Tomo asiento en la mesa de la cocina mientras que veía como aquella mujer regordeta preparaba la mescla de avena con cacao.

-Elsa, me llamo Elsa.

-Oh, ya lo se cariño- Respondió con una cálida sonrisa.

La rubia se extraño un poco ante lo dicho por la mujer pero no dijo nada, ya era suficientemente "Singular" el día, como para indagar en los motivos para saber porque ella sabia su nombre, así que cayo y bebió mas de su taza de chocolate caliente.

No pasaron mas de 15 minutos cuando las galletas salieron del viejo horno de barro y cuando Elsa las probo quedo maravillada, pero había algo peculiar en aquella receta.

Mientras masticaba miro el trozo de galleta que tenia en su mano un tanto extrañada.

-Oh, no me digas que no te gustaron- Dijo la mujer un tanto triste.

-No no no, están deliciosas solo que...

Elsa fue interrumpida, pues una niña de no mas de 7 años de edad, también vestida antigua, pelirroja con un mechón blanco y atado en dos trenzas, entro corriendo a la cocina y tomo asiento en la silla de su lado derecho, para empezar a comer las galletas, muy rápido para el gusto de Elsa.

-¡Anna!- La regaño la mujer y esta apenada dejo de comer. -No son para ti.

La niña se encogió en la silla apenada.

-Lo siento Gerda- La pequeña volteo a ver a la rubia. -Hola Elsa, tenias mucho que no venias por aquí.

Okey, eso fue suficiente para la platinada, se levanto aterrada y salió de esa cocina casi a las corridas para volver al gran comedor y así encontrarse con su grupo pero al llegar no encontró a nadie, es mas, parecía que nunca nadie estuvo ahí en todo el día.

Se había desmayado, si, eso era, en algún momento del recorrido ella se había desmayado y todo era un mal sueño, todo era eso.

-Elsa…

Escucho esa suave voz que la llamaba, tan cálida, tan familiar.

Era una mujer de cabello cobrizo recogido en un peinado corona, ojos azules y también vestida con ropa antigua de tonos purpuras y negros, con una corona sobre su cabeza y se cubría del frio con una chalina morada.

-Tu padre y yo te estamos esperando, arriba- Dijo esta, empezando a caminar lentamente por el pasillo que llevaba a una gran escalera.

Elsa no quería, realmente no quería seguirla pero nuevamente era como si sus pies nuevamente se movieran solos

Empezó a subir por la gran escalera en forma de caracol, escuchando los rechinidos por cada paso que daba sobre la madera con sus zapatillas.

Todo a su alrededor se oía a la lejanía, como si un eco la envolviera, vio correr por su lado a la niña que le había dado el libro pero esta vez vestía un pijama verde y detrás de ella corría la mujer regordeta que le había hecho las galletas pero las ignoro, aunque se quedo viendo como bajaba, luego llego a un pasillo y se vio rodeada de muchas mujeres, que caminaban con pilas de platos en sus manos.

-Hola Elsa- La saludaron todas al unísono.

Tras soltar un débil "hola" la adolecente siguió caminando en dirección opuesta a las mujeres.

Doblando la esquina llego a otra escalera que llevaba a otros pasillos, sabia que no debía estar ahí, pues eran pasillos restringidos , ya que se encontraba frente a una puerta que decía "Oficina real" decidió no arriesgarse y pego la vuelta, para encaminarse hacia otro pasillo donde habían bastantes puertas, no había que vivir ahí para saber que eran cuartos.

Solo había una puerta entreabierta y sintió que debía ir hacia ahí.

Cuando entro con cautela, solo vio a lo lejos un pequeño cuerpo reposado en la cama y cuando por fin se acerco, le causo mas que miedo fascinación, era ella… pero de pequeña, durmiendo plácidamente en la gran cama, se observo o mas bien observo a aquella niña que dormía, tenia un pijamita azul y los ojitos bien cerrados, era un angelito.

Sintió un tacto suave en su hombro y volteo a ver de quien se trataba, era aquella mujer que decía que la esperaba.

-Oh, es hermosa ¿Verdad?- Rodeo la cama, sentándose en ella y acariciando el rubio cabello de la pequeña. -Es mi bebé, mi pequeña Elsa- Dijo con lagrimas en los ojos. -La congelaría así para que nada le pase, a ella y a mi otra pequeña- Con su cabeza, hizo seña a la otra cama que se encontraba en frente. – Mi pequeña Anna- Dijo.

Se acerco a la cama del frente, era esa pequeña niña que le había dado el almanaque, ahora dormía, con la boca abierta y daba pequeños ronquidos.

La mujer se acerco a ella para arroparla bien y cerrar su boca con delicadeza.

-Te están esperando fuera- Le dijo y Elsa al girar vio la puerta completamente abierta.

Se retiro, dejando a esa mujer con sus dos hijas.

Cuando salió, vio a una joven muchacha esperándola a mitad del pasillo, una joven pelirroja, muy bella para el gusto de Elsa, pues logro intimidarla un poco, tenia unos hermosos ojos verdes azulados y su rostro y hombros estaban plagados de pecas y tenia un vestido antiguo pero elegante.

Sin decir nada, le extendió la mano y Elsa como si estuviera bajo un hechizo la tomo.

-Estas muy bella, mucho mas bella- Le dijo con una dulce voz y Elsa se sonrojo fuertemente.

Sin que pudiera decir ni "A" que la cobriza galo de su mano y la hizo caminar hacia ese lugar que había evitado, la oficina real, el despacho real.

Cuando entraron, todo estaba en penumbras, lo único que se veía era un escritorio iluminado y sobre el estaban el cetro y la bombilla estaban sobre el, claro, los de la capilla debían ser copias caras de exhibición.

Sintió como unos brazos rodeaban su cintura y la abrazaban con fuerza, pegando su espalda a un cuerpo cálido.

Era aquella joven pero ahora se veía mas madura, vestía un vestido de tonos negros y verdes, con una larga capa oscura y ahora estaba peinada igual que la mujer que había dejado en el cuarto con sus hijas.

La chica acaricio su propia mejilla con la de Elsa y la rubia involuntariamente cerro los ojos por el cálido gesto.

-También te extrañe- Le susurro al oído. -Ahora tómalos.

Y como si de una buena criada se tratara, tomo en sus manos el cetro y bombilla, pero lo siguiente que paso no se lo esperaba…

El cetro y la bombilla se empezó a congelar en sus manos y al instante los dejo caer en el suelo, quiso correr pero cada paso que daba provocaba que el suelo se congelara y cuando su mano toco la pared esta también se congelo.

Se sentó en un rincón, viendo como todo el cuarto se congelaba y cuando miro sus dedos, vio que estos se estaban congelando también.

-No, no, no- Dijo y abrazo sus rodillas mientras empezaba a llorar. -Es solo un sueño, solo un sueño, un mal sueño- Se repetía con los ojos fuertemente cerrados.

Entonces como si fuera un milagro, sintió unos golpecitos en su cabeza.

Cuando miro al frente, todo estaba en completa normalidad, aun era de día y la luz entraba reluciente por el enorme ventanal de vidrio, se veían las paredes, las pinturas del pueblo, todo normal, pero cuando levanto la vista se volvió a encontrar con esos ojos verdes azulados, esas pecas y ese cabello, pero esta vez aquella joven mujer vestía una camisa azul oscuro de seda, un pantalón ajustado negro y unas simples zapatillas negras también y tenia su cabello recogido en una cola de caballo.

Elsa se puso lo mas rápido que pudo de rodillas, pues cualquier idiota sabría que aquella joven era la princesa Annabella.

-No puedes estar aquí- La regaño la futura reina.

Elsa se puso de pie. -Lo siento tanto, es solo que yo…

Elsa no termino de hablar, pues noto como la princesa veía con los ojos muy abiertos un punto detrás de ella.

Cuando la rubia volteo, quedo anudada, había una pintura de una mujer rubia, con un vestido azul cristalinos, con los ojos del mismo color, piel blanca, pequeñas pecas en su rostro que llevaba un semblante sereno.

-¿Quién eres tu?

-Soy Elsa…