Capítulo 28
Después de los últimos secesos, la vida continua, para los rubios un par de años después, dos mujeres estaba en labor de parto casi simultáneamente, solo que una en Londres y la otra en Chicago…
-Vamos Candy, puja, puja.
-Vamos Eliza, puja, Puja.
Albert, estaba muy intranquilo afuera de aquella habitación, donde su mujer estaba dando a luz.
-Tía, no aguanto más, voy a entrar.
-No, hijo, si es necesario te van a llamar.
-Pero tía, me estoy preocupando, ya lleva varias horas, aun no salen, cuando se escuchó un chillido, saliendo el doctor.
-Es una niña, Sr. Andlay, puede pasar a ver a su esposa.
Del otro lado del mundo, igual se escuchaba un chillido, saliendo igual un doctor.
-Sr. Bruce, ya nació su hija, puede pasar a ver a su esposa.
Entrando un Stefano Bruce para conocer a su nueva hija y a darle un beso a su mujer, Eliza, con su bebe en brazos, enseñándole a su padre a su hija.
-Pero, si esta hermosa, gracias mi vida, mejor regalo no pudiste darme, viendo aquella niña con una pelusita pelirroja de ojos grises, como su padre, ven hija, acércate, ven a conocer a tu hermana.
Una Abigail, se acercó poco a poco, hasta que se detuvo cerca de aquella cama, para ver aquel bebe, que ahora era su hermana, ¿que como sucedió todo eso?, ¿que fue los que los unió?
= Dos Años Atrás. =
Eliza, estaba en aquel jardín, cuando una pequeña niña se acercó.
-Hola, pensé que era la Srta. Brown, pero ya veo que no, usted ¿Qué hace aquí, en su casa?
-Bueno, creo que a sanar mi corazón.
-mmm sanar su corazón, que significa eso.
-Eso, es a lo que yo quisiera darle un significado, cuando se escuchó a lo lejos, Abigail, Abigail, Abigail.
-Ya te dijo tu papa, que no andes sola por la arboleda, se va a molestar muchísimo contigo.
-No, se va enojar ya que la señorita, volteando a ver a Eliza, ¿Cómo debo llamarla?
-Señora, Wil… Liganz, Señora Liganz.
-Sí, la señora Liganz, me invito a tomar el té, así que dígale a mi padre que regresare después, mirando muy determinante a su niñera.
-hay Abigail, tu padre se va enojar muchísimo.
Eliza, solo se quedó estupefacta con la osadía de aquella niña, solo que le dio curiosidad, de hecho, ella no era muy cariñosa, pero el hecho era que esa niña, simplemente le causo mucha gracia.
-Ok, entremos, como dijiste que te llamas.
-No lo dije, me llamo Abigail, Abigail Bruces, Así que Sra. Liganz, ¿hace poco que está aquí?, no la había visto.
-Sí, así es, Eliza pidiendo la ama de llave el té, llegue hace poco.
-Sí, la Srta Brown, era la que vivía aquí, pensé que usted era ella.
La ama de llaves, interrumpiendo_ Sra. el té.
-Sí, gracias.
Eliza, observo que Abigail, se sentó puso la servilleta en sus piernas y la miro a los ojos,
-Me gusta con dos terrones de azúcar.
-Oh, sí claro, se dispuso a servirle, sentándose enfrente de ella.
-Abigail, tomo un sorbo y la volvió a mirar, dígame Sra. Liganz, ¿usted es casada?
Eliza, casi se atraganta con el té, cof, co, cof, me sorprende tu pregunta, no creo que eso sea de tu incumbencia.
-Sí, lo es, estoy buscándole una esposa, para mi padre así que necesito a una mujer bella, que este soltera, ¿usted lo es?, por eso de mi pregunta.
Eliza, estaba en shock ante la amplia explicación de aquella niña, solo le sonrió, cuando llamaron a la puerta.
-Ese debe ser mi padre, de seguro la chismosa de mi niñera le dijo que la estoy molestando.
La ama de llaves fue abrir, entrando Stefano en busca de su hija, encontrándose con una pelirroja que estaba muy entretenida con su hija.
-Disculpe mi hija, de verdad si la estaba molestando, hablare con ella, para que no la vuelva a molestar.
-No, no, es así, ella es una niña muy, muy peculiar.
-Sí, lo sé, ella suele ser así, yo tengo la culpa ya que no le niego nada.
-Discúlpeme, que tonto soy, no me he presentado soy _Stefano Bruces, acercándose para besar la mano de Eliza.
-Eliza, me llamo, Eliza LIganz.
Comenzando una bonita amistad que después de unos meses, estas dos personas, se enamoraron, solo que Eliza, tenía un secreto, que debía confesar.
Stefano le había pedido matrimonio, pero ella se negó, el en su desesperación, solo le pedía saber la verdadera razón, de cual había sido su rechazo, si es que había alguien más.
-¡No!, no lo hay, no, como crees.
-Entonces dime, cual es la razón para no aceptar
Eliza, con lágrimas en los ojos, no sabía cómo decirle su verdad, pero la doctora Kelly, que la había estado atendiendo, le dijo que hasta que ella, le dijera su verdad seria libre, libre para ser feliz. Así, que se armó de valor y le dijo que ella, estaba casada, pero que había huido de su esposo, ya que era un mafioso, que solo la maltrataba por el odio a su familia.
Ella, pensaba que Stefano la iba a repudiar o que la iba a juzgar, pero lo que encontró fue un hombre que lo que hizo, fue albergarla en sus brazos, donde encontró un infinito amor, un amor que nunca había experimentado.
-Yo, te voy, ayudar para que te divorcies de ese mal hombre, hablare con mi abogado para que repare tus documentos para que puedas pedir el divorcio, no llores, ya nadie te hará daño, mientras estés conmigo, no dejare que nadie te vuelva a lastimar.
Lo del divorcio, no fue necesario, ya que poco tiempo después le llegaba una carta informándole que su esposo, había muerto Ernesto Wilson, había muerto tras una pelea en la cárcel donde se encontraba, uno delincuentes de los cuales habían sido pagados, por el nuevo jefe de la mafia, que quería verlo muerto, para que no pudiera reclamar su puesto, si es que salía de aquel lugar.
Después de eso, Stefano y Eliza, concretaron su amor tras una ceremonia, en aquel pueblo, donde se había convertido en la nueva señora de Bruces.
Al otro lado del mundo, estaba un Albert, muy contento con su hija entre sus brazos, _vamos Anthony, ven a conocer a tu hermana Abigail.
-No, amor, no se llamará Abigail.
-No, pero yo pensé que así, la llamaríamos.
-No, para mí en mi corazón, ya tengo una Abigail y créeme nunca la olvidare así que mi hija, deseo llamarla Mary, Mary Ann.
-Mary Ann, si me gusta, sería como si fuera el nombre de mi hermana, pero diferente, si, mirando a su hijo, anda hijo ven a conocer a tu hermana, Mary Ann.
Anthony, entrando a ver aquel bebe, con sus risos dorados, muy pequeñitos con sus labios rositas y sus ojos verdes, como los de su madre.
-Mi vida, dándole un beso a Candy, no sabes lo feliz, que me haces con nuestra hermosa familia.
En Chicago, Albert, visitaba a su hermano Jeans.
-Hermano, que gusto verte.
-Bueno, si no fuera porque viajas mucho nos podríamos ver más.
-Que te digo, la verdad es que, entre el patriarcado y la naviera, no me doy abasto.
-Lo sé, pero ya he estado viendo eso, quiero ayudarte, he decidido que es hora que descanses un poco, eres mi hermano y me preocupo por ti, así que te voy a mandar a varios de mis administradores para que los prepares, así te ayuden y puedas aligerar tu carga, también Candy, les dará algunas clases.
-porque siento que la idea de todo esto es la Srta. Candy.
-SI, así es, algo hay de eso.
-En eso llega la niñera con un niño pelirrojo en sus brazos. - señor.
-Ven hijo, saluda a tu tío William, hermano él es mi hijo, Douglas Macquenzy.
-Cada vez está más grande, míralo es tu vivo retrato, solo que con los ojos de su madre.
-Si, por fin nos llegó el varón, apenas haremos la presentación ante el consejo en Escocia, espero y puedan asistir.
-Sí, mis hijos, Candy y yo estaremos, en esa presentación tan importante.
Los años pasaron como agua, cuando Candy, tenía una fuerte discusión con Albert, muy raro en ellos, ya que usualmente ellos no discutían, pero esta vez, todo se estaba saliendo de control, según Albert.
-No, no y no, Candy, me opongo a esto.
-Sí, pero cuando decidiste mandarlos a la cárcel, que dijiste que era para que tomaran su instrucción, que todos los Andlay, habían ido a esa escuela sin excepción y ni siquiera tomaste en cuenta mi opinión, no es así.
-Mi vida, bien sabes que así ha sido siempre, hasta tu asististe, porque los Andlay, siempre estudiamos en esa escuela, yo fui, mi padre fue y el padre de mi padre, mis hijos no podían ser la excepción.
-Ah para eso, no hay excepción, pero para lo que yo hago, para eso si la hay.
-Candy, lo que estás pensando es un disparate, así que mi respuesta es no.
-Pues no me importa, ya está hecho, que acaso me he equivocado con los matrimonios que he concertado.
-Bueno, no, pero mírate, te has convertido en la casamentera de todo Chicago, has concertar matrimonios, a diestra y siniestra, hasta mis socios ya han pedido, que tomes a sus hijas como tus pupilas, por dios mujer, nunca me había molestado porque no eran de mi familia, pero mi hijo, no, con Anthony, no.
Yo le prometí a mi hijo, que jamás le iba a imponer con quien casarse, que cuando lo hiciera lo iba hacer por amor.
-Pero ¿quién te dice a ti, que no lo va hacer por amor?, si me he asegurado que la chica sea todo lo que necesita, para aligerar su carga, que acaso, los matrimonios de mis hijas les impuse, algo, solo propicie que pasara y míralas, están muy felices.
Albert, solo se quedó helado cuando escucho a Candy, _ ¡Queee!, me estás diciendo que tu metiste las narices en eso.
-¡Claro!, solo me aseguré que estuvieran felices, con los muchachos que escogí para cada una de ellas, míralas que no las ves lo contentas que están, solo me falta mi pequeña Emilia, pero aún está muy chiquita, pero dentro de unos años más adelante, veré el candidato ideal.
Pero para mí Anthony, quiero la mejor, si, en belleza, en inteligencia y habilidades, que sea su compañera y que no sea una casa fortunas como las nietas de la señora Potter o la señora Smith, ha no, para mi hijo quiero la mejor mujer, la que voy a instruir para que se quede con el matriarcado.
-Te estas escuchando Candy, tal parece que estoy oyendo a mi difunta tía Elroy, hablar, en verdad que cuando algo se te mete a la cabeza, no hay quien te quite la idea. Pero está bien haber dime de quien me estás hablando.
-Sera una sorpresa, lo único que te diré, que no es ninguna desconocida, al contrario, los reportes que me han mandado, me he asegurado que sea todo lo que Anthony, necesita así que mi amor, créeme es toda una amazona, que Anthony, en cuanto la vea se va enamorar de ella.
Albert, solo ponía las manos en la cabeza, por no poder lograr que su mujer desistiera en su intensión de casar a Anthony, con una chica la cual no conocía y más aun no amaba.
William Anthony Andlay, tenía al momento 25 años y su madre había decidido que ya era hora que se casara, ya que se había dedicado a su instrucción y contra todo pronóstico, por decisión propia había decidido que el ocuparía el lugar de su padre en el patriarcado, una vez que este declinara, a él, solo que su padre aun no quería que llevara esa carga en hombros.
Pero el, ya ayudaba a su padre en todos los negocios, empandase de todo y cada uno de ellos, para cuando se llegará el día, podría hacerse cargo de todo sin ningún problema. El mismo Albert, había instruido a su hijo, después de que terminara la Universidad.
Candy, recibía una carta desde Londres, junto con un informe de la candidata para esposa de su hijo, cosa que la tenía muy contenta, a los ojos de cualquiera era una dama, muy bien cuidada y sobre todo de muy buena familia, ahora solo tenía que hacer lo que hace algunos años, atrás hizo su tía, propiciar el encuentro.
En la hora de la cena, se sentaba Albert, junto con Candy, detrás Anthony, junto con la pequeña Emilia, que tenía 10 años, la más pequeña de sus hijos, de hecho, para todos fue una sorpresa su llegada, ya que después de su embarazo número 3, había decido que ya no habría más bebes, cuando años más tarde, llego la última de sus hijas.
Pero la recibieron con muchísima alegría, disfrutaron muchísimo que después de varios años, ya con sus hijos casi adolecentes, volvían a tener un bebe, en casa.
-Bien amor, Emilia, Anthony, tengo algo que comunicarles, sonriendo, dentro de un par de semanas, llegara a esta casa, mi nueva pupila, la cual espero y la reciban con los brazos abiertos como de la familia.
Anthony, solo reviro los ojos, ahí estaba su madre con su loca idea de casarlo, ya se había tardado, si ya había casado a todos sus primos, primas, hermanas y hasta las doncellas de estas, solo le faltaba el, claro, pero si como no lo iba hacer, si su madre era conocida, como la mejor casamentera de todo Chicago.
Albert, solo la fulmino con la mirada, pero no dijo nada.
-Papa, di algo, por favor, sabes cuál es la necedad de mi madre de traer a una pupila a esta casa.
-Hijo, que quieres que te diga, ya estás en edad de casarte, si quieres heredar el patriarcado deberás tener un heredero, así ha sido siempre, tú no puedes quedarte soltero para siempre.
-Sí, papa, eso lo sé, pero déjenme a mi decidir.
-Hijo, yo solo dije que vendría mi nueva pupila a esta casa, más nunca te impondría a alguien, como crees.
-Hay madre si no te conociera, si esto es una trampa, una vil trampa.
-Hijo, solo conócela, es lo único que te pido.
Anthony, ya no quiso seguir en el comedor, _sabes que ya se me quito el hambre, mi respuesta es no, ni se te ocurra, no voy a emparejarme con una señorita, engreída, petulante, fastidiosa y tonta, así que no cuentes conmigo, saliendo molesto de aquel comedor.
-Ya ve lo que propicias, ahora mi hijo creerá que yo estoy de acuerdo en esta locura, solo espero y no te arrepientas de lo que estás haciendo.
Candy, seguía comiendo, como si nada, su plan estaba hecho, así que no daría marcha atrás.
Las semanas pasaron y el día que la nueva pupila de Candy, había llegado.
-Pero hijo, que acaso note quedaras para recibir a mi nueva pupila.
-No, mama, debo ayudar a mi padre, hoy tengo muchas reuniones, con que estés tú y mi hermana es más que suficiente, además ya te dije, de seguro ha de ser una arrogante, como todas las chicas de aquí, será que es por eso que no me he casado.
-Candy, solo suspiro, está bien, solo espero estés para la cena.
-Si, como digas, me voy que tengo una junta.
-EN EL CORPORATIVO-
-Pero papa, que no vas hacer nada, mama, no va a descansar hasta emparejarme con su nueva pupila, está loca mi madre. -Agarrándose la cabeza.
-Ya hijo, mira nunca te he contado como me enamore perdidamente de tu madre.
Anthony, solo negó con la cabeza, _ mi madre y tu solo nos dijeron que se conocieron desde niños.
-Sí, así es, pero para que yo me casara con ella, pasaron muchas cosas, cuando tu madre tendría como 16 años, yo viaje a Brasil, ella fue enviada a Escocia para su instrucción, he ahí que es tan buena en los negocios como yo.
Bueno, cuando regreso, ella era todo lo que yo necesitaría o podría buscar en una mujer, hermosa, inteligente, muy bien preparada, en todas las materias conforme a negocios se refería y sobre todo que era una chica fuera de serie, nada a lo que yo hubiera conocido.
Pues bien, cuando ella, llego como pupila de mi tía, yo estaba igual que tú, que no quería ni conocerla, por supuesto que no sabía de quien se trataba, la cuestión es que mi tía, me conocía como la palma de su mano, ya que ella, me crio, así que sabía perfectamente lo que necesitaba.
Siempre supo, que era ideal para mí, para ser mi esposa, mi compañera, la madre de mis hijos y sobre todo el amor de mi vida, a lo que voy hijo, es que tu madre jamás hará algo para dañarte o algo que te haga infeliz, al contrario, se preocupa tanto por ti, que solo quiere lo mejor y créeme el ojo que tiene tu madre de casamentera es bueno, casi biónico, jajajaja, anda hijo anímate y vamos a recibir a su pupila, no pierdes nada.
Anthony, solo suspiro, _ está bien papa, solo porque amo mucho a mi madre, pero si no me agrada, nada me obligara a cortejarla.
-Sí, eso pasa, yo te prometo que, aunque tu madre se enoje conmigo, te apoyare para que decline esa idea.
Y así, se fueron a la mansión, ya que llegaría la nueva pupila de Candy, que ya estaba por llegar, cuando se divisó un auto, el cual se paró en la mansión, bajando su madre de la chica en cuestión, después su hija.
-Candy, que gusto verte.
-Eliza, tanto años, por dios mírate tan guapa como siempre.
-Bueno querida, que te puedo decir si tu estas igual de guapa, te presento a mi hija, Angélica Bruces, la más pequeña de mis tres hijas.
-Señora es un gusto, inclinándose a saludarla.
-Pero, pasen al salón, ahí tomaremos el té.
Eliza, solo miro todo alrededor, sonriendo a Candy, _tenemos muchísimo de que platicar.
-Madre, pero que hermoso jardín, puedo ir a verlo.
-Claro que sí, siéntete como en tu casa, anda ve, que nosotras platicaremos un buen rato, Albert y mi hijo, no tardan en llegar, ya sabes en fin hombres de negocios.
Tanto Eliza como Candy, se sentaron a platicar en el salón.
-Dime como esta Stefano.
-Ya sabes triste porque su hija decidió venir a estudiar en Chicago, aunque no se traga ese cuento, pero yo lo persuadí, si no nunca lo hubiera consentido, aparte que Angélica es muy voluntariosa, nadie le iba a quitar de la cabeza que venir y hacer su instrucción de negocios con William era su mejor opción.
-Sí, lo creo que debió ser difícil y cuéntame Abigail ¿como esta?
-Que te digo, feliz ya esperando bebe, desde que se casó con Alexis Corweall, está muy feliz, quien me iba a decir a mí, que ellos iban a terminar juntos.
-Bueno se conocieron en el colegio San Pablo y Abigail no pasaba desapercibida para nadie, desde que supe que mi sobrino poso sus ojos en mi niña, yo lo apoye, mejor partido no iba a encontrar, además Alexis es un buen chico que sabía la iba hacer feliz.
-No y con lo testarudas que es, ya sabes tú la conoces, pero cuando la descubrí enamorada y al saber de quién, supe que iba a ser feliz y ahora ya me va hacer abuela.
-¡Eliza!, mírate quien iba a decir que la ibas aceptar, tan fácil a Abigail, pensé que te iba ser difícil.
-No, si fue mi gran aliada para que Stefano y yo nos enamoráramos aparte, me enseño hacer madre, fue un sol en mi vida. ¡Candy! -¿Qué has sabido de mi madre?
-Que te digo, después de que tu padre quedo en banca rota, tu madre se mudó de nuevo a tu antigua casa al sur, pero tuvo que vender la mayoría de las propiedades y termino en una granja, la cual administraba tu hermano, pero ya sabes que nunca cambio su forma de ser, no se llevaba bien con su nuera, que porque era de familia humilde.
Tu hermano Niel, no le quedo de otra que abandonarla he irse a vivir lejos de ella, solo le enviaba dinero, dicen que vive sola con sus gatos en esa vieja casa, ellos pensaron que cuando murió Ernesto heredarían sus propiedades, pero el mafioso que se quedó con la plaza, igual se quedó con todas las propiedades y dinero.
Solo pudieron rescatar lo de ellos y eso, porque Albert, le ayudo a tu padre para poder rescatarlas, pero tu padre tenía muchísimo remordimiento de conciencia, por cómo te dio la espalda y murió al poco tiempo de tristeza.
A tu madre, le mandamos una mesada de dinero cada mes para que viva y le pagamos dos sirvientas para que le ayudaran, pero ella ya vez como es, pues la trataba mal, así que no había quien la aguantara, solo enviamos dinero, vive muy mal y precariamente, pero eso ya no es culpa de nadie.
-Lo sé, ella no va a cambiar quise visitarla años atrás, pero recibí su carta diciéndome que yo estoy muerta para ella, me culpo por la muerte de mi padre, así que decline a visitarla, trate de enviarle dinero, pero me lo rechazo.
-Recibe la mesada que le de Albert, porque dice que aún es una Andlay y como tal debe tener ese estatus de la familia, pero sé que es porque no tiene de otra, ya que Niel si a duras penas puede sobre vivir con lo que da su granja, el sí cambio, se convirtió en una persona que tuvo que aprender a trabajar y ha sabido salir adelante, Albert le ofreció ayuda, pero él dijo que no, que si el, alguna vez no supo aprovechar lo que sus padres y su familia le dio, tenía que atenerse a las consecuencias, que ahora que tiene hijos él quiere enseñarles lo que trabajar y ser personas de bien.
-Bueno al menos el cambio, para bien, yo le escribí, pero como ya no me respondió, dejé de hacerlo, debió ser porque se cambió de domicilio.
-Sí, así es, pero cuéntame tu otra hija ¿Cómo está?
-Bueno ella, está comprometida con nada más, ni nada menos que con el hijo de Terry, puedes creerlo, igual paso lo mismo que con mi Abigail, se conocieron en el colegio y se enamoraron, ahora tengo que preparar la boda, espero que puedan ir.
-Pero por supuesto, que iremos más faltaba.
Angélica, estaba anonadada, con el enorme jardín de rosas que había en aquella mansión.
Cuando Albert, llego se dirigió al salón, pero Anthony, se detuvo un momento quería tomar un poco de aire, antes de entrar aquel salón donde se aburriría, horrores de seguro la nueva pupila, era de esas señoritas, estiradas, que no se querían ensuciar ni para salir al jardín, hablando de tonterías y chismes.
Así, que le dijo a su padre que después entraría a saludar que necesitaba de su espacio, se dirigió a su lugar favorito su jardín, aquel que tanto él, y su madre cuidaba con mucho amor.
Angélica, observo el jardín con tantas rosas, y en eso, se percató que una de las rosas, tenía unos animalitos, que se comía las hojas, así que muy determinante se quitó los guantes y empezó a quitarle uno a uno de los bichos que la afectaban, cuando Anthony, llego y vio a una linda chica pelirroja, que estaba muy metida en su trabajo.
-Hola, ¿Qué haces?
-Quitándole estos bichitos a esta planta, si no, sé le quitan se va a morir, ya que le va afectar, anda ayúdame, puedes traer algo para ponerle, está enferma y hay que ayudarla para que se recupere.
-He, si, quedando anonadado, al ver aquella chica de ojos grises, _ He sí, tengo algo que uso para alejar esta plaga, voy por ella. Cuando regreso, ella misma le puso, el medicamento a la planta.
-Soy, Angélica, Angélica Bruces y tú, dándole la mano, sucia llena de tierra.
-Soy, Anthony, Anthony Andlay, tomando aquella mano y besando su dorso.
Lo cual Angélica, solo se empezó a reír, ya que este quedo con la boca y cara llena de tierra, -perdón, pero creo que te llene de tierra.
-Ha, eso no importa, ya me lavare en cuanto entre, a la mansión, Anthony, estaba en shock viendo aquella, chica que seguía revisando las plantas.
-veo que te gustan las plantas.
-Me fascinan, así como los animales, mi madre siempre hace drama, porque siempre ando con las plantas y jugando con los animales, ¡Oh por dios! se me olvido, por completo, entrando corriendo a la mansión, dejando a un Anthony, sin palabras.
Anthony, al verla correr para entrar a la mansión, fue atrás de ella, pensando que chica, ahora que le paso, porque solo de repente salió huyendo, cuando entro la observo que estaba como loca buscando algo.
-Pero que buscas.
-Una maleta, que traía, solo que al ver el jardín lo olvide, hay aquí está, algo rasguñaba, aquel baúl, _ si ya voy, perdón por dejarte solo mucho tiempo, pero sabes que mama, no quería que vinieras conmigo, abriéndolo y saliendo una lindo Hurón, que lloraba, por estar ahí encerrado.
-Ya amor mío, ya te saco de ahí, te llevare afuera, para que mama, no se dé cuenta que te traje.
-¿Qué es eso?, cuando vio que lo saco.
-ha esto, es mí, como te digo, mi más preciado tesoro, solo que mama, dice que una señorita no debe tener esta clase de animales, pero es mi pequeñito, solo no digas nada, no va a molestar a nadie, ni se darán cuenta que aquí esta.
Anda vamos busquemos un lindo lugar para que te puedas quedar, hay muchos árboles, se te será fácil encontrar un lugar.
Después de un rato, la mandaron a llamar, para que entraran a cenar, que estuvo llena de risas, de anécdotas y recuerdos.
-De verdad que fuimos malos contigo, espero y eso haya quedado en el pasado.
-Claro que sí, ahora me rio, de todo eso, además, las cosas pasan por algo, míranos ahora riéndonos de todo eso.
-Eliza, espero y se queden una larga temporada, con nosotros.
-Oh, no William, solo vine a dejar a mi hija, que va estudiar administración, de hecho, quiero agradecerte por tu apoyo, sé que en tus manos aprenderá mucho.
-Nada que agradecer, tanto tu como su padre son amigos de la familia y solo será para que practique, le servirá mucho si es que quiere llevar los negocios de su padre.
-En verdad dijo Anthony, vaya eso sí que es impresionante, nunca pensé que una chica guste de estudiar más haya, que para buscar marido.
-Angélica, solo sonrió, quiero llevar los negocios de mi padre y escuché que aquí, en chicago hay buenos profesores, por eso, que vine, además que el Sr. Andlay será uno de mis instructores.
-Hija, será un placer enseñarte.
Anthony, estaba anonadado, realmente esta chica era fuera de serie le gustaban las plantas, los animales y aparte de eso inteligente, sobre todo hermosa, muy hermosa. Cuando termino, la cena, las invitadas subieron a su habitación, Anthony se quedó en el despacho con su padre.
-Bien Anthony, estas carpetas tienen todo, sobre la fábrica y estas, toda la contabilidad, ha si esta las inversiones a realizar.
Anthony, me estas escuchando, chasqueando los dedos, Anthony, hijo estas bien…
-He padre me decías.
-¿Te pasa algo?, estas como en otro mundo.
-Solo suspiro, hay padre creo que me he enamorado, Angélica, es tan bella, que me basto solo estar unos minutos con ella, para darme cuenta que es una mujer muy diferente a las chicas que he conocido.
Albert, estaba sin habla, vaya que su Candy, tenía ojo, para eso de emparejar a las personas, -bueno hijo que te digo, si, así es, de hecho, me sorprendió que la hija menor de Eliza, quisiera venir a estudiar a Chicago, pero como su padre y yo tenemos negocios, supongo que al no tener hijos varones ella será quien tome las riendas de su empresa.
-Sí, lo sé, suspirando y sonriendo, te dejo padre, mañana seguimos hablando, en lo que lo dejaba a su padre ahí, solo viéndolo como salía suspirando.
Albert, entro en la habitación.
-Mi vida…
-Amor, aquí estoy, ¿qué te dijo nuestro hijo?
-Bueno creo que esta vez, si se nos casa.
-¿Que te dije?, es la chica ideal, cuando la vi por primera vez, cuando fuimos a dejar a Anthony, al colegio San Pablo, ahí la vi, era un torbellino, vi que era una niña educada, hermosa y sobre todo que si la moldeaba podría ser la candidata perfecta para mi Anthony.
-Amor, pero de eso ya cuantos años, no pensaste que podrían haber conocido a alguien, digo Anthony, aquí en Chicago y ella en Londres.
-Sí, pero Eliza siempre me mantuvo al tanto y ahora que Angélica ya está en edad de casarse y Anthony, bueno igual, además conociendo a Eliza sabía que le daría una educación muy buena, solo le sugerí que le implementara unas clases extras y ahí está.
-Vaya me sorprendes, si que ustedes solo se pueden entender.
Eliza, partió a la siguiente semana, pero sabía que su hija quedaba en buenas manos.
Anthony, conforme conocía a Angélica Bruce, cada día se iba enamorando más y más, al grado que un día, estaba en la oficina con su padre.
-Hijo, aquí tengo unos documentos que deberás firmar, ha y checa estos estados financieros, percatándose que Anthony, no lo escuchaba.
Hijo, hijo, hijo, Anthony, chasqueando los dedos.
-He me decías padre, perdón estaba en otro mundo.
-Sí, eso veo, ¿te pasa algo?
-Estoy enamorado, muy enamorado de Angélica, nunca pensé que me pasaría, pero ella es, como decirlo la mujer ideal, no dejo de pensar en ella.
-Bueno que te digo, solo que si quieres cortejarla tendrás que hablar con tu madre ya que es su pupila, así las cosas, tomaran formalidad.
-Sí, lo sé hoy mismo hablare con mama, para pedirle permiso, solo espero y Angélica acepte ser cortejada por mí.
-Hay hijo, que te digo, yo creo que aceptará, pensaba claro que lo hará, de seguro Candy, ya se encargó de eso, sonriendo.
Así era ya Candy, estaba aleccionando a Angélica para llevar la mansión, como los empleados y algunas otras cosas, que personalmente ella específicamente la instruía.
-Pero ¿para que debo aprender estas cosas? preguntaba Angélica.
-Para que algún día cuando te cases, sepas llevar una casa en toda la extensión, es todo lo que una chica bien educada debe saber. Vamos debes llevar bien esa contabilidad.
-Si,
-Dime hija, como te fue ayer que saliste con Anthony, que tal el paseo.
-Angélica, solo suspiro y sonrió, hay muy bien, que le puedo decir, es todo un caballero.
-Veo que, te gusta mi hijo.
Angélica, solo puso sus manos en la cara de la vergüenza, pero no creo que yo le agrade el, es tan guapo, que no creo que se fije en mí, yo soy muy diferente a las chicas que el trata, soy como un ratón de biblioteca, almeno eso decía mi padre, que no me parecía en nada a mi hermana Abigail, y mucho menos a mi hermana Ellis, ellas todas unas damas y yo, pues gustaba de cosas diferentes, como trepar árboles, jugar con los animales, me gustaba escuchar a mi padre cuando me leía la sección de finanzas.
Candy, solo sonrió, ¿que decía tu madre cuando hacías esas cosas?
-Hay mi madre, siempre dijo que, si seguía así, nunca me casaría, pero creo que ya lo pienso a creer, ya que todas las señoritas que conozco, son tan delicadas y esconden lo que sienten.
-Y tú, dices lo que piensas.
-Oh, eso le molesta, acaso.
-Oh no hija, al contrario, eso hace que seas única, me recuerdas mucho a mi cuando era joven, pero bueno deja que las cosas pasen, no se igual y te lleves una sorpresa.
Angélica, solo suspiraba, para Candy no se le escapaba nada, sobre todo el ver que tanto Angélica como Anthony, estaban los dos profundamente enamorados.
Esa misma noche después de cenar, Anthony, pidió a su madre hablar con ella, para pedirle permiso a su madre para cortejar a Angélica…
-Madre. podría hablar contigo.
-Claro hijo dime.
-Madre, quiero, no, no, deseo, bueno yo, yo, hay no sé, porque estoy tan nervioso, bueno yo, yo.
-Sí, lo sé, quieres cortejar a Angélica.
-¡Por dios mama!, ¿cómo lo sabes?.
-Hay hijo, por como la miras, sé que te gusta, pero dime que sientes por ella, realmente.
-Que te digo, estoy enamorado, solo ruego a dios que me acepte, que su corazón este libre para mí y no haya nadie más.
-Bien daré permiso para que la cortejes, pero te diré, que si la vas a cortejar lo hagas con la convicción para casarte, si no, ni la ilusiones.
-Madre, claro que me quiero casar con ella, solo espero y me acepte, pero con lo linda que es, no creo que no haya un sin número de chicos detrás de ella, si es tan hermosa y tan inteligente tan, tan…
-Ya hijo, con eso tengo para saber que realmente la amas, ve con ella y dile lo que sientes, anda.
Así, lo hizo, después de unos meses, de cortejo y noviazgo, le pidió que se casara, después de preparar la boda, Albert, ya había planeado jubilarse, ya era hora, dejaría al frente a su hijo, solo estaba esperando que este, se casara para hacerlo, quería retirarse algún lugar tranquilo para estar solo con su Candy, ya su hija Emilia en un año se iba a estudiar a Londres como todos los Andlay, a la cárcel como le decía Candy.
Pero sabía que eso le iba afectar mucho a Candy, ya que era la última de sus hijas, eso la iba a deprimir, así que buscaría algo, para que eso no pasara o al menos no sintiera mucho su ausencia, era por eso, que había decidido retirarse para estar más tiempo con ella, así que pensaría que haría que su mujer fuera inmensamente feliz.
Aun recordaba, cuando le dio uno de los peores dolores de su vida, cuando le dijo que…
Inicio de Flack Bach.
-Amor, ¿te pasa algo?
-Veo, que no te puedo esconder nada.
-Te he notado preocupado, he esperado que me lo digas, pero ya que no me tienes confianza.
-No, amor no es eso, no te quiero preocupar.
-Me preocupas más si no me lo dices, eso me causa más dolor, anda dime que pasa.
-Bueno, querida con la caída de la bolsa, las empresas no van bien, de hecho, tendré que vender algunas propiedades, para poder sostener las empresas.
-Hay amor, pues hazlo, eso no importa, si es necesario para salvar las empresas, anda dime que propiedades, digo inclusive podrías vender la mansión y mudarnos a una villa.
-No, amor la mansión, no, esa la pienso conservar, seria vender la villa de Lakewood, mirándola con pesar y no solo eso, sino además dos propiedades en México, como algunas de Londres.
-Candy, solo se quedó callada, sabía que era necesario, pero si algo si le dolía era perder la villa de Lakewood, tantos recuerdos, solo sus ojos se inundaron de lágrimas por la noticia, nunca había sido apegada a lo económico, pero esa propiedad representaba muchísimas cosas, ahí conoció a sus paladines, ahí paso una parte de su niñez, ahí se enamoró de su príncipe y ahí nacieron sus hijas.
Cerro los ojos y limpio sus lágrimas, -Amor si es necesario hazlo, no importa lo importante es que saquemos la empresa adelante, anda no me hagas caso, solo has lo que tengas que hacer, si es necesario y hay que vender la naviera hazlo.
-No, amor es precisamente por lo que debo vender esas propiedades, la naviera nos da la estabilidad que necesito.
Así, se tuvieron que deshacer de varias propiedades, la de Londres se la vendieron a Stefano Bruce, que años después, fue un regalo de bodas para su hija Abigail. Las dos propiedades de México, fueron vendidas a un terrateniente que las compro sin chistear y Lakewood la compro una viuda que se enamoró de esa villa desde que la vio, pago una suma importante por ella.
Final del Falck Bach.
Candy, con 51 años era considerada una mujer con muchísima distinción y clase, sobre todo porque era conocida en las altas esferas de Chicago, a pesar de ser mayor aún se conservaba muy bella, su esposo al ser mayor aún se conservaba, imponente a pesar de los años, con sus canas asomándose en los cimientes de las cienes y barba, pero aún era un hombre atractivo, aun a sus años arrancaba suspiros a las damas.
Los dos estaban envejeciendo, pero de una forma atractiva, Candy, se miraba al espejo, observaba que ya se asomaban algunas arrugas en su cara, sobre todo en la parte de sus ojos, también que ya se asomaban algunas canas.
-Dios deberé pintarme el pelo, ¡a dios gracias que ya podemos hacer eso!, comentaba eso a su mucama.
-Pero señora, si usted aun es joven y hermosa.
-Los años no pasan de en balde, ya paso de los cincuenta y me empiezo a sentir poco atractiva para mi esposo.
-¡Hay señora!, si usted es la razón de vivir del señor, además el señor no tiene ojos más que para usted.
-Lo amo tanto, que no quiero que me deje de querer y se interese en alguien más joven que yo, ya ves lo que dicen que los hombres mayores, que gustan de las jovencitas, pero bueno creo que el hecho, que mi hija menor pronto se ira, es lo que me tiene así, dejare de pensar en tonterías.
Anda saca mi vestido, que me pondré para la fiesta de esta noche, Albert no tardará en llegar y yo sin arreglarme.
Albert, llegaba solo a darse un baño y a cambiarse, irían a una fiesta que el gobernador personalmente los había invitado.
-Ya amor, estoy lista.
-Sí, mi vida, vamos.
Candy, se quedó quieta, antes de dar el paso, es la primera vez que su Albert, no le decía que estaba hermosa, será que ya no lo estaba, sus inseguridades se empezaban a notar, solo movió la cabeza, para dejar de pensar en eso, tomando el brazo de su esposo.
Albert, no es que hubiera sido descortés, solo que en su cabeza traía algunas cosas que traía en mente y que, si todo iba bien, saldrían como él quería, haría el negocio de su vida, subiendo al coche muy pensativo.
Ya en la fiesta Candy, se quedó platicando con algunas damas, entre ellas Anny, que tenía tiempo sin verse, desde que sus hijos se casaron Archivald, decidió que era buen momento para retirarse, dejar a su hijo mayor al mando y se fueron de viaje, apenas habían llegado.
-Candy, mírate tan guapa como siempre.
-hay Anny, ni lo digas que ya me veo en el espejo y la imagen que veo, no me gusta.
-Nada, si estas igual de hermosa, además con los años te hace ver más interesante, bueno eso dice Archie, para darse ánimos, el al igual que tú ya le preocupa su edad, ya sabes con lo vanidoso que es, le dan sus ataques de histeria.
Pero agradezco, que no ha hecho lo de la mayoría, buscarse una jovencita para sentirse más joven, al menos, no me he enterado.
-Hay Anny, si Archivald, te ama y lo sabes, jamás te ha sido infiel.
-Eso, no es totalmente cierto, la verdad es que unos años atrás si, supe de alguien, aunque lo negó, la verdad es que no quise investigar más, dicen que si quieres encontrar algo a tu marido investígalo y encontraras, así que mejor deje las cosas así. De la que, si supe, fue de Beatriz Clark, si te acuerdas de ella.
-Sí, claro, como no acordarme, si quería casar a su hijo, con mi Mary Ann, a como dé lugar, solo que nunca permitiría que un paracito de hijo que tiene, se llevara a una de mis hijas.
-A bueno, su esposo se divorció de ella, para casarse con su secretaria 30 años menor que el, dejándola sola, lo sé, porque se fue a Italia, ahí la vi y platicamos.
Candy, solo suspiro, ¿qué haría ella, si eso pasara?, ¿qué haría si su Albert, simplemente sintiera interés por una jovencita?, comenzando a buscarlo entre la gente, cuando lo ubico estaba muy amenamente platicando con una joven, si amenos unos 30 años menor que el, pero ¿quién era ella?
-Anny, te dejo, voy a buscar a Albert, creo que debo de rescatarlo de aquella joven que no para de coquetearle.
-Anda ve, yo igual buscare al mío.
Candy, fue detenida, por varias damas, antes de llegar hasta su Albert, cuando se percató él, estaba muy placido y sonriente, con aquella chica, pensando quitando esos pensamientos de su cabeza, ¡dios Candy, deja de pensar en tonterías!, eso de estar pensando en la vejes, te está haciendo ver moros con tranchete, si esa joven puede ser su hija.
Cuando vio, que la música termino, pero ¿dónde estaban?, si lo acaba de ver, lo busco por todo el salón, solo quedaba un lugar el jardín, saliendo y ahí estaba el, con esa joven conversando ella, se sentó a su lado en una banca y él, le escribía algo en un papel, solo dándole un beso en la mano de su dorso, para volver a entrar de nuevo al salón.
Candy, estaba en shock ante esa situación, pero ¿que, hacia su esposo, con aquella joven en el jardín?, que ¿acaso, la estaba enamorando?, ¡por dios!, solo se llevó la mano a la boca, pero no diría nada, esperaría a que él, le dijera que pasaba.
Albert, entro al salón buscándola con una sonrisa de oreja a oreja, pero Candy, no quería enfrentarlo, así que se fue al baño, a refrescarse, entrando en uno, unas damas estaban conversando de alguien.
-Ya supiste, que la que anda posando sus garras es la viuda que acaba de llegar a Chicago.
-Ha si, ya la vi muy acaramelada con el señor Andlay, ya sabes dicen que gallo viejo, busca gallina tierna, para aumentar su ego.
-Bueno ni tan nueva, ya que es viuda, dicen que su esposo falleció, hace poco ha de buscar quien la consuele.
-Quizás ya encontró quien, los han visto ya varias veces en un café, cerca de las empresas, me extraña que la Sra. Andlay, no se haya enterado.
-Querida, la esposa siempre es la última en enterarse, pero sabes, me alegro, ella que se las da de tener un esposo fiel y una familia ejemplar, esto le va explotar, en la cara.
Candy, espero para que se fueran y poder salir, ¡dios si eso era cierto se moriría!, pero una cosa le quedaba claro, no tomaría ni una decisión hasta estar segura, que es verdad, sabía que ellas solo hablaban por envidia, algunas porque no pudieron casar a sus hijos, con los de ella, pero si averiguaría que está pasando, saliendo de aquel baño, Albert ya la estaba buscando.
-Mi vida, ¿dónde estabas?, te he estado buscado, ya estaba preocupado.
-Solo fui al tocador y tú, no te he encontraba, ¿dónde estabas?
-Yo, haciendo negocios amor, negocios.
-Vaya, espero y te haya salido bien, ya que estas muy contento.
-Mejor de lo que esperaba, pero vámonos, es tarde y realmente estoy cansado.
Saliendo para la mansión.
Ya en la habitación, ella llego se desmaquillo, busco su bata para dormir, pensando en lo sucedido, pero no queriendo darle importancia, quizás esa joven solo quería conocerlo, como muchas que lo admiraban por ser un empresario, quizás solo tenía curiosidad, ya no dudaría, no le había dado motivos, mucho menos les daría lugar a las habladurías.
Cuando, quiso buscar a Albert, para que la abrasara este se encontraba totalmente dormido, solo se acostó a su lado, a la mañana siguiente lo busco ya se había ido, eso era raro, él nunca se iba sin darle su beso de buenos días, pero tampoco quiso darle importancia solo se levantó a desayunar.
Los días continuaron, sabía que algo pasaba, Albert, se estaba comportando raro, pero aun no quería averiguar nada, tenía miedo que su peor pesadilla se hiciera realidad, que su Albert, se le fuera con alguna mujer más joven que ella, si él era su razón de vivir.
Estaba arreglando la ropa para mandarla a lavar y en unos de sus sacos, encontró una pequeña nota.
"Amor, te veo la tarde del jueves en Lakewood, en nuestro jardín secreto, será la última vez que nos veremos en ese lugar, por eso quiero verte".
Te ama. Jimena.
Candy, veía la pequeña nota, solo comenzó a llorar, será posible que estuviera sucediendo, ha, pero esta vez lucharía, con uñas y dientes, si tenía que poner a esa mujer en su lugar, lo haría, así que se vistió, para ir a la dichosa cita, ahí vería que decisión tomar, si su Albert ya la había dejado de amar o solo era la ilusión de su juventud.
Pido al chofer que la llevara, era temprano así, que aun podía llegar, tomando el toro por los cuernos, de una vez por todas. El auto avanzaba, llevando a una Candy, muy molesta pero decidida, si era verdad la encararía, le diría que más le valía alejarse de su esposo, al que había amado toda su vida, que no se lo dejaría, solo porque era más joven, eso no.
Que, si lo quería, tendría que luchar por él, pero que ella, haría todo lo que estaba a su alcance para no dejarse vencer, si era su esposa, la madre de sus hijos, así que no le dejaría tan fácil el camino.
Cuando el chofer le dijo…
-Señora llegamos.
-Entrando hasta la puerta de la villa, supongo que debe haber gente adentro.
Candy, estaba tan metida en sus pensamientos que no noto, que la villa, estaba totalmente restaurada, había algunos cambios que se habían hecho, así, como algunas remodelaciones, solo pensaba en lo que esa mujer le diría.
Cuando llego, salió una mucama averiguar de quien se trataba, entrando para anunciarla.
Saliendo Jimena a recibirla…
-¡Señora, no la esperaba!, totalmente ruborizada.
-No, claro que no me esperabas, supongo que era a otra persona a la que esperabas, no es así, muy molesta al grado de que la fulminaba con la mirada.
-Señora, yo, yo, yo.
-¿Que esperabas a mi marido? , vi tu nota que le mandaste, por eso estoy aquí, sé que tu abuela compro esta propiedad hace años, pero no pensé que aquí citarías a mi esposo.
-Señora, usted se equivoca, yo, no.
En ese instante llegaba William Albert Andlay, acompañado de su secretario Alfonso Johnson, hijo de Dorotty y George.
-¿Que pasa aquí?.
-¡Amor, que bueno que llegas! - dijo Jimena.
-Candy, estaba que explotaba de la furia, más al verlo llegar y que ella se refería a él, de amor.
-¡Candy mi vida! ¿Qué haces aquí?
-¿Qué hago aquí? eso precisamente quisiera saber, pero ahórrate la explicación, ya que encontré tu nota que ella te dejo, en tu saco.
-¡Por dios!, esa nota, yo, perdón me equivoque, una muy apenada Jimena, Señor lo lamento mucho, esta nota no era para usted, creo que el día que fuimos a comer, me equivoque de saco.
Candy, al escucharla se quedó solo viéndola.
Alfonso se acercó, ´para darle un beso a su prometida, amor, creo que, si te equivocaste, yo recibí, la nota que decía – "señor ya está listo todo, para la fecha acordada".
Candy, que no entendía nada, solo se le quedo mirando a Albert.
-Mi vida, creo que mal interpretaste las cosas, me imagino que fue lo que pensaste.
-Pero sí, yo te vi con ella, en la fiesta en el jardín, si no estoy ciega, y luego tú, te comportabas extraño.
-Siempre, me ha sido difícil ocultarte las cosas, deseaba darte tu regalo para nuestra fecha especial, pero creo, que eso, ya no se va a poder, así, que, lo hare de una sola vez.
-Jimena, me puedes traer el cofre que te di.
Sí, señor, cuando regreso, traía con ella un cofre que le dio en sus manos.
-Mi vida, ten tómalo.
-Pero ¿qué es esto?
-Bueno, ábrelo.
Cuando Candy, abrió aquel cofre tenía una llave adentro con forma del emblema de la familia.
-Esto, es la lleve de Lakewood, es tu regalo de nuestro aniversario.
Candy, se dejó caer y comenzó a llorar, poniendo sus manos en sus ojos.
Jimena y Alfonso los dejaron solos, para que pudieran hablar.
-Amor, no llores, mírame, dime que estas feliz.
-no quiero.
-Pero ¿Por qué?, anda mírame.
-Me da vergüenza, pensé lo peor, pensé que tú y ella, dios me estaba atormentando.
-Mi vida, fue mi culpa, trate de ocultártelo lo más que pude, en lo que se hacían las remodelaciones, Jimena, era la dueña su abuela se lo heredo, pero ella y Alfonso se mudaran a Nueva York, ya que haya Alfonso llevara los negocios, es por eso que le hice una oferta a Jimena, por esta propiedad.
También, le pedí que se hiciera cargo de arreglarla, ya que su abuela ya no pudo mantenerla en las condiciones que necesitaba, solo falta arreglar el jardín, pero eso lo haremos juntos, anda mi vida deja de llorar.
-Candy, no dejaba de llorar, es que de verdad perdóname, por pensar tan mal, es que yo pensé que tú ya no gustabas de mí, que tú te quería buscar una mujer más joven.
-¡MI vida!, que cosas dices, si yo a mi edad, solo haría el ridículo, ¡por dios!, anda ven mírame, mis con tus ojitos que tanto amo, además estas preciosa, si yo soy el celoso, más cuando veo que los caballeros posan sus ojos en ti, aunque déjame decirte que acabas de subir mi ego, no pensé que aun te pusieras celosa, de este viejo.
Candy, solo lo miro y se lanzó para abrazarlo, te amo William Albert Andlay, no sabes cuánto te amo, perdóname.
-¡Mi vida, si soy yo, el que por tratar de sorprenderte, creo que deje que pensaras cosas, que no eran, te amo Candy, siempre te voy amar, he decidido que aquí vivamos, nuestros últimos días, dejar al mansión que es tan solitaria y fría.
-¿Pero y los negocios, las empresas?.
-Bueno, creo que ha llegado la hora de jubilarme, además ya Anthony, se hará cargo, ya solo quiero estar a tu lado, envejecer aquí contigo, hasta que mi hora llegue.
-No digas eso, que, si eso pasa, yo me voy contigo.
-Te amo Candy, eres la razón por la cual respiro, dándole un beso en los labios, que la dejo sin respirar, anda vamos a recordar viejos tiempos, nuestra recamara esta lista para usarse.
-Amor, este es el mejor regalo que me pudiste dar.
-Espérate a que subamos, lo que te espera.
-¡Albert! No seas tan explícito.
-Te voy a dejar sin fuerzas, ya veras, ya verás.
-TE AMO.
-Y YO A TI MAS.
El fin… Así, termina esta historia de amor que duro toda su vida.
Bueno chicas, tengo muchísima nostalgia al ver el final, pero muy agradecida ya que me han acompañado en este sueño, que meses atrás solo lo tenía en mi cabeza. Agradezco grandemente a las personas que no hablan español y, aun así, tradujeron mi historia para poder leerla, dios para mí fue increíble, ver mensajes en inglés, francés e italiano mil gracias por leerme.
Agradezco a mis chicas del clan Verito, Lorena y Lucy, que siempre estuvieron apoyándome cuando me desmoralizaba y estuvieron ahí dándome ánimo, gracias chicas, mis compañeras, amigas e incondicionales.
Agradezco a mi hija, que en su momento creyó en mí y me motivo para publicar esta historia, a pesar que le decía que tenía miedo ya que se salía del idealismo de los personajes.
No tengo más que agradecimientos para todas ustedes que estuvieron semana a semana esperando la actualización Y dejaban un reviw. "MIL GRACIAS"…
Nos vemos hasta la próxima ya saben por la XEW, RADIO.
