Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 22

Me desperté la mañana siguiente con una sonrisa en el rostro. Recuerdos de la noche anterior habían llenado mis sueños y ni siquiera quería salir de la cama. Sólo quería quedarme acostada recordando cada momento. Bailar con Eric, ambos carcajeándonos de los ridículos saltos y de la gente restregándose a nuestro alrededor. Pasar tiempo con Angela y Ben. Disfrutar de que la bruja no había aparecido. Supuse que su nuevo hombre había marcado el límite con los bailes de preparatoria. Al menos era bueno saber que el tipo tenía ciertos estándares.

Y más que nada, Edward. Edward sosteniéndome cerca de él mientras bailábamos una balada, besándome suave y lentamente, como si estuviéramos solos y tuviéramos todo el tiempo del mundo. Cuando estuvimos solos, me besó con más fuerza, mordiendo mi oído y cuello, moviendo su sexy lengua sobre mi piel. Sus manos subieron por debajo de mi vestido de encaje, sus pulgares rozando ligeramente mis pezones… me calenté de nuevo con tan sólo recordarlo. No nos habíamos dejado llevar demasiado, viendo que el chófer iba con nosotros en el carro. Pero había sido mágico.

Lo más mágico de todo era el hecho de que él me amaba. Y me lo dijo de nuevo cuando me acompañó hasta mi puerta. La forma en que me miraba no dejaba duda en mi mente de que lo decía de verdad. Ninguno de nosotros quería separarse. Pasamos unos quinces minutos en el porche, sin importarnos el chófer y el impaciente padre que estaba dentro.

Mis labios se sentían hinchados y bien besados. Oh, ¡tan bien besados! No podía esperar para escribir todo esto en mi diario. El que me había dado Edward, que estaba lleno de cada momento que hemos pasado juntos desde mi cumpleaños. Era el regalo perfecto.

Un suave golpe en mi puerta me hizo levantarme, y dije "Adelante", suponiendo que era papá para verme antes de irse a comenzar su día. Le faltaba un hombre en la estación, y todos estaban tomando turnos extras.

Me sorprendí cuando Ali asomó la cabeza. Una mirada al reloj me aseguró que apenas eran las 8:30 de la mañana. Ali nunca se levantaba antes de las diez en fines de semana. Aunque su hermana mayor usualmente no se arreglaba y se iba a bailes de los que ella quería escuchar.

Entró corriendo y saltó en mi cama.

—¿Cómo estuvo? ¡Te veías tan hermosa, y Edward tan guapo! ¡No puedo esperar hasta que yo pueda ir a los bailes!

Tuve que reírme de su entusiasmo. Lo que era genial era que, por primera vez, tenía algo bueno que compartir con mi hermana. La mayoría de mis noches antes de Edward las había pasado con ella o con Angela y Emmett. Claro que eso no era gran cosa para Ali.

—¡Estuvo increíble! El gimnasio se veía muy bonito, y tomamos muchas fotos.

—¡Qué bien! —saltó en mi cama—. ¿Bailaste?

Sí. Atrás había quedado esa niña que le escribió esa tonta carta a Eric. Entre Edward y Eric, no había tenido que preocuparme por tener pareja de baile. Incluso bailé con Ben una vez, aunque creo que eso fue porque Angela quería que Eric tomara una foto de ella bailando con Edward para restregársela en la cara a su prima. Igual había sido divertido.

Eso también me recordó algo que Edward había dicho la noche anterior. Necesitaba preguntarle a Ali antes de olvidarlo.

—Bailé mucho.

—¿Bailes lentos, donde Edward te abrazó y tú pusiste la cabeza en su hombro? —preguntó, había estrellas en sus ojos café.

Edward tenía razón. Ali era una romántica. Pero sus palabras me hicieron recordar precisamente eso, Edward abrazándome lo más cerca de él posible mientras nos mecíamos y nos movíamos al ritmo de la música.

—Justo así. Edward es un gran bailarín.

—Lo sé. Me lo mostró cuando fuimos de compras para ti. —Toda su cara se iluminó—. Me paré sobre sus pies, y él nos giró. ¡Fue muy divertido!

Dios santo. Si no estuviera enamorada ya de ese chico, escuchar que había bailado con mi hermana en una tienda mientras compraban mi vestido me habría hecho enamorarme. Sólo desearía haberlos visto.

—Entonces, ¿Edward fue tu primera pareja de baile? —pregunté, estirando la mano para peinar el nido de aves que estaba sobre su cabeza. Obviamente no llevaba despierta mucho más que yo.

—¡Sí! Él tenía que practicar para estar listo para ti. —Ali me sonrió.

Sospechaba que no era así el asunto, pero era lo más lindo. Le daría un enorme beso por esto cuando lo viera.

—Bueno, hiciste un buen trabajo, porque él supo bailar muy bien. —Sonreí al pensarlo.

—Lo amas, ¿no? —preguntó Ali, saltando de nuevo—. ¡Te ves como cuando lees tus libros de romance!

—Sí lo amo. —Y por algún milagro, él también me ama. ¿Quién diría que esto pasaría cuando me pidió comenzar una relación falsa? Ciertamente yo no.

—¡Yay! —Ali se me echó encima, abrazándome con fuerza—. Y sé que él también te ama. Lo puedo ver. —Asintió, satisfecha consigo misma.

Me reí.

—Pues, pequeña sabia, tienes razón. Él me ama. —Nunca me cansaría de escucharlo, de pensarlo y, definitivamente, de sentirlo.

—¡Lo sabía! ¡Podría verlo! Cuando leí… —se calló y se tapó la boca con una mano, abriendo mucho los ojos.

Ahh. Ahora lo que Edward dijo tenía sentido.

—¿Ali? ¿Leíste las notas que él me dio, las que yo tiré a la basura?

Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero asintió lentamente.

—Sí. ¡Pero no todas!

Ahora no era el momento de reírme, aunque quería hacerlo.

—¿Qué te hizo pensar que estaba bien que leyeras mis notas?

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Las vi en tu basura cuando vine a tu habitación, tenían tu nombre y un corazón, así que quise saber. Y entonces, cuando las leí, ¡no entendí por qué querrías tirarlas! Así que las tomé y te las guardé.

Dios, ¿qué se suponía que tenía que contestar a eso? No estaba enojada con ella, porque ahora que sabía que las notas de verdad significaban algo, quería leerlas. Pero ella tenía que entender que estaba mal leer mis cosas.

—Alice. Sabes que las cosas privadas deben mantenerse así, ¿cierto?

Asintió, limpiándose las lágrimas que caían por su cara.

—¡Lo siento, hermana! Sólo quería que algún día las tuvieras.

Le lancé una mirada, porque eso no era todo.

—¡Y quería saber! ¡Ningún chico me ha escrito notas de amor! Quería saber cómo se sentía.

Por supuesto que sí. Y sabía que probablemente yo hubiera hecho lo mismo si fuera una niña de diez años.

—Ven aquí, cariño. —Abrí mis brazos, y Ali vino a ellos, poniendo su cabeza en mi hombro, sacando sus lágrimas y disculpas—. Está bien. Sé que tenías buenas intenciones. Y me alegra que las guardaras para mí. Sólo desearía que hubieras pedido permiso para leerlas. —Y realmente deseaba haberlas leído yo misma en lugar de tirarlas.

—¿Por qué no las guardaste? —Ali me miró, su cara llena de lágrimas rompió mi corazón.

Suspiré. ¿Cómo podría explicárselo a mi hermana en una forma que le hiciera sentido? Ella sabía que yo nunca tiraría cartas de amor de verdad. Decidí darle una parte de la verdad.

—Cuando Edward y yo empezamos a salir, él todavía no había superado a Tanya. Yo en realidad no creía que él y yo nos fuéramos a enamorar, así que ni siquiera las leí.

—¿No lo hiciste? —preguntó, sus ojos llenos de incredulidad.

—No. Fui una tonta. —Muy tonta. Al menos debí haberlas abierto. Estúpidamente asumí que eran papeles en blanco.

—Eso lo explica —dijo Ali, sonriendo de nuevo. ¿Qué rayos?

—¿Explica qué?

—Al principio las notas eran graciosas. Algunas cosas no las entendí. Luego se volvieron más lindas, diciéndote que te veías bonita y esas cosas.

¿En serio? Por supuesto que sí.

—Todavía las tienes, ¿cierto? ¿Me las puedes traer?

Una mirada que sólo pude interpretar como miedo cruzó su rostro.

—¿Ali? —¿Qué había hecho?—. ¿Dónde están? —Por favor Dios, no permitas que hayan caído en las manos de alguien más. Eso es todo lo que necesito.

—Sí. Pero te vas a enojar conmigo.

¿Por qué me enojaría con ella? Ya había admitido lo que había hecho.

—No estoy enojada, Ali. Quiero que respetes mi privacidad como yo respeto la tuya, siempre y cuando hagas eso, no me enojaré contigo.

Negó con la cabeza.

—No por eso.

Estaba confundida.

—¿Entonces por qué?

Se bajó de mi cama.

—Te mostraré. Sólo quédate aquí. Lo siento.

Las lágrimas estaban cayendo de nuevo cuando salió corriendo de mi cuarto. No tenía idea de por qué estaba tan agitada. Yo me sentía más que nada agradecida por poder ver lo que Edward había estado diciendo todo este tiempo.

Esperé impacientemente a que ella regresara. Ahora que sabía que tenía mis notas, estaba ansiosa por leerlas.

Ali se asomó por mi puerta.

—No te enojes.

¿En serio?

—No estoy enojada. Sólo dame las notas. —¿Las había decorado con sus amados brillos o algo así? Eso apestaría, pero lidiaría con ello.

Respiró profundamente antes de entrar en mi habitación y, ¡santa mierda! Estaba sosteniendo mi caja azul, la que había guardado todas las cartas de amor que misteriosamente habían terminado en las manos de mis anteriores amores. Al parecer, ya no era tan misteriosamente el cómo.

—¿Tú? ¿Fuiste tú quien tomó mi caja y envío las cartas?

Asintió, las lágrimas caían por su cara de nuevo.

—¿Por qué? —No podía entenderlo. Mi hermanita se había encargado de tomar mis secretos y hacerlos públicos. ¿Por qué me haría eso?

Sus hombros cayeron, y caminó lentamente hacia mi cama, dejando la caja frente a mí.

—No lo hice por ser mala.

No. De verdad no creía que esa fuera su intención. Alice no tenía ni una pizca de malicia en su pequeño cuerpo.

—¿Por qué lo hiciste?

Ali tiró de la orilla de su camisón rosa.

—Las encontré cuando vine a tu habitación una vez por pegamento.

Bien. Recordaba vagamente eso.

—Y encontraste mi carta.

Asintió.

—Pensé que era bonita, así que la abrí. Y vi las cartas dentro, y más o menos leí una.

—¿Más o menos? No lees más o menos una carta, Ali. —No estaba segura de qué hacer con esto. Una parte de mí estaba algo enojada, una parte de mí se sentía traicionada y triste, y una parte de mí sabía que si ella no lo hubiera hecho, yo no sería ahora más feliz de lo que había sido jamás.

—Era sobre un baile, y decías que te gustaba, y pensé que si él la leía, probablemente también le gustarías y al fin tendrías novio y te sentirías menos sola.

Dios. Era dulce incluso cuando era traviesa.

—No estaba sola, Ali.

Se movió y negó con la cabeza.

—Tal vez no estabas sola, pero nunca hacías nada con alguien aparte de Emmett y Angela. Y Emmett dejó de venir. Era una carta muy linda, así que pensé que él debería leerla. Y había cuatro más, así que pensé que una de ellas resultaría bien. Y una salió bien, ¿cierto? ¡Tienes a Edward!

Y justo ahí estaba el mejor argumento para lo que ella había hecho.

—Sí. Pero Ali, una de esas cartas causó problemas muy serios. Sabías que Emmett era novio de Rose. ¿Por qué mandaste la de él?

Se encogió de hombros.

—No leí esa, pensé que tal vez era una carta normal.

—Alice. No me mientas ahora.

—Él fue tu amigo primero, si lo querías de regreso, deberías tenerlo. Rose lo dejó. ¡Nos dejó a todos! Y pensé que era como la que había leído, probablemente vieja y de alguna cosa divertida que ustedes hicieron. ¡No pretendía causar problemas! ¡Lo juro!

Ahora estaba sollozando con toda su fuerza, así que la jalé a mí y la abracé de nuevo.

—Por favor, deja de llorar. Ya está todo bien. —Mecí a Ali y le pené el cabello mientras su llanto comenzaba a disminuir.

—¿En serio? —preguntó, sollozando mientras se retiraba para verme.

—En serio. —Respiré profundamente—. Lo que hiciste estuvo mal. —Las lágrimas comenzaron a caer de nuevo, y negué con a cabeza—. No más llanto, Ali. Necesito que me escuches.

—De acuerdo. —Pero unas pocas lágrimas escaparon, y las limpié.

—Lo que hiciste estuvo mal, porque esas eran mis cartas, y si las hubiera querido enviar, lo habría hecho yo misma. A ti no te habría gustado si yo entrara a tu habitación y tomara algo importante para ti, ¿cierto?

Negó con la cabeza.

—No.

—También sabías que estaba buscando mi caja, pero no me lo dijiste cuando te pregunté, ¿cierto? —Pero se había alterado tanto por eso que debí haberlo notado.

—No. —Hizo un puchero.

—¿Por qué no?

—Porque estabas molesta, y no quería que te enojaras conmigo. Pensé que enviarlas sería algo bueno. —Me miró—. Y lo fue, porque eso te llevo a Edward, ¿cierto?

Me reí cuando intentó minimizar sus acciones.

—Sí, al final lo fue. —Suspiré—. Nunca debí escribirle esa carta a Emmett. Ese fue mi error. Pensé que me gustaba, pero en realidad sólo me gustaba la idea de él.

—¿Qué significa eso? —preguntó, arrugando la nariz.

—Significa que quería lo que él y Rose tenían, pero creí que lo quería a él. Estaba equivocada. Incluso si realmente lo quisiera, nunca debí decir o escribirle algo por Rose. Las hermanas siempre deben ir primero.

—Estaba intentando ponerte a ti primero. ¡Sólo quería ayudar! —lloró, su cara se arrugó de nuevo.

—Shh. —La arrullé—. Lo sé. Pero también te estabas divirtiendo al invadir mi privacidad.

—Me gustó leer las notas —admitió en voz baja, haciéndome reír.

—Seguro que sí. Y me alegra que las guardaras ya que yo no las leí. Pero quiero que reconozcas que, a pesar de que todo resultó bien, estuvo mal que tomaras cosas que no te pertenecen.

—Lo sé. —Sollozó—. Lo siento. Siempre tuve la intención de regresar la caja. Sólo quería esperar un poco para asegurarme de que no te enojaras conmigo.

Tontita.

—Entre más esperaras, más enojada habría estado. —Toqué la caja de satín, feliz de tenerla de vuelta—. La caja significa mucho para mí.

—Lo sé. —Ali se enterró en mí, envolviendo sus brazos en mi cuello—. Lo siento, hermana. Edward me dijo que tenía que decirte.

Espera.

—¿Edward sabía? —Quiero decir, supuse que sabía que ella había tomado sus notas pero, ¿también sabía de mis cartas?—. ¿Sabía que tú enviaste las cartas?

Asintió.

—Cuando fuimos de compras, le pregunté algo de sus notas. Así que me preguntó, y le dije que las tome de tu basura. Y luego me preguntó que si había tomado algo más tuyo y si quizá lo había enviado por correo. Le dije que sí, y me dijo que debía decirte.

Huh. ¿Por qué él no me dijo nada?

—Dijo que yo debía decirte, pero que si no te decía pronto él tendría que hacerlo. Y dijo que le alegraba que lo hubiera hecho, a pesar de que estaba mal tomar cosas que no eran mías.

Sonreí un poco ante eso.

—Le alegraba, ¿eh?

Asintió.

—Dijo que era la mejor carta que había recibido y que le había dado el empujón para hablar contigo.

Así era. Y por esa razón, no podía enojarme con ella. Siempre y cuando ahora respetara los límites.

—Bueno, no puedo decir que lamento que haya pasado. Pero necesito que me prometas que nunca harás algo como esto de nuevo. Mis cosas privadas son mías, a menos de que te dé permiso de tocar o usarlas, ¿de acuerdo?

—Bien. —Me abrazó—. Lo siento mucho, hermana. En serio quería ayudarte.

Le regresé el abrazo

—Lo sé. Tu corazón tenía buenas intenciones. Pero jamás lo hagas de nuevo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Estiré la mano y toqué la caja azul de nuevo.

—¿Las notas de Edward están aquí? —pregunté, ansiosa por leerlas después de todo el drama de la mañana.

—Sí. —Y ahora recibí una brillante sonrisa de Alice—. Tus nuevos tesoros.

Sonreí por eso. Era lindo tener algo para reemplazar mis cartas.

—Gracias por guardarlas por mí.

—Por nada. Voy a prepararnos el almuerzo mientras las lees, ¿sí?

Por prepararnos el almuerzo, se refería dos tazones de cereal, pero eso funcionaba para mí.

—Si. Gracias, Ali.

—¿Estoy castigada? —preguntó.

Suspiré. Probablemente lo estaría si involucraba a papá, pero entonces tendríamos que tener una conversación muy incómoda sobre las cartas. En serio no quería lidiar con eso.

—¿Crees que deberías estarlo? —pregunté, ganando tiempo mientras lo pensaba.

—Sí —murmuró.

Cierto.

—¿Qué te parece si, en lugar de pasar la noche con Lauren el próximo viernes, vas al juego de fútbol de Edward conmigo? Y pasa el rato con nosotros después de eso. —En realidad no era un castigo, pero técnicamente le estaba quitando algo.

—¿En serio? ¡Me encantaría!

Por supuesto que sí. Más tiempo con Edward. Era su confidente, al parecer.

—Bien. Está hecho entonces. No le diremos a papá.

—¡Gracias, Bella! —me dio otro fuerte abrazo—. Iré a preparar el almuerzo.

Me reí cuando salió corriendo por la puerta. Tal vez debí haber sido más dura con ella, pero no tenía el corazón para serlo. No después de que sus acciones me habían dado todo lo que siempre había querido.

Levanté la tapa de la caja, sonriendo ante la pila de notas que me esperaban adentro. Había más que sólo cinco cartas ahora. Agarré una al azar.

Me gusta mucho verte esperándome mientras estoy en entrenamiento. Siempre tienes la cabeza enterrada en un libro, y en ocasiones veo tu sonrisa. Tienes una sonrisa muy bonita, a pesar de que no es para mí, me hace sentir bien verte feliz.

Y ya no importaba el regaño que iba darle a Edward por no contarme lo de mi hermana fisgona. Agarré otra.

Sé que han sido unos días de locos para ti, sólo quería decirte gracias por hacer esto. No es fácil tener a todos hablando de ti, lo sé muy bien, pero lo estás manejando muy bien.

¿En serio? Supongo que sí. Pero eso fue por él.

Si estás leyendo esto di "el cuervo vuela a media noche".

Me reí, preguntándome cuándo habría escrito esto. Estaba claro que ya se había dado cuenta que yo no estaba leyendo lo que escribía.

Sé que no me creerás si te lo digo, pero te veías muy bonita hoy. No te ves a ti misma con claridad, ¿cierto? Pero yo si te veo. Te veo cada día más, y me gusta lo que veo. Mucho.

Oh Dios. Sentí lágrimas escocer en mis ojos. ¿Cuándo había escrito esto? Estaba claro que había comenzado a sentir algo por mí y estaba intentando decírmelo. ¿Por qué no leí antes estas notas?

Las reglas se hicieron para romperse, y me alegra mucho que la regla número uno esté rompiéndose ahora. Sólo para que sepas, ¡estoy en busca de cualquier situación extenuante que pueda encontrar!

Volvía a reírme de nuevo. Esas tontas situaciones extenuantes habían sido ridículas. Ahora no necesitaba ninguna excusa para besar a Edward. Él era mío.

Creo que las zanahorias se convirtieron en mi comida favorita. ¿Quién lo diría?

Mis mejillas se calentaron al recordar nuestro porno con zanahorias en la hora de comida. Me encantó que él se volviera más coqueto y sugerente después de eso.

Había unas cuantas noticas inocentes más que eran comentarios graciosos sobre cosas que estaban pasando en la escuela. Pero mis favoritas eran as que escribió luego de que empecé a gustarle.

Me encantó verte con mi chaqueta puesta. Y con mi nombre en ti. Dime cavernícola, pero es muy caliente que todos sepan que eres mía, y yo tuyo.

Sí, sí era muy caliente. Me eché aire mientras agarraba otra.

Entonces, es claro que no estás leyendo lo que escribo. No sé por qué me parece divertido eso, pero así es. Y también es sorprendentemente liberador, saber que puedo decir lo que quiera justo ahora y no lo sabrás, a pesar de que te lo estoy dando. Aunque hay algunas cosas que estoy esperando decir. Necesito que las escuches, y no puedo esperar para ver tu hermoso rostro cuando lo haga.

Oh sí, Míster Seductor ataca de nuevo.

Sólo para que sepas, nunca antes he llevado a nadie a mi prado. Tú fuiste la primera. Y ni siquiera tuve que pensarlo dos veces cuando te vi angustiada, y apenas habíamos aceptado estar juntos. Creo que probablemente eso dijo más de lo que nos íbamos a convertir de lo que yo hubiera supuesto jamás. Me alegra tanto poder conocerte, Bella.

También a mí. Dejé el resto a un lado para leerlas y saborearlas más tarde. Tenía algo que necesitaba hacer justo ahora. Agarré mi teléfono y mandé un mensaje.

El cuervo vuela a media noche.

No pasó mucho tiempo antes de que mi teléfono vibrara.

Ella finalmente lo admitió, ¿eh? ¿Y leíste mis notas? ¿Estoy en problemas?

¿Cómo podría enojarme con él después de todas estas notas y de lo que había hecho por mi hermana? Bailar con ella, guardar sus secretos, animarla a hacer lo correcto.

Hoy estoy más enamorada de ti que ayer.

¡Eso suena prometedor! ¿Qué harás al respecto?

Eso era fácil.

Tengo unas cuantas situaciones extenuantes esperándote. ¿Puedes venir en una hora?

Eso me daría tiempo suficiente para comer y bañarme.

Ahí estaré. Soy todo tuyo.

Sí, lo era. E iba a mostrarle lo mucho que apreciaba eso.


Espero que hayan disfrutado del capi, ahora ya sabemos quién fue el responsable detrás del envío de esas cartas.

Gracias por todo su apoyo siempre 😉