27 té
-Ya sé que no me soportas porque ni yo mismo me soporto a veces pero... -Con molestia Cíel le aclaraba- Pero ¿Debes aclararlo frente a todos?
-No quise decir eso... Bueno si... Pero no -Trataba de justificarse el nervioso demonio a su pequeño amo que hacia un puchero, los demás miraban a la pareja que parecía discutir.
-Discutir no le hace bien al bebé, amo Ciel... - Agni trataba de calmarlo acercándose hacia una pequeña reverencia- Por cierto felicitaciones por su bebé... Siempre una nueva vida es motivo de alegría.
Todos se sumaban a las felicitaciones excepto Soma que a unos pasos miraba como resentido al conde, el ambiente parecía haberse calmado.
-Amo Soma ¿Por qué no se acerca a felicitarlo? -Le cuestionaba su sirviente con curiosidad.
-Porque Ciel es un niño... ¿Cómo podrá tener un niño? Es como si un bebé tuviera un bebé...
-¡No soy un bebé...!
-Es muy tierno de su parte principe preocuparse por Ciel, pero el estará bien... -Le hablaba Sebastian con tranquilidad.
-Si como no... Tú mismo has dicho que está enfermo, miralo está todo pálido y más delgado. -Le refutaba el principe.
-Podré soportar esto no soy tan débil -Murmuraba Ciel acercándose a su preocupado amigo- Si mi cuerpo soportó estar con Sebastian podré sobrellevar este embarazo.
-Me halagas cariño... -Con una coqueta sonrisa insinuaba el demonio- Ya sé que la tengo grande... Pero no es necesario que lo aclares así frente a todos, es un poco penoso.
-¡Cállate! -Muy avergonzado el conde le gritaba más sonrojado de lo que estaba.
Los demás se avergonzaban también ante esa insinuación y sobre todo porque provenía directamente del joven conde a quien creían tan inocente cuando obviamente ya no lo era.
-¿Qué tiene grande señor Sebastian? -Curioso Finny le cuestionaba no entendiendo por qué los demás se avergonzaban.
-El amor -Burlonamente Bard le respondía.
-No preguntes esas cosas Finny... -Sutil le regañaba la sirvienta, el joven apenado se quedaba callado y con esa duda.
-Yo te puedo enseñar después ese amor tan grande -Le insinuaba el cocinero al joven rubio este sonriente asentía con la cabeza.
Sebastian aclaraba su garganta ante la inusual escena al parecer habría algo de acción en la habitación de los sirvientes.
-Ahora debemos cuidar al amo Ciel... Conozco unas plantas que ayudan a quitar las náuseas, quizás hacer un té de sus hojas le ayude.
-Parece ser una buena idea... -Un poco aliviado Sebastian le hablaba al otro mayordomo- Vamos a prepararlo de una vez.
-¡Ciel!! Perdóname... En realidad me hace muy feliz tener un sobrinito pero me preocupo por tu salud. -Lloriqueando Soma lo abrazaba con fuerza.
-No es tu sobrino... Y sueltame que me lo aplastas.
Todos sonreían ante la tierna escena entre los jóvenes, los sirvientes se encargaron de llevar a su joven amo a la habitación mientras los mayordomos se dirigían a la cocina a preparar el té y algo ligero para que comiera el embarazado.
-Agni agradezco la ayuda que me está dando...
-Lo hago gustoso aunque creo que es muy prematuro todo esto para el amo Ciel... Pero también creo que usted lo ama y cuidará bien de él.
-Si lo amo... Aunque últimamente me saca de quicio...
-Bueno debe entender que su cuerpo está en proceso de cambios, además de eso enfermo.
Sebastian suspiraba resignado, sabía que el era responsable de esos cambios así que debía aguantarse por lo pronto trataría que su amo comiera.
-Ese té no me quitara las náuseas, me hace revolver más el estómago tiene un sabor horrible. -Con muy mala cara se quejaba el joven quien en su cama escupía el té que los mayordomos le habían traído- ¿Quieres que vomite a nuestro hijo?
-Ciel eso es dulcemente absurdo... No puedes vomitar bebés... Tómate el té
-¡No quiero!
-Amo Ciel... ¿Si le añado miel se lo tomaría? -Sugería Agni tratando de ser comprensivo con el berrinchudo conde.
-Tal vez... -Con un puchero le respondía este- Sebastian deberías aprender a Agni.
-Y tú deberías aprender a ser más maduro.
-No empiecen a pelear ustedes. -Les regañaba Soma con un puchero.
-Querido hermano... ¿Qué te parece cambiar de mayordomos unos días? -Sugería el conde con una fingida dulce sonrisa y mirada al príncipe hindú era obvia su firme intención de molestar a su mayordomo.
-¿Y yo me quedaría con tu mayordomo? -Receloso murmuraba Soma quien miraba de reojo a Sebastian y se escondía tras su sirviente- Debo pensarlo... Porque después que tu mayordomo me hace un hijo a mi también.
-Claro que no permitiré eso... Nadie tocará morbosamente a mi amo. -Un poco alterado Agni hablaba.
-Si eso quieres, si quieres cambiarme no hay problema. -Resentido el demonio le reprochaba a Ciel, quien sólo desviaba la mirada.
-Tomaré el té sin miel, no hagas tanto drama Sebastian.
Los hindúes salían sigilosos de la habitación dejando a solas a la pareja ya que se podía percibir la tensión entre ellos, debían aclarar sus asuntos en privado.
-Creo que los dos estamos irritables...
Murmuraba Sebastian acercándose a la cama le daba la taza con el té.
-Solo falta que tu también estés embarazado. -Insinuaba divertido el joven pretendiendo beber ese té de sabor amargo.
-Y si lo estuviera... ¿Te alegraría o enojaría?
-Te diría que ese niño no es mío... Maldito demonio infiel.
El demonio desviaba la mirada y solo sonreía sutil algo sospechoso.
-¿Qué te parece si con cada sorbo de té que des te daré un sorbo a ti? -Insinuaba perverso el demonio.
-¿Yo qué ganaré con eso?
-Te sorberé bien delicioso ya sabes qué... -Le respondía apretando su entrepierna con fuerza, lo escuchó gemir alto.- Hace días que no me das de beber.
-Ngh... Ofrece algo más y quizás acepte.
-Te daré algo dulce de beber luego que termines tu té.
Ciel asentía con la cabeza sintiendo como su mayordomo se acomodaba entre sus piernas le bajaba la ropa interior comenzaba a lamer su miembro.
-Bebe tu té... -le ordenaba el demonio notando como Ciel jadeaba y no tomaba el té solo hacia tambalear la taza en su mano.
El conde bebía un sorbo de ese té amargo en medio de un gesto de desagrado pero que se le pasaba de inmediato porque sentía como su miembro ya erecto era devorado por la boca de Sebastian, sintiendo como sus colmillos lo rasgaban y su lengua lo envolvía húmedamente.
-¿Te gustó eso? Bebe otro sorbo y lo haré de nuevo.
-Ngh... Maldito aprovechado. -A pesar de su reproche lo disfrutaba porque bebió otro sorbo sin dudar y se estremecía al sentir como esa boca le brindaba placer.
Continuaron así por unos minutos hasta que Sebastian comenzó a succionar con fuerza su miembro percibiendo el sabor de unas gotas de su semen deleitando su paladar.
-Ahhh... Ya acabé mi té... Quiero mi recompensa... Ngh...
Entre gemidos le suplicaba el joven ya recostándose en la cama se quitaba la pijama, desnudo se retorcía entre las sabanas con la taza vacía a un costado. El demonio perverso sonreía succionando más fuerte lo hacia eyacular en su boca en forma abundante.
-Delicioso... -Murmuraba el mayor cuando terminó de beber toda esa espesa y deliciosa esencia- Bueno dije que te daría algo dulce...
Bajándose el pantalón dejaba ver su erección que goteaba.
-Abre la boquita... -Se le acercaba, Ciel obedecía abriéndola miraba como su demonio se masturbaba junto a su cara.
-Ahhh aquí va... -Movía con mas fuerza y rapidez su mano en medio de su estremecimiento placentero metía la punta de su miembro en su boca, dándole de beber su semen.
Aún jadeante Ciel tragaba el dulce regalo de su demonio que mantenía su miembro en su boca fue entonces que la puerta se abría de repente.
-¡Ciel! Escuché ruidos raros ¿Estás vomitando? -Entraba todo alterado Soma que se quedó paralizado ante la pervertida escena.
-¡No entres así...! -Le gritaba Ciel, el demonio se separaba y cubría su miembro expuesto.
-Amo... Salgamos... -Muy sonrojado Agni halaba al príncipe notando lo que este había interrumpido, dejaban a solas a la pareja de nuevo.
-¿Tienes náuseas? -Cuestionaba el demonio dándole un pequeño beso en los labios.
-No... El té funcionó.
-Eso o estaba muy delicioso mi bebida que es imposible vomitarla.
-Presumido. -Con una pequeña bofetada le murmuraba uniendo sus labios en un lascivo beso sentía el sabor de sus esencias mezclarse, excitándose ambos se miraban.
-Dame de comer ahora...
-Si mi señor...
Ambos se escondían bajo las sabanas y apagaban las luces, después de días de abstinencia parecía que retomarían su vida sexual porque a pesar de sus tontas discusiones se amaban.
(з)-
Muchas gracias por seguir esta historia. ( )
