Disclaimer: No soy Jotaká ni Warner. InherentementeHarry Potter no me pertenece.
Este relato participa en la tabla Alergias de Primavera organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash.
Palabra: Correr.
Personaje: Pansy Parkinson.
Palabras: 592.
ALERGIAS DE PRIMAVERA.
...
VEINTITRÉS.
Pansy se va a morir. Sus pulmones le están avisando que en pocos minutos van a dejar de procesar el aire y su cabeza está comenzando a gritarle que se va a apagar. Las pantorrillas le arden, los zapatos le están haciendo salir ampollas y tiene un aire. Un jodido aire en el vientre que hace que resople el poco aire que le queda en el cuerpo.
Pero no se detiene. Sigue obligándose a correr. Un paso tras otro con rapidez. Los pies apenas tocando el piso.
La maldita sangre le va a hacer estallar la cabeza.
—¡Me rindo! —chilla Ginny desplomándose sobre el suelo. La respiración le sale a golpes por la nariz como hojillas afiladas, el sudor le escurre por el cuerpo de forma desagradable y la sangre la siente quemar en su rostro. Cae con las rodillas dobladas y el pecho casi contra ellas.
El barro del Bosque Prohibido le llena las piernas, los antebrazos y la frente. Está frío y eso de alguna forma es agradable.
Pansy, al escuchar esas palabras salir de la boca de su novia, aligera su paso. Comienza trotar para terminar caminando suavemente. Al caminar las ampollas en sus pies escuezen por el sudor. Oculta la mueca de dolor al pararse frente a Ginny.
Ginny Weasley, capitana del equipo de Quidditch, entrenadora implacable, chica dura, la menor de siete hermanos, está tirada bocabajo en el piso. Pansy jura que la puede escuchar gemir.
—¿Te rindes tan fácil, Weasley?
A Pansy le fascina pinchar. Pinchar el orgullo henchido de Blaise, pinchar el egocentrismo de Daphne, pinchar la autocomplacencia de Theo. Pinchar y pinchar. Sobre todo le gusta pinchar a su novia.
—No te escucho bien, Parkinson. Todo lo que puedo escuchar son tus jadeos.
Evidentemente, Ginny no se deja morder sin devolver el mordisco. Claro que, Pansy lleva entrenándose años en devolver el golpe. Solo que esta vez no se trata de eso.
—Te he ganado, bonita. Me retaste porque creíste que soy una niñita de cristal. Me retaste porque todavía en tu cabecita me vez como la chica petulante de Slytherin.
—Pansy no...
Ginny levanta la cara parándose sobre sus piernas flexionadas. La culpabilidad le tiñe la expresión.
—No. —Pansy respira hondo, saca la máscara de displicencia que no llevaba desde hace meses—. Creí que eras distinta, Weasley, creí en tu basura gryffindoresca sobre ser más que un color. Y lo hice. Confíe en ti, te vi más allá de tu apellido o escudo. Me prometiste que mis elecciones en el pasado no definían la persona que soy hoy. ¿Sabes qué, Weasley?
Ginny ni se atreve a responderle. No se atreve a defenderse. Eso es peor que tratar de explicarse, eso le confirma a Pansy que cada palabra que está diciendo es cierta. Pansy se abraza a ella misma.
»Hablas muy bonito, pero en realidad no crees en nada de lo que dices. Eres todos los prejuicios de los que nos culpan a los Slytherin. Y sólo para que quede claro: para mí sí eres más que una casa, más que un apellido o tres cualidades juntas. Te quiero, ¿sí? —Es la primera vez que lo dice. Ginny comienza a llorar—. Pero no me voy a quedar contigo sabiendo que todavía me ves como la niña que elegió mal en la Guerra. No me voy a quedar sabiendo que para ti no puedo hacer algo tan estúpido como correr.
Pansy respira; controla las ganas de hacer sufrir a Ginny.
Ella es más que eso. Pansy es más que todos los prejuicios que la acompañan.
