En otro lugar de Beacon Hills después de la pelea.
¿Qué le estará tomando tanto tipo a la estúpida loba para cumplir con algo tan sencillo? Solo tenía que ir por el adolescente tonto que corre con lobos para empezar a hacer las pruebas que se necesitan en el plan.
Tan fácil es hurtar a un tan insignificante con él, por lo que solo encuentro dos opciones: a) ha estado alardeando; b) o mató al mocoso y no sabe cómo decírmelo sin sufrir las consecuencias de ello. Conociéndola de tantos años, puedo apostar que es un poco de las dos cosas lo que puede estar sucediendo; de lo único que estoy seguro es que le arrancaré la cabeza como no llegue en los siguientes diez minutos.
—Deucalion, algo se acerca —la voz de uno de mis beta-alfa interrumpe mis divagaciones. Haciendo que ponga atención a lo que ha hablado.
Hay un sonido extraño, como a unos 900m de distancia; si pones real cuidado puedes percibir que es constante y con esfuerzo. Aún no está lo suficientemente cerca para poder olerlo, pero con cada segundo que pasa es fácil de escuchar.
—¿Qué carajos…? —cuestiona Ennis antes de salir corriendo por la entrada.
Los gemelos no tardan en ir tras él, los demás se quedan conmigo al saber que no es necesaria su presencia ante lo que sea que se acerque; los que se fueron podrán hacer frente. Sin embargo, comienzo a entender la reacción de Ennis.
Es Khali.
El olor de la perra está llegando a mí con fuerza, ya que es tanta sangre la que está derramando que dudo mucho que la curación lobo pueda salvarla de su muerte. De todos modos, yo me encargaré de que no quede viva después de que me explique lo que ha pasado con ella.
No tardan mucho en regresar con la mujer a cuestas, lo que no es una sorpresa; lo que sí lo es, es que traen a la loba en dos partes. Porque Aiden trae un brazo moreno entre sus manos y Ennis carga con Khali. No cabe duda que es una escena bastante peculiar, por decir lo menos. Mas eso no es suficiente para apaciguar la ira que llevo desde hace minutos cultivando, por lo que a paso decidido me dirijo hacia ellos; los gemelos dan un paso hacia atrás, mostrando temor —que es bien recibido—, en cambio, Ennis, se mantiene firme en su lugar, manifestando un poco de altanería ante mí. Cosa que dejaré pasar por esta ocasión, porque lo que me importa es saldar cuentas con la pendeja que carga en sus brazos. Al estar a unos cuantos cm de distancia, hago un simple gesto que ordena al hombre soltar a la loba —orden que lleva a cabo unos segundos después—; ni bien ha tocado el piso el cuerpo de Khali cuando ya la estoy golpeando con el bastón.
—¡No sé si tengo ganas de saber qué fue lo que hiciste para terminar así! ¡ERES UNA VERGUENZA PARA TU MANADA! —exploto—. ¿Te das cuenta de lo imbécil que has sido que tu brazo ha quedado inservible?
Saco toda la frustración contenida en el cuerpo con cada golpe, ella no se queja para nada. Sabe completamente que es inútil que lo haga y que no tendré misericordia con ella. ¡Soy el Alpha de alphas! ¡La compasión no está en mí, eso es de débiles!
—Él… él…
—¿Él qué? —preguntó con otro golpe. Antes de levantar la mano hacia Aiden, pidiéndole el brazo—. ¿Cómo pudo un mocoso quitarte un brazo?
—Hay algo en él, Deucalion…
—¡Patrañas! Llevamos meses vigilando e investigando a este intento de manada y no hay nada extraordinario en ellos. ¡Son una bola de adolescentes hormonales con un Alpha incompetente! ¡¿Qué excusa me quieres dar, perra?! ¡El humano te hizo esto, hueles a él?
—Ninguna, Alpha, pero el niño no es normal. Lo han ocultado muy bien.
Respiro profundamente, tampoco puedo tomarla por loca. No sería inteligente de mi parte no darle la oportunidad de hablar.
—Bien, querida Khali, supongamos que decido creerte. Dime, según tú, ¿quién es ese mocoso?
—La peor pesadilla del mundo humano y sobrenatural.
Y por muy estúpido que parezca, un escalofrío recorre mi espalda al noquear a la loba con su propio brazo.
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*sterek*is*real*
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Tiempo real.
Maldito el día que le pedí a Scott que se uniera a mi manada, ese niño es peor que Stiles y eso es decir mucho. Es que no puedo creer que esté limpiando el desorden que el niño hizo, porque decidió molestar a un zorrillo.
—¡Eso duele, Derek! —se queja el susodicho al cepillarle con demasiada fuerza la cabeza.
Ah, porque sí, señores. Estoy bañando a Scott en el patio con manguera y un cepillo especial para perros —chistecito de Stiles—, pero bendito cepillo está ayudando a que no toque directamente la pipí de zorrillo que sigue apestando en el beta.
—A veces me pregunto, qué tenía en la cabeza Peter al decidir morderte. Lo único que puedes agradecer es que ya no tienes asma, por lo demás no vale la pena mencionar.
El adolescente hace un ruido de indignación mientras se echa agua en el cuerpo.
—Eres mi Alpha, no debes herirme.
—El que me está hiriendo eres tú con el olor que te cargas. ¿Acaso no está tu madre para hacer esto en mi lugar? Es más, aquí la dejamos. Ya no se puede hacer nada más en ti. Vete a tu casa y no salgas de ahí hasta que desaparezca el olor.
—Pero mañana hay clases, Derek.
—Pues ve a hacer el ridículo a la escuela, entonces.
Hace un gesto de dolor, imaginando las burlas que tendrá que vivir por el resto del tiempo que le queda en la escuela. Toda su vida en Beacon Hills recordado y señalado como Scott el Mion.
—Oh, por Dios. ¡Estás imaginando cosas a mi costa, ¿verdad?!
Levanto los hombros con indiferencia, de nada sirve negarlo si puede oler la mentira.
»Eres de lo peor.
—Lo que digas, pero ya lárgate… Scott el Mion.
—¡Me largo de esta manada! —chilla, corriendo el bosque.
Lo único que se escucha es la carcajada limpia que dejo salir con mucho gusto.
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*sterek*is*real*
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La primera vez que pude abrir bien los ojos, todo a mí alrededor estaba oscuro. Tan oscuro que mi visón por naturaleza no pudo captar nada. Con los días caí en la cuenta de que el lugar donde me encontraba no tenía ventana, ni luz alguna; la puerta está cerrada herméticamente no dejando pasar absolutamente nada. También comprendí que aprovechaban la debilidad de mis sentidos para dejarme un vaso de agua y una pieza de pan al dormir.
Sin embargo, hay ocasiones en las que puedo escuchar voces; susurros enfurecidos en medio de la madrugada, solo alcanzaba a oír "orden", "matarán", "seguir" y "dejar". Realmente, no tengo idea de qué pueden significar en su totalidad, pero sí entiendo que no están haciendo conmigo lo que deberían y que los dueños de esos susurros han estado evitando. Puede que lo estén atrasando, mas creo que es algo tonto no matarme de una vez; solo aumentan la agonía, a menos de que sean tan sádicos que eso sea lo que busquen: torturarme al no mover ni un solo dedo, siendo yo la que se provoque un colapso mental.
Es una estrategia muy buena de su parte. No dudaría en que la manada Alpha esté haciendo eso… No obstante, hay algo —llamémosle esperanza— dentro de mí que no me deja caer en la desesperación. Porque si caí en las manos de esta manada perversa fue por buscar lo que creí que se me había quitado una vez, hace muchos años. La misma esperanza que me hizo salir a buscar, es la misma que me mantiene cuerda.
Justo al pensar en eso, la puerta comienza a chirriar. La están abriendo. Les puedo jurar que en todos los meses que he estado con ellos nunca abrieron esa puerta cuando estuve despierta, es la primera vez que se salen de la rutina creada.
Y puedo decir que me estoy llevando una gran sorpresa. Abren de par en par y la luz entra directamente sobre mi rostro lastimándome los ojos, solo puedo escuchar el arrastre de algo pesado y la risilla seca de un hombre.
—Sabía que estarías despierta, no quería que te perdieras esto —dice el hombre con diversión y burla—. Te hemos encontrado compañía —hace una pausa con un jadeo al dejar caer lo que supongo que es un cuerpo sobrenatural frente a mí. Se sacude las manos con satisfacción, pero aún no puedo abrir los ojos por el resplandor—; bueno, lo correcto sería decir que me encontré esta maravilla en el bosque. ¡Iba a jugar con ella! Porque esas curvas están perfectas para darles un buen tratamiento, mas Deucalion no dejó que lo hiciera, alegando que alphas como nosotros nonos rebajamos a culturas humanas como la violación. Una pendejada de su parte, pero si he estado vivo tantos años a su lado es por serle obediente y un culo no hará que me mate, por muy bueno que esté —gime. El maldito gime resignado—. Por cierto, debes de agradecer a Deucalion por esta regla, porque tú tampoco estás nada mal. Uff, un trío entre nosotros sería magnífico. En fin, me voy antes de que el Alpha piense que lo he desobedecido.
Y así como entró, salió.
Dejándome con el sudor frío ante tal revelación. Siento el terror bajar desde la cabeza hasta la punta de los pies y de regreso; y no sé si agradecer o maldecir a Deucalion.
Sacudo la cabeza para alejar los malos pensamientos, recordando que ya no estoy sola en el cuarto; que por las palabras del hombre sé que es una mujer. Dejo que el olfato me guíe hasta a ella y trato de revisarla lo mejor que puedo. Toco su cuerpo con suavidad en busca de heridas, la sangre me dice que solo tiene un fuerte golpe en la cabeza que ya está en proceso de curación. Unos minutos después, la dejo descansar al no encontrar nada más. Pienso que tardará mucho en despertarse, mas no ha pasado mucho cuando la oigo quejarse.
Está volviendo en sí.
Me acerco a ella con sutileza, susurrando palabras tranquilas sabiendo que puede tener un despertar brusco al ver todo oscuro.
—Tómate tu tiempo. No quieras forzarte a levantar.
—¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? —trata de levantarse pero lo evito.
—Sé que nos tiene secuestrada la manada Alpha, pero no sé dónde nos tienen.
No sé, pero hay algo raro aquí. Estoy percibiendo un cierto picor en la nariz. Estoy por preguntar, ella se adelanta.
De un momento a otro estoy sobre la espalda y con una cara enterrada en el cuello.
—Disculpa, no creo que sea buena candidata para aparear…
—Calla —ordena la chica—. Tu esencia —ronronea, literalmente, sobre la piel—, se siente tan familiar.
Los cables se conectan en mi mente. Eso es lo que estaba percibiendo hace unos segundos, su aroma es demasiado… cercano.
»Hueles a…
—Manada —termino en un hilo de voz.
