Haz como los RomaNOs - Parte 1

15 de septiembre (Inglaterra, Londres)

Inglaterra ha tenido una semana muy ocupada. Las reuniones mundiales eran "necesarias" pero siempre provocaban que el trabajo en casa se acumulara a montones, y el inglés sabía que tomaría un tiempo hasta que la situación se regulara lo suficiente para tener un horario laboral más saludable. Hoy en día su secretaria lo había convencido para que fuera a casa durante la hora del almuerzo y el no pudo evitar aceptar.

Estaba tan agotado. No es que se quejara, bueno, lo hacía, pero solo mentalmente, era una nación con muchos siglos de experiencia y ya estaba acostumbrado a poner a su país por sobre sí mismo, eran los gajes del oficio.

El taxi que su secretaria llamo de antemano ya lo estaba esperando frente a las puertas de la oficina, y el inglés soltó un suspiro de alivio mientras se aferraba a su maletín y procedía a subir al vehículo con su celular en mano.

El nombre de su secretaria: Alice, apareció predeciblemente en la pantalla y la nación inglesa no se demoró en atender.

- Estoy dirigiéndome a casa, si, gracias Alice. Hmm, no, no es necesario. Ah, uh-huh, dile que tiene hasta el fin de semana para entregarme el reporte. No es tan importante, no hay razón para presionarlos, están lo suficientemente atareados. Si, si, diez y quince es perfecto.

El auto comenzó a moverse, pero el inglés no se perturbo, acostumbrado a que su secretaria se haya encargado de todos los detalles de su viaje.

- Aja, eso estaría bien. ¿Tienes el número de su asistente, verdad? Excelente. Haz una cita para la próxima semana, busca un lugar en mi agenda. Hm, ¿el encargo? uh-huh, escucho...

La llamada se extendió y ocupo toda su atención, su asistente era muy capaz, pero a él le gustaba chequear que todo estuviera en orden para no llevarse alguna sorpresa inesperada.

Una sorpresa inesperada como la que se llevó en cuanto el taxi finalmente se aparcó.

- ¿Huh? ¿por qué estamos en el aeropuerto? –Cuestiono perplejo, mirando por la ventanilla el bullicio. Señales de alarma se encendieron en su mente.

- ¿Para qué más podríamos estar en un maldito aeropuerto, bastardo? –Respondió el conductor quien se giró en su asiento para verlo.- Tenemos un avión que abordar.

- ¡¿R-R-R-Romano?!

La nación italiana bufo, desabrocho su cinturón de seguridad y salió del auto.

- Sal ya del auto, idiota. -Ordeno cerrando la puerta del conductor con brusquedad.

Aun conmocionado, Inglaterra salió del taxi observando como Romano se dispuso a abrir la cajuela.

- ¿Dónde conseguiste... ? ¿cómo es que tú.. ? ¿y estas maletas?

- Esta es mía, y esta es la tuya, maldita sea. –Indico con molestia, empujando "su" maleta en los brazos del inglés, quien parpadeo aun sin comprender que estaba sucediendo.- Enserio que necesitas actualizar tu estúpido guardarropas. ¿Sabes lo mucho me costó encontrar algo decente, maldición?

- ¡¿E-Es esto una broma?! ¡Me secuestras y saqueas mi casa, tu-.. !

- ¡Cierra la boca! -Exigió irritado.- No es un jodido secuestro, no exageres.

- ¡No exagero, imbécil! ¡¿Qué diablos tramas?!

El italiano lo ignoro a favor de ver su reloj y procedió a chasquear la lengua.

- Joder, hay que apurarnos. –Empujándolo hacia el aeropuerto.- Andando, bastardo.

- ¡No voy a dar ni un paso hasta que me expliques que está pasando! -Exclamo clavando sus talones en el suelo para evitar ser arrastrado.

Romano soltó un largo quejido quejumbroso, alzando sus manos con exasperación, y dijo:

- Vamos a ir a Canadá, bastardo, para asistir mañana al estúpido partido de hockey de Matt.

- ¿Cual partido de hockey? –Pregunto Inglaterra, definitivamente sin esperar esa respuesta.

- ¡El que juega contra ese bastardo bebedor de vodka! ¡Mateo quería invitarte, pero siendo el estúpido que es, no lo hizo porque se enteró de que estabas jodidamente ocupado en el trabajo y no quería molestarte, maldita sea!

- Así que... espera un minuto. ¿Compraste pasajes, viniste a Inglaterra a buscarme, hiciste mi maleta y me trajiste al aeropuerto solo para que mañana yo pudiera estar allí para Matthew? –Cuestiono con una expresión totalmente incrédula y un poco impresionada.

La nación italiana debió haber notado como se reflejaron sus acciones, porque un terrible rubor avergonzado inundo su rostro, lamentablemente el inglés apenas pudo apreciarlo ya que un fuerte empujón lo desequilibro haciéndolo tropezar con su maleta.

- ¡L-Lo hice por Mateo, joder! ¡No empieces a imaginarte cualquier cosa, bastardo! –Grito alejándose rápidamente hacia la entrada del aeropuerto, confiando en que el inglés que ahora estaba enfurruñándose en el suelo lo seguiría.


(Canadá)

Estados unidos estaba un poco molesto.

- ¡Kesesesese!

Tacha eso, Estados Unidos estaba molesto, frustrado e irritado desde que puso un pie en esta casa y recordó todo el asuntillo de Prusia siendo el "novio secreto" de su gemelo.

"¿Era mucho pedir que todo fuera una broma elaborada del canadiense para incomodarlo? ¿Alguna tortuosa manera de vengarse por algo que haya hecho y olvido compensar?", es lo que pensó la nación norteamericana.

- Bien, bien. -Cedió el canadiense, ofreciendo un sorbo de su te helado a Prusia.- Si querías uno debiste habérmelo dicho antes.

El prusiano solo sonrió asegurándose de girar el vaso y beber del mismo lugar que previamente Canadá había apoyado sus labios. El canadiense lo noto, abriendo los ojos y sonrojándose ante el beso indirecto para nada accidental.

- Delicioso. -Elogio lamiéndose los labios, y por la mirada en sus ojos estaba claro que no se estaba refiriendo al te helado.

Estados Unidos apenas reprimió el escalofrió consecuente.

"De todas las naciones,.. ¿por qué tenía que elegir a alguien como Prusia?", se quejó mentalmente. Seguro, no era un mal tipo, admitió el estadounidense, pero tenía una personalidad que no parecía encajar para nada con lo que era Canadá: Siempre gentil, atento, familiar, educado, cariñoso, de una sólida voluntad y lleno de buenos deseos e intenciones.

Y mientras tanto Prusia era tan.. Prusia.

- ¿Sucede algo, Al? ¿Quieres más jugo de naranja? -Pregunto repentinamente Canadá sacando a su gemelo de sus pensamientos.

Estados Unidos no respondió, solo se concentró en su gemelo y su cálido tono afectuoso y el brillo gentil en sus ojos.

Canadá seguía siendo Canadá, de eso estaba seguro. Quizás un poco más seguro y confiado, más firme en sus pies y sin esa triste aura que solía seguirlo a donde sea que valla y a toda hora.

"¿Prusia había sido en parte responsable de ese cambio?", Estados Unidos se pregunta, analiza y admite a regañadientes que puede que haya algo de verdad en ello.

- ¿Al? -Llamo su atención el canadiense, preocupado por su falta de respuesta.

- Nah, estoy bien. ¡Pero si quiero más galletas, son geniales!

Canadá sonrió y con un movimiento rápido de manos hace que Prusia suelte las galletas que se había apropiado en su distracción, regañándolo suavemente sobre como las galletas eran para compartir y como él había tenido más que suficientes para amortiguar el hambre hasta la cena.

Prusia se queja y hace pucheros, adecuadamente amonestado ya que no intento robar ninguna más. Por su parte, Estados Unidos se asegura de darle un crujiente mordisco a sus galletas, soltando unos gemidos un poco exagerados para exaltar su disfrute y frotarle en la cara como su hermano no intenta detenerlo cuando casi vacía el jarrón de galletas.

El estadounidense no pensaba aprobar a Prusia tan rápido, su hermano merecía lo mejor de lo mejor y se aseguraría de que el prusiano cumpliera con esas expectativas.


Sealand miro la bonita vista que tenía la ventana del cómodo departamento en que ha estado viviendo desde hace un par de días. Las vacaciones improvisadas fueron una sorpresa bienvenida y la pequeña micronación siempre estaba entusiasmado de poder conocer otros paises aparte del de su familia extendida.

Esta no era la primera vez de Sealand en este país, pero siendo tan grande, seguía siendo un nuevo lugar y tenía mucho por conocer. Era una lástima, se decía el joven, que su "hermano" no compartiera su opinión.

- Mamá dijo que no podías usar tu celular si no terminabas la tarea. -Dijo imitando inconscientemente un tono de regaño familiar.

- El también dijo que dejaras de llamarlo así, ¿sabes? -Replico Ladonia quien estaba recostado en el sofá, jugando algún tipo de juego difícil o eso parecía delatar la expresión de concentración que tenía.

- Papá dice que mamá solo está siendo tímido. -Dice la micronación yendo al sofá, donde se dejó caer con un suspiro de aburrimiento.- Oye, ¡al menos comparteme la contraseña del wifi!

- Nah. -Dijo sin pensarlo demasiado, ni apartar su atención del celular.-Consíguela tú mismo.

- ¡Pero-.. !

El timbre interrumpió la disputa, provocando que ambas micronaciones compartieran una mirada curiosa.

- ¿Volvieron temprano? -Cuestiono Sealand encogiéndose de hombros.

- Ellos tienen llaves. -Respondió a sabiendas Ladonia.

- Sera el repartidor.

- No pedimos comida, bobo.

- ¡Yo iré! -Anuncio Sealand entonces cuando el timbre volvió a escucharse.

- ¡Al menos mira a ver quién es antes de abrir la puerta, es autoconservación para niños 101! -Le grito Ladonia exasperado desde el sofá.

- Tsk, lo sé, cielos. ¿Qué tan tonto crees que soy?

- ¿De verdad quieres saberlo?

- Callate.

Arrastrando una banqueta cercana a la puerta para subirse, Sealand observo por la mirilla.

- ¿Y bien? -Pregunto Ladonia curioso, pero sin moverse de su sitio.

- Oh.

- ¿Oh?

- Es aquel de los fuegos artificiales, ya sabes, el chico piromaniquio. -Finalmente reconoció la micronación, bajando al suelo de un salto, apartando la banqueta y procediendo a buscar las llaves.

- Piromaníaco. -Corrigió de forma automática, antes de preguntar.- ¿Que hace aquí? Su país no está precisamente cerca que digamos.

- ¡Se lo preguntare! -Exclamo Sealand sacudiendo victoriosamente las llaves de la entrada.


Prusia era impresionante, todos lo sabían o al menos el prusiano se había encargado de hacérselo saber a todo el mundo. Impresionante como el viejo Fritz o como los panqueques de Canadá, era un hecho innegable y eso es algo que Estados Unidos debía aceptar tarde o temprano.

- ¡Kesesesese! ¡gane otra vez! ¡Soy impresionante!

- ¡No es justo, haces trampa, lo se! –Exclamo el estadounidense apretando el mando con más fuerza de la necesaria.- ¡Mattieee! ¡Tu estúpido novio está haciendo trampa!

Canadá asomo la cabeza desde la cocina, vistiendo un delantal floreado por sobre su cómoda ropa de casa.

- Solo es un videojuego, Al. –Le recordó el canadiense no por primera vez.- ¿Por qué en vez de jugar en contra, no juegan en equipo, eh? Estoy seguro que será más divertido para ambos.

- Lo dudo, ganarle es muuuucho más divertido. –Respondió el prusiano con una sonrisa engreída, que solo hizo que el canadiense rodara los ojos antes de regresar a la cocina.

Estados Unidos en cambio se ilumino ante la idea, palmeando amigablemente la espalda de Prusia con entusiasmo.

- ¡Ya lo oíste! ¡serás el apoyo del héroe, Gilbert!

Haciendo una mueca por la fuerza detrás del golpe, el prusiano frunció el ceño y cruzo sus brazos en forma de "X".

- De ninguna manera.

- ¡Mattiee! ¡Él no quiere cooperar!

Canadá volvió a reaparecer esta vez visiblemente malhumorado.

- Talvez han jugado suficientes videojuegos por hoy, ¿por qué no mejor los pongo a hacer tareas?

Las dos naciones frente al televisor intercambiaron una mirada, llegando a un acuerdo sin necesidad de palabras.

- Pongamos la misión cooperativa más difícil.

- Hagamos una competencia para ver quien derrota más enemigos.

Los dos actuaron como si Canadá no los hubiera amenazado con hacerlos trabajar.

En eso el timbre se escuchó, indicándole de más visitas.

- Ese debe ser Lovino, llego justo a tiempo para la cena. –Dijo el canadiense alegremente dirigiéndose a recibirlo.

Precisamente, Romano era quien se encontraba del otro lado de la entrada, abrigado y con un semblante irritado. Nada nuevo allí.

- Joder, hazte un lado, maldita sea, hace mucho frio. –Dijo entrando en la casa rápidamente.

- Si, hola también, Lovino. –Saludo Canadá sarcásticamente.

- Honestamente, la temperatura ha caído mucho desde que llegamos al aeropuerto, pero no es razón para olvidarse los modales. –Sermoneó alguien que apareció en la puerta antes de que el canadiense pudiera cerrarla.

- ¡Arthur! –Reconoció sorprendido, esbozando una sonrisa a pesar de que todo fuera tan inesperado.- ¿Estás aquí? ¿Como? ¡Yo pensé.. !

- Supongo que pude hacerme un tiempo para venir. –Respondió el inglés inseguro, cerrando la puerta el mismo cuando vio que Canadá estaba demasiado distraído para hacerlo el mismo.

- Eso es genial, ¡gracias! –Exclamo extasiado y entonces la duda lo abordo.- Hm, pero ¿cómo es que supiste que.. ?

- Puedes preguntárselo a Romano. –Dijo el inglés sonando exasperado.- Él te explicara todo sobre su plan y su método de secuestros.

- ¿Secuestros? –Repitió parpadeando confundido.

- No importa ahora, ¿sería mucha molestia pedirte una bebida caliente? –Interrumpió el italiano en un tono exigente, dejando colgar su abrigo sobre el perchero.

- ¡Para nada! –Dijo finalmente notando que no estaba siendo un buen anfitrión manteniendo sus visitas en el recibidor.- Puedes pasar a la sala y sentarte junto a la chimenea mientras esperas. Les serviré algo para beber, ¡ah! Y la cena estará lista en quince minutos.

- Gracias muchacho. No puedo esperar, huele realmente delicioso. –Dijo Inglaterra haciendo que el canadiense se sonrojara y soltara una risita encantada mientras se dirigía a la cocina.

No había duda de que Canadá estaba muy feliz…

Al menos hasta que llegó la hora de hacer los preparativos para dormir.

- Al, por última vez, solo tengo tres camas. –Dijo el canadiense de pie en las escaleras que llevaban al piso superior donde estaban las habitaciones.- Una de ellas tiene tu nombre en él, literalmente. Así que compártela con Arthur, para que así Lovino pueda tener su privacidad en la habitación de invitados.

- ¡Pero quiero dormir contigo!

- Lo siento, ese privilegio lo tengo yo. ¡Kesesesese! –Exclamo Prusia desagradablemente ignorando las miradas irritadas que recibió de las demás naciones.

- ¡No, de ninguna manera! ¡No confió en ti para que no intentes hacerle nada a mi hermanito! –Exclamo con una racha protectora que solo avergonzó más a Canadá, quien ya no sabía que hacer con la situación.- ¡Arthur! ¡Di algo!

El inglés no esperaba ser llamado adentro de la discusión, pero no perdió la compostura y, tras meditarlo unos segundos, dijo con cierta resignación:

- Matthew es un joven adulto responsable y esta es su casa, yo no puedo imponer reglas.

- ¡Pero.. !

- Bien, ya tuve suficiente de sus estupideces. –Dijo Romano entrometiéndose en la charla con toda autoridad autoimpuesta.- Tu bastardo hamburguesa dormirás con tu estúpido hermano en su habitación, pero el bastardo albino se quedara en tu habitación..

- ¡Ah! ¿Por qué en la mía? ¡No quiero!

- ¡Joder, coopera un poco! ¡¿Quieres o no compartir la cama con Matt?!

El estadounidense hizo un mohín, pero se limitó a asentir al final de todo.

- ¿Acaso no puedo opi-.. ? –Intento discutir el prusiano, pero solo recibió un manotazo descuidado en su hombro.

- No, no puedes, maldición. -Le corto el italiano con brusquedad.- Dormirás donde yo digo.

- ¿Y que si me niego?

- ¿Quieres despertar sin piernas mañana? -Cuestiono Romano en un tono sombrío.- Puedo hacer que suceda, te lo prometo.

- Espera un segundo, ¿y yo donde se supone que.. ? -Intento cuestionar el inglés solo para que también fue interrumpido.

- No hay de otra, tendré la habitación de invitados y tu dormirás en el sofá. ¿Algún problema con eso?

- ¡Por favor, Arthur! ¡Es para proteger la virtud de Mattie! -Exclamo Estados Unidos sonando demasiado serio como para que alguien hiciera un comentario respecto a la virtud de Canadá.

- Tsk, está bien. -Cedió Inglaterra soltando un suspiro, a pesar de que Canadá estaba farfullando en protesta sobre como el inglés era un invitado y no debería estar durmiendo en el sofá por muy cómodo que sea.


Finlandia tomo gentilmente las manos de Hong Kong, dándoles un apretón amistoso mientras le sonreía con una expresión compasiva.

- Ah, debes estar tan cansado. Por supuesto que puedes pasar la noche aquí, ¡tenemos una habitación extra!

- No estaba en mis planes quedarme aquí.. -Murmuro el hongkonés ligeramente incómodo - Gracias por recibirme, no causare problemas, probablemente.

- ¡Es un placer! -Exclamo con una risita, mientras Suecia asentía de acuerdo.

- Matthias nos llamó y nos dijo que te dio nuestra dirección. -Explico el sueco siendo que habían llegado y Hong Kong pareció extrañado que no estuvieran sorprendidos con encontrarlo en su casa al llegar de hacer las compras.

- Siento mucho que Lukas no haya aceptado que te quedes con ellos, pero estoy seguro que el solo estaba pensando en la comodidad de todos. Siendo que tenemos más espacio que ellos, no hay necesidad que compartas una habitación con Emi y duerman apretujados. -Dijo el finlandés sonando razonable a pesar de que todos en la habitación sabían que una mentira piadosa.

Hong Kong hizo una mueca imperceptible, no acostumbrado a que sus planes hubieran ido por la borda tan rápido. Ni siquiera pudo darle a Islandia el recuerdo que consiguió para el en Nueva York.

- Supongo. -Dijo el hongkonés tras un suspiro breve.

- Bien, ¡ahora vamos! Te enseñare tu habitación.

- Comenzare con la cena. -Anuncio Suecia dirigiéndose a la cocina, mientras era seguido por un entusiasta Sealand.

- ¡Si, gracias, no tardare!


Canadá froto sus manos nerviosamente, evidentemente incomodo al ver al inglés instalarse en el sofa de la sala con una almohada y una gruesa manta.

- Lo siento mucho, todo se fue de las manos. No deberías tener que dormir en el sofá cuando eres mi invitado, Arthur. -Se disculpo con sus ojos clavados en el suelo.- Si hubiera preparado mejor las cosas..

- Matthew. -Llamo su atención Inglaterra y espero a que este alzara su mirada para continuar.- Todo está bien, de verdad. He llegado sin previo aviso,.. de hecho, ni siquiera yo sabía que iba a venir. -Dijo palmeando de forma reconfortante el hombro del canadiense.- Además, no me molesta, he pasado las últimas noches durmiendo en el asiento de mi oficina. Definitivamente esto es mucho mejor.

- Oh..

- ¿Qué sucede?

- Papá dijo que estabas muy ocupado,.. -Menciono Canadá tirando de un mechón suelto de su cabello recogido.- ¿Estas seguro que no es una molestia para ti estar aquí? ¿no tendras problemas, verdad? -Cuestiono preocupado.

- No tienes que preocuparte por eso. He hablado con mi secretaria, ella se encargó de todo, mi agenda esta despejada. -Aseguro el inglés honestamente.

El canadiense asintió con alivio y sonrió levemente.

- Alice sigue siendo tan eficiente como siempre, eh.

- No la hubiera contratado de otra manera. -Replico Inglaterra con su propia sonrisa.- Ahora, ya es tarde, deberías ir a descansar para mañana.

- Si… -Concordó suavemente, pero se mantuvo en el lugar con una expresión dudosa.- Hm, Arthur..

- ¿Si, muchacho?

- G-Gracias por venir, me… me hace muy f-feliz tenerte aquí… -Confeso tímidamente, moviéndose hacia adelante como si planeara abrazarlo solo para abortarlo en el último segundo y simplemente presionar la mano del inglés como un saludo cariñoso.- ¡B-Buenas noches!

El canadiense en su apuro subió las escaleras a trompicones, claramente nervioso y ensimismado como para no notar que Romano parecía estar esperándolo en la parte superior de las escaleras, casi llevándoselo por delante.

- Tch, ten más cuidado, idiota.

- L-Lo siento, ¿hay algún problema con la habitación? ¿necesitas algo? -Pregunto en un susurro, no queriendo molestar al resto de sus invitados con su conversación en el pasillo.

- No, todo está bien. He estado muchas veces aquí, se dónde está todo, maldición, puedo manejarme bien por mí mismo. -Contesto con un tono ligeramente irritado.

- Si, tienes razón pero hm.. Pense que dormias, ¿qué haces aquí? -Cuestiono Canadá curiosamente, y entonces abrió con los ojos con sorpresa.- ¿Estabas espiando?

- Pff, ¿qué? No. -Respondió rápidamente sonando un poco nervioso, y entonces procedió a tomar el brazo del canadiense y arrastrarlo hacia el interior de la habitación de invitados.

- ¡¿Eh?!

- ¡Shh! -Chisto Romano cubriendo la boca del canadiense con una mano mientras que con la otra cerraba la puerta.- Tu estas durmiendo aquí, idiota. Sin peros ni quejas.

- Pero Al..

- Dije sin peros. -Exclamo prácticamente empujando a Canadá a la cama.

- ¿Por qué separar a todos en distintas habitaciones y luego esperar a alcanzarme en medio del pasillo? ¿No es más fácil preguntar? -Pregunto el canadiense sin inmutarse, acomodándose en el lado izquierdo de la cama.

- Ese no es mi modus operandi y lo sabes. -Respondió el italiano acostándose y atrayendo las mantas para sí.

- Desgraciadamente.

- Cállate y duérmete, idiota.

- Buenas noches a ti también, Lovino. -Dijo Canadá esbozando una sonrisa en la oscuridad antes de cerrar los ojos.


16 de septiembre

Inglaterra soltó un suspiro de alivio tras beber el primer sorbo de té de la mañana y no pudo evitar sonreír con regocijo cuando noto que la delicada taza que estaba en sus manos era parte del juego de té que había encargado como regalo para Canadá.

Del otro lado de la mesa pudo ver a Romano arquear una ceja, talvez curioso o simplemente irritado por su súbita alegría, pero el inglés fingió no verlo y simplemente siguió disfrutando de su té y la satisfacción de saber que Canadá había apreciado de su gesto.

- ¡Buenos días! ¡Mattie! -Exclamo Estados Unidos entrando a la cocina con mucha energía y por un momento el canadiense se congelo pensando que su hermano le reclamaría que anoche no hubiera compartido su cama con el.- ¡Huele delicioso!

- Buenos días, Al. -Saludo Canadá aliviado, aunque sin saber si el estadounidense solo estaba siendo amable al no mencionarlo o simplemente no se dio cuenta que había pasado la noche solo.- Toma asiento, por favor.

- ¿Que estas leyendo? -Pregunto Estados Unidos sentándose descuidadamente junto a Romano, inclinándose en su espacio para alcanzar ver la pantalla de su celular.

Romano bloqueo la pantalla y le dio una mirada feroz, sin molestarse en atenuar la molestia en su tono de voz al responder:

- Diez maneras de tratar con un entrometido, la primera es arrancando su lengua con un tenedor. -Dijo tomando con demasiada fuerza el tenedor más cercano.- ¿Interesado?

Estados Unidos retrocedió sabiamente, concentrándose en los panqueques que Canadá le había servido junto con una taza de chocolate caliente.
- Ya no.

La nación italiana se burló por lo bajo aflojando su agarre del cubierto solo para volver a presionarlo con más fuerza cuando una figura se abalanzo a la cocina y prácticamente se estrelló contra Canadá, abordándolo en un abrazo apretado.

- ¡Buenos días, mi precioso pajarito!

- Buenos días, Gil. -Respondió con calma, sin hacer un intento de escapar del agarre y recuperar la espátula que cayó al suelo. Muy acostumbrado a que eso sucediera, lo que no parecía ser una sorpresa para las naciones en la mesa que o bien hicieron un intento de ignorarlo o, como Romano, expresaron su disgusto de inmediato.

- Dejen de ser desagradables, estoy tratando de tomar mi café sin vomitar.

- Tsk, puedes tomar tu café en otro lado por lo que me importa. -Replico Prusia con presteza.

- Gil, se amable. -Regaño Canadá quien aprovecho la distracción para salir del abrazo, recoger la espátula, tomar una nueva y volver su atención a sus panqueques que por suerte no se había quemado.

Romano pronuncio su ceño fruncido, notando entonces que el estadounidense discretamente movió su tenedor en su dirección.

- Usa mi tenedor, me asegurare de grabarlo. -Pidió por lo bajo, en un tono entusiasta.

El italiano apenas evito que sus labios formaran una pequeña sonrisa entretenida por el pensamiento, simplemente volvió su atención a su café y lo despidió con un movimiento de su mano.

- Mas tarde.

Estados Unidos se vio genuinamente decepcionado, pero rápidamente parecido olvidarlo y dirigir su atención al inglés.

- Artie, pasa el jarabe.

- ¿Y el "por favor"? -Cuestiono Inglaterra perdiendo rápidamente su buen humor.

- Claro, lo que sea. -Respondió extendiendo su mano para recibir el jarabe que de todas maneras el inglés iba a alcanzarle.

- Los modales son importantes. -Refunfuño por lo bajo la nación inglesa indignada, ni Estados Unidos ni Romano le prestaron atención.


Canadá vio a Inglaterra darle a la pista de hielo una larga y minuciosa mirada en cuanto entraron al complejo deportivo. No sabía lo que podría estar pensando el inglés, pero el canadiense solo esperaba que nada ni nadie el día de hoy hiciera que el inglés armara sus maletas temprano y se fuera. Era un temor, infundado le había asegurado Romano, pero estaba allí y el canadiense no podía evitarlo.

- ¿Reservaste todo el lugar para jugar hockey? -Fue una pregunta simple, pero el estado de ánimo del canadiense no hizo mucho para evitar que estaba siendo juzgado de alguna manera.

- ¡P-Pero solo por unas horas! -Respondió y se mordió el labio al notar que prácticamente estaba gritando.- Además, esta vez me tocaba ser anfitrión. -Acoto tras aclararse la garganta y tratar de relajarse un poco. El próximo partido se jugará en Rusia.

- ¿Hace cuánto tiempo están haciendo esta.. competencia? -Pregunto el inglés y Canadá ya estaba sintiendo erróneamente que estaba en un interrogatorio.

- H-Hace tres años si mal no recuerdo, pero antes no jugábamos tan seguido sino cuando podíamos, que... no era muy frecuente. -Explico mentalmente preguntándose donde estaba Romano y porque no estaba allí para evitar que hiciera el ridículo.

- ¿Y cómo va el marcador? -Cuestiono Inglaterra sonando interesado, para el alivio de Canadá.

- ¿Anual o total?

- Hm,.. total.

- Ah, no sabría decirte, Kat es quien lleva la cuenta. -Respondió tímidamente y volvió a aclararse la garganta, tratando valientemente de sonreir y sonar confiado.- Solo sé que este año, va a ser mi año, voy arriba por uno.

- Quedan al menos dos o tres juegos más, el marcador podría invertirse, camarada Matvey.

La voz provino detrás de ellos, así que tanto Inglaterra y Canadá se dieron la vuelta a tiempo para ver a Rusia entrar seguido de un pequeño sequito de naciones, cada uno cargando una mochila con su equipo.

- ¡Iván, hola! -Saludo alegremente Canadá.- Me alegro verlos, espero que hayan tenido un viaje agradable.

- Da, arribamos aquí ayer por la noche. -Respondió dirigiendo su atención hacia donde se encontraba Inglaterra cortésmente intercambiando saludos con los países bálticos, Ucrania, Bielorrusia y Polonia.

- Es un placer que nos acompañe este día, señor.

- Ah, muchas gracias, estoy ansioso por ver el juego.

- Inglaterra, que sorpresa que estés aquí. ¿Fuiste invitado? -Fue como lo saludo Rusia en un tono amigable que no coincidía con la sombra astuta en sus ojos.

- Claramente. -Respondió Inglaterra sin perder el ritmo, reflejando la actitud.

Antes de que la conversación pudiera continuar, Romano regreso cargando consigo un maletín de primeros auxilios en una mano y en la otra una taza de lo que olía como café con el logotipo de la tienda de café frente al estadio.

- ¡Romano, buenos días! -Exclamo Ucrania sincera en su alegría de verlo.- Es agradable que pudieras unirte a nosotros una vez más.

- Lo mismo digo, señorita. -Contesto el italiano con gentileza y el comienzo de una sonrisa.

- Gracias por traer el botiquín, Lovino. -Dijo el canadiense tomando el maletín y acomodándolo en una de las gradas bajas.

- ¿Aun no están esos bastardos helados aquí? -Cuestiono Romano mirando alrededor con molestia.

- ¿Aun falta más gente? -Pregunto a su vez Inglaterra sorprendido.

- Entre el resto de los jugadores y los posibles espectadores, calculo que deben ser talvez trece o quince personas más. -Contesto útilmente Estonia.

- Espero que puedan llegar a tiempo y no como la última vez. -Comento Letonia descuidadamente.

- ¡Mattie, todo listo! -Exclamo Estados Unidos regresando con una amplia sonrisa, siendo seguido tardíamente por Países Bajos quien se había retirado al exterior para fumar unos cigarros mientras esperaban.- Ya he hablado con el hospital más cercano, estarán atentos y listos con una ambulancia si los necesitamos.

- Espera, ¿ambulancia? -Pregunto Inglaterra perplejo.

- Gracias, Al. -Dijo Canadá sonriente, mientras los demás para nada sorprendidos con la mención de la ambulancia miraron compasivamente a Inglaterra.


Inglaterra estaba sentado en las gradas viendo a las naciones calentarse en la pista de hielo, dispersos a su alrededor se encontraban Letonia, Polonia, Ucrania y Bielorrusia por un lado, Romano en la misma grada a la suya pero lejos de él y, para su total sorpresa, Mongolia en una grada completamente apartada de todo y todos en silencio y mirando con un sombrío desinterés. El inglés adivino que llego junto a Rusia, pero definitivamente no la había notado hasta que Romano menciono por lo bajo que podía sentir su mirada clavada en su espalda en ocasiones y como eso le provocaba escalofríos.

- ¿Hay algún problema, señor? -Escucho la voz de alguien preguntarle.

El inglés llevo su atención a Estonia quien había salido de la pista y ahora se encontraba bebiendo de una botella de agua que saco de la conservadora llena de hielo y bebidas que Estados Unidos trajo de algún lado en algún momento.

- Oh, no es nada. -Se aclaro la garganta y preguntó.- ¿Como están divididos los equipos?

- No están realmente definidos, de vez en cuando hacemos cambios dependiendo la asistencia.

- Solo dile como normalmente juegan, bastardo cuatro ojos. -Exclamo Romano quien tenía su atención en ellos.

- Agradecería que dejaras de llamarme así. -Pidió Estonia sonando molesto antes de ignorarlo y regresar su atención educadamente a Inglaterra.- Normalmente, los equipos se dividen entre los dos capitanes que son, como probablemente adivinaste, el señor Williams y Bravinsky. Tanto Morttens, Beilschmith, Steilsson, Väinämöinen y Oxenstierna suelen ser parte del equipo rojo, Canadá. Mientras que su servidor,.. -Hizo una breve pausa señalándose a si mismo.- El señor Jones, Densen, Bondevik y Toris completamos el equipo azul, Rusia.

- ¿Por qué Alfred juega para el equipo contrario a su hermano? -Pregunto Inglaterra curiosamente, preguntándose mentalmente de qué manera convencieron que el estadounidense gustosamente jugara contra su hermano y por sobre todo bajo el liderazgo de Rusia.

- Porque los malditos gemelos fantásticos no pueden estar en el mismo jodido equipo. -Respondió Romano como si fuera obvio, llevando su atención a la entrada principal de la pista que se abrió dejando pasar a las naciones faltantes.

- ¡Llegamos! -Anuncio Dinamarca estruendosamente, liderando el grupo.

- ¡Lamentamos mucho la demora! -Se disculpo rápidamente Finlandia quien estaba escoltando a las dos micronaciones bajo su cuidado.

- ¡¿Ah?! ¡¿Que hace el idiota de Inglaterra aquí?! -Exclamo Sealand claramente disgustado.

- Valla, quien lo diría, ahora ese mocoso me cae un poco mejor. -Comento Romano entretenido por la irritación del inglés.

- Cállate, idiota.

Canadá fue a recibirlos, permitiendo amablemente que se cambiaran y calentaran unos cinco minutos a pesar de que habían llegado casi cuarenta minutos tarde.

Las micronaciones encontraron un lugar cómodo donde instalarse e inmediatamente comenzaron a charlar sobre quien sabe que, mientras que Hong Kong quien también había llegado con ellos tomo asiento junto a Inglaterra.

- Es raro verte aquí, León, nunca te ha gustado los deportes. -Menciono el inglés tras saludarlo adecuadamente.

- Estaba cerca y fui invitado. -Respondió conciso como siempre, mirando detenidamente a la pista donde los nórdicos calentaban.

- Es verdad, tuviste una reunión en Nueva York hace unos días, espero que todo haya resultado favorable. -Dijo Inglaterra recibiendo un simple asentimiento del hongkonés.- Es bueno que te hagas un tiempo para relajarte y pasar un tiempo con tu amigo. -Acoto cuando vio que la atención de Hong Kong no se apartaba de un nórdico en particular.

- Esta mierda ya va a empezar, bastardo. -Anuncio súbitamente Romano llamando la atención de todos.- ¿Apuestas? -Y rápidamente señalo a las micronaciones.- Ustedes no. -Dijo y ellos se quejaron, pero finalmente volvieron a lo suyo.

- 20 dólares al rojo. -Dijo Hong Kong entonces.

- ¡500 a mi hermano! -Exclamo Bielorrusia con entusiasmo desmesurado.

- Querida hermana, ni siquiera traes esa cantidad. -Regaño suavemente Ucrania quien parecia estar anotando las apuestas en una libreta con estampado de flores.

- No importa, no hay manera de que mi hermano pierda hoy. -Dijo llena de confianza.

- Lo que sea. -Dijo Romano encogiéndose de hombros sin preocuparse y luego dijo.- También apuesto 20 al rojo.

- 15 dólares al rojo. -Dijo Letonia.

- ¡Como te atreves! -Grito Bielorrusia mirando a la nación báltica con furia en sus ojos.

- ¡Azul, quise decir azul! -Se corrigió nerviosamente.

En eso Polonia se pone de pie en la grada, cruzándose de brazos y sonriendo con algo de presunción.
- Mi Lit ganara totalmente, le di mi super ultra pulsera de la suerte asi que como que no hay manera de que pierda. 40 dólares.

- ¿Y tú bastardo? -Le pregunto el italiano al inglés.

- No sería agradable de mi parte participar en una apuesta cuando Matthew y Alfred están enfrentados.

- Tch, que aburrido eres. -Dijo Romano en un tono disgustado, antes de girar su atención a Ucrania.- ¿Llevas la cuenta? -Ella asintió con una sonrisa.- Perfecto, me encanta el dinero fácil.


No es un juego, es una masacre. Es lo que pensó Inglaterra viendo conmocionado como se desarrollaba todo en la pista de hielo, estaba seguro que ese último movimiento era una falta.

- Yo sigo insistiendo que su uniforme se vería totalmente mejor en rosa eso, como que, disimularía un poco la sangre y haría que se vieran super bien. ¿Qué importa si es el equipo azul? No hay ninguna, pero ninguna regla que diga que su uniforme tiene que ser azul en vez de rosa. -Hablo Polonia en la grada de atrás aunque nadie estaba seguro de con quien estaba hablando.- Sobre todo Lit, osea, él siempre se ve totalmente guapo en rosa, hace que su piel sea como, wow y sus ojos sean como super lindos.. -Y giro su mirada de la pista hacia Ucrania quien se sobresaltó sorprendida.- ¿Tú me sigues?

- ¡Oh, por supuesto! -Respondió rápidamente, viéndose nerviosa al darse cuenta que había estado groseramente ignorando a alguien.- Yo.. hm.. me gusta el rosa.

- ¡Genial! Es como, mi color super favorito de todo el mundo.

Inglaterra decidio ignorar a Polonia y dirigió su atención de la pista y luego a Romano, quien tenía una sonrisa bastante dichosa que hacia un contraste con la mirada de total satisfacción maliciosa en sus ojos.

- ¡¿A-A qué viene esa expresión?! -No pudo evitar cuestionar.

- Todos esos idiotas están dándose una jodida golpiza. -Respondió el italiano como si eso explicara todo.

- ¿Qué clase de morbo tienes tu? -Pregunto frunciéndole el ceño.- Si tanto te gusta la sangre, ¿por qué no estas ahí dentro?

- ¿Crees que soy un jodido imbécil? -Pregunto y rápidamente agrego.- No respondas. Toda la maldita diversión se va cuando es uno el golpeado, bastardo.. -Hizo una pausa.- Además, no se patinar sobre el estúpido hielo.

- Al menos tienes algo de sentido común,.. -Hizo una pausa, viendo confundido.- ¿Hm? ¿No sabes?

- ¿Por qué estas tan sorprendido, bastardo?

- Bueno, eres amigo de Matthew.. y también en una oportunidad incluso vi a tu hermano patinar muy bien así que pensé que tú..

Fue una mala elección de palabras, se dio cuenta rápidamente el inglés, porque Romano lo fulmino con la mirada y fue muy evidente cuando intento encubrir su ira con desinterés al responder:
- Si, bueno. Yo no soy mi estúpido hermano, lo que sepa hacer el no.. no significa que yo lo pueda hacer también.. -Hizo una pausa.- A veces es todo lo contrario.

- ¿De que estas hablando? -Pregunto el inglés sintiéndose nervioso, pero también curioso por sus palabras.

- De nada, bastardo, olvídalo.

El juego delante de ellos continuo, con los demás en las gradas haciendo el trabajo de llenar el silencio que se provocó entre ellos.


- Por fin, esta barbarie esta por acabar, ya solo le queda un minuto al marcador. -Dijo Inglaterra aliviado.

- No tienes idea, ¿verdad, bastardo? -Dijo Romano quien finalmente rompió su silencio autoimpuesto. - Ni bien el maldito partido termine esos idiotas van a luchar no importa cuál sea el estúpido resultado, mira a- Ni bien el maldito partido termine esos idiotas van a luchar no importa cuál sea el estúpido resultado, mira allá. -Señalo a Ucrania que estaba en el borde del asiento, con el botiquín en mano.- Ella ya está lista para saltar a intervenir, incluso el mocoso que hacía de árbitro ya se escabullo, maldición. -Dijo refiriéndose a Letonia.

El timbre se escuchó sonoramente por toda la pista, sobresaltando a más de uno. El marcador estaba reñido, pero definitivamente había un claro ganador el día de hoy y el equipo contrario no estaba feliz por ello.

- Y ahí va. -Dijo Ucrania sonando resignada.- Tres, dos, uno..

- ¡Te acabare! -Alguien grito comenzando una reacción en cadena en la pista y el inglés solo pudo observar con horror el caos.

- Osea, voy a estar totalmente enojado con Lit si pierde mi pulsera de la suerte, no voy a perdonarle, como, nunca. -Declaro Polonia ignorando el desastre frente a él, procediendo a sacarse algunas selfies.

- ¡Mira, Lars! -Exclamo Sealand señalando animadamente a la pista de hielo.- ¡Mamá acaba de derribar a uno de un golpe! ¡Oh, eso debió doler!

- ¡Deja de ponerte en mi toma, idiota! -Reclamo Ladonia alejando a la otra micronación con un empujón, mientras trataba de acomodar la posición de la cámara en su trípode.- ¡Estoy tratando de capturar todo el partido en video para luego subirlo a internet!

- Querida hermana, si solo vas a incitar más la lucha mejor quédate aquí. -Amonesto Ucrania a su hermana.- Y guarda esas dagas, por favor, Vanya se molestara contigo si dañas con ellas a uno de sus amigos.

- ¡Hmph, no es justo! -Se quejo Bielorrusia, volviendo a su asiento de malhumor.

Entonces en las gradas aparecieron Estonia y Lituania, quien fue abordado por Polonia, seguido de Islandia. Todos ellos se veían desalineados, y la joven nación nórdica tenía en su mandíbula el comienzo de un moretón.

- ¿Ah? ¿Saliste tan rápido, mocoso? -Cuestiono incrédulo el italiano.

- Ya golpeé a quien tenía que golpear, sería absurdo quedarme más tiempo allí. -Contesto Islandia encogiéndose de hombros.- Y no me llames así.

- ¿Necesitas primeros auxilios? -Le pregunto Ucrania preocupada.

- Estoy bien. -Aseguro y comenzó a alejarse en dirección a los vestidores. Sin una palabra, Hong Kong se levantó y lo siguió.

- ¿Nadie va a intentar detenerlos? -Pregunto Inglaterra refiriéndose a las naciones que estaban enfrascadas peleando entre sí en el hielo.

Ucrania agito una mano delicada al aire, viéndose apenada.

- Oh, no, si no dejamos que ventilen su ira ahora, el resto del mes todos estarán resentidos contra todos y el partido siguiente será aún más.. duro. -Explico la nación ucraniana.

- Dices.. ¿qué puede ponerse aún peor que lo de hoy? -Cuestiono incrédulo el inglés.

- Así es. Además, solemos reunirnos a cenar tras el partido y si están molestos lo cancelaran ya que todos querrán irse a casa. -Comento Ucrania quien entonces saco su libreta.- ¿Por qué mejor no nos repartimos las apuestas?

Los apostadores desafortunados en las gradas soltaron un gemido de frustración.


La cena estaba en marcha.

- Oh, Ivan, esto sabe realmente delicioso. -Elogio Canadá con una sonrisa.

- Mi hermana lo hizo con sus propias manos. -Aclaro Rusia felizmente.

- Tendré que pedirle la receta.

Inglaterra alejo su atención de los dos capitanes que hace menos de dos horas habían estado en la garganta del otro y miro a Romano quien se estaba tratando de decidir cuál de los aperitivos probar primero.

- Esos dos, fuera y dentro de la pista, son personas completamente diferentes. -Hizo una pausa.- Bueno,.. no tanto con Rusia. -Murmuro para si mismo.

- ¿Y eso que, bastardo? ¿Realmente es una sorpresa para ti? -Respondió Romano bruscamente.

- Algo así, no lo hubiera creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos.

- No lo digas como si acabaras de enterarte de un maldito secreto del universo. Conoces a Rusia desde hace siglos y se supone que sabes al menos del fanatismo de Mateo por el hockey, ¿no?

- Si, bueno.. no, no como ahora, lo admito.

- No estoy sorprendido. - Eso es lo que pasa cuando ignoras a Mateo por años, ponerte al corriente te tomara más que solo unos días, bastardo.

- No necesito que me lo recuerdes, idiota. -Respondió Inglaterra con fastidio.- Estoy esforzándome, ¿de acuerdo? -Hizo una pausa.- Realmente eres desagradable, de ti no puedo esperar ningún comentario positivo, ¿verdad?

- No pierdo mi jodido tiempo buscando la manera de ser franco y usar malditas palabras bonitas para no lastimar tus estúpidos sentimientos, si eso es realmente lo que buscas entonces ve a hablar con mi estúpido hermano, joder.

El inglés se tomó un segundo para pensarlo, antes de sacudir su cabeza y admitir:

- Para ser sincero creo que puedo manejar mejor tus crudas e insensibles palabras antes de correr el riesgo con tu hermano y su incesante balbuceo, muchas gracias.

Romano giro sobre sus talones por reflejo y soltó un resoplido de risa ahogado detrás de su copa de vino.

- ¡Pfft!

- ¿D-De que te estas riendo ahora? -Pregunto la nación inglesa un poco confundido por esta mania repetitiva que había observado en Romano.

- Yo no me rio, bastardo. -Aseguro girándose para verlo con su clasica expresión de molestia y sin rastro de diversión alguna.

- Por supuesto que sí y muy fuerte, lo sé.

- ¿Qué? ¿cuándo me has escuchado reír como un jodido imbécil? -Exigió saber con el menor rastro de vergüenza en sus mejillas.

- Bien, nunca te escuche, eso es cierto. -Admitió Inglaterra cruzándose de brazos mientras procedía a explicar.- Pero es solo porque cada vez cubres tu boca o muerdes tus labios para reprimirlo. Honestamente, parece que en verdad no quieres que nadie te oiga reír así.

Romano hizo una mueca extraña, bebió un sorbo de vino y lo miro con una expresión desafiante.
- Tsk, estas siendo jodidamente entrometido ahora.

- ¿Qué? ¿cómo soy yo entrometido por preguntar por algo que debería ser tan trivial como tu risa?

- Ve a hacer tus estúpidas preguntas a alguien más, bastardo. -Dijo la nación italiana irritado.

- ¿Y a quien sugieres que le pregunte al respecto? ¿A tu hermano? Quizás tendría más suerte con el imbécil de España, ¿verdad?

- Yo.. dudo que te atrevas a entablar una maldita conversación sobre mí con ese bastardo.

- ¡Eso es.. ! -Comenzó pero se detuvo al pensarlo mejor.- Cierto. Pero solo porque sé que terminara en una absurda pelea que el comenzara porque es así de imbécil siempre.

- ¡Hey! -Alguien los abordo desde atrás, haciendo que Romano casi perdiera el agarre de su copa que para su alivio se encontraba vacía y por lo tanto su ropa a salvo de cualquier mancha.

- ¡B-Bastardo, no solo te escabullas así, maldición!

- ¿Te asuste, Romano? ¡Kesesesesese!

Romano dejo la copa vacía en la mesa con cuidado y comenzó a arremangarse las mangas. El moretón que le había dejado Noruega ya se había desvanecido pero con mucho gusto el italiano iba a darle un recuerdo del mismo.

- ¡Deja que te muestre con mis malditos puños que tan asustado estoy, bastardo!

Prusia sin ser intimidado, tomo un aperitivo de la mesa y agito su mano al aire sin preocuparse.

- Sera en otro momento. Pajarito se molestará si se entera que te doy una paliza, después de que le prometí no causar más problemas hoy.

- ¿Así? ¿Y si le dijera ahora que me estas molestando? -Cuestiono el italiano en un tono malicioso.

El prusiano abrió los ojos con miedo para la satisfacción del italiano.
- Controla ese impulso que tienes por fastidiarme, al menos por esta noche.. ¡Hazlo por pajarito!

Sin poder evitar estar curioso, Romano arreglo distraídamente sus mangas y dijo con seguridad:
- Tu estas planeando hacer algo, ¿no es así, bastardo?

- Si, y necesito de tu.. tu ayuda. -Dijo sonando bastante a regañadientes. Tanto Inglaterra como Romano arquearon una ceja de forma inquisitiva instándolo a continuar.- Mañana es nuestro aniversario.

- ¿De qué carajo estás hablando, idiota? Su jodido aniversario es el uno de abril.

- Fue el uno de abril cuando nos convertimos en una pareja oficial, pero fue un día como mañana hace mucho tiempo atrás, la primera vez que nos conocimos.

- Estamos hablando de varios jodidos siglos atrás, bastardo, cuando Mateo era una colonia de ese bastardo pervertido todavía, ¿cómo puedes estar tan seguro, maldición?

Prusia se vio orgulloso por alguna razón, sonriendo antes de responder:
- Mis impresionantes registros lo dicen muy claro, no puede haber error en ello.

- Así que tus estúpidos diarios. -Comenzó a decir el italiano.

- Impresionantes registros. -Corrigió Prusia rápidamente.

- ¡Es jodidamente igual, maldición! -Exclamo irritado.- ¡Solo dime que quieres que haga y piérdete!

- Mira, aunque pajarito no sepa que esta fecha es especial, todos los años lo sorprendo haciendo algo impresionante para él. Básicamente, el plan es que pasemos un impresionante día nosotros solos pero..

- El bastardo hamburguesa. -Rápidamente entendió la nación italiana, y los tres giraron su atención un momento para ver a Estados Unidos charlar animadamente con Polonia y Lituania.

- Exacto. Él va arruinarlo todo con su simple presencia. Y no puedo simplemente echarlo porque el bocazas ira a quejarse con pajarito y él se molestara conmigo, entonces..

- Entiendo el punto, bastardo. -Lo corto bruscamente ahora sonando desinteresado.- Pero, ¿por qué yo, maldición?

- Aunque soy impresionante armando estrategias. -Se jacto Prusia haciendo que el inglés y el italiano rodaran los ojos.- Estoy seguro que tu mente perversa podra pensar en algo sutil pero efectivo para lograr que él se valla de aquí para mañana.

- ¿Con tan poco maldito tiempo a mi favor? -Cuestiono colocando una mano en el mentón, haciendo una pausa para pensar.- Por supuesto, maldición, pero te costara.

- ¿Cuánto quieres?

- No es cuanto, sino que, bastardo. -Dijo Romano sonando divertido, lo que causo que Prusia se preguntara si no estaba firmando un trato con el diablo.- Y aun no lo sé, maldita sea, voy a pensarlo más tarde, por ahora ve a llenarme esta copa con vino, el mejor que hay disponible. No puedo pensar bien con el maldito estomago vacío.

Prusia frunció el ceño y abrió la boca para discutir, pero parecido pensarlo mejor y simplemente se fue.

- Pensé que dijiste que esa sería tu última copa. -Comento Inglaterra tomando un sorbo de su propia bebida no alcohólica.

- Solo quiero molestarlo un poco el resto de la maldita noche, ya se me ocurrió un plan para deshacerme de ese bastardo hamburguesa.

- No usaras a la mafia italiana, ¿verdad? -Cuestiono genuinamente preocupado por el bienestar del estadounidense.

- Lo pensé, maldición, pero ya he molestado a los muchachos con muchos favores últimamente, mejor que encargo de esta estúpida situación por mí mismo.

Prusia ciertamente paso toda la noche siendo molestado con pedidos por parte de Romano y ocasionalmente Inglaterra quien después de la tercera vez comenzó a encontrar la situación divertida.

Por supuesto que tan "impresionante" como era la paciencia del prusiano ciertamente tenía un límite, por lo que al traer para Romano la quinta canasta de pan de ajo que solo terminaría abandonada en la mesa cercana, Prusia espeto:

- He estado trayéndote comida y bebidas toda la maldita noche, ya casi son las doce y ese idiota aún sigue aquí. ¡¿Cuándo es que piensas poner en marcha tu plan?!

- Tsk, realmente estas desesperado. -Comento Romano hurgando en su bolsillo en busca de su celular.- Que quede claro que hago esto por Mateo. -Acoto antes de comenzar a escribir algo.- Listo.

- ¿Listo qué? -Pregunto Prusia molesto.

- Mira allá, bastardo albino. -Ordeno señalando en dirección de los gemelos norteamericanos.

Estados Unidos saco su celular distraídamente mientras charlaba con Canadá, dándole un breve vistazo a la pantalla y luego otro esta vez más atento y serio.

- ¿Qué es esto?

- ¿Que sucede, Al? -Oyen a Canadá preguntar.

- ¡Lo siento, Mattie! ¡Tengo que irme a DC, ahora mismo! ¡Es una emergencia!

- ¿Eh? ¿eh? ¿una emergencia? ¿que está pasando?

La nación estadounidense tomo por los hombros a Canadá y le sonrió con confianza.
- ¡No te preocupes! ¡Soy un héroe, yo me encargare de todo!

- P-Pero, ¿que.. ?

- ¡Bye-bye!

Y así el estadounidense salió por la puerta sin más, dejando a un canadiense confundido y a un inglés y un prusiano anonadados.

- ¿Acaso solo le enviaste un mensaje?

- ¿Qué diablos es lo que decía.. ?

- Eso no importa, maldita sea, hice que se fuera así que ahora estas en deuda conmigo. -Proclamo el italiano viéndose satisfecho.

Prusia entonces se encogió de hombros y simplemente dijo antes de alejarse:
- Bien. La costa está clara, voy a ir con pajarito ahora.


Hong Kong agradeció sus veloces reflejos no por primera vez en su vida, ya que gracias a ello evito que tanto el e Islandia fueran derribados por el mismísimo Estados Unidos quien avanzo hacia la salida a un paso seguro y peligrosamente rápido.

- ¡Abran paso al héroe! ¡Tengo trabajo que hacer!

- ¡Hey! -Exclamo Islandia del malhumor, tropezando y casi cayendo de espaldas, de no ser por el hongkonés.- Tch, ¿cuál es su apuro? -Cuestiono cuando el norteamericano cerro con fuerza mal medida la puerta de entrada tras salir.

Hong Kong ayudo al islandés a equilibrarse derecho, sacudiendo polvo imaginario de los hombros de su amigo antes de responder con fingida seriedad:

- Invasión extraterrestre,.. Probablemente.

Islandia rodó los ojos ciertamente divertido, pero no dispuesto a admitirlo.

- Lo que sea. -Dijo llevando su atención de la sala con las demás naciones, a la puerta de salida y luego a Hong Kong quien arqueo una ceja, aun mirándolo inexpresivo.- Están siendo muy ruidosos ya. ¿Quieres ir a dar una vuelta? -Propuso señalando la salida.

- ¿Debo tomar las llaves de algún vehículo? -Pregunto inclinando la cabeza hacia el manojo de llaves en la mesa de recepción.

- ¿Vives para meterte en problemas? -Le pregunto Islandia a lo que Hong Kong se limitó a encogerse de hombros de manera despreocupada.- Caminar bastara.

Con un asentimiento, Hong Kong alcanzo sus abrigos del perchero y le extendió el propio a la nación islandesa.

- Dijiste que te gustaba el estilo. -Explico sencillamente.- ¿Cambiamos?

Islandia miro el abrigo ofrecido, que ciertamente le gustaba, debatiendo mentalmente sobre los pros y contras solo para terminar aceptando al darse cuenta que no valía la pena preocuparse por esto.

- Solo asegúrate de devolverme el mío antes de irnos. -Dijo poniéndose el abrigo de Hong Kong, viendo como su amigo se ponía el suyo.- Fue un regalo.

- Es cálido. -Comento Hong Kong rozando sus dedos contra la tela de las mangas del abrigo que tenía puesto.

La nación islandesa no hizo un comentario sobre eso, ni como le parecía curioso lo bien que le quedaba su abrigo.

"Tal vez debería regalarle uno parecido, como agradecimiento por el recuerdo que me trajo. Estoy seguro que si pregunto, Lukas me dirá de donde lo compro.", es lo que pensó Islandia mientras se abría paso al exterior.


El juego de hockey antes de editarlo, ciertamente dejaba en claro quién era el ganador. Pero decidí que quien lo lea pueda imaginarse el resultado final que quiera. ¿La razón? No puedo decidirme entre esto:

La imagen mental del equipo rojo ganando, donde Bielorrusia pierde todo ese dinero que no tiene y tener que explicárselo a Rusia quien a regañadientes pagaría por ella, con Romano contando el dinero que le toco aun lado.

VS

La imagen mental del equipo azul ganando, con Polonia muy orgulloso de sí mismo, jactándose durante la fiesta sobre como su pulsera de la suerte fue clave en su victoria y Lituania aceptando todo lo que dijera.

Ahora bien, como dato curioso en este capítulo hay una escena perdida que aparecerá en un futuro si todo sale según lo planeado.

¡Gracias por leer, y tener paciencia con esta historia!