicado mi don para defenderme, jamás creí que lo necesitara. Fui criado para saber que la fuerza bruta era mejor que algo mental, a pesar de que me guste los libros. Entonces…tener un escudo mental no fue para mi… grato, hasta me sentí decepcionado. —Beau me miró fijamente—eso cambio cuando fuiste a Volterra ahí fue la primera vez que agradecí mi don, lo expandí para protegerte.

—Sulpicia dijo nunca se había topado con un don tan magnifico—dije no gustándome donde hiba esto, era solo principio, una manera para clamarme al decirme su plan, no iba estar de acuerdo. —¿fue la primera vez que lo expandiste?

—Si—Beau aparto la mirada con cierta vergüenza—Elena estaba tan maravillada como Sulpicia, diciéndole a Carine que se había topado con una joya como yo, que solo tenía sacar brillo, otras cosas más. Cuando Kirill se ofreció ayudarme a expandirlo, me negué, porque su don era dar cierta electricidad…fui un poco cobarde, no quería que me doliera—Beau lucia en verdad avergonzado, negué mientras acomodaba a Eliest para apretarle la mano con suavidad y una sonrisa.

—Beau, está bien—dije negué divertida—no creo nadie se preste a que le den descargas eléctricas por placer. —él se rio, sabía que en fondo estaba pensando en algunas de sus hermanas, que había intentado luchar. —Ahora no desvíes el tema—Beau para derrotado. Asistiendo.

—No estoy seguro si Alec, es buen luchar—hizo mueca—, aparte de lo que es capaz de hacer, claro. Me refiero a si tuviera que pelear sin su don. Me pregunto incluso si ha llegado a intentarlo alguna vez.

Lo miro cierto pánico

—¿En qué estás pensando?

Se limito mirar el frente.

—Bueno, posiblemente no podrá hacerme eso a mí, ¿no? Si lo que hace es como lo de Sulpicia, Alec o lo tuyo. Quizá... si él nunca ha tenido que defenderse... yo he llegado a aprender unos cuantos trucos a lo largo de los años...

—Él ha estado con los Vulturis durante siglos —le recordé, con la voz teñida de pánico.

Me estremecí cuando la imagen escapo de mi mente: Mi familia de pie, inermes, como pilares insensibles en el campo de batalla... todos menos él. Sería el único que podría luchar

— Sí, tal vez seas inmune a su poder. Pero estoy seguro de que el, al menos, ha recibido entrenamiento.

—Quizá sí, quizá no. Es la única cosa que yo soy capaz de hacer y los demás no. Incluso aunque sólo consiga distraerle durante un rato...No soy bueno expandiéndolo, nunca lo expandí antes de conocerte, no sé cuánto puede llegar, pero si puedo durar lo suficiente quizás podemos darnos una oportunidad.

—Por favor, Beau —replique con los dientes apretados—. No hablemos más de esto.

—Sé razonable.

Aprete los ojos unos segundos, evitando estremecerme. Como se suponía que actuara cuando el amor de mi existencia se quería poner de distracción. Un nudo se posó en mi gar ganta.

Actuamos como si la conversión no hubiera ocurrido. Para ser sincera era mejor.

Mantuve mi mente ocupada, en lo yo iba hacer, recordando otro pilar importante, Deméter.

Sin duda, sería una buena luchadora. No había ninguna otra razón por la que hubiera podido sobrevivir tanto tiempo, siempre en la punta de lanza de cualquier ataque. Y siempre debía ser el líder, ya que era su rastreadora... probablemente la mejor rastreadora del mundo. Sin duda alguna, porque si hubiera habido alguna mejor, los Vulturis se habrían hecho con él. Sulpicia no se conformaba jamás con los segundones.

Si Deméter no existiera, entonces podríamos huir. Al menos, los supervivientes. Mi hijo, tan cálido en mis brazos... Alguien podría escapar con él, Jules o Royal, quien quedara.

Y... si Deméter no existiera, entonces Archie y Jessamine estarían a salvo para siempre. ¿Era eso lo que Archie había visto, que parte de nuestra familia podría salir adelante? Al menos, ellos dos.

¿Le envidiaría eso a él?

—Deméter es mío —Dije con voz segura, Beau me vi con reproche, pero no iba ceder.

—¿Por qué? —me susurro.

Me tome mi tiempo para responder hasta que al fin murmure.

—Por Archie. Es la única muestra de agradecimiento que puedo ofrecerle por todo lo que ha hecho por mí, y es lo que queremos los dos, asegurarnos que ello este seguros donde estén.

Beau no respondió, de modo que sus pensamientos iban en la misma dirección que los míos.

Escuché las fuertes pisadas de las patas de Jules golpeando con un ruido sordo el suelo helado. En unos segundos, se estaba paseando delante de mí, con sus ojos oscuros clavados en Eliest.

Le dediqué un asentimiento y luego volví a mis preguntas. Teníamos poco tiempo.

—Beau, ¿por qué crees que Archie nos dijo que le preguntáramos a Elena por los Vulturis? ¿Ha estado él en Italia hace poco o algo parecido? ¿Qué podrá saber?

—Elena conoce todo lo referente a los Vulturis. Se me había olvidado de que tú no lo sabías. Ella formó parte de ellas. Por unas de las razones por la cual siempre le dijo a Carine que a ella la habían enviado por todo el mundo, para buscar "anomalías" como yo, ella simplemente se tropezó conmigo.

Siseé de forma involuntaria y Jules rugió a mi lado.

—¿Qué...? —le pregunté con la voz llena de exigencia, imaginándome a la hermosa mujer de pelo negro que había asistido a nuestra boda.

El rostro de Beau tenía ahora un aspecto más apacible e incluso sonrió un poquito.

—Elena es una persona muy buena. Hermosa y amable. No era del todo feliz con los Vulturis, pero respetaba la ley y la necesidad de defenderla. Sentía que estaba trabajando por el bien común y no lamenta nada del tiempo que pasó con ellos, pero cuando se encontró con Carlos, halló su lugar en el mundo. Son gente muy parecida, ambos son muy compasivos para ser vampiros —él sonrió de nuevo—. Se encontraron con Taras y sus hermanos y nunca miraron hacia atrás. Tenían madera para este nuevo estilo de vida. Si no se hubieran encontrado nunca con Taras, me imagino que habrían descubierto algún día por ellos mismos una manera de vivir sin sangre humana.

Las imágenes desentonaban en mi mente, no había forma de que pudiera calzarlas, ¿Un soldado de los Vulturis compasivo?

"¿Era una guerrera?"

Le eché una mirada Jules, que me había preguntado a mi asentí como reconocimiento, que está prestando atención.

—Jules pregunta si ella peleaba para la guardia.

—No, ella no era uno de sus guerreros, hablando en sentido estricto. Pero tiene un don que encontraban conveniente.

—¿Cuál es su don? —formule la pregunta de Jules "¿cuál es don de la chupasangre?"

—Ella tenía un instinto especial para captar los dones de los demás, las capacidades extraordinarias que disfrutan algunos vampiros —nos contestó—. Sabía darle a Sulpicia una idea general de lo que cada vampiro concreto era capaz de hacer sólo con estar en sus proximidades. Esto era muy conveniente cuando los Vulturis entraban en combate, si alguien en el aquelarre que se les enfrentaba tenía alguna habilidad que pudiera causarles algún problema. Pero claro, algo así era poco habitual, debía tratarse de una capacidad realmente sobresaliente para que supusiera un inconveniente para los Vulturis, ni siquiera durante un momento. Más a menudo, el aviso le servía a Sulpicia para salvar a aquellos enemigos que pudieran serle de utilidad. Hasta un cierto punto, el don de Elena funciona incluso con humanos. Ha de concentrarse mucho en ese caso, claro, porque la habilidad latente en un mortal es más confusa. Sulpicia le hacía probar a la gente que quería que se les uniera para ver si tenían algún potencial. Por eso sintió mucho su marcha.

—¿Le dejaron marchar? —le pregunté—. ¿Así porque sí?

Su sonrisa era ahora más sombría y algo torcida.

—Se supone que los Vulturis no son los villanos, como a ti te lo parecen. Son los cimientos de nuestra civilización y de la paz. Cada miembro de la guardia escoge servirles, y se trata de algo muy prestigioso. Todos se sienten orgullosos de estar allí, y no se les puede forzar a ello.

Miré al suelo con mala cara.

—En teoría sólo les parecen malvados y abyectos a los criminales, Edy.

—Nosotros no somos criminales.

"Por supuesto que no lo somo, malditos sanguijuelas"

—Ellos no lo saben.

—¿Crees de verdad que podemos hacer que se detengan el tiempo necesario para que nos escuchen?

Beau vaciló justo lo mínimo y después se encogió de hombros.

—Si encontramos suficientes amigos que nos apoyen, tal vez.

Sí. Repentinamente percibí la importancia de lo que teníamos que hacer ese día. Beau y yo comenzamos a movernos con más rapidez, hasta que por fin rompimos a correr y Jules nos siguió de modo inmediato.

—No creo que Taras tarde mucho más —comentó Beau—. Tenemos que estar preparados.

Pero ¿cómo nos íbamos a preparar? Organizamos las cosas una y otra vez, las pensamos y las volvimos a pensar. ¿Dejaríamos a Eliest a la vista o lo esconderíamos al principio? Y Jules ¿debería estar en la habitación o fuera? Él había ordenado a su manada que permaneciera cerca sin dejarse ver. ¿Haría él lo mismo?

Al final, Eliest, Jules —de nuevo en su forma humana— y yo, esperamos en el comedor, situado al otro lado de la esquina a la que daba la puerta principal, sentados ante la gran mesa de madera pulida. Jules me dejó que sostuviera a Eliest, quería espacio por si tenía que entrar en fase con rapidez.

Aunque estaba contenta de tenerlo entre mis brazos, aquello me hizo sentir inútil. Me recordó que, en una lucha con vampiros maduros, no era más que un objetivo fácil y no necesitaba tener las manos libres.

Intenté evocar a Taras, Kirill, Iván, Lauren, Carlos y Elena en la boda. Sus rostros aparecían opacos en mis recuerdos escasamente iluminados. Sólo sabía que eran hermosos, tres rubios, dos morenos y una pelinegro.

No podía rememorar si había algún rastro de amabilidad en sus ojos. Quizás en Lauren que la última vez que la había visto, tenía los ojos entre castaños dorados, motas rojas. Me peguntaba si había dominado en cierta forma la dieta vegetariana.

Beau se reclinó, inmóvil contra la pared donde estaba la ventana trasera, mirando con fijeza hacia la puerta principal, aunque no parecía que estuviera viéndola.

Escuche los pensamiento de seis vampiros, que eran como nuestro primos. ¿serviría algo ese título?

Escuchamos el zumbido del motor de los coches al pasar por la autovía, sin que ninguno de ellos disminuyera la velocidad.

Eliest se acomodó pegada a mi cuello, con la mano contra mi mejilla, pero sin imágenes en su mente. No tenía ninguna imagen para lo que sentía en esos momentos.

—¿Y qué pasará si no les gusto? —susurró y todos nuestros ojos se dirigieron hacia él.

—Claro que les... —comenzó a decir Jules, pero yo le silencié con una mirada.

—Ellos no comprenden tu existencia, Eliest, porque jamás se han encontrado con nadie como tú —le explico Beau, sin querer mentirle con promesas que podían no hacerse realidad—. El problema está en hacérselo entender.

El suspiró, y en mi mente relampaguearon imágenes de todos nosotros en un súbito y rápido pase. Vampiros, humanos, licántropos. El no encajaba en ningún sitio. A pesar de que él sabía que Beau se podía trasformar en humano y semi vampiro. El sabia eso era un don, no concordaba en lo que él era.

Antes que pudiera responderle escuche voz que me llamó la atención.

"¿Por qué nos abran pedido que vengamos? Tienes alguna idea. Escuche una voz preguntar. Me había llamado la atención, porque en su mente salía una vampiro de ojos dorados, y pelo rubio.

El hombre negó, varias veces frustrado. "Carine no dijo nada, solo que Beau y Edythe nos explicarían.

—Tú eres especial, y eso no es malo.

Escuché a Beau decirle a Eliest, mientras yo escuchaba a los demás.

Ellos no sabían a qué venia. Tal como le dijo Carine.

Mi pequeño hijo se negó a creer en las palabras de Beau. Pensó en nuestro de preocupación.

—Es culpa mía.

—No —Jules, Beau y yo lo dijimos los tres a la vez, al mismo tiempo, pero antes de que pudiéramos argumentar algo más, escuchamos el sonido que habíamos estado esperando: el de un motor que reducía la velocidad en la autovía y el de las cubiertas de las ruedas moviéndose del asfalto a la tierra.

Beau salió disparado hacia la esquina para esperarlos en la puerta y Eliest se escondió entre mi pelo. Jules y yo nos quedamos mirándonos el uno al otro a través de la mesa, con la desesperación pintada en las caras.

El coche se trasladó con rapidez a través del bosque. Le escuchamos atravesar el prado y pararse delante del porche delantero, y luego cómo se abrían las cuatro puertas y se cerraban. No hablaron mientras se aproximaban hacia la puerta y Beau la abrió antes de que llamaran.

—¡Beau —exclamó una voz masculina con entusiasmo.

Me preguntaba si Taras, seguiría molestando a Beau a pesar si se casaba. El no cambiara. Pensó Kirill.

—Hola, Taras. Kirill, Lauren, Iván, Elena, Carlos.

Los cinco murmuraron saludos.

Todos notaron que Beau, no había pedido que entraran a la casa. Estaban ansiosos por escuchar la razón por la que los necesitábamos tan urgentemente.

—Carine nos dijo que necesitaba hablar con nosotros de forma urgente —comentó la primera voz, Taras, y percibí que todos permanecían en el exterior de la casa.—. ¿Cuál es el problema? ¿Algún lío con las licántropas?

Jules puso los ojos en blanco. "Ja, no pueden pensar en otra cosa"

—No —replicó Beau—. Nuestra tregua con las mujeres lobas es más fuerte que nunca.

El hombre se echó a reír entre dientes.

—Si fueras más bueno mintiendo, el misterio te resultaría —dijo Taras y después continuó hablando sin esperar respuesta—. ¿Dónde está Carine?

—Ha tenido que marcharse.

Un pánico de pensamiento se hizo presente, tanto que tuve concentrarme en enfocarme separarlo, no había tomado mucho importancia los pensamiento de Lauren, pero ella también esta sorprendida, haciendo preguntas.

Se hizo un corto silencio.

—¿Qué es lo que está pasando, Beau? —inquirió Taras con voz exigente.

—Si me concedierais el beneficio de la duda durante unos cuantos minutos —respondió él—. Tengo algo difícil que explicar, y necesito que mantengáis una actitud abierta hasta que podáis entenderlo.

—¿Carine está bien? —preguntó una voz femenina con ansiedad. Elena.

—Ninguno de nosotros se encuentra bien, Elena —le informó Beau y después palmeo el hombro de la mujer—. Pero al menos físicamente, sí, se encuentra bien.

—¿Físicamente? —preguntó Taras de repente—. ¿Qué quieres decir?

—Que toda mi familia corre un peligro muy grave, pero antes de que me explique, os pido que me prometáis que lo escuchareis todo antes de reaccionar. Os suplico que oigáis toda la historia primero.

Edythe, se me apretaron las tripas, no puedo soportarlo…Jules me vio directamente ojos.

—Estamos escuchando —dijo Taras al fin—. Lo escucharemos todo antes de juzgar nada.

—Gracias, Taras —repuso Beau con fervor—. No os habríamos implicado en esto de haber tenido otra posibilidad.

Beau se puso en marcha y percibimos cuatro pares de pasos cruzando la entrada.

Alguien olisqueó.

Huy, huele repugnante, ¿cómo soportan eso?, sé que Beau es raro, pero soportar este olor. Taras estaba arrugando la nariz con desagrado. Aunque un parte de mi tenía admitir que el primer impacto del olor de Jules era pesado.

—Ya sabía que esos licántropos tenían que estar en el asunto —masculló Taras.

—Sí, y están de nuestro lado. Otra vez.

Lauren e Iván se escogieron al notar el tono acusador de Beau, Jules sonrió.

El recuerdo de lo sucedido silenció a Taras.

—¿Dónde está tu Edythe? —inquirió Carlos, era que estaba al lado de Elena—. ¿Cómo se encuentra?

—Se nos unirá pronto. Y ella está bien, gracias. Se ha incorporado a la inmortalidad con una sorprendente finura.

Taras estaba pensando en mi "seguro será hermosa, como humana era deslumbrante. Una mujer con mucha seguridad"

—Cuéntanos en qué consiste el peligro, Beau —solicitó Taras—. Todos te escucharemos y estaremos de vuestro lado, donde pertenecemos.

Beau se mordió el labio, asintió como para darse valor.

—Prestad atención... en la otra habitación. ¿Qué oís?

Se hizo un nuevo silencio y después algo se puso en movimiento.

Hay una mujer lobo, eso está claro. Pero… hay algo más. Pensó Lauren confundida, ella no había querido hablar, pero pensó para limpiar las espereza con nosotros hablaría.

—Un hombre lobo. Puedo oír su corazón —contesto Lauren, antes que Taras.

—¿Qué más? —preguntó Beau.

Se hizo una pausa.

—¿Qué es ese sonido como de repiqueteo? —preguntó Kirill—. ¿Es... alguna clase de pájaro?

—No, pero recordad que lo habéis oído. Ahora, ¿qué oléis? Además del licántropo.

—¿Hay ahí un humano? —susurró Elena.

—No —Taras expresó su desacuerdo—. No es humano, pero... es más cercano a lo humano que el resto de los olores que hay por aquí. ¿Qué es Beau? No creo que haya olido nada igual en toda mi vida.

—Seguro que no, Taras. Por favor, por favor, Necesito que me dejen explicarles antes que saquen ideas equivocadas.

—Te prometimos que te escucharíamos, Beau.

—Muy bien, entonces ¿Edythe? Tráenos a Eliest, por favor.

Sentí las piernas extrañamente dormidas, pero sabía que esa sensación sólo estaba en mi cabeza. Me forcé a no refrenarme, a no moverme con lentitud cuando me puse en pie y caminé los pocos pasos que había hasta la esquina. El calor del cuerpo de Jules flameó muy cerca de mí mientras me seguía.

Di un paso más hacia la habitación grande y entonces me detuve, incapaz de caminar más.

Eliest inhaló en profundidad y después se asomó para mirar por debajo de mi pelo, con sus pequeños hombros tensos, esperando ser rechazado.

Pensé que me había preparado para su reacción, para las acusaciones, los gritos, para la inmovilidad del estrés agudo.

Taras saltó hacia atrás cuatro pasos, con sus pelo rizado pequeños destellos fresas, como un humano que se enfrentara a una serpiente venenosa. Kirill también recorrió a saltos hacia atrás todo el camino hacia la puerta principal y tanteó a ciegas para ver dónde tenía la pared a sus espaldas. De entre sus dientes apretados brotó un siseo mezcla de sorpresa y miedo. Iván se agazapo delante de Lauren haciendo que retrocediera. Carlos había ello lo mismo protegiendo a Elena.

¿¡Que!?...no puede hacer..

Como pudieron hacer esto..

Todos los pensamiento eran terror e incredulidad, no podían creer que lo que habíamos hecho. A pesar de que Carlos protegía Elena ella intenta entendernos. Y Lauren que parecía más curiosa, viendo con detenimiento a Eliest…

Los ojos…sus rasgos o es un pariente de la huma…la esposa del chico, o…quizás el rumor era verdadero.

—Oh, por favor —escuché quejarse a Jules para sus adentros.

Beau puso el brazo alrededor de mí y de Eliest.

—Prometisteis escuchar —les recordó.

—¡Hay algunas cosas que no deben escucharse! —exclamó Taras—. ¿Cómo has podido, Beau? ¿Es que no sabes lo que esto significa?

—Tenemos que salir de aquí —replicó Kirill con ansiedad, con la mano en el pomo de la puerta.

—Beau... —Elena parecía encontrarse más allá de las palabras. Su mente estaba en blanco, más bien intentando no pensar como nos masacraría.

Carlos había bajado su postura, solo había puesto a la defensiva a ver su familia ponerse en posición en peligro. Pero el nunca había visto un niño inmortal, esa era razón por la que estaba escuchando con atención.

Huele… como Beau, pero cuando tiene los ojos azules, pero…hay algo diferente. Carlos pensó, que Beau había trasformado alguien. No pude evitar en entrar pánico, porque si alguien más pensaba así, pensaría que había trasformado a Eliest. No crearían en nuestra palabra.

—Esperad —dijo Beau, con la voz endurecida ahora—. Recordad lo que oísteis, lo que olisteis. Eliest no es lo que creéis.

No es lo que crees. Pensó Carlos.

Ahaa, entonces es verdad. Es niño biológico. Lauren estaba moviendo despacio para ver mejor A Eliest. Puedo sentir que el niño tiene una gran importancia para el clan o familia, puedo sentirlo, no es él toma decisiones por supuesto, pero darian la vida por ese niño.

—No hay excepciones a la regla Beau. —replicó Taras con brusquedad.

—Taras —replicó Beau con dureza—, ¡has oído el sonido de su corazón! Para y piensa en lo que eso significa.

—Puedes transformarte en humano, acaso crees que soy estúpido—dijo siseando, retrocediendo.

—¿El latido de su corazón? —susurró Carlos, mirando fijamente a Eliest. Podía ver que el también alguna vez estuvo en efecto en don de Beau, pero el olor era diferente. El olor de un vampiro trasformado en humano cambiaba constantemente, siempre era más humano o más vampiro. Pero Eliest seguí oliendo el mismo olor.

Lauren, bufo un poco molesta. Enfoque mi vista en ella, ya que parecía que se estaba hartando. Durante su vida había presenciado cosas horrible, hasta había convivido con Víctor que le gustaba torturar a los humanos antes de comerlos, así que en su mente sabía que no éramos un peligro salió de tras de Iván, para ver más cerca Eliest…

—Lauren—grito Iván con pánico.

—Cálmate cariño, quizás deberías darle la duda a vuestro primo—dijo sonriendo a Eliest, su mente era tan llena de avaricia y ganas de poder, que había actuado por instinto al acercarse a la fuente, por la que moríamos sin pensarlo. Estaba fascinada— Creí que era rumor, simple palabrerías. Como cuentos humanos

Los cinco vampiros se le quedaron mirando como si estuviera hablando en un idioma ininteligible para todos ellos.

—Un niño concebido de manera natural—dijo sonriéndole a Eliest con cariño.

—Laurent, no puedes esperar de nosotros que... —comenzó Elena a hablar.

—Pues dame otra explicación que te encaje, Elena. Si abrieran más su olfato. Aparte de repúgnate olor de perro claro. —pero miro con cierto reojo Jules, algo sorprendida al sentir que ella tipo control en alguna jerarquía. — huele, Beau y Edythe. Sangre de ella corre por sus venas, no hay cambio en su olor.

Iván avanzo hacia su pareja, haciendo que la mirara, Lauren parpadeo cuando se había deslumbrado por Eliest. Era como una polilla a una bombilla. Iván conocía el cierto don de Lauren como sabia quien tenía cierto poder dentro clan, era algo solo se lo había contado a él.

—Que rumor—dijo Iván…algo celoso, él quería saber todo de Lauren, sentía cuando le ocultaba algún secreto era porque no confiaba en él, aun le sabia mal de boca cuando Lauren nos había traicionado. La amaba, mucho más de lo que hacía antes.

—Decía que un vampiro macho puede tener una hijo con una humana, ya que ellas pueden cambiar sus cuerpos. Solo los vampiro macho puede dejar decendencia. Lo escuche de mi creador. Pero solo lo tome como un chiste. —se escogía de hombros—no le di vuelta a ese pensamiento de nuevo—le sonrió a Eliest, brillantemente, Eliest se empezó sentir bien… especial.

—¿Cómo ha sucedido esto? —preguntó Kirill, casi sin aliento.

—Edythe es su madre biológica — le contestó Beau—. Concibió, la llevó en su seno, y dio a luz a Eliest mientras todavía era humana. Eso casi la mató, pero Eliest la mordió al nacer, justo en el cuello dándome el tiempo necesario para introducir una cantidad suficiente de ponzoña en su corazón para salvarla.

—Nunca había oído hablar de una cosa así —replicó Elena viendo a Lauren. Tenía todavía los hombros rígidos y una expresión fría en el semblante.

—Nunca has sido un nómade, —Lauren hablo con calma, mientras volvía acercar más a mí y a Eliest. — nadie te confirmaría o te contaría esa información al ser un Vulturi o fuiste antes, si quieren mantener sus cabezas en cuello—Elena suspiro, pude reconocer un poco de fastidio. Lauren había querido ser Vulturi porque eso era lo más cerca de la grandeza. —no es como si fuera un secreto a voces, ni siquiera se menciona. — Lauren suspiro para controlar un poco su envidia—Fíjate bien ahora, Elena. Seguro que puedes apreciar el parecido. —Lauren rodo los ojos por el escándalo. No lo dijo, porque sabía Iván iba salir dolido. Lauren nunca había perdido a nadie, tampoco se había aferrado a alguien demasiado tiempo. Cierta forma estaba intentada duramente entender a los hermanos por su perdida.

Lauren, ya no soporto no poder acercarse Eliest. Se acerco completamente a nosotros.

—Parece que tienes los ojos de tu padre —comentó con una voz tranquila y baja—, pero el rostro de tu madre —y después, como si no hubiera podido evitarlo, le sonrió.

La sonrisa de Eliest en respuesta fue deslumbrante. Rozó mi rostro sin apartar la mirada de Lauren. Quería tocar el rostro de Lauren, pero no sabía si eso está bien. Aunque como se había comportado Lauren sabia ella no le molestaría tener más su atención.

—¿Te importaría que el mismo Eliest te lo cuente? —le pregunté a Lauren. Todavía estaba demasiado tensa para poder hablar en voz más alta que un simple susurro—. Tiene un don para explicar las cosas.

Carlos, también por la curiosidad y para ver mejor a Eliest se acercó al fin. Carlos sonrió a mi pequeño. Él se encontrará feliz que más personas le agradaran.

—¿Hablas, pequeño?

—Sí —respondió con su aguda voz de soprano. Toda la familia de Taras se estremeció ante el sonido de su voz, salvo Carlos y Lauren—. Pero puedo mostrarte más cosas de las que puedo contar.

Colocó sus pequeñas manos, en los rostros de Lauren y Carlos.

La vampira y el vampiro se envararon como si le hubieran aplicado una corriente eléctrica. Iván estuvo a su lado en un instante, con las manos en sus hombros como si fuera a apartarla con brusquedad.

—Espera —exigió Lauren casi sin aliento, con sus ojos que no pestañeaban fijos en Eliest.

La niña le «mostró» a Lauren y Carlos su explicación durante un buen rato. El rostro de Beau permaneció atento mientras observaba, y yo estaba viendo todo lo que mostraba nuestro hijo a estos dos vampiros, en este momento eran los únicos no recelosos y dispuesto a escuchar.

Eliest mostro imágenes ellos, que creía convenientes. Cada día que él había nacido, la primera vez que había visto y el rostro de Beau, y supo era su padre. Cuando fue colocado en mis brazos la primera vez, lo emocionado que estaba de verme y escuchar mi voz, como se había admirado de mi belleza. La primera vez que le cante, la primera vez que le mostramos su recamara. Cuando Beau le leía cuentos. Les mostro a cada miembro de nuestra familia, su abuela humana, las lobas, los paseo, las risas, como entendía que no había lastimar a los humanos. La primera vez que camino, la primera vez que hablo.

Jules se removió inquieta. Intentando saber lo que Eliest le estaba mostrando.

—¿Qué le está enseñando Eli? —gruñó entre dientes.

—Todo —murmure.

Pasó otro minuto y Eliest dejó caer las manos del rostro de los dos vampiros y los cuales parecía sonriente.

—Realmente es tu hijo, ¿a que sí? —comentó Carlos casi sin aliento, moviendo sus grandes ojos de color topacio al rostro de Beau, después me miro sonriendo—, ¡qué don tan vivo! Esto sólo podía venir de un padre buen dotado.

—¿Crees lo que te ha contado? —pregunte subiendo al final mi voz.

—Sin ninguna duda —replicó Carlos con sencillez. Lauren aun seguía viendo deslumbrada Eliest. Tuvo que mover varias veces su cabeza para controlarse. El rostro de Elena estaba rígido de la angustia.

—¡Carlos!

Él le cogió las manos con las suyas y se las apretó.

—Aunque parezca imposible, Beau no nos ha dicho más que la verdad. Deja que el niño te lo muestre.

Carlos empujó a Elena hacia mí y luego asintió a Eliest.

—Enséñaselo, querido mío.

Eliest sonrió de oreja a oreja, de alegría por la aceptación de Carlos y Lauren, y tocó a Elena en la frente con un toque ligero.

—¡Ay, caray! — escupió ella, y saltó hacia atrás.

—¿Qué es lo que te ha hecho? —inquirió Taras al tiempo que se acercaba, embargad por la preocupación. Kirill también se deslizó hacia delante.

—Sólo está intentando mostrarte su lado de la historia—le dijo Carlos con voz tranquilizadora.

Eliest frunció el ceño con impaciencia. Había estirado su mano para que Elena se le dejara mostrar.

—Ven, mira, por favor —le ordenó a Elena. Le extendió la mano y después dejó unos cuantos centímetros entre sus dedos y su rostro, esperando.

Elena le echó una ojeada suspicaz y después clavó sus ojos en Carlos buscando su ayuda.

El asintió para darle ánimos. La vampira inhaló un gran trago de aire y después se inclinó hacia el hasta que su frente tocó la pequeña mano otra vez.

Ella se estremeció cuando en el proceso comenzó, pero se quedó quieta en esta ocasión, con los ojos cerrados, concentrada.

—Ahhh —suspiró cuando sus ojos se reabrieron unos cuantos minutos más tarde, después que Eliest le mostrara lo mismo que a los vampiros.—. Ya veo.

Eliest le sonrió. Ella le dio una sonrisa forzada sin saber que pensar de nuevo.

—¿Elena? —preguntó Taras.

—Es todo cierto, Taras. No es una niño inmortal, es semihumano originalmente, sin el don de Beau. Ven. Míralo por ti mismo.

En silencio, Taras acudió a su vez para colocarse delante del niño con ademán precavido y después Kirill y Iván, se mostrando sorpresa cuando les llegó la primera imagen al contacto de Eliest; pero luego, en cuanto terminó, parecieron del todo convencidos, igual que Carlos, Lauren y Elena.

Beau me dirigió una mirada, preguntándome si todo esto era tan fácil como se estaba dando. Asentí confirmado sus pensamiento.

—Gracias por escucharnos —dijo con voz serena.

—Pero aún existe el grave peligro del que nos hablaste —le dijo Taras a su vez—, ya veo que no procede directamente de este niño, pero entonces ha de proceder de los Vulturis. ¿Cómo han llegado a saber de él? ¿Cuándo vendrán?

Debe ser pronto, si Carine llamo con tanta impaciencia.

—Los Vulturis enviaron a Deméter, para verificar si Edythe se había transformado, ella estaba en las montañas —le explicó Beau —, tenía a Eliest con ella.

Lauren hizo sonido como si la estrangulada, angustiada. Ella no le gustaba peligro, lo odiaba la verdad. Había detestado cuando se unía vampiros que jugaban con peligro, ella se exponía.

—Esto es malo—susurro más para sí misma para el resto—¿Con cuanto tiempo contas?

—Archie nos ha dado un mes de plazo.

Tanto como los 3 hermanos y Lauren fruncieron el ceño. No creyendo que los Vulturis dieran tanto tiempo.

—¿Tanto tiempo? —preguntó Elena.

—Vienen todos juntos y eso requiere una cierta preparación previa.

Elena soltó un jadeo.

—¿La guardia completa?

—No sólo la guardia —replicó Beau, con las mandíbulas apretadas—. Sulpicia, Athenodora y Marcos. Las parejas de algunos de los guardias.

La sorpresa relampagueó en los ojos de todos los vampiros.

—Imposible —repuso Elena sin podérselo creer.

—Justo lo que yo dije hace dos días —comentó Beau sin mucho humor..

La vampira puso muy mala cara y cuando habló lo que surgió fue casi un rugido.

—Pero eso no tiene sentido alguno. Ellas casi nunca dejan el castillo ¿Por qué se iban a poner ellos mismas en peligro?

—No tiene ningún sentido desde ese punto de vista. Archie dijo que se trataba de algo más que un simple castigo por lo que creían que habíamos hecho. Él pensó que tú podrías ayudarnos. —dije.

—¿Más que un castigo? Pero ¿qué otra cosa puede ser?

Elena comenzó a caminar de un lado para otro, dirigiéndose primero hacia la puerta y luego hacia atrás como si estuviera solo en la habitación, con las cejas fruncidas mientras miraba hacia el suelo. Sus pensamiento primeros eran sobre por qué Archie había dicho eso. Para después pensar que era lo quería Sulpicia, ella cierta forma era igual Aro, solo intentado que la avaricia del poder no la gobernara, no quería terminar como su esposo.

—¿Dónde están los demás, Beau? ¿Carine, Archie y los otros? —preguntó Taras.

Beau dudo unos segundo.

—Buscando a amigos capaces y dispuestos a ayudarnos.

Taras se inclinó hacia él, adelantando las manos en su dirección.

—Beau, eres mi amigo. Pero no importa cuántos amigos consigas reunir, no podemos ayudarte a ganar. Sólo podemos morir contigo. Debes saber eso.

Beau sacudió la cabeza con rapidez.

—No os vamos a pedir que luchéis y muráis con nosotros, Taras. Ya sabes que Carine jamás solicitaría una cosa así.

—Entonces, ¿Qué nos piden? Solo puedo ver mi cabeza rodando en la nieve— dijo Lauren con tranquilidad, aunque por dentro está en pánico.

—Simplemente estamos buscando testigos. Si les podemos detener, aunque sea por un momento, si dejan que nos expliquemos... —tocó la mejilla de Eliest y el agarró su mano y la mantuvo apretada contra su piel. Todo saldrá bien, papi—. Es difícil dudar de nuestra historia cuando la ves por ti mismo.

Lauren asintió con lentitud.

—El caso de los vampiro bebes, es complicado—dijo Lauren— no estuve ahí, pero puedo hacerme una idea por lo he escuchado. La regla dice no se puede trasformar un vampiro niño, ya que no se controlan. Pero este criatura no luce salvaje. La pregunta esta—dijo voz melosa— ¿a ellas les importara?

—Sólo en la medida en que amenace su futuro. El sentido de mantener la restricción estaba en protegernos de quedar expuestos y de los excesos de los niños que no podían educarse.

—Yo no soy peligroso en absoluto —intervino Eliest. Escuché su voz alta y clara con nuevos oídos, imaginando cómo sonaría a los demás—. Nunca le he hecho daño a la abuelita. Me encantan los humanos. Y las lobas como mi Jules —el dejó caer la mano de Beau hacia atrás y dio una palmadita al brazo de Jules, sonriéndole.

Los hermanos se preguntaban por qué Jules estaba a qui.

—Si Deméter no hubiera venido tan pronto —musitó Beau—, nos podríamos haber evitado todo esto. Eliest crece a un ritmo sin precedentes. Cuando pase este mes, habrá ganado otro año de desarrollo.

—Bueno, eso es algo que lograremos atestiguar sin ninguna duda —replicó Carlos en tono decidido—. Podemos prometer que lo hemos visto madurar por nosotros mismos. ¿Cómo iban a ignorar los Vulturis una evidencia como ésa?

Elena masculló entre dientes. Lauren alzo los ojos con burla.

"Poder" pensó Lauren, miro de reojo a Beau, "Iván dijo tiene un don de bloqueo de poder mentales, pero no lo quiso potenciar. Si es así. Entonces puede ver a donde quiere llegar Sulpicia, sin contar con el chico vidente. "

Los pensamiento de Elena no estaba tan alejado de la realidad.

—¿Cómo, en verdad? —pero no alzó la mirada y continuó paseándose como si no estuviera prestando atención en absoluto.

—Sí, os serviremos de testigos —admitió Taras—. Al menos eso sí. Y consideraremos qué otras cosas hacer.

—Taras —protestó Beau, adivinando adonde Iván sus pensamiento. Era luchar—, no esperamos que luchéis con nosotros.

—Si los Vulturis no se detienen lo suficiente para escuchar nuestra declaración, no nos vamos a quedar de brazos cruzados —insistió Tanya—. Aunque claro, yo sólo puedo hablar por mí mismo.

Kirill resopló.

—¿Realmente dudas tanto de mí, hermano?

Taras le dirigió una gran sonrisa.

—Después de todo, es una misión suicida.

Kirill le devolvió otra sonrisa y después se encogió de hombros con indiferencia.

—Yo también estaré.

Iván miro a Lauren, esta solo se estremeció. No sabía qué hacer, era algo suicidio puro, según sus pensamiento. Lauren era una mujer ansiaba estar cerca del poder. Los Vulturis era algo que ella quería ser… pero era antes de pasar todo su cambio de dieta, no había cambiado sus ansias del poder, de poder tocar la gloria y sentirse poderosa, pero el cambio de dieta le había ver más haya, ella era importante, si, para Iván. Extrañamente se sentía satisfecha con ese giro.

Toda su vida vampira y humana no había hecho conexiones para así seguir subiendo de posición. No le había importado abandonar y traccionar Víctor. Pero ahora, pensar que tenía dejar todo lo que había logrado, la tranquilidad que tenía…a Iván… se apretó el corazón. Dio una sonrisa triste a Iván. "bueno, ciertamente al menos, puedo permanecer a un clan que se ha revelo a los Vulturis"

—Que clase pareja seria si privara de ayudar a los nuestro—dijo melodiosamente. Clan denali estaba sorprendido. En especial Taras, él pensaba que Lauren saldría corriendo, hacer alianza con los Vulturis.

"quizás debería empezarla verla como mi hermana" pensó cierto arrepentimiento, no había comportado bien con Lauren después de la traición a nuestra familia.

—Y yo haré todo lo que pueda para proteger al niño —acordó también Carlos sonriendo a Lauren para intentar quitar como los ojos incrédulos se posaban en Lauren.. Y luego, como si no se pudiera resistir, tendió las manos hacia Eliest—. ¿Me dejas que te coja, mi precioso bebé?

Eliest se inclinó decidido hacia Carlos, encantada de haber hecho una nuevo amigo. El vampiro lo abrazó con fuerza, murmurándole algo en español.

Me permití que la esperanza floreciera, y si todo salía bien. Si mi familia se lograba salvar. Porque no solo era a vida de Beau, sino también de mi hijo, y mi familia entera.

Durante unos segundo, pude ver brillo de esperanza en Beau, pero eso lo tomo segundo cuando se apoyó, dejando unos ojos melancólico.