Los personajes no son míos , yo solo los tomo para crear mi historia.
aviso:
Algunos personajes no son tan fieles en sus personalidades como en los libros.
Esta es una historia ficticia.
En compañía.
Pov Edythe.
Los invitados atestaban el hogar de los Cullen. La gran casa habría resultado incómoda para todos de no ser porque ninguno de los convidados dormía, aunque la hora de las comidas sí que era un problema. Nuestros compañeros colaboraron lo mejor que pudieron. Cazaron fuera del estado para evitar la localidad de Forks y la reserva de La Push. Asume el rol de anfitriona llena de cortesía, prestando los autos de los Cullen conforme fueran necesarios sin un pestañeo. El compromiso me hacía sentir bastante incómoda, aunque intentaba convencerme a mí misma de que daba igual después de todo, si no hubieran venido, estarían cazando en algún otro lugar del mundo.
Jules estaba aún más molesta. Las licántropos existían para prevenir la pérdida de vidas humanas, y ahora debía cerrar los ojos ante lo que consideraba asesinato puro y duro, aunque se cometiera fuera del territorio defendido por la manada. Bajo estas circunstancias, y con Eliest en tan grave peligro, mantenía la boca cerrada y miraba con mala cara al suelo en vez de a los convidados.
Me sorprendió la facilidad con que los vampiros aceptaron a Jules. No llegó a producirse ninguno de los problemas en que había temido. Los visitantes fingían no verle ni como persona ni como posible comida. Su trato con ella se asemejaba al trato que la gente a la que no le gustan los animales dispensa a la mascota de sus amigos.
Escenificamos otra vez el número de la presentación de Eliest al aquelarre de Denali como una media docena de veces. Primero para Petra y Charles, a quien Archie y Jessamine habían enviado a casa sin darles ninguna explicación. Como la mayoría de sus conocidos, seguían sus instrucciones a pesar de la falta de información. Archie no les había dicho nada sobre la dirección a la que se dirigían él y Jessamine. No habían hecho ninguna promesa de que volviéramos a verlos en el futuro.
Aunque estaban al corriente de la regla sobre los niños inmortales, ni Petra ni Charles habían visto jamás a uno, de modo que su reacción negativa no fue tan violenta como la de los vampiros de Denali al principio. Habían permitido la «explicación» de Eliest por pura curiosidad, y eso fue todo. En esos momentos estaban tan comprometidos con la tarea de servir de testigos como la familia de Taras.
Carine había enviado amigos desde Irlanda y Egipto.
El primero en llegar fue el clan de los irlandeses y fueron sorprendentemente fáciles de convencer. Sheehan era su líder: un hombre de inmensa presencia y cuerpo enorme y tan hermoso. Pero tanto el cómo su compañera de rostro duro, Lil, estaban más que acostumbrados a confiar en el juicio del miembro más joven del aquelarre. El joven Mathuin, con su pelo rizado, no tenía una presencia física tan imponente como los otros dos, aunque poseía el don de saber cuándo se le mentía y sus veredictos nunca se discutían. Mathuin declaró que Beau decía la verdad, así que Sheehan y Lil aceptaron la historia incluso antes de tocar a Eliest.
Amun y los otros vampiros egipcios fueron harina de otro costal. A pesar de que los dos miembros más jóvenes de su aquelarre, Berenice y Tua, quedaron convencidos por la explicación de Eliest, Amun rehusó a tocarlo y ordenó a su aquelarre que se marchara. Berenice, una vampira extrañamente jovial que parecía apenas mayor que una niña y tan segura de sí mismo como despreocupada, persuadió a Amun de que se quedara con unas cuantas amenazas sutiles de disolver su alianza. El cabecilla del aquelarre no se marchó, pero continuó negándose a tocar a Eliest y no permitió que tampoco lo hiciera su compañera, Kebi. Parecía un grupito insólito, aunque todos los egipcios tenían un aspecto similar, con su pelo del color de la medianoche y aquella palidez olivácea, tanto que habrían pasado por ser una verdadera familia biológica. Amun era el miembro más antiguo y el líder indiscutido. Kebi estaba tan pegada a él que parecía su propia sombra y nunca le oí decir ni una sola palabra. Tua, el compañero de Berenice era también un hombre tranquilo, aunque cuando hablaba lo hacía con una gran clarividencia y circunspección. Aun así, Berenice parecía la persona en torno a la cual giraba todo, como si ejerciera algún tipo de magnetismo invisible del cual los demás dependían para mantener el equilibrio a los otros hacia él
No había evitado saber cuál era la razón por la que, Berenice era el centro. Como siempre parecía que los dones eran bastante importantes. Berenice tenía el don de manejar los elementos. Tanto como Elena y yo estábamos impresionadas. No había creído algún don pudiera ser tan especifico. Podía entender el miedo de Amun de perderla.
Ella me gusta, tenía muy en claro el bien y mal. Tenía una mente compasiva y amable.
La actitud de Amun era otra cosa, él y Kebi se mantenían muy reservados, aunque Berenice y Tua iban en buen camino de hacer grandes amigos entre los de Denali y los aquelarres irlandeses.
Esperaba que el regreso de Carine relajara la evidente tensión del vampiro egipcio.
Eleanor y Royal enviaron individuos sueltos, cualquiera de los amigos nómadas de Carine que pudieron localizar.
El primero en acudir fue Gerda, una vampira larguirucha, de ademanes impacientes, ojos del color del rubí y una melena rubia como la arena que lo retenía con trozo de tela algo gastado.
Era una aventurera, amaba los retos. Sorprendentemente conocía a Lauren y se llevan bien, las dos eran diferentes. Eran como el agua y el aceite, pero Lauren se había relajado automáticamente cuando la vio cruzar la puerta. Se había conocido hacia décadas, viajando unos cuantos años juntas, hasta que Laurent había encontrado alguien con quien más viajar.
Me imaginé que habría aceptado cualquier reto que le hubiéramos presentado, nada más que para probarse a sí misma. Le cayeron muy bien los hermanos de Denali, y se pasaba el tiempo formulando preguntas infinitas acerca de su estilo de vida poco habitual. Me pregunté si el vegetarianismo era otro desafío que emprendería sólo por ver si era capaz de hacerlo.
Marty y Randy también vinieron y eran amigos ya, aunque no viajaban juntos. Escucharon la historia de Eliest y se quedaron para atestiguar, igual que los demás. Como los de Denali, estaban considerando su actuación en el caso de que los Vulturis no se detuvieran a escuchar explicaciones. Los tres nómadas jugaban con la idea de permanecer con nosotros.
Como era de esperar, Jules se volvía cada vez más hosca con cada nuevo recién llegado. Se mantenía a distancia cuando podía y cuando no, le gruñía enfurruñada a Eliest que alguien iba a tener que elaborar un índice, si esperaban que se acordase de los nombres de todos los nuevos chupasangres.
Carine y Earnest regresaron al cabo de una semana mientras que Eleanor y Royal lo hicieron unos cuantos días más tarde. Todos nos sentimos mejor cuando llegaron a casa. Carine trajo con ella, una amiga más. Aunque por su comportamientos no parecía que venía por voluntad propia. Alexandra prefería con diferencia vagabundear a solas y Carine tuvo que recordarle un montón de favores que le había hecho para conseguir que viniera.
Rechazaba toda compañía y quedó claro que no tenía muchos admiradores entre los aquelarres reunidos.
La solitaria vampiro de pelo negro creyó en la palabra de Carine, pero se negó a tocarlo. Como siempre, me había tomado el atrevimiento de hurgar en su pensamiento. Por lo que les dije a mi familia y esposo que Alexandra tenía miedo de estar allí, pero más aún temía no conocer el resultado de este asunto.
Recelaba profundamente de todo tipo de autoridad, y en especial era suspicaz respecto a los Vulturis. Lo que estaba sucediendo ahora parecía confirmar todos sus miedos.
—Claro que ahora sabrán que estoy aquí —le escuchamos gruñir para sí misma en el ático, su lugar preferido para despotricar—. No hay forma de que Sulpicia no lo sepa a estas alturas. Esto se va a saldar con siglos de huida continua. Cualquiera con quien Carine haya hablado en la última década estará en su lista negra. No me puedo creer cómo me he podido ver envuelto en un lío como éste. ¿Qué manera es ésta de tratar a las amigas?
Pero si él tenía razón en lo de tener que huir de los Vulturis, al menos albergaba más esperanzas de conseguirlo que los demás. Alexandra era una rastreadora, aunque no tan preciso y eficiente como Deméter. Simplemente, sentía una fuerza difícil de definir hacia lo que estuviera buscando, pero esa fuerza sería suficiente para decirle en qué dirección huir, que sería la opuesta a Deméter.
Y entonces llegaron otro par de amigos inesperados, inesperados porque ni Carine ni Earnest habían podido ponerse en contacto con las vampiras del Amazonas.
—Carine —saludó una de ellas.
Eran dos mujeres muy altas y de aspecto salvaje. Saludó la de mayor estatura de las dos. Ambas parecían como si hubieran sido estiradas, con sus piernas y brazos largos, largos dedos, largas trenzas negras, y caras alargadas con narices alargadas también. No llevaban nada más que pieles de animales, túnicas amplias y pantalones ceñidos que se ataban a los lados con correas de cuero.
No sólo eran sus ropas excéntricas las que les daban ese aspecto salvaje, sino todo lo que les rodeaba, desde sus incansables ojos de color escarlata a sus movimientos súbitos y apresurados.
Nunca había encontrado unos vampiros menos civilizados.
Pero las había enviado Archie, y eso eran noticias «interesantes», por decirlo con suavidad. ¿Por qué estaba Archie en Sudamérica? ¿Había visto que ninguno de nosotros iba a poder ponerse en contacto con ellas?
—¡Zafrina, Senna! Pero ¿dónde está Kachiri? —preguntó Carine—. Nunca os había visto a las tres separadas.
—Archie nos dijo que necesitábamos separarnos —contestó Zafrina con una voz ruda y grave que encajaba a la perfección con su apariencia rústica—. Es muy incómodo estar así, pero Archie nos aseguró que nos necesitabais aquí, mientras que ella necesitaba mucho a Kachiri en otro lugar. Eso fue todo lo que pudo decirnos, ¿excepto que tenía muchísima prisa...? —la afirmación de Zafrina terminó decantándose en una pregunta y con un estremecimiento nervioso que nunca se me pasaba, no importaba las veces que lo hiciera, les traje a Eliest para que lo conocieran.
A pesar de su fiera apariencia, escucharon con gran tranquilidad nuestra historia y después permitieron que Eliest les ofreciera su prueba. Quedaron igual de encantadas con el niño que todos los demás vampiro. Senna siempre estaba próxima a Zafrina, aunque nunca hablaba, pero no era lo mismo que Amun y Kebi, ya que esta última parecía hacerlo por obediencia, mientras que las dos vampiras amazónicas era como si fueran dos extremidades del mismo organismo, y Zafrina representaba la boca.
Las noticias sobre Archie resultaron un consuelo, por extraño que pareciera. Sin duda, estaba en alguna oscura misión de las suyas con el propósito de eludir los designios que Sulpicia le tenía reservados.
Estaba emocionada, cuando descubrí el don de Zafrina, poseía un talento muy desarrollado, y su don podía ser un arma ofensiva muy peligrosa. No es que les fuéramos a pedir que pelearan con nosotros en la batalla, pero si los Vulturis no se detenían cuando vieran a nuestros testigos, quizá pararan por un motivo diferente.
—Es una ilusión muy impactante —Dije cuando no podía ver nada más que selva. Zafrina sabía que Beau no podía ver, cuando se conocieron la primera vez. Él le había contado sobre su escudo, ella recordaba un Beau más… juvenil. Ahora cuando lo veía, ella no podía evitar pensar que se había convertido en un hombre.
—Puedo ver lo que estas mostrando a mami—dijo Eliest. Si no fuera por la mano de Beau me sostenía en este instante, podía fácilmente creer que está en la selva rodeada de vegetación.
Que niño más encantador—pensó Zafrina viendo Eliest.
Eliest había disfrutado de las coloridas imágenes de la selva. Los tonos eran tan agradables, que para Eliest era una alegría colorida. Su mente parecía olvidar todo lo que le preocupaba. Todo aquello que mi hermoso hijo no debería estar pensando.
Me sentía aliviada que Zafrina hubiera venido.
Esa noche cuando nos marchamos nuestra casa, y costamos a Eliest. Había sacado el tema, que a pesar yo había sido la que lo propuse, me estaba arrepintiendo. No sabía la razón, pero pelear con Beau ahora me dejaba un sabor amargo en mi boca.
La casa se encontraba casi vacía, solo se encontraba mi familia. Los demás vampiro de la casa se encontraba cazando, y los Daneli con Gerda había ido al bosque a probar la nueva dieta, que parecía emocionada que lo iba lograr.
Una parte de mi estaba escuchado a Beau explicar cómo consistía la lucha, que dejara que la mayoría de mis instintos se activaran para encontrar sus debilidades.
"Va, Beau solo debería dejarla actuar, y luchar" pensaba Eleanor, viendo con ganas en unirse en la lucha…extrañaba a Jessamine, con ella se podía contar para una lucha.
Beau se detuvo en enfrente mí, unos cuantos metros para empezar la lucha. ¿Por qué me hacía esto? ¿en qué momento pensé en que luchar con Beau iba hacer, una buena idea?
Estaba buscando automáticamente cualquier punto débil de Beau. EL era mi enemigo. Debía derrotarlo. Mi mente me dio todas las maneras en que podía, derrotarlo…
Beau se movió hacia mis, para inmovilizarme, lo había visto venir. Dios había visto que todos lo vieron venir, de diferente puntos de vista.
Y simplemente no había podido responder.
Me soltó inmediato cuando vio no respondía. Lo primer pensamiento que grito en mi cabeza era Eleonor extrañando más Jessamine para hacer una maldita apuesta.
No puedo creerlo, era tan fácil inmovilizarlo. Un movimiento hubieras tenido comiendo polvo Edythe. Beau te lo dejo fácil —Pensó Eleonor.
Podía escuchar sus pensamiento, podía ver atreves de los ojos de Carine que yo estaba pálida, sin poder ver a directamente a los ojos Beau. Ella podía entenderlo, ella sabía lo que me estaba afectando en este momento, Earnest tenía una intuición. Pero no estaba seguro.
Eleanor y por extrañamente que pareciera Royal también había sabido lo que me pasaba.
¿No quieres volver a lastimarlo? Verdad—pensó Royal, dio un suspiro negó en cierta forma frustrado. Porque quería decirme que era estúpido, ya que él era un vampiro. Pero a él, como gran mayoría de los Cullen, no podía simplemente ponerse en frente de Beau ver sus puntos débiles, todo lo contrario, ellos se preparaban varios minutos antes de luchar alguna vez con Beau, simplemente no podía concebir hacerle daño.
Ho, querida, pensó Earnest No es humano, no puedes lastimarlo. Solo tienes concentrarte, velo como un juego, lo hace menos duro.
—Edythe, estas bien —me pregunto, Beau está intentando verme a los ojos—No te lastime, verdad.
—No, estoy bien —le dije. Suspirando
Edythe—pensó Carine con cariño—Beau, no tiene los instintos. Él puede separar sus instintos de la lucha, él ni si quiera te está viendo como un enemigo. Para el solo es práctica, como si estuviera enseñando algo idioma, o algún ejercicio. El no ve tus puntos débiles, para matarte. El ve tus puntos débiles para inmovilizarte.
—No puedo.
Beau me vio desconcertado, mientras admití la realidad. No podía verlo y causar otro daño. Mi memoria, mis recuerdo eran borrosos, era como mirar debajo del agua, pero había algo nunca había podido olvidar, era rostro de Beau cuando le dije que no lo quería.
Ahora cuando tenía que ver todos sus puntos débiles, no podía pensar en volver a lastimarlo, aunque sea para mi entrenamiento.
—¿Qué quieres decir con que no puedes? Acabamos de empezar —no conteste—. Mira, sé que no soy bueno, pero no podré ayudarte si no lo intentamos.
Seguí sin contentar. Beau salto hacia mí de manera juguetona, ambos caímos al suelo, pero me retuve de defenderme, a pesar de que mis instintos gritaban que defendiera o escapara.
—He ganado —anuncio, sonriendo.
Entrecerré los ojos, sin decir nada aún.
Edy, hija. Estas bien verdad pensó Earnest innecesariamente.
Ho vamos, hermana, si te hace sentir mejor una vez le rompí el brazo a Beau luchando como medio humano. Eleanor se quejó.
No quería pensar en eso, pero aún así el recuerdo se había colado en mi mente.
—No —contesto con un hilo de voz; El rostro de Beau era como si le estuviera causado mayor de los daños. Como si le quitara el alma solo estaba dejando rastro de tristeza—. No lo hagas.
No quería hacerlo, no quería dejarlo. No quería que ese rostro hermoso se llenara de tristeza, quería quedarme, con él. Lo amaba, pero no podía dejar mi egoísmo fuera más grande que la paz y la felicidad que alguna vez tuvo Beau. Tenía que alejarlo.
—No me convienes Beau, contigo nunca avanzare, me quedare estancado de por vida—dije con la voz más frías que una vez hubiera tenido, trasforme mi dolor. Para alejarlo. —Nunca, me podrás dar una vida humana Beau.
Invertí mis palabra, no sabía cuánto podía dañar con ese argumento. Había tenido razón. Los ojos de Beau mostraban todo el dolor que no me estaba diciendo. Ho amor mío… te recuperas, no soy más una simple mortal, no te merece. Mereces algo mejor, merecer alguien tan bueno como tú.
—¿Edythe? ¿Qué va mal? ¿Por qué no quieres te enseñe?
Pasó todo un minuto antes de que hablara de nuevo.
—Simplemente, es que... no lo soporto. Eleanor y Royal saben tanto como tú, y Taras y Elena es probable que mucho más. Se lo pediré algunos de ellos.
Eleanor, salto de emoción a luchar conmigo. Aun seguí rencorosa por la pulsada que le había ganado.
—Puedo saber el motivo, por el cual mi esposa no quiere que le enseñe al menos—Su voz sonaba algo exasperada.
En cierta forma, el no podía entender. Digo, sabia él no quería lastimarme, dios él nunca me había lastimado intencionalmente, yo sí, quizás no físicamente, pero sabia eso había sido más doloroso que un entrenamiento. No podía siquiera volver a pensar en lastimarlo de nuevo. No quería pensar que tenía buscar sus puntos débiles, no quería pensar en que dañarlo.
—No puedo mirarte de esa manera, analizándote como un objetivo, buscando todas las maneras en las que puedo matarte... —me estremecí—. Se me hace demasiado real.
El frunció el ceño, intentando entenderme.
Está al tanto, que sus instinto no son iguales, — pensó Royal, aun viéndonos desde la casa.
Toque su mejilla, cuando note como se estaba mordiendo el interior de la mejilla.
—Soy…demasiado joven, para separar mis pensamiento con mis instintos.
Y ésa fue nuestra última conversación sobre el asunto, porque me negué a pelear con él.
Eleanor fue quien se mostró más predispuesto a ayudar, aunque su estilo docente me pareció más cercano a la venganza por todos los pulsos que le había hecho perder. Si hubieran podido salirme cardenales, habría estado de color púrpura de pies a cabeza. Royal, Taras y Elena se mostraron tan pacientes como deseosos de apoyarme. Sus lecciones me recordaron a las instrucciones de lucha que Jessamine impartió a los otros el pasado junio, aunque aquellas imágenes me resultaban confusas y borrosas.
Algunos de nuestros visitantes encontraron interesante mi adiestramiento, y otros incluso ofrecieron su aporte. Gerda, la nómada, hizo varios turnos y encontré que era una maestra sorprendentemente buena. Se relacionaba con todo el mundo con tanta facilidad que me preguntaba por qué nunca había encontrado un aquelarre.
Y Lauren fue también de gran ayuda, ella era una buena luchadora a pesar de que pensaba que nunca había tenido que luchar en su vida, porque había ido al bando más fuerte. Ahora me demostraba que no era así, tenía bastante destreza. Era muy fluida, me recordada a Archie cuando peleaba, ya que parecía que bailaba. No era fuerte como Eleanor, pero era buena en técnicas, te confundía, hasta el punto terminaban en su sus manos.
—Odio tus movimiento de niña rica—refunfuño Gerda cuando se liberó, de las manos de Lauren. Esta salto hacia atrás para verme. Se había amarrado su larga cabellara de negra.
Me hizo preguntarme como alguien como ella también nunca se había establecido digo claramente amaba ahora ser vegetaría, le gustaba su tipo de vida calmada. No porque apreciara los humano si no más porque, podía tener lo que quisiera ahora siendo vegetariana.
—Tu turno—dijo Lauren dando una sonrisa alentadora.
Mi relación con ella también había cambiado, no éramos amigas, pero al menos ya no desconfiaba en ella, los demás Daneli también estaba confiando más en ella. Los sentimiento de Iván se volvía cada vez mas fuertes, de lo que eran. Ellos aún no habían formalizado en su relación como una pareja, pero claramente están cerca de hacerlo y ponerlo como algo formal.
—Como funciona tu don—pregunté una esa misma tarde cuando había terminado, sentí todos las miradas en ella, hice una mueca pensando que lo había arruinado. Pero ella se rio.
—No es don tal cual, solo instinto de saber quién tiene más poder, puedo hacer sentir especial a esa persona. Mi "don" me puede decir a qué lado debo irme, para mantener mi supervivencia. Lo leíste mi mente no—dijo dando una sonrisa rápida—Siempre me gusto el poder, siendo humana me había rodeado de duques, marqueses, todo que tuviera nivel del poder. —se escogió de hombros, para darme una sonrisa delicada. — es un instinto Edythe, no es la final de una decisión futura
No volví a tocar el tema de nuevo, los Daneli había mantenido sus pensamiento para ellos mismo en ese momento, aceptando y adivinando que Lauren había mantenido con ellos a pesar de que su don le digiera o gritara que estaba en el lado equivocado.
En este momento, amo demasiado mi vida y Iván como dejar que mi instinto valla con los Vulturis para ganar mi seguridad—pensó dejando el tema terminado.
Había seguido con mi entrenamiento, había empezado a incluir en mis entrenamiento a Zafrina. Lo cierto es que ella me agradaba mucho, dejarme ciega unos momento me hecho mejorar bastante rapidez.
Beau también se había mantenido entrenando, aunque muy diferente a mí. Cada minuto en que él no estaba con Eliest se iba al patio de atrás a intentar proyectar su escudo interno fuera de su cerebro con Kirill, y cuando tenía tiempo después de mi entrenamiento, me había puesto como voluntaria para ayudarlo, y a muy regañadientes me había dejado participar en sus entrenamiento. Ya que recibía los corrientes eléctricas, aunque, ninguna corriente me había tocado la primeras veces. Las cosas se pusieron feas cuando Kirill había sugerido poner distancia que Beau, expandiera el escudo hasta donde yo estaba haciendo la rápido antes que llegara la mano de Kirill para atacarme.
Kirill, solo quería ayudar. Eso era claro, porque podía ver el gran potencial del don de Beau, así siempre estaba prestando para ayudar a Beau en entrenamiento. Pero Beau no lo veía de esa forma, el odia entrenar con su primo, porque eso significa que yo me iba estremecer con "baja" electricidad de Kirill.
—Kirill, puede ser Zafrina la que me ayude—dijo tenso, Kirill negó.
—Viejo, los dos sabemos que tienes un potencial. As podido expandirlo mucho, pero Zafrina no te va a dar la razón de protegerla. Así que deja que quejarte. Al menos que me Eliest quería participar.
No había sabido en que le había pasado en la cabeza Kirill, salir con esa salva bajada, pero ni yo ni Beau hubiéramos permitido que siquiera tocara a mi hijo, quizás el no podía recordar que yo aún era neota, pero mi vista se había puesto roja, un gruñido había salido en mi pecho. No había pensado, ni siquiera había sabido en qué momento estaba luchando con Kirill.
Lauren y Gerda tuvieron que inmovilizarme para que no le rompería el cuello a Kirill, este estaba en suelo frunciendo el ceño bastante molesto, aunque no conmigo. Mas bien con su don que no había afectado en nada, había intentado noquearme cuando me lanse a morderle cuello, pero no había funcionado.
—Eso fue lo más estúpido que has hecho alguna vez Kirill—dijo Iván ayudando a su hermano—estás loco pudo haberte arrancar el cuello.
—No sentiste nada—dijo Kirill ignorando mis gruñidos, y a sus hermanos—utilice todo mi voltaje.
—Eso debió dejarte achirando en suelo—comento Taras bastante sorprendido, lo miré mal... asta me di cuenta de lo que había pasado, aún estaba molesta, podía sentir mi legua sabor a mental al estar controlándome. Pero mi parte racional, está preguntando por que no estaba en suelo como debería esta. Le lace una mirada a Beau que lucía tenso tenía las manos apretadas con fuerza, como si algo le tomara mucha concentración, y también paciencia.
Kirill gruñó y dio un paso hacia atrás.
No me lo tomes a mal Edythe, pero nunca había pasado, es incomodó saber no funciona mi don. Y lo rápido que fue Beau en actuar.
—¿Puedes ver esto? —preguntó Zafrina con su voz profunda y ruda, mirando con intención a mí, Lauren y Gerda. Se había dado cuanta que Beau había empezado a estirar más su escudo parte de mí, como lo había sabido. Beau había puesto mucho más tenso, ni siquiera había regaño a su primo por su imprudencia.
—No veo nada que no debiera ver —repuse, cuando ella esta intentando dejarnos ciegos.
—¿Y ustedes chicas? —inquirió Zafrina de nuevo.
Gerda le sonrió y Lauren había sacudido la cabeza junto con ella.
Mi furia se había desvanecido casi por completo, o al menos lucia menos tensa a los ojos de las dos vampiras. Que me soltaron aun estaban atentas por si iba al cuello de Kirill
—Que a nadie le dé un ataque de pánico —advirtió Zafrina al pequeño grupo de espectadores—. Deseo ver cuánto puede extenderlo.
Todos los presentes emitieron un jadeo de sorpresa —Elena, Carlos, Taras, Berenice, Lil, Sheehan y Mathuin—, todos menos Senna, que parecía estar preparada para el comportamiento de Zafrina. Los ojos de los demás parecían ahora desenfocados, y sus expresiones llenas de ansiedad.
—Alzad la mano cuando recuperéis la visión —les instruyó Zafrina—. Vamos, Beau. A ver a cuántos puedes cubrir con el escudo.
Los vampiros no estaban acostumbrados a estar débiles, así cuando había perdido la vista, estaban intentando no entrar en pánico.
Beau aspiro soltó el aire con fuerza para tomar impulso. Kirill era la persona más cercana a Beau, así cuando el escudo lo toco suspiro lleno de alivio levanto la mano como había indicado Zafrina.
Ho, gracias a los dioses.
—¡Fascinante! —murmure, casi sin aliento—. Es como un cristal de una sola cara. Puedo leer lo que todos están pensando, pero ellos no me pueden alcanzar aquí dentro. —dije emocionada cuando Elena era incapaz de hacer alguna lectura hacia nosotros, aunque no lo era cuando estaba en el exterior.
Uno, a uno los vampiros fueron recuperando la vista, lucia ciertamente más aliviado. Sus mentes estaban llenas de confianza, ahora que veían a Beau con otra luz. No pude evitar fruncir el seño con molestia cuando leí a Amun que pensaba con Beau y Berenice iban a conseguir derrotar a los Vulturis.
—Muy bien —me felicitó Zafrina—. Ahora...
Beau soltó un grito ahogado, y su escudo se soltó. Haciendo que todos los vampiros que estaba participando volvieran ciego. Las dos vampiras que había tenido al lado mío temblaron.
—¿Puedes darme un minuto? —jadeo pesadamente.
—Claro —replicó Zafrina y los espectadores se relajaron cuando les permitió ver de nuevo.
Me acerque a Beau para tomar su mano, verlo, el solo lucia cansado, me dio una sonrisa algo temblando. Hubiera dicho algo, si los pensamiento de Gerda no me hubiera hecho poner los ojos incrédula, ¿no lo iba hacer verdad?
—Kirill —la llamó Gerda. Que había estado al lado de Lauren.
Gerda, mediano porte y de pelo color arena, era la única inmortal sin don que parecía atraída por las sesiones de práctica de Beau y que no fuera de la familia. Me preguntaba qué atractivo le encontraría siendo como era un aventurera.
—Cualquier cosa que estés pensando en pedir, te sugiero que no lo hagas. —Lauren negó, sabiendo lo que quería hacer. La verdad no puede evitar mirarla como si fuera mala idea.
Gerda continuó avanzando hacia Kirill a pesar de la advertencia, con los labios fruncidos en una mueca especulativa.
—Dicen que puedes tumbar a un vampiro de espaldas. Lauren dice que tu electricidad es muy fuerte, que ere muy bueno luchando.
—Sí —admitió el. Y después, con una sonrisa ladina, removió juguetona los dedos en su dirección—. Qué, ¿sientes curiosidad?
Gerda se encogió de hombros. Lauren negó algo preocupada, pero divertida.
—Es algo que jamás he visto, y parece un poco exagerado...
—Quizá —repuso Kirill, con el rostro de repente serio—. Quizá sólo funciona en los débiles o los jóvenes. No estoy seguro. Vaya, y tú pareces bien fuerte. A lo mejor sí que puedes resistir mi don —extendió la mano en su dirección, con la palma hacia arriba, en una clara invitación. Torció los labios y estuve bastante segura de que su grave expresión era un intento de enredarlo.
Gerda sonrió ante el reto, y tocó su palma con el dedo índice, muy segura de sí mismo.
Y entonces, con un grito ahogado que aun así resonó con fuerza, se le doblaron las rodillas y salió disparado de espaldas, hasta que golpeó con la cabeza en un trozo de granito que se rompió con un agudo chasquido. Resultó sorprendente. Me encogí instintivamente al ver a un inmortal incapacitado de esa manera, era algo que estaba peor que mal.
Beau entonces había actuado con rapidez para esa potencia no me hubiera tocado.
—Ya te lo dije —masculló Lauren, adelantándose para ayudar a su hermana, claramente la veía así, se preocupaba profundamente por ella.
Los párpados de Gerda temblaron durante unos segundos y después abrió los ojos como platos. Se quedó mirando a Kirill, que tenía grabada en el rostro una sonrisita de suficiencia, mientras otra sonrisa vagabundeaba por el rostro de ella, iluminándola, la hacía ver muy hermosa. Como si nunca hubiera visto el sol, ahora lo viera por primera vez.
—Guau —dijo.
—¿Lo has disfrutado? —le preguntó el con cierto escepticismo.
—No estoy loca —río Gerda, sacudiendo la cabeza mientras Lauren la tomaba de brazo levantarla, si bien había algo nuevo, Gerda no repetiría de nuevo —, ¡pero ha sido toda una experiencia!
—Eso es lo que he oído.
Y entonces se produjo una cierta conmoción en el patio delantero. Escuché a Carine hablando sobre un barboteo de voces sorprendidas.
Me había distraído tanto con los pensamiento de los Daneli, porque no dudaba que Gerda muy pronto sería uno de ellos. Que no había escuchado los pensamiento de dos invitados nuevo. No los conocía por supuesto, pero los demás Cullen tampoco lo hacían.
—¿Os ha enviado Archie? —le estaba preguntando a alguien, con la voz insegura, algo molesta. ¿Otro huésped inesperado?
Sali disparada hacia la casa, como la gran mayoría. Beau en cambio solo suspiro para ir a la casa, y tomar a Eliest en brazos que había estado con Royal en ese momento, protegiéndolo.
—Nadie nos ha enviado —decía una profunda voz susurrante al contestar a la pregunta de Carine. Me recordó al pronto las voces de los antiguos como Sulpicia y Athenodora. Beau se había quedado paralizo en cocina, como si reconociera esa voces. Había pensado que Beau no los conocía, Carine me había revelado que había intercambiado una palabras con Beau, cuando solo era meses joven en su trasformación. No había sido más unas cuantas palabras. Cuando entre vi a dos vampiros con la piel, como una estatua. Como si nunca se hubiera movido alguna vez debajo de las sombras.
Vladimir y Stefan. Pensó preocupada Lauren.
A Nadia le agradaba que los rumanos estuvieran con nosotros en este momento, Lauren solo pensaba que esto era malo. Que su instinto, estaba diciendo que esto era una masacre, lo más seguro era los Vulturis.
La voz de Carine sonaba precavida cuando respondió.
—Entonces, ¿qué os trae por aquí?
—Las palabras vuelan —contesto Vladimir con un susurro—. Hemos oído por ahí que los Vulturis se estaban organizando para ir a por vosotros. Hay rumores también de que no estaréis solos. Como es obvio, los rumores son ciertos. Esta es una reunión de lo más impresionante.
Vaya, son bastantes…
Pero serán suficientes pensó Stefan.
—No estamos desafiando a los Vulturis —repuso Carine en tono tenso—. Ha habido algún malentendido, eso es todo. Y uno muy serio, a decir verdad, pero que confiamos en ser capaces de aclarar en su momento. Lo que estáis viendo son testigos, nada más, porque sólo necesitamos que los Vulturis nos escuchen. Nosotros no...
Los vampiros se había artado de escuchado a Carine. Había interrumpido su explicación
—No nos preocupa lo que digan que habéis hecho —le interrumpió Stefan—. Y nos da igual si habéis incumplido la ley.
—Ni lo atrozmente que lo hayáis hecho —intervino el Vladimir.
—Hemos estado esperando un milenio y medio para que alguien desafiara a esa escoria de los Vulturis —continuó Stefan—. Si hay alguna oportunidad de que caigan, queremos estar aquí para verlo.
—O incluso para ayudar a derrotarlos —apostilló Vladimir.
Sus voces eran tan similares, que costaba saber quién era quien, tantos años juntos había hecho que completaran las frases de cada uno. Era natural para ellos. Definitivamente un poco molesto.
—. Creemos que tienes una posibilidad de éxito.
Hija. Carine me llamo. La mire enseguida. Deberían ver a Eliest. Para saber que a lo que se expone. No quiero pelear con los Vulturis. Pero cuando mayor numero haiga de testigos quizás tengamos más oportunidad para que ellas paren escuchen nuestra explicación.
—¿Beau? —le llame con una voz tensa.—. Trae a Eliest, por favor. Quizá deberíamos poner a prueba la petición de nuestros visitantes rumanos.
Me sentí aliviada cuando vi los Daneli ponerse en posición de ataque por si los rumanos reaccionaban mal a ver a mi hijo. Me ayudó saber que probablemente la mitad de los vampiros que había en la otra habitación
Stefan sonrió cuando vio Beau y Eliest.
—Vaya, vaya, Carine, pero qué chicos más malos habéis sido, ¿eh?
—Él no es lo que crees, Stefan.
—Y nos da igual de todos modos —respondió Vladimir—. Como ya os hemos dicho antes.
—Entonces sois bienvenidos como observadores, Vladimir, pero nuestro plan no es para nada desafiar a los Vulturis, como también hemos dicho antes.
—En ese caso, simplemente cruzaremos los dedos —comenzó Stefan.
—Y esperaremos tener suerte —finalizó Vladimir.
Al final, ellos habían aceptado escuchar la historia completa. Aunque se reusaron tocar a Eliest. solo iba observar ya que ellos pensaban que Sulpicia no iban tomar su testimonio muy al agrado. Habíamos conseguido reunir diecisiete testigos: los irlandeses, Sheehan, Lil y Mathuin; los egipcios, Amun, Kebi, Berenice y Tua; las del Amazonas, Zafrina y Senna; los rumanos, Vladimir y Stefan; y los nómadas, Petra y Charles, Gerda, Alexandra, Marty y Randy, además de los quince miembros de nuestra familia, ya que los Daneli insistieron en ser contados como tales.
Aparte de los Vulturis, ésta era quizás la reunión amigable de vampiros maduros más grande que se había producido en la historia de los inmortales.
Los rumanos habían empezado a ver las prácticas de Beau, ellos claramente tenían grandes expectativas en Beau, cuando supieron sobre su don como estaba desarrollando. Estaba contenta, Beau era fuerte podría proteger a nuestra familia y amigos. Pero no me había sentido satisfecha por los pensamiento de Amun y los rumanos. Veían a Beau como un simplemente herramienta. Deseaba ocultarlo y protegerlo.
Tranquila. Pensó Tua viendo. Él había adivinado como sentía, él podía ver como los demás también habían empezado a ver Berenice. Suspire dándole una sonrisa tensa, él se rio.
Quieres ocultarlo bajo una roca verdad. pensó cuando vio a Beau expandiendo su escudo cada vez más.
—Se me nota mucho—dije en son de broma. Él se escogió de hombros.
Berenice ara lo que es correcto. Quedarse a qui a proteger a este niño tan encantador es lo correcto. La amo por eso. Tiene el corazón bondadoso. Me ase creer que los corazones más bondosos son a los que más hay que proteger. Tenemos que ser fuertes, creen demasiado en las personas.
—Creí que era la única con ese problema—mascullé. Sintiéndome más aliviada. El sonrió.
Con pasar los días los demás había empezado a tener más esperanza, asta Alexandra. Ellos habían empezado a ver como cada integrante tanto como testigos y nuestra familia estaban dotados con grandes dones.
Parecían misteriosamente encantados por nuestra alianza con los licántropos. Seguían observando a Beau practicar su don, me contemplaron contestar a preguntas no expresadas en voz alta, también a Berenice alzando géiseres de agua del río o violentos brotes de viento del aire quieto sólo con el poder de su mente, y sus ojos relucían con la ardiente esperanza de que los Vulturis hubieran encontrado por fin la horma de su zapato.
Todos teníamos nuestras esperanzas, aunque no fueran las mismas.
